Yuuri cubrió a su hijo instantáneamente y pudo escuchar la risa de la persona que había abierto la puerta. Observó con terror aquel sujeto que había visto antes, aquel que le había mentido sobre Víctor y que ahora llevaba una pistola en su mano— no le hare daño, es un niño —le respondió con simpleza— pero es mejor que hagas lo que te digo. Tras decir aquello, Yuuri no pudo más que seguir las órdenes de Georgi. Bajó del auto y acomodó a su hijo en la sillita, por suerte no se despertó. No quería dejarlo ahí, pero pensaba que entrar con él sería peor— haré lo que me pidas, mientras él esté a salvo.
—Recuerda tus palabras —respondió el más alto— "lo que me pidas", dijiste. Ya no podrás retractarte —Yuuri tembló y comenzó a caminar siendo guiado por el otro. El arma apuntaba a su cuerpo, pero eso no era lo que lo hacía temblar, sino el hecho de no saber qué pasaba con Yuri porque este había entrado a la casa ¿Y si estaba herido o algo peor? No quería imaginar cosas malas, pero le era imposible en aquella situación. La caminata a la casa se le hizo eterna a pesar de que duró menos de un minuto.
—Ha pasado tiempo, por favor ¿Podrían cooperar conmigo? Así nadie saldrá lastimado —dijo en ruso al rubio que estaba tras la puerta. Yuuri ya podía entender claramente esas palabras, paseo su mirada por el interior de la sala y pudo ver a Mila y la hija de Víctor ¿Qué hacía la pequeña ahí? La pelirroja tenía el miedo grabado en sus ojos, mientras la pequeña se apegaba mas a ella buscando protección instintivamente, aunque no entendía por qué.
— ¿Cooperar en qué? —preguntó con voz violenta el rubio y pudo ver horrorizado como la pistola subía hasta la cabeza del japonés, pero intentó no mostrar en su rostro lo que sentía.
—En lo que yo quiera —respondió de inmediato— no creo que quieras este lugar lleno de sangre como quedó la casa de Víctor ¿Verdad, Mila? —le preguntó con una sonrisa a la chica. Al parecer su hija se daba con aquella mujer, así que si Víctor no quería volver con él, ella podía ser una buena segunda opción como esposa.
—Deja ir a Yuuri, él no te ha hecho nada —habló la chica con voz temblorosa.
—Ya sabes lo que tienes que hacer. Ven conmigo, trae a Lena y seremos felices todos —respondió dejando a los Yuris algo confundidos— oh, cierto. Ustedes no lo saben —les dijo a los otros riendo y se adentró un poco más en la casa, cerrando la puerta tras él, con su mano libre.
Hizo que Yuuri pasara hasta el sofá y se sentara junto a las chicas, mientras él tomaba posición en el sillón que estaba junto y le hacía una seña al rubio para que se sentara en el otro— ¿Qué? Ahora es una reunión social —preguntó molesto Yuri, quería decir tantas cosas, pero sabía que debía contenerse aunque sea un poco. Un mal movimiento, una mala palabra, podía significar una vida perdida y no se arriesgaría a que fuera la de Yuuri… ni la de ninguno ahí presente.
—Muy gracioso. Esa de ahí —les dijo mientras le estiraba su mano a la pequeña Lena— es mi hermosa hija, aunque le cambiaron su color de cabello, no podría confundirme. Es mi sangre, además de que es idéntica a Vitya —les informó y la niña miró con desconfianza la mano extendida, reconocía levemente a aquel hombre, recordaba un poco haberlo visto alguna vez, pero la mente de los niños es algo frágil con los rostros— Elena, hermosa. Soy tu padre, ven aquí —tras decir aquello, la niña dejó su curiosidad de lado y se apregó más a Mila.
—Mi papi es… es Víctor y mi mami es Mila —le dijo con la voz cargada de valor. Georgi pudo ver en los ojos de su pequeña la determinación heredada del platinado, esos ojos azules que lo miraban como si lo atacaran.
—No —le respondió a la pequeña con frialdad— tu padre, soy yo. Ya aprenderás —ya no sonreía, odiaba que le llevaran la contraria. Si antes estuvo obsesionado con Víctor, si alguna vez lo quiso de vuelta, ahora se daba cuenta de que no necesitaba a alguien que había puesto a su hija en su contra.
El lugar se quedó en un incomodo silencio mientras Georgi pensaba en que haría, si se llevaría a las dos chicas dejando una huella de sangre tras él o simplemente dejaría vivir a los otros dos.
Yuri miraba al japonés, buscando alguna seña en su rostro que le indicara como estaba Yuki, porque claramente no estaba ahí. Yuuri no se veía triste, más bien parecía que al igual que él, medía sus palabras y movimientos, así que su hijo debía estar bien y ellos querían que aquello se mantuviera de esa manera.
