HOLAAAAAA! YA ESTOY AQUI!

SIENTO EL RETRASO con esta historia, pero me ha costado un montón acabarlo.

Para compensarlo, os dejo un capi larguito, larguitooooo!

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CAPITULO 35


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Al día siguiente, cuando Bella despertó, se encontró en su cama. Arropada y cómoda. Se desperezó haciendo ruiditos mientras estiraba sus músculos.

Hasta que una consecución de imágenes pasaron por su mente, recordándole lo sucedido horas atrás.

- ¡Oh… Dios mío! - Murmuró, sintiéndose perdida y desolada.

"He echado a Edward de mí vida..."

Aunque tenía hambre, prefirió no bajar a desayunar. No quería encontrarse con Edward cara a cara; solo habían pasado unas horas desde su descomunal pelea y lo que menos le apetecía era volver a discutir.

Se fue a duchar, y cuando volvió, tenía sobre la mesa una bandeja con el desayuno.

"¡Ufff…! menos mal, pensé que moriría de hambre"

Se pasó todo el día metida en la habitación. Dando gracias a Dios que era enorme y tenía todo lo que podía necesitar. Aprovechó para hacer la tarea del instituto y dormitar por la tarde una pequeña siesta.

A las horas de las comidas, Esme subía la comida en una bandeja.

Bella no podía evitar sentirse horrible por estar armando semejante embrollo, pero ese día no podía hacerle cara a nadie; y menos, arriesgarse a toparse a Edward.

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- Deberías dejar que bajase a comer… No está enferma. - Gruñó Edward molesto.

- Edward, ella no quiere bajar por no encontrarse contigo, hijo. - Las palabras de Esme no daban lugar a réplicas.

- Después de la pelea tan fortísima que tuvisteis ayer, es normal que se… esconda. - Comentó Carlisle, con deje compungido.

- ¿Y escondiéndose va a arreglar algo? - Preguntó Edward más que molesto. Irritado.

- Sí. Que los ánimos se calmen. - Contestó Rose.

Todos, menos Edward, tomaron como normal y aconsejable el encierro de Bella. Sabían que sería mejor que no se encontraran, ya que Edward estaba bastante alterado y ante la más mínima cosa, ambos saltarían enzarzándose a discutir; otra vez.

A la hora de dormir, por la noche, Bella estaba tan descansada, que no era capaz de conciliar el sueño, por lo decidió descargar un libro en la tablet y salir a la terraza que daba al jardín a leer.

Sobre la media noche, los chicos, incluido Edward, salieron a jugar a la pelota.

- Bella… ¿Bajas? - Preguntó Emmet con entusiasmo.

Cuando casi estaba por decir que sí, su mirada se dio de lleno con Edward. Se puso rígida al instante.

- No gracias Emmet, prefiero quedarme leyendo. - Le devolvió una mirada suspicaz. - Otro día, ¿de acuerdo?

- Cómo quieras nena. - Se inclinó de hombros – Pero atenta a mi juego perfecto… ¡jajaja!

Emmet siempre conseguía sacarte una risa.

Se entretuvo leyendo y de vez en cuando apartaba la vista de la tablet y los observaba jugar; más bien, hacerse trampas entre ellos, sacándole alguna carcajada. Hasta que Edward, intentando ser disimulado, alzaba la vista hacía la terraza y entonces volvía a meter la cara en la tablet.

- Bella… Entra o te resfriaras… Tienes los pelos de punta – Comentó Jasper desde el jardín.

Era verdad. Se estaba quedando helada; pero estaba tan entretenida, que no se había dado ni cuenta.

- Venga, me quedaré cerca para que duermas. - Jasper apareció de la nada, agarrado a la barandilla de la terraza haciéndola soltar un grito.

- ¡Ahhh…! Joder Jasper… - Él sonrió y con un gesto de su cabeza, le indicó que entrara.

