¡AQUI ESTOY!
Y con un capi, calentito...
Ya lo entenderéis... ¡jajaja!
Espero que lo disfrutéis ;-)
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CAPÍTULO 16
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Edward le puso su chaqueta a Bella y la cargó en sus brazos, la cual comenzó a reír a carcajadas, robándole alguna al vampiro; aunque estaba más atento a caminar a velocidad humana, ya que por él, ya hubiesen estado en la cabaña, corriendo a su propia velocidad.
"Os he dejado puesta la chimenea... Aunque tal y como vais, no creo que la necesitéis (risas). Pero para después. Disfrutar vuestro momento, ¿ok? Si necesitas algo... tienes tu móvil en el bolsillo de la chaqueta. (suspiro) Bueno, después de estar seduciéndola toda la noche, vas a recibir tu premio, espero que sepas lo que haces"
Los pensamientos de Alice llegaron al cerebro de Edward, el cual los ignoró; o por lo menos la parte reprobatoria de su hermana.
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Al llegar a la puerta, la bajó y dejó que observara el sitio.
- ¿Y esto? - preguntó curiosa.
- Es nuestra. Ha estado en ruinas durante muchísimos años, pero hace tiempo, Emmet quiso restaurarla. Él quiere estudiar arquitectura – Le informó, intentando mostrarse natural y despreocupado.
- Y tu... - Bella se mordió el labio; no tenía muy claro porque no seguía la pregunta. Si porque se le hacía difícil terminarla, o porque tenía miedo de la respuesta.
- No. Nunca he traído a nadie aquí. - Le contestó él, como si pudiese haberle escuchado el pensamiento. Bella sonrió complacida. Edward se agachó para hablarle susurrante al oído. - Nunca he conocido a nadie lo suficientemente especial... Hasta ahora. - Esa declaración dejó a Bella igual que gelatina, temblando y excitada; mucho.
Ella lo agarró de los cuellos de su finísima camisa y lo atrajo directo a su boca. Una vez sin oxígeno en sus pulmones, tuvo que separarse para respirar.
- Te deseo... Ahora... - Se sacudió la cabeza, como si negara – No... Te deseo desde que me sonreíste el primer día en la cafetería. - Le susurró entre jadeos.
- Yo te deseo incluso desde antes. Llevo toda mi vida esperándote.
Y tras ese momento de declaraciones mutuas, y besándose de nuevo, entraron a trompicones en la casa.
En cuanto llegaron al dormitorio principal, fueron desnudándose, dejando la ropa tirada por todos lados mientras seguían devorándose. Hasta quedar en ropa interior.
Bella se tumbó en la cama mirando desafiante y sensual a Edward, el cual contemplaba embobado a la hermosura que tenía tendida en la cama, esperándolo.
Se acercó cual puma a su presa, haciendo a Bella morderse el labio. Tumbándose en la cama a su lado.
Después de besarse hasta lo extenuante, acariciarse e incluso hasta lamerse, Edward paró y se la quedó mirando.
Estaba tan sumamente enamorado de ella, que necesitaba darle tiempo por si no quería seguir. Que estuviera realmente segura de querer dar este paso.
Más a sabiendas de que llevaba toda la noche aplicándole sus trucos de seducción. Los reales; los que su genética le pedía y que le eran harto difícil ignorar. Pero Bella era la elegida; cada vez estaba más seguro. Y sus instintos sexuales comenzaron a cobrar posiciones, como manera de marcarla como suya.
- Quiero que lo desees tanto como yo... - Edward tenía la respiración agitada. No recordaba haber estado tan nervioso en esos momentos como aquel día.
- Claro que te deseo... - suspiró Bella mirándolo con devoción.
Edward se posicionó encima de ella, sin dejar que soportará ni un solo gramo de su peso.
La besó en la boca, con necesidad y con hambre. Besó y chupó su cuello; su, en extremo, tentador cuello. Bajó entre sus pechos, arrastrando el sujetador en el camino. Demorándose en sus montañas, acariciándolas y succionando sus pezones rosados y erectos, ante los gemidos de Bella.
Ella en compensación le agarraba del pelo, exigiéndole más. La sensación que Edward le regalaba sobre sus picos, era demoledora y adictiva.
