—Quiero comer fresas —dijo Yuri mientras estaba con su pareja en la cama. Esta situación no era la primera vez que se daba, curiosamente cada vez que se iban a dormir, al rubio le había dado por comer fresas, era como si su cuerpo las necesitara y de solo pensar en ellas se le hacían agua a la boca. Yuuri solo reía por el antojo de su pareja, era muy extraño ya que el embarazado era él y no Yuri.
—Entonces ve por fresas a la nevera —respondió el azabache. Como estos antojos sucedían con frecuencia, habían optado por comprar fresas congeladas, además de una gran cantidad de productos con aquel sabor, como helado, yogurt y otras cosas.
— ¿Y qué crees que iba a hacer? —preguntó con el ceño fruncido, estaba harto de esa sensación, era molesta. Menos mal que no tenía mareos o ganas de vomitar, había leído que a veces los síntomas los sufría el padre en vez de la madre, pero siempre pensó que aquello era algo falso. Se levantó de la cama y se dirigió a las escaleras para poder llegar pronto a la cocina, Yuuri había dejado aquellos frutos rojos en un bowl, ya listos para llegar y comer. El rubio sonrió por eso, su esposo sabía complacerlo a pesar de que debía ser él quien estuviera al tanto de las necesidades del azabache, ya que el embarazado era él.
Yuuri esperó con paciencia a que su pareja volviera, sonriéndole cálidamente cuando lo vio nuevamente ingresar a la habitación. Levantó las mantas del lado de su esposo para que este pudiera recostarse y comer de lo que traía— Yuri —llamó su nombre con una pregunta en mente que le surgió de manera repentina— ¿Te había pasado esto antes?
El rubio observó unos segundos a Yuuri sin entender de inmediato a que se refería, hasta que lo vio apuntar el bowl, entonces supo que hablaba de los antojos— no que yo recuerde, aunque… —analizó su vida años atrás, cuando se suponía que Yuuri debía estar esperando a Yuki y entonces algo hizo clic en su cerebro, logrando hacer calzar las piezas— hace años me dio un tiempo por comer galletas con crema, algo muy extraño porque no soy del tipo de persona que come muchos dulces —explicó.
Yuuri rio bajito por eso, a él nunca le habían dado antojos, por eso sintió curiosidad. A Yuki le encantaban las galletas con crema, pero el japonés se las prohibía ya que mucha azúcar no era buena para un niño— entonces también te pasó con Yuki —dijo a modo de observación, sintiéndose feliz de que aún en ese entonces hubiera ese tipo de conexión entre padre e hijo— entonces a este bebé le gustaran las fresas ¿Eh? —acarició su ya notorio vientre y Yuri se acercó para acomodar su cabeza sobre aquel bulto y que así su esposo lo mimara a él también.
El japonés acarició los dorados cabellos de su pareja, sintiéndose agradecido de tener una familia tan maravillosa. Yuki estaba durmiendo en su habitación, era un buen niño que se preocupaba por sus seres queridos y aunque a veces era algo travieso, era algo normal.
— ¡Ah! Me pateó —se quejó el rubio mientras levantaba su cabeza y miraba con su ceño fruncido al lugar donde se escondía su futuro hijo— ¿Ya viste? No ha nacido y ya es un malcriado.
—O malcriada, aún no lo sabemos —aclaró el japonés riéndose por lo exagerado que era el rubio— además, no creo que lo hiciera a propósito. Tú eras quien estaba aplastándolo.
— ¿Ahora lo defiendes? —sonrió de lado, solo quería llamar la atención de su esposo un rato ya que sabía que luego del nacimiento del bebé, ya no la tendría como ahora.
El azabache se acercó a su pareja y le dio un suave beso en los labios, Yuri a veces se comportaba como un niño pequeño y aquello le parecía tierno, le gustaba ver ese lado del rubio. Se acomodaron después de tal manera que la cabeza de Yuuri quedara sobre el pecho de su esposo, así este no recibiría patadas inesperadas, Yuri acarició el pronunciado abdomen de su pareja sintiendo como él bebé se movía como si buscara el lugar donde él ponía la mano, como si quisiera hacerle saber que estaba ahí.
