Capítulo 4: Es de mala suerte ver una araña de noche
—¡¿Quién diablos es ese tal Gideon Gray?!
La coneja de cicatrices y el zorro que no era de esta dimensión corrían entre los contenedores de un puerto para no ser emboscados por criminales que no mostraban intenciones de dejarlos ir con vida. Mientras escapaban, Tsukuyo, la supuesta Judy, interrogaba a un nervioso Nick Wilde, alias Gintonick, en medio de su escape.
—Era un zorro obeso y amigo de la Zanahorias de mi mundo, sólo hemos hablado un par de veces, pero por lo que la Judy de mi mundo me contó, él fue un bravucón de su infancia, pero ahora está reformado y trabaja para sus padres en la granja Hopps. "Es un pan de Dios" me dijo en sus propias palabras. Para mí era un pobre imbécil que la desnudaba con la mirada, pero no tardé en imponer mi dominio y demostrar que yo era él único macho alfa que podía estar cerca de Zanahorias. Oh, y hace pays muy ricos de zarzamora. Una vez me acabé uno yo soli…
—¡Eso no me interesa! —gritó la chica mientras seguía huyendo— ¡Quiero saber qué habilidades especiales tiene o algún dato útil que pueda en su contra!
—Pues… Gideon es un vil repostero, y algo me dice que él batea por la izquierda…
—¿Estamos huyendo de un estúpido cocinero?
—¡Pues no sé tú, pero ese "cocinero" casi te saca un ojo con una de esas cuchillas de Naruto!
—¡Kunais! —Lo corrigió molesta y sin dejar de correr—. Voy a suponer que el Gideon Gray de tu mundo y el mío sólo comparten apariencia. Pues aquí parece ser alguien de temer según las cosas que escuché de él… pero esa técnica contra mí a esa distancia… se me hace bastante fa…
La Judy con cicatrices en el rostro no pudo terminar de hilar sus ideas cuando se dio cuenta de que ella y su atolondrado compañero terminaron en un pasillo con sólo dos salidas, de las cuales, ambas estaban cubiertas por cánidos y depredadores de baja estatura que los esperaban con varas y espadas. Los contenedores que fungía como altas paredes eran imposibles de escalar; ambos estaban atrapados entre la espada y la pared.
—Bien Gintonick, odio admitir que tenías razón, debimos escapar mientras pudimos.
—Igual que mi Zanahorias, hasta que no estamos ahogados hasta el cuello, ella no admite que se equivocó. ¿Ya para qué? ¡Estamos bien muertos!
—Creo que no te quedó claro desde hace dos capítulos que puedo encargarme de varios tipos a la vez. Y el Gintoki que yo conozco es igual o quizás más fuerte que yo.
—Dos cosas, querida. Una. Modestia aparte. Y dos. Por si no ha quedado claro todo este tiempo, ¡yo no soy el verdadero Gintoki! —aulló Nick contrariado—. Y aunque tengo un entrenamiento policíaco y una puntería que supera a la de Zanahorias con creces, no soy John Wick y no me puedo cargar a tantos tipos como él o como tú.
Mientras la coneja escuchaba atenta las quejas de su compañero, ambos se colocaron espalda con espalda mientras los delincuentes de negras intenciones se acercaban a ellos con cautela.
—A menos que esto sea una de esas caricaturas de monos chinos donde el protagonista se saca power-ups de la cola. Estamos más muertos que mis esperanzas de que Judy me haga caso.
—No lograremos nada con esa actitud derrotista, Gintonick, —La coneja sacó dos afilados kunais y se preparó para atacar—, quiero que te agarres tus pelotas, resistas un poco y cuando despeje el camino lo suficiente, corras a Yoshiwara por ayuda.
—¿Y dejarte sola? Ni loco…
Un imprudente lobo rasurado se abalanzó contra la pareja con katana en pata. Judy se disponía a atacarlo cuando Nick, sacando fuerzas de flaqueza, extendió su zarpa para bloquear el ataque del lupino mientras que con su garra libre, rasguñó los ojos del criminal y aprovechando su grito de dolor, el zorro dio una fuerte patada debajo del abdomen que hizo al lobo chillar de dolor y caer de rodillas, agarrándose la entrepierna.
—¿Te importa? Estoy hablando con la dama… ¡Maldición Zanahorias! ¿Cómo hice…?
—¡Reaccionaste igual que Gintoki! No sé cómo, pero creo que tienes más que las ropas de ese idiota en ti.
—Sólo fue suerte y reaccioné porque iba a atacarte. Nadie toca a mi compañera en mi guardia.
Tsukuyo carraspeó y desvió la mirada para que el zorro no viera el rubor de sus mejillas.
—Será el sereno pero ahí vienen más, y necesitas más que tus garras o patadas en los bajos para sobrevivir.
—Bueno Pelusa, préstame un arma.
—Ya tienes una bajo la cintura.
—¡No es momento para hacerte la vulgar, Zanahorias!
