Capítulo 1: ¡Inténtalo todo! Excepto mezclar Vodka, Ron y otros productos etílicos.
—«No lo vuelvo a hacer…»
Nick Wilde acababa de decir la mentira más grande del mundo después de la famosísima "No eres tú, soy yo". Tras tener una fuerte discusión con cierta conejita y no haber terminado dicha plática con los mejores términos, el zorro, como el animal torpe y cobarde que era, fue a ahogar sus penas en alcohol. En el bar de Joe, con Finnick y Flash de compañía, Nick bebió y bebió hasta que la cantina del viejo hipopótamo cerró.
En el tiempo presente, Nick no recordaba cómo terminó ahí, pero sí que tenía una resaca fuertísima, porque la cabeza le dolía y no podía recordar nada de lo ocurrido; a duras penas consciente, sabía de que había bebido hasta desfallecer otra vez y prometió algo que nunca nadie logra cumplir.
Abrió los ojos por fin y esperó que la luz de la mañana lo cegara y pudiera a poner en marcha su cabeza otra vez, pero esta nunca llegó. Por alguna razón se encontraba de pie y no recostado, y lo primero que vio fueron las luces anaranjadas propias del ocaso y por una razón más extraña no estaba en ninguna locación conocida, y es que en realidad, aún desconocido para él, ya no se encontraba en Zootopia ni en ningún lugar de aquel plano existencial.
El zorro estaba afuera de una amplia casa de madera, de arquitectura del periodo Edo, una época del Japón antiguo, al igual que las viviendas aledañas, era evidente que pertenecían a un barrio pobre de la misma calaña, dicha locación parecía estar distante por bastantes siglos de los avances tecnológicos de Zootopia; sin embargo, pese a la claridad del cielo crepuscular, este estaba invadido por algunos cables de electricidad y telefónicos conectados en enormes postes de concreto, y si se miraba con más detenimiento el horizonte, podía verse que el supuesto poblado de la época medieval japonesa estaba rodeado por antenas de radio y construcciones que no pertenecían a dicho periodo, incluido un enorme rascacielo que quizás era más alto que el edificio más grande de Zootopia. Como si no pudiera verse aún más fuera de lugar, cerca de esa enorme y brillante torre de concreto había algo aún más irreal: eran barcos, enormes embarcaciones que en vez de surcar los mares se encontraba sobrevolando el cielo de aquel lugar conocido como Edo y manteniéndose en el aire con propulsores traseros que eran más propios de naves espaciales que de un barco nipón tradicional.
—«¿Qué clase de cyberpunk barato es este?» —pensó un confundido y aún crudo Nick Wilde— «Debí hacerle caso a Joe y no mezclar tequila, ron, whisky, vodka, vino, cerveza, jugo de arándano, alcohol de 96, leche de fresa, agua del florero, jarabe para la tos marca Krusty, prenderle fuego y… dejar que Finnick me lo arrojara a la cara cuando le dije que me tiraría a su mamá de nuevo si no se lo tomaba.» —Recordó Nick de corrido y a la perfección pese a que no podía recordar otra cosa más que esa bochornosa escena inducida por la ebriedad del momento—. «Ah sí, y beber como padrino de boda, sabrá el cielo y la tarjeta de crédito de Flash cuánta cerveza tomé para olvidarme de todo y alucinar tremenda estupidez». —El vulpino puso una pata en su barbilla y luego entrecerró los ojos para enfocar la extraña figura gris con negro enfrente de él—. «Que extraño, jamás había soñado algo así de loco, esto es nuevo; ¿qué sigue? ¿Ver a Finnick midiendo 2 metros? ¿Al jefe Bogo en calzones?» —Tiritó asqueado—. «¿Zanahorias con enormes pechos?»
Fuera cosa del destino o signo de su mala suerte, la vista de Nick se esclareció al poco tiempo y como si se le hubiera aparecido de repente, notó la presencia de la última mamífera que quería verlo en ese estado delirante.
—«¿¡Za-Za-Za…!? ¿¡Zanahorias!?» —gritó para sus adentros el intoxicado vulpino.
Enfrente de él estaba la coneja más importante de su vida y a la que había lastimado ayer en una más de sus metidas de patas provocadas por ocultarle sus sentimientos a su mejor amiga y que, terminó por herirla. Sin embargo, todo miedo referente desapareció enseguida cuando examinaba cuidadosamente a la hembra delante de él, quién pese a ser bastante idéntica a Judy Hopps, no era la misma presa con quién habló hace unas horas.
