Capítulo 8: Un cobarde es suficiente para lidiar con otro cobarde


La hermosa luz de la luna llena era lo único que podía iluminar a duras penas lo que parecía el escondite de Jiraia, la liebre de horrendas cicatrices rayadas que tenía la apariencia de Jack Savage. Desde el balcón, un marco de puerta de madera era la única entrada de iluminación lunar, era demasiado pequeña para que un oso entrara a través de ella, pero lo suficientemente grande para que un vulpino del tamaño de Nick Wilde pudiera pararse debajo de esta con una espada de madera en alto.

Dentro del casi oscuro escondite de Jiraia, dicha liebre permanecía aún tirada en el piso luego de ser atacado por sorpresa por el astuto zorro, quien por cierto, se encontraba muy cerca y al pendiente de la mal herida coneja ninja.

Luego de que Gintonick tranquilizara a Tsukuyo, la Judy de aquel raro mundo, el zorro la cargó entre sus brazos y la llevó a una esquina de la habitación, para después proceder a recostarla sobre lo que parecía una cama vieja, pero aún funcional.

—¿Te encuentras bien, Pelusa? —Nick preguntó aún preocupado por el bienestar físico de Zanahorias, su Zanahorias. Ya no le importaba si esa Judy era la verdadera o no; para él, ella era la coneja más importante de su vida en ese momento y quería asegurarse que ella no estuviera en un estado crítico.

—Lo estoy, Gintonick, estas heridas son recientes, pero no es nada grave. —Se secó la sangre de su boca y pómulos, luego, entre la poca luz que se asomaba, logró ver al zorro mejor: tenía vendajes por todas partes, la mayoría ensangrentados y probablemente con varias heridas abiertas—. ¡Pero mírate tú mismo, Gintonick! Estás gravemente lastimado y aún no te has recuperado. No debiste venir aquí, debiste haberme dejado sola y ayudar al resto de Yoshiwara… ¡Ay no, Gin…!

—Cálmate, Zanahorias impulsiva, todo está bien, yo no moriré, ni nadie más lo hará. Logramos contener el incendio, ahora mismo deben estar terminándolo de apagar. Así que calma, ya estoy aquí, yo… nadie… no vamos a dejarte sola…

Tsukuyo miró conmovida al zorro tras oír sus cálidas palabras, pero el crujir del piso de madera de la habitación alertó los sensibles oídos de la coneja. Ella miró con pavor como su antiguo maestro se reincorporaba con lentitud.

Aunque Nick estaba de espaldas, sabía que ese golpe que le acomodó no detendría por mucho tiempo a su enemigo y que una importante batalla se acercaba, pero necesitaba estar tranquilo y seguro de que la Judy de ese mundo estaría bien para poder salir airoso de la situación.

—Así que… —comentó la liebre de cicatrices, que aún portaba el extraño disfraz de zorro—… así es como me encontraste… lograste ver mis hilos y me seguiste hasta aquí… feh… debiste quedarte en el fondo del mar o abandonar Yoshiwara… pero estás aquí, como una mosca yendo directo a una telaraña… mi telaraña… ja, ja, ja…

Jiraia relamió la sangre de su pata y miró al vulpino con una risa ladina mientras terminaba de ponerse de pie, Nick sólo se limitó a darle una última sonrisa a la coneja para enseguida darse la vuelta y encarar a su oponente con un temple estoico, mientras mantenía la espada de madera que no había soltado en ningún momento apuntando hacía el piso.

—Gintonick… ¡argh!

Casi enseguida, Tsukuyo intentó levantarse para poder detenerlo, pero un punzante dolor en su hombro la hizo vacilar.

—No te molestes en decirme que me vaya, Zanahorias… —le dijo Nick de espaldas, casi leyendo su mente, mientras se alejaba de ella caminando sin prisa—. Cielos Pelusa, eres igual de testaruda y orgullosa que mi Zanahorias, ella siempre quiere hacer todo por su cuenta, llevar una pesada carga sobre sus pequeños hombros de coneja, ¿acaso tú también quieres soportar algo tan pesado tú sola? —El vulpino giró su cabeza para ver entre la penumbra el rostro de la lagomorfa—. Deja de comportarte como si no necesitaras de nada ni de nadie. Cuando quieras llorar, ¡Anda y llora! Pide ayuda, enójate, haz pucheros, apoya tu tierna y temblorosa naricilla llena de mocos sobre mi hombro; porque cuando estés hecha pedazos y pongas una cara fea, yo estaré ahí poniendo una cara aún más fea, chillando como un cachorro o haciendo estupidez y media con tal de aminorar un poco esa pesada carga que no te deja hacer feliz… no estarás sola, Zanahorias. Ni tus amigos ni yo te dejaremos estarlo…

