Capítulo 5: Cuando te das cuenta que estás en una telaraña, ya es demasiado tarde


Un par de años atrás, cuando la coneja de cicatrices conocida como Tsukuyo era una aprendiz de ninja, algo terrible ocurrió en su hogar, Yoshiwara.

El distrito del placer de Edo sufrió una de las peores crisis provocada por un pequeño incendio que terminó por convertirse en un desastre, uno que no tardó en extenderse rápidamente por todas las casas de estilo japonés que en su mayoría, eran de madera. El cuerpo de bomberos no lograba darse abasto, por lo que otras organizaciones tuvieron que apoyar a las víctimas del siniestro. Eso incluía al Hyakka, la organización paramilitar que se encargaba de vigilar la seguridad de la ciudad, incluido la de sus cortesanas y clientes, por lo que en esa ocasión tuvieron que auxiliar en los labores de rescate.

El líder de aquella organización en aquel entonces era una liebre de ojos azules llamada Jiraia, un ninja exiliado que tenía terribles marcas en su cara, similar a franjas de tigre pero que eran en realidad rayas ya cicatrizadas color rosadas en donde ya no crecía pelo, presente tanto en sus mejillas como en sus orejas. Jiraia o Jack Savage, como Nick lo conocía en su mundo, era el líder original del Hyakka y el maestro de Tsukuyo, la coneja a quién Nick conocía como Judy.

—¡Maestro! —gritó la joven Tsukuyo para llamar la atención del macho que le llevaba al menos unos quince años de diferencia— ¿Escuchó eso? ¡Todavía hay cortesanas en este edificio! ¡No podemos irnos todavía!

—¡Olvídalas Tsukuyo! —Su maestro , quien cargaba dos pequeñas ovejas sobre sus hombros, la reprendió—. El fuego ha debilitado la estructura y no resistirá por mucho tiempo. Ellas ya están condenadas, pero nosotros no. Ayúdame a llevar a estas corderitas a un lugar seguro y a buscar más…

Pero Jiraia sólo le habló al viento. Sus largas orejas le indicaron que su imprudente aprendiz ya estaba corriendo por el segundo piso de la incandescente e inestable vivienda.

—¡Niña estúpida! —Refunfuñó.

La liebre de cicatrices rayadas dejó a las presas en el suelo y enseguida se introdujo él también a la casa en llamas a base de saltos y rebotes improvisados.

En el ardiente interior, Tsuyuko se desplazaba velozmente en busca de los incesantes chillidos de tres desesperadas hembras, pero antes de dar con ellas, el suelo de madera se cimbró y casi de inmediato, este se desplomó. El destino de la coneja hubiera sido el mismo que el de la madera consumida por el fuego de no ser por que una pata familiar la sostuvo a segundos de caer hasta el fondo.

—¡Maldita niña loca! ¿Algún día vas a escucharme? —Jiraia la regañó mientras que estaba colgado de una soga con un brazo y con el otro sostenía a su pupila a duras penas— ¡Por las rayas de mi cara! ¡Por esto no quería entrenar a una hembra en primer lugar!

—¡Maestro, yo…! —Tsukuyo miró a su mentor avergonzada y al mismo tiempo conmovida por venir a rescatarla.

Sin aguardar a escuchar sus disculpas, Jiraia lanzó con toda su fuerza a la no tan pesada coneja hacia la parte del piso que no había sido consumido aún por el incendio. Luego saltó a la misma dirección que su alumna y la ayudó a reincorporarse.

—Los lloriqueos y los castigos después; vamos a salvar a tus hermanas y a salir de este infierno, Tsukuyo.

Sin más que una sonrisa de gratitud, la coneja adolescente y la liebre se dirigieron juntos hacia donde las voces inocentes clamaban por socorro.

Resultó que media docena de ratoncitas quedaron atrapadas bajo escombros llameantes, así que los dos ninjas liberaron sin mucha dificultad a las pequeñas criaturas y juntos dejaron esa tumba humeante lo antes posible.