Una vez acurrucada y calentita en la cama, no tardó en notar el sopor del don de Jasper actuar sobre su sistema.

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A la mañana siguiente, Bella se levantó de mejor humor. Por lo que decidió que bajaría a desayunar a la cocina. Se sentía mal y estúpida por hacerle a Esme subirle las comidas como si estuviese enferma.

- Bella bajará hoy a desayunar. - Anunció Alice contenta.

- Me alegro que deje su encierro – Susurró Esme.

- ¡Oh! La princesita se digna a bajar… - El sarcasmo de Edward rozaba lo infinito. Por ello se ganó sendas miradas reprobatorias de Esme y Alice.

Una vez duchada, aunque aún en pijama, se armó de valor y bajó. Cuando estaba a unos pocos pasos, el olor a café recién echo y tortitas la envolvió, haciéndola sonreír.

- Buenos días, familia – saludó con mi recién buen humor – Huele exquisito… ¡umm! - Sonrió.

Alice, Emmet, Esme y… Edward, estaban allí. No fijé mi mirada en ninguno de ellos, para no ponerme en evidencia.

- ¡Buenos días, Bella, querida! - Esme se giró hacía Bella devolviéndole la sonrisa.

- Hola enana… - Emmet la miró haciendo un mohín con la boca; eso indicaba que estaba aguantando para no soltar alguna de sus bromas.

- Bella… ¡Buenos días! - Me miró con una felicidad extrema - ¿Así que huele rico? - Asintió - Edward ha hecho tus tortitas. - Bella abrió los ojos como platos, girando rápidamente la mirada hacía él, de forma inconsciente.

Sus ojos se encontraron. Aunque no se aguantaron la mirada más que un par de segundos, la sucesión de sentimientos mutuos fue extraordinariamente clara:

Rabia, enfado, y un toque de tristeza invadían la mirada de Edward.

Los de Bella, simplemente transmitían pánico.

La primera en cortar la comunicación visual, fue ella, que agachó la cabeza y simultáneamente la giró en dirección contraria a él.

La tensión en la cocina podía cortarse con un cuchillo. Era tan agobiante que absorbía el oxígeno de la estancia.

Bella se sentó en el desayunador, al lado de Alice, la cual le clavó sus dorados ojos transmitiéndole cariño y apoyo.

Edward dejó caer el plato delante de Bella, haciendo un ruido ensordecedor, a propósito; el cual le hizo dar un salto en su sitio y que el corazón le diera un repique.

- Disculpa… se me ha resbalado el plato. - Según dijo tan tremenda mentira, se dio media vuelta y salió de la cocina echando humo.

Por su parte, Bella, apretó la boca para no empezar a lanzar improperios en su contra.

- ¿Tienes planes para hoy, enana? - Le preguntó Emmet, intentando relajar un poco el ambiente, apestoso, que se había creado.

- Sí, voy a subir a la reserva. Hace días que no paso un sábado allí con los chicos.

Y era verdad, aunque no la única razón. Estando en la reserva, a sabiendas que Edward no iba a subir, era el mejor escondite sin tener que volver a atrincherarse en su dormitorio.

- Bella… - Rose entró en la cocina, preciosísima como siempre – Lo del coche… - Le alzó las cejas.

- ¡Oh! Sí… el coche – Rodó los ojos; ni se había vuelto a acordar del coche.

Aunque le había dicho aquello a Edward para tener excusa con el coche, era verdad que quería que le diera un ojo, ya que llevaba unos días con un ruidito bastante molesto.

- Es verdad que quieres que te lo mire, o… ¿era mentira? - Frunció la boca en un gesto travieso. Bella meneó la cabeza.

- Sí. Es verdad… ¡Lo tengo en mi casa! ¡Joder! - masculló poniendo los ojos en blanco.

- Bella… esa boca – la reprendió Esme.

