Capítulo 7: La única forma de sobrevivir en una telaraña, es comiéndote a la araña


Jiraia, aquella liebre rayada que tú conoces como Jack Savage, era un temible asesino ninja de élite al que se le apodaba como "Jiraia, la araña", si bien la razón de aquel sobrenombre era por sus letales técnicas con hilos que usaban como una tela de araña mortal, lo que realmente asustaba era su retorcida devoción hacía quién servía.

Los ninja, a diferencia de ustedes, los samuráis, no tenemos ni honor ni devoción, usamos nuestras habilidades y se las vendemos al mejor postor, pero Jiraia, era diferente.

—¡Oye, oye! —interrumpió Nick al yak, el cornudo mamífero que estaba tomando su bebida etílica con hielos mientras narraba la historia—. ¿Podrías darte prisa? ¡Tengo que salvar a Zanahorias cuando antes y me aburres!

—Cierra el hocico, —replicó molesto Yax/Zenzou, el ninja semidesnudista que estaba cruzado de piernas y aún sin pantalones—, esto es algo que no se le dice a nadie fuera de Oniwaban, así que ten más respeto.

—¿Onichan o qué? —arqueó la ceja el vulpino, teniendo aún dificultad con los nombres extranjeros.

—Tómate tu jugo de moras y déjame terminar de contar la historia. ¿Quieres?

El zorro rojo dio un sorbo a su bebida libre de embriagantes, mientras esperaba que ese pervertido yak terminara su aburrida historia.

Ejem, como te decía, Gintonick. Jiraia era una liebre fuerte y astuta que tenía una enferma y retorcida devoción a quien le encargaba una misión, se desvivía por ellos al punto de complacer cualquier petición que le pidieran incluso si era la más peligrosa o amoral, se dice incluso que las horribles cicatrices en forma de rayas que tiene en su rostro es porque el mismo se quemó el pelaje de la cara para pasar desapercibido en una misión, así de devoto era con tal de complacer a quién lo había contratado.

Jiraia sirvió por años a nuestro grupo, Oniwaban y trabajó bajo las órdenes directas del antiguo Shogun, quien era un bastardo desalmado. Cuando su gobierno se vio amenazado por la invasión extranjera, él no dudó en venderse con ellos para mantener el poder, esto no terminó por agradar a la misma Oniwaban, haciendo que se dividiera en dos facciones, la primera conformada por ninjas problemáticos que querían revolución y destronar al Shogun; la segunda, ninjas que querían limitarse a seguir órdenes y no involucrarse en la política.

Como te imaginarás, el Shogun quería deshacerse de la facción problemática, ¿pero quién sería capaz de enfrentar a los ninjas más fuertes del país y cumplir la cruel orden del Shogun?

—Oh, déjame adivinar, —contestó Gintonick en medio de un bostezo—. Jack Putas Savage.

Es correcto, sin remordimiento por eliminar a sus antiguos camaradas, Jiraia arrasó con todos sin dejar a ninguno vivo; así, esa liebre loca diezmó a la mitad de los ninjas más peligrosos del país, demostrando su completa devoción hacia el Shogun. Sin embargo, cuando el mandamás del país lo citó junto a sus mamíferos de confianza para saber que lo motivó a asesinar a sus propios colegas, él respondió:

—Mi señor, ellos no eran nada mío, yo no le debo devoción a nadie más que usted, soy sólo una araña que al encontrar una presa, disfruta alimentándose de ella…

—Oh, ya veo, así que ellos no fueron más que comida para tu apetito arácnido y al tener la oportunidad de asesinarlos, te aprovechaste de ellos, ¿no es así?

—No, mi señor, usted no entiende, para mi la presa...

—Oye, oye, oye, cuernitos —Nick—. No me cuentes la historia de tu vida, ¿podrías ir al punto? Sólo dime que hace al rayado ese tan temido.

—Argh, ¡A eso voy!

Bien, larga historia corta: Jiraia le dijo que él se considera una araña que consume a su presa de una forma extraña; en vez de debilitarla y comerla cuando está vulnerable, él la va alimentando, consintiendo y engordando, procurando que no sepa que está atrapada, y cuando ya está lista, Jiraia la devora y encuentra en ello una enorme satisfacción. Desgraciadamente, en la analogía de Jiraia, los ninjas que él asesinó eran sólo alimento y el Shogun, su presa, por lo que en ese mismo momento, esa desquiciada liebre lo atacó, eliminó sin dificultad con sus mortales hilos a todos los mamíferos del lugar y cuando estuvo a punto de asesinar al Shogun.