—¡Ahí te va la última, Tsukuyo!

Desde la azotea de la edificación, Jiraia le arrojó la sexta ratona a su estudiante que estaba en la vivienda contigua. La coneja atrapó a la última roedora y se disponía a auxiliar a su mentor, cuando el mayor temor de él se hizo realidad.

—¡Maestro!

Una explosión hizo retumbar el lugar y, de manera casi instantánea, causó que la débil estructura de madera se desmoronara y con ello, se llevara a la liebre, por efecto de la gravedad.

Los ojos de Tsukuyo vieron pasar por breves instantes como su maestro la miró una última vez. Los azules orbes del macho más importante de su vida y la cálida sonrisa que fue capaz de regalar en sus últimos momentos de vida fueron las imágenes que atormentaron a Tsukuyo todas las noches desde aquel fatídico día.

—¡Maestro! ¡Maestro…! ¡MAESTRO!

La coneja de cicatrices despidió a su querido mentor con una voz quebrada y llorando como nunca la había hecho en su vida. Esa era una cicatriz mucho más profunda y severa de las que tenía en su cuerpo o en el rostro, era una que pese a los años aún estaba tatuada en su alma y no parecía sanar jamás. Era más como una herida abierta que ardía más que el fuego que se llevó a su maestro por culpa de su insensatez. Una carga con la que debía vivir por el resto de su vida.


La mente de Tsukuyo regresó al tiempo presente. Arriba de unos de los contenedores del puerto, se encontraba un fantasma que, pese a toda lógica, parecía estar más vivo que nunca. Más no fue ni júbilo ni alegría lo que sintió ella al ver a Jiraia, su antiguo maestro, frente a sus ojos.

—¡Eso es imposible! ¡Tú no puedes ser mi maestro! ¡Yo… yo… lo vi morir! —bramó fuera de sí la Judy de este universo.

La coneja y actual líder del Hyakka estaba a duras penas de pie, severamente herida por las cuchillas de una quimera que tenía el cuerpo y media cara de un zorro gordo pero el resto de su rostro pertenecía inconfundiblemente al de una liebre, su antiguo mentor.

—¿Qué rábanos está pasando, Zanahorias? ¿Acaso conoces a ese desgraciado? —clamó Nick a unos metros de ella, en medio de la coneja y del supuesto Gideon Gray.

—Es cierto que ese día me viste morir, mi niña, —habló finalmente Jiraia—, pero todo fue una ilusión con la única intención de hacerte más bella y hermosa. Como siempre debiste haber sido.

—¿Qué idioteces estás diciendo, maldito insecto? —Nick lo amenazaba exasperado por la calma y arrogancia que le recordaba al verdadero Jack Savage de su mundo.

—¿Acaso jugaste conmigo? —Tsukuyo dijo intentando contener sus emociones—. Todo este tiempo pensé que habías muerto por mi culpa… ¿Resultó ser todo fue una mentira? ¿¡Qué clase de chiste cruel es ese!? —exigía furiosa una Tsukuyo que por primera vez en mucho tiempo, perdió la seriedad que la caracterizaba, respondiendo de una manera mucho más agresiva.

—Antes de irme de tu vida, tú fuiste una alumna ejemplar que cada día fue creciendo y perfeccionando todas las técnicas ninja que le enseñé, poco a poco te convertiste en una versión mejor de mí mismo destinada a volverse la protectora más digna y capaz de cuidar de Yoshiwara o de cualquier otra cosa que te propusieras. Sin embargo, mi querida luna, me di cuenta que estabas muy apegada a mí…

—¡Infeliz, degenerado! —gruñó Nick maldiciendo al supuesto Jack Savage con cierto aire de odio y celos.

—Yo estaba deteniendo tu crecimiento, mi niña. —Jirai prosiguió—. Y como no habías experimentado mayor pérdida en tu vida, ¿qué mejor manera de enfocar tu sentido de devoción que perder algo que tanto querías como a tu querido maestro? ¿Alguien por él que darías la vida, no? ¡Ja, ja, ja, ja! —rió de manera esquizofrénica la liebre, cosa que estrujó el corazón y alma de la coneja— ¡Qué patética forma de pensar! Menos mal que mi muerte sirvió para borrar los últimos rastros de feminidad en tu alma.