Siguió bajando, degustando su cuerpo. Memorizándolo. Hasta llegar al borde de sus braguitas. Jugó en la línea del elástico metiendo solo la punta de sus dedos, rozando el monte de Venus. Introduciendo uno de ellos hasta llegar a su clítoris, el cual comenzó a rozar mortalmente despacio, haciendo que se fuese empapando.
Bella comenzó a mover las piernas, buscando más fricción, apretando los músculos de su vagina.
-¡Ohhh... Edward...! - Suplicaba ella. Y eso fue lo que necesito para aventurarse a más.
Le bajó la prenda de un tirón y atrapando su boca, introdujo un dedo dentro de ella, ganándose un tremendo grito de éxtasis por parte de Bella.
La forma en que Edward la tocaba, la seducía, la calentaba... Era indescriptible. Jamás se había sentido tan excitada por alguien.
Cada parte que él la rozaba con sus dedos o sus labios, la hacía ver el cielo.
Después de no dejar ni un solo centímetro de piel sin tocar ni besar por ambas partes, llegó el momento culminante.
Edward fue introduciendo su miembro dentro de ella, despacio. Quería disfrutar el momento. A parte de ir centrándose; no quería ni el menor fallo con Bella.
Lo excitaba hasta tal punto que varias veces tuvo que bajar el ritmo de sus movimientos, para aspirar aire y relajarse.
Una vez completamente dentro de ella, se quedaron así, unidos sin moverse durante unos instantes.
Bella jadeaba y soltaba suspiros enloquecidos y enloquecedores.
Ella se abrazó a él con brazos y piernas. No quería separarse de su cuerpo ni un milímetro.
Edward comenzó a moverse, despacio. Pero Bella quería más. Más duro. Más fuerte. Incitándolo con su cadera.
Eso descolocó a Edward. Todas sus "conquistas", no solían aguantar sus embistes sin quejarse de que las dañaba dentro. Pero Bella no. Ella era distinta. Adaptada a él en todos los aspectos.
Y algo que jamás le había pasado, ocurrió: Cada vez que Bella giraba el cuello ofreciéndoselo, sentía una necesidad, un ansia que lo ahogaba, de morderla.
Y por primera vez en toda su eternidad, comprendió en todo su esplendor lo que realmente eran los genes de vampiro cuando encuentras a tu pareja eterna:
Esa ansia, no era otra más que el anhelo de su monstruo interior por hacer completamente suya a la hembra. De marcarla de por vida como suya y pasar la eternidad con ella.
Bella era la elegida. Bella tenía que ser vampira. Una Cullen. Su compañera por toda la eternidad.
El orgasmo fue apoteósico para ambos. Bella jamás había sudado, disfrutado y gritado tanto, con nadie.
Edward, tuvo que morder una almohada antes de perder el control y morderla. Esa, podría decirse que era, su primera vez "simbólica".
Bella cayó prácticamente inconsciente nada más que se acurrucaron juntos en la cama. Estaba exhausta.
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Edward, una vez comprobado que estaba dormida, atizó bien el fuego para que calentase la habitación. Comprobó que hubiese algo para desayunar y se deshizo del almohadón y las plumas que volaban a su alrededor.
Una vez todo listo, se acurrucó junto a "su" amada. Abrazándola sobreprotector, contemplando a la que pasaría su eternidad junto a él.
Observándola dormir plácida, meditó el cambio que había surgido en él en estos últimos instantes mientras hacían el amor. Y algo tuvo claro... Su inerte corazón, le pertenecía por siempre. Sería su todo. Su compañero. Su amigo. Su amante. Y mientras siguiese siendo humana, su protector; ya que de pronto, captó ese espectacular cambio en sus sentimientos:
Protegerla. Celarla. Evitar cualquier otro acercamiento a otro macho.
Sería capaz de matar, si alguien la tocaba.
Y de pronto un nombre entró en su raciocinio:
Jacob. Su camarada, su hermano... Jake.
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Después de varias horas, Bella despertó con una sonrisa de satisfacción plena.
- Veo que te has despertado de muy buen humor... - musitó Edward – Me preguntó a que será debido – Rió, alzando las cejas, simpático.
