Yuuri estaba con un ataque de ansiedad, hace un mes había comprado un traje para aquel día tan especial, pero justo cuando iba a ponerse la camisa, esta le quedaba apretada. Los botones en su vientre no cerraban a no ser que intentara hundir el estómago y eso no estaba bien porque le quitaba espacio al bebé. De un día para otro su estómago había crecido levemente, a simple vista no era tan notorio, pero la ropa no mentía. Tenía ganas de llorar, no sabía que más podría usar ya que no se le había ocurrido probarse aquello un día antes, sino que idiotamente se lo había puesto el mismo día de la boda y ya no quedaba tiempo.
—Tranquilo —le dijo Mila intentando calmarlo, sabía que debía estar más sensible de lo normal por el embarazo, así que debía hablarle con delicadeza— busquemos algo más, a Yuri no le importara incluso si apareces con un saco de papas encima —intentó quitarle importancia a la situación y pudo ver como pequeñas lágrimas comenzaban a correr por el rostro del azabache.
— ¡No quiero ir con un saco de papas! —comenzó a llorar más fuerte, alertando al resto de las personas en la casa, logrando que un Yuki muy preocupado llegara corriendo desde la otra habitación donde había estado ayudando a su padre ruso a vestirse.
— ¡Papi! —exclamó y fue corriendo a abrazar a su padre japonés para ver si con eso paraba de llorar. Acarició el estómago donde estaba su hermano, tal vez él era quien hacía llorar a su papi.
Mila sonrió y tomó una foto de la escena, no todos los recuerdos plasmados debían ser felices, este en especial sería uno triste y tierno. Yuuri paró de llorar para luego cargar a su hijo en brazos, quien enseguida comenzó a ponerse inquieto para que lo bajara, Yuri le había dicho a Yuki que el azabache no podía alzarlo en brazos porque no estaba bien que cargara peso.
— ¿Ya no quieres a tu papi? —le preguntó Yuuri aún sensible al ver que su hijo no quería estar en sus brazos, comenzando a llorar nuevamente.
—Si te quero, papi —respondió Yuki— pero… yo gande —respondió en tono firme para que su padre entendiera que no debía tomarlo.
Mila logró encontrar otra camisa que hiciera juego, pero toda la ropa era de la misma talla por lo que le quedaban apretadas y parecía que los botones iban a salirse. No sabía que podrían hacer, Yuki tuvo una idea y volvió a donde el rubio se terminaba de vestir, le robó una camisa del armario y corrió de vuelta donde Yuuri. El menor estaba consciente que la ropa del rubio era más grande que la del japonés, así que si el problema era el porte, esto debía funcionar.
Yuuri recibió la prenda y se la puso. Su futuro esposo también era delgado, pero un poco más fornido, por lo que la prenda le quedo justa al abotonarla en la parte del vientre. Las mangas le quedaban un poco más largas, pero podían doblarse, así que con eso pudo vestirse ya más tranquilo.
Yuri se quedó muy confundido en la habitación al ver como su hijo le robaba una camisa para luego salir corriendo sin decirle nada.
Yuri bajó primero. En el primer piso, más específicamente en el jardín, pusieron una mesa para que la persona encargada de los papeles del matrimonio pudiera acomodarse y así realizar todo lo necesario. El rubio verificó que todo estuviese bien, miró la hora en el reloj de su muñeca y salió hacia su vehículo porque aún faltaba algo para hacer ese día tan especial. Aún quedaban un par de horas antes de comenzar, tiempo suficiente para ir y volver al lugar donde recogería el obsequio de bodas más importante, el que alegraría el día de su futuro esposo.
Yuuri bajó luego de una hora, su pareja le había dicho que necesitaba ir a recoger el regalo de bodas que le tenía, dejándolo algo incomodo porque él no le tenía nada. El azabache se acomodó en el sofá para esperar, mientras Yuki jugaba sin ensuciarse ya que le habían advertido que debía estar presentable por lo menos hasta después de la ceremonia. El menor jugó en el jardín junto a Lena, encontró una flor que se había caído de uno de los árboles y se la puso a la niña en el cabello detrás de la oreja, ya que lo había visto en una película. La pequeña platinada se sonrojó levemente y fue corriendo a mirarse en un espejo, se sentía muy linda de esa manera, así que le dio un beso en la mejilla al menor a modo de agradecimiento. Beso que el pequeño azabache se limpio con la mano, le eran un poco asquerosas esa clase de muestras de afecto de parte de una niña cuando no eran a modo de saludo a despedida.
Mila se sentó junto a Yuuri, estaban esperando a que la persona que debía traer los papeles llegara, al igual que Chris y Yuri. Aún quedaba tiempo.
Una hora más tarde ya estaban todos ahí, Yuri llegó algo apresurado y dejó la puerta abierta tras él— quiero que vayas a la puerta delantera. Hay algo para ti ahí —le dijo el rubio a su pareja y este con la curiosidad invadiéndolo por completo, fue apresuradamente a ver que era.
Yuuri casi se desmaya al ver a su familia ahí, su hermana y padres estaban presentes a pesar de que las veces que hablaron por teléfono estos le dijeron que no podrían asistir a su boda, pero si cuando naciera el bebé. Debió ser muy difícil juntarlos, sus padres residían en Japón, mientras que su hermana estaba en Estados Unidos.
Abrazó fuerte a cada integrante, Yuki corrió al escuchar la voz de su tía y se lanzó a sus brazos. La había extrañado mucho y había necesitado de ella en muchas ocasiones, pero había sido valiente porque sabía que su padre lo había llevado a ese lugar por algo, además había conocido a más personas, como su ded, a Mila y a Lena.