—Grrrr… ¡Bastardo! ¿Y te atreves a hacerte llamar su maestro? ¡Eres un hijo de…! ¡Argh!

—¡Gintonick!

Una explosión de humo cubrió al vulpino de ojos esmeraldas y enseguida, Tsukuyo trató de comprobar el estado de su compañero, pero cuando un mal presentimiento la alertó y volteó para ver a su antiguo maestro, la liebre había desaparecido de su vista.

—¡Zanahorias! —la llamó Nick entre la niebla artificial—. ¿Dónde estás? ¿En dónde se metió es pu…!

—Cómo te decía, mi niña —La voz de Jiraia resonó cerca de ella—. Gracias a mí te convertiste en lo que eres y te hiciste mucho más fuerte desde entonces, gracias a que te permití experimentar la desdicha que es perder algo que tanto amabas, lograste florecer para convertirte en esa hermosa y brillante luna que protegía Yoshiwara, sirviendo fielmente a Housen… O al menos, lo fuiste por un momento. —El tono de Jiraia dejó de sonar confiado y alegre, cambió por una voz más grave, severa y explosiva—. Con el paso de los años, en vez de endurecer más y más tú alma te fuiste suavizando y dejando entrar más y más mamíferos a tu corazón. Ingenuamente pensé que mi muerte no sería en vano y que bastaría para hacerte ver lo patético e inútil que son los lazos… pero me equivoqué.

—¡Agh! chilló la coneja.

—¡Por eso, regresé, Tsukuyo ¡Para recuperar tu belleza perdida!

Sin percatarse a tiempo, Jiraia salió de entre las nubes de polvo y tomó a Tsukuyo por el cuello. La coneja estaba muy sorprendida y débil para defenderse, por lo que el supuesto Jack Savage se aprovechó de eso y apretó su garganta con más fuerza, al mismo tiempo que alzó a la presa en el aire, cortándole la respiración de poco a poco.

—El asunto de las drogas no es más que una simple fachada que usé para llamar tu atención—. Sabía que no podrías resistirlo, así que nuevamente tendí mi telaraña y preparé una nueva trampa para ti, mi presa favorita. Está vez no bastaría arrebatarte algo que amas. Oh no, querida, para lograr la verdadera devoción, necesitas una causa, un enemigo imbatible como yo al que odies con todo tu ser, y una vez que logre despojarte de todo aquello por lo que has luchado por tanto tiempo y me vuelva la única razón para tu patética existencia, sólo entonces volverás a ser la luna hermosa que tanto he esperado ver. ¡Volverás a brillar y a ser radiante!

Los ojos alguna vez bondadosos y tiernos de su mentor se habían vuelto la mirada de un psicópata que pese a decir puras locuras, parecía hablar muy enserio. Con poco aire recorriendo por Tsukuyo, la coneja sentía que la vida se le iba, hasta que de pronto, la pata de su viejo y trastornado mentor dejó de estrujar su cuello para bloquear un sorpresivo asalto desde atrás.

—¡Déjala en paz, maldito insecto!

Entre todo ese humo, Nick logró dar con Zanahorias y empuñó su espada de madera con intención de descalabrar a Jiraia de espaldas, sin embargo, la liebre, sin siquiera voltear a verlo, detuvo el ataque con un simple kunai, reteniendo su arma mientras que el vulpino trataba en vano de superar la fuerza sobreanimal de Jiraia.

Con un poco de oxígeno viajando en su cabeza, la Judy de ese mundo pudo pensar con más claridad al mismo tiempo que escuchó un mecanismo proveniente de su maestro. Un mal presentimiento le indicó que algo andaba mal y que su compañero corría peligro.

—¡Gintonick! —Apenas logró gritar lo bastante fuerte para que Nick la escuchara—. ¡Es una trampa, huye!

