Capítulo 2: Fui transportado a otro mundo, ¡justo como en mis historias de monas chinas!


En una habitación oscura y húmeda, una joven conejita de ojos púrpura, de unos diez u once años de edad, permanecía callada e hincada en el centro de una lúgubre recámara donde la luz de la luna llena se filtraba por un lucernario, bañando el pelaje gris y blanco de la joven presa.

De forma casi imperceptible y en una centésima de segundo, la iluminación del lugar se vio interrumpida por una fugaz sombra. La conejita alzó ambas orejas enseguida y aunque para la mayoría de los mamíferos hubiera sido inaudible, la joven niña sabía que esas pisadas sólo podían pertenecer a un sólo animal. Uno que ella admiraba mucho.

—¿Estás lista, Tsukuyo? —mencionó una voz profunda en medio de la oscuridad.

—Sí, maestro. —Asintió la chica a su dirección, alzando un puño y poniendo la palma de su pata libre en el piso de madera podrida. Pese a no poder verlo, sabía a la perfección donde se encontraba aquel mamífero que ella llamaba maestro con tanto orgullo y devoción para una coneja de su edad.

Sin que pasara más de un minuto, un kunai, una cuchilla y arma predilecta de los ninjas, se clavó en medio de sus dedos, sorprendiéndola pero sin lastimarla, demostrando que a pesar de la falta de luz, su maestro tenía una puntería excepcional y podía matarla en cualquier momento si así lo quisiera. Pero pese a lo poco que lo conocía, ella sabía que su mentor jamás la lastimaría ni le haría daño. No sin una buena razón.

—Entonces hazlo, Tsukuyo. Demuéstrame que en serio quieres dedicar tu vida a la protección de Yoshiwara y al sol que lo ilumina. Demuéstrame que estás dispuesta a renunciar a todo con tal de proteger a todas tus hermanas y que tomarás mis enseñanzas en serio. Porque bien sabes que yo jamás le enseñaría mi arte de Shinobi a una débil e indefensa niña como tú. —Su interlocutor, un misterioso mamífero de figura esbelta que cubría las horrendas cicatrices de su rostro con vendajes, enfundado de ropas propias de un ninja, hizo una pausa y aclaró su garganta para lo que iba a decir—. Deberás renunciar a cualquier rastro de feminidad si en verdad quieres llevar una carga tan pesada como esta. Deberás mostrarme aquí y ahora que renuncias a ser una hembra.

Los ojos amatistas de la pequeña se abrieron de golpe, pues aunque sabía lo que debía hacer, sentía miedo. Pero enseguida agitó su cabecita y despejó de su mente cualquier duda. Debía ser fuerte, no por ella misma, si no por la principal razón por lo que estaba a punto de hacer. Por Hinowa. Y por… alguien más.

La coneja tomó el kunai y lo retiró del suelo enmohecido; luego y sin titubear, dirigió el filo de la cuchilla debajo de su ojo izquierdo y, sin pensarlo dos veces, se lo clavó al rostro.

Hubo un silencio sepulcral. Pese al intenso dolor que la cría de conejo experimentaba, no soltó ningún alarido ni lamento por demacrar su propio rostro. En vez de derramar una lágrima, un hilo de sangre bajó por su pómulo izquierdo y el camino que produjo fue el mismo que el kunai recorrió para terminar de cortar la mejilla de la hembra.

—Muy bien hecho, Tsukuyo. —La felicitó su maestro con una voz quebrada—. Ya puedes parar, Tsuku…

Pero la chica no se detuvo, sacó la afilada arma y esta vez la incrustó en su frente y se hizo una rajada horizontal desde el centro hacia afuera.

—¡Te dije que ya es suficiente!

El macho que siempre le había hablado sereno y con calma, por primera vez le gritó fuera de sí, al mismo tiempo que detuvo la pata de la coneja para que no siguiera lastimándose.

—Pero maestro, usted dijo que llenara mi rostro de cicatrices como usted y…

De pronto, algo que jamás pensó que pasaría sucedió y el ninja la abrazó; él, un mamífero que nunca había mostrado debilidad ni sentimentalismo, la rodeó con sus fuertes brazos y colocó su pequeño rostro ensangrentado contra su pecho.

