Capítulo 6: Verdad al desnudo... de la cintura para abajo
Cuando pensó que no podía tener un sueño más raro que el de ser un samurai y conocer a una versión ninja y bien dotada de Judy, Nick estaba experimentando una sensación muy real de estarse ahogando, con su cuerpo lleno de heridas mortales y de sus pulmones llenándose cada vez más y más de agua. Pero de pronto, dejo de sentir dolor, y lo único que su mente podía procesar era el resplandor de una blanca luz enfrente de él. ¿En verdad había sido un sueño bastante realista o era acaso que su momento había llegado? Todo era muy confuso para el vulpino, quién no tenía más que esperar a que recuperara la cordura, si no era que ya la había perdido.
No tardó mucho a que la luz cegadora menguara y apareciera ante sus ojos un paisaje desconocido, pero a la vez, bastante familiar. En una extraña tonalidad de blanco y negro, Nick vislumbró delante de lo que parecía ser un campo de batalla, uno de una época a la que claramente no pertenecía, y aún así, no dejaba de sentir que ese era su hogar, un antiguo hogar. Cuando se dio cuenta que podía moverse, se percató de que sus patas no eran más las de un zorro adulto.
—«Fantástico, otro maravilloso sueño.» —pensó Nick con ironía—. «Sólo que a este le falta algo de color. ¿Y por qué soy un cachorro de nuevo? ¿Y por que no puedo hablar o mover…? ¡Hey!».
Sin embargo, no tenía libertad del todo. El pequeño cuerpo vulpino caminó por su cuenta y Nick no podía hacer nada más que ser un espectador silencioso de aquel curioso sueño.
En ese paisaje desolador donde se encontraba, Nick se dio cuenta que de que el lugar estaba lleno de cadáveres de animales, armaduras y armas esparcidas por todas partes; era evidente que una enorme confrontación entre mamíferos de distintas especias había acontecido ahí. Su sentido del olfato parecía no responder, pero la presencia de insectos y aves de rapiña en los alrededores le decía que seguramente el lugar apestaba a sangre y muerte.
—«Vaya sitio para un pequeño como yo.» —se decía así mismo el vulpino, que por alguna razón tenía una sensación de nostalgia por ese podrido lugar. En eso, una idea pasó por su mente—. «Un momento. Estas ropas, esas armas anticuadas, esa música deprimente y ese estúpido filtro de blanco y negro, ¿acaso estoy teniendo un flashback? Y ya que mi infancia era más colorida y menos caótica, imagino que debe ser un recuerdo de ese tal Gintoki. ¡Por un demonio, lo que faltaba!»
El cuerpo del cachorro de zorro escarbaba entre la carroña buscando algo de comer, hasta que, así como así, una pata comenzó a acariciar su cabeza.
—Vine aquí luego de escuchar rumores de un pequeño demonio devora cadáveres… pero en su lugar encontré… a un lindo zorrito.
Nick y su versión infantil se sobresaltaron enseguida, este último retrocedió asustado y desenfundó una vieja espada oxidada y manchada con sangre seca que apenas podía sostener con sus dos patitas. Se colocó en lo que parecía ser una posición defensiva y estaba listo para pelear con el animal que había osado tocarlo.
Sin embargo, tanto el zorrito como Nick se sorprendieron al ver al mamífero frente a ellos.
—«¡¿Finnick?!» —dijo mentalmente desconcertado.
Su contraparte infantil se extrañó que un zorro del desierto más pequeño que él tuviera una voz tan grave. Aunque no lo parecía, era un mamífero adulto, uno con ropas japonesas más limpias y arregladas que las suyas, mostrando una cálida sonrisa que le daba más miedo que confianza al verdadero Nick, quién no había visto a su viejo exsocio de tretas tan feliz.
Al menos, ya no recordaba verlo así.
El mundo de Nick se volvió colorido en un instante, y ya no estaba más en una escena bélica; esta vez estaba en la dolorosamente y a la vez familiar guarida de los Juniors Exploradores. En el suelo, había un pequeño bozal, y de inmediato, un horrible sentimiento de traición se formó en su corazón hasta que, luego de secarse los ojos de lágrimas ante un incómodo Déjà vu, volvió a ver a cierto vulpino orejón, sólo que un par de años más joven.