—¿Qué? ¡Ughhhh!

La cola de zorro falsa de la que estaba compuesto el disfraz de Jiraia comenzó a inflarse como una bolsa de palomitas de maíz y enseguida, estalló, lanzado cientos de afilados kunais en todas direcciones, algo así como una granada de fragmentación pero mucho más mortal. Ya sea intencional o no, las cuchillas ninjas arrasaron con todo ser vivo a su paso, incluso a los criminales y aliados de Jiraia. Ninguno salió vivo de tan desalmada y cruel técnica shinobi.

Una vez que se detuvo, los pasillos de los contenedores y las partes que servían como muros naturales estaban cubiertos de kunais incrustados en por todos lados. Sólo un mamífero quedó en pie. Nick Wilde sostenía el cadáver de un corpulento lobo lampiño que usó como escudo animal para cubrirse de la trampa de Jiraia; afortunadamente ningún Kunai lastimó al zorro, pero no sabía si la coneja correría con la misma suerte.

—¡Judy! —bramó el vulpino atormentado, imaginándose lo peor.

Aunque no corrió con la misma suerte que el resto de los criminales, Tsukuyo fue alcanzada por algunas cuchillas que se enterraron en sus piernas, pero fuera de eso no tenía herida más grave, aunque continuaba tosiendo desde el suelo y con la pata en su propio cuello, tratando de recuperar la respiración. Sin embargo no era momento de cantar victoria, pues no había señales de la detestable liebre.

—¡Zanahorias! ¿Te encuentras bien?, ¿Dónde está…? ¿Pero qué…?

Los ojos de Nick no podían creer lo que veía. Como si las cosas no pudieran estar peores, Jack Savage o Jiraia estaba por encima de él y más inalcanzable que nunca. Literalmente, la liebre estaba suspendido unos ocho metros en el aire, como si flotara o las leyes de la física no aplicaran en él.

—Ese cara de trasero de zebra está… ¿volando? ¿¡Qué no hay algo normal en este cochino mundo!? —espetó violentamente el zorro sintiendo que se volvería loco en cualquier momento.

—Gintonick, por favor, ¡huye! No podrás vencerlo aquí, te lo ruego, por favor déjame aquí y vete.

—No hablarás en serio, ¿o sí Pelusa? ¡No voy a dejarte sola con ese maricón flotante! ¡Primero muerto!

—¡Y así será si permaneces a mi lado, idiota! —Tsukuyo apretó los dientes con aflicción—. ¡Por favor, Gintonick! —la coneja le rogó a punto de partirse en llanto—. ¡Te lo suplico, por favor, sólo lárgate de aquí! ¡Vete!

Nick quedó confundido por la reacción explosiva de su compañera.

—Pero Zanaho…

—¡VETE! —chilló desesperada en un intento para salvar su vida.

—Muy noble de tu parte, Tsukuyo. ¡Pero comenzaré a cortar poco a poco los lazos y amistades que has formado estos años asesinando al macho que amas en frente de tus ojos! —anunció Jiraia desde las alturas dispuesto a cumplir con sus amenazas.

La liebre se dejó caer por un momento sólo para inclinarse en la dirección de Nick y, como si sus patas estuvieran tocando una especie de pared o cable, Jiraia se impulsó de una barrera invisible y se lanzó contra el vulpino, intentando cortarlo con el kunai que sostenía en su pata.

A duras penas Nick alcanzó a bloquearlo con su espada, pero antes de responder el ataque, Jack saltó hacía otra dirección y volvió a rebotar contra otra aparente pared invisible, pero está vez de una forma tan veloz que Gintonick no eludió a Jiraia a tiempo y fue cortado por su acometida. Algo similar se repitió unas cinco veces más dejando al zorro mal herido y bastante desconcertado

«¡Maldición, es muy rápido! ¡No puedo verlo! ¿Y cómo diablos puede volar?» —pensó Nick confundido, recibiendo embate tras embate sin lograr regresarle siquiera un golpe a la liebre—. ¡Argh! —chilló cuando tres kunais se enterraron en su espalda—. ¡Infeliz, ven aquí y enfréntame como un macho, sabandija! —aulló el vulpino de forma desafiante—. ¡Ay, ay, ay, mi colita!

