Yuri abrió los ojos en demasía, pero no por el arma que ahora apuntaba a su cabeza, sino por ver el cuerpo del platinado caer al suelo luego del disparo, eso lo alertó y dio un paso hacia atrás, aunque sin quitar la vista de Georgi. Su intención era estar muy cerca de Yuuri con tal de que ese enfermo no lograra hacerle nada, aún si él debía ser un escudo humano, no dejaría que su pareja sufriera mientras él pudiera evitarlo.

Te propongo que te vayas a la mierda —respondió a la pregunta del tipo que se encontraba frente a él, mirándolo con odio. Agradecía que Mila y Lena estuvieran arriba, agradecía que Yuki estuviese en el auto, todo sería perfecto si Yuuri no estuviera ahí, porque así podría arremeter contra el tipo sin preocuparse de nada más ¿Qué importaba si él salía herido? Uno a cambio de las demás vidas no era nada.

Yuuri estaba nervioso, ahogó un grito al cubrir su boca con la palma de su mano. El ver a Víctor caer lo había dejado en shock, podía sentir con su otra mano la pistola entre sus dedos. Su mente se debatía en si usarla o no, si no acertaba el tiro, Georgi de seguro lo haría y directo en la cabeza del rubio. No podía dejarse llevar por la suerte. Quería llorar, gritar desesperado, pero nada podía hacer más que mirar el cuerpo en el suelo y su novio frente a él intentando cubrirlo y mostrarse valiente.

¿A cambio de qué? —preguntó Georgi, no estaba de humor para más estupideces, quería tomar a Lena y largarse de ahí. Lo más preciado ya lo veía perdido en el charco de sangre que comenzaba a formarse en el piso. "Pobre y bello Vitya" pensó, tan lamentable destino se podría haber evitado si tan solo hubiese seguido sus instrucciones, no, si tan solo se hubiera quedado con él para siempre— no tengo tiempo para más juegos —habló mientras avanzaba y ponía el arma apuntando a la sien del rubio— tú vienes conmigo —lo tomó con fuerza del brazo e hizo que caminara hacia la escalera.

Yuri no opuso resistencia, prefería ser él un rehén en vez de Yuuri. El japonés aprovechó para esconder el arma tras él, no sabía cuáles eran las intenciones de Georgi, pero ahora este estaba más cerca de hacerle algo a su pareja— ¿Do- donde lo llevas? —preguntó nervioso Katsuki e hizo el ademán de levantarse del sofá, pero la mirada de Georgi le dijo que era peligroso hacer movimientos repentinos.

Buscaré a Lena y me iré —respondió con seriedad— ahora, dame el arma que escondes sí no quieres que él termine muerto —ordenó para luego esbozar media sonrisa. Sabía del arma, así como también sabía que el temeroso chico no la utilizaría en su contra, él estaba acostumbrado a este ambiente y observaba todo. No por nada se dio cuenta de las intenciones de Víctor y pudo actuar con rapidez.

Yuuri se puso nervioso y sacó el arma tras él para luego levantarse lentamente y entregársela a Georgi, pero este no se la recibió— ¿Vas a tomarla o qué? —pregunto el rubio, recibiendo a cambio un apretón más fuerte en su brazo.

Ponla en mi cinturón —le ordenó al japonés, sabía que este no haría nada o automáticamente el dispararía en la cabeza de su novio rubio. Una vez hecho lo que ordenó, volvió a hablar para que Yuuri se sentara en el sofá— cualquier cosa extraña que escuche o sí alguien se acerca a la puerta. Él será el primero en morir y luego Mila, te dejaré vivo solo para que sufras —lo amenazó y comenzó a subir las escaleras para buscar a Lena— ¡Katsuki! —gritó logrando que el japonés se sobresaltara en su lugar— sí todo sale bien, ya no nos veremos más —comentó en un intento de indicarle al chico que no hiciera nada estúpido y todos saldrían sanos y salvos, mientras el obtuviera lo que quería. A Lena.