—Con una cicatriz bastaba, niña idiota. Con eso es suficiente para demostrar que has dejado de ser hembra.

—Maestro…

La coneja, lloró conmovida, no por el dolor o el ardor de sus punzantes heridas, sino por un sentimiento que hasta ahora sólo había sentido por Hinowa, lo más cercano a una madre o una amiga que tenía. Sin embargo, el gusto le duró poco cuando su maestro se desprendió de ella enseguida y con brusquedad, dándole la espalda.

—Ponte de pie Tsukuyo. Porque de ahora en adelante serás oficialmente mi discípula. Te enseñaré todo lo que sé y sin duda con ello te volverás una luz que iluminará la noche más oscura de esta podrida ciudad. Desde este momento, tú serás la luna de Yoshiwara. La luna más brillante y hermosa que jamás hayan visto —sentenció su maestro con orgullo mientras sacaba de su manga, material para evitar que su nueva discípula infectara su herida.


—¿¡Cómo que no eres el verdadero Gintoki!?

—¡No grites Zanahorias o harás que nos maten!

—¡Y no me digas Zanahorias! ¡Y ya déjate de bromas, Gintoki!

—¡Oigan tórtolos! ¡Cierren el pico y no hagan ruido en lo que viene el jefe!

Un lobo de crin sin pelo y tatuado le gritó a la particular pareja. Nick y la coneja de dos enormes pe… diga, cicatrices en el rostro, dejaron de discutir al momento. Tras entrar sorpresivamente al escondite de bandidos, los cánidos de mala cara los invitaron voluntariamente obligados a permanecer con ellos en lo que venía su líder para decidir su destino, que por cierto, no pintaba nada alentador. La coneja y el zorro permanecieron sentados y decidieron no alzar más la voz para no meterse en más problemas, debían planear como salir de este embrollo, pero primero, el vulpino tenía que dejarle muy en claro a la hembra quien era en realidad.

—Escucha Judy: —Él la llamó por fin por su nombre, cosa que sólo hace cuando habla en serio—. No sé qué diablos está pasando aquí, estoy muy confundido y no sé qué clase de sueño o más bien pesadilla sea esta, pero de lo que sí estoy seguro es de que yo no soy ese tal Gintoki, mi nombre es Nick Wilde y yo no soy ningún samukai…

—Samurái —lo corrigió ella molesta y con los brazos cruzados.

—Sí, sí, lo que sea —prosiguió sin tomarle importancia—. No soy nada de lo que se supone que crees que soy, yo sólo soy un policía de una ciudad más civilizada conocida como Zootopia, ahí no manejamos espadas o usamos cortinas de baño como ropa, y lo más importante, ¡no le aplicamos una llave de lucha a quién tocó error el pecho de alguien!

—¿Te parece poco manosearme, bastardo?

—¡Fue un accidente! Además, te recuerdo que tú me dijiste que te tocara en primer lugar, e insististe que no eras hembra y no sé qué más.

La coneja se ruborizó y desvió la mirada.

—Me tomaste desprevenida, eso es todo —musitó apenada—. ¡Además, eso no cambia nada, me las apretaste varias veces!

—Pues a mal paso, darle prisa, ¿no? —Se encogió de hombros soltando una sonrisa taimada.

—¡Eres un…!

—¿¡Podrían callarse de una maldita vez o tenemos que cortarles la garganta!? —exclamó uno de los criminales, hastiado por el alboroto. La coneja soltó el cuello del zorro y bajó el puño, Nick sólo tosió para recuperar el aliento.

—¡Maldita sea Zanahorias, eres muy violenta! —gritó en un volumen bajo mientras carraspeaba—. Y eso es mucho decir de la Judy que yo conozco. —Sacó la lengua al mismo tiempo que masajeaba su gaznate.

—¡Déjate de juegos ya, Gintoki! —bramó sin elevar su voz—. No tengo tiempo para tus bromas, esto es serio y tú no dejas de bromear con eso de que no eres Gintoki.

