La noche en que Yuri llegó a casa, fue la noche en que Yuuri habló con él de manera calmada. Como siempre cuando todos ya estuvieron dormidos, ellos pudieron tener su tiempo a solas y conversar claramente sobre todo lo que había sucedido, que harían de ahora en adelante y muchas cosas más, pero la más importante de todas, era también la más delicada.

Yura, el donante de corazón… fue Víctor —Yuuri parecía haber perdido el tacto con el tiempo, pero la realidad era que no sabía realmente como abordar el tema. Necesitaba sacarse esa información de encima porque sentía que le mentía al rubio al no decirle.

Yuri quedó completamente estático, su cerebro intentaba conectar las palabras que había escuchado, pero era demasiado difícil. Llevó una mano a su pecho, donde estaba la cicatriz y pudo sentir aquel órgano de vital importancia latir. Él estaba vivo y era gracias a Víctor, él estaba vivo y era gracias a la muerte de una persona, gracias a la desgracia de otros.

Yo… ¿Por qué? —preguntó sintiendo demasiadas cosas al mismo tiempo como para manejarlas. Estaba enojado, triste y dolido, aunque no sabía con quien realmente— ¿Tu aceptaste esto? —miró a Yuuri como si lo acusara de un crimen y este se sintió ofendido.

Por supuesto que no. Obviamente cuando me dijeron que había un corazón disponible, yo les dije claramente que no lo necesitábamos y que esperaríamos el siguiente —respondió con sarcasmo— ¡Estabas muriendo! ¿Qué querías que hiciera?

El rubio se sintió estúpido, la culpa no era de su pareja. El hubiese hecho lo mismo en su lugar, porque si lo pensaba fríamente la otra persona, fuera quien fuese, ya estaba muerta y era mejor aprovechar aquello antes de dejarlo pudrirse en quien sabía donde.

Lo siento —se disculpó bajito a la vez que abrazaba a su pareja— de verdad, lo siento. Por todo —repitió y escondió su rostro en el espacio que se formaba entre el hombro y el cuello de su amado.

Yuuri correspondió el abrazo, sintiendo como si sus fuerzas fueran drenadas, Yuri lo absorbía y aunque sonara estúpido, se sentía bien, porque significaba que estaba vivo y estaba junto a él.

No sabía cómo decirte. El abogado de Víctor tomó la decisión y todos pensamos que era lo mejor, no podíamos devolver el tiempo, pero aquel hombre estaba seguro de que Víctor hubiese querido que tuvieras su corazón si con eso podía ayudar —el azabache no quería llorar, ya había derramado bastantes lágrimas cuando estuvo solo esperando por Yuri, pero el sentirse seguro en los brazos de su pareja no ayudaba. Yuri lo abrazó con más fuerza y acarició su cabello como si lo consolara, entonces las lágrimas comenzaron a caer una a una, esa noche Yuuri lloró por última vez: por la muerte de Víctor, por el miedo que tuvo, por la presión de ser fuerte y por el alivio que le provocaba tener a su persona amada junto a él.

Yuri por su parte no derramó ninguna lágrima, no era que fuera un insensible, pero afrontaba el dolor de otra manera y ahora solo necesitaba de Yuuri, de su tacto, sentirse vivo de otra manera. Giró su rostro para poder encontrarse con la mirada de su pareja, Yuuri se sonrojó porque pudo ver un poco de deseo en los ojos verdes de su pareja— no podemos —le dijo desviando la mirada, pero fracasando ya que el rubio tomó su rostro para que siguieran mirándose.

El doctor dijo que si —le recordó mientras se acercaba peligrosamente a los labios de su pareja y los rozaba con los suyos— siempre y cuando no haga mucho esfuerzo —aclaró mientras le sonreía de lado— así que tu tendrás que moverte —lo incitó mientras colaba una mano suavemente por debajo de la camiseta ajena. Como extrañaba tocar la piel de su pareja, sentir el calor de esta y la suavidad en sus dedos, aunque lo que más quería sentir era como Yuuri se estremecía ante aquel toque, como si fuera su primera vez.

Pero —susurró Yuuri embobado por la sensación de las manos ajenas, por el roce de sus labios que lo hacían querer ir a por más y por esos ojos que lo incitaban a hacer todo lo que el otro le pidiera. El rubio era peligroso y Yuuri lo sabía, pero le encantaba.