—Oh, espera, ¡esta me la sé! Tratándose de ninjas, ¿el Shogun no era un Shogun, si no un doble, cierto?

Así es, mi padre presintió el peligro, algo tarde, pero lo suficiente para salvar la vida de ese ingrato Shogun; para su mala suerte, Jiraia lo tomó por sorpresa y aunque salió con vida, lastimó a mi viejo en las piernas y ya que eso es la arma principal de un ninja, retiró a mi padre. Por su parte, Jiraia no salió bien parado en la pelea y, rodeado por el resto del Oniwaban, logró huir. Esa liebre se convirtió en el monstruo que Oniwaban y falló en eliminar. Como el sucesor de mi padre, Jiraia se volvió mi responsabilidad, pero francamente, jamás me interesó perseguir a ese monstruo, pero ahora que me he informado de lo que es capaz de hacer y lo que hizo en el puerto el otro día, no pienso meterme en el camino de ese psicópata. Y tú deberías hacer lo mismo, Gintonick.

—Awww, que linda historia, pero no entendí ni papa y no sé a qué demonios me ayudará a saber esto. —bufó el vulpino molesto.

—¿Acaso no lo entiendes? Lo mismo que Jiraia le hizo al Shogun, se lo hizo a la conejita.

—¿¡Cómo dices!?

—Piénsalo, se hizo pasar por su maestro, le enseñó lo que sabe, la hizo depender de él, luego fingió su muerte para formar su carácter y años después, regresó sólo para cumplir su único objetivo:

—Devorar a su presa… —susurró Nick con una creciente furia en su alma.

—Exacto. Y tú y cualquiera que se interponga entre él y su presa no es más que alimento del que no dudará en disponer. Será mejor que te olvides de ella —sentenció lúgubremente el yak, dejando al zorro pensativo por lo que acababa de escuchar.

—¡Fuego! —Se oyó un alarido femenino.

—¡Un incendio! ¡Todos salgan de aquí! —gritó desde la calle un macho.

Sin tiempo que perder, el vulpino y el yak salieron del bar de inmediato sólo para encontrar un horrible espectáculo. La ciudad de Yoshiwara se encontraba envuelta en llamas, varios de los techos de edificios y casas del distrito del placer de Edo ardían con cientos de brasas que se extendían cada vez más rápido, así como el pánico entre los ciudadanos que observaban como el fuego se extendía en minutos.

—¡Oh, maldita sea! Debí imaginar que algo así podría pasar —comentó con desgano el yak sin pantalones—. Te salvé la vida pero terminé llevándote de regreso a la telaraña de ese lunático de todas formas.

—No, está bien —respondió Nick, esbozando una pequeña sonrisa—, no podría estar más agradecido.

—¿Ah?

—Ya que hablamos de telarañas, ¿sabes cuál es la única forma de sobrevivir cuando quedas atrapada en una? —El vulpino levantó el rostro y fijó su vista al edificio más alto de la ciudad que logró ver—. Te comes a la araña.

—Gintonick, ¿acaso tú…?

Una explosión no muy lejos de ahí asustó al Yax de ese mundo y a los mamíferos que corrían o trataban de refugiarse de las llamas. Pero el zorro, ni se inmutó

—No me agrada —pronunció con amargura—. Ese maldito orejón jamás me ha agradado, pero siempre fue algo más como orgullo, o unos celos hacia alguien que podría alejarme de Zanahorias… pero ahora… ese bastardo la ha lastimado como si nada y se dice llamar su maestro.

En ese momento, Nick rememoró los sueños que tuvo ese día, donde Finnick y otro zorrito del desierto que se parecía a su exsocio de tretas le recordaron lo que era un verdadero maestro, un mamífero que te enseña con el ejemplo y se preocupa por ti cuando no tienes a nadie más.

—¡Me muero primero antes de que ese hijo de su conejuda madre se haga llamar su maestro!

