HOLAAAAAAAAA!

Hoy... capi calentito!

Atentas porque viene marejada!

CAPÍTULO 34


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Tenía que sacar a Bella de esa cita. ¡Ya! Sus celos lo estaban matando; ahogando lenta y tortuosamente.

Edward, Alice y Jake, montaron en el Volvo del primero. Sobra decir qué rumbo tomaron.

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Todos hicieron lo acordado; organizados al milímetro.

Jasper captó la esencia de Bella y Beau, la cual se dirigía por la carretera de Port Ángeles, y se lo comunicó a Edward.

- ¡Por supuesto! No iba a tener la desfachatez de quedarse en el pueblo. - Gruñó, molesto.

- Edward, quiero que te tranquilices. No te quito razón en todo lo que has dicho antes, pero sabes que estas actuando movido por los celos. - Alice fue directa.

- ¡Alice, cállate! - Siseó cual serpiente.

- No. No me voy a callar. Estas loco por ella, pero en vez de acercarte, de cortejarla, solo la alejas. - Edward le gruñó en respuesta, pero eso no la amedrentó a seguir hablando. - ¿Estás tan ciego para no ver que ella está enamorada de ti? ¿De que solo necesitaba tiempo para asimilar?

- Si… tiempo para salir con otro. - Alice abrió los ojos, perpleja. No esperaba que Edward le saliera por ahí. - Edward, yo creo que solo ha sido una prueba, una salida a este caos que es ahora su vida.

- Crees… Esa es la palabra. - Refutó sin tan siquiera mirarla, con la voz helada. - Nadie sabe lo que Bella realmente piensa; por eso no quiere bajar su escudo, jamás.

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Jacob que iba sentado en el asiento de atrás, no se atrevía a abrir la boca. Pocas veces había visto a su amigo tan enfadado. Daba terror mirarle a la cara.

Esperaba que supiera controlarse para cuando se toparan con Bella, porque si no, iba a organizarse una muy gorda. Y más esperaba, que no la pillaran en una posición comprometida con Beau.

Si eso sucedía, Edward era capaz de hacerle cualquier cosa al chico; como arrancarle la cabeza.

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Bella y Beau fueron por la zona de los muelles, donde había puestos de dulces, helados y barracas para jugar.

Bella lo invitó a un helado, ya que él había insistido en pagar la cena. Fueron hablando de sus vidas, omitiendo ambos, lo que no les interesaba airear. Contándose, a medias, el porqué habían acabado en Forks.

- A veces me siento un poco solo aquí, en Forks. - A Beau le cambió el semblante a uno tristón – La verdad que esto es muy distinto de San Francisco… Pero me ha venido bien el cambio. - sonrió, pero el gesto no le llegó a los ojos. - Aunque mis padres me visitan a menudo y mi abuela me cuida muy bien… Ella es un poco mayor ya… - Rodó los ojos.

- Vaya, Beau… lo siento mucho – A Bella le dio una tremenda y sincera pena por Beau. Parecía tan indefenso y… tan solo.

- Bueno, en unas semanas se acaba el último curso y en septiembre empiezo en la universidad. - Su rostro volvió a iluminarse – Ya está echo – Alzó los pulgares a modo de victoria. Bella copió su gesto, entre risas.

- ¡Mira Bella…! - Beau la agarró de un mano y tiró de ella con una ilusión infantil hasta una barraca de juegos. - Soy bueno tirando dardos. Te sacaré un peluche. - Bella se dejó arrastrar, contagiada del entusiasmo del chico.

Tras tirar varias veces, Beau consiguió explotar los globos necesarios para conseguirle el peluche a Bella. Él mismo lo escogió y se lo dio.

- Toma… un recuerdo de nuestra "no cita" - Ambos rieron – Y de tu nuevo amigo. - Su sonrisa se hizo enorme y sincera.

Bella, contagiado por su entusiasmo, se acercó a él de forma natural y tras apoyar su mano en el hombro de Beau, le dio un amistoso beso en la mejilla en agradecimiento por el peluche.

- Gracias Beau… No sabes lo que necesitaba una salida así… - Movida por algo que, inconscientemente llamó su atención, Bella giró la cara y la estampa que se encontró delante de ella, la dejó al borde del infarto:

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Edward, flanqueado por Alice y Jake, estaban a menos de dos metros de ella; la mirada de Edward era igual que echarle un ojo al mismísimo infierno.