Bella agarró un almohadón, de los que habían sobrevivido a los envistes de Edward, y se lo lanzó.
Acto seguido, se inclinó sobre sus rodillas, y pasando sus brazos por el cuello de él, lo besó.
-Tú eres ese motivo, tonto – le murmuró en los labios.
Ambos se quedaron mirándose embobados, con sonrisas tontas en los labios.
Estaban enamorados. Lo sabían; perfectamente.
Y lo que iba a ser una simple ducha juntos, se convirtió en su segunda vez.
Bajo el chorro de la grandísima alcachofa de la ducha, lo que era lavarse mutuamente, dio pasó a caricias más íntimas y más sexuales. Pronto sus labios se unieron a la fiesta y Edward, loco por Bella, por sus caricias, por sus labios... Por ella, la alzó en brazos poniéndola a horcajadas, apoyándola sobre la pared de la ducha; Bella enredó sus piernas en la cadera del vampiro, y él entró en ella de una estocada certera, haciendo a Bella gritar de puro éxtasis.
Esta vez, el momento duró poco. Él empujaba y ella recibía moviendo sus caderas al compás, entre gemidos y gritos. En unos pocos embistes, ambos acabaron. Jadeantes. Pletóricos.
- Dios... Eres, magnífico – Declaró ella jadeante; ante la sonrisa de satisfacción de él.
- Tú si que eres una diosa, mi vida. - Como despedida del momento, Edward le dio un beso, en el cuello.
Tuvo que apartarse rápido, ya que la sangre de Bella circulaba veloz y caliente por su yugular, y le era extremadamente tentadora.
- Creo que es mejor que te de tiempo a solas para vestirte... Si no, no saldremos de aquí, nunca – Su mirada era oscura, obligando a Bella a morderse el labio, con sonrisita angelical.
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Intentando parecer de lo más casuales, entraron en la Casa Cullen. Bella subió a hurtadillas a cambiarse, mientras Edward avisaba a la familia de que mantuviesen las formas.
Aunque entre Alice y Jasper ya habían puesto al corriente al resto, sobre los sentimientos de Edward con Bella. Y ante la confirmación de que la genética vampírica había despertado, al fin, en el único miembro soltero.
- ¿No lo vais a hacer público? - Preguntó sorprendida Esme. Después de que Edward les pidiera discreción.
- No hemos hablado nada, realmente – Contestó él, dándose cuenta de ese "detalle".
- Pues... siento decirte que algo me dice que va a pedirte seguir como hasta ahora. - Alice miró directo a su hermano, el cual se quedó descolocado ante las palabras de su hermana. - Llevo semanas diciéndotelo, pero no has querido hacerme caso. - Su tono, aún pudiendo, no era fanfarrón o reprobatorio. Si no más bien, tenía cierta connotación triste. Edward agachó la cabeza, asintiendo.
- ¿Qué es lo que nos estamos perdiendo? - Carlisle y Esme se miraron sin entender.
- Jacob también está enamorado de Bella. - Soltó Jasper. - Llevo desde el primer día que Bella entró en la cafetería captando sus sentimientos. - Suspiró – Al principio los ocultó, pero no pudo contra mi don. - un deje de satisfacción personal le asomó a la cara.
- O sus sentimientos por Bella son demasiado fuertes... - Dejó caer Rose.
- No, no está imprimado. - Respondió Jasper a la pregunta muda de su hermana.
- Si que tuvo dudas al principio, pero habló con Sam y él le aclaró que eran simples sentimientos humanos. Un enamoramiento normal. - Contestó Edward. - Si hubiese sido así, Bella ya lo sabría, y él, me lo habría contado. - Estaba completamente seguro de sus palabras, porque había unido varios pensamientos de Jake.
- Veamos... - Intervino Carlisle después de unos minutos de silencio y cavilaciones. - Esto se complica. - Todos asintieron. - Ambos estáis enamorados de Bella. - Suspiró – Y ella ha decidido acostarse contigo. - Se frotó la barbilla con los dedos. - Pero no habéis hablado nada. - Edward negaba, algo avergonzado. - Edward, tienes... Debes, hablar con Jacob. No puedes permitir que esto os separe. Bella ha decidido; él debe asumirlo.