Las palabras de Nick conmovieron a la Judy de ese mundo, quién no pudo más que reprimir sollozos y unas inmensurables ganas de llorar como nunca había hecho en su vida, el zorro transmitió una gran ola de sensaciones con las sinceras palabras provenientes de su corazón, de su alma, su alma plateada.

—Y cuando quieras reír, pues ríe, bobita; porque yo también estaré ahí riendo más fuerte y probando tu paciencia, puede que incluso te haga enojar más o que me golpees, pero sea como sea, yo… todos estaremos ahí, Pelusa.

Las lágrimas de desdicha se detuvieron un momento y abrieron paso a las de alegría, al comprender a donde quería llegar el zorro.

—Así es como siempre debió haber sido. —El vulpino se volvió a dar la vuelta, encarando a la liebre de horrendas cicatrices y que aún portaba ese extraño disfraz de zorro—. Es mejor ensuciarse mientras vives bajo tus creencias y rodeado de los mamíferos que más te importan, en vez de olvidarse de uno mismo, morir limpiamente y en soledad.

Tan inspirador y reflexivo momento fue interrumpido por la carcajada del Jack Savage de ese mundo, quién sólo se quedó parado y escuchando cada palabra que salía de su oponente.

—¿Dices que quieres llevar la carga de Tsukuyo? ¿Acaso no te das cuenta? ¡Tú y los demás son la causa del sufrimiento de Tsukuyo! —bramó iracunda la libre mientras la coneja regresaba a la terrible realidad—. Si te hubieras quedado muerto, si hubieran dejado a la ciudad arder, si no hubieras venido aquí ella no tendría que sufrir más, ella no se hubiera hecho horrorosa y podría ser la hermosa luna que siempre soñé.

Enseguida, Jiraia se desgarró las vestiduras y, tras hacer trizas lo que quedaba de su disfraz de zorro, saltó muy alto sobre el techo. En el aire, lanzó varios kunais a distintas direcciones de toda la habitación, incluso varias cuchillas pasaron cerca de Nick, pero él casi ni se movió, permaneció de pie y con su espada abajo mientras esquivaba sin mucha dificultad una navaja ninja que estuvo a milímetros de rozarlo. Para cuando todas las cuchillas se incrustaron en las paredes y pisos del lóbrego lugar, varios hilos casi invisibles rodearon al vulpino, que parecía estar atrapado en una telaraña gigante.

Hasta arriba, casi tocando el techo con sus orejas, Jiraia permanecía parado de pie en el aire, sin la indumentaria de zorro podía verse su torso desnudo, era más alto y esbelto de lo que parecía con el disfraz de Gideon Gray, y en su hombro izquierdo y debajo de sus hombros, tenía brazales especiales que contenían kunais de repuesto y un disparador con el que lanzaba las cuchillas con finos hilos para crear sus telarañas.

Pese a hacer la ilusión de estar parado sobre un piso invisible, Gintonick y Tsukuyo sabían muy bien que la liebre sólo estaba encima de uno de los filamentos para fingir que estaba flotando en el aire. Confiado en que sin el disfraz de zorro tenía mejor movilidad, el Jack Savage de ese mundo le dirigió unas cuantas palabras de advertencia a Nick desde arriba.

—Pero ahora que estás aquí, no tengo más alternativa que alimentarla a ella, a mi presa, con deliciosa comida. Tú serás un platillo de alta calidad que con su muerte quizás la haga hermosa otra vez…

—Me importa un bledo tu sentido de devoción y a quienes has traicionado con tal de seguir tus retorcidas fantasías —comentó Gintonick con una voz áspera que contenía su animosidad—… pero hacerte llamar su maestro para después traicionar a tu estudiante, quién ha confiado en ti desde que era pequeña, quién ha seguido tus pasos por tanto tiempo y quién ha querido ser como tú, sólo para que la trates como vil carnada… después de todo eso… tú no mereces hacerte llamar su maestro…

Recuerdos invadían la mente del vulpino, fugaces lagunas mentales del sueño que tuvo horas atrás, de las cosas que vivió con su pequeño maestro gruñón Finnick, quien le enseñó a vivir en las crueles calles del lado oscuro de Zootopia; también recordó al otro fénec que fue maestro del verdadero Gintoki, a quién le daba una sensación similar, de lo que significaba ser un buen maestro, uno que jamás le haría lo que esa detestable liebre le hizo a su Zanahorias.