Mila y Lena habían subido con la intención de que la pequeña no presenciara más cosas que pudieran traumarla, aunque para Mila estaba claro que la menor estaba más que perturbada por todo el asunto. Las preguntas sobre qué pasaría de ahora en adelante, sí Lena sería libre y sí Víctor se sacrificaría estando junto a Georgi comenzaban atormentar a la pelirroja que pensó que podía acomodar a la nena en una de las camas.

Apenas entró en la habitación que pertenecía a Yuki, sus planes cambiaron. Pudo escuchar un disparo en el piso de abajo y supo que ya no había tiempo, era ahora o nunca. La ventana abierta le indicaba que tenía solo una oportunidad de salvar a esa pequeña y así lo haría.

Conocía esa casa de memoria, sabía que cerca de la ventana había un árbol de grandes ramas que llegaban hasta esta, con Yuri miles de veces se escaparon por ahí, ahora sería usada para liberarse de ese lugar, de ese tipo y así poder darle la vida que siempre quiso Víctor para Lena. Sin pensarlo más se asomó a la ventana, notando aliviada que las ramas del árbol seguían ahí, fuertes como siempre y a solo unos centímetros de distancia.

Lena, amor, jugaremos a trepar árboles ¿Sí? —le preguntó a la pequeña y esta asintió con energías renovadas. Adoraba jugar al aire libre, entre la naturaleza, ya que aquello le había sido negado en innumerables ocasiones por su padre que se empecinaba en mantenerla encerrada sin que ella entendiera la razón.

Mila sacó a la menor por la ventana, indicándole como agarrarse y que hacer, la pequeña obedeció en todo y sin hacer ruido, porque su mamá le había dicho que así se jugaba esto, que si la escuchaban los demás perdía. No importaba sí no le hallaba sentido al juego, solo quería trepar las ramas del árbol.

Cuando Mila se dispuso a hacer lo mismo, notó con horror como Georgi apareció en la habitación, pillándola en el acto y dejándola sin habla al instante.

Yuri entendió al instante lo que pasaba y no dudó de lo que haría, no le importaban las consecuencias que podría traer aquello ya que sería ahora o nunca. Pegó un codazo hacia atrás con el brazo que no tenía atrapado, logrando desconcentrar un poco a Georgi y con su otra mano liberada, tomó la muñeca del tipo para que no utilizara el arma o al menos para que no pudiera apuntar bien.

¡Vete, Mila! —le ordenó furioso a la pelirroja que se había quedado estática en vez de aprovechar aquella oportunidad.

La chica se movió con rapidez fuera de la ventana, agradeciendo que su cuerpo aún recordara como moverse a pesar de ya no tener doce años. Le habló a Lena para tranquilizarla y lograr que ambas bajaran a salvo por aquel lugar, sí Georgi estaba arriba, ellas podrían entrar con facilidad por la puerta trasera para luego salir por la delantera junto a Yuuri y Víctor.

Apenas tocaron el piso, Mila supo que solo tenían segundos antes de que algo malo pasara. Tomó a la niña en brazos y se dirigió a la puerta para luego encontrarse con Yuuri sentado en el sofá son el rostro pálido mirando algo en el suelo. Se horrorizo al darse cuenta que ahí yacía el cuerpo de Víctor, inmóvil y con mucha sangre alrededor.

¿Papi? —habló Lena con voz temblorosa y Yuuri centró su atención en aquellas chicas.

A la pelirroja se le partió el corazón al escuchar el llamado de la pequeña, pero no era momento de llorar o ser sentimentales. Tenían poco tiempo y debían escapar como fuera, ya habría tiempo de derramar lágrimas luego.

Yuuri, debemos irnos. Ahora —ordenó la chica y Yuuri la miró extrañado.

Pero... Yura... —pudieron escuchar disparos en el segundo piso, ya no había tiempo.