- Creo que no será tan fácil, Carlisle. - intervino Jasper. - Aunque no está imprimado, los sentimientos que tiene por Bella son extremadamente potentes. Su parte humana está fuertemente ligado a ella; y el lobo parece complacido con esa elección.
- Si su parte lobuna hubiese echo la elección, él estaría imprimado. Pero no lo está - Rose no encontraba tanto problema, al igual que Edward.
- Por ese motivo, supongo, que no se haya decidido a dar otro paso con Bella. Por miedo a hacerle daño si el lobo encuentra su pareja. Esa decisión es fortísima; inevitable por muy fuertes que sean los sentimientos del hombre. - Aclaró.
- Sé que no es momento para reproches... - Alice miró con compasión para Edward – Pero tendrías que haber hablado con Jake hace semanas.
- Si, lo sé. Pero me negaba a ver lo tan enamorado de Bella que estaba. Hasta esta noche, no fui consciente. - Se excusó apesadumbrado, pero con una sonrisa deslumbrante.
- No lo sabías porque hasta que no hubo intención sexual, real, tú "monstruo" interior no te dio las señales de que ella era tu elegida. - Aclaró Carlisle – Debes tener cuidado – Lo miró con intención; Edward frunció el ceño sin entender - ¿Verdad que has tenido la tentación de morderla? - Le alzó las cejas. Todos los presentes se quedaron mudos, mientras Edward asintió cohibido. - Esa es la señal más clara. ¿Verdad Rose? - Le sonrió a su hija, la cual asintió acariciándole la cara dulcemente a Emmet.
- Bueno... ¿A sí que Bellita será una Cullen? Estoy deseándolo – Agregó Emmet rompiendo así, la seriedad de la conversación.
- Eso es otro punto... Ella, aunque ha visto diferencias entre nosotros, no sospecha ni por asomo lo que somos. - Apuntó Carlisle – Veremos a ver cómo se lo toma.
En esas, sintieron a Bella bajar las escaleras y el tema se dio por finalizado.
Todos actuaron normal, haciendo grandes esfuerzos, ya que la cara de la chica, era la felicidad y satisfacción personificados.
Edward le lanzó una mirada seria a Emmet, el cual cerró su boca.
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Charlie llegó poco después y comieron todos juntos en una gran armonía familiar. Hasta que a mitad de comida, Charlie hizo un comentario que nadie esperaba, haciendo a Bella llegar al borde del infarto y a Emmet tener que morderse la lengua:
- Hoy te veo extremadamente feliz, hija. Te ha venido bien quedarte a dormir aquí – Bella se puso automáticamente de todos los colores y sus pulsaciones atronaban la sala.
- No sé... No sé, porque lo dices... papá – contestó atropellada.
La mirada se le escapó hasta Edward, el cual la miraba con una divertida pero a la par, dulce, sonrisa. Y una ceja alzada, forzando de manera teatral un gesto de satisfacción personal.
- No sé... te veo... eso, feliz – Se inclinó de hombros y se sumergió en una conversación con Carlisle, zanjando así el tema.
Todos se miraron entre ellos, aguantando la sonrisa. Acto que hizo sospechar a Bella si a excepción de su padre, el resto era consciente de lo que ella y Edward había echo durante la noche.
- ¿Así que tienes la cara... feliz? - Le susurró Edward al oído a Bella, cuando consiguió pillarla sola en la cocina.
- Parece ser... - Se volteó para encararlo, quedándose sus rostros muy cerca. - A lo mejor tú tienes idea de por qué – Le alzó una ceja, retándolo. Seduciéndolo, más bien.
Edward pegó su entrepierna, la cual estaba lista para otro envite, a la de Bella, haciéndola jadear.
El monstruo interior de Edward se relamía de satisfacción.
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Mientras tanto, el otro protagonista del trío, daba zumbazos por la casa, desesperado.
Había observado a Edward durante la pasada noche, como seducía a Bella descaradamente y ella se dejaba hacer con gusto.
Pero lo que más le molestaba era que nunca había visto a Edward cortejar así a una chica. Todos sus actos eran distintos, delicados, suaves... Sí. Estaba atrayéndola.