—¡Te digo la verdad! ¿Qué puedo decirte para que me creas? ¡No soy Gintoki, soy Nick…! ¡Argh!

Cansada, la coneja con cicatrices en la cara tomó al vulpino de la solapa de sus extrañas ropas de samurái y lo encaró enfadada.

—¡Escúchame bien, ojos de pez muerto, no estoy…! —En ese momento, la supuesta Judy miró con gran asombro al zorro y notó que su mirada era distinta—. Tus ojos… son verdes.

—Esmeralda en realidad, ¿y eso que, Pelusa?

—¡Y están llenos de vida, algo tristes, pero no tanto como los del imbécil de Gintoki!

—No entiendo nada, Zanahorias, ¿qué tiene que ver mis ojitos pizpiretos en todo esto? ¿Y de paso podrías soltarme? Estás poniendo nerviosos a nuestros lampiños amigos.

Con su pulgar, Nick señaló a algunos de los cánidos sin pelo que, enseguida, se llevaron las patas al pecho, donde posiblemente guardaban sus armas, en caso de que sus invitados intentaran algo. La coneja soltó enseguida a su compañero depredador, pero sin dejar de verlo a los ojos, completamente perdida en su mirada.

—Zanahorias… ¿qué, qué tengo en la cara? ¿Te gusto o qué…? ¡Auch! ¡Au, au, au…!

La supuesta Judy comenzó a tocar con la yema de sus dedos los ojos esmeralda del zorro, sin importar lo molesto y doloroso que era para él.

—¡Auch, argh, ya basta, Pelusa!

—¡Son reales!

—¡Claro que lo son, más reales que tus sen…! Bueno, debo admitir que al menos se sentían reales…

—¡Me refiero a tus ojos, imbécil! ¿Y podrías dejar de pensar en mis pechos por 5 segundos?

—De acuerdo, lo intentaré. —El zorro hizo una pausa breve sin moverse, pero luego bajó la vista y habló—. Lo intenté, lo siento.

—Imbécil, ¿te crees muy gracio…?

La chica tronó sus nudillos y vio de nuevo su mirada, recordando que iba a hacer antes de molerlo a golpes.

—Definitivamente no puedes ser Gintoki, te pareces a él, incluso tienes ese pésimo humor infantil y la misma cara de Robin Hood de Disney.

—Gracias… ¡oye! ¿Eso era un halago o un insulto?

—Pero tus ojos… deberían ser los ojos de un pez muerto y color vino, no verdes.

—Esmeraldas… bueno ya, ¿entonces me crees?

—No tiene el mayor sentido, pero nada lo tiene en este fanfic; y para acelerar la trama, no me queda más remedio que creerte.

—Gra… un momento, ¿acabas de romper la cuarta pared?

—En verdad no sabes nada, ¿cierto? Esto es Gintama, romper la cuarta pared es tan común como respirar. Bienvenido.

Nick agitó la cara confundido, luego soltó un suspiro desganado.

—Ay, me rindo, de todos los sueños y fantasías que he tenido, este debe ser el más loco. Pero está bien, seguiré el juego. Todo parece indicar que fui transportado a otro mundo, ¡justo como un a…!

—Isekai.

—¿Qué? ¿Todas las conejas hablan así de raro o sólo eres tú?

—Isekai es el término de los animes donde el protagonista de una historia es transportado a otro mundo por razones o motivos desconocidos.

—Oye, ¿podemos tener las clases de chino…?

—Japonés…

—¡Es igual! ¿Podemos tenerlas al mínimo, por favor? No entiendo nada en español, no me hagas tratar de entender palabras raras.

—Oh bueno, lo intentaré, Ginto… imagino que no es tu nombre. ¿Cómo te llamas entonces?

—¡Al fin nos estamos entendiendo, Zanahorias! Ya lo repetí un par de veces, pero me presento nuevamente. Me llamo Nicholas Wilde o Nick, para los amigos. Antiguo estafador de Zootopia, pero actualmente policía y compañero de una torpe coneja que obviamente no eres tú. Mucho busto, errr, gusto, gusto. Eso dije.