La supuesta Zanahorias tenía el mismo pelaje, las mismas orejas y el mismo par de ojos púrpura tan único y particular de ella, pero resaltaba que su cara ahora estaba adornada por dos vistosas cicatrices de las cuales ya no crecía pelaje: una línea vertical que bajaba desde su ojo izquierdo hasta su mejilla mientras que una raya horizontal adornaba su frente del centro a su siniestra; pese a la marcada imperfección facial, la belleza con la que conoció a Judy se mantenía intacta, salvo que ahora la coneja tenía un semblante más serio y menos optimista, cualquiera diría que era otra chica, especialmente un amigo tan cercano como Nick.
Como si esto no fuera suficiente, la hembra no tenía su clásico traje de policía o algún atuendo familiar para el zorro; la presa portaba un provocativo kimono negro, un vestido tradicional japonés; esta prenda sólo tenía una manga larga en su brazo izquierdo y era adornado por un estampado de zanahorias naranjas a lo largo de la oscura tela, en la parte baja se partía a la mitad y dejaba ver sus tonificadas piernas que estaban cubiertas por unas medias de red, y para completar el atuendo de Femme Fatale, la coneja usaba unas poco comunes botas de tacón alto, algo que Nick jamás imaginó ver en Judy.
Sin embargo, ninguna de estas características fue lo que hizo que el zorro pensará que se trataba de otra Zanahorias, pues dos enormes razones en ella le hicieron ver a simple vista que no era la misma Judy que él conocía.
—«¡Mira el tamaño de esos magumbos!» —gritó mentalmente el zorro cuando sus ojos se clavaron en los llamativos pechos de la chica. En verdad debía estar soñando porque era imposible que su amiga tuviera esas proporciones. Si bien no eran los senos más grandes que hubiera visto, en Judy, sí que lo parecía, calculaba que para una fémina de sus medidas debería ser entre cop (según sus estimaciones mentales). En verdad tendría que estar en coma o estado vegetativo para tener alucinaciones tan alocadas y tan vívidas, eran tan irreales que se moría por experimentar qué tan verídicas eran sus visiones con su propia pata.
—¿Qué estás esperando, Gintoki? —La coneja enfrente de él interrumpió sus pensamientos y por fin regresó a la realidad, o esa realidad en la que se encontraba.
¿En qué estaba pensando ese zorro libidinoso? Ni en su mundo o en cualquier otro la hembra lo dejaría tocarla, incluso en un sueño, ella le arrancaría la zarpa antes de que siquiera le pusiera una pata encima. Además, Judy era su amiga, la respetaba y le temía en partes iguales para aprovecharse de ella incluso en sus más alocadas fantasías, y en una tentadoramente conveniente.
El zorro agitó la cabeza y decidió mejor hablar con su compañera policíaca y de ser posible, encontrarle algo de lógica a ese extraño mundo.
—Zanahorias, ¿qué hago aquí?
—¿¡A quién llamas 'Zanahorias', idiota!? —le dijo ella de manera golpeada y con una voz más grave y molesta de lo normal—. ¡No te pases de listo conmigo, Gintoki, y hazlo de una maldita vez!
—¿Gintoki? —preguntó confundido el vulpino—. ¿A quién te refieres?
—¿Cómo qué a quién? ¡Pues a ti, tarado! ¿Ves a algún otro samurái desaliñado por aquí?
—¿Samu... qué? ¿De qué demonios hablas Zana…?
Cuando Nick alzó su pata, notó que su propio brazo estaba cubierto por una manga larga de color blanco, inspeccionó con más detenimiento y notó que portaba una vestimenta que nunca había visto en su vida; su traje era compuesto por un raro yukata blanco con un diseño de olas azules en el borde de las extremidades, la prenda japonesa estaba mal colocada, pues mientras que su brazo izquierdo era cubierto por esta, el resto de su cuerpo no, su vestimenta no estaba completamente cerrada y dentro de este tenía un pantalón y una camisa negra que tenía bordes rojos en el cuello; por último, tenía un cinturón por encima de su traje del cual colgaba una espada de madera, dando a duras penas un look de samurái. El zorro estaba bastante confundido y no entendía nada.
—Zanahorias, ¿qué significa?