Llevaba días suponiendo que su amigo estaba más que interesado en la chica, pero no creía que hasta ese punto.
Bella era suya. De nadie más.
Aunque no estaba imprimado, sí que sus genes territoriales de lobo y su orgullo de hombre estaban más que presentes en ese "juego"
- Jacob... ¿Se puede saber qué te pasa? - Le preguntó Billy, irritado de verlo danzar malhumorado. Solo consiguió ganarse un gruñido por parte de su hijo. - Si tanto te interesa Bella, ve a por ella. Revelale tus sentimientos. Pero... se consecuente con tus actos. - Lo miró con intención - Y no olvides, que es la hija de Charlie, el cual, es mi mejor amigo... casi como un hermano. - Suspiró. - Y por favor... ¡estate quieto!
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A la hora de despedirse en la casa Cullen, Edward atrapó a Bella a solas.
- ¿Pensabas irte sin despedirte? - Edward rodeó entre sus brazos a Bella, la cual se dejó hacer. No había sitio en el mundo donde quisiera estar en ese momento, más que ahí.
- Por supuesto que no – Se puso de puntillas y le dio un piquito en los labios.
- Bella... - Edward suspiró sonoramente y Bella entendió, que por mucho que lo había intentado evitar, llegaba la hora de hablar.
- Edward... Sé que hemos hecho el amor, porque es lo que ha sido – Él asintió. - Pero, no estoy preparada para dar un paso... ¿Cómo decirlo? ¿público? - Su cara se contrajo.
Ella quería algo más con Edward. Estaba enamorada de él, pero estaba recelosa. Sabía que Edward no se la jugaría como Richard, pero... había algo que no la dejaba dar el siguiente paso. El paso público y oficial de que eran... pareja.
Su halo, siempre que estaba cerca de Edward, no la dejaba del todo. Siempre estaba al acecho; avisándola de un peligro que no veía; del que no era consciente.
A parte de que algo raro había con Edward y con toda la familia Cullen.
- Necesito tiempo... - Bella lo miró con ojos suplicantes.
- Lo sabía. Y por eso, no voy a presionarte. - Su tono, bien entrenado, era la dulzura personificada. Aunque por dentro se sentía derrotado. - Estaré aquí, para cuando estés preparada.
Bella se lanzó a su cuello, abrazándose amorosamente.
- Siempre estaré aquí para tí... pase lo que pase. - Le murmuró, mientras la estrechaba entre sus brazos, protector. Ahora su tono si era completamente sincero.
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Al día siguiente, tras dos días sin mirar para nada el móvil, observó que tenía llamadas perdidas y varios whatsapp de Jake.
"¡Oh, Dios... Jake!"
El simple pensamiento del chico, la dejo por un momento sin aire.
Había estado genial con Edward. Y había sido muy consciente cuando se habían acostado. No era simplemente el ardor sexual del momento, que también, pero sabía que lo quería, y por eso había dado el paso. Pero...
También estaba Jacob.
Con él, se sentía más natural. Era todo más sencillo, más... divertido.
Lo quería, también. Pero Edward, era más especial.
Esto era un lío absoluto.
"¡Joder!... Hasta hace unos días, todo era divertido. Era coqueteo, besos robados, miradas furtivas... pero ahora. Ahora todo se ha complicado demasiado"
Pensaba frustrada.
Le contestó a Jake rápidamente, que ya estaba en casa y que todo bien. Que se verían en unos días. Se desconectó rápidamente de la aplicación y silenció el móvil para evitar que le diese tiempo a que él le contestase.
Esa noche durmió mal. A excepción de su primera noche en Forks, no había dormido mal hasta esa vez.
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Al día siguiente, se despertó tarde y por el terrible repicar del teléfono de su casa. Bajó medio dormida y las carreras para contestarle a una ligeramente preocupada Alice.
- ¿Estabas dormida? - Le preguntó al distinguirle la voz pesada.
- Si... esta noche he dormido mal. Creo que los banquetes de ayer, me pasaron factura – Se disculpó. A Alice no le convencía mucho, pero podía ser.
- Te llamaba por si te vienes hasta la reserva. Vamos a subir todos a pasar la tarde. - Le informó animada. A Bella se le congeló la sangre en las venas.
