La navidad llegó de improviso, todos estaban tan metidos en sus cosas que no se dieron cuenta cuando ya faltaban pocos días para que santa Claus pasara por sus hogares. Víctor preocupado de no ser descubierto y proteger a Lena, mientras los Yuris estaban intentando armar una relación estable y duradera en Rusia.
Yuuri le preguntó a Yuki que le pediría a santa, fue una noche antes de acostarlo a dormir mientras el rubio estaba en el baño— quiero a mi ded —fue lo que le respondió con rostro serio. Por supuesto que al japonés le conmovió, pero se aguantó las lágrimas, tenía que explicarle a su hijo que las personas que morían no podían volver.
—Lo siento, cariño, pero el abuelo no puede volver. Él está en un lugar mejor ahora —fue la mejor explicación que se le pudo ocurrir.
— ¿Mejo que comigo? —le preguntó inocente el menor y Yuuri se quedó sin palabras.
—Él está en un lugar desde donde puede vernos y cuidarnos, por eso esta mejor —se escuchó la voz de Yuri mientras entraba en la habitación— ¿Recuerdas que a él le gusta ver que estemos bien? —El menor asintió— algún día, volveremos a encontrarnos. Cuando estemos listos.
Yuki sonrió, le encantaba esa idea— mmm tonces quero… un hemano —respondió dejando a los adultos en un incomodo silencio. El menor había visto en los dibujos animados muchos personajes que tenían hermanos menores y estos servían para jugar. Él se aburría estando solo a veces, así que le sería de utilidad tener otro niño que lo acompañara.
—Eso... eso no se puede ¿verdad, Yura? —dijo el azabache algo nervioso.
—Tal vez para tu cumpleaños —respondió el rubio haciendo enrojecer al japonés.
— ¡Yura!
Yuri rio con ganas, no se había planteado el tener otro hijo, pero ahora que lo mencionaban no sonaba tan mal— es mejor si pides una cama elástica para saltar en ella ¿No crees? —preguntó agachándose junto a su hijo para arreglar la situación y que su novio no lo dejara durmiendo en el sofá esa noche.
A Yuki le brillaron los ojos y aceptó de inmediato.
Víctor estaba viendo unas cosas en el computador, cuando su amada Lena se acercó tímidamente y tiró de su ropa para llamar su atención— ¿Qué necesitas preciosa? —le preguntó con cariño para luego tomarla y sentarla en su regazo.
— ¿Existe santa? —le preguntó en voz bajita.
— ¡Por supuesto que existe! —Exclamó Víctor fingiendo estar indignado por la pregunta— todos los años te trae lo que pides ¿No? —La niña asintió— ahora dime ¿Qué quieres para navidad?
—No te lo diré —dijo ella sin mirarlo para luego sacar de su bolsillo una carta que estaba muy doblada y llena de cinta adhesiva— para santa —le dijo para luego bajarse e irse corriendo a su habitación.
Víctor entendió que ella lo estaba probando, si no le decía a él lo que quería, pero el regalo llegaba de todos modos, entonces significaba que santa si existía. Si no, entonces era él quien traía los regalos— niña astuta —murmuró.
El problema era que ella no podía enviar la carta, así que la había envuelto bien para que solo santa la viera. Aquello enterneció al mayor, quien esperó a que su hija se durmiera para abrir la carta y leer lo que ella con solo cinco años había logrado escribir.
Una mamá
Era lo que había escrito y Víctor no supo qué hacer, si le explicaba que no podía pedir una persona de regalo, Lena sabría que había leído su carta. Suspiró cansado, debía resolver esto, pero no quería quitarle las pocas fantasías que su hija tenia permitido tener al pasar encerrada.
Los días pasaron, Víctor compró como regalo un juego de muñecas pequeñas y una casa para estas, ahí incluía una mamá y esperaba que con eso Lena estuviera conforme. Puso los obsequios bajo el árbol antes de que su hija despertara el veinticinco de diciembre para luego ir abrir la puerta, ya que alguien había tocado.
— ¡Mila! Que sorpresa —le dijo contento. La chica usaba una peluca que se quitó al llegar.
—Hola, Víctor, solo vine a traerle algo a Lena —le explicó y de su mochila sacó un pequeño obsequio.
Víctor le indico que lo pusiera bajo el árbol mientras él iba a preparar el desayuno, por supuesto la chica obedeció contenta de poder pasar ese día con una persona tan amable como Víctor y con la hermosa niña que le robaba el sueño. La pelirroja se agachó junto al árbol para dejar su regalo, asustándose cuando escuchó una voz gritar repentinamente tras ella.
— ¡Santa es real! ¡Papi, santa es real! —gritaba y Víctor corrió donde su hija estaba, dándose cuenta que la menor observaba a Mila quien estaba agachada bajo el árbol— Trajo a Mila, ella va a ser mi mamá —dijo con emoción y Víctor no supo que responder mientras observaba que la pelirroja estaba igual de perpleja que él.
Mila miró a Víctor como preguntándole algo con la mirada y este asintió— sí cariño, seré tu mamá —le dijo con cariño y la pequeña se lanzó a sus brazos para abrazarla con fuerza.
Fue un hermoso día, lo pasaron como una familia aunque para Víctor, el hecho de que Lena le dijera "mamá" a Mila, solo era un triste recordatorio de que pronto ya no estarían juntos.
Continuará…