—Tú no mereces llamarla tu estudiante…

El vulpino se calló por unos breves segundos, Tsukuyo lo miró desde lejos conmovida aún por su sabiduría, Jiraia no le quitaba la vista de encima mientras escuchaba lo que el zorro tenía que decir.

—Desaparece… —sentenció Gintonick con amargura—. Piérdete y no vuelvas a mostrarle tu asquerosa cara a esa magnífica coneja que no te mereces…

No sólo las reveladoras palabras llamaron la atención de Jiraia, de pronto notó como una pesada sensación se expandía por la habitación y através de toda su telaraña, y el origen de tan peligrosa emoción era ese zorro. Incrédulo, miró los verdes ojos del vulpino y vio en ellos algo más que la mirada asesina de un mamífero, esa mirada tan enigmática y tan mortal no podía pertenecer a una presa o una simple carnada.

—Esos ojos… esa mirada… es la mirada de un… cazador… como yo…

—Jack Pu… no… Jiraia… —Gintonick finalmente se puso en posición de ataque, colocando su sable en su espalda y una de sus patas vendadas al frente, preparado para recibir cualquier ataque—… No soy yo el que está atrapado en tu telaraña… ¡eres tú el que estás encerrado aquí conmigo en mi propia red! Y ahora que estás en mi territorio, como buen zorro, me encargaré de demostrarte quién es el alfa aquí. —Empuñó su espada con vehemencia y miró a la liebre con ojos asesinos— ¡Voy a hacerte más rayas con mi espada, mis colmillos y mis garras hasta hacerte pedazos! —sentenció Gintonick con una furia que lo hacía ver como un depredador salvaje.

—¿Un duelo de cazadores, eh? Ya veo… Interesante… ¡veamos quién es el alfa de esta telaraña entonces!

Con un kunai en cada pata y cruzado de brazos, el lagomorfo de terribles cicatrices se dejó caer desde las alturas para después impulsarse con uno de los muchos hilos invisibles de la zona. Sin pensarlo dos veces, Jiraia se abalanzó contra Gintonick y así la pugna entre el zorro y la liebre dio comienzo.

Nick, quién ya esperaba el ataque del Jack Savage de ese mundo, bloqueó con gran velocidad los cuchillazos con su bokken y enseguida los repelió, pero la astuta liebre no hizo más que saltar a la dirección opuesta y perderse entre la oscuridad de la habitación y moviéndose con una rapidez increíble entre su telaraña.

Gintonick intentaba permanecer en el centro del cuarto y donde más alumbraba la luz de la luna llena, no era tanto por la iluminación, pues con su visión nocturna ver los hilos no sería problema, pero era ese punto el lugar donde menos filamentos había y, por lo tanto, el Jack de ese mundo no podía atacarlo tan raudamente.

Pese a que el zorro lograba esquivar las patadas de Jiraia o sus intentos de acuchillarlo con sus kunais, Gintonick seguía sin conseguir asestar un solo rasguño a su oponente y sólo tenía tiempo para defenderse pero no lo suficiente para arremeter contra él.

La fugaz liebre, luego de fallar otro ataque contra el vulpino, brincó enseguida y se perdió entre su telaraña para intentar sorprender a Nick con una ráfaga de kunais, pero para su mala suerte, Gintonick se percató de su presencia y con gran agilidad repelió una a una las cuchillas ninjas, por desgracia, una de ellas salió volando hacia la dirección de Tsukuyo.

«¡Zanahorias!» —pensó preocupado, pero se alivió al ver que la cuchilla sólo se clavó a unos centímetros de su posición.

Desafortunadamente, ese momento de distracción fue aprovechado por la liebre y antes de que Gintonick reaccionara, Jiraia le dio una fuerte patada en la espalda que lo hizo perder su balance y caer al suelo aparatosamente. Sin perder la calma, Nick tomó su espada de madera y se reincorporó enseguida, esquivando de inmediato tres kunais que pudieron haberlo herido de gravedad. El zorro se dirigió enseguida al centro de la habitación y volvió a colocarse en pose defensiva para resistir los embates de su persistente adversario.