- No. Tu coche está aparcado junto a la puerta del garaje. - Contestó Rose. Al segundo, comenzó a reírse; Bella se la quedó mirando extrañada.

- Eh… Edward te lo ha traído. - Explicó Alice. Bella abrió y cerró la boca dos veces, sin emitir sonido alguno. Realmente no sabía qué decir.

- Llévate otro coche, mientras yo miró el tuyo. - Propuso Rose.

Alice se quedó inmóvil e ida durante unos segundos. Todos la miraron esperando noticias.

- Edward no necesitará el coche hoy. Llévate el suyo. - La cara de Bella parecía un poema, con los ojos y la boca abiertas como tonta.

- Debes estar bromeando – Soltó con más sarcasmo del que pretendía. Alice le alzó una ceja, interrogante. - No… ni lo sueñes. Me llevaré mi coche, ya lo mirará Rose otro día. - Sentenció tajante.

- Si quieres puedo acercarte yo, iba a subir más tarde a la reserva, pero puedo adelantar el viaje. - Se ofreció Emmet, salvándole de un enfrentamiento directo con Alice, la cual le lanzó una mirada envenenada a Emmet.

- Alice… - La reprendió Jasper mirándola fijamente mientras entraba en la cocina. - Buenos días Bella – saludó con una sonrisa tierna.

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Bella subió a su dormitorio y puso música animada; ritmos latinos para recuperar el buen humor. Como era pronto aprovechó a colocarlo y limpiarlo un poco; sabía que para Esme era importante que tuvieran los dormitorios bien adecentados. Me vestí y me arreglé un poco.

Edward estaba atrincherado en su dormitorio. Era más que conocedor de su mal humor y no quería discutir con nadie; sobre todo con Bella.

Pero estaba pendiente al milímetro de cada movimiento que ella hacía. La sintió subir a su dormitorio, que estaba enfrente al suyo. No la sintió dudar en ningún momento, metiéndose de forma apurada en su habitación.

Al momento, escuchó música. A Bella le gustaba poner música para hacer casi cualquier cosa, y tenía libertad para hacerlo, ya que a todos nos encantaba sentirla; tanto sus estilos musicales, como el escucharla menearse por la habitación e incluso canturrear alguna vez.

"Edward, me voy con Bella a la Push. Creo que os vendrá bien marcar un poco las distancias"

Emmet lanzó el pensamiento hacía su hermano, para que estuviese al tanto.

- Emmet… Estoy lista. Cuando quieras – Bella abrió la puerta y alzó un poco la voz. Sabía que así, le escucharía más que de sobra.

- Ok. Pues baja y nos vamos ya. - Respondió.

Edward salió de su habitación y bajó hasta el hall para hablar con Emmet y sobretodo, ver a Bella antes de marcharse. Era superior a él.

Bella, bajó las escaleras dando brincos con su buen humor recuperado. Justo cuando estaba llegando al hall, giró la cara para despedirse de Esme, que cruzaba el descanso de las escaleras para ir desde su dormitorio hasta la sala de lectura en la otra ala de la casa.

Siguió bajando mientras volvía la cabeza. Sabía que Emmet ya estaba abajo, ya que lo había visto de refilón justo antes de girar la cara, pero no contaba con que iba a estar tan cerca, o que no se apartara.

Así que bajó el último escalón dando un pequeño brinco y no le dio tiempo a parar, dándose contra su espalda. Nada más posar las manos contra esta, una fortísima corriente le recorrió las extremidades.

No era Emmet, era Edward.

- ¡Joder… tu! - Exclamó con la respiración agitada.

- Sí, yo. - Le respondió él mirándola con una ceja alzada y aire de superioridad. - Menos mal que no puedes hacerme daño, si no… - Le clavó la mirada intensa, dejando a Bella paralizada y enganchada a sus dorados orbes.