—¡Deja de llorar como una zorrita y escúchame, sabandija! —La gruesa y nada amable voz de Finnick le demandó enseguida—. Recuerda muy bien este momento, hijo. Pero sobre todo, debes aprender la regla dorada de un zorro —mencionó el fenec con un tono menos severo—. Nunca, jamás de los jamases, dejes ver a esos hijos de perra que te hirieron.
El malhumorado zorro enano le extendió un pañuelo rojo, mientras él mismo volteaba su cabeza para otro lado, con intención de que el pequeño Nick no viera un brillo salino asomarse por uno de sus ojos.
—Límpiate los mocos y ven conmigo. Déjame enseñarte un par de cosas de zorros para que algo así no vuelva a pasarte otra vez.
Y tan rápido como vino ese verdadero recuerdo de Nick se fue, y regresó a la escena previa, en blanco y negro. Un pobre cachorro desnutrido sosteniendo a duras penas la espada que le robó a un muerto contra un pequeño fénec que había posado una pata sobre su cintura, donde podía verse la empuñadura de su propio sable.
—Una espada que solo se blande en defensa propia , cuando le temes a los demás, —dijo el Finnick de ese recuerdo, con un tono más suave y calmado—, debería ser tirada.
El pequeño Nick se disponía a atacarlo hasta que el fénec hizo algo bastante extraño: Le arrojó su propia espada con todo y su funda. El cachorro de zorro no tuvo más opción que soltar su arma para lograr atrapar la fina y reluciente arma del samurái.
El supuesto Finnick le dio la espalda y se alejó con lentitud.
—Esa espada será más cómoda para un enano como tú… pero si quieres aprender a usarla, ven conmigo. Pequeña sabandija, ja, ja.
El fénec volteó a verlo con una amplia sonrisa.
Nick, el verdadero Nick, sintió lo mismo de ese otro Finnick respecto al de su mundo. Era más que un amigo, era más que la figura paterna que nunca tuvo, era más que el socio de negocios que lo enseñó a ser el zorro que era. Era simplemente… un maestro. Su maestro.
Luego de tener un largo sueño donde ninguno de sus cinco sentidos funcionaban bien, Nick finalmente pudo percibir algo… un horrendo malestar en todo su hermoso cuerpo.
—No lo vuelvo a hacer… —El vulpino comentó al sentir nuevamente la jaqueca típica que da luego de una resaca—… Jamás tomaré una sola gota de alcohol en mi vi… ¿Señora Hopps?
—¡Gintoki, por fin despertaste!
Nick observó confundido que no estaba en la cama de su departamento, o en la van de Finnick o en el callejón del último bar donde bebió. Él estaba en lo que parecía ser la cama de un motel, pero que por los acabados de madera, supuso que pertenecían a esa época antigua de sus sueños. Y al ver a la madre de Judy usando un kimono rojo floreado y con un extravagante peinado, supo enseguida que no había despertado de aquel sueño, después de todo.
—Un momento, si aún sigo aquí, quiere decir que no morí y este mundo es muy real y… ¡Judy!
Nick se alarmó y se levantó de la cama apresurado hasta que las patas de una coneja mayor lo contuvieron. Al sentir un dolor punzante, el zorro se dio cuenta que tenía varios vendajes y banditas por todo su cuerpo, pequeños recuerdos de que la encarnizada batalla en la que participó la otra noche fue bastante real.
—Cariño, tranquilízate o te abrirás las heridas. Todo está bien, sólo relájate, ¿sí?
—Señora H., ¿sabe dónde está Judy?
—¿Señora H.? —Arqueó la ceja la hembra—. ¿Judy? ¿De quién hablas, Gintoki?
—Me refiero a Zanahorias… a Ju… esto, ¿cómo es que se llamaba en este mundo? ¡Tsukuyo! ¿¡Sabe dónde está!?
