La proposición de Yuuri lo dejó un tanto perplejo, jamás imaginó que este estaría dispuesto a ceder parte de su custodia sobre Yuki para que ambos la tuvieran. Él no tenía ningún derecho, ni siquiera pidiendo una prueba de paternidad, puesto que había sido por medio de una donación, pero el japonés le ofrecía algo que él no hubiese imaginado y que ahora que se lo mencionaban, lo había estado queriendo sin saberlo.
—Te quedaste callado —le habló el azabache con voz preocupada, pensando que tal vez Yuri no quería aquello y no sabía cómo rechazar la oferta— si no quieres…
— ¡Sí quiero! —Respondió de improviso, tomando las manos de su novio— no te atrevas a retractarte, porque esto es muy importante para mí —tan importante que ni siquiera podía hacerse el indiferente. Era una decisión seria que había tomado incluso antes de saber que existía aquella posibilidad.
Yuuri se sintió aliviado, pudo ver la convicción en los ojos del rubio. Yuri de verdad quería que Yuki figurara legalmente como parte de su familia y todo lo que ello implicaba, derechos y obligaciones ligadas a ese hecho. Para algunos parecía un mero trámite, pero para ellos era un paso más, un poco más de cercanía que les aseguraba que no podrían estar lejos incluso si su relación terminaba.
—Entonces deberás averiguar cómo hacemos eso —le pidió el azabache acercándose y robándole un beso al ruso. Ya eran muchos besos robados por el tímido japonés, eso no podía quedarse de esa manera, así que Yuri tomó el control por un momento, transformando ese suave beso, en uno más profundo donde prácticamente le robo el aliento a su pareja.
Al separarse por la falta de aire, se sonrieron el uno al otro para luego volver a acomodarse y disfrutar del chocolate caliente y la película. Yuri no era del tipo de personas que le gustara estar rodeado de gente, pero al estar con Yuuri y Yuki se sentía como cuando estaban él y el abuelo solos, un ambiente familiar que al parecer solo podían otorgarle ciertas personas, por eso esperaba que esta paz durara para siempre.
Yuri sabía que solo debía hablar con un abogado, una prueba de ADN y la autorización de Yuuri bastarían para hacer el trámite que tal vez tardaría debido a cuestiones legales. No era matrimonio, pero se acercaba.
—Tengo un abogado que puede hacer esto con discreción —le dijo Víctor a Mila un día que se juntaron a conversar. Como siempre el platinado observaba con atención su entorno, más ahora que la pelirroja le había contado de su encuentro con Georgi.
Mila era una mujer fuerte, cualquier persona se habría ido de inmediato, pero ella lo contactó y le contó todo, además de decirle que no se haría a un lado. La chica de cabello rojo había tomado una decisión, protegería la sonrisa de aquella hermosa niña, porque si se había encontrado con ellos debía ser parte del destino y eso significaba que estaba en ella ayudar.
— ¿Por qué no vienes con nosotras? —Le preguntó la chica— si tienes un abogado, puedes hacerte una identidad falsa o algo así —habló la chica con desesperación en su voz.
Víctor le sonrió, ella era demasiado buena para este mundo. En cierto modo se parecía a Yuuri por su corazón amable, aunque su personalidad era mucho más fuerte, se notaba que era difícil que alguien la derribara.
—Georgi no estará tranquilo hasta tenerme junto con Lena o… —miró hacia el suelo, lo que iba a decir era algo que la chica entendería enseguida, pero no aceptaría— que este muerto —dijo en voz baja.
La mujer lo entendió. Una vez que todo estuviera hecho, una vez que Víctor tuviera a Lena a salvo, él moriría para que Georgi dejara de buscarlos— aún si lo haces, seguirá yendo tras Lena ¿No? Nada va a cambiar.
Víctor dio un suspiro, no era bueno contar todos sus planes, mientras menos supiera ella mejor— ¿Quieres verla? —le preguntó cambiado repentinamente el rumbo de la conversación.
Mila no pudo negarse, hablar con ella era lo que más ansiaba. Sentía que tenia tanto amor para dar, que era una lástima que justamente ella fuera quien no pudiera tener hijos, cuando había tantas personas que ni siquiera querían uno.
Víctor hizo que la pelirroja se pusiera una peluca en el baño de un café, era una de larga cabellera castaña, por lo que la chica realmente se veía distinta, mientras que él usaba una negra y unos lentes de sol. Caminaron rumbo a aquel departamento que, por suerte, Georgi aún no descubría, si así hubiese sido ya habría ido a buscarlos por la fuerza.
Al abrir la puerta, Lena corrió a recibir a su padre con un abrazo. Mila observo la escena con una sonrisa en los labios mientras el platinado se acercaba a la pelirroja y hacía las presentaciones correspondientes. Le dijo a la mujer que cuidaba a su hija que ya podía retirarse y esta se fue de inmediato, después de todo su paga no era menor por estar menos horas.
Una vez que la mujer se fue, Víctor y Mila se quitaron las cosas que los hacían lucir diferentes— ¿Trabaja en lo mismo que mi papá? —preguntó curiosa al ver que hacían lo mismo. Víctor le había dicho a su hija que él era un superhéroe encubierto como los de la televisión y que debía disfrazarse para no arriesgar a su familia. Por supuesto que Lena le creyó al ser tan inocente, además de que le hacía sentido al ella tener que estar oculta la mayor parte del tiempo.
