Georgi ¿Podemos hablar? —preguntó Víctor intentando que su voz no temblara al hablar. Esconderse había sido mucho más fácil, el confrontarlo siempre le había sido una tortura ya que jamás sabía con que saldría y estando frente a frente, le era difícil saber cómo actuar.

Ahora quieres hablar —le habló ironizando sus palabras, era demasiado gracioso que hubiesen tenido que llegar a aquellas instancias para poder conversar como gente civilizada y que Víctor entendiera que debía volver con él para así poder criar a la hija de ambos como debían. Juntos— ¡Claro que podemos! —exclamó acercándose más al platinado y tomando el rostro de este con una de sus manos—Tenemos todo el tiempo del mundo, después de todo el destino de ellos no cambiara, mi querido Vitya… saben demasiado —lo último se lo susurró muy cerca del oído, logrando que el miedo de aquel hombre que lo había abandonado se acrecentara.

Mila había vuelto al sofá, no sabía que más podría hacer, estaba aterrada ya que nunca había tenido que vivir aquella situación. Los Yuris estaban nerviosos pensando en que Yuki estaba solo en el auto, aunque una parte de ellos se sentía aliviada de que no tuviera que presenciar aquello. Era mejor así.

Víctor y Georgi se apartaron un poco del grupo, aunque el de cabello negro siempre tenía el arma lista en su mano, como avisando de que si había algún movimiento que no le agradara, dispararía de inmediato. El platinado estaba nervioso, quería proponerle a aquel hombre que dejara en paz a todos y a cambio se iría con él, no sabía cómo reaccionaría ese loco obsesivo, pero había que intentarlo. El rostro preocupado de Yuuri le dolía demasiado, no tenía por qué estar metido en esto, pero también entendía que para Mila este había sido su mejor refugio y le agradecía que Lena estuviese con ella aunque al parecer el destino final sería el mismo que había estado intentando evitar. Si hubiese sabido desde un principio que terminarían de esta manera, jamás se hubiera escondido o puesto en riesgo la vida de más personas, al contrario, se habría quedado con Georgi a pesar de todo, al fin y al cabo terminarían de la misma manera. Las ganas de retroceder el tiempo eran grandes.

Georgi, me iré contigo —le dijo con todo el valor que podía fingir en ese momento, en aquella situación— haré todo lo que me pidas, pero por favor, a ellos no les hagas nada —le pidió aunque sin dejar que su voz sonara suplicante, tampoco podía dejarse ver débil ante él o este haría lo que quisiera al saberlo sumiso ante sus órdenes.

Georgi pareció pensarlo, paseó su mirada por todos los presentes, centrándose en el rostro de cada uno y notando con gusto el miedo que todos tenían. En ese tipo de situaciones el tenía el control de todo y eso le encantaba, el único que le molestaba era aquel rubio que parecía no afectarle el temor, sino que más bien la situación parecía enfurecerlo. Le molestó encontrar en él, un ceño fruncido y en los ojos verdes, una actitud desafiante cuando ellos estaban en desventaja.

¿Todo lo que pida? —Repitió las palabras de Víctor y este asintió al instante— ¿Estas seguro de lo que me estas ofreciendo? —le preguntó con una sonrisa malévola en los labios, una que el platinado sabía identificar, donde podía notar que nada bueno podía venir de todo esto.

Si, pero…

¿Pero? ¿Tienes alguna condición más? —preguntó mirando a los ojos azules de aquel hombre que le quitaba el sueño.

Pero Lena debe quedarse con Mila —habló envalentonado, tentando a su suerte. No sabía porque, pero si Georgi le iba a pedir cosas desagradables, entonces pediría todo lo que se le ocurriera, aunque pareciera imposible que la respuesta fuera afirmativa.

No —respondió con firmeza mientras borraba la sonrisa de su rostro— ni hablar.

Pero podemos… podemos intentar tener otro… un varón —le ofreció el platinado evidenciando en su voz la desesperación que comenzó a sobrecogerlo al no saber cómo podría proteger a Lena de esta situación, como hacer que su pequeña tuviese una vida normal lejos de todo lo malo. Sin pensarlo se atrevió a pasar sus brazos por alrededor del cuello del pelinegro, acercándose un poco a su rostro— podemos tener más hijos, solo deja que Lena viva con Mila. Ella la necesita —intentó convencerlo, puesto que sabía el interés que Georgi tenía por él. No, interés no era la palabra; obsesión, eso es lo que era.

Georgi sonrió de lado al sentir aquella cercanía que necesitaba hace tanto tiempo, Víctor era todo lo que necesitaba en su vida desde que lo conoció. Su insana obsesión que él reconocía que tenía, lo llevaba a hacer cosas que a veces le resultaban riesgosas, exponiéndose más de lo debido ante la justicia, pero no le importaba porque aquel platinado le había robado el corazón, la cabeza, todo. Lo quería solo para él, junto a él y estaba dispuesto a dejar ir a Lena con tal de que este se mantuviera a su lado. Después de todo Víctor tenía razón, podían hacer más bebés, pero nada se entregaba tan fácilmente y el platinado tendría que pagar un precio antes de acceder a tal petición. Georgi no podía confiar en él hasta que le diera algo que le indicara que era de confianza.