—Oh, hablas de ella. Lo lamento Gintoki, pero Zenzou sólo pudo encontrarte a ti. Lamentablemente, no hay noticias de Tsukuyo desde hace tres días —respondió taciturna.
—¡Feh! ¡Maldi…! Un momento, ¿¡dijo tres días!? ¿Estuve dormido tanto tiempo? ¡No puede ser!
—Cariño, por favor, tranquilízate. La conoces muy bien, ella es una hembra muy fuerte. También estoy angustiada, pero tengo plena confianza de que dónde sea que esté, ella estará bien.
—Yo igual conozco a Zanahorias, pero ella no es quién me preocupa, ¡sino ese imbécil de Jack Savage!
—¿Jack qué?
—Argh, es una larga historia, suegra… errr… que diga, señora H. —Apretó los dientes nervioso.
—Veo que te golpeaste muy fuerte la cabeza, cariño, aunque no lo suficiente para olvidarte de mi Tsukuyo. —Rió levemente—. Soy Hinowa, y por cierto, puedes hablarme de tú y sin tanta formalidad.
—Bueno suegri… ejem, Hinowa, no tengo más tiempo que perder, ¡necesito encontrar a Zanahorias pronto! Si tan sólo conociera este condenado mundo… No creo que sirva de mucho pero, ¿en dónde estoy exactamente?
—Estámos en Yoshiwara, cariño.
—¿Yoshiwara? La famosa ciudad de la que Zanahorias me habló antes de que se la llevaran, ella me dijo que viniera aquí por ayuda, pero, ¿a quién podría pedirle…?
—¿Por qué no empiezas por preguntarle a Zenzou?
Nick arqueó la ceja, confundido.
—¿Quién?
—Zenzou, es un ninja independiente que trabaja para mí. Él fue el que te salvó y trajo hasta aquí.
Ese mamífero parecía ser la única pista que Nick podría tener para encontrar a Judy y no estaba dispuesto a perder más tiempo.
—¿Dónde puedo encontrarlo?
En un cabaret de muy mala reputación, se encontraba un alegre yak, un animal bovino de abundante pelaje café, bebiendo muy a gusto en el dichoso establecimiento, rodeado de dos feas hembras con f de foca. Las mamíferas, que en realidad eran leonas marinas, estaban vestidas de unas elegantes anfitrionas de aquel mundo, además de ser las acompañantes más feas que el establecimiento podía ofrecerle a su cliente preferido: Zenzou, un melenudo mamífero que en el mundo de Nick era conocido como Yax, el dueño del club nudista de Zootopia.
—Ay señor, ¿cómo es posible que venga a este bar de mala muerte todo los días? —le preguntó entre risas una de las horripilantes leonas marinas.
—Bueno, tengo muchos cupones que la señora Hinowa me ha dado por prestarle mis servicios —comentó como todo un Playboy a la altura de Tony Stark el yak conocido como Zenzou—, además de eso, soy rico. Mi familia era algo así como un prestigioso grupo de ninjas al servicio del Shogun, aunque actualmente estamos retirados y yo trabajo por mi cuenta, vaya que nos pagaba muy bien.
—Ay señor, ¡qué gracioso y bromista es! —La otra leona le dio una fuerte palmada en la espalda que casi le hace escupir la bebida al seductor de Zenzou—. Si eso fuera cierto, ¿por qué se empeñaría a venir a este club de quinta con un montón de feas como nosotras? Jo, jo, jo...
Aunque todo el cabello de su zarrapastrosa melena impedía ver sus ojos, Zenzou le dedicó una fogosa mirada de todo un tigre seductor a la preguntona hembra, luego, la tomó de su mentón suavemente y la hizo verlo fijamente.
—Encuentro más belleza en los edificios derrumbados y en una caverna hedionda que en un rascacielos deslumbrante —susurró Yax de una forma muy seductora—, eres una verdadera ruina, una especie muy extraña, una caverna sucia, grotesca y repugnante que me encantaría explorar alguna vez…
El yak acercó su hocico cada vez más a los labios de la leona marina que estaba ya bastante ruborizada.