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Él, al ver como ella se acercaba sin ningún tipo de reparo a Beau y le daba ese beso en le mejilla lo hizo enfurecer; la rabia, el despecho, los celos e… incluso la envidia, lo estaban destrozando por dentro.

Sus pupilas, oscuras como la noche, centelleaban de odio. Sentimiento que se clavó en el corazón de Bella.

- ¡Dios mío…! - murmuró, sin aliento.

Beau se giró, al notar a Bella tensa y con la mirada fija en un punto tras de él.

Nada más posar sus ojos en los de Edward, de su boca se escapó un jadeo de terror.

Miró para la chica, y su terror dio paso al asombro; la cara de Bella transmitía pánico.

- ¿Bella…? ¿Estás bien? - Le susurró, tocándole un brazo. Ella seguía inerte y estática como si se hubiese convertido en piedra.

- Si. Ahora estará bien. - Contestó Edward clavándole su infernal mirada, aterrando así al chico. - Puedes irte. Nosotros llevaremos a Bella a casa. - Beau abrió los ojos, perplejo por la desfachatez de Edward.

Hizo acopio de valor, y le dio cara:

– Eso tendrá que decidirlo ella, ¿no crees? - Le espetó, haciendo gala del poco coraje que le quedaba.

- ¿Disculpa? ¿Aún tienes valor de hacerme frente? He de reconocer que le echas pelotas. - Le contestó el vampiro con mofa.

- ¡Edward! - lo reprendió Alice por lo bajo. - No te regodees.

- Vamos Edward. Bella está bien; vayámonos. - Apuró Jake, viendo como Edward disfrutaba del terror que estaba haciendo sentir a Beau.

Entonces, Bella despertó de su aletargo. Enfureciéndose.

- No. Mi cita no ha terminado aún. - Su pose y su voz, fueron rotundas.

- Bellaaaa… - La advirtió Edward con tono amenazante. - No compliques más las cosas. - La miró con los ojos entrecerrados.

Alice se acercó a Beau con disimulo. Edward y Bella estaban enfrascados en una discusión visual y ahora no captarían nada a su alrededor que no fuese matarse mutuamente.

- Vamos Beau… Esto son cosas de pareja. - Beau arrugó el ceño – Es muy loable por tu parte querer proteger a Bella, pero ahora es mejor que te marches. Nosotros la llevaremos a casa. No te preocupes, Edward no le hará nada – Alice rodó los ojos con pesadez.

Alice siguió convenciendo a Beau para irse sin armar más escándalo.

Entre medias, Jake se posicionó entre Edward y Bella.

- Venga chicos, no hagamos un escándalo. Aquí hay mucha gente. - Jacob oteaba los alrededores controlando que nadie notase nada raro y llamase a la policía.

Edward y Bella no hablaban. Solo se miraban; con odio, con rencor… Entre ellos había un gran cúmulo de sentimientos.

Jacob consiguió mover a Bella y arrastrarla lejos del muelle; lejos de la visión del resto de personas que paseaban por allí.

- Jake… deja de empujarme – Le gruñó ella.

- Bella… estabais a punto de estallar y los muelles estaban llenos de gente. - Jake resopló – Entiendo que ahora mismo es lo que menos te importa, pero no íbamos a dar un espectáculo allí en medio.

Alice, que empujó también a su hermano, una vez convencido a Beau de que se fuera, iban caminando detrás de Jake y Bella, en dirección al coche.

- A solas podréis discutir todo lo que queráis. Pero no allí – Apoyó Alice a Jake.

- ¡Por supuesto que vamos a discutir! - Alzó la voz Bella. La cual giró su cara mirando con rabia y soberbia a Edward.

La mirada de Bella fue lo que Edward necesito para acabar de estallar; estaban cerca del coche, en una zona alejada, donde ya no había gente.

Así que en un movimiento vampírico, la asió por la cintura, alzándola en el aire y llevándosela a unos metros de distancia, entre los graznidos y pataleos de Bella.

- ¡Bajameeeee! - Le gritaba. - ¡Suéltame de una maldita vez!

- Cállate Bella… - su voz era un silbido ronco y helado.

Alice y Jake se quedaron pasmados ante el impulso de Edward; pero sabían que él no le tocaría un pelo. Por ese aspecto no tenían ninguna duda. A lo que tenían miedo, es al daño verbal que acabarían haciéndose.

- Cojamos el coche, Jake – Alice suspiró con pesadez – Edward se va a llevar a Bella a los bosques entre Port Ángeles y Forks. Los recogeremos a mitad de camino. - Jake puso los ojos en blanco.