Empuñando la espada de madera, Gintonick se guardó el dolor de sus heridas y se fue enseguida decidido a rescatar a la Judy de ese mundo y meterle ese palo de madera por el trasero a la detestable liebre.


—¡Jiraia, detente! —chilló desesperada la coneja de ojos amatistas.

Por su parte, desde el balcón de una bodega abandonada, el exmaestro de Tsukuyo reía como un maniático mientras le prendía fuego a uno de los cientos de hilos que estaban conectados desde ahí hasta a los edificios más grandes e importantes de la ciudad. En cuestión de minutos, la liebre que aún portaba el disfraz de un gordo zorro había iniciado un incendio de gran escala por el distrito rojo de Edo, y todo eso sin moverse de ahí, pues sólo le bastaba encender uno de sus hilos de araña para propagar las llamas a otro edificio.

—Mira Tsukuyo, Yoshiwara está ardiendo. El lugar que proteges y al que perteneces se está convirtiendo en cenizas.

La coneja de cicatrices miraba a lo lejos con una cara llena de angustia como ese monstruo que alguna vez llamó maestro disfrutaba traer dolor y sufrimiento a miles de inocentes. Y todo por su culpa, por haberse dejado atrapar y engañar con esa liebre llena de horribles cicatrices. Tan horripilantes como las suyas

Por su parte, el Jack Savage de ese mundo dibujó una enorme sonrisa en su distorsionado rostro mitad zorro, mitad liebre. Señaló con una pata un hilo que iba directamente al edificio central de la ciudad.

—Este será el último. Una gran cantidad de explosivos fueron colocados por mis muchachos al final de este hilo, provocará una bola de fuego tan grande en el corazón de Yoshiwara que ni siquiera lloviendo toda la noche bastará para apagar sus llamas.

—¡Detente! ¡Por favor, detén esta locura! —suplicó la Judy de aquel mundo desesperada.

—Amo esa expresión en tu rostro. —Volteó para verla, excitado por lo rápido que quebraba a su antigua alumna.—. ¿Tienes miedo de quedarte sola? ¿Te preocupas mucho por ti misma? —Bufó alegre—. Pronto descubrirás que al no tener nada más que perder encontrarás el verdadero poder y la belleza. Este no es el final, si no el principio de la nueva tú. ¡Ja, ja, ja!

—¡JIRAIA!

Tsukuyo sólo pudo ver como esa psicópata liebre generó una orbe de fuego de su pata y tras eso, terminó de incendiar el último hilo para completar su caótico plan. Pero a tan sólo unos segundos, la risa maquiavélica del Jack Savage de esa dimensión se cortó enseguida cuando la hebra se esfumó.

—Imposible… alguien lo ha cortado.

Y no mucho tiempo después, los otros filamentos cerca de la liebre se fueron rompiendo uno a uno.

—Feh… —Resopló de mal humor—. Parece que los insectos no saben cuando rendirse.

Aunque sea por un breve instante, la coneja de cicatrices suspiró aliviada, pero enseguida recordó que su maestro nunca fue un mamífero que dejara cabos sueltos. Eso lo retrasaría, más no lo detendría por mucho.


Mientras los habitantes de Yoshiwara abandonaban con apremio sus hogares o negocios para refugiarse del infierno que los rodeaba, desde una silla de ruedas, Hinowa o la señora Hopps de ese mundo daba órdenes a otras conejas con ropas de ninja para proteger a sus ciudadanos y lidiar con el incendio, ellas eran las subordinadas de Tsukuyo, expertas guerreras que se encargaban de proteger el distrito rojo de Edo, ahora bajo las órdenes de Hinowa, se encargaron de apagar las llamas y cortar esos extraños hilos que habían amenazado a su ciudad.

—¡Vamos chicas! —gritó con voz firme la coneja mayor— Ayuden a los mamíferos a ponerse a salvo, quienes estén libres apoyen al cuerpo de bomberos o continúen buscando más fuentes de propagación y elimínenlas.

—Señora Hinowa —le dijo otra coneja— El fuego no tardará en propagarse hasta aquí, ¡tenemos que irnos!

—Aún no, querida. Estoy esperando a mi informante, creo que sabe algo sobre el paradero de Tsukuyo.

—¿La líder Tsukuyo está aún con vida? ¿Ella está…?