—¡Señor…! Yo no… tengo permitido… con los clientes…
—Además, ¡es él único lugar donde me dejan estar en pelotas! —comentó alegremente Yax/Zenzou, quien estaba completamente desnudo de la cintura para abajo.
De pronto, de una fuerte patada en la cara, Gintonick sacó volando al pervertido ninja, quién terminó estrellándose contra la pared del particular establecimiento.
—Oh, con que ahí estabas. Mi futura sue… la señora H. tenía razón en que aquí estarías, y serías fácil de identificar, infeliz.
—¡¿Qué te pasa, maldito imbécil?! —le gritó el yak furioso con las pezuñas en su cara—. ¿Acaso eso es forma de agradecer al que te salvó el trasero?! ¿Sabes lo difícil que fue pescarte y sacarte del agua?
Nick tomó al melenudo bovino de la camisa y sacó los colmillos de forma amenazante y malhumorada.
—Oh, cierto, Yax, muchas gracias por eso, ¡y gracias también por quedarte a ver como nos daban una paliza a Zanahorias y a mí!
—Feh, estaré aparentado con los burros, pero no soy imbécil; no iba a meter mis pezuñas al fuego por ustedes. Además, fue muy entretenido ver como trapeaban el piso con ustedes, je, je… ¡urg!
El zorro azotó contra la pared al semidesnudo ninja con una brutalidad atípica de alguien tan sereno como él, pero con la vida de Judy en juego no podía permitirse tomarse las cosas con calma.
—Imbécil, ¿te crees muy gracioso? —gruñó con rudeza—. ¿Y por qué no la salvaste a ella en vez de a mí, infeliz?
—Oye... ¡tranquilo, viejo! Como puedes darte cuenta, yo no estoy interesado en las chicas bonitas como ella, a mí me gustan las feas. Y era evidente que ella era la presa de esa liebre, en general, hacen una mejor pareja juntos, ¿no es así? Je, je, je… ¡WAAAH!
De un sorpresivo zarpazo que casi le arranca una oreja a Yax, Nick enterró sus garras a la pared de madera con furia. Pese a lo precaria de la situación y seguir, bueno, casi desnudo, el yak no parecía intimidado por el mal humor del zorro, al contrario, se liberó del agarre de este y le habló con una sonrisa irritante.
—¿Sabes, Gintoki? Esa pérdida de temperamento fue precisamente la causa de que Jiraia te hiciera su perra hace tres días. Te conozco bien y sé que tu fuerte no es dar golpes a lo estúpido como Gokú o Broly, tú eres más como Vegeta.
—¿Feh? ¿Un segundón?
—No, un estratega. Y también tienes, su misma voz. —Acarició su mentón—. Pero esa es otra historia. A lo que voy es que, si esa humillante derrota no te dijo nada, es que Jiraia no te ganó por ser más fuerte, si no por ser más listo que tú.
—Mira, copia barata de Kakashi…
—Soy más como Jiraiya, pero prosigue.
—… Lo que sea… ¡no tengo tiempo para tus consejos bobos! Debo encontrar a Zanahorias lo antes posible, y lo menos que puedes hacer ahora por no haber tenido los… pantalones para salvarla antes, es decirme dónde podría estar. Pero si no sabes ni eso, al menos ten la decencia de no quitarme más el tiempo.
Gintonick le dio la espalda y estaba dispuesto a irse del bar, hasta que la voz por primera vez seria del yak, lo detuvo.
—Deberías olvidarte ya de esa coneja bonita y buscarte otra. No tienes idea de lo que es capaz de hacer ese loco.
Gintonick se detuvo y volteó a verlo con desagrado.
—¿Y tú sí?
—¡Pero por supuesto que lo sé! Es por eso que no lo enfrenté. Y si supieras lo que yo sé, entenderías porque no es bueno meterse con esa araña ponzoñosa. Aunque no tuvieras esas heridas en tu cuerpo o estuvieras en tu mejor momento, ni tú serías capaz de vencerlo. Anda, pregúntame porque.
El zorro se cruzó de brazos y bufó malhumorado.
—Déjame adivinar, ¿vas a contarme una aburrida pero obligatoria historia del origen de ese imbécil rayado, cierto?