Tsukuyo miraba desesperada una forma de auxiliar al zorro, pero sus piernas no respondían y la pérdida de sangre disminuía sus fuerzas; no podía más que permanecer inmóvil y ver morir a su compañero. Antes de perder toda esperanza, el brillo lunar y las memorias de su antiguo maestro le recordó la razón por la que la liebre era tan veloz y prácticamente volaba.

—¡Gintonick! ¡Tienes que salir de ahí, no tienes oportunidad de ganar si no te alejas de los contenedores!

—¡No me ayudes, Zanahorias! —farfulló mientras a duras penas bloqueó tres de las cinco cuchillas ninjas que Jack le había lanzado a su pierna.

—¡No me entiendes, Gintonick! ¡Jiraia extendió hilos en todo el lugar para hacer su técnica especial! No puedes verlo, pero los kunais que te lanzó tenían alambres delgados y de alta tensión, ¡está usándolos como una araña para cazar a sus presas!

—¿Qué demo…?

Nick observó con detenimiento los kunais clavados en los contenedores y otras partes del puerto y, gracias a un breve destello, se dio cuenta que Tsukuyo tenía razón, ¡el lugar estaba repleto de hilos, como una especie de telaraña! La Judy de ese mundo no le mintió cuando le dijo que no podría ganarle ahí.

—¡Ah…!

—¡Gintonick!

El vulpino recibió unas cuatro cuchillas más en su espalda baja. Luego, vislumbró los ojos amatistas de la coneja y su carita llena de desdicha y manchas de sangre. Él quería protegerla, en verdad quería hacerlo, pero muerto no sería de ayuda. Muy a su pesar, se dio la vuelta y, sin mirarla más para no arrepentirse, se fue corriendo con dirección al muelle.

—¡Regresaré por ti, Zanahorias! ¡Lo juro!

—¡Ginto…! —quería gritarle que se olvidara de ella, pero no pudo hacerlo.

—¿Qué pasa? ¿Te vas tan pronto? ¡Vaya tipo del que te enamoraste, Tsukuyo! —Carcajeó la liebre parecida a Savage, mientras continuaba saltando entre cable y cable sin tocar el suelo—. Pero a estás alturas no le servirá de nada huir, porque…

A duras penas, el zorro logró salir corriendo sin recibir más heridas, pasando de lado entre los cadáveres de los maleantes que él y Tsukuyo habían enfrentado minutos atrás, pero la mayoría había sido asesinado por aquella liebre de infernales cicatrices de la que ahora él escapaba. De pronto, pese a estar lejos de los mentados contenedores y a un paso del borde del muelle que daba con el mar, el cuerpo de Nick se paralizó, sintió un escalofrío que le congeló la sangre y erizó todos los vellos de su cuerpo. No se percató cuando una sombra ocultó la luz de la luna que bañaba su pelaje unos breves instantes, así como tampoco se percató que Jiraia pasó caminando a un lado suyo, despreocupado como un fantasma.

—Cuando te das cuenta que estás en la tela de una araña… —pronunció la liebre, casi al oído de Nick, al mismo tiempo que guardaba lentamente una espada de su funda—… ya es, demasiado tarde.

Cuando Jiraia por fin enfundó su ninjatou, al mismo tiempo, una enorme ráfaga de sangre salió de la espalda de Nick debido al corté fatal que la liebre había hecho con su arma corta segundos atrás. Como si fuera en cámara lenta, el cuerpo derrotado e inconsciente del vulpino cayó hacia el océano que sería su tumba. Para antes de que este tuviera contacto con el agua, la liebre sacó un último kunai de su manga y estaba dispuesto a rematar al moribundo zorro con una sádica sonrisa en su rostro.