—Patético… —se escuchó la voz de Jiraia ir y venir a distintas direcciones mientras seguía saltando de hilo en hilo y propinando golpes y cortadas al vulpino—… Realmente esperaba más de ti y de tu admirable determinación, pero al parecer las heridas de nuestra anterior batalla no te dejan moverte con libertad. Fue un error que vinieras… ¡AQUÍ!

Gintonick a duras penas logró bloquear con su bokken los dos kunais que Jiraia intentó clavar en el pecho de Nick, pero mientras resistía el veloz embate que la liebre había conseguido tras impulsarse de uno de los hilos, las piernas heridas del zorro cedieron y este volvió a perder el equilibrio, por lo que terminó rodando en el piso, adentrándose sin intención al fondo de la habitación, que era oscura y llena de más hilos de la trampa mortal del Jack Savage de esa realidad.

«¡Maldición!» —pensó Nick afligido— «Tengo que darle alcance y alejarme de su red antes de que… momento…»— El vulpino se volvió a poner de pie y, sin pensarlo dos veces, se fue corriendo hacia la puerta que daba al balcón y por el único lugar donde entraba la luz lunar.

—¿Así que intentas escapar? —dijo Jiraia en voz fuerte mientras se preparaba a lanzarse contra el vulpino con uno de los hilos de su telaraña— Imaginé que harías eso… ¡eres un grandísimo estúpido!

Retrayendo y estirando sus piernas de liebre como un resorte, el Jack Savage de ese mundo salió disparado hacia el zorro que trotaba desesperado por salir de esa terrible maraña de hilos.

Sin embargo, tras atravesar el marco de la puerta, Gintonick giró con la punta de su pie y miró a la liebre cara a cara en posición de batalla.

—Aquí el único estúpido eres tú, sabandija.

El zorro alzó su pata y con ello su espada de madera mientras la liebre se dirigía a él sin poder evitar cambiar la dirección, pues afuera de la habitación no había ningún hilo y los marcos de la puerta impedían su movilidad.

Delante del vulpino y a escasos centímetros de él, Jiraia permaneció en el aire unos instantes hasta que Gintonick azotó con gran rudeza su bokken contra el suelo, golpeando con gran potencia a la liebre y enterrándola contra el piso de madera, levantando una nube de polvo y astillas.

Debido al humo producido por el bestial ataque, Gintonick se cubrió la cara con su pata derecha, pero antes de que pudiera acercarse a rematar a la liebre, un kunai con un hilo atado en el mango atravesó la palma del zorro. Desde el piso, Jiraia había activado uno de sus disparadores y aunque no se incrustó en la cara de su oponente, al menos lo hirió considerablemente.

Sin prestarle importancia a la herida de su pata, Gintonick se lanzó a atacar al escurridizo lagomorfo pero este se puso de pie y lo recibió con otro kunai en su pata, mientras la furiosa libre de horrendas cicatrices faciales intentaba apuñalar a Nick con su arma ninja, Jiraia se dio cuenta muy tarde que el vulpino usó el hilo que tenía el kunai incrustado en su zarpa y lo usó para enredarlo entre su pata y la de Jiraia.

—¿Qué estás…?

—¡Te atrapé, insecto! —sentenció Nick victorioso.

Con la pata derecha de la liebre atada a la zarpa izquierda del zorro, el Jack de ese mundo quedó inmovilizado e incapacitado para moverse por su red, además de no poder alejarse mucho del vulpino. Quién lo observó con una enorme y casi sádica sonrisa en su rostro.

—¡Lo voy a gozar como no tienes idea! —exclamó Gintonick ansioso como nunca antes en su vida.

—¡Ugh! —soltó un alarido de dolor Jiraia.

Con su pata derecha libre, Nick usó la espada de madera y le acomodó una fuerte estocada al estómago a su enemigo, sacándole el aire enseguida.