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Edward cargó a Bella a su espalda; tal como vaticinó Alice, una vez la tuvo bien sujeta, echó a correr como un espectro a través de los bosques.

Pasados unos minutos, en una zona abierta en mitad de los árboles, donde la luna daba claridad, Edward la bajó, dándole la espalda.

Era consciente de su forma de mirarla, y no quería llegar a asustarla.

- ¿Te parece normal lo que acabas de hacer? - le preguntó ella tras un minuto de silencio, mirando la espalda de Edward. - ¿Y podrías, por favor, darte la vuelta? - Bella echaba humo por las orejas.

Otro minuto… y nada. Silencio. Edward seguía inerte cual estatua.

- ¡Mierda Edward…! - No le dio tiempo a decir más.

El vampiro se giró, acercándose a ella en el mismo movimiento; bueno, en el borrón que Bella pudo captar; ya que fue tan brusco e inesperado, que la hizo jadear y dar un paso atrás.

- ¿Ahora no me dirás que me tienes miedo? - Le preguntó conteniendo el aliento. Bella tragó en seco y negó con la cabeza. Pero sus ojos mostraban el miedo que ella negaba.

Edward se sujetó el puente de la nariz con los dedos, apretando. Intentando tranquilizarse. Dio un paso hacía atrás, para darle espacio a Bella.

- ¿Por qué me has traído aquí? - En el silencio sepulcral de la noche, solo se escuchaba el golpeteo del corazón nervioso de la chica.

- No lo sé… - Confesó sincero. - Pero tenía que sacarte de allí… Alejarte de… allí. - Eso no era lo que Edward iba a decir realmente, pero no iba a reconocer tan fácilmente que estaba muerto de celos.

- ¿No lo sabes? - Alzó la voz ella. - Yo te diré porque… Porque eres un egoísta, porque eres un caprichoso y un egocéntrico – Edward abrió los ojos perplejo por los adjetivos usados por Bella. - Si un juguete te es negado, no dejas que nadie más lo tenga. Y yo… - Recalcó con intención – No soy el juguete de nadie.

- Bella… - Volvió a usar ese tono amenazante.

- Bella… ¿Qué? ¡Me vuelves loca.! - Gritó - Eres imposible… No te entiendo, no te sigo, no… - Inhaló aire sonoramente, y meneó la cabeza intentando serenarse.

Pasó otro minuto de silencio.

- Aunque no te lo parezca, Beau no es lo que parece. - Soltó Edward de pronto, dejando pasmada a Bella. - No te contó por qué se fue de San Francisco, ¿verdad? - Le alzó una ceja, mostrándole su superioridad. Ella lo miró con los ojos agachados, pero negó.

Edward le relató sobre las tácticas de Beau, drogando a chicas y abusando de ellas. Bella no daba crédito. Le parecía imposible después de haber pasado una tarde tan agradable y divertida con él.

Parecía tan dulce y educado.

- Estuvo en terapia y sus padres lo mandaron aquí con su abuela para evitar que el rumor que comenzó a correr en su antiguo instituto, adquiriese más importancia y las chicas acabasen por denunciarlo. - Le explicó, mientras Bella procesaba la información. - Solo quería protegerte. - Su voz ahora era un suave arrullo.

- Podías haberlo echo perfectamente desde la discreción. Sois unos expertos en pasar desapercibidos. - Contraatacó – Pero querías hacer esa aparición; marcar territorio y aterrorizarlo. Decirle… Es mía. - Alzó los brazos al aire de forma exagerada - Pero no lo soy – Esas palabras, le dolieron como fuego atravesándole la garganta. - No soy tuya, pero tampoco puedo serlo de nadie. - Bella hizo un alto en su discurso; un fuerte nudo le agarrotó la garganta.

- Bella… no es eso… Sé que me he pasado, pero… vuelvo a decirte, que es por tu protección. Beau no es el único peligro que hay ahí fuera, ¿recuerdas? - La miró con los ojos bien abiertos. Bella asintió, dejando escapar un suspiro.

- ¿Cuál es tu problema Edward? - Le preguntó clavándole la mirada sin miramientos.

- Tú. Tú eres mi problema… ¿No entiendes que todo gira en torno a ti? ¿Tan ciega estás para no verlo? - Sus preguntas estaban cargadas de ansiedad.

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Y como la interpretación es libre, uno lo dijo con un significado y la otra lo entendió por el contrario, complicando la situación aún más.