La coneja de cicatrices hizo un sonido similar a Marge Simpson. Agitó la cabeza y continuó poniendo atención al vulpino.

—Nick, ¿eh? No me gusta ese nombre y se me va a olvidar. Te pondré Gintonick.

El zorro frunció el ceño, molesto.

—¿Y para qué changos me preguntas si me vas a llamar como tú quieras de todas formas?

—Meh, para que sea más fácil para mí en recordarlo —se encogió de hombros

Gintonick, es decir, Nick rodó los ojos y sintió la ironía. Así debía sentir la verdadera Zanahorias cuando le decía Zanahorias.

—Bien, ¿y cómo te llamas tú, oh Judy de grandes atributos? ¡Agh!

La violenta coneja le dio un puñetazo en el hombro y Nick soltó un quejido pero lo reprimió enseguida para no llamar la atención de sus captores.

—¡No te pases de listo, si al verdadero Gintoki no le tolero ni una, mucho menos a ti!

—Ok, ok, ya entendí. ¿Y tú eres?

—Tsukuyo, conocida como la Cortesana de la Muerte, líder de Hyakka y protectora de Yoshiwara. Mucho gusto.

La cara que puso Nick ante tal trabalenguas podía equipararse a la que uno pone luego de escuchar a alguien cantar el opening de un anime en su idioma original. Masajeó sus sienes y después relajó los hombros.

—Errrr, mejor te llamo Zanahorias Junior.

—¿¡Qué tiene de complicado mi nombre, idiota!?

—¡Habló la que no puede decirme Nick porque dice ser difícil de recordar!

—¡Quieren callarse de una perra vez! —uno de los matones los amenazó.

—Mira Tsu… Tsu… ¡argh! Zanahorias. Llámame como quieras, veremos eso más tarde. Lo mejor que podemos hacer ahora será pensar en una forma de escapar de nuestros rasurados amigos cuanto an…

—¿Escapar? Oh no, nada de eso. La razón por la que el verdadero Gintoki y yo estábamos afuera de su guarida era para encontrar pistas de una investigación en la que me estaba ayudando. ¡No nos podemos ir todavía!

—Por si no lo has notado, Zanahorias, ellos son 14 y nosotros sólo 2, ¡y acabamos de irrumpir en su escondite! El factor sorpresa para ponerse a investigar o llamar refuerzos se arruinó, y cuando llegue su jefe y la seguridad extra con él, será más difícil escapar.

—¡No me iré hasta saber más de esta organización! Ya estamos dentro, ¡No podemos desaprovechar esta oportunidad, Gintonick!

El zorro se dio un palmazo en el rostro.

—¡Fantástico! Eres igual de testaruda y necia como mi Zanahorias. Tan típico de ella. ¿Qué ninguna de las dos entiende que la única forma de obtener información de una organización de mafiosos como son estos matones es siendo uno de…? —Nick se detuvo enseguida, miró la ropa de ella, luego la de él y llegó a una breve conclusión—. —Zanahorias, corrígeme si me equivoco, ¿pero ni tú ni yo somos policías, cierto?

—No, no lo somos, ¿pero por qué pregun…?

El vulpino agachó la cabeza y entonces terminó de formular una brillante idea para zafarse de esta situación desfavorable.

— Bien, ya lo tengo. Lo haremos a tu manera Pech… Zanahorias.

—¡Ya deja de mirarme el busto, maldición! —exclamó la coneja parecida a Judy algo indignada.

—¡Baja la voz, Pechugas Larú y escúchame! Tengo un…

Ninguno de los dos pudo terminar de hablar, la puerta se abrió de golpe y entró a la habitación lo que parecía ser un oso pardo, pero sin pelaje y con la piel llena de tatuajes de arácnidos y la cara llena de cicatrices.

—Gintonick… —masculló la supuesta Judy—. ¿Él es el jefe?

—No, no lo creo… oye… —Nick frunció el ceño y acarició su mentón—. Hay algo muy familiar en todo esto…

Enseguida, entró otro oso que conservaba un poco de pelaje blanco y negro, pero era mucho más grande y aterrador que el anterior.