Zenzou/Yax volvió a sonreír al mismo tiempo que chasqueaba sus pezuñas.
—Toma asiento y pide algo, de preferencia algo fuertecito. Es una historia algo larga pero intentaré ser lo más breve posible.
Nick rodó los ojos con pesar; al parecer debía seguirle el juego a ese lunático en pelotas si quería saber más de Judy y como lidiar con aquel bastardo que la secuestró.
—¿Al menos podrías ponerte los pantalones?
El Yax de ese mundo se carcajeó divertido por unos segundos.
—Ja, ja, ja… no.
En alguna bodega abandonada y casi en completa oscuridad, el cuerpo de una inconsciente coneja se encontraba colgando de manera vertical en lo que parecía, una enorme telaraña.
Las cortadas y arañazos que recibió tres noches atrás habían sido atendidos, algunas gasas cubrían lesiones que hubieran matado a la hembra hasta desangrarse si no hubieran sido colocadas a tiempo, y, el particular olor de un bálsamo usado por cierto ninja estaba untado en sus heridas más importantes para hacerla sanar más rápido.
Los pocos rayos de luna que lograron entrar a través de un viejo lucernario era lo único que alumbraba la sombría habitación, en donde la coneja conocida en este mundo como Tsukuyo poco a poco recuperaba fuerzas y el conocimiento.
Ella abrió los ojos con pesadez, bastante confundida de hecho, pero no fue hasta que su naricilla se estremeció e identificó el familiar aroma de cierto ungüento que alguien solía aplicarle años atrás cuando se lastimaba. Su maestro.
—¡Jiraia! —La Judy de ese mundo clamó con amargura y exigencia el nombre del infame lagomorfo, mientras intentaba liberarse sin éxito de la extraña telaraña que la mantenía inmovilizada.
No tardó en recibir una respuesta en forma de una nada discreta risa.
—Vaya, hasta que por fin despertaste, es evidente que te ablandaste demasiado y te hiciste menos resistente los años que no estuve contigo —dijo la liebre aún desde las sombras.
—¡Cierra el hocico, Jiraia! ¿Qué quieres de mí? ¡Da la cara, cobarde!
—Oh, me doy cuenta que ya no te refieres a mí como tu maestro. —La voz del Jack Savage de ese mundo siguió hablando, escuchándose cada vez más cerca de ella—. ¿Tanto odio te provoco? ¿Acaso fue porque asesine a ese débil zorro?
Ante ella apareció la tétrica imagen de Jiraia, quién la mitad de su cara y su cuerpo seguía siendo la de un vulpino y la otra mitad de su rostro era la de una liebre con sus espantosas cicatrices en forma de rayas.
Sin embargo, lo que asustó a la Judy de ese mundo no era su repulsivo aspecto, sino el recordatorio de que su imprudencia y orgullo le habían costado la vida de alguien tan querido para ella. Pero no le daría esa satisfacción al maldito que una vez se hizo llamar su maestro.
—¡Él era mucho más fuerte que tú y mucho más honorable de lo que tu podrías ser!
—Sí, y ahora él junto a su honorabilidad es alimento de los peces. Vaya samurái del que te enamoraste.
—¡Ni siquiera estaba enamorada de él, maldito imbécil! —Tsukuyo ahogó un grito que no podía esconder dolor ni arrepentimiento. —Él… él era sólo un amigo, ¡y no tenía nada que ver entre tú y yo —le grito iracunda.
—Di lo que quieras. Aunque lo cierto es que con la muerte de ese idiota, veo que comienzas a parecerte más a la luna perfecta en la que pensé en convertirte...
—¡Desgraciado!
—No obstante, privarte de uno de los lazos que te había recordado tu feminidad no bastará para hacerte en esa hermosa luna con la que siempre soñe. Debes perder más que un estúpido macho de tu corazón para alcanzar la perfección. Debes perder todo lo que amas y así, al igual que yo, alcanzar una perfecta devoción a tus causas.
Las palabras afiladas de su exmaestro lograron hacer eco en las orejas de la coneja y provocarle escalofríos. ¿Ese tipo no podía hablar en serio, verdad?