—Estas muy grande —le dijo Mari al cargarlo en sus brazos y sintiendo el aumento en su peso. Ya no era un bebé y eso la hizo pensar en cuanto tiempo había pasado sin ver a su hermano también.
Yuri había contactado a la familia de su pareja, estuvo un mes realizando todo tipo de malabares para que pudieran llegar aquel día. Hicieron un trato, se casarían ahí con su presencia, pero cuando faltaran pocos meses para el nacimiento del bebé irían a Japón y nacería allá, con la familia de Yuuri. El rubio movería cielo, mar y tierra con tal de mantener feliz a su pareja, él sabía lo importante que era tener a su familia cerca, porque lo había vivido con su abuelo y con Mila, así que no dejaría que se desperdiciara el tiempo. No sabían que les deparaba el futuro, así que si iban a hacer algo, debía ser ahora para que luego no hubiese arrepentimientos.
—Muchas gracias —Yuuri se abrazó a su novio, llorando de felicidad por aquel regalo tan hermoso, tener a su familia ahí reunida junto a la familia de Yuri. Aquello le daba una sensación de que todo estaría bien, se sentía seguro con sus seres amados cerca, estaba completamente feliz.
—Te ves hermoso, que buen gusto para escoger camisas —le mencionó el rubio mientras caminaban hacia el jardín para comenzar con el casamiento. Se dio cuenta que fue la que Yuki le había robado unas horas atrás y pudo ver como Yuuri se sonrojaba por el halago.
—Engordé —respondió entre molesto y avergonzado. Yuri abrazó a su pareja por la cintura y puso su mano libre en el vientre del azabache, notando que realmente estaba más abultado. Estaba feliz de poder estar en cada etapa.
—Aun así, te ves hermoso. Más con mi ropa —volvió a adularlo y se pararon frente a la mesa mientras los demás se sentaban en las sillas que habían organizado para ellos.
El matrimonio fue simple, leer los papeles, firmar y besarse como símbolo que sellaba aquella promesa de amor entre ambos. Para los demás podía ser un simple papeleo, para ellos era un momento que marcaba sus vidas, que daba inicio a una nueva etapa en su relación.
Todos aplaudieron luego de aquel beso, Yuri fue el que lloró de felicidad esta vez, escondiendo su rostro en el cuello de su pareja al abrazarlo. No dejaría que nadie lo viera llorar, eso no estaba bien y lo avergonzaba en cierto modo. Aquella faceta solo podía mostrársela a Yuuri, porque con él no había secretos.
Después de la ceremonia, tuvieron una pequeña cena. Rentaron una mesa un poco más grande para que estuvieran todos juntos y así Yuri pudo conversar más con su ahora familia. Hiroko era una mujer muy amable, se veía contenta de que su hijo estuviera feliz; Toshiya era un hombre que lejos estaba de ser serio, se parecía mucho con su esposa en el sentido de la calidez que emanaban, les dio su bendición a la pareja y le pidió a Yuri que cuidara bien de su hijo y nietos; Por ultimo Mari le sonrió recordando la primera vez que lo vio, jamás hubiese imaginado que al final se encontrarían nuevamente y mucho menos que terminarían juntos.
—Así que el chico guapo terminó siendo mi cuñado, esta es la mejor vuelta del destino —dijo Mari y Mila la miró extrañada para luego preguntarle por qué decía aquello— ¿No lo sabes? Le pagué a este chico —mencionó apuntando con su pulgar al rubio que abría los ojos aterrado recordando que su prima solo sabía la historia que le había contado a su abuelo— para que le diera a mi hermano sus "semillitas" —explicó la hermana de Yuuri y el japonés casi se desmaya ahí mismo.
Todos en la familia Katsuki sabían aquello, pero Mila era otro asunto. La pelirroja solo sonrió para luego mirar a Yuri con cara de "más tarde hablamos", un rostro que el rubio podría ver hasta en sus pesadillas— ¿Fue así? No tenía idea. Muy curiosa historia —comentó la chica.
Mari y Mila se hicieron buenas amigas, a la japonesa le encantó la belleza natural de Lena y recordó al sujeto con el que su hermano mantenía una relación por internet, pero no dijo nada, sabía que Yuuri no hablaría si no quería hacerlo.
Hiroko y Toshiya, aprovecharon de pasar tiempo con su nieto y llenarlo de abrazos y besos— quere katsudon —les dijo Yuki recordando lo bien que cocinaba su abuela.
—Mañana te prepararé ¿Está bien? —respondió contenta la mujer y el menor asintió.
Chris se unió a las chicas en la charla y los Yuris se mantuvieron en el jardín, cerca del árbol que comenzaba a crecer. Con anillos de matrimonio en sus dedos, abrazados e imaginando el futuro que les esperaba, pensando en la vueltas que daba la vida y el cómo de acuerdo en acuerdo llegaron a este momento.
—Estoy feliz de haberte buscado —confesó Yuri, acostándose en el pasto y apoyando su cabeza en las piernas de su esposo.
—Y yo estoy feliz de que me encontraras y de haber aceptado venir —comenzó a acariciar los cabellos dorados, recordó el primer día que se conocieron y como el rubio de manera impulsiva quería llevarse a Yuki como si fuera un objeto. Ahora era lo más importante para el rubio, podía notarlo.
Les quedaban muchas cosas por vivir, pero después de todo lo pasado, sentían que podían superar cualquier cosa, que su relación era realmente fuerte debido a todos los acontecimientos. Ambos se disculparon con el abuelo por haberle mentido y le agradecieron sus consejos y palabras que los ayudaron a estar juntos ahora.
Había sido un día muy bonito a pesar de ser una ceremonia pequeña.
Continuará…