—¿Entonces él? ¿Es él? —musitó la hembra.

—¡No! —respondió apretando los dientes y a un bajo volumen—. «En serio siento que esto ya lo viví…» —pensó intentando recordar porque sentía que esto ya lo había vivido antes.

Finalmente, a la reducida puerta entró un enorme oso polar, muchísimo más intimidante y grande que los dos anteriores, el aterrador úrsido de mirada fulminante, piel rosada carente de pelo y llena de tatuajes horrendos, avanzó hacia la silla del líder con ambas patas juntas, haciendo temblar la sala con cada paso que daba, hasta que finalmente tomó asiento e hizo cimbrar el lugar.

—¡Ahhh! —La coneja suspiró asombrada—. ¡Es él seguramente, su líder! —La Judy del otro mundo insistía entre susurros.

—No hables, ¡ya no hables, ya no hables, ya! —farfulló cuando perdió la concentración— «¡Maldición, lo tenía en la punta de la lengua!»

Antes de que el oso siquiera pronunciara palabra, colocó sus patas delanteras sobre la mesa y las abrió, revelando que dentro de estas había a una pequeña y anciana musaraña sentada de piernas cruzadas y enfrente de una mesita que sólo podía pertenecer al líder de una organización criminal como esa. El diminuto mamífero de edad avanzada también estaba afeitado y tatuado en todo su cuerpo.

Luego de que todos los presentes se hincaran y le hicieran reverencia, incluso Gintonick y Tsukuyo fueron invitados con la mirada intimidante del oso pardo a bajar la cabeza; después, el anciano de grandes cejas habló.

—¿Y... quiénes son ustedes? —dijo el pequeño depredador parecido a Míster Big.

—¡Ya lo tengo! —gritó Nick, llamando la atención de todos— ¡Son los Escandalosos! —enseguida, Nick se tapó el hocico con ambas patas—. Ups…

—A Polar no le gusta ese nombre —susurró con tristeza el enorme oso blanco que cargaba a la musaraña.

—Idiota, ¿qué le hiciste a mi hermano menor! —exclamó el oso panda.

—¡Te asesinaré aquí mismo por insultar a nuestro hermanito —el oso pardo mostró garras y colmillos!

—¡Gintonick! —Tsukuyo le recriminó.

—Lo siento, recordé la referencia y algo me provocó a gritarla. —Nick se defendió

—¡Ya eres zorro muerto…!

—¡SILENCIO! —bramó la pequeña musaraña de pie, retomando el control del lugar—. Nadie va a matar a nadie, a menos hasta que yo lo diga. —Volvió a sentarse sobre sus rodillas y prosiguió—. Y bien… ¡tú, el chistosito! Tienes mucho valor para ponerte a bromear estando rodeado de tipos peligrosos como nosotros. —Sonrió—. Eso me agrada.

—¿Qué? —exclamó la supuesta Judy, claramente confundida.

—Ahora, responde mi pregunta y dime —insistió el pequeño líder en un tono sombrío e intimidante—, ¿quienes son ustedes dos?

—Gintonick, ¿¡qué hiciste!? —susurró alterada la coneja.

—Tranquila Zanahorias —respondió el zorro sin mover mucho los labios— Todo estará bien, te dije que te apegues al plan, tú sólo confía en mí.

—¡¿Cuál plan?!

—¿Querías quedarte a reunir pistas, no? Para hacer eso hay que ganarnos su confianza primero. Sólo mira y aprende.

—Estoy esperando, zorro. Y no me gusta esperar —la vieja musaraña comentó en un tono amenazante.

—L-l-lo lamento señor… errr, ¿lo puedo llamar Míster Big?

—¿Míster Big, eh? —Acarició una de sus cejas—. Me gusta; prosigue, zorro.

La supuesta Judy quedó impresionada ante lo fácil que Nick se ganó al líder mafioso, tal vez no era tan malo, después de todo.

—Bueno, verá, la razón por la que mi esposa y yo estamos aquí…

—¿¡E-e-e-e-esposa!?