—¡Me refiero a la espada que tienes amarrada a la cintura, imbécil!
—¿Cuál espa…?
Nick colocó su pata a un lado de su torso y de ahí sacó un bokken o sable de madera. Desenfundó esperando que desataría algún poder místico o que se convertiría en un especie de "He-Fox", el zorro más fuerte del universo, pero nada especial ocurrió cuando tuvo la antigua arma de samurai entre sus patas.
—Zanahorias… ¿qué esta porquería?
—¡Cierra la boca y pelea, ahí vienen!
Los fieros criminales no perdieron más tiempo y sabían que debían acabar con esas dos molestias. Tsukuyo no iba a contenerse más y comenzó a lanzar una lluvia de Kunais, esta vez de manera letal que dejó incapacitados, si no es que bien muertos a los primeros depredadores que trataron de ponerle una pata encima.
—¡Pelusa, necesito un arma de verdad, esta porquería se va a romper!
Sin darle tiempo de quejarse más, dos dingos se arrojaron contra él intentando cortarlo con sus espadas; por instinto, Nick bloqueó ambas con su humilde sable de madera. El zorro cerró los ojos temiendo que su bokken no resistiría, pero grande fue su sorpresa cuando el acero de las katanas atacantes no fueron capaces de destruir la madera de su extraña espada.
—¡No estoy segura, pero la madera de la bokken de Gintoki no es madera común y corriente! —bramaba la doble de Judy mientras despachaba a tres sujetos a la vez, con rápidas heridas en la yugular, los desafortunados malhechores morían desangrados a la par que la coneja saltó hacia su siguiente objetivo, sin dejar de hablar con Nick. —He visto al verdadero Gintoki cortar otras espadas, incluso muros de concreto con esa cosa, parece ser madera de un árbol milenario; mientras golpes con fuerza y seguridad cortarás lo que sea… ¡argh!
—¡Zanahorias!
En una distracción, una hiena sin pelo logró cortar el hombro de la chica, pero antes de que intentara siquiera hacer una segunda acometida, él depredador de una gran sonrisa fue cortado de un fuerte sablazo por la espalda. El tipo cayó al suelo mientras que un zorro se acercó a la Judy del otro mundo.
—¿Te encuentras bien, Ju… diga, Tsukuyo?
—¡Tú preocúpate por ti, puedo cuidarme sola!
—De nada, por cierto.
—¡Tú eres él que estaba llorando porque quería un arma de verdad, sólo me distra... ! ¡argh!
Su pelea interna se vio interrumpida por más y más depredadores voraces que venían a liquidarlos. Por lo que ambos decidieron enfocar sus energías contra los tipos que querían matarlos.
—Sólo preocúpate por no morir y yo me encargaré de mí misma.
—Lo intentaré, Zanahorias. Pero nunca he manejado una espada en mi vida, sólo sé usar armas de fuego y darle buenos garrotazos a los parquímetros descompuestos para enderezarlos. ¡Ha! ¡Argh! —siguió hablando Nick mientras enfrentaba a un mapache que estuvo a nada de arrancarle la oreja de un sablazo.
—Pues eso es mejor que nada, Gintonick. Sólo no dejes que te corten y no te alejes mucho de mí, ¡AAAAAHHHHHHHHHH!
—¡Zanahorias! ¿¡Qué haces!?
Luego de deshabilitar el mapache de un fuerte golpe con la empuñadura de su bokken, Nick observó sorprendido como la coneja impulsiva dio un gran salto y, bañada por la luz de la luna llena, dio un majestuoso giro en el aire que provocó que soltara varios kunais de sus patas y entre las mangas de su cortado kimono. Antes de que tocara el suelo, varios de los matones habían recibido de lleno las cuchillas y cuando la coneja por fin aterrizó en tierra, ríos de sangre y heridas graves se hicieron presente alrededor de ella. Tsukuyo no mentía cuando le aseguró que ella podría encargarse bien de la situación sola. Nick quedó sin palabras al ver ante sus propios ojos como esa Femme Fatale había hecho realidad una de sus fantasías más morbosas del vulpino; ella se había encargado de barrer el piso con esos criminales.
Desafortunadamente, el gusto le duró poco; pues el sonido del peligro retumbó en sus oídos y Nick tuvo que concentrarse para no perder la vida en patas de sus incontables oponentes que cada vez aumentaban. Sin embargo, el taimado zorro, pese a la precaria situación en la que se encontraba, sólo ganaba más y más confianza y habilidad en contra de sus multiples agresores. Pese a que él no era un mamífero que disfrutaba el combate y la confrontación, pues era del tipo que usaba su cerebro y no los músculos para lidiar con los conflictos, Nick estaba superando físicamente a sus adversarios y encontraba muy vigorizante encargarse de sujetos que no dudaban en volarle la cabeza. Con cortes precisos y una impresionante técnica con la espada que desconocía, el vulpino bautizado en ese mundo como Gintonick derrotaba de uno a uno a cada depredador peligroso con un poder que nunca había experimentado en su vida, se sentía casi como el héroe imbatible de algún programa televisivo o historieta.