—¡Ya deja de llamarme así o te romperé un dedo, Gintoki! —Lo amenazó tajantemente. —Ahora deja de jugar y tócame de una vez para que podamos continuar con la misión, ¿quieres?
A Nick casi se le cae la mandíbula tras oír la orden de la hembra. Luego saboreó su hocico con su lengua y miró a la hembra con una sonrisa pervertida; Judy inmediatamente alzó las orejas y lo miró con algo de rubor en los ojos pero no se movió cuando vio que el vulpino acercó una pata a su abdomen.
—¡Me canso ganso…! —Exclamó excitado el zorro, pero a los dos segundos se detuvo, agitó su cabeza y apartó la pata enseguida—. ¡Es decir! ¿Cómo que te toqué Zanahorias? ¿De qué rábanos hablas?
—¡Qué no me llames Zanahorias! Y ya te lo dije Gintoki, te demostraré que renuncié a ser hembra hace mucho tiempo. Así que adelante Gintoki —La supuesta Judy extendió sus patas, como invitando al macho a tomar un poco de fruta de una canasta y elegirla personalmente con la pata—. Tócame y verás que no te haré nada, demostrándote así lo fuerte que soy y que no queda ninguna pizca de hembra en mí.
Pese a tan jugosa oferta, Nick no se tragaba ese cuento. No tenía idea de lo que pasaba, aún para ser un sueño, alucinación o efecto secundario del alcohol, no dejaba de sentir que era incorrecto hacer lo que la chica le pedía casi a gritos.
—¡Estás loca Zanahorias! No voy a tocarte y menos sin saber qué rayos está pasando, ¿por qué me pides algo así? ¿Y por qué diantres estás vestida de esa forma? Y por todos los cielos, ¿¡por qué tienes tremendas toronjas en vez de tus lindas moritas!? —exigió Nick confundido.
La supuesta Judy se ruborizo un poco, pero luego mantuvo con dificultad un rostro sereno rayando a lo molesto, tomó al alterado zorro de la solapas de su yukata blanco y lo acercó a ella.
—Déjate de idioteces Gintoki —le demandó ella—. ¡Déjate de jugar y compórtate cómo el macho que se supone que eres y tó-ca-me! —Exigió eso último con cierta dificultad como si quisiera y no quisiera al mismo tiempo la extraña orden que le pedía.
—¡No voy a hacerlo! —respondió Nick con un caballerismo que él mismo desconocía.
—¡Tócame! —repetía ella molesta.
—¡Qué no voy a…!
El zorro se detuvo cuando al tratar de tomar a la coneja por los hombros, notó que en su pata una enorme araña negra había descendido sobre la zarpa de Nick. Enseguida y sin pensarlo, un miedo irracional lo invadió y soltó un grito más propio de una fémina que de un macho adulto.
—¡Ayyyyyy, una araña! ¡Quítamela!
Nick bramó aterrado y apartó su pata al mismo tiempo que alejaba su cuerpo hacía la dirección de la hembra. El macho terminó pegado a Judy con su nuca aplastando los pechos de ella. El cobarde zorro no se había percatado de esto pues estaba ocupado viendo donde había quedado el arácnido y no se calmó hasta que sintió una suave y esponjosa almohada en la parte trasera de su cabeza.
La supuesta Judy miraba con un rostro inexpresivo al vulpino que descansaba la cabeza sobre su delantera, pero a cada segundo que pasaba, a ella le costaba mantener la compostura y un ligero rubor ya cubría sus pómulos; apretó ojos y boca en un intento por no mostrar la pena que experimentaba al tener un macho recostado sobre una parte de ella que nunca imaginó que en verdad la hiciera sentir incómoda.
Por su parte, Nick cayó en la cuenta muy tarde que Zanahorias ya no estaba a la vista y que su cabeza ahora reposaba en un par de protuberancias suaves. Sin saber por que motivo, ya sea por la curiosidad característica de los zorros o mera estupidez, Nick dirigió su pata desde atrás y tomó uno de los senos de la chica, como si las cosas no pudieran ponerse peor, lo estrujó (in)voluntariamente tres veces y sintió que al menos eran reales.
—Esto… Zanahorias… —masculló inseguro y con miedo en la voz.