—¿D-de qué demonios estás hablando, Jiraia?
—¿Acaso no reconoces este lugar? ¿Ya olvidaste el lugar donde te entrené? ¿El sitio donde te hiciste esas cicatrices y juraste volverte mi alumna?
—No… no es posible, ¡no es cierto! —bramó fuera de sí.
—Así es, Tsukuyo, estamos en Yoshiwara. El mismo lugar donde naciste, dónde creciste, dónde te convertiste en mi discípula, el mismo lugar que amas con todas tus fuerzas, el que juraste proteger con tu vida, el mismo dónde viven esos mamíferos que tanto amas.
La liebre con media cara de zorro le dio la espalda y, de la palma de su pata, hizo aparecer una pequeña bola de fuego que iluminó la habitación con un brillo anaranjado y amarillento, trayendo a la memoria de la coneja recuerdos traumantes que la habían marcado por completo.
—Hace años perdiste en esta misma ciudad a tu querido maestro, en un incendio, uno pequeño que yo mismo provoqué con la esperanza de que esa pérdida fuera suficiente para desprenderte de mí, para finalmente crecer y convertirte en esa hermosa luna que siempre soñé, pero veo que no fue suficiente.
El Jack Savage de ese mundo se alejó de su alumna con lentitud mientras se acercaba a un balcón que daba a una asombrosa vista de la ciudad.
—Así que, esta vez he planeado hacer un incendio mucho más grande y real que arrase con Yoshiwara de una vez, mientras tú sólo te quedarás ahí, viendo como yo, el gran Jiraia, destruye todo y cada una de las cosas que alguna vez amaste.
—¡Basta, por favor, detente, no hagas una locura! ¡Detente, por favor! ¡DETENTE!
Tsukuyo gritó a todo pulmón a su antiguo maestro que detuviera esa retorcida locura suya, pero la criatura mitad zorro, mitad liebre, sólo rió maniáticamente sin importarles las súplicas de su antigua alumna.
Notas de…
Como es de costumbre, el letrero roto de siempre estaba en el suelo junto a otros carteles regados, en su lugar, estaba otro colocado con la leyenda:
Preguntas y respuestas 5in control
—¡Uff, esa estuvo cerca! —exclamó Gintoki, el zorro—. Por poco nos atrapa el Furronator. Suerte que correr y huir de los problemas es lo mío. —Sonrió campante el pícaro samurái.
—¡Les dije en el capítulo anterior que no estuvieran diciendo tantas groserías! —Lo reprendió un pequeño carnero de lentes, Shinpachi—. ¡Esta vez por poco nos come vivos y…! ¡Auch!
Una zorra voladora, la especie de murciélago más grande conocida, le dió un mordisco a su compañero quejoso.
—¡No seas marica-aru! —Kagura afirmó— Y nos hubiéramos zafado antes de él si tú no nos hubieras atrasado-aru. Corres como abuelita-aru.
—¡Para ti es fácil decirlo, Kagura! ¡Tú tienes alas y puedes volar! Yo tengo unos kilos extras con tanta lana y aún no se como esquilarme a mi mismo.
—¡Guácala-aru! Maldito otaku asqueroso-aru. ¡Ve ha hablar de esquilación y vete a hacer el autodelicioso con tus waifus a otro lado, marrano-aru!
—¡Esquilar significa cortar lana, tarada!
—¿Ya viste quién es el que dice groserías-aru?
—¡Eres una…!
—Niños, niños, ya calma. A nadie le importa los actos sucios y cochinos que hace Shinpachi. —Intervino Gintoki para separarlos.
—¡Pero Gin! ¡Eso no…! —El carnero de lentes bufó hartado—. ¡Bah! ¡Ya olvídenlo!
—Bueno, si ya dejaron de portarse como unos bebés, terminemos lo antes posible con la sección de preguntas y respuestas.
—¿Y esta vez sí mandaron preguntas-aru, el autor dejó preguntas que responder-aru, o vamos a tener que hacerla de tontos otra vez-aru?
