Yuri abrió los ojos, encontrándose en una habitación que le costó reconocer. Observó a su alrededor y notó que tenía cosas conectadas a su cuerpo, un poco de molestia en su pecho y su cabeza daba un poco de vueltas. Solo había una cosa en su mente y ese era Yuuri. Recordaba un poco antes de caer inconsciente, pensaba en que ojalá Mila hubiese logrado salir bien junto a esa niña, en que aquel criminal no hubiese logrado llegar hasta donde se encontraba su novio y que Yuki estuviera a salvo.

Intentó sentarse, pero al sentir como todos esos cables se tensaban, tuvo miedo de desconectar alguno y se quedó acostado. Rememoró el momento exacto en que Mila salió por aquella ventana, subiendo al árbol en el que solían jugar de pequeños, Georgi estaba realmente enfurecido e intentó tomar el arma que le había quitado a Yuuri, pero el rubio fue más rápido y le quitó la que sostenía en su mano, logrando que el otro quisiera quitársela y forcejeando en el proceso, golpeándose mutuamente hasta que el de ojos verdes logró alejarse un poco con el arma en la mano. Yuri no sabía disparar y mucho menos tenía buena puntería, pero cuando jalo el gatillo logró darle a aquel idiota en un costado y sonrió al verlo retorcerse de dolor. Lo siguiente que supo fue que el otro había sacado la otra pistola ¿En qué momento? Fue lo único que alcanzó a preguntarse antes de escuchar el disparo y sentir un dolor agudo en su pecho. Recuerda haberse observado a sí mismo y ver la mancha de sangre que se hacía cada vez más grande, levantó su vista y vio como Georgi intentó escapar para bajar a la primera planta, pero como pudo se tiró para agarrarlo, en su mente solo estaba la seguridad de Yuuri, el japonés estaba abajo, su Yuuri estaba desprotegido y sin nadie que pudiera ayudarlo. Pudo ver de manera borrosa como el azabache intentaba zafarse del agarre en su pierna, pateando, pero aún así no consiguiendo nada hasta que Yuri se fue a negro y desde ahí ya no pudo ver nada más. Ya no había nada, ni preocupación, ni miedo y mucho menos dolor.

Dio un suspiro que hizo que le doliera un poco el cuerpo, llevó una mano a su pecho sintiendo algo extraño, tenía cubierta esa parte. Cuando iba a intentar ver que había debajo vino una mujer con bata blanca, una doctora de seguro, después de todo estaba en un hospital.

¿Qué me pasó? —preguntó al instante en que ella se acercó, antes de que ella pudiera hablar siquiera. No quería que comenzara a hablar dando rodeos, quería respuestas específicas puesto que su cabeza no daba para estupideces, no aguantaría escuchar cosas que le daban igual.

Tuvo un trasplante de corazón —le explicó la chica que lo observaba atentamente, era uno de los pacientes más guapos que había tenido, aunque no el más agradable— como vera, fue una cirugía de alto riesgo y necesita reposo —luego de eso comenzó a hablar de temas que Yuri no entendía, partes del corazón, lo que había sucedido en él para que dejara de funcionar y lo rápido que habían conseguido un donante.

¿Un donante? ¿Quién? —preguntó con la preocupación a flor de piel, había tenido un sueño extraño y no quería ni pensar en que tal vez Yuuri… no, era imposible ¿Mila? No. No podía imaginar que a alguno de ellos le hubiese pasado algo malo, que por eso él ahora estaba vivo.

No podemos dar esa información —respondió la doctora mientras miraba los papeles— en una hora podrá tener visitas. Solo una persona a la vez, nada de niños y por un breve periodo ya que necesita reposo ¿Entendió? —la chica ya se había dado cuenta levemente de la personalidad del rubio y no toleraría que quisiera romper las reglas.

Necesito ver a alguien ahora —imperó el chico.

En una hora —respondió con firmeza— las reglas no las hace usted aquí, señor Plisetsky.

Tsk —se quejó malhumorado. No le importaba quedarse quieto, estar acostado o si le pidieran incluso no abrir los ojos. Solo quería ver a su familia, estaba preocupado y por alguna razón las ganas de llorar se acumulaban en su pecho. Sentía como si hubiera algo importante que estaba pasando por alto— Lena —murmuró y recordó su extraño sueño donde Víctor le habló, de hecho conversaron hasta que despertó. Según él, no despertarían al mismo tiempo ¿Estaría peor que él? ¿Qué sería peor que un trasplante? ¿Estaría en coma? Muchas preguntas le venían a la cabeza, sobre todo porque recordaba cuando Georgi le disparó, pensó que había muerto ahí, pero al parecer no había sido de esa manera.

La hora pasó sin que se diera cuenta, la puerta se abrió y pensó que sería la doctora nuevamente, pero el cabello negro corto y los ojos marrones le indicaron enseguida que era a quien más ansiaba ver— ¡Yuuri! —intentó levantarse, sintiéndose adolorido y pudo ver como el azabache fruncía el ceño levemente y lo obligaba a mantenerse quieto.

No hagas eso, tonto —le dijo para luego besar rápidamente los labios del rubio. Fue tan feliz cuando le avisaron que la cirugía había sido un éxito, quería entrar a verlo enseguida, pero estaba prohibido por el momento. Esperó hasta que pudo, sin importarle el tiempo—Yura, estas bien. Estás aquí —no pudo evitar que un par de lágrimas se escaparan de sus ojos, había estado tan asustado, aunque el sueño que tuvo logró calmarlo un poco.