Los ojos púrpuras de la coneja se llenaron de una rabia incontenible, su rostro se volvió paulatinamente rojo por completo y la expresión que puso a continuación denotaba una cólera explosiva e inmensurable. Aprovechando que la espalda de Nick estaba delante de ella, abrazó al chico y entrelazó sus propias patas, luego las puso alrededor de su vientre y, con una gran fuerza alimentada por su ira, levantó al zorro en el aire con un particular 'abrazo' y le aplicó una tremenda llave de lucha libre que envió el cuerpo del vulpino de adelante hacia atrás con suma brusquedad, azotándolo violentamente contra la vivienda.
—¿¡QUÉ DEMONIOS CREES QUE ESTÁS TOCANDO!?
La supuesta pared a sus espaldas, que era en realidad una puerta corrediza de papel, se rompió enseguida tras el suplex alemán que la chica aplicó al pobre infeliz; el movimiento fue tan devastador que la cabeza de Nick impactó contra el suelo y atravesó el piso de madera mientras que sus piernas quedaron volando en el aire. Aún en el suelo, la supuesta Judy seguía abrazada de la cintura del zorro, asegurando haber causado el mayor daño posible.
Sin nada de prisa, la coneja lo soltó de mala gana y aún avergonzada con ella misma por haber sido tan tonta, había subestimado a ese zorro, al fin de cuentas y sin querer reconocerlo, sentir la pata del macho magullar sus senos la hicieron sentirse débil y sensible por un momento, como una hembra, una hembra a la que había renunciado ser hace mucho tiempo.
—¡No se muevan desgraciados!
Detrás de ellos o propiamente dicho, dentro de la casa a la que habían irrumpido, había reunidos varios zorros, lobos y otros cánidos sin pelo y con distintos tatuajes de araña sobre su piel; claramente los tipos eran unos matones que los amenazaron sacando sus garras y mostrando sus colmillos.
—¡Tsk! —La coneja emitió un sonido con la lengua de mal humor al sentirse acorralada y superada numéricamente.
Mientras tanto, la cabeza de Nick permanecía enterrada sobre el tatami de la habitación con su cuerpo aún boca abajo y sus piernas, que por fin cayeron, lograron alcanzar el suelo. El zorro no podía creer que Zanahorias actuaría de manera tan violenta, aunque tampoco le sorprendía del todo; sin embargo, tenía la noción de que algo (además de sus huesos) no estaba bien y que la situación en la que estaba no podía ser nada normal.
—«¿Qué hice para terminar en este embrollo?» —se cuestionó internamente sabiendo con seguridad que algo mal había hecho en su vida para terminar en esa habitación doblado como un pretzel.
Notas de Au…
El letrero de "Notas de autor" seguía cortado y a la mitad en el piso. Encima del letrero anterior que decía "NO LEAN ESTE FIC" había sido tachado y a un lado de este escribieron la frase
¡LO SENTIMOS MUCHO!
Un zorro rojo que representaba a Gintoki y la zorrita voladora que tenía las mismas ropas de Kagura, permanecían en el piso arrodillados con su frente casi tocando el piso. Cada cierto tiempo los dos hacían una reverencia y repetían la muletilla:
—¡Lo sentimos mucho(-aru)! —recitaron al unísono con mucha tristeza.
—Por favor —dijo Gin en tono suplicante— sr. autor, no quiero ser un cochino furro, por favor, devuélvame mi estúpido y sensual cuerpo de humano. Todo era una broma, sólo queríamos hacer más interesante su fic —Lloraba el vulpino con un mechón de cabello plateado en la cabeza—.¡Perdónenos por favor y regrésenos a la normalidad!
—¡Sí, por favor-aru! —La chica murciélago con voz de la chinita rogaba entre sollozos— Todo es culpa de Gin, ¡todo fue su idea-aru! ¡Castíguelo a él y déjeme ser la protagonista más bonita y hermosa de Gintama y la Shonen Jump otra vez-aru!
—¿Qué? ¿Cómo que fue mi idea? ¡Mocosa! ¡No trates de salvarte usándome como chivo expiatorio! ¿Así agradeces que no le diga al horrorosamente guapo autor de este grandioso fic que fue tu idea hablar mal de él, niñita?
—¿A quién le dices niñita, pinche furro-aru?
—¿Besas al calvo de tu padre con esa boquita? ¿Y al sadista ese también?
—¡No me vuelvas a mencionar a ese idiota, pelos de elote!
Gintoki y Kagura versión Zootopia se agarraron de las greñas y comenzaron a pelear como… animales salvajes (aunque como humanos siempre se habían comportado así) y como de costumbre, la chica iba ganando.