Bella entendía de forma literal, mientras Edward no encontraba léxico para explicarse; parecía que Bella bloquease sus capacidad de expresión.

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- Pues si soy tu problema, ¿para que volviste? - Edward pestañeó sorprendido por el comentario. - Alice me explicó que el tiempo es relativo para vosotros. Solo tenías que haber esperado unos pocos meses más y ya habría salido de tu vida. - Su voz estaba cargada de sentimientos; fuertes y poderosos.

- No me has entendido… - Pero ella ya no escuchaba.

- Volviste porque no podías soportar que estuviese con Jake. Era superior a tus fuerzas. ¡Una conquista que se te escapa… Guauu! - Gesticuló de forma teatral. - Supéralo. No eres Dios.

"Si mi Dios… "

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- ¿Qué quieres? ¿Que caiga rendida a tus encantos, otra vez? ¿Es eso? - Gritó – Si quieres follarme adelante… aquí me tienes. - Extendió los brazos hacía los lados; Edward estaba anonadado. - Aquí tienes mi cuerpo, si tanto lo deseas. - Edward no se movió, incluso agachó ligeramente la mirada - ¡Vamos! - Lo retó mirándolo fijamente.

- No. - Contestó tajante sin tan siquiera mirarla. - No quiero o deseo tu cuerpo... - Bella pestañeó mientras su corazón golpeaba salvajemente su corazón.

Un dolor atravesó su alma, igualando al dolor físico que sería si alguien te cortara el cuerpo en dos: El rechazo.

Apretó los ojos y los labios hasta hacerse daño. No sabía que decir.

Estaba tan abochornada, tan dolida y despechada, que sus sentidos dejaron de estar activos.

- Bella… no entiendes nada, ¡maldita sea! No quiero que caigas rendida a mí de esta manera. - Bella alzó una mano, haciendo a Edward callar. Él arrugó el ceño sin entender ese gesto.

Intentaba explicarse con ella. Había captado perfectamente que se había sentido rechazada y no era eso. Él lo quería todo de ella; pero sobre todo quería su corazón.

Si fuese capaz de amarlo solo la mitad de lo que él la amaba a ella, le valdría. No pediría más. Pasaría su eternidad intentando hacerla feliz aunque se supiera no correspondido.

Solo quería que quedara claro. Ese era el momento de explicarse; la conversación estaba caliente y los ánimos también. Ahora o nunca.

Pero Bella tenía otros pensamientos al respecto, ya que creía que él estaba justificandose; excusándose por ese "no" rotundo que había dicho; intentando que ella no se sintiese tan mal.

Bella se giró, quedando de perfil a Edward y agachó la cabeza. Él se extrañó ante su postura.

Lo que iba a decirle, le dolía en lo más profundo de su ser; se concentro en mandarle una visión a Alice.

- No quiero convertirme y pasarme la eternidad discutiendo contigo. - Edward jadeó – En cuanto acabe el instituto, me iré a la universidad. A una soleada para que no puedas acercarte más a mí. - Respiró, concentrándose en no llorar – Ahora entiendo muchas cosas… Cuando discutíamos, tu… lo hacías en serio. - Suspiró – Porque realmente yo te molestaba. Yo era la humana incordiante a la que te tiraste y después lo hizo tu amigo – apretó los ojos – Ofendiendo tu orgullo – Volvió a suspirar – Vuelves y te encuentras que yo, osea, la espina que tenías clavada, está aún más metida en tu vida. - Sonrió con sarcasmo – No me extraña que no estés a la gresca constantemente conmigo. Yo también estaría irritada.

- ¡Bella…! Pero… Por el amor de Dios… ¿Qué estás diciendo? ¡¿Te has vuelto loca?! - Gritó Edward exasperado. - Estás interpretándolo todo al revés.

Bella se convenció en que tenía que cortar esto. Hacer que Edward y sus modales del siglo XIX quedaran absueltos de culpas.

Así que inhaló aire, se cuadró y sacó el poco valor que le quedaba. Era hora de mentir y así, acabar con todo esto:

- No te quiero Edward… - Él, abrió los ojos perplejo; quedándose inmóvil – Lo que pasó entre nosotros no fue más que atracción sexual. No estoy sufriendo por ti… Ambos nos tenemos rabia por lo que pasó; como he dicho antes, por ser esa espinita clavada. Yo estaba ofendida y mi orgullo maltrecho. - Respiró, alzó la mirada para enredarse en los ojos atónitos del vampiro – Pero no tenemos porque seguir ofendiéndonos. Me haré invisible para ti. Y despreocúpate… No tendrás que cargar conmigo por mucho más tiempo.