—Hasta nunca, imbé…

El supuesto Jack Savage no pudo terminar la frase, ni su ataque. Otro kunai se clavó justo en el dorso de su pata con la que pensaba asesinar a Nick. Molesto, se dio la vuelta para encarar a su atacante y vio sin mucha sorpresa que a unos metros de él estaba Tsukuyo, pese a haber inmovilizado sus piernas para evitar que corriera o ayudara al zorro, Tsukuyo se las arregló para llegar a rastras a una distancia prudente y salvar al tal Gintonick con un espectacular lanzamiento de kunai.

—Niña estúpida —Jiraia se arrancó la cuchilla de la pata y la tomó para acabar con el vulpino, pero al asomarse a la orilla del puerto, no había rastros de él, al parecer su cuerpo se había hundido—. Feh, no importa, nadie sobreviviría con esas heridas.

El Jack Savage de ese mundo dibujó una sonrisa en su tétrica cara mitad zorro, mitad liebre y se dirigió hacía su agotada alumna. Tsukuyo se dejó caer al suelo sin energías mientras que sentía que la historia se volvía a repetir: su arrogancia, debilidad y sus terribles errores le habían vuelto a costar la vida de un mamífero muy importante para ella, mientras que un monstruo con la cara de su maestro se acercaba lentamente con siniestras intenciones.

—Gin… Ginto… Nick…

La coneja perdió el conocimiento pronunciando con culpa el nombre del zorro que dio la vida por ella.


Del otro lado del puerto donde había ocurrido la trifulca, encima de uno de los contenedores había un yak, un mamífero parecido a un búfalo que estaba acostado y de piernas cruzadas leyendo tranquilamente un manga.

—Ah, no hay nada mejor que leer la Shonen Jump a la luz de la luna llena y con el ruido del mar… lástima que elegí el peor día para hacerlo, esos idiotas y sus riñas de mafiosos no me dejaron ojearla en paz.

El yak dejó su revista en el piso y se puso de pie. De la cintura para arriba, el mamífero que Nick y Judy conocían como Yax estaba usando una chaqueta azul que sólo podía pertenecer a uno de los ninja de élite de la prestigiosa Oniwabanshuu, pero de la cintura para abajo, el shinobi conocido como Zenzou en ese mundo no tenía nada puesto. Nada.

Pese a estar aparentando leer su manga con poca luz y una melena que le cubría los ojos, Zenzou fue capaz de ver todo lo que sucedió en el puerto contiguo, incluyendo las asombrosas técnicas ninjas de Jiraia y como el zorro que él conocía como Gintoki terminó derrotado por él, malherido y ahogándose en el fondo del mar.

—Si voy ahora con ese idiota, quizás pueda salvarlo, si es que no está muerto ya, pero… mejor me hago de la vista gorda. No quisiera tener a ese maldito de Jiraia sobre mi cola. Así que, yo no vi nada…

El yak tomó nuevamente su manga de la Shonen Jump y trató de retomar la lectura, pese a tener cierto sentimiento de culpa.


Notas de…

Ya se la saben, el letrero seguía partido a la mitad y en su lugar había otro cartelito pegado con el siguiente mensaje:

Preguntas y respuestas 4: Resurrección

—¡Hola hijos de Zootopia madre! Somos nosotros, de nuevo, su trío de asquerosos furros favoritos reportándose —exclamó emocionado Gintoki en versión zorruna, saludando a los bellos lectores de esta historia.

—Gin —el carnero de lentes, Shinpachi, lo reprendió—. No seas tan pesado con los lectores.

—¿Ahora que dije, cuatro ojos? A ti ningún chile te embona.

—¡Sí gafotas-aru! ¡Te la comes horrible-aru! —dijo una zorra voladora, la tierna y mal hablada chica murciélago, Kagura.

—Hey, por favor, bájenle a sus insultos mexicanos un momento, ¿quieren?

—¡Jolines tío! ¿Es que este majo no se aguanta nada? —mencionó Gintoki con un acento andaluz.