—¡Atatatatatatata! ¡Mi colita, mi colita! —chilló Gin sintiendo un fuerte tirón de su nueva extremidad.
—¡No volverás a meterte conmigo ni a convertirte en un mono gigante a la luz de la luna llena si te la quito!
—¡No soy un Sayajin, niña estúpida! ¡Ayayayayay, mi colita, mi colita!
—¡Chicos, ya basta!
Al lugar entró un carnero de lentes, era Shinpachi, la voz de la razón del grupo. Al verlo, Kagura soltó enseguida a Gintoki y los dos fueron hacia él corriendo.
—¿Qué pasó Cuatro Ojos? ¿Qué te dijeron los peces gordos de aquí-aru?
—No los llames así Kagura. Como les había comentado, fui a las oficinas de Fanfiction net, y me dijeron que es un fanfic y no pueden hacer nada, el autor tiene libertad en hacer lo que quiera con su historia, ergo, con nosotros también.
—¡NOOOOOOO! —exclamaron los dos depredadores, extendiendo patas y alas al aire como Darth Vader en el episodio III.
—Calma chicos, y dejen de hacer referencias, esto no ayuda.
—Mejor dinos que dejemos de respirar, Patsuan.
—¡Nos destruirá a todos! ¡Nos destruirá a todos! —empezó a gritar Kagura imitando al personaje de cierta caricatura— ¡Nos destruirá a todos! ¡NOS DESTRUIRÁ A TODOS!
—En serio chicos, cálmense, no todo está perdido. Tengo buenas noticias.
—¿¡Qué!? —Los otros aullaron sorprendidos.
—¿Qué es Cuatro Ojos? ¡Suelta la sopa-aru!
—Bueno… —Shinpachi se acomodó los anteojos—. Antes de venir aquí aproveche y pasé a hablar con el Sr. Janyo.
—¿Qué hiciste qué? —Gintoki puso una cara absorta y muy dramática.
—¡Lo sabía! Mendigo Gafotas, eres un vendido-aru! ¡De seguro eres un maldito cómplice de la mafia del poder-aru! —La chica murciélago tomó al carnero de su camisa y amenazó con morderlo hasta que sintió las patas de Gintoki sostenerla por los hombros.
—Espera enana, primero oigamos lo que tenga que decir, si no yo misma te ayudaré a golpear a esta ovejita corrupta.
—¡Qué no soy nada de eso, estoy de su mismo lado chicos! —Shinpachi exclamó bastante enojado, pero enseguida se calmó y aclaró su garganta—. Hablé con el sr. autor y me dijo que podría regresarnos a la normalidad siempre y cuando le hagamos un favorcito.
—¿Te refieres… a esa clase de favorcitos? —dijo Gintoki sorprendido— Bueno Patsuan, en ese caso regresa con él y entrégate completamente, Shinpachi. ¡hazlo por él equipo! ¡Da las nalgas por nosotros, diga, tu vida!
—¡No me refiero a esa clase de favores, idiota! —gritó el mamífero de lentes indignado—. Y no hagas chistes sucios, este es un fic de clasificación T, pero no te pases de listo. Si rerportan al autor por romper las reglas o algo le pasa antes de acabar el fic, nos quedaremos así para siempre.
—¡Tsk! Rayos, plan B descartado…
—¡¿Cómo qué plan B!? ¡Ejem! En fin, no, el sr. Janyo se refería a que hiciéramos algo por él y que a cambio él nos regresará nuestro cuerpo original.
—¿Algo a cambio-aru? ¿Cómo un sacrificio-aru? ¿Un sacrificio humano-aru, diga animal-aru? Bueno, en ese caso-aru…
Kagura tenía las ropas oscuras, muy parecidas a las de un segador de almas de cierto anime y cargaba una particular espada conocida como Zanpakutou.
—En este caso ofrezco la sangre inocente de este otaku virgen-aru —mencionó Kagura con un tono tétrico y empuñando el arma con ambas alas de murciélago—. Je, je, je… ¡auch!
Gintoki le dio una palmada detrás de la nuca.
—Ya deja de hacer payasadas por un momento, primero escuchemos lo que tiene que decir, y si no nos gusta, cosechamos su alma y le ofrecemos el cuerpo al autor. —comentó el zorro que también tenía ropas similares a las de Kagura pero tenía una máscara del anime que parodiaban.— ¿Qué hay que hacer, Patsuan?