¿Todo lo que pida? —volvió a preguntarle, pero esta vez mirándolo fijamente a los azules tan hermosos que poseía el platinado.

Todo —respondió temblando levemente y sosteniéndole la mirada, de alguna manera sentía como si estuviese vendiendo su alma, como si estuviera haciendo un trato con el mismísimo demonio en persona. No le importaba acceder a cualquier cosa, esperaría un tiempo y se suicidaría si era necesario con tal de saber que Mila había huido lejos con su pequeña o buscaría la manera de matar a Georgi desde adentro ¿Por qué no pensó en eso antes? hubiese sido tan fácil seducirlo y matarlo, pero en ese tiempo no se sentía estable y le temía demasiado como para encontrárselo cara a cara, además de querer proteger a Lena de ese tipo de ambiente.

Perfecto —respondió para luego darle un rápido beso en los labios y separarse bruscamente, logrando que el platinado se desestabilizara un poco, pero sin caer.

Georgi se acercó nuevamente a las personas reunidas en la sala, quería que todos escucharan con atención lo que sucedería de ahora en adelante y a quien le debían todo lo que iba a acontecer.

Papi, quiero ir contigo —habló la pequeña estirando sus brazos desde el regazo de Mila, como si supiera que no podía acercarse a no ser que tuviese permiso, porque aquel hombre de cabellos negros era muy intimidante.

Ahora no, amor, quédate con mami —le respondió con una sonrisa que no reflejaba para nada su interior. Era mejor así, sin abrazos, sin despedidas. Se iría con Georgi y terminaría con el horror de una vez por todas, dejaría su pequeña fuera libre y él se las arreglaría para intentar escapar vivo y encontrarlas de nuevo. Por lo menos si no lo lograba, tendría la conciencia tranquila de que su hija estaría bien cuidada.

Los Yuris se sorprendieron de escuchar la palabra "mami" dirigida hacia Mila, sabían que ella quería adoptarla, pero no tenían idea de que ya la llamaba de esa forma. Yuri observó con atención su entorno, intentando buscar alguna posibilidad de lanzarse, pero Georgi parecía estar pendiente de cada movimiento que hacían.

Bien, haremos lo siguiente —habló con tranquilidad a los presentes— Víctor hará lo que yo le pida con tal de que no les haga nada —comentó notando la sorpresa en el rostro de todos— por supuesto que yo accedí, no dejare pasar esta oportunidad. Ahora, Vitya, lo que quiero que hagas, es que con la linda pistola que trajiste para defenderte le dispares a aquel japonés —habló como si comentara algo sobre el clima, como si lo que dijo fuera algo de todos los días.

Víctor abrió sus ojos asombrado al igual que los demás.

Vete a la mierda —dijo el rubio levantándose desafiante de su asiento y poniéndose frente a Yuuri— ¿Crees que dejaré que eso pase sin hacer nada? —lo confrontó con enojo y frustración, si algo le pasaba no le importaba, pero no dejaría que la persona que amaba se viera en peligro por esto.

Georgi, dijiste que… —comenzó a hablar Víctor sin entender.

Dije que yo no les haría nada, pero tú eres otro asunto ¿No? Serás tú quien jale el gatillo —respondió con una sonrisa— si no es al japonés, entonces al rubio. Si no se comportan, les recuerdo que afuera aún hay otra posible victima ¿O creyeron que me había olvidado? —preguntó mirando a los presentes.

Mila solo abrazó a la niña contra su cuerpo, necesitaba mantenerla a salvo e intentar alejar la mente de la pequeña de ese instante, aunque sabía que era imposible. Georgi sacó el arma que llevaba Víctor y la puso en las manos de su dueño— vamos, dijiste que harías lo que te pidiera… pruébalo —susurró en el oído del platinado— solo mata a uno y todos los demás estarán libres, sanos y salvos.

Yo… solo deja que Lena y Mila vayan a otra habitación —le pidió con la voz temblorosa mientras miraba fijamente a los ojos verdes frente a él. No quería hacerlo, pero al parecer no tenía otra alternativa.

Georgi accedió a dejar que Mila se llevara a la niña al piso de arriba, no era necesario crearle traumas innecesarios. Yuuri vio un arma sobre el sofá cuando la chica se fue y la tomó rápidamente. Al estar tras Yuri, no pudieron ver aquello, aunque no sabía de qué le servía si nunca había disparado antes, de seguro tenía mala puntería y todo se iba al carajo por su culpa.

"No es momento de ser inseguro" pensó, la situación era literalmente de vida o muerte y no iba a dejar que a Yuri le sucediera algo por su culpa y mucho menos a su hijo. Tampoco quería herir a Víctor, pero eran pocas sus opciones.

Después de que el tiempo se sentía lento, de un momento a otro todo paso rápidamente. Víctor tomó con fuerza el arma entre sus manos, girándose sobre si para poner el arma contra el cuerpo de Georgi y apretar el gatillo. Todos escucharon el disparo, pero el que cayó no fue el de cabellos negros, sino Víctor. Al parecer el otro había sido más rápido y ahora apuntaba a la cabeza del rubio.

Ahora ¿Quién más quiere hacer un trato? —preguntó molesto ante como se tornaron los acontecimientos. No era su intención hacerle daño al platinado, pero no iba a morir por él, ahora solo le quedaba llevarse con Lena.

Continuará…