—¡Toma esto, sabandija! —bramó Nick con un gritó que haría sentir orgulloso al príncipe de los Saiyajins.
Oscilando una última vez su sable de madera, este cortó la espada de acero de un pobre zorro gris que no parecía tan imponente pese a superar a Nick en altura y masa muscular. El vulpino rojo se dio la espalda como si ignorara a su enemigo y cuando este pensó siquiera en acabar con el arrogante cánido, fue tomado por sorpresa por una fuerte patada en la cara que Gintonick acomodó desde atrás. Nick había visto eso en una película y ahora, en este raro y extravagante sueño, vio hecha realidad su gran hazaña.
De momento, Nicholas Wilde se había quedado sin mamífero por derrotar de su lado así que se dirigió a ver si podía servir de apoyo a su compañera, sin percatarse que por unos segundos, una sombra cubrió la luz lunar que iluminaba la zona.
Pero no fue necesario que el zorro interviniera, luego de ver que la coneja de cicatrices diera un salto mortal hacia atrás digno de un 10 en gimnasia olímpica, sostuvo tres kunai entre sus dedos en cada una de sus patas y, sin dudarlo, los lanzó enseguida contra el pecho de dos lobos con tatuajes de araña, que de inmediato habían sucumbido junto al resto de los mamíferos que enfrentó Tsukuyo, la Cortesana de la Muerte, como le decían en Yoshiwara.
—Veo que en verdad no necesitas de mi ayuda, Zanahorias —comentó con una tranquilidad que sólo un zorro confianzudo como él podría enunciar en ese momento.
—Puedo decir… ah… lo mismo de ti… ah… Gintonick —la Judy del otro mundo farfulló mientras trataba de recuperar el aliento.
—No te ves muy bien, Pelusa. Será mejor que aprovechemos este intermedio para sacar nuestras colitas de este puerto antes de que vengan más.
—¡Estoy bien! Perdí un poco de sangre, estaré bien.
La coneja falseó por un momento su pie y Nick intentó ayudarla, pero enseguida se liberó de él.
—No, no lo estás, y no es normal perder tanta sangre y seguir como si nada.
—¡Habla por ti, Gintonick! Esa herida no se ve nada bien.
—¿Cuál heri…? ¡Dulces moras! ¿Cuándo me hicieron esto?
El zorro tenía tanta adrenalina recorriendo su cuerpo que no notó los distintos cortes que tenía en las piernas y su brazo, destacando una enorme tajada bajo su antebrazo derecho, de la cual aún escurría un negruzco líquido carmesí.
—Esto es ridículo —comentó Nick más feliz que sorprendido—. En mi mundo me estoy muriendo por una cortada de papel y ahora mismo no siento mucha molestia por algo así. ¡Auch!
Con brusquedad, la coneja tomó un pedazo de tela negra que se había arrancado de la manga de su traje y vendó de forma improvisada a su compañero.
—Y no durarás mucho si no detienes el sangrado. En verdad no estás acostumbrado a este mundo; aunque no lo sientas, ya no puedes pelear.
—¿De qué hablas, Pelusa? ¡Estoy bien! Sólo necesito mi segundo aire y… ¡ay mamacita!
De entre sus grandes pechos, la chica sacó una tarjeta y se la entregó al lujurioso vulpino que se distrajo por el agradable espectáculo. Tsukuyo resistió tener que reprimirlo por eso y habló.
—Vete de aquí, Gintonick. Cuando estés lejos del peligro, llama a ese número y contacta a las chicas del Hyakka para que vengan a auxiliarme.
—¿Estás loca? ¡A penas puedes con tu alma! ¡Y aunque estuvieras al cien no pienso dejarte sola aquí!
—Gintonick, por favor vete, sólo serás una carga para mí si te quedas.
—Siempre lo he sido, sobre todo con mi Zanahorias, pero eso nunca nos detuvo para resolver todos esos casos juntos o sobrevivir a todas las emboscadas. Así que, Pelusa, o nos vamos juntos de aquí o me quedaré a tu lado hasta el final.
—Gintonick… —Tsukuyo estaba conmovida por la solidaridad y lealtad de ese zorro, su corazón se estremeció por la calidez que las palabras del zorro depositaban en su alma, y pese a no ser el mismo Gintoki, de algún modo sentía que era algo que el vulpino de su dimensión haría. Y eso era algo que tampoco podía tolerar—. Por favor, sólo vete… si estás a mi lado, mi determinación flaquea y me haces sentir débil, me hace sentir protegida en vez de ser yo la que proteja… y no quiero sentir eso, Gintonick. —Apartó la mirada, apenada—. Por favor, no juegues con mis emociones más.
La coneja no podía verlo a los ojos, estaba avergonzada de sí misma por estar escuchando la voz de su corazón y no la de la razón. No quería sentir nada más por el zorro que la acompañaba, quería sentirse como su igual, pero ese testarudo vulpino de ojos esmeraldas no la dejaba enfocarse en el calor de la batalla.