—¿Pueden dejar de amenazar mi integridad física por un segundo? ¡EJEM! —Aclaró su voz molesto el carnero—. Pero bueno, el Sr. Janyo nos pidió que sigamos haciendo lo mismo que hemos hecho hasta ahora…
—¿Burlarnos de él? ¿Hablar pestes de su fanfic? ¿Lanzar referencias a diestra y siniestra? —preguntó Gin.
—No exactamente. Dice que le encantó la idea de que tomemos su lugar en las notas de autor, dice estar algo ocupado con otros fics y proyectos personales, por lo que no tiene tiempo de escribir las notas de autor, dar avisos, responder los comentarios de los lectores, mensajes, etc.
—Que autor más flojo-aru —mencionó Kagura picándose la nariz.
—El señor Janyo cree que aunque no puede ponernos en su historia principal, podríamos aparecer aquí y que los seguidores de Zootopia nos conozcan un poco más.
—¿Hacerla de segundones en este fanfic? ¡Tsk! ¿Por quién nos toma? ¿Por unos muertos de hambre? ¿Cree que somos como los Shinsengumi?
—Ese autor en verdad nos odia-aru.
—¿No lo entienden chicos? Es nuestra oportunidad de regresar a la normalidad y de paso tener un poco de participación en el fic mientras actuamos como nosotros mismos. Además quiere que en esta sección aprovechemos y respondamos dudas que tengan los lectores del fic o de Gintama, pues prácticamente nadie conoce nuestro Anime.
—Eso es racista —dijo Kagura—, pero tienes razón-aru.
—Osea que, ¿básicamente quiere que seamos sus chicos de los recados y hagamos los favores que no pide? Bah, yo paso.
—¡Pero si es eso exactamente lo que hacemos en nuestro anime, es el lema de nuestra empresa, Yorozuya de Gin chan!
—No gafotas, nuestro lema es "Hacemos lo que sea por dinero" y como con dinero baila el perro… o en este caso, el zorro…
—¡Pero Gin! Debemos hacerlo, ¿no querían regresar a la normalidad?
—Pues sí, pero no vamos a rebajar más nuestra dignidad por eso… ¡de a gratis! Además, ya soy un feo furro, ¿qué es lo peor que podría pasar…?
El zorro de cabellera plateada enmudeció enseguida cuando sintió un fuerte temblor que avecinaba un cataclismo, y un cataclismo real, no como esos cataclismos que eran fics indecentes de Miraculous LadyBug. Luego volteó a ver un vaso de agua que tenía el logo de 'Cretaceous Park' que producía ondas indicando que pasos agigantados se acercaban a ellos.
—¿Q-q-q-qué diablos es eso, Patsuan?
—¿Qué pasa Gin? Tengo miedo-aru —la niña se abrazó al cuerpo del susodicho, temblando.
—¡Oh no, él también está aquí! —gritó Shinpachi aterrado.
Un enorme ogro verde con la cabeza pixeleada y claramente censurada se acercó a los tres animales, se agachó y ellos permanecieron aterrados y muertos de miedo. La criatura con olor a pantano y cebolla soltó un gran y apestoso alarido cerca de ellos, dejando a los tres atónitos y paralizados por el miedo. Al terminar su fuerte rugido, la verde criatura acercó una palma a su boca y les dirigió la palabra como si les susurrara un secreto.
—Tsk, ¡hey, chicos! —murmuró— Esta es la parte en la que salen corriendo… ¡PINCHES FURROS! —bramo iracundo Shr… que diga, el misterioso monstruo verdoso.
—¡AAAAAHHHHHHHHHHH! ¡HUYAN!
Los tres animales se fueron corriendo como deportistas olímpicos bien pagados y se alejaron lo más que pudieron de aquel horrendo ogro verde que no era amor, ni era vida.
—¡Shinpachi, háblale a Juancho!
—¡Janyo!
—¡Salud! ¡Dile a él que aceptamos, seremos sus esclavos y responderemos todas las dudas que sus flans nos manden en los comentarios o por mensaje privado! ¡Pero dile que nos quite al Furronator de encima primero! ¡Ahhhh!
La tercia animalesca huyó por su vida mientras el feo gigante verdoso los perseguía al ritmo de la canción "All Star" de Smash Mouth.
