La noticia había dejado a Yuri muy emocionado, la verdad era que esto había ocurrido en el momento menos esperado, pero también había que aceptar que tal vez era el mejor. Cuando todos tenían un estado mental neutro, donde solo vivían el día a día agradeciendo no haber muerto en aquel incidente que marcó sus vidas, donde había pocas cosas que los hacían felices, aunque eran cosas muy importantes. El que viniera una nueva vida a este mundo, en este momento, lograba generar un ambiente alegre entre los presentes.
Yuri acarició por un largo rato, el vientre plano de su pareja, pensando en cuanto tiempo tendría, después de todo, no hace mucho que había ocurrido aquello ¿Y si Yuuri ya estaba embarazado en ese momento? Repentinamente se sintió preocupado, se acostó con la cabeza en las piernas de su pareja, con la intención de dejar su rostro muy cerca del estómago ajeno, aquel que contenía uno de los seres más preciados en su vida.
Yuuri se enterneció por el gesto, acarició los cabellos rubios mientras este comenzaba a cerrar los ojos poco a poco, sintiéndose más tranquilo mientras los demás seguían conversando sobre diferentes cosas. La voz del azabache lo arrullaba en cierto modo y las caricias lo llevaban al mundo de los sueños. Terminó dormido a los pocos minutos, dejando que el sueño se llevará aquella preocupación que había surgido de la nada, porque ahora estaban bien y debía enfocarse en todo lo que se venía. Un nuevo bebé y una boda.
—Parece que estaba cansado —comentó el japonés al darse cuenta de que su novio estaba demasiado tranquilo a diferencia de como se comportaba a diario.
—Es probable, después de todo aún está en periodo de recuperación —respondió Mila mientras le sonreía levemente. Aún extrañaba a Víctor y tal vez aquel sentimiento nunca se iría del todo, pero ahora habían más cosas a las que prestarle atención, tenía una niña a su cargo y eso no podía olvidarlo nunca, más que la que necesitaba apoyo constante debía ser Lena, porque ella era la que aún no entendía bien el mundo que la rodeaba, aunque increíblemente, Yuki la estaba ayudando bastante a pesar de ser menor.
Los días que le siguieron a ese fueron un completo caos, Yuri estaba más preocupado de cuidar del azabache que de sí mismo, no quería dejarlo hacer nada en la casa, incluso convenció a Yuki de que lo mejor era que Yuuri se quedará quieto todo el día por el bien del hermanito o hermanita que venía en camino.
— ¡Nooo! papi no puede hacher nada, papi se sienta. A-ho-ra —le decía el menor a Yuuri, mirándolo de modo autoritario y apuntándole el sofá. El infante vio a su padre japonés levantándose para alcanzar algo de la mesita que había en la sala y eso no le gustó nada, así que lo obligó a sentarse y él le alcanzó lo que necesitaba— papi bueno —le dijo mientras se subía al sofá para palmearle la cabeza a su padre como recompensa por ser un buen chico.
—Yuki, no estoy enfermo. Puedo hacer cosas, amor —intentaba inútilmente el azabache explicarle a su hijo, pero aún si lo decía mil veces, este no tomaba en cuenta sus palabras, porque su hermanito vivía dentro del vientre de su papi y debía cuidarlo.
—Si te mueves, mi hemano va a caer —respondía preocupado y se sentaba junto al mayor apoyando la cabeza en el estómago de este y acariciándolo con una mano mientras veía televisión.
Yuri si se estaba cuidando, solo porque sabía que si algo le pasaba sería una preocupación para su pareja y era lo que menos quería, pero no dejaba que nadie lo cuidara. Él tenía que ser quien se hiciera cargo de todo, porque era su futuro esposo y sus dos hijos los que debían estar bien, así que con la ayuda de Yuki, lograba vigilar al amor de su vida y mantenerlo bien.
Yuuri por su parte, comenzaba a sentirse sofocado. No llevaba ni un mes desde que había dado la gran noticia y ya le daban ganas de devolver el tiempo y quedarse en silencio hasta que comenzará a notarse por sí solo. Por otro lado, recordaba su embarazo con Yuki, donde había tenido a su familia al lado, pero no constantemente como ahora tenía a Yuri, en cierto modo eso lo alegraba y era en esos instantes donde pensaba que aquellas atenciones eran las mejores del mundo.
—Amor, cuando tu estuviste aquí —procedió a explicarle a su tierno hijo, mientras apuntaba su estomago— yo hacía muchas cosas y nunca te paso nada, porque aquí adentro estabas protegido. Es lo mismo con tu hermanito o hermanita.