Decidido a terminar de una vez por todas con esa desgraciada liebre, Gintonick liberó por fin toda la ira y furia que había guardado hasta ese momento contra el despreciable lagomorfo. Ya sea como Jack Savage o Jiraia, el zorro soltó todo su odio en forma de fuertes golpes con su bokken, dándole repetidos porrazos en la cara, en el pecho, en los brazos y las piernas, asegurándose de infligirle el mayor dolor posible. Si bien era una pena que su espada no fuera de acero ni afilada, la madera de su sable era lo suficientemente dura para lastimarlo sin matarlo, quizás era más justo que el castigo de ese monstruo fuera lento y prolongado, no una muerte rápida que un sujeto de su calaña no merecía.

Pese a ser sobrecogido por los rápidos embates del vulpino, Jiraia no tardó en reaccionar e intentar arremeter contra el zorro. Logrando sacar un Kunai de su brazal, la liebre logró parar por unos segundos los embates de Nick y lo hirió levemente en el brazo, sin embargo, Gintonick no se quedó atrás y continuó vapuleando al Jack Savage de ese mundo sin tregua ni cuartel.

Jiraia fue sacando y lanzando más kunais a su oponente y aunque algunos lograban herir a Nick o incrustarse en su cuerpo, la furia y vehemencia del zorro no se detenían, lastimando y castigando con su espada de madera a la insufrible liebre; pero luego de unos minutos de su constante ataque, el Jack Savage de ese mundo recordó que aún le quedaba un disparo a su lanzador de kunais, si tan sólo lograra darle en la cara.

En un intento desesperado por quitarse al vulpino de encima, Jiraia accionó el lanzador que tenía en la cintura sin perder más tiempo y aunque no logró darle en la cara, la cuchilla ninja salió expulsada y impactó en el estómago de Nick.

—¡ARGHHHH! —bramó el cánido, soltando su espada de madera por el punzante dolor.

—¡Gintonick! —chilló la coneja preocupada al ver su Bokken en el suelo.

Aunque Jiraia había deshabilitado al zorro por un momento, todos los golpes que había recibido y las heridas que le provocó el vulpino lo dejaron agotado e imposibilitado para poder contraatacar; por su parte, Gintonick había utilizado todas sus energías infligiendo daño a su oponente y aunado a la grave herida de su vientre y un kunai clavado en su brazo, apenas y podía permanecer de pie, pero si debía caer esa noche, no lo haría antes que esa detestable liebre.

—¿Por qué…? —musitó Jiraia apenas sin aliento— ¿Por qué no puedo derrotarte? —Continuó respirando con dificultad—. ¿Cómo puedes tener un poder que rivalice con el mío? ¿Cómo si sólo yo me deshice de los estorbos, sacrifique a mis amigos, a mi hogar, a abandoné mi ser? Todo por mi presa, todo por ti, Tsukuyo… ¡¿Entonces por qué?! —exigió furioso—. ¿¡POR QUÉ!?

Tras el extraño monólogo de la liebre, la ira de Nick se había aminorado un poco y en vez de ver a su temible oponente con odio, lo comenzó a ver con lástima y se vio en la necesidad de responderle, no tanto por él, sino por la coneja.

—¿Acaso no lo entiendes? —respondió Gintonick faltándole la respiración y llamando la atención de la liebre—. Algunas cosas de las que te deshiciste eran muy importantes. ¿Abandonaste a tus amigos? ¡No! Tenías miedo de perderlos —El zorro forzó el agarre que tenía con la pata derecha de Jiraia y la bajó para que no intentara escapar—. ¿Qué peleabas solo? ¡No! No tenías que soportar la soledad si estabas solo desde el principio —Nick acercó su rostro al del Jack Savage y lo obligó a verlo a los ojos—. ¿Qué abandonaste tu ser? No. Sólo huías del dolor que causabas y del que tenías que soportar… ¡Eres sólo un cobarde!

Hubo un silencio, ni Jiraia ni Tsukuyo se atrevieron a decir más. Mientras, en la mente de Nick, recuerdos de su dura infancia, el momento crucial donde dejó su casa, abandonó a su madre para dedicarse a vivir como un zorro estafador en las calles y más invadieron su mente, recordándole que él no era quién para juzgar a nadie.

Luego, miró a la coneja y otra clase de recuerdos bellos vinieron a su mente, cuando conoció a Judy, cuando una torpe coneja confió en él, cuando salvó su vida, cuando gracias a ella comenzó a cambiar y se convirtió en un mamífero de bien… muchos y bastantes buenos recuerdos de Zanahorias, tantas dulces y bellas palabras que no podía decirle en ese momento.