Sin embargo, la joven presa jamás terminó su frase, una lanza se enterró en su espalda

—¡Erika! —la coneja de la silla de ruedas exclamó en pánico al ver a una de sus hijas herida de muerte y en el suelo.

Para empeorar las cosas, en menos de un minuto, la hembra estaba rodeada por la peor escoria de la ciudad: cánidos rapados y con diversos tatuajes de arañas rojas se acercaron a Hinowa cargando espadas y otras armas punzo cortantes, mostrando en sus feos rostros que no venían con las mejores intenciones.

La señora Hopps de ese mundo los observó intimidada, pero todo rastro de temor se desvaneció enseguida cuando la primera hilera de malhechores fue atacada por una lluvia de kunais, cayendo malheridos y con suerte, hasta muertos.

—Ay, lo siento, se me resbalaron mis juguetes —dijo desde las alturas cierto yak que seguía sin usar pantalones y mostraba su peludo trasero sin pudor—, no me hagan caso, sólo soy un insignificante personaje terciario leyendo "El libro vaquero" en esta cálida noche. ignórenme y sigan con lo suyo.

Antes de que los criminales pudieran hacer algo, Zenzou se dejó caer y sin apartar la vista de su cuestionable lectura, lanzó otra ráfaga de cuchillas ninjas que ocasionó más bajas enemigas.

Ups, I did it again! —cantó el Yax de ese mundo como cierta estrella pop que obviamente no era Gazelle o Britney-Britney.

—¡Maten a ese chivo desnudista! —uno de los maleantes ordenó a los demás.

—Señora Hinowa, ¡qué milagro! Pasaba por el vecindario a pasear las nalgas y cuando la vi, no pude evitar detenerme a ofrecerle mis servicios. ¡Mis servicios como ninja, no vaya a malpensar!

Antes de que una filosa katana lo rebanara, el ninja sin pantalones esquivó a un lobo afeitado sin problemas y luego le cortó la yugular sin dejar de atacar a otros tres depredadores feroces.

—Jamás lo haría, Zenzou —rió la coneja mayor sin importarle estar aún en peligro— Gracias por advertirnos de los hilos, las chicas hacen lo que pueden, pero no nos molestaría un par de pezuñas más. Sabes que te recompensaré muy bien, querido.

—Si me da más cupones para visitar a mis leonas marinas feas con f de foca, cuente conmigo, señora H —respondió el yak sin dejar de cortar criminales usando un kunai en cada pezuña.

Luego de cerrar un trato de palabra, el Yax de ese mundo usó sus reflejos ninjas y saltó entre sus oponentes mientras poco a poco los neutralizaba.

—Ese zorro presumido se quiere robar el show y ya fue por el pez gordo, mientras a mí me toca conformarme con esta basura. Pero lo que sea por salvar el lugar donde trabajan mis feas nenas. ¡Arriba las feas! Con todo respeto, señora H.

—Descuida Zenzou, ji, ji.


De nueva cuenta, en la bodega abandonada donde Tsukuyo seguía atrapada en una telaraña gigante, Jiraia reía confiado, tomando por sentado que sus muchachos tenían bajo control ese breve retraso con sus planes de incinerar toda la ciudad. Aunque tras ver el último hilo cortado, no pudo evitar apretar los dientes para controlar su furia.

—Feh, no importa. —Forzó otra sonrisa para aparentar ante la coneja—. Por mucho que se resistan, esos insectos no harán más que ser comida para mi presa. Tú, mi Tsukuyo. —Rió ladinamente.

—Jiraia, te lo pido por favor… detén esto… —suplicaba la Judy de ese mundo, destrozada y con su alma quebrada—… Todo esto fue mi culpa, me iré de aquí, dejaré Yoshiwara atrás y a todos los mamíferos de aquí, viviré por mi cuenta y te prometo que jamás volveré a confiar en nadie más o me relacionaré con otros —mencionó con un hilo de voz, cansada de todo el daño que había causado a la ciudad y a sus habitantes, a su seres más allegados—, haré lo que me pidas y si no te parece, puedes matarme…

Sin decir palabra, la liebre que tenía media cara de un zorro se acercó sin prisa hacia su antigua discípula, escuchando con atención lo que le imploraba.