—Hemanito —aclaró Yuki frunciendo el ceño. Él quería un chico con el cual jugar a las peleas, no una niña delicada como Lena. No le molestaba la platinada, pero sabía que había cosas a las que no podía jugar con ella. La verdad era que Lena, podía jugar a las luchas, pero temía que al ser mayor, pudiera hacerle daño al tierno niño de ojos verdes, porque ella era una niña grande y Yuki aún era un bebé.
—Aún no lo sabemos, habrá que esperar para eso —Yuuri no iba a ilusionarlo con algo que desconocía.
— ¡El almuerzo está listo! —grito el rubio desde la cocina y Yuki corrió para ayudarle a poner la mesa. El pequeño tenía mucho trabajo estos días, con su papá que debía tener cuidados especiales por la operación y su papi que llevaba a su hermano en el vientre, debía cuidar a esos dos adultos que no podían hacer nada por ellos mismos ¿Que harían sin él? Era lo que se preguntaba a veces. A aquello había que sumarle, el regar el árbol del abuelo y compartir con Lena cuando esta venía de visita. Mucho que hacer y muy poco tiempo para tener solo cuatro años.
Los Yuris comenzaron a planear su boda, sería algo pequeño ya que solo necesitaban a las personas justas cerca de ellos— entonces en un mes será —dijo Yuri mientras estaban sentados a la mesa con un montón de papeles, entre calendarios, fechas para matrimonio civil, pasteles de boda y varias cosas más que habían estado cotizando.
—Sí, estoy muy emocionado. Espero que no se me note la barriga para entonces —se quejó Yuuri haciendo un puchero.
—Aún si eso pasa, te veras hermoso —comentó el rubio imaginando a su pareja con un estómago bastante abultado.
—No lo creo, con Yuki no quería ni salir de casa —confesó algo avergonzado. Siempre tuvo problemas de sobrepeso, por ello el engordar era algo que no le gustaba, aunque entendía que era algo natural en un embarazo y solo por eso lo aceptaba.
— ¿Tienes fotos? —repentinamente lo atacó la curiosidad de ver a Yuuri embarazado de Yuki. Por un lado, para ver cómo sería y por el otro, porque él no estuvo en aquel momento y quería ser parte de él aunque fuera mediante fotografías.
Yuuri se sonrojó por la pregunta, tenía fotos, por supuesto que sí, pero no era algo que le gustara mostrar— si tengo —respondió mientras tomaba su teléfono y comenzaba a buscar en la nube virtual, las imágenes de él mismo más joven, más gordo y menos enamorado— Aquí están, son solo unas pocas que mi hermana me tomó.
Yuri recibió teléfono y se dedicó a observar cada una de las imágenes. Yuuri definitivamente se veía adorable, aunque notoriamente más joven. Eso no descartaba que ahora se fuera a ver igual o más adorable.
—Muy lindo el cerdito —comentó logrando que el japonés enrojeciera hasta las orejas.
Aprovechó y se envió a si mismo todas aquellas imágenes, Yuuri intentó quitarle el celular para que no lo hiciera, pero el rubio fingió dolor y así logró escapar con el aparato hasta el baño para encerrarse y así lograr su cometido.
Entre imágenes en la nube, pudo ver a un Yuuri aún más joven, junto a un chico moreno y embarazado. El otro chico no tenía mucho tiempo de gestación, se notaba por el volumen de su estómago, pero se veían muy felices juntos. Supo que debía ser aquel amigo de Yuuri, el japonés le había hablado de este en una ocasión, aunque muy superficialmente ya que se notaba que le dolía aquel tema de conversación. Yuuri había tenido una pérdida importante en ese entonces y también ahora, por lo mismo él lo creía una persona fuerte, ya que mostraba una sonrisa a pesar de todo. Por lo menos ahora lo tenía a él para apoyarse y eso le alegraba.
— ¡Yuri Plisetsky! ¡Devuélveme mi teléfono, ahora! —ordeno el azabache tras la puerta y Yuri rio por aquello, sobre todo cuando escuchó golpes que se notaba no pertenecían a Yuuri, sino a unas manos más pequeñas.
—Papá, papi te habla —le decía mientras golpeaba la puerta— ¡Papá! ¡Papi no pede enojase! —gritaba molesto el menor quien seguramente debía estar frunciendo el ceño como si fuera una mini versión de él.
Yuri abrió la puerta y entregó el celular a su dueño, recibiendo el mismo gesto de sus dos amados azabaches, ambos le sacaron la lengua y le dieron la espalda para dirigirse a la sala. Como los amaba.
El matrimonio venía pronto, si fuera por él aceleraría el tiempo para que Yuuri fuera suyo y viceversa, para luego detenerlo o alentarlo con la intención de que los hermosos momentos duraran para siempre o por lo menos, se alargaran todo lo que pudieran.
Continuará…