Mila ya no dejó hablar al azabache y lo tomó de la muñeca para arrastrarlo hacia la puerta y así intentar sacarlo del lugar a pesar de que este se rehusaba— ¡Debemos irnos! —le gritó desesperada. No quería que lo que sea que estuviese haciendo su primo, fuera en vano, al menos debía rescatar a Yuuri.

¡No dejaré a Yura! —respondió el japonés, soltándose del agarre de la pelirroja, pero esta volvió a tomarlo y a arrastrarlo.

¿Y en que puedes ayudar sí te quedas? —soltó furiosa y dejó a Lena en el suelo para luego ordenarle salir de la casa mientras ella arrastraba a Yuuri, debían salir de ahí a toda costa, era la última oportunidad.

La niña observó a su padre tirado en el suelo y luego a su madre que la mandaba con una voz que sonaba casi suplicante a que saliera de la casa mientras le decía que todo estaría bien, aunque por sus acciones nada parecía estar bien.

Lena obedeció, porque su padre le repetía que al igual que a él, a Mila debía obedecerle bajo cualquier circunstancia. La pequeña rubia camino hacia la puerta y en el momento justo que iba a cruzar el umbral, pudo escuchar claramente la voz de su padre.

Le- na —fue lo que dijo y la niña corrió al lugar donde Víctor se hallaba tirado, porque la estaba llamando y ella sabía que debía acudir a ese llamado. El platinado comenzó a toser y Yuuri también se devolvió, tal vez aún podían salvar a Víctor, después de todo estaba vivo, aunque la pérdida de sangre había sido mucha.

¡Papi, papi! —decía la niña desesperada mientras se acercaba.

¡Víctor! Todo va a estar bien, ¿Te duele mucho? —preguntó Yuuri estúpidamente, acercándose al rostro del platinado y notando como a este se le dificultaba hablar y respirar. En ese instante Yuuri supo que no había sido buena idea, que aquel llamado del hombre solo fue instintivo al salir de la inconsciencia, pero que tal vez debieron aprovechar el tiempo para escapar. Víctor no sobreviviría, no era doctor, pero estaba seguro de ello y al parecer ellos tampoco.

Mila vio aterrada como Georgi descendía por la escalera, se notaba herido y furioso. Si no habían escapado antes, menos podrían hacerlo ahora, estaban condenados y ya no había vuelta atrás.

Lena se acercó más al cuerpo de su padre, asustada de aquel hombre, aferrándose a la ropa ensangrentada del platinado— papi, papi, por favor vámonos... tengo miedo... —decía la niña que comenzaba a llorar.

Tranquila, mi amor, todo va a estar bien —le dijo Georgi sonriendo levemente para la pequeña que lo miraba desconfiada— ahora vendrás conmigo y estaremos juntos —volvió a hablarle y se acercó a la menor que comenzó a aferrarse con más fuerza al cuerpo de su padre que balbuceaba cosas inentendibles. La pequeña Nikiforov tenía miedo y se sentía desprotegida al ver a su padre en aquel estado.

Georgi estiró su mano y Yuuri se la apartó de un manotazo— ¡No la toques! —le advirtió molesto— ¿Dónde está Yura? —preguntó preocupado, pero sin dejar que se notara en su tono de voz.

En el mismo lugar donde ira este —respondió para luego con su pie mover levemente el cuerpo de Víctor— parece que es duro de matar —se quejó para luego apuntar con su arma al imposibilitado cuerpo del platinado.

Lena escondió el rostro en el cuerpo de su padre para evitar ver y luego el disparo retumbó en toda la casa y en los oídos de los ahí presentes. La pequeña levantó la mirada y pudo ver que Víctor con sus últimas fuerzas dio un disparo directo al cuerpo de Georgi. Si bien no fue letal, logró que este botara el arma que tenía en su mano al darle asertivamente en el brazo.

Las sirenas de la policía afuera de la casa les dijeron que pronto todo estaría mejor, aunque no para todos.

Continuará…