Víctor retomó el control de sí mismo, debía saber qué hacer para recuperar a su hija. No estuvo ocultándose por tanto tiempo para que las cosas terminaran de esa manera, no mantuvo a su hija escondida, privándola de compartir con otros niños solo para que Georgi viniera a arruinarle la vida. Decidido, salió del lugar antes de que la policía hiciera su aparición, por suerte aquellos personajes siempre llegaban tarde a todo y esta vez le convenía.
Sacó un arma que tenía escondida en la casa para casos de emergencia y este era uno, definitivamente. No sabía a dónde dirigirse, no sabía por dónde comenzar, pero estaba seguro de que en algún momento tendría alguna pista.
Salió del edificio, no sabía si Mila se encontraba bien o si le habían hecho algo y eso lograba oprimirle aún más el pecho. Tal vez sería bueno contactar a Yuuri, no para meterlo directamente en esto, pero sabía que también conocía a la pelirroja gracias a que era prima del rubio. Eso haría, buscaría a Yuuri y le preguntaría, esperaba que su novio no se enojara por ello ya que la mirada de aquel rubio era algo amenazante y no era su intención darle problemas al azabache, solo buscar a la pelirroja que era la madre de su pequeña Lena. Aún si no lo quería estaban juntos en esto y ella había aceptado estar ahí a pesar de todo, sabiendo todo.
Buscó entre las veces que hablo con Yuuri desde que volvieron a encontrarse, tenía su número entre sus contactos así que lo llamaría. Tomó aire antes de preparar su voz para que no sonara desesperada, debía aparentar estar tranquilo y fingir como si fuera una llamada normal para no levantar sospechas.
Marcó el número, sonando un buen rato sin que nadie contestara, cuando ya iba a colgar, miró la pantalla, dándose cuenta de que habían respondido del otro lado, pero nadie decía nada.
—Yuuri, hola ¿Cómo estás? —preguntó con un falso ánimo, pero la voz que le respondió del otro lado de la línea lo dejó helado ¿Por qué estaba ahí?
—Papi, papi —decía su pequeña desde el otro lado de la línea, quería pensar que era porque estaba bien, pero era obvio que su vida no podía ser tan buena— un hombre raro está aquí, tengo mied-
—Hola cariño —la voz de Georgi hizo su aparición antes de que él pudiera calmar a su pequeña.
Todo estaba por el suelo, a esas alturas si el fuese un egoísta podría escapar. Nadie sabía dónde se encontraba ahora, ya no tenía a Elena con él así que no había razones para que Georgi lo buscara, pero no podía abandonar a su hija o a Yuuri quien no tenía nada que ver en todo eso. Aún le quedaba la duda ¿Por qué estaba donde el japonés si ya tenía a su hija?
—No le hagas nada —le pidió al instante y el otro rio.
—Entonces harás lo que te diga —respondió Georgi. Había pensado en dejar de lado a Víctor, pero este se estaba presentando por sí solo, debía ser cosa del destino ya que era el amor de su vida. Si podía tenerlo de vuelta ¿Por qué no hacerlo?
Víctor accedió, recibiendo de inmediato la dirección de la casa de Yuuri, jamás había ido a aquel lugar y ahora lo haría abajo amenazas.
Víctor llegó al lugar y escuchó un niño llorar, observó dentro del vehículo que estaba junto a la casa y pudo ver a Yuki intentando salirse de su sillita. No quería dejarlo ahí llorando, pero meterlo a la casa tal vez sería peor, aunque los vecinos comenzaban a asomarse al escuchar el llanto. Decidió ignorarlo por su bien y seguir con su camino.
Golpeó la puerta y quien le abrió fue Mila, quien se lanzó a sus brazos, pero fue separada al instante por Georgi— hey, hey… él es mío —le dijo a la chica para luego tomar al platinado por la cintura, deleitándose con su expresión asqueada. Eso era lo que más le gustaba de Víctor, que no ocultara sus emociones a pesar de estar en esa situación— amo tu cara de odio, cariño —le dijo al oído y dejó que entrara.
Víctor pudo ver como el rubio lo miraba de manera dura y lo entendía, estaban amenazando a su familia y todo era su culpa. Debía haber cargado con todo solo siempre, pero era humano y cometía errores, ahora solo le quedaba remediar aquello de alguna manera. Debía hallar una manera.
— ¡Papi! —gritó la menor y corrió a abrazar a su padre a quien se le encogía el corazón, no quería hacerla pasar por esto, pero tampoco podía seguir exponiendo a aquella familia. Tendrían que irse con Georgi.
Continuará…