—Amor, no me interrumpas —musitó Nick viéndola de reojo—. Sígueme la corriente, Zanahorias —farfulló sin dejar de prestar atención al supuesto Míster Big—. Ejem, como le decía, señor. Mi linda esposa y yo somos una pareja de mercenarios, juntos hacemos los trabajitos sucios de otros por una buena paga y bueno, las cosas en nuestra relación se están poniendo algo monótonas últimamente y, para reencender la llama de nuestro amor, quisiéramos cambiar de aires y entrar a su humilde organización, si nos lo permite, oh, Míster Big.

Los maleantes comenzaron a murmurar entre ellos mientras su jefe musaraña acariciaba su mentón pensativo. Por su parte, la coneja estaba sonrojada por la sola idea de pretender que ella y el zorro eran marido y mujer; la pobre Tsukuyo estaba sintiendo mariposas en el estómago en un momento tan poco apropiado como ese. Se estaba comportando como una hembra de su edad y… cuando pensó en eso, inmediatamente su reacción cambió de pronto.

—¡Imbécil! ¿Cómo te atreves a sugerir que tú y yo… que yo y tú somos…?

—Es una treta, tesoro. Y a menos que quieras tus preciadas pistas y no morir en el intento, te sugiero que le des algo de veracidad a mi historia, oh, cara mía.

—¿Eso es cierto, mi niña?

El anciano por fin habló, esta vez cuestionando a la supuesta Judy. Tsukuyo no tuvo más remedio que asentir y tomar al zorro de una de sus mangas, gesto que acostumbraban tener las esposas con sus maridos en esa época.

—A-a-así es; él es mi Mon cher. So-somos una pareja criminal felizmente casada, en busca de un nuevo clan mafioso y delictivo donde podamos establecer un nidito de amor para los dos y nuestras 285 bendiciones.

—¡Oye, pero tampoco exageres, Zanahorias! —mencionó Nick algo asustado, temiendo que ese número fuera la cifra normal de hijos entre conejos.

—¿Doscientas ochenta y cinco? ¡Joder, eso sí es de gángsters! —uno de los matones exclamó.

Luego de eso, los comentarios lascivos de los otros criminales no se hicieron esperar.

—¿Apoco ese zorro profanó a esa conejita tantas veces?

—¡El macho!

—¡De seguro la mayoría ni son suyos!

—¡Sabía que las conejas eran unas ninfómanas, pero no tanto!

—¡Sí es así, seguro no le importará a ese zorro compartir a su hembra un rato con nosotros, ja, ja, ja!

—¡Torpe coneja! —Nick le susurró malhumorado—. No debiste hablar demás. Mejor déjame encargarme de es… ¡argh!

Las risas del lugar y los comentarios malintencionados fueron callados enseguida cuando una lluvia de Kunais fueron lanzados contra los matones, estas filosas armas no lastimaron seriamente a ninguno, pues se clavaron de inmediato a las paredes de madera del lugar, como si fueran dardos en una diana, todo esto sin herirlos. Sin que nadie se lo esperara, Tsukuyo había lanzado desde las mangas de su Kimono varias cuchillas que impactaron amenazantemente cerca de los criminales, dejando en claro que podría haberlos matado a todos en ese momento si se lo hubiera propuesto. La supuesta Judy los había silenciado con una de sus técnicas ninjas más mortales y poderosas.

—Lo siento, pero mi tesorito es sólo para mi tesorito. —Cerró los ojos y con una sonrisa tierna, abrazó a su falso marido— ¡Y si creen que yo soy fuerte, mi esposo es cien veces más poderoso que yo! —la coneja exclamó furiosa, borrando todo gesto de esposa devota de su rostro y denotando sus intenciones asesinas a esos mafiosos pervertidos.

—Pues acabas de cargarte a tu esposo, —comentó la musaraña.

—¿Qué?

Por desgracia, su potente discurso y amenaza se vio estropeada cuando abrió los ojos y vio que su supuesto Mon cher había sido alcanzado por algunas de sus cuchillas ninjas. El pobre Gintonick tenía kunais clavados en su brazo, hombro y hasta en la cabeza. Tsukuyo había usado a Nick como su blanco de tiro.