—Zanahorias… ella… ella es mucho más fuerte de lo que tú podrías llegar a ser… o yo… —cerró los ojos y recordó como terminó en esta situación en primer lugar, el porqué se emborrachó y terminó en este estrafalario mundo:

—¿Qué dices Zanahorias? ¿Los tulipanes son tus favoritos? ¡Qué coincidencia! Pero no, estas flores no son para ti, Pelusa. Son para mi cita, una linda zorrita ártica con la que he estado saliendo desde hace semanas, ¿no te lo mencioné? Ja, ja, ja —rió sobreactuadamente el oficial Nick Wilde, recordando el momento en que lo orilló a ir a un bar a ahogar sus penas— Oh, es que, no quería decirte por si las cosas no salían bien, pero no te preocupes, Zanahorias. Tú ve con calma a tu cita con Jack Savage —No pudo evitar pronunciar su nombre con amargura—. Le deseo lo mejor a ambos… de todo corazón…

—Pero Nick, ¡no es lo que crees! —la verdadera Judy trató de detenerlo— él y yo no…

—¡No Zana… Judy! No digas más —la interrumpió el vulpino, llamándola severamente por su nombre de pila— Tú eres una coneja… y yo sólo un zorro. Ambos nos merecemos algo mejor y estar con nuestras respectivas especies.

—¿Pero de qué estás hablando Nick? ¿Nick? ¡No te vayas, Nick!

—¡Adiós Judy!

Y se fue corriendo, sin decirle nada más, Nicholas P. Wilde huyó una vez más de los problemas como siempre lo había hecho en toda su vida. Salió de la estación de policías de Zootopia y arrojó al cesto de basura más cercano el ramo de tulipanes púrpuras que no era para ninguna otra hembra más que para Judy, pero el zorro se inventó una vulpina que jamás existió como excusa para salir de ahí y que la coneja no supiera de sus verdaderas intenciones, de sus verdaderos sentimientos. Si él la alejaba primero de él, quizás ella no tendría como lastimarlo… o al menos eso pensó en su momento. pero minutos después terminó en el bar de peor calaña de la ciudad para intentar ahogar sus penas y lidiar con el dolor de la mejor manera que conocía: solo.

En el tiempo actual, Gintonick pensó en todas las cosas que dejó atrás antes de conocer a Judy, luego en la última estupidez que cometió por ella y lo último que le dijo. Reconoció con dolor lo parecido que era a Jiraia, al Jack Savage de esa realidad. Lo miró como si se viera a un espejo y, aún herido, agotado por la pelea, a centímetros de su rostro y aún amarrado a su zarpa le dirigió la palabra nuevamente a la liebre.

—Un cobarde es suficiente para lidiar con un cobarde… —Nick lo miró directamente a la cara con unos ojos tristes—. Pero yo soy más que suficiente para lidiar contigo. —Endureció la mirada y lo encaró decidido a demostrar quién era el alfa. El cobarde alfa.

—¡CÁLLATE! —bramó Jiraia fuera de sí.

—Tal vez yo no sea el más indicado para juzgarte… pero al menos de algo si estoy seguro… tú no tienes derecho de llamarte su maestro… —hizo otra breve pausa… recordó el humillante y algo deplorable vago recuerdo de cómo regresó a su casa esa fatídica noche, de como lo ha hecho cada vez que se ha caído por entregarse a la bebida o a los dolores de la vida… recordó que un pequeño y gruñón fénec siempre había estado ahí con él, cargándolo quién sabe cómo y con qué fuerzas entre sus pequeños hombros, y ahí, encontró las palabras exactas del porqué esa detestable liebre no podía hacerse llamar el maestro de Zanahorias y de ningún otro mamífero— ¡Tú no tienes la fuerza ni la voluntad para llevar en tus hombros a tu estudiante y su dolor!

—¡Cierra el hocico, Sakata Gintoki! —Jiraia gritó el nombre completo de su afamado enemigo, al mismo tiempo que, en un ataque de ira, terminó de enterrar el kunai que Nick tenía incrustado en su estómago— Oh, lo siento, que tú nombre no es ese, ¿verdad? —decía con sorna y locura— dices que te llamas Nick Wilde… ¿no es así? —comentó con burla el lagomorfo, pero en seguida su humor se esfumó cuando vio que el vulpino no se inmutaba para nada.