Los meses siguientes transcurrieron con rapidez, Yuki ayudaba en todo lo que podía como siempre, mientras Yuri se sentía cada vez con más fuerzas y con mejor salud a diferencia de Yuuri quien comenzaba a engordar cada vez más y también estaba más sensible.
—Estoy horrible y gordo… y feo —decía el azabache mientras se vestía con la ropa para embarazado que su esposo le había comprado hace poco. Yuri lo habría hecho antes, pero el japonés se negaba a aceptar cuanto había subido de peso debido al bebé y él tuvo que armarse de paciencia para poder aguantarlo.
—No eres horrible, ni feo, Yuuri —respondió mientras lo ayudaba a ponerse una camiseta.
—Pero si gordo.
—Es normal.
—Pero estoy gor-do —por alguna razón Yuuri quería escuchar de la boca del rubio, el hecho de que estaba con sobre peso. Tal vez quería iniciar una discusión, pero no estaba resultando como quería.
—Estas embarazado, es normal —respondió con infinita paciencia, negándose a entrar en el juego de su hormonal pareja. En una ocasión si le había dicho que estaba gordo y Yuuri había terminado llorando y echándole la culpa por embarazarlo, así que esta vez elegiría sus palabras con mayor cuidado, aunque las ganas de decir todo de manera directa no le faltaban.
Tocaron a la puerta y Yuki corrió dentro de la habitación gritando— ¡Es Lena! ¡Lena llegó! —avisó el menor, emocionado por ver a su amiga ya que habían pasado semanas sin que pudieran jugar. Mila tenía trabajo fuera de la ciudad y por lo tanto su hija iba con ella, impidiéndole visitar a su familia por un tiempo, pero dándole la oportunidad de obtener más ingresos para mantener su pequeña familia— papi ¿Estas enojado? —preguntó a Yuuri al verlo con su rostro serio, se acercó a él y lo abrazó apoyando su cabeza en el estómago de este que parecía que estaba a punto de reventar— estas gordito y bonito —le dijo sonriendo para luego besar el vientre del azabache, recibiendo como respuesta que el bebé se moviera.
Yuuri no pudo con tanta ternura y se agachó como pudo para besar la frente de su hijo— ¿Seguro que soy bonito? —le preguntó y el menor asintió contento de ver al japonés más tranquilo.
—Iré a abrir la puerta —avisó Yuri, tomando aquella oportunidad para huir de ahí, por suerte su hijo había logrado apaciguar el momento. Bajó con rapidez y abrió la puerta, encontrándose con Mila, Chris y Lena, no le agradaba mucho que ese rubio siempre estuviera cerca de su prima, pero debía admitir que parecía realmente interesado en que estuvieran bien, después de todo su mejor amigo fue Víctor, era normal que se preocupara por el bienestar de su hija— hola —saludó mientras se salía del lugar para que sus invitados entraran— Yuki está arriba, por si quieres ir a saludar —avisó a la platinada mientras le revolvía el cabello y veía como inflaba las mejillas en disgusto para luego ella misma peinar su cabellos con los dedos.
—Mami, voy con Yuki —le dijo a la pelirroja quien le respondió con una sonrisa y subió corriendo para encontrarse con su amigo al cual extrañaba demasiado.
— ¿Cómo está Yuuri? —preguntó Mila y pudo ver como Yuri rodaba los ojos.
—Digamos que ya no es tan adorable —respondió.
— ¿Quién no es "adorable"? —preguntó el azabache que venía bajando con cuidado, lentamente pasando escalón por escalón para no correr el peligro de caer.
—Eh…
— ¡Yuuri! Estas tan hermoso y radiante —se apresuró a cambiar el tema la pelirroja mientras se acercaba al azabache y lo abrazaba— ya queda poco ¿No?
—Si, pareciera que el tiempo pasa más lento.
Ambos se enfrascaron en una conversación sobre el embarazo, donde Mila le hablaba sobre lo que había leído y Yuuri le explicaba como se había sentido el último tiempo. Los dos se llevaban muy bien, fueron al sofá a sentarse y así poder conversar con mayor comodidad, como era costumbre, Mila mantuvo una de sus manos sobre el estómago del japonés, asombrándose por lo mucho que se movía el bebé, para ella esto era lo más cercano que tendría a sentir a un ser vivo que aún no nacía.