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Edward notó como sus ojos le picaban de una forma extraña; sus ojos, tras llevar 100 años siendo un vampiro, querían llorar.

Nunca había sentido tanto dolor.

Su plan de explicarle a Bella su verdad, confesarle que estaba completamente enamorado de ella, se esfumaban.

Por fin, ella estaba siendo honesta con él.

"Solo atracción sexual"

Esa frase se repetía en su cabeza, martilleándolo.

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- Está bien. - La capacidad del habla volvió a él tras unos segundos de silencio – Yo te prometo a cambio que también me volveré invisible para ti. Y… no debes cambiar de opinión sobre transformarte por mi culpa. - Bella lo miró, incrédula – Cuando seas vampira, no tendré que preocuparme más de que te pase nada. Bueno… - alzó la cabeza orgulloso – A partir de ahora, ya no eres mi problema para nada. - Las palabras se le atragantaban, pero era un buen mentiroso.

- Perfecto. Ya no hace falta que finjamos cordialidad. Así será mucho mejor para todos. - Agregó ella, dándole el estoque final a la frase. Edward asintió con una mirada cargada de hielo.

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En esas, Alice y Jacob llegaron al claro. Habían escuchado parte de la conversación y estaban desolados por todo lo que habían oído decirse uno al otro.

"Pero… mienten. Ambos mienten… ¿Cómo han podido llegar a este extremo? Están malinterpretando cada palabra"

"¡Dios…! Esto es… no me salen las palabras. Yo creía que Bella estaba enamorada de Edward… ¿De verdad siente lo que acaba de decir?"

Ambos estaban tan afectados, que no eran conscientes de que sus pensamientos estaban siendo escuchados por Edward.

- Jake – La voz de Bella, los sacó a todos de sus pensamientos. - ¿Puedes llevarme tu a casa? - Edward giró la cabeza, mirando hacía Bella con el ceño fruncido.

- No hubiese sido molestia llevarte – Comentó Edward, siguiendo en su tónica de voz helada. Bella contrajo el gesto de la cara, pero el vampiro no supo descifrar su significado. - ¿Tanta repulsa te doy? ¿Tanto has tenido que fingir? - Atacó, soltando palabras como veneno. Bella abrió los ojos, asombrada y completamente encolerizada.

Edward seguía con el mismo cuento de las repulsas. Ella jamás sintió asco por él. Ahora, viendo que todo entre ellos acababa, se daba perfecta cuenta, que había estado enamorada de él desde el mismísimo día en que lo conoció.

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- ¡Déjameeee! No me hables, no te dirijas a mi para nadaaaaa. Estoy muerta para ti… ¿Me oíste?…

- Vamos Bella… tranquila… - Jake se acercó a ella para intentar sujetarla, pero un ligero brillo salía de su cuerpo, por lo que retrocedió. - Bella… estás… brillando. - Constato, perplejo; al igual que los otros dos.

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Bella alzó las manos y se las miró. Efectivamente, estaba brillando.

Contrajo el cuerpo con fuerza, apretando sus ojos y su mandíbula. Su halo comenzó a envolverla de una forma mágica; increíble y hermosa.

Nunca la habían visto brillar de esa manera tan espectacular.

Los tres, anonadados, se apartaron del campo de visión de Bella y ella, lanzó. Expulsó su halo, cargado con su rabia, con su despecho y… sus sentimientos ocultos.

El haz de luz que lanzó fue tan extremadamente fuerte, que consiguió pulverizar dos troncos gigantescos.

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- Es… indescriptible – Murmuró Alice – Incluso contigo cerca. - Miró perpleja hacía su hermano.

- Eso es todo el estrés que tenía acumulado. Necesitaba sacarlo de alguna forma. - Agregó Jake ante el asentimiento de los otros dos.

Bella, volvió a lanzar otro haz igual de potente, mientras un grito se escapaba de sus labios. Otros tres árboles pasaron a convertirse en serrín.

Tras expulsar la luz, Bella calló a plomo contra el suelo.

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Uyyyyyyyy...!

Pues si que se han complicado "un poquito" las cosas, no?

BESITOSSSSSSSSS!

PS: EN BREVES, SUBIRÉ MI NUEVA HISTORIA... ESPERO VEROS A TODAS ALLÍ!