Yuri se acercó más y lamió la oreja de su pareja, para luego hablarle con voz ronca al oído—no hay "peros", lyubov' —con la última palabra logró tenerlo por completo, como le encantaba a Yuuri que su novio le dijera "amor" en su idioma natal. Lo derretía más que su toque y eso ya era decir mucho.

¡E- está bien! —se exaltó el japonés haciendo reír un poco al ruso— pero… vamos a la cama —le pidió. Mila se había quedado a dormir con Lena y no quería que los vieran haciendo cosas, además de que sería más cómodo para el rubio en un colchón que en el sofá. Yuuri también quería sentirlo, lo necesitaba, necesitaba que fueran uno nuevamente ya que era una manera de saberlo vivo.

Subieron a la habitación. Apenas entraron, calmadamente Yuuri se despojó de su camiseta para luego ayudar a su pareja a quitarse la ropa lentamente y con cuidado— es mejor si me quedo con esto —comentó el rubio apuntando su propia camiseta.

Yuri asintió. Por higiene tal vez sería lo mejor por ahora, así que se dedicó a quitarle todo lo que tenía de la cintura para abajo, logrando ver de inmediato la gran erección que se había le había formado a su novio— parece que alguien está demasiado despierto —lo molestó un poco.

Solo por ti —contestó Yuri mientras se sentaba en la cama para luego acomodarse bien de espalda ya que Yuuri le pidió que se acostara.

El japonés se quitó lo que quedaba de su ropa y se subió al colchón, gateando hasta quedar entre las piernas del rubio— entonces tendré que hacerme cargo —respondió mientras no despegaba su vista de aquellos verdes que tanto le encantaban. Necesitaban esto, querían esto y lo harían.

Yuuri masturbo lentamente el miembro ajeno, notando de inmediato como poco a poco la respiración de su pareja comenzaba a volverse irregular. Se relamió los labios para luego pasear su lengua por toda la dura extensión que se presentaba frente a él, paseó su lengua varias veces mientras seguía con el movimiento de su mano, para luego bajar hasta los testículos y comenzar a lamer y chupar aquella zona, sintiendo como su ego se elevaba un poco al oír pequeños gemidos de la boca del rubio que no le despegaba la vista de encima. Yuuri volvió a subir, dejando besos húmedos por el miembro del rubio, llegando hasta el glande con la clara intención de chupar y lamer aquel orificio.

Yuri tuvo que levantarse un poco, apoyándose sobre sus codos. La sensación era demasiado placentera y no quería perderse nada, aunque cuando Yuuri se metió su miembro por completo en la boca y de una sola vez, el rubio no pudo evitar echar su cabeza hacia atrás y morder su labio inferior evitando que un fuerte gemido escapara d sus labios. En cualquier otro caso no le importaría, pero había gente en casa.

El azabache comenzó a subir y bajar, dejando la erección cubierta de saliva y succionando con vehemencia cuando llegaba al glande para después bajar y meterlo todo nuevamente en su boca, sin importarle la extraña sensación al sentir el miembro en su garganta. Repitió la acción varias veces mientras Yuri deslizaba una de sus manos hasta el cabello azabache y lo agarraba con firmeza, haciendo que la cabeza de su pareja subiera y bajara a un ritmo impuesto por él. Cuando sintió que ya era demasiado, tiró de su cabello logrando que levantara la cabeza y se deleito con la vista de un Yuuri muy sonrojado, con la boca semi-abierta y la saliva escurriendo por la comisura de sus labios. No pudo evitarlo y lo atrajó hacia él para besarlo, sintió un poco de dolor, pero eso no importaba, ahora era más importante sentir su propio sabor en la boca ajena, jugar con sus lenguas hasta sentir el sabor de la saliva de su novio.

Se separaron completamente agitados, Yuuri estaba duro y él ni siquiera había hecho algo para aliviarlo— acuéstate —ordenó y el azabache obedeció de inmediato. Yuri se agachó para ser recíproco en sus acciones, pero Yuuri lo detuvo mientras negaba con su cabeza.

Quiero sentirte… sentirte dentro de mi —le pidió en voz bajita y Yuri entendió la necesidad de su pareja por volverse uno lo antes posible.

El japonés se estiró hacia el velador junto a la cama, abriendo el cajón y sacando de este el lubricante para dárselo a su pareja. Yuri puso una buena cantidad en sus dedos, repentinamente la desesperación por dilatarlo rápidamente lo invadió. También quería estar dentro de él pronto, besarlo y demostrarle a través de sus cuerpos lo mucho que lo necesitaba y que lo amaba.