Los criminales nuevamente los rodearon y aunque Gintonick estaba preparado para encargarse de la segunda oleada, enseguida notó que Tsukuyo parecía no haber percatado de que un feroz perro africano corría hacia ella con intención de rebanarla con su espada.
—¡Despierta Zanahorias y pon atención!
Sin titubear y sin tiempo que perder, Nick apartó bruscamente a Tsukuyo de su atacante y bloqueó la acometida del cánido, sin caer en cuenta que una sombra fugaz pasó detrás de su espalda.
—El único que no está poniendo atención… eres tú —susurró una voz profunda cerca de Nick.
El vulpino se sobresaltó y reaccionó casi al instante cuando notó que detrás de él había otro zorro rojo pero más corpulento a escasos metros de distancia. Un escalofrío le advirtió a Gintonick del peligro inminente y que debía salir de ahí, pero no tenía tiempo.
El supuesto Gideon Gray extendió su pata, sosteniendo siete kunais. Con una retorcida sonrisa, el robusto vulpino lanzó con una increíble velocidad las cuchillas ninjas contra Nick y, de inmediato, sangre comenzó a salpicar de su cuerpo.
—¡Gintonick! —Tsukuyo, la otra Judy, exclamó desesperada cuando fue testigo del inesperado ataque que hirió mortalmente a su compañero.
O eso pensó ella.
—Vaya, veo que lograste sobrevivir a mi pequeño saludo. Destacable —comentó el zorro más robusto, con gravedad y arrogancia en su voz.
De los siete kunais disparados, sólo tres dieron en el blanco. Con un rápido movimiento Nick había rechazado las cuchillas con su espada pero una se incrustó en su hombro, otra en su antebrazo y la última en su muslo. Sin embargo, las heridas lograron hacer que el vulpino más esbelto se doblegara y terminó apoyando una rodilla en el suelo para no desplomarse.
—Gordo asqueroso —Refunfuñó Nick—. Siempre me caíste mal.
—¡Bastardo! —gritó la hembra, quién con un Kunai en pata, se dirigía a acabar con el voluminoso zorro.
—¡Guarda silencio, niña!
Levantando su brazo nuevamente, el supuesto Gideon lanzó más cuchillas, pero esta vez en dirección a la Judy del otro mundo, quién a diferencia de Nick, no pudo eludir ninguna de las puntiagudas navajas. Tsukuyo se detuvo en seco cuando más de ocho cuchillas le impidieron avanzar y abrieron más heridas en su cuerpo. La pobre chica cayó de rodillas y soltó el kunai que cargaba para evitar impactar con el piso y apoyarse con ambas patas.
—¡Zanahorias! —voceó Nick desesperado—. ¡Maldito seas, Gideon, déjala en paz! —bramó el vulpino fuera de sí y dispuesto a auxiliar a su compañera, pero el dolor por primera vez en esa noche le impidió moverse. ¿Acaso las cuchillas habían paralizado sus nervios? ¿O era el miedo de perder a la chica lo que hacía sentir sus piernas sin fuerzas?
—¿Y este es el macho que derrotó al señor de la noche, Housen? —dijo con malicia el zorro más obeso—. Patético. Pero no es momento de pensar en eso, no vine por él, sino por ti, mi Tsukuyo.
—¿¡Tuya!? —Una mezcla de rabia y celos provocó que Nick aullara con más furia, pero ni su enojo fue suficiente para que lograra ponerse de pie.
—¿¡Quién diablos eres tú!? ¿¡Y cómo sabes mi nombre!? —cuestionó fuera de sí la coneja, quién presentía que ya conocía al otro zorro, pero no recordaba de donde.
—Oh, Tsukuyo, eres más hermosa de lo que recordaba —el supuesto Gideon se acercó a ella ignorando su pregunta y hablándole de una manera más suave—. Eres tan bella que casi no te reconocí. —De inmediato, el zorro apretó la mirada y arrugó la cara, reflejando decepción—. Pero eso sólo es en el exterior, porque por dentro, tu alma ha sido mancillada y te has vuelto débil. Perdiste la concentración por estar pensando en este… oh, ya veo…
A una gran velocidad, el zorro más corpulento apareció delante de Nick, lo tomó por el cuello y lo levantó con suma facilidad, estrellándolo contra uno de los contenedores. El vulpino malherido tosio una mezcla de saliva y sangre mientras se le cortaba la respiración.
—¿Así que fuiste tú, infeliz? ¿¡Tú fuiste el que mancillo a mi luna, tú la has deshonrado y hecho débil!?
—Pues… —Nick habló con dificultad, intentando ganar tiempo y distraer a su adversario—. Si por "tu luna" te refieres a Zanahorias, no, lo siento viejo, aún no la he mancillado —Tosió—. Pero ganas no faltaron… —Sonrió ladinamente cuando había alcanzado su objetivo.