Pero Alice era muy lista, y a parte de que fuese cierto que iban a subir como cualquier día normal, la vampira quería poner a prueba a Bella. Verla interactuar entre su hermano y Jacob; estudiarla para poder sacar alguna conclusión.
- ¡Ufff! Hoy no, Alice. - Bella modificó su voz hasta hacerla una lastimero lamento. - Ya te digo que no me encuentro nada bien. He dormido fatal y tengo el estómago algo revuelto.
Después de intentar convencerla, Alice cedió ante el "malestar" estomacal de Bella.
- Ya te llamó yo en cuanto me recuperé, ¿ok? Gracias igualmente por llamar. Pasarlo bien – En cuanto colgó el teléfono, respiró profundo.
Un día que se libraba de tener que lidiar entre Edward y Jacob. Pero sabía que si quería escaquearse al día siguiente, debía pensar algo mejor, ya que no podría alargar lo del malestar o Carlisle se presentaría en su casa.
Edward y Jake le mandaron varios whatsapp, preocupándose por su estado de salud y que se la echaba de menos en la quedada; a lo que Bella, muy amablemente, les contestó que estaba descansando y que también le gustaría estar allí.
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Al día siguiente, llamó a Alice temprano y le propuso algo a lo que jamás podría resistirse:
Una tarde de compras en Port Ángeles, solo chicas.
- ¡Claro! ¿A qué hora paso a buscarte? - Como bien había supuesto, Alice estaba pletórica por el plan ofrecido por Bella.
Aunque Alice supo al instante lo que pretendía en realidad Bella; y no era otra cosa que esconderse.
A Jacob no le extrañó no ver a Bella en esos días, sus excusas eran más que creíbles; para Edward no lo fueron tanto.
- Edward... deja de lamentarte – Alice había repetido la misma frase un trillón de veces, en cuestión de 24 horas. - No se ha arrepentido. Simplemente estará confusa.
- ¿Confusa? ¡Jake es su confusión! - Bramó Edward encolerizado. Jamás se había sentido tan perdido y tan... celoso.
- Te recuerdo que fuiste tu quien la sedujiste – El tono de Jasper fue cortante y serio, dejando a Edward algo pasmado. - Aunque realmente ella quería acostarse contigo, tu forzaste la situación. Reconócelo. - Le clavó la mirada.
- Esta bien... - Asumió, derrotado. - Si es verdad que la seduje, pero... al final... Me era harto difícil controlarme; estaba rendido a ella.
- No te estamos echando nada en cara, hermano. - Alice se acercó y le pasó una mano por el hombro. - Has encontrado a tu mitad... A tu pareja. - le sonrió con adoración de hermana. - No es que los genes se hicieran presa de ti, que también, lo que sucedió es que el amor entró en ti. Poniendo en consonancia mente y corazón. - Se inclinó en una muestra de ñoñería.
Alice estaba pletórica de que su hermano por fin, encontrase el amor. Y su elección era de su total agrado. Bella le parecía estupenda. Esa humana no solo había invadido el corazón de Edward, si no el suyo propio y el de toda la famila.
- Sí... pero sé que siente algo por Jacob. ¡No intentéis hacerme tonto! - Volvió a alzar el tono. Miró con ojitos hacía su hermana.
- ¡Vale! - Alice levantó las manos en rendición – Esta tarde intentaré sonsacarle algo. Pero no te prometo nada. Soy tu hermana Edward. - Inclinó la cabeza – No creo que me elija a mi para confesarse. Pero te ayudaré. Os ayudaré a ambos. - Alice abrazó cariñosamente a su hermano.
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Esa tarde se fueron de compras Alice y Bella solas. La vampira le contó un pequeño embuste a la chica para excusar a Rose y a Leah.
Pero su intención era tener a Bella a solas, e intentar que se abriera a ella.
Pasaron una tarde agradable. Probándose modelitos, mirando complementos y yendo a cenar al restaurante italiano que tanto le gustaba a Bella.
Y ahí, fue donde Alice fue poco a poco, entrando en el tema. Pero Bella la estaba esperando venir.