—Pero por favor, te lo ruego, detén esto, —la coneja miró con cristalinos ojos a quién alguna vez llamó maestro—, no… no lastimes… no lastimes más a mis queridos amigos de nuevo… sacrificaré todo por ellos, daría lo que fuera por… ¡kuh!

La voz de la Judy de ese mundo se cortó enseguida, pues la falsa pero enorme zarpa zorruna la tomó por el cuello, asfixiándola sin remordimiento, pues estaba cegado por una ira asesina.

—¡No! ¡Esto no es lo que quería de ti! —bramó fuera de sí la liebre de rayadas cicatrices—. ¿¡Por qué no lo entiendes, por qué tienes un alma tan débil!?

El macho soltó el cuello de la presa sólo para arremeterla con un cobarde puñetazo en la cara. Sin medir su furia o pensarlo con detenimiento, Jiraia continuó soltando porrazos ante la cara de la hembra, ignorando por completo que ella no podía defenderse o sin importarle que ella alguna vez fue su protegida.

—¿¡Por qué no puedes alcanzar mi fuerza!? ¿¡POR QUÉ NO PUEDES SER COMO YO!?

La liebre iracunda terminó por soltar un último golpe a la faz de la fémina, para consecuentemente tomar el mentón de la apenas consciente coneja y obligarla a mirarlo de frente.

—Tsukuyo… —musitó en un tono más calmado pero igual de atemorizante—. ¿Sabes por qué invertí tanto tiempo en entrenarte? —Sus ojos azul cielo atisbaron a la desdichada hembra—. Para matarte con mis propias patas.

Aunque la declaración de su exmaestro era cruda y auténtica, la Judy de ese mundo no mostró la menor consternación, aunque por dentro, su corazón y espíritu estaban deshechos al confirmar que a esa liebre jamás le importó en realidad y sólo la utilizó para sus perversos propósitos. Ya no valía la pena seguir viviendo. En silencio, mientras ese monstruo le decía palabras inteligibles, una lágrima rodó por la cicatriz vertical que nacía de su ojo izquierdo.

—Cuando elijo a una presa, me dedico a ella como un fiel sirviente a su amo, la alimento, la fortalezco, la engrandezco, la hago hermosa y bella; y justo cuando no puede ser más perfecta, la mato. Entre más esfuerzo le pongo, mayor es el placer que siento al acabar con ella. Y cada presa nueva que devoro, sólo me hace querer más para intentar llenar el vacío de mi podrida alma.

La repugnante liebre mitad zorro parecía maravillado al contarle esto a la pobre coneja, quién sólo quería que ese infierno terminara, pero el temible Jiraia no hacía más que engrandecer su ego y jactarse de su plan maestro.

—Y así te conocí a ti, decidido a alimentar mi más grande fantasía, me dediqué a crear a una guerrera como yo, una alma fuerte y desalmada que matara sin remordimiento y que fuera autosuficiente, que no dependiera de otros, ni de otro macho, ni de patéticos amigos. Pensé que tú podrías ser ese perfecto reflejo de mí… pero me equivoqué…

Con repudio, el macho finalmente soltó a la coneja aún atrapada en esa enorme telaraña y retrocedió, mirando con desdén a esa fémina sin voluntad para vivir.

—De haber sabido que me fallarías así, te hubiera matado cuando aún eras hermosa para mí. —La observó con repulsión—. Y con este fracaso, me doy cuenta que asesinar a tus amigos no bastará para componerte.

La liebre de horribles cortadas en la cara sacó un kunai de su manga, y sin pensarlo dos veces, dirigió la afilada punta de su cuchilla al rostro de la chica, enterró su filo debajo de su ojo izquierdo, en el mismo lugar donde empezaba la cicatriz que ella misma se infligió años atrás por las falsas promesas de su aquél entonces, bondadoso maestro. Cuál equivocada estuvo todo este tiempo. Antes de que más líquido salino bajara de sus párpados, una lágrima de sangre descendió de su pómulo.