Sí, me siento aliviado de verte. Ver que estas bien —confesó mientras cerraba los ojos a la vez que Yuuri acariciaba su mejilla. Esa caricia se sentía tan bien ¿Cuánto tiempo había estado sin poder sentirlo?— ¿Cómo están los demás? —Preguntó y la preocupación volvió a él al ver que Yuuri se tensaba— vamos, dime —pidió y el de ojos marrones prefirió solo contar la parte buena.

Mila, Lena y Yuki están bien —respondió mientras intentaba sonreír— Georgi está hospitalizado, pero bajo vigilancia policiaca.

Está bien ¿Cómo está Víctor? —preguntó ya más tranquilo. Su hijo y su prima estaban bien.

Yuuri se tensó nuevamente, no quería decirle nada puesto que recién había tenido una cirugía que para empeorar las cosas había sido al corazón. Yuri no debía tener emociones fuertes, pero aún así no debía mentirle— él… murió —murmuró sin mirar al rubio,

Yuri apretó sus labios, el sueño fue muy extraño, pero tal vez lo tuvo por una razón y esa era entregarle un mensaje a Lena. Víctor de seguro murió con el primer disparo que le dio Georgi, debió ser terrible para Mila y Yuuri el que se los confirmaran. Se preguntaba qué pasaría con Lena, después de todo tenía entendido que los papeles de adopción aún no estaban listos, esperaba que todo saliera bien puesto que aquella niña había quedado sola y solo tenía confianza con la pelirroja.

La máquina que medía las pulsaciones comenzó a sonar, alertando sobre una alteración por lo que enfermeras y la doctora vinieron de inmediato a revisar todo. Yuuri se asustó, le pidieron que saliera un momento y luego lo hicieron volver, al parecer solo había sido un susto y todo estaba bien.

Al parecer tendré que estar unos días más acá —le dijo el rubio mientras levantaba una de sus manos para pedirle al azabache que se acercara. Por supuesto que Yuuri accedió y se sentó junto a su novio. Habían pasado por tanto, se necesitaban el uno al otro.

Si, veras a Yuki cuando te den de alta —explicó el azabache ya que sabía sobre la prohibición de que entraran niños por ser un post-operatorio delicado— puedo cambiar con Mila para que también la veas y…

No —dijo Yuri de manera cortante— solo quiero verte a ti, solo te necesito a ti, Yuuri —le pidió con la voz un poco temblorosa. Recién podía relajarse y dejar que todos los sentimientos que había guardado comenzaran a mostrarse. El miedo, la desesperación y el dolor del momento anterior a su inconsciencia comenzaban a emerger.

Tranquilo, me quedare todo lo que pueda —Yuuri volvió a besar los labios del rubio, pero esta vez profundizando un poco el contacto, aunque no podía hacer mucho ya que no quería alterarlo.

Se quedaron en silencio por casi toda la visita, Yuuri acarició los cabellos dorados de su pareja haciéndolo sentir tranquilo. Logró que este se durmiera plácidamente, esperaba poder llevárselo pronto a casa, la que para ese momento ya habían limpiado por completo.

Yuuri y Mila no habían podido volver a entrar en el lugar por las investigaciones, cuando estas terminaron contrataron a alguien para limpiar el lugar ya que ellos no querían revivir ningún recuerdo. Lena no se despegaba de la pelirroja, no quería perderla de vista luego de recibir la noticia de que su papá no volvería de nuevo, que ya no estaría junto a ella nunca más.

Como mi ded —le dijo Yuki a la niña cuando comenzaron a hablar en el jardín de la casa. El menor le mostró a su amiga donde estaba plantado el árbol donde crecería parte de su bisabuelo. No entendía muy bien cómo funcionaba, pero de alguna manera, sabía que ahí estaba el espíritu de Nikolai, aunque no podía darle un nombre.

¿Mi papá también puede estar ahí? —preguntó con inocencia la niña y Mila llegó justo para escucharla. Haría aquello para que Lena pudiera tener a su padre cerca, al parecer Yuki había resultado mejor para explicarle las cosas a su hija, que ella misma.

Sí, y podemos taer flores —comentó el chico a la menor a quien ya las raíces de su cabello platinado comenzaban a notársele, sonrió ampliamente. Había estado muchos días llorando o con su rostro serio, pero ese niño que era su amigo, lograba alegrarla en poco tiempo.

Jugaron juntos y se divirtieron, los niños se adaptaban con mayor facilidad a los cambios mientras más pequeños eran y para la suerte de Lena, aún tenía una mamá que la cuidaba y velaba por su seguridad. Mila solo se hacía la fuerte frente a los niños, pero cuando estos dormían, ella lloraba, lloraba porque sabía que todo esto había sido su culpa, lloraba porque pensaba que si hubiese tomado otras decisiones a lo mejor Víctor estaría vivo. Lloraba porque ya no podría volver a verlo nuevamente y al parecer se había enamorado de él.

El día del alta para Yuri llegó, aún debía tener unos cuidados especiales en casa, pero él estaba seguro de que todo estaría bien, porque Yuuri estaba junto a él. Yuki corrió a sus brazos en el hospital cuando lo vio salir de la habitación, aunque al estar cerca redujo la velocidad para poder abrazar a su padre con cuidado, después de todo Yuuri ya le había dicho que debía ser delicado.

Por fin estaban los tres juntos de nuevo, por fin podrían comenzar a armar todo para ser felices y ahora sin preocupaciones, porque Georgi sería arrestado y ellos estaban vivos. Mila también abrazó a Yuri, lloró en su hombro a verlo bien y este le correspondió el abrazo entendiendo que se sentía mal y culpable— todo está bien, no tenías más opción —le dijo el rubio, aunque por dentro si la culpaba un poco, porque había puesto en riesgo a Yuuri y Yuki, y ellos eran lo más preciado que tenía.

Continuará…