—No… soy… —murmuraba con dificultad el vulpino— Sakata Gintoki… tampoco soy… Nick Wilde… —Miró la aterradora cara que puso la coneja ante dicha escena, pero eso más que asustarlo, lo hizo dedicarle una pequeña sonrisa—… para ella… para mi Zanahorias… aquí y ahora… ¡SOY GINTONICK!

El vulpino tomó a la liebre de uno de sus hombros, inclinó su cuerpo para atrás y enseguida lo lanzó para adelante, dando un fuerte cabezazo contra la frente de la liebre. Jiraia intentó regresarle el daño haciendo lo mismo, pero el choque de dos cráneos de manera primitiva mantuvo a los dos mamíferos pegados frente con frente, mirándose mutuamente con odio y apretando los dientes. Luego de permanecer unos segundos inmóviles, finalmente, los ojos del Jack Savage de ese mundo se pusieron en blanco y sin hacer o decir nada más, cayó al suelo perdiendo el conocimiento. Nick Wilde, que se hacía llamar Gintonick en ese mundo había salido victorioso y de pie.

Debido a que Jiraia seguía atado a su pata, el vulpino no tuvo más opción que desamarrarse de él y dejar a su enemigo desmayado y, con suerte, quizás muerto; el cuerpo inmóvil del Jack Savage de ese mundo permaneció boca abajo. Luego procedió a quitarse los kunais que tenía clavados en su cuerpo: en su brazo, en su pierna y finalmente, en su vientre, aunque por la profundidad en que estaba incrustrado, prefirió esperar a que un profesional se lo retirara. Suponía que también existían médicos y un servicio de urgencias en ese mundo.

—Gintonick… —susurró la hembra viendo al zorro aliviada de que aún estuviera vivo.

—¿Te encuentras bien, Pelusa? ¿Puedes caminar? —comentó el vulpino dándole la espalda— Te llevaría yo mismo entre mis brazos, pero pesas mucho y ese imbécil me dejó un poco lastimadito —comentó en un tono irónico, mientras escupía un poco de sangre por la boca.

Quizás, no llegaría a tiempo a que le quitaran ese kunai del estómago. Parecía que ya era demasiado tarde.

—Vámonos a casa… Zanahorias… dijo con un hilo de voz, mientras sentía un escalofrío recorrer su espalda.


Notas de…

El cuarto blanco de siempre tenía ese letrero y muchos otros esparcidos por toda la habitación, pero también un nuevo cartel colgado en la pared que tenía el mensaje:

Preguntas y respuestas Episodio VII: La venganza de Moctezuma

Sin embargo, en lugar de ver a nuestros tres simpáticos protagonistas de las notas de autor, en su lugar había tres baños portátiles, no era difícil suponer que dentro de cada uno estaba el zorro Gintoki, el carnero de lentes Shinpachi y la vulpina voladora, Kagura.

—Ay, que bien chin… ¿no ven que estamos ocupados en algo ahora mismo? —se escuchó la voz irritada de Gintoki desde uno de los baños.

—Gin, no seas así y respeta a nuestros lectores… ay, ¡qué rayos! Lo siento, chicos, pero esta vez estoy de acuerdo con Gin —Se escuchó la voz de Shinpachi desde otro sanitario portátil—. Desgraciadamente nos agarraron en el peor momento, no nos encontramos en buenas condiciones de salud… ¡Ay, mi estómago!

—Así es-wey, diga, aru —comentó la chica murciélago, Kagura desde el baño faltante y recobrando su característico "aru" que había sustituido en las notas de autor pasadas—. Para que vean que hasta los personajes de relleno como nosotros también nos enfermamos y nos da diarrea explosiva-aru.

—¡Oye Kagura! No seas tan gráfica, no creo que los lectores quieran leer eso —dijo Shinpachi con dificultad para hablar.

—Pues no creo que haya mejor forma de hacerle saber a los lectores que estamos indispuesto hoy por causas de fuerzas mayores —Gintoki regañó al carnero desde su… errr… trono… —Además, ni siquiera nos llegaron preguntas estos casi tres meses que el autor estuvo de zángano y sin actualizar.

—Sí, estúpido autor-aru, se pasa de flojo.

—¡Gin, Kagura! ¡No provoquen al autor! Y menos ahora… siento que se me va a salir el corazón…

—Cielos Cuatro-ojos, sí que eres un vulgar. Pero como te decía. —Gintoki hizo una pausa más que obligada y luego continuó—,. Ya mejor cancelemos la sección por hoy, quiero lidiar con mi dolor a solas.