A la menor le pareció que Mila era una mujer muy hermosa, se parecía a un hada de fuego con su cabello rojo. La llevó a jugar a su habitación, pasándole sus muñecas para que pudieran compartir.
—Esta es mi favorita, pero puedes usarla tú —le dijo a la chica mientras le pasaba una muñeca rubia que tenía un hermoso vestido.
Mila le sonrió y aceptó. Se sentía extrañamente familiar esa escena, como si ella hubiese estado hecha para pertenecer a ese tipo de ambiente que se sentía tranquilo, aquel lugar que parecía mágico por estar fuera de la realidad en la que realmente vivían. Mientras jugaban, la pelirroja se preguntaba a sí misma, como Víctor había sido capaz de proteger la inocencia de su pequeña por tanto tiempo, sin que ella se diera cuenta de la maldad del mundo a pesar de que la línea que separaba a Lena de la crueldad que había afuera era muy delgada.
—Preparare algo para comer —les dijo Víctor quien había estado algo embobado observando cómo ambas chicas estaban sentadas en el suelo, jugando con normalidad como si se conocieran de toda la vida. Al parecer Mila tenía un don con los niños.
—Te ayudo —le dijo la pelirroja haciendo el ademan de levantarse, pero el platinado la detuvo.
—No es necesario, se ve que se llevan bien —le comentò— cuando esté listo las llamare —Víctor se fue tranquilo a la cocina. Por un momento decidió olvidar su realidad e imaginar que así era como vivía.
Después de aquel día, Víctor se comenzó a arriesgar al menos una vez por semana a llevar a Mila a su hogar. Sentía que Lena la necesitaba cerca y por otro lado, a él también le hacía bien aquello.
Yuuri volvía de su clase de ruso, ya llevaba la mitad por lo que ahora conocía bastante como para entablar una conversación simple, además de que en casa ensayaba constantemente puesto que le había pedido a Yuri que le hablara solo en ruso y así lo había hecho este. Por supuesto que el rubio se burlaba bastante antes de corregir al japonés y enseñarle la pronunciación correcta, pero así era él y así Yuuri lo amaba.
En el camino de vuelta a casa vio un rostro familiar— Víctor —murmuró para sí mismo. No lo había visto desde el día en que terminaron.
El platinado se veía bastante cansado, con rostro pensativo y hasta podría decir que estaba preocupado por algo que él desconocía al no estar en su cabeza. Apresuró el paso, decidido a hablar con él, tal vez podría ayudarlo en algo, estiró su brazo y con su mano lo agarro por el abrigo— ¡Víctor! —levantó un poco la voz y el hombre volteó, mirándolo sorprendido.
—Yuuri —habló como si no lo creyera para luego sonreírle y abrazarlo espontáneamente— ¡Yuuri! ¿Cómo has estado? ¿Aún sigues en Rusia? —preguntó sin soltarlo. No era como si hubiese olvidado lo que pasó entre ellos, pero esos últimos días había estado pensando bastante en el japonés y en el daño que le había hecho.
Yuuri se dejó abrazar, todo el tiempo pensó que Víctor había hecho las cosas de cierta manera porque había algo detrás— por supuesto que estoy en Rusia ¿Acaso no me ves? —lo molestó y sintió una pequeña risa en su oído, una que hace bastante no escuchaba y que hasta ahora se daba cuenta, había extrañado.
Decidieron caminar un poco sin rumbo, Víctor se disculpó por todo lo que le había dicho y Yuuri le dijo que no tenía que hacerlo. Hablaron por casi una hora, preguntando por sus respectivos hijos, Yuuri suponía que Víctor aún no hacia los tramites de la adopción y tampoco le preguntaría por ello ya que el platinado querría saber de dónde sacó la información.
— ¿Estás saliendo con alguien? Te ves contento, Yuuri —le dijo Víctor con tranquilidad. Se sentía feliz por el japonés si es que así era, Yuuri merecía felicidad y alguien que lo amara y se entregara a él de la manera en que Víctor no pudo, porque él tenía que protegerlo. Ahora que lo pensaba, tal vez si le hubiese dicho toda la verdad, Yuuri se habría quedado al igual que Mila, pero ya era demasiado tarde para pensar en el "que hubiera pasado si…"
—Yo… sí —respondió con timidez y sonrojándose hasta las orejas.
—Amazing! Apostaría a que es ese rubio del que no recuerdo el nombre —el japonés se sonrojó más si es que era posible— acerté ¿Verdad? Ese día, él se veía muy protector.
La conversación se centró en Yuuri y sus planes de quedarse a residir en Rusia, Víctor se sentía realmente feliz, aunque una parte de su corazón hubiese deseado que el azabache fuera para él. Terminaron de hablar, pues a ambos se les había pasado el tiempo volando, se despidieron con un beso en la mejilla y Víctor se dirigió a su departamento, distraído por la conversación con Yuuri, olvidando caracterizarse por si alguien lo seguía.
Continuará…