—Oh, graciosito, ¿eh? —El supuesto Gideon Gray mostró los colmillos mientras que con una zarpa libre sujetaba un kunai con el que planeaba rematar a Nick—. ¡Veamos que otro chiste dices cuando te corte la garganta!
El zorro más gordo se disponía a borrar esa burlona mueca de su rostro, pero Nick alcanzó a tiempo uno de los kunais que tenía incrustados en la pierna, y logró bloquear con este el ataque de su agresor. Aprovechando el momento de confusión, el vulpino más delgado le dio una fuerte patada al otro depredador y logró alejarlo unos metros de él. El Gideon de ese mundo no estaba dispuesto a perder ante alguien que no estaba a su nivel y contraatacó lanzando más puntiagudas cuchillas contra el otro zorro; Nick dio un salto precipitado lejos de su regordete congénere y luego rodó para esquivar los embates, al mismo tiempo que recuperaba su espada. Con una agilidad desconocida para él e ignorando el dolor físico, el vulpino de ojos esmeraldas bloqueo y esquivo exitosamente la nueva ola de kunais que el otro zorro lanzaba.
—Eres muy rápido pese a las heridas que tienes —comentó el supuesto Gideon—. Quizás por eso derrotaste a Housen.
—Y tú eres más ágil de lo que aparentas pese a ser sumamente obeso —respondió Nick, con una sonrisa fingida—. Quizás si sólo sigo moviéndome mueras de un infarto, eventualmente, gordito.
—Vas a morir, asqueroso zorro, antes de que siquiera puedas ponerme una pata encima —lo amenazó mientras sacaba dos kunais de entre sus mangas.
—¿Quieres apostar, Mantecoso? —Lo desafió.
—¡Gintonick, no…! —suplicó Tsukuyo quien apenas logró ponerse de pie.
Ambos zorros se abalanzaron contra el otro en una pelea que tenía ciertos tintes personales. Nick no conocía específicamente a este "Gideon", pero había algo en esa bola de sebo que lo molestaba muy en sus adentros, y el hecho de que ese barril fuera más ágil que él lo intrigaba y fastidiaba por igual.
Pese a las nuevas habilidades aumentadas del zorro más esbelto, ninguno de los cortes y acometidas constantes lograron herir al presumido vulpino corpulento. Sin embargo, no se podía decir lo mismo de Nick, quien ya había sido cortado en varias ocasiones, aunque sin gravedad, lo que hacía que el villano soltara risitas molestas y que la ira de Nick se incrementara.
—¡Deja de moverte, gordo!
—¿Ya te cansaste, gusano? ¡Nunca lograrás derrotarme, tu técnica jamás superará la mía…! ¿Sakata Gintoki, cierto?
—¡Cierra la boca, Kakarotto, que diga, Gideon Gay! —Mencionó lo último apropósito—. ¡Argh!
De una fuerte patada, el zorro más gordo hizo que Nick soltara su espada y la lanzara por los aires, muy a lo alto.
—¿Te rindes, Ginto…!
—¡No soy Gintoki, para ti soy Wilde, Nicholas Wilde, sabandija!
Un iracundo Nick se arrancó otro de los kunais que tenía clavado en su cuerpo y lo usó para atacar a su rival con desesperadas y veloces cuchilladas; Gintonick consiguió hacer retroceder al supuesto Gideon, para finalmente lograr arañar su mejilla, de la cual, no pareció haberlo herido con gravedad.
—¡Ja, te lo dije, insecto! —celebró Nick con una alegría infantil.
El Gideon de ese mundo se paró en seco, se limpió la pequeña cortada y vio un poco de líquido rojizo entre sus dedos.
—¿Todo por una gota de sangre? —cuestionó el depredador más gordo, decepcionado.
Sin siquiera esperárselo, Nick se arrojó contra él desarmado, muy tarde el supuesto Gideon notó que la espada de madera por fin caía a tierra; ya con su bokken en pata otra vez, Gintonick le dió un golpe de lleno en la cara al otro zorro; la agresión fue tan fuerte que lo empujó algunos metros atrás, impactándolo con severidad contra un contenedor más apartado.
—¡Oye, Burbujeante! —le gritó Nick a la distancia— ¡Dice Thanos que le regreses su frase!
—¡Gintonick, no te confíes! —Tsukuyo le reprochó a su compañero.
—¡Cierto! ¡Acabaré con él en…! ¡Ahhhhh!
Nick saltó sin meditarlo, decidido a no desperdiciar su ventaja y terminar con ese desgraciado, pero más kunais se atravesaron en su camino y el vulpino no pudo más que esquivarlos. Antes de que lograra llegar con el obeso zorro, este ya se había desvanecido.
—¿Qué cara…!
—¡Está arriba de ti, Gintonick! —clamó la supuesta Judy, con gran desasosiego.
—¿¡Cómo changos llegó hasta ahí ese zorro con sobrepeso!?