Metió dos dedos de inmediato en la entrada de su pareja, mientras se recostaba sobre el cuerpo de este para alcanzar sus labios. Movió sus dedos lentamente, en forma de tijeras y haciendo círculos mientras descendía con su boca, pasando por el cuello del contrario hasta su pecho para encontrarse con aquellos botones que esperaban por ser atendidos. Metió un tercer dedo a la vez que ponía en su boca el pezón derecho de su pareja, el cual lamió y chupó todo lo que pudo mientras sus dedos seguían con su trabajo. Metió un cuarto dedo y pudo sentir como Yuuri arqueaba levemente su espalda y soltaba un gemido que se notaba, había intentado detener.

El rubio siguió moviendo sus dedos mientras le daba atención al otro pezón, una vez que tuvo ambos botones de un color bastante rojo y que se notaba que estaban sensibles, quitó sus dedos de la entrada ajena. Estaba listo y él quería introducirse ya.

No podían ser bruscos, así que la posición del misionero era la mejor opción en ese instante. Además así alcanzaría la boca de su compañero con mayor facilidad— te amo —le dijo mientras tomaba su miembro y lo alineaba con la entrada de Yuuri. Se introdujo lentamente hasta entrar por completo. Yuuri se aferró a las sabanas bajo él, no quería hacerle daño al rubio, pero este tomó sus manos obligándolo a ponerlas sobre su espalda— todo está bien, puedes agarrarte de mi ropa —comentó para darle seguridad y Yuuri asintió sintiéndose más seguro. Hizo lo que su pareja le dijo y se aferró a la camiseta de este, sintiendo como Yuri comenzaba a moverse, entrando y saliendo lentamente, disfrutando del momento como si tuvieran todo el tiempo del mundo.

Yuuri gimió bajito mientras sentía las estocadas en su interior, estas eran certeras y tocaban ese punto dentro de él que lo hacía sentir el máximo de placer. Se aferró al cuerpo del rubio también con sus piernas, escuchando la respiración agitada de ambos mientras comenzaban a besarse con la intención de no dejar que al otro se le escapara algún sonido que delatara lo que estaban haciendo. Yuri apoyó su peso en uno de sus brazos, mientras con su mano libre aprovechó de acariciar el cuerpo del otro, bajando por su torso hasta sus muslos, apretando su prominente trasero que tanto le encantaba. Llevó su mano hasta el miembro de Yuuri, sintiéndolo duro y caliente al tomarlo, por lo que comenzó a masturbarlo. Quería que ambos llegaran al final juntos.

Siguió entrando y saliendo del cuerpo de su pareja, cada vez saliendo más rápido, sacando su erección casi por completo para luego introducirla con fuerza de una sola vez. Estaba a punto de llegar a su orgasmo, podía sentirlo, así como podía oír los sonidos que salían de las bocas de ambos y que ya poco podían hacer para controlarlos. Soltó el miembro de Yuuri cuando ya se sintió muy cerca del final, solo para utilizar su mano poniéndola sobre la boca del azabache, lo que al parecer excito más al chico bajo él. Siguió bombeando hasta que sintió como la esencia del japonés los manchaba a ambos y a la vez como él mismo se aliviaba dejando salir todo en el interior de su pareja. Realmente este había sido uno de los mejores orgasmos que había tenido.

Yuri quitó su mano de la boca ajena para luego besarlo con pasión y dejarse caer a un costado del colchón. Había sido demasiado ejercicio por el día. Yuuri por su parte ni siquiera podía moverse, sentía su cuerpo tembloroso, su respiración agitada y la garganta un poco seca. Ninguno dijo nada hasta que sintieron que podían hablar correctamente.

Te amo, Yura, quiero estar contigo para siempre, quiero casarme contigo y vivir hasta el final de mis días junto a ti —dijo repentinamente Yuuri mientras se abrazaba al cuerpo del rubio quien estaba realmente sorprendido por esa lluvia de palabras. Yuri intentaba procesar cada frase y mientras más las analizaba, más feliz se sentía ¿Realmente estaba escuchando aquello?

Lo único que pudo hacer el de ojos verdes, fue besarlo para callarlo, necesitaba demostrarle que también quería aquello— yo también —le dijo luego de separarse de aquel contacto— cásate conmigo Yuuri, quédate por siempre a mi lado.

Continuará…