Yuri y Chris fueron a la cocina por algo de beber, conversando sobre el trabajo y lo caótica que era una persona embarazada, cada cierto tiempo podían escuchar a Yuuri diciéndoles "¡Los escuche!", dándole a entender a Yuri que podía oír todas sus quejas.
Yuki por su parte, abrazó a Lena cuando la vio y se fueron a jugar a su habitación, armaron una casita con almohadas y utilizaron los peluches para crear una familia feliz, donde Yuki era el padre, pero se quedaba en casa cuidando a los hijos y Lena salía a trabajar para traer el sustento al hogar. La platinada era feliz por cómo se compartían los roles, que ella fuera quien "trabajara" en la oficina que era el escritorio mientras el pequeño azabache fingía cocinar y cuidar de los hijos.
Los planes de ir a Japón para el nacimiento de su hijo se vieron truncados por el médico a cargo de los controles de Yuuri, les aconsejó que viajar cuando ya tenía tantos meses de gestación no era lo adecuado, así que por precaución decidieron que después del nacimiento de su hijo harían aquel viaje. De todos modos aún faltaba un mes y en ese periodo de tiempo, tal vez Yuri podría traer a los señores Katsuki a Rusia para que estuvieran con su hijo el día del parto. Aún les quedaba tiempo… o al menos, eso creía.
Una noche tranquila, Yuuri se levantó para ir al sanitario como era su costumbre últimamente, ya que su vejiga tenía menos espacio debido al bebé y por eso sentía que debía ir a orinar con más frecuencia. Al entrar al baño, se sintió extraño, no era la misma sensación de siempre, entonces de la nada comenzó a botar aquel líquido que ya conocía bien por ya haber tenido un bebé con anterioridad. La fuente se había roto, lo cual significaba que debían correr a la clínica.
—Yuri —susurró intentando despertar a su esposo con delicadeza.
— ¿Mmm? —recibió como respuesta del hombre que estaba profundamente dormido.
—Sé que aún falta, pero… el bebé ya viene.
Nunca había visto al rubio levantarse de la cama tan rápido, se vistió, tomó el bolso y se fue al auto encendiéndolo y comenzando a arrancar. Yuuri por su parte comenzó a despertar a su hijo, a llamar a Mila para avisarle y a buscar ropa para él, esperando que su tonto esposo se diera cuenta que no sacaba nada con llegar a la clínica sin él.
—Todo va a estar bien, Yuuri —dijo el de ojos verdes para luego caer en cuenta que estaba solo en el auto— ¡Que idiota soy! —se regañó entre dientes y bajó del vehículo para entrar nuevamente en la casa y ver a Yuki bajando la escalera aún medio dormido. Lo tomó en sus brazos y lo dejó en el sofá, después subió y fue a ayudar a Yuuri a ponerse su ropa.
Una vez todos listos, se dirigieron a la sección de emergencia donde Yuuri fue atendido inmediatamente, lo prepararon para poder llevarlo a la sala donde realizarían la cesárea, mientras el rubio esperaba afuera a su prima, viéndola llegar a los pocos minutos. Mila se quedó con Yuki mientras Yuri entraba, lo prepararon y entró posicionándose donde le habían dicho, junto a la cabeza de su esposo. Desde su lugar, acaricio el rostro de Yuuri, le dijo que todo estaría bien y que no se preocupara, aunque era él quien más nervioso estaba, viendo como abrían al azabache para realizar la intervención con la que lograrían sacar a su hijo.
Cuando por fin sacaron al bebé, Yuri quedó un momento en shock y solo pudo escuchar la voz del médico decir— es una niña.
Yuuri lloraba por las emociones del momento, el rubio lo besó feliz de poder ver por fin a su hija— ¿Oíste? Es una chica… Neva —le dijo al oído a su esposo. Jamás pensó que sería mujer, pero aquel nombre fue lo primero que llegó a su mente luego de saberlo.
—Me gusta —concordó el azabache a la espera de ser suturado.
Continuará…