—Esto… Cara mía… la próxima vez que lances un ataque así… ¡avísame!.

Con la cara roja de vergüenza, La coneja parecida a Judy se sentó a un lado de su supuesto esposo y comenzó a retirarle los kunais errantes.

—Lo siento Gintonick, pero el verdadero Gintoki hubiera esquivado eso sin problemas —comentó apenada.

—¡No me vengas con…! ¡Ay, ay, auch, mi bracito!

Mientras la conejita trataba las heridas que ella misma provocó en el zorro, los mafiosos estaban aún abrumados por el poder de la chica; por su parte, el líder de los mafiosos, el supuesto Míster Big admiraba a la pareja con serenidad, pero a los pocos segundos, se partió a reír.

—Ja, ja, ja; ustedes con sus peleas maritales, son obviamente esposos de la peor escoria criminal. Me agradan. —sonrió con malicia—. Están dentro.

—¿Qué? —exclamó la coneja impresionada.

—¿¡QUÉ, QUÉ!? —bramó Nick mucho más impactado que Judy.

Los matones y los osos estaban mucho más sorprendidos que su jefe permitiera que una pareja tan peligrosa y temible como esa se unieran a su organización así como si nada.


Notas de…

Con el letrero de "Notas de autor" aún en los suelos, acompañado de otros que decía "No lean este fic" y "Perdónanos". Los anteriores protagonistas de Gintama, ahora transformados en unos pintorescos furros, estaban detrás de una mesa café, rodeados de micrófonos, luces y cámaras.

Preguntas y respuestas

Enfrente de dicha mesa había un nuevo letrero que decía "Preguntas y respuestas", y ahí, tanto Gintoki como Kagura y Shinpachi en versión animal estaban sonriendo nerviosos como esperando algo.

—Pssss… oye, Shinpachi —mencionó en voz baja el zorro de ojos de pez muerto, Gintoki—. ¿Y qué hacemos ahora. No llegaron comentarios de esta fea historia, y mucho menos preguntas.

—¡Así es-aru!—susurró Kagura, la zorra voladora, con energía pero sin hacer mucho ruido— Es obvio que ningún alma está leyendo esta porquería de historia-aru, creo que se tomaron muy en serio nuestra advertencia, o es que en verdad este ficucho apesta-aru.

—¡Gin, Kagura, no digan eso! —El pequeño carnero conocido como Shinpachi los calló alterado—. Aunque sea verdad, si el autor se entera que seguimos diciendo pestes y no hacemos la labor que nos pidió podríamos quedarnos así para siempre.

—¡Pero Patsuan! —Gintoki insistía—. No se puede tapar el sol con un dedo, ¿cómo hacer una sección de preguntas si ni siquiera nos mandan las cochinas preguntas? Las respuestas las podemos inventar si no nos la sabemos, pero las preguntas.

—¡Es cierto, cuatro ojos-aru! Además, ¿qué culpa tenemos que los lectores no comenten-aru? Esto quiere decir que la trama y la historia es super aburrida y apesta a frikiplaza-aru.

—Chicos, les recuerdo que la historia es 90% de Gintama, básicamente están diciendo que nuestra serie es super aburrida y apesta; aparte que… ¡auch!

La chica murciélago le dio un cabezazo Shinpachi, haciéndolo chillar de dolor.

—¡Kagura!

—¡Vuelves a decir eso y te mato-aru!

—Yo, —dijo Gintoki—, apoyo la moción, ¡con toda violencia!

—¡Chicos calma, no se desquiten conmigo y déjenme terminar de hablar! —Shinpachi aclaró su garganta y prosiguió— El señor Janyo, pensando en esto, me dio un par de preguntas en caso de que algo así pasara.

El carnero de gafas sacó unas ojitas de la manga y se la entregó a sus compañeros.

—¡Haberlo dicho antes, Gafotas-aru!