—No, no, y no, Kagura. Aunque nuevamente terminamos más ignorados que al autor cuando lo deja su crush en visto…
—F-aru…
—Esta vez vamos a responder un par de preguntas… sobre otros fics del autor.
—¿Qué(-aru)? —gritaron Shinpachi y Kagura casi al unísono.
—Pero Gin, la sección era para responder dudas sólo de este fic en lugar del autor y aunque nos hemos desviado un poco, ¡esto ya es demasiado!
—El Gafotas tiene razón, Gin-aru. Una cosa es hacer desmanes en este fic-aru, pero en otros-aru...
—Tranquilos, Patsuan y Kagura. Debido a que en esta ocasión el perezoso del autor a duras penas pudo lograr subir un capítulo de este fic, los seguidores de su otra historia "Quiero intentar todo (Contigo)" que generalmente salía al mismo tiempo que esta, han de estarse preguntando a qué hora sale el capítulo nuevo. Y ya que eso no será hoy y quizás nunca, usaremos esta sección para responder posibles preguntas y dudas de ese fic. Así que, aquí tienen mocosos, lean estas tarjetas.
Gintoki les entregó a Shinpachi y Kagura dos pequeñas hojas blancas.
—Bueno, yo empiezo —comentó el carnero acomodándose sus lentes antes de comenzar—. Primera pregunta, ¿Cuándo vas a actualizar tu historia "Quiero intentar todo (Contigo)"?.
—Yo respondo a eso, Patsuan. Bueno, según lo que nos comenta el flojonazo del autor, actualizará "cuando se le dé la regalada gana" —declaró Gintoki despreocupadamente.
—¡Gin! Si bien es cierto que el autor no tiene una fecha estimada…
—Además de que ya habías usado ese chiste-aru.
—¡Kagura! —Ajustó sus lentes—. Sí, bueno, pero en el caso particular de la historia de Finnick y Gazelle, el autor comentó en las notas pasadas que ese fanfic está en progreso y no podrá actualizar con la misma regularidad que antes, pues al ser una historia más larga le tomará más tiempo publicar un nuevo capítulo, así que les pide a sus lectores que le tengan paciencia, podría tomarle un par de meses más subir una nueva parte de esa historia.
—Buuuu, bueno ahí está la respuesta larga y aburrida por si alguien estaba con el pendiente. Ahora es tu turno, mocosa.
—No soy mocosa-aru. No me he sacado los mocos hoy, Gin-aru.
—Ugh, no tenía que saber eso, sólo responde la maldita pregunta y ya, chiquilla molesta.
—¡Lo haré-aru! Pero no porque me lo ordenas, ¡sino porque yo lo quiero-aru! —La chica murciélago leyó el contenido de la tarjeta y luego habló—. Haber, haber, esta es buena-aru. Segunda pregunta-aru. ¿Cuando vas a subir el fic de Torpe Zorro 2, escoria humana?
—¡Kagura!
—¿Qué? ¡Eso dice!
—¿Sí? ¡Cómo no!
—Sí, sí, como sea. —Los cortó Gintoki—. Respondiendo a eso, el autor piensa que publicará la segunda parte de su Magnum opus o su obra maestra será: "Cuando se le dé la regalada gana" —mencionó en un tono monótono.
—¡Gin! ¡Qué no digas eso o harás enojar al autor!
—¡Yo, yo, yo-aru! —Kagura alzó su ala de murciélaga frenéticamente—. ¡Yo me sé esa respuesta larga y aburrida-aru!
—A ver, mocosa. Suelta la sopa porque ni yo me la sé —comentó el zorro interesado.
—Bueno-aru… no me crean mucho-aru. Esto es más como un rumor que escuché por ahí-aru, pero tenía entendido que el autor planeaba publicar dos historias al mismo tiempo-aru: Esta y la de Finnzelle, estimando que la nuestra, la de Zootama-aru, al ser una adaptación y prácticamente más corta-aru, iba a terminar antes-aru, y una vez concluída-aru se iba dedicar a escribir y publicar la de Torpe zorro 2-aru.
—Yo escuché algo parecido, Gin, pero que procurará publicar esa historia antes de que acabara el año.