—¡Vaya pringao-aru! Te hace falta ver más Destripando la Historia-aru (Con Pascu y Rodri-aru) —regañó Kagura imitando la voz femenina del Loquendo.

—… —dijo Shinpachi tan elocuentemente, molesto por la situación absurda en que siempre terminaba discutiendo con sus amigos—. Como sea, ¿podemos pasar a lo de las preguntas de una vez? —comentó el carnero de lentes molesto.

—Lo que digas, chaval.

—¿Y los billetes-aru? Diga, ¿Y las preguntas-aru?

—Esto…

—Déjame adivinar mocoso. Otra vez ningún lector mandó sus preguntas, estoy en lo cierto?

—Así es, Gin —confesó apenado el carnero de lentes.

—¿Preguntas del autor otra vez, Patsuan? —dijo el zorro a Shinpachi

—Más o menos, el señor Janyo nos pidió que aprovechemos esta sección y hagamos una breve recapitulación de cómo va la historia hasta ahora.

—Ara-ara-aru, —Kagura contestó como una especie de hermana mayor—, este asqueroso fic no tiene más de cinco capítulos-aru, y el autor ya comenzó con sus recapitulaciones dignas de un anime-aru. Eso me agrada-aru.

—Bien, bien. Supongo que no estará tan mal, así que, como diría el Mostaza, ¡A la carga, Pikachu! —dijo Gintoki con la emoción de un entrenador Pokémon a punto de perder otra liga—. Comencemos: Este raro y confuso fanfic comenzó con nosotros, los protagonistas del manga y anime, Gintama, terminamos convertidos en un montón de feos furros por querer evitar que leyeran esta loca historia y entonces…

—Gin, el resumen es para la historia del fanfic, no de nosotros.

—¡Feh! Por favor, Pätsuan, nosotros somos parte importante de este ficucho, además, de seguro ningún ser vivo lee nuestras notas, por eso nadie nos manda sus dudas o preguntas. Da igual lo que haga…

La tierra comenzó a retumbar similar a cuando aparece cierto ogro verde apalea furros, poniendo nervioso a los tres que tragaron saliva enseguida.

—¡Gin , apégate al guión o vas a invocar al Furro Slayer!

—E-e-e-e-está bien. Larga historia corta: Debemos responder a las peticiones que el exageradamente guapo y atractivo autor del fanfic nos pide para que no nos coma su ogro de pantano con aliento a cebolla y odio a los furros como nosotros, debemos cooperar y hacer lo que nos pide o sino no recuperaremos nuestra sexy forma humana, —Gintoki relató de corrido su triste historia y no se relajó hasta que las pisadas del monstruo cesaron—. Tu turno, cuatro ojos.

—Sí, bueno, volviendo a la historia, recapitulemos brevemente: En el primer capítulo descubrimos que el protagonista de Zootopia: Nick Wilde despierta de una cruda dándose cuenta que está en otro mundo, donde su compañera y crush Judy Hopps es una coneja que se parece físicamente a ella…

—Excepto por la ropa de cortesana y los grandes pechos que tiene ahora-aru.

—¡Kagura! Bueno, sí, la coneja también tiene unas marcadas cicatrices y en este mundo, ella se hace llamar Tsukuyo, luego de un malentendido, Nick y Tsukuyo terminan en la guarida de unos criminales. Kagura, tu turno:

—En el capítulo dos-aru, el autor nos da un extraño flashback donde nos enteramos-aru como Tsukuyo obtuvo sus cicatrices gracias a su maestro-aru, En el tiempo actual-aru, Nick le explica que no es de ese mundo y luego de que Judy-Tsukuyo lo mira a sus ojos y reconoce que no es el verdadero Gintoki-aru, entonces deciden unir fuerzas para salir de ese embrollo fingiendo que son esposos-aru. ¡Tu turno pequeño Gin-aru!