—¡Voy a desollarte viva! —bramó con una maniática sonrisa, mientras agitaba el kunai sobre su cicatriz facial y manchando de rojo la cara herida de la hembra—. ¡Voy a dejar tu rostro irreconocible, mucho más que el mío, para que nadie, ningún alma sea capaz de reconocerte, sentir compasión de ti o siquiera dirigirte la palabra! ¡Estarás tan sola como yo, y así, tal vez te vuelvas tan fuerte! ¡No, no lo creo, estoy segu…!

Finalmente, la sangre escurrió sobre el podrido piso de madera en borbotones, al mismo tiempo que el ataque de Jiraia se detuvo, sin embargo, la sangre no pertenecía a la coneja, si no que provenía de la pata de la liebre, la cual acababa de ser atravesada por una espada de madera.

—Ah… ¡argh!

Enseguida, el antiguo maestro de Tsukuyo soltó su arma y ahogó un gemido lastimero, mientras que la Judy de ese mundo abrió los ojos de golpe al presenciar un milagro.

—Oye… —la áspera voz de Nick Wilde se escuchó detrás de la hembra—… quita tus asquerosas garras de Zanahorias…

—¿¡T-t-tú estás… !? —El Jack Savage de ese mundo espetó confundido.

—Gi-Ginto… ¿Gintonick… ? masculló débilmente la coneja…

Con furia y mucha agilidad, Nick giró su espada y la sacó de la zarpa de la liebre, para enseguida, dar un fuerte tajo con esta de abajo para arriba, dando un golpe limpio que alejó al rayado lagomorfo unos metros atrás, derribándolo y tirándolo al suelo.

Sin perder más tiempo con ese imbécil, el zorro cortó la telaraña que mantenía atrapada a la Judy de ese mundo y antes de que ella se desplomara, el vulpino la sostuvo entre sus brazos, sin soltar su bokken, Nick rodeó a la hembra y sintió un gran alivio al encontrarla aún con vida.

—Gintonick… No estás muerto… y viniste por… mí…

—Tranquila Pelusa, ya llegó la caballería —le dedicó el tono cínico que necesitaba su más grande amiga, en ese mundo y en cualquier otro.

Tsukuyo lloró una vez más, pero no derramó lágrimas de desesperación o de resignación, si no lágrimas de felicidad. Pese a haber sido enseñada desde muy chica a ser fuerte e independiente y nunca necesitar de los demás, especialmente de otros machos, se sentía afortunada de ser salvada por ese zorro astuto.

—Ay, conejos… son tan… emocionales —le susurró Nick al oído siendo capaz de hacerla reír y otorgarle esperanzas en un momento tan poco propicio para aquellos sentimientos.


Notas de...

Como ya se lo estarán imaginando, el letrero de las notas de autor de capítulos previos seguía tirado y partido por la mitad mientras otro cartel lo sustituía con el mensaje:

Preguntas y Respuestas Seis: "México, México, M, E, acento, X, I, C y O"

Al ritmo de música de mariachis, sonidos de trompetas y escuchándose la melodía de fondo del "Jarabe tapatío", el siempre vacío de color blanco estaba ahora iluminado por el verde, blanco y rojo, color de la bandera de los Estados Unidos Mexicanos.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJAAAAAAAAAAAAAAAJJJJJJJJAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAJJJJJJJJJJJJIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! —se echó Gintoki el característico grito de un mariachi. El zorro rojo tenía un traje de charro negro, incluido un amplio sombrero del mismo color y un grande bigote.

—¡Viva México-aru! Diga, ¡Viva México-wey! —celebró Kagura, la chica murciélago que cambió su típico acento "aru" por el "wey", sólo por la ocasión. Ella tenía un traje de charro rojo, cargando una guitarra entre sus alas y también con un sexy bigotote bajo su nariz.

—Gintoki, Kagura, ¿por qué estamos celebrando una festividad mexicana si somos japoneses? —preguntó Shinpachi, el carnero enano de lentes quien estaba disfrazado del típico estereotipo mexicano que se resume en el aspecto de Speedy González, pero con lentes y un bigote postizo, claro.

—No soy Gintoki, soy José Gintoki Hernández, para servir a Kamichan (aka, diosito) y al pueblo. ¡Ajúa!

—Y yo no soy la Kagura-wey, yo soy María Kagura del Consuelo del Sagrado Corazón de Jesús-wey. O "La Kakas" para mis compitas-wey.