Por encima de los contenedores, el Gideon de esa dimensión permanecía de pie, mientras tocaba con una pata la mitad derecha de su rostro, el cual parecía estar deformado, como si la mitad de su cara se hubiera sumido. ¿Acaso la espada de Nick le había desfigurado el rostro?
—Bien, bien… nada mal, Sakata Gintoki —el falso Gideon mencionó animado.
—¡Nicholas P. Wilde para ti, Barrigón! —lo corrigió de mala gana el susodicho.
—Cometí el mismo error que el señor en de la noche en subestimarte, pero eso jamás volverá ocurrir. Me encargaré de ti y luego, por fin hablaré con tranquilidad con esa hermosa luna.
Tsukuyo se estremeció. Acababa de recordar algo. Su voz. Sus ojos. Sus palabras. La forma enigmática en expresarse de ella. El apodo de "Luna". Todo eso sonaba casi como… ¡No podía ser!
—¿¡Quién diablos te crees, Panzón!? —Nick la sacó de sus pensamientos con un vozarrón demandante.
—Soy alguien a quién puedes confiarle tu vida. —Comenzó a explicar el zorro de ojos azul zafiro, unos que no parecían ser propios de un vulpino—. Alguien que en vez de ser protegido te protegerá —El supuesto Gideon le dedicó a la confundida Tsukuyo una mirada y se dirigió a ella—. ¿Acaso este te devolvió esa condición de hembra a la que renunciaste tiempo atrás para convertirte en lo que eres? ¿O será acaso que te has enamorado de este macho?
Nick miró confundida a la Judy de este mundo. Ella no apartó ni un segundo la vista del obeso depredador ni de sus ojos, aquellos orbes que le parecían los de un fantasma que la atormentaban incontables noches desde hacía años.
—Tsukuyo, ya te lo había dejado muy en claro. —El supuesto Gideon habló con familiaridad con ella, como si la conociera de años—. Si no eres capaz de renunciar a ser una hembra, jamás serás capaz de proteger a nadie. ¿Qué acaso ya olvidaste el dolor que acompañó esas cicatrices que tienes en la cara?
Tsukuyo sintió física y mentalmente cómo se rehabrían viejas heridas, juraría que las cicatrices que tenía en su rostro de años volvían a sangrar tras escuchar las palabras de ese zorro. ¿Quién era ese macho? ¿Cómo sabía lo de sus cicatrices? ¿Por qué parecía que la conocía tan bien? ¿Por qué le recordaba a alguien que ya no estaba con ella? ¿Por qué?
Los ojos amatistas de la coneja se clavaron intensamente en el zorro que permanecía arriba de un contenedor del puerto y con la enorme luna llena a su espalda.
—¿Cómo puedes proteger a alguien o a algo si estás tan ocupada viendo por ti? —Mientras el regordete depredador seguía contando su discurso, de manera sorpresiva se llevó una zarpa a la parte desfigurada de su rostro y, sin pensarlo mucho, enterró sus garras dentro de la piel. La acción sorprendió a sus dos interlocutores, pero les pareció aún más extraño que mientras ese zorro parecía mutilar su propia carne, no salía ni una gota de sangre de entre todos los pedazos de carne y cabellos pelirrojos que caían de su rostro.
—¡Guácala de perro, qué asco! —Nick sacó la lengua repugnado.
Tsukuyo no dijo nada, ni siquiera algo tan irreal como eso la sacó de sus pensamientos. Ella sólo quería saber porque ese infeliz parecía conocer tanto de ella.
—Fácil, Tsukuyo —Volvió a tomar la palabra mientras continuaba arrancándose pedazos de la parte derecha de su cara como si nada—. La devoción sólo puede darse cuando te sacrificas a ti mismo. ¿Pero devoción a qué? ¿Al Bakufu? ¿Al Shogunato? ¿A tú señor? No. Todo aquello en lo que quieras proteger de corazón. —El falso Gideon tomó un respiro luego de arrancarse el último trozo de la mitad derecha de su cara, pero giro su cabeza para admirar la luna y continuar cavilando en voz alta—. Tal vez tu luz no sea radiante como la del sol que cubre esta tierra, pero el brillo lunar que emites es suficientemente bello que vale la pena proteger. Sólo yo veré por ti. Yo y sólo yo te protegeré.
Las palabras eran confusas para Nick, pero era bastante lúcidas y claras para la Judy de ese mundo. Sólo un mamífero le había dicho algo similar una vez. Sólo él…
—Tú-tú-tú eres… —Tsukuyo farfulló sin poderlo creer.
—Así es, mi niña. He regresado de los infiernos sólo para recuperar tu belleza pérdida.
Muy tarde le tomó a Nick comprender que la coneja estaba hipnotizada y viendo con una expresión contrariada a lo que parecía ser alguien muy íntimo para ella.
—Zanahorias, ¿qué tienes? ¿Por qué parece que lo conoces? ¿Por qué tienes cara de que estás viendo a un muerto? ¡Contéstame! ¿¡Quién es este animal con ese voz y acento estúpido!?