—Pero Gin, hay que llenar esta sección con algo —mencionó Shinpachi afligido—. El trato con el autor era hacer esta sección en cada capítulo o no nos regresaría a nuestra forma humana.

—Pues yo sé con qué podemos llenar esta sección-aru…

—¡KAGURA! —la regañaron los dos machos al mismo tiempo.

—Argh, mocosa, no seas vulgar…

—¡No me refiero a eso, malpensados-aru! —La chica murciélago comentó ofendida— Sólo respondamos a la pregunta que deben estarse haciendo los lectores ahora mismo-aru.

—"¿Por qué estoy leyendo esta porquería?", "¿Por qué hasta ahora no se ha escuchado ningún sonido indeseable?", "¿En qué estaba pensando el autor al escribir esta cochinada de fic?"

—¡Eso no-aru! Bueno, algo así-aru. Es decir-aru, ¿estaría bien decirle a los lectores el porqué estamos conversando dentro de los baños-aru, no lo creen-aru?

—Mocosa, ya te dijimos que no seas tan sucia y gráfica… ¡Ay, mi pancita!

—No Gin, creo que ya sé a lo que se refiere Kagura. Simplemente respondamos a los lectores la pregunta: "¿Por qué los tres terminamos en el baño?"

—¡Oh! Ya entendí, Patsuan. Bien pensado, Kagura. ¡Ahora responde rápido mocosa antes de que el narrador tenga que describir cosas asquerosas saliendo de mí! —Exigió Gintoki para terminar ya con su suplicio.

—Ok, ok-aru. La respuesta son tres simples palabras-aru…

—¡Kagura! —bramaron los dos machos al unísono sintiendo un dolor indescriptible y una enorme vergüenza por aparecer en estas condiciones en las notas de autor.

—La-aru. Venganza-aru. De-aru. Moctezuma-aru. Ok-aru, son cuatro-aru. Demándenme-aru.

—¡Shinpachi! Explica esto y que ya termine esta tortura!

—La Venganza de Moctezuma es un mal que le da a los turistas o extranjeros ajenos de México que consumen alimentos de dicho país y terminan padeciendo males estomacales, principalmente…

—Diarrea. Y no, no voy a explicar eso, seguro ya lo saben y si no usen Wikipedia, Google y pregúntenle a su… ¡Santa madre, qué dolor ¡Quiero ir a casa Forest, quiero ir a casa…! —se lamentó Gintoki con desesperación.

—Y antes de que pregunten como nos dio-aru, bueno-aru, como recordarán que en las notas pasadas-aru, celebramos una fiesta patria mexicana-aru, así que quizás comimos uno-aru, dos-aru, o veinte platillos distintos y bueno-aru…

—Al no estar acostumbrados a la exuberante gastronomía mexicana, terminamos así.

—Al menos ya pasó lo peor-aru. Lo peor de comer picante no es cuando entre-aru… si no cuando sale-aru…

—¡Kagura! —Shinpachi la volvió a regañar desde… bueno, el baño.

—¿Qué-aru? ¿Qué dije esta vez, putaku-aru?

—¡Oye!

—¡Como sea! —bramó Gintoki con prisa— Con eso acabamos la sección de esta ocasión. No olviden mandar sus preguntas y aprovechen, porque según nos informó el autor, el próximo será quizás el último capítulo de este asqueroso fanfic.

—¿¡QUÉ, QUÉ!? —cuestionaron de golpe y sorprendidos los dos animales restantes.

—¿Qué? ¿Qué dije? Pensé que ya sabían que el final de esta cochinada está cerca, mocosos…

—¡Eso no Gin! ¡Necesito que me respondas algo importante!

—¿Ahora qué, Patsuan?

—¿Tienes papel, verdad… verdad…? ¿Gin…? —preguntó Shinpachi con miedo.

—Oh rayos, ¡se me acabó! —El zorro comentó fastidiado desde el sanitario portátil— Kagura, Shinpachi, ¿podrían darme un poco…? ¿Chicos…? Oh no… no me digan que… oh no… ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

Gintoki, Shinpachi y Kagura gritaron más fuerte que Darth Vader en el episodio III de Star Wars: La venganza de los Siths desde esos condenados sanitarios sin papel higiénico.