—En ese caso, —mencionó Gin—, comencemos de una vez con esto para que me pueda ir temprano a ver mi novela. Ejem. ¡Damas y caballos! En este intento de notas de autor, sus amigables vecinos, el sorprendente Gintoki y sus patiños, Kagura y Shinpachi les traemos esta sección de preguntas y respuestas.

Gintoki sacó unos lentes y busco con cuidado las hojas que le había dado Shinpachi hasta que encontró una de su agrado.

—Ajá, para la primera pregunta, según el tal Juacho.

—Janyo —corrigieron los dos chicos.

—¡Salud! Esta pregunta es la que más le hacen, no sólo en este fanfic, si no en todas sus historias, y la pregunta diche achi: Pregunta 1. ¿Este fanfic tendrá lemon?

Se escuchó el ruido característico de un grillo mientras los presentes veían pasar el tiempo.

—¡Diccionario andante, que diga, Shinpachi! —mencionó Gin—. ¿Qué changos es un lemon y por qué se me antojó?

El carnero se levantó de su asiento, le cuchicheó algo al oído.

—¿Osea como porno? —comentó Gintoki en voz alta.

—¡Gin, hay niños presentes! —El de lentes lo reprendió.

—Tranquilo Shinpachi-aru, sé que un virgen como tú ya está en edad para saber de cosas como la Rule 34 y Xvideos-aru.

—¡Kagura, lo decía por ti y por todos los lectores menores de edad!

—Ah, sí bueno, ¿quién tiene hambre-aru?

—En fin, aprovechando que Kagura arruinó la inocencia de Shinpachi…

—Pero yo no… ¡bah! Olvídenlo…

—Sobre la pregunta de que si habrá contenido Rikolino en este fic, la respuesta es no. Este es un fanfic cristiano y no encontrarán aquí esa clase de contenido; además el autor podrá estar mal de la cabeza, escribir escenas candentes y pervertidas, abusar del doble sentido, meter memes rancios y chistes aguados, escribir fanfics de contenido erótico, pero nunca una estrella de porno. —Respondió Gintoki la pregunta defendiendo a capa y espada al autor.

—¡Gin, pero eso no es lo que quería decir con lemon!

—En resumen-aru, este fic no tendrá lemon y que el autor no es una estrella porno-aru.

—¡Kagura!

—Bueno, bueno, y la segunda pregunta porque se nos acaba el tiempo (mi novela ya casi va a empezar) —farfulló—, es la siguiente, la segunda cosa que le preguntan al autor más seguido en sus fics, por cierto: Pregunta 2. ¿Cada cuando vas a actualizar este fic, inmundo animal?

—¡Gin, no creo que la pregunta diga eso último!

—Claro que sí, Patsuan, aquí lo dice, donde te estoy señalando con mi dedo de enmedio.

—Sí claro, bueno, ya responde.

—Uy, que amargado —prosiguió el zorro—. Pues la respuesta es "Pues quién sabe, como se me dé la regalada gana".

—¡Gin, ya dilo bien!

—Demonios Patsuan, te juro que eso dice, que te mueras tú si no es cierto.

—¡Gin!

—El pelos de elote tiene razón-aru, —dijo Kagura leyendo la hoja de Gin—. Pero viene con una explicación larga-aru.

La chinita leyó la hoja mientras Shinpachi se cercioraba que lo que dijeron los dos era verdad.

—¿Y qué dice, mocosa?

—No sé-aru, el autor escribe mucho y me aburrió-aru.

—¡Kagura!

—Pero de lo poco que entendí es que este fic-aru, a diferencia de sus otras historias lo escribirá más rápido porque es una adaptación-aru, dice que intentará publicar cada dos o tres semanas-aru, pero que no será constante y puede que la publicación de este fic sea irregular-aru, pero procurará terminar la historia lo antes posible-aru.

—En resumen, actualizará cuando le nazca de corazón, como al 90% de los fickers. Y bien, ahí lo tienen, mándenos sus preguntas y dudas para resolverlas aquí o tendremos que inventar más peladeces. ¡Hasta la próxima, amigos!

Gintoki y compañía se fueron a ver la novela mientras se escuchaba los créditos de He-Man y los amos del universo de fondo.