La Judy que no es de su mundo no respondió. Abrió los ojos impactada y se llevó una pata a la boca cuando cayó en cuenta que delante de ella estaba alguien que no debería estar ahí. Enseguida Nick volteó en dirección a lo que tanto aterraba a la coneja, y él también, aunque por motivos distintos no pudo creer lo que sus ojos veían.
—Oh no… ¡No puede ser! Con Gideon tuve suficiente… ¡Pero no tú también, maldito hijo de tu conejuda madre! ¡No, no… NO!
El supuesto Gideon se dio la vuelta y reveló a ambos mamíferos la mitad de su rostro. Parecía un zorro rojo y gordo en el exterior, pero en realidad ese era sólo un disfraz, porque por dentro, estaba el verdadero animal que ni siquiera era un cánido o un depredador, sino que una liebre de pelaje gris, una que era bastante familiar tanto para el vulpino como para la coneja.
—¡Jack Putas Savage! —rugió Nick encolerizado al descubrir que el bastardo que parecía ser Gideon Gray, era en realidad la condenada liebre que había sido un verdadero dolor de cola en su mundo.
Aunque a diferencia del Jack Savage de su realidad, en vez de tener las típicas rayas negras de su pelaje, tenía horrendas cicatrices en su lugar, eran marcas rosada donde ya no le crecía pelo, que le daban una apariencia mucho más tétrica.
Por su parte, la Judy de este extraño mundo estaba mucho más impactada que su compañero. Esa liebre era alguien que pese a toda lógica estaba en ese momento frente a ella.
—¿¡Ma-ma… maestro!? —exclamó Tsukuyo con una voz quebrada a la liebre que creyó muerta hace años.
Notas de…
Como es de costumbre, los viejos letreros que indicaban que esta era la sección de notas de autor seguían tirados y pintarrajeados por los suelos, mientras que en su lugar se había colocado otro cartel lleno de tachaduras con la leyenda:
Preguntas y respuestas 3: Réquiem
—¡Hola nuevamente lectores y furros asquerosos! ¿Nos extrañaron? —dijo efusivamente el zorro conocido como Gintoki, en su versión animalesca.
—¡Gin! ¿Qué no los llames así! —Los lentes, que diga, Shinpachi el pequeño carnero de lentes corregía al zorro para evitar problemas.
—Sí Gin, el Gafotas tiene razón-aru. —Una zorrita voladora interrumpió la discusión, la tierna Kagura—. ¿Con qué derecho los llamas furros asquerosos cuando nosotros también los somos-aru?
—¡Sólo trato de sonar ameno, payasos! Pero bueno, mejor pasemos a las mentadas preguntas y vayámonos de una perra vez a ver la "La Rosa de Mewni".
—¿Qué no ya acabó esa telenovela-aru?
—¿Qué? ¿En serio? ¿Y en qué terminó?
—Ni idea-aru, según el Internet concluyó de la forma más patética y anticlimática-aru. No sé ni qué significa, pero si el Internet lo dice-aru. Debe ser verdad. Aru.
—Buuuuuh… pues que remedio, pues bueno, igual veamos que nueva telenovela están pasando en su lugar… pero primero —el zorro volteó a ver al corderito de lentes—, ¡Shinpachi! ¡Las preguntas que ya me quiero ir!
—¡No ha pasado ni un párrafo y ya te quieres ir, Gin! Lamentablemente, volvió a pasar…
—¿Ahora que? ¿Olvidaste volver a pagar el alquiler de nuevo o qué?
—No, no es eso… ¡Y el que siempre olvida pagar la renta eres tú!
—Excusas, excusas-aru, ¡Sólo, suelta la sopa, Cuatro Ojos-aru!
—No llegaron preguntas esta vez.
—¡Qué bien, hoy salimos temprano! —Festejó el zorro con emoción.
—¡Yahoo-aru!
—¡Pero Gin, Kagura! Recuerden el trato con el señor Janyo. Si no respondemos preguntas seguiremos como animales y no regresaremos a la normalidad.
—Sí, sí. Lo sé, ¿pero entonces qué procede, Patsuan? ¿Más preguntas de la manga?
—Pues sí. Sácalas y respondamos unas cuantas.
—¡Oye! ¿Qué pasó? ¿Cómo qué sácalas?
—Las preguntas-aru.
—Ah, eso. ¿Qué no el autor te las dio a ti?
—Sí, y yo te las entregué a ti la vez pasada y te las quedaste. ¿Qué acaso no las tienes Gin?
—Esto… —Gintoki se rascó la orejas apenado.
—¡Genial-aru! Ya valimos-aru.
—¡Tatatata! ¡Esperen un momento! No necesitamos esa basura, sólo hagamos las preguntas y terminemos esto de una vez.
—Bueno, Gin, supongo que puede funcionar.
—Muy bien, aquí vamos. Primera pregunta: ¿Ya fueron a ver Detective Pikachu?
—¡Gin! ¡No puedes preguntar eso!