—Bueno, eso es más un chisme de barrio que una respuesta, pero seguro es algo más alentador para esos fans que llevan años esperando la preciada secuela de Torpe zorro. En fin, ya antes de irnos, yo, el personaje más perrón de aquí hará y responderá la tercera y última pregunta del día: ¿Cuánto tardas en escribir un capítulo nuevo de Zootama, o sea, este fanfic? Y la respuesta es…
—Déjame adivinar —interrumpió Shinpachi con desgano— ¿"Cuando se le dé la regalada gana al autor"?
—¡ERROR!
Gintoki le soltó tremendo cachetadón a Shinpachi que le sacó los lentes y lo sacó volando un par de centímetros.
—¡Si no vas a tomarte esto en serio, mejor vete de aquí, cuatro ojos! —El zorro recobró la compostura y prosiguió—. En fin, respondiendo a la duda, si bien es cierto que el flojazo del autor es un… bueno, flojazo y escribe lento como abuelita, lo cierto es que para escribir un capítulo de esta historia, le toma alrededor de una semana.
—Oye Gin-aru. Si al pelmazo del autor le toma tan poco tiempo redactar un capítulo de Zootama, ¿por qué tarda tanto en publicarlo?
—¡Buena pregunta, Dorothy!
—¡Soy Kagura, imbécil-aru!
—¡Ya lo sé, mensa, estoy jugando! Ejem. Bueno, si bien escribir una adaptación con nosotros le toma menos tiempo al ya conocer más o menos como va la historia, lo cierto es que el trabajo de adaptación, edición y corrección de errores toma bastante tiempo extra, además de que, originalmente el autor quería publicar dos historias a la vez, y ya que la de "Quiero intentar todo contigo" ya tenía algunos capítulos escritos pero sin publicar, se le hizo fácil hacer ambos en paralelo, por desgracia, ahora que ya no tiene más capítulos terminados, tarda más escribiendo un capítulo de Finnzelle que de Zootama, y quizás ahora veamos actualizaciones de este fic más continuas que del otro.
—Aún así Gin-aru, igual tardo casi dos meses en subir nuevo capítulo-aru, ¿qué lo detuvo-aru?
—Flojera Kagura, eso fue. Apenas terminó esta parte hace unos días. Que desobligado, en serio.
—¡Gin! —exclamó Shinpachi molesto aún palpando su mejilla abofeteada—. Tú y los otros lectores deben entender que el autor, como cualquier otro ficker, tiene una vida aparte de escribir fanfics y no puede estar en esto al 100%, hay veces que por mucho que quiera escribir no puede, así que si bien es cierto que a veces la pereza le gana, sepan que como cualquier persona, se cansa y prefiere ocupar sus ratos libres en otras cosas.
—Bueno, Shinpachi, eso tiene sentido, sigo creyendo que el autor es un flojonazo como nosotros, pero cuando se concentra y supera procrastinación, se nota que le echa muchas ganas.
—No sólo él-aru. Si no otros fickers-aru. Así que-aru, si bien es bueno comentar y apurar a esos flojos escritores-aru, hay que saber entender que cada uno tiene su vida y forma distintas de subir historias-aru.
—Bien dicho, Kagura. Bueno, pues así acabamos esta tanda de preguntas esta semana, afortunadamente, sin ningún accidente verde apaleafurros. Nos vemos la siguiente semana, que diga, ¡hasta la próxima! Los dejamos con este vídeo del padre de todos nosotros… ¡Zeus!
(Como el maravilloso Fanfiction net no permite enlaces y menos vídeos, imaginen que aquí pegamos el enlace a Youtube del vídeo de Zeus de los chicos de "Destripando la historia")
—Gin… —lo cuestionó con timidez Shinpachi—. ¿no crees que ese chiste ya está pasando de moda?
Gintoki y Kagura vieron con una cara de intriga al carnero de lentes, se miraron entre sí y luego volvieron a verlo.
—Eso es algo que sólo diría Zeus-aru… ¡A él-aru!
—¡No, esperen, no…! ¡AAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Y así, el zorro y la chica murciélago se arrojaron contra el aparente hijo de Cronos.