—¡Podrían dejar de hablar como mexicanos, no les entiendo ni madres! —Shinpachi se tapó el hocico apenado por tal grosería y falta de respeto a su santa jefecita.

—¡Así se habla Shinpachi, o debería decir, Juan Shinpacio Prepucio Guillermo Herdez del Chile, alias, "Memo" Herdez El Chile. —Gintoki, que diga José Gintoki le comentó a su amigo el estereotipo andante.

—Gin, que diga, Pepé Gin, ¡No metas albures y chistes de doble sentido!

—Ya-wey, relaja la raja-wey.

—¡POR FAVOR, HABLEN MÁS NEUTRAL O NO NOS VAN A ENTENDER NI VERGAS EN OTROS PAÍSES —Shinpacio volvió a morderse la lengua apenado por tal obscena grosería saliendo de sus labios.

—Ta wueno, Shinpacio, lo intentaremos —dijo José Gintoki en un tono cantadito.

—Y a todo esto, ¿por qué están celebrando y tan felices? Pensé que odiaban hacer esta sección…

—Pues en primer lugar, mi estimado Shinpacio, hoy es 16 de Septiembre, día de la independencia de México, el país del que es originario el autor de este cochino fanfic.

—Y en segundo-wey. —Kagura, alias "La Kakas" prosiguió por su cuenta—. Acabamos de recibir preguntas-wey, ¡Preguntas de verdad-wey! —gritó emocionada—. Y no sólo eso-wey, además de ser el primer review que recibimos en Fanfiction net-wey, las preguntas no son para la historia o para el autor-wey… ¡SI NO PARA NOSOSTROS-WEY, WEY WEEEEEEEEEEEYYYYYYYYYYYY! —bramó fuera de sí "La Kakas".

—La enana tiene toda la boca llena de razón, Shinpacio, así que para matar dos chachalacas de un tiro, celebramos con todo el Mexican Power y respondemos a la besto pregunta que nos han enviado. Así que sin perder más tiempo, ¡Échatela, Shinpacio!

El carnero de lentes suspiró por la increíble cantidad de mexicanismos y tonterías variadas, pero prefirió apurar esa madre lo antes posible.

—Bueno, primero que nada, queremos agradecer a quien nos escribió este review, quien se hace llamar DELETION FURRIES.

—Curioso nombre, por un momento pensamos que era del mismísimo apaleafurros. El Chuerk.

—Ejem, en fin, si no les importa, publicaremos el mensaje original:

Primero, importa un carajo los de arriba, son mas divertidos lo pinches furros de abajo.

—¡Gracias, gracias-wey! Gracias por reconocer a las verdaderas estrellas de este pinche fanfic-wey!

—¡Kagura!

—¡Qué me digas "La Kakas"-wey!

—De todo corazón DELETION FURRIES, muchas gracias por tus bellas palabras, es un honor saber que pese a las estúpideces y pendejadas y media que el culero del autor nos obliga a hacer…

—¡Gin, diga, José! ¡Ay, carajo! Me rindo…

—Al menos hay un hijo de su putísima madre que aprecia lo que hacemos.

—¡GRACIAS! (-WEY) dijeron José Gintoki y "La Kakas" llorando como pinches nenitas, y yo también, al chile, wey.

—Bueno… también lo agradezco. Ahora, seguiré con el resto de su mensaje y todas las preguntas.

Segundo, quien es peor ¿Zeus o la criatura verde anti furros? ¿Shinpachi, porque nunca te bañas? ¿El gorila es un furro? ¿Cuando el autor no ah sido flojo?

—Cielos-wey, esas si son muchas preguntas-wey. ¡Eres la mera verga-wey!

—Respondiendo a la primera ¿Zeus o la criatura verde anti furros? —dijo José Gintoki—. La verdad está difícil, el primero nos coge a todos por igual, el segundo sólo se coge a los pinches furros. Aunque personalmente, si alguien me va a meter la reata… o más bien a Shinpacio, que se ve que a él le gusta…

—¡Oye!

—Pues mejor que sea un estúpido y sensual dios griego que se convierte en lo que sea en vez de un feo ogro verde con aliento a cebolla y probablemente con un pito enorme. #NoHomo, que diga, #NoPuto.