—¿Ahora qué, Shinpachi? ¿Por qué no? ¿Acaso te gusta Digimon, maldito virgenmon?
—No es eso, Gin. Me refiero que no debemos hacer esa clase de preguntas, deben ser cosas que tengan que ver con el Fanfic, con el autor o con nosotros.
—¡Ya lo sé maricón, ya lo sé!
—¡Oye! ¿Por qué me insultas, Gin?
—Oye, tranquilo viejo, estoy jugando. A lo que voy es que por eso es la pregunta, es sobre nosotros. Seguramente nadie sabía si nosotros ya vimos Detective Pikachu o no.
—No creo que a nadie le interese saber eso. Y no tiene mucho que ver con la historia…
—¡Da igual-aru! —Los interrumpió Kagura—. Yo quiero responder, por favor-aru
—Adelante, enana.
—Pues sí, ya la fuimos a ver-aru. ¡Estuvo bien sugoi desu ne-aru! Los Pokémon se ven muy reales, horribles y asquerosos-aru. ¡Son justo como los imaginé-aru! La historia es simple y me recuerda a Zootopia-aru, pero es divertida y le encantará a cualquier fan de Pokémon o los fans del doblaje latino. Ese Jamememes se la rifó como Pikachu-aru.
—Confirmo. Gran película, —comentó Gintoki.
—Tiene un par de inconsistencias con la trama, pero la disfruté también. —Shinpachi se ajustó los lentes al responder con sinceridad.
—¿Nunca debe faltar el otaku elitista que odia todo, verdad Shinpachi?
—¡Pero si yo dije que me… !
—Aunque mi parte favorita-aru, fue cuando en la escena postcréditos aparece Mario-aru e invita a Pikachu a unirse a la propuesta Smash Bros., iniciando así el NCU, el Nintendo Cinematic Universe-aru.
—¡Mate, diga, Kagura, eso nunca pasó! —La intentó corregir Shinpachi.
—¡Claro que sí, baboso-aru!
—¡Oye!
—Ya, ya, respondamos una pregunta más y terminemos esta fastidiosa escena. ¿Qué más podemos preguntar? ¿Qué otra película ya vimos?
—¿Por qué no mejor respondemos alguna duda del fic?
Gintoki y Kagura se vieron entre sí unos segundos y luego respondieron a Shinpachi haciendo un ademán con su pata y ala.
—¡Nah!
—¡Pero oye, Gin-aru! ¡Yo tengo una duda desde hace tiempo!
—A ver niña escúpelo… ¡argh!
Kagura le había lanzado un escupitajo a la cara al pobre zorro.
—¡La pregunta, niña pen… tonta!
—Quiero saber-aru, ¿quién es la burra de color que tiene el autor como imagen de perfil?
—¿Cual burra de color? ¡Es claramente una mula arco iris!
—Gin, Kagura, no es ninguna de los dos. Es la reina Chrysalis, el personaje favorito del autor de la serie My Little Pony.
—Ah no, Kagura, tenías razón; es una de esas burras de colores que vuelve locos a los hombres y los hace unirse a una secta satánica conocida como "Los Brownies"
—Mmmmm… ¡eso suena delicioso, Gin!
—Técnicamente no es una pony como tal, Chrysalis es una especie conocida como cambiantes, una mezcla entre un pony y un insecto cambiaformas.
—¿Y cómo sabes tanto, Patsuan? ¿No serás también uno de esos?
—No, sólo sé un par de cosas, Gin. Mi hermana es fan de esa serie.
—¿No será que tú eres parte de esos "Brownies", eh?
—Se dice "Bronies".
—¡Ah, de eso sí sabes…!
—¿Y por qué se cambió la imagen-aru?
—Porque seguramente el autor acaba de descubrir "La magia de la virginidad" y se va a poner a escribir historias de auto inserto de él y su waifu.
—¡Gin, basta! Si sigues molestando al autor vas a empeorar nuestra situación. Bueno, sobre el cambio de imagen de perfil, pues no hay gran ciencia. Le pareció muy linda la foto y ya.
—Lo que digas Patsuan, debe ser cosas de "Brownies", supongo. Pues bueno, eso es todo, lectores y degenerados. Así concluye la sección de preguntas donde esperemos hayamos aclarado todas sus dudas sobre el fic, el autor o nosotros.
—¡Pero no hicimos nada de eso, Gin!
—Pues es la culpa de los lectores-aru, esto pasa por no mandar sus preguntas para que nosotros no hagamos el ridículo inventado tarugadas-aru.
—¡Kagura!
—La mocosa tiene razón, ¡manden sus preguntas o púdranse!
—¡Gin!
—Pues ya, es todo, ahora sí vayamos a ver una serie de verdad y veamos el final de Juego de Tronos. ¡Adiós!
El zorro se fue corriendo como alma que lleva el diablo, mientras que el carnero y la chica murciélago lo vieron perderse en el infinito.
—¿Le digo-aru?
—No, Kagura. Qué lo descubra por su cuenta.
—Pobre Gin-aru…