Bella apretó los ojo, cuando consiguió desligarse de su mirada, e inhaló una gran bocanada de aire; todo para serenarse y no lanzarse a su cuello. Pero los latidos descontrolados de su corazón, la delataban sin piedad delante de ambos vampiros.

- ¿Nos vamos Emmet? - Ignoró por completo a Edward.

- Claro enana… ya avisé a Jacob de que en un rato subíamos. - Emmet la miró travieso. - ¿Quieres ir en coche… o prefieres otra forma de viajar? - Le guiñó un ojo. Bella sonrió de oreja a oreja y comenzó a dar saltitos. - Creo que pasas demasiado tiempo con nuestra hermana, ¡jajaja!

- Opino lo mismo – La voz de Jasper se escuchó a lo lejos en el segundo piso de la casa, seguido de una risita.

Emmet y Bella salieron de la casa cogidos de la mano, de forma fraternal, mientras Edward se quedaba en el hall plantado, mirando cómo se iban y maldiciendo como un demonio.

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Llegaron a la reserva poco antes de la hora de comer, por lo que fueron invitados; Emmet no, por supuesto.

Estuvieron de cháchara con los chicos, mientras esperaban la comida. Sue Clearwater iba a hacer su famosa parrilla de pescados y verduras.

Jake atrapó a Bella, separándola de los demás para poder hablar a solas. Sabía que estaría agobiada y se sentiría mal por lo ocurrido dos noches atrás.

Aunque fue testigo de lo que se dijeron, él seguía sintiendo que ellos se querían.

- ¿Cómo lo llevas? - La pasó el brazo por encima de los hombros, de forma cariñosa. Ella se inclinó de hombros haciendo un mohín con la cara.

- Así, asá… - meneó las manos.

- Bella… - la llamó condescendiente. - Conmigo no tienes que fingir ni tragarte nada. - Ella resopló vencida.

- ¿Cómo lo llevo? Mal… - Contestó rotunda. - Ayer me pasé el día encerrada en mi cuarto, pero me sentía mal por Esme – Rodó los ojos – Y por los demás… Por mucho que finjan… - Resopló.

- Y… ¿Con Edward? - Preguntó mirándola fijamente a los ojos, pero con tono cuidadoso.

Bella le relató las dos palabras que habían cruzado, más lo del plato que Edward había "tirado" delante de ella.

- Esto es un sin vivir, Jake. No sabemos cuándo podremos darle caza a ese vampiro y volver a la normalidad – Rodó los ojos – O por lo menos que yo, vuelva a casa de mi padre y así, marcar distancias con Edward.

Jake no necesitaba tener unos sentidos súper desarrollados para vislumbrar la agonía en la voz de su amiga. Sabía que Edward era buena persona, pero también sabía lo impertinente y malintencionado que podía llegar a ser.

- Bella… quédate hoy a dormir aquí. Sabes que entre nosotros estás tan protegida como con ellos. Así podrás descansar de ese enfrentamiento absurdo entre tú y Edward. - Bufó; Bella le abrió los ojos sorprendida.

- No es un enfrentamiento absurdo… ¡No nos soportamos, Jake! Ahora que consigo hacerle frente al haber evolucionado mi don, ya no tiene la ventaja de "hipnotizarme" como antes. Le soy completamente molesta…

- ¡Eh, para, para! Estás confundida, del todo. No le molestas, para nada. Él está así, porque cree que sientes repulsa por él. Por acostarte con un vampiro.

- ¡Vamos! Lo que más me molestó fue que me idiotizarais para liarme – Rodó los ojos, y una sonrisa traviesa cruzó el rostro de ambos – Si es verdad que al principio me impresionó descubrir qué erais, pero eso ya pasó. Me relaciono y os acepto sin problemas.

- Lo sé… pero él, no quiere verlo... - Bella alzó la mano, moviéndola en el aire, cortándolo.

- Jake… por favor… - Resopló molesta.

- ¿Esto influirá en tu decisión de convertirte? - Le preguntó de pronto.