—Argh, ¿qué seguía? ¡Ah sí! En el capítulo tres, mi falso imitador, el tal Nick junto con Tsukuyo-Judy se conocen mejor y bla, bla, bla, luego de unos nada forzados momentos de Nicudy, los dos tórtolos que obviamente no se gustan porque no son del mismo universo llegan a un puerto de descarga en donde Tsukuyo espera a un líder mafioso peligroso, pese a las advertencias de Nick de irse para no ser emboscados por los matones, la coneja mete la pata, los rodean y descubren la identidad del malo del fic: El mortal y siniestro repostero, Gideon Gray. —mencionó Gintoki con hastío— Patsuan, tu turno, otra vez.

—Ok. —El carnero ajustó sus lentes y habló— Para el capítulo cuatro, Tsukuyo y Gintonick, como bautizaron a Nick en este mundo, pelean juntos contra los malhechores y pese a que Nick no es un espadachín en su mundo, no lo hace mal en esta dimensión. Sin embargo, el tal Gideon Gray los separa y pelea sólo con Gintonick, quien aunque estaba perdiendo, logra lastimarlo en la cara y con eso descubre que el verdadero villano no es Gideon, sino que es…

—¡Jack PUTAS Savage(-aru)! —gritaron Kagura y Gintoki al unísono.

—¡Chicos! —los reprendió.

—No seas un santurrón, Shinpachi. El marica del autor raramente usa palabrotas. Es bueno poder usar groserías de vez en cuando.

Kagura de pronto tomó una forma musculosa que recordaba a Larry el forzudo y flexionó sus irreales y caricaturezcos músculos.

—¡Decir groserías es lo máximo-aru, hijo de tu puta madre-aru, estoy mamadísima-aru! —bramó la chica sacando los ojos.

—¡Kagura, no hagas eso! ¡Ejem! —Tosió el chico para recobrar el control de las notas de autor improvisadas—. En fin, para terminar, resulta que no sólo Nick conocía a esa liebre, sino que Tsukuyo reconoce que él era su antiguo maestro, al que se mencionó en el capítulo dos brevemente. —Kagura, ¿podrías dar el resumen del capítulo? Sin malas palabras.

—¡CHINGA TU MADRE-ARU!

Shinpachi se dio un palmazo en la cara mientras que Gintoki le dedicó un pulgar arriba a la chica murciélago.

—El autor nos va a lanzar al apalea furros sin dudas —se lamentó el carnero de lentes.

—Ya, ya, ya no llores Coloso-aru, que diga, Shinpachi-aru. Estaba bromeando-aru. En este capítulo cinco-aru, tenemos otro feo flashback-aru donde se explica como Judy perdió a su maestro, Jiraia y lo dio por muerto hasta el tiempo presente-aru, entonces Jack PUTAS Savage-aru le dice que fingió su muerte para hacerla grande y fuerte-aru, pero que se estaba suavizando y que debía ser una ninja sin amigos o no sería hermosa y bla, bla, bla-aru, el punto es que Jack PUTAS Savage-aru decide asesinar a su no-novio-aru, el Nick; entonces, Jack PUTAS Savage-aru le da una Zootopiamadriza a nuestro Gintonick y cuando estaba apunto de rematarlo-aru, Tsukuyo logra evitarlo y Jack PUTAS Savage lo da por muerto cuando su cuerpo herido cayó al mar-aru. El fic termina con cierto ninja desnudista pensando si ayuda o no a Nick-aru. Y fin-aru. ¿Últimas palabras antes de acabar nuestra sección, Shinpachi-aru?

El carnero se quitó las gafas y masajeó su frente, con preocupación.

—Estamos fritos…

—Espera Patsuan, yo tengo una última cosa que decir antes que irnos…

—¿Sí, Gin? ¿Qué es?

—Ven, amigo, acércate…

—Un momento, ¿acaso vas a…?

—Sólo debo decir tres simples palabras, mi miope amigo…

El zorro acercó su hocico al oído de carnero y con un semblante serio le susurró al oído.

—Jack. PUTAS. Savage.

Kagura y Gintoki rieron divertidos sin percatarse que a la distancia, un ogro verde estaba apunto de arruinar su celebración.

~Thug life~