—No tenías que ser tan… gráfico José Gin… en fin, supongo que esta me corresponde a mí: ¿Shinpachi, porque nunca te bañas? ¡Oye! ¡Yo siempre me baño! Tal vez sea un otaku, pero soy un otaku japonés, nosotros si acostumbramos a bañarnos seguido, estar presentables y usar desodorante.

—¿Sí-wey? ¿De cuál-wey? ¿Olor a Frikiplaza o fragancia a Obo?

—¡Kagu…! Oye, ¿Qué eS obo?

"La Kakas" y José Gintoki se vieron entre sí con la misma sonrisa cómplice y estúpida de Patricio y Bob.

—¡ESTA(-WEY)! —dijeron al unísono, humillando al inocente carnero de lentes que no conoce el Padalustro.

—No entendí, ¿pero podríamos pasar a la siguiente pregunta?

—Lo que tu digas-wey. La tercera dice así-wey: ¿El gorila es un furro-wey? Bueno, ya que a diferencia de nosotros, él siempre ha sido un pinche furro…

—Kagura…

—¡Qué soy "La Kakas", "Memo" Herdez El Chile.

—Antes de que respondas y para los que no estén familiarizados con Gintama…

—O sea a prácticamente todos los lectores del fanfic, menos a mi socio, DELETION FURRIES…

—Al autor original de Gintama, Hideaki Sorachi, se hace llamar así mismo Gorila y se ilustra así mismo como un Gorila antropomórfico, así como bromear al respecto de que un gorila escribe el manga y así.

—Claro Shinpacio… "bromear"

—Sí, bueno-wey, como les decía-wey. —"La Kakas" prosiguió—. Aunque el Gorila siempre ha sido un Gorila-wey, lo normal en esta situación-wey, es que fuera un humano-wey. Pero en realidad-wey, el Gorila en este torcido universo es…

Luego de una dramática pausa de un minuto, "La Kakas" por fin reveló la respuesta.

—¡El simio marikongnazo-wey, Donkey Ko…

—¡Sigue siendo un gorila! —la interrumpieron José Gintoki y Prepucio antes de violar los derechos de autor.

—Bien, esto ya se alargó, ¡terminemos de una maldita vez esta madre! —El zorro declaró para concluir esta sección—. Finalmente: ¿Cuando el autor no ah sido flojo? Si bien ese hijo de la chingada nació flojo, hay raros momentos en su patética y jodida existencia donde se agarra los huevitos y trabaja como asno. Este es uno de esos momentos.

—Así es-wey. El putito del autor actualizó tres fanfics de jalón y se propuso hacerlo antes del 15 de septiembre para coincidir con las fiestas -wey —dijo "La Kakas", sorprendida.

—De hecho, sólo iban a hacer dos: su marrano lemon de sexo de enanos ("Portavasos Improvisado", fanfic de Zootopia con Gazelle y Finnick haciendo el delicioso) y su nuevo proyecto de infidelidad de burras de colores ("El beso de la reina", fanfic de My Little Pony, la waifu del autor, la reina Chrysalis besuqueándose con su enemigo, Shining Armor), pero a cuatro días de la fecha límite, se esforzó en escribir y logró terminar de redactar este magnífico fanfic que están leyendo. Sólo por hoy, el maricón y pito chico del autor, tiene nuestros respetos.

—¡José Gin! ¡Basta o nos meterás en problemas!

—¿Qué dije? Sólo le dedique unas bellas palabras al impotente del autor y promocioné sus otras madres. ¿A quién no le gusta que lo halaguen y promocionen?

—Como sea-wey, eso sería todo por esta ocasión-wey, y mientras nosotros nos comemos un rico pozole y unas deliciosas tostadas para celebrar-wey, los dejamos con el saco de cemento de muchos-wey, Hatsune Miko-wey, cantando una tradicional melodía ranchera y mexicana-wey, la bikina-wey:

(Como el maravilloso Fanfiction net no permite enlaces y menos vídeos, imaginen que aquí pegamos el enlace a Youtube del vídeo de Hatsune Miku - La Bikina)

—¡Adiós, hasta la próxima! —Shinpacio Prepucio se despidió

—¡Y viva México, Cabrones! —gritó José Gintoki y diciendo quizás la última grosería permitida en este puto fanfic de mierda todo pendejo.