- Has tardado más de lo que pensé en sacarme el tema – La miró de lado, avisándola de que estaba preparada para sus embistes. Alice sonrió traviesa. - ¿Sabes... lo que pasó entre tu hermano y yo la pasada noche, verdad? - Le preguntó directa, aunque algo cohibida. Alice asintió. - ¿Y bien...?
- Y bien, ¿qué? - Bella suspiró, sacándole una carcajada a Alice. - Sabes más que de sobra que me encantaría que tuvieses algo serio con mi hermano – Sonrió ampliamente – Pero no voy a prepararos la boda por que os hayáis acostado – Se inclinó de hombros. - Estuvisteis coqueteando toda la noche... bueno – rodó los ojos – Esa noche y desde hace semanas; antes o después... tenía que suceder. Bastante aguantasteis, la verdad... ¡jajaja!
- Se que Edward quiere algo más. Me ha dicho que me dará tiempo, que no me agobiará... pero... - Bella inspiró una gran bocanada de aire. Alice hizo gestos con sus ojos, para que continuase – Yo... me encantaría comenzar algo con él; algo serio. Pero, necesito tiempo para aclararme. - Agachó la cabeza apesadumbrada.
- Tiempo, para aclararte entre él y Jake – Soltó directa Alice. Bella alzó la cabeza, saliéndosele los ojos de las órbitas. - Aunque Edward sea mi hermano, no estoy ciega, ¿sabes? - Le sonrió para quitarle hierro al asunto.
- Ya pero... No sé explicarte. Cuando estoy con uno me siento entre nubes. Y cuando estoy con el otro también... Es todo muy confuso, Alice. - Bella se llevó las manos a la cabeza, totalmente confusa. - Nunca me había sucedido algo igual. Algo tan intenso entre dos personas. - Los ojos de Bella mostraban una sinceridad arrolladora.
En ese momento, a Alice le dio pena de Bella. Ella estaba siendo acosada por los fortísimos genes de dos hombres sobrenaturales y ella no dejaba de ser una simple humana sin defensa.
Y lo peor de todo, era que ellos lo hacían inconscientemente; no podían evitar lo que su genética de lobo o vampiro, mandaba sobre sus actos.
- ¿Qué te parece si te mantengo alejada de ellos? Para que estés tranquila y puedas reflexionar un poco. ¿Te parece? - Bella la miró y alargó las manos para agarrar las de Alice.
- Eso sería genial, en serio – Su voz estaba llena de lástima. - ¿Podrías decirle a Edward que no se enfade? Solo necesito aclararme un poco. - Alice asintió apretándole las manos, reconfortándola.
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Y tal y como había prometido, Alice consiguió mantener a Bella alejada de los chicos.
Edward entendió, más o menos, la petición porque era conocedor de lo que pasaba. Pero Jacob no.
El cual estaba desesperándose por momentos. El lobo requería la presencia de la chica y gobernaba sobre el saber estar consciente del hombre.
Así que siguiendo sus habituales impulsos, al quinto día sin saber de Bella, se presentó en su casa a última hora de la tarde con un plan elaborado.
Sabía que con Charlie no tendría ningún problema por llevarse a Bella tan cerca de la hora de cenar.
- ¡Hola Jake! Qué sorpresa hijo. ¿Ha ocurrido algo? - Charlie lo invitó a pasar, mientras Jake negaba.
- Venía a buscar a Bella. Quiero llevarla al restaurante de First Beach a cenar, como sorpresa. Si no te importa, ¿claro? - Jake usó sus propios trucos para convencer al patriarca Swan.
- No, claro que no. - Le sonrió complacido. - Subiré a avisarla.
Bella se quedó de piedra cuando su padre le anunció la visita que tenía abajo esperándola.
- Dile que bajo en diez minutos. - Su padre asintió y ella se dispuso a vestirse algo rápido.
Podría inventarse cualquier excusa, pero le apetecía verlo. Llevaba desde Noche Buena sin estar con Jake y le apetecía pasar un rato con él.
"Esto no es natural... ¿Qué es lo que me pasa?"
Pensó meneando la cabeza sorprendida de sus propios sentimientos.
- Hola Jake – Lo saludó entrando en el salón, donde el chico la esperaba viendo un partido con su padre. - Espero no haberte echo esperar demasiado.
- No, para nada. Estás guapísima – La aduló, mientras Charlie se hacía el despreocupado.
A Bella le gustó sobre manera el cumplido y posterior mirada embelesada que Jake le dedico.
- No la traeré muy tarde, Charlie.
- Tranquilo. Estando contigo no hay problema.
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Una vez fuera de la casa, Jake se acercó a Bella y le dio dos besos en las mejillas, ruborizando así a la chica.
Sabía que debería sentirse incómoda por esos gestos con Jake, ya que hacía menos de una semana que se había acostado con Edward, pero no podía evitar que la cercanía con el chico le encantará sobremanera.
- Te he echado de menos... mucho – Se sinceró Jake, acariciándole la mejilla con dulzura.
- Yo a ti también. - Era verdad. Pasar tiempo alejada de Jacob se le hacía raro.
Montaron en la moto y se fueron al restaurante que le había dicho a Charlie, el cual estaba lleno de parejitas.
- Te debía esto desde la barbacoa de la celebración de tu llegada – Le recordó, a lo que ella asintió. - Ven, tenemos mesa reservada – Le guiñó un ojo y le agarró de la mano.
Bella volvió a sentirse contradecida consigo misma ante el gesto de Jake; pero en cuanto sus pieles se rozaron, todo malestar quedó anulado.
Cenaron tranquilos, entre risas y anécdotas. Los coqueteos también estuvieron presentes durante la velada, pero de una forma muy llevadera.
Jacob era una persona fácil de tratar, extrovertido, divertido y muy listo. Una gran pareja para pasar una velada. Y Bella se sentía pletórica con él. Tranquila y feliz con su compañía.
Para cuando comenzaron con los postres, Jacob estaba completamente cegado por los encantos de Bella. Tenerla tan cerca, observándola hablar, moverse, pasarse la lengua por los labios... Labios que ya había probado y los cuales lo habían hipnotizado, lo hacían enloquecer por momentos con el ansia de volver a unirlos a los suyos.
- Ven, - ayudó muy caballeroso a Bella a levantarse de su asiento – Demos un paseo. La orilla de la playa está iluminada. Te encantará. - Le sonrió animado, contagiándole su estado de ánimo a Bella.
Pasearon hablando animados por la orilla, alejándose poco a poco de la zona iluminada. Bella estaba sumamente entretenida y no se daba cuenta de que el paseo se estaba alargando.
Llegaron a un entrante de bosque a la orilla del mar, rodeado de grandes árboles. Un sito espectacular.
El cielo estaba completamente despejado, por lo que las estrellas le daban un resplandor como si estuviese lleno de velas.
Espectacular; romántico y escondido.
Mientras fueron caminando, Jacob fue acercándose más a Bella; seduciéndola, rondándola.
No quería ser un acosador, porque eso es lo que su parte de hombre le decía, pero el lobo que llevaba dentro comenzaba a ganar posiciones en su raciocinio; y a pesar de que sabía que no era la elegida, Bella era del agrado del animal; gobernando sobre la parte humana de Jacob.
Siendo egoista, ya que ella no era la imprimada real. Pero el animal solo veía una hembra más que aceptable. Era puro instinto animal.
- Es un sitio precioso, Jake – musito ella encantada por el paraje en el que se encontraban. - Es tan romántico.
Bella estaba completamente embebida de Jake; en ese momento estaba hipnotizada. El ambiente estaba cargado, insinuante, sensitivo. La sexualidad que destilaba el chico, no la dejaban pensar en nada que no fuese él.
Y arrastrada por una fuerza superior a ella, se acercó a él y lo besó. Apasionadamente.
- Llevo tanto esperando esto... ¡oh, Bella...! - jadeó Jake en los labios de ella – No sabes cuanto te deseo.
No hizo falta más. Esas fueron las palabras mágicas para desatar sus deseos carnales.
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En menos de una semana... ¡Nuestra Bella se lo ha montado con nuestros dos pivonazos!
Lo he escrito yo, y siento una envidia matadora por mi Bella... ¡jajajaja!
En unos días... leís como acaba "la cita"
BESOSSSSSS!