- No lo sé… Siéndote sincera, no lo sé.

Bella aceptó la oferta de Jake a pasar allí la noche. Al día siguiente la llevaría de vuelta a la mansión Cullen, o alguno de ellos subiría a buscarla.

Aunque era una solución temporal, ambos sabían que sería un tiempo de descanso; sobre todo para Bella.

- ¿Cómo que te quedas aquí? – La sorpresa era palpable en la voz de Emmet. – Esto es todo culpa de Edward, ¿verdad? – Gruñó.

- No… - Bella se acercó a su "osote" y le acarició la cara con dulzura – Emmet… no lances en contra de tu hermano. Es mejor marcar distancias – Suspiró – Siempre que estamos cerca, y más ahora que recién hemos discutido, otra vez, – Resopló – no haremos más que cargar la atmósfera con nuestra tensión. Y los demás, no necesitáis presenciar y soportar nuestras mierdas – Gruñó ella, rodando los ojos. Emmet lanzó una risotada ante la expresión poco "decorosa" de Bella.

- El resto va a poner el grito en el cielo… - Sonrió de forma casi hasta perversa – Incluido Edward. – Formó un mohín con su boca – Cuando vea que has preferido quedarte aquí, a bajar y verle la cara… ¡jajajaja! Voy a reírme un buen rato de él. – Bella suspiró aliviada viendo que Emmet se lo había tomado por el lado divertido, como habitualmente hacía él. – Pero… ¿Bella? ¿No te mudarás aquí de forma definitiva, verdad? – Preguntó desapareciendo cualquier signo de diversión.

- No, Emmet. – Su mirada se tornó dulce – No podría dejarte, osote – ambos se fundieron en un abrazo cariñoso.

- Me encantaría que te transformaras, para no tener miedo al abrazarte – Le susurró al oído.

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Bella se fue junto con Jake a una barbacoa a la playa, organizada por los chicos. Fue un momento divertido, despreocupado y tranquilo.

Aunque mentiría si dijera que Edward no invadía su mente a casi, cada instante.

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Cuando Emmet llegó a la Mansión sin Bella, se organizó una trifulca en cuestión de segundos.

- ¿Pero por qué la has dejado quedarse allí? – Protestaba Alice. – Algo me pareció haber visto hace un rato, pero no le di importancia… pensé que era una simple imagen de Bella en la Push - Formó un tremendo puchero con sus labios, y se cruzó de brazos, malhumorada.

- Emmet… Bella hace contigo lo que quiere… - Gruñó Rosalie, ante la inclinación despreocupada de hombros de su esposo. – Pero era de esperar… - Rodó los ojos con altanería.

- Bueno chicos, ella es libre – Intervino Carlisle - Puede quedarse con quien quiera… - A Carlisle no le dio tiempo a acabar la frase.

Edward entró en el salón enfurecido; llevaba el rostro completamente desencajado por la rabia y por el dolor. El resto de la familia se lo quedó mirando con distintas caras, pero la preocupación reinó en todas ellas; su entrada en el salón, fue igual que si hubiese entrado el mismísimo demonio.

- ¿Cómo que se ha quedado en la Push? – Gritó. - ¡Emmet! ¿No se te puede encargar ni la simple tarea de que la traigas de vuelta a casa? – Emmet le alzó una ceja escéptico.

- Edward… - lo llamó condescendiente Carlisle – Tranquilo hijo. Como estaba diciendo, Bella es libre de quedarse donde quiera. – Ahora su tono no era conciliador como segundos antes; ahora era tajante. – Lo único que no puede es volver a su propia casa, por seguridad, sobretodo, de su padre. Pero ella puede quedarse en la Push sin tener que pedirnos permiso.

- Si… y menos a ti. – Atacó Emmet. Edward giró la cara para enfrentar a su hermano, con los ojos desorbitados y dolidos. - ¿Qué? No me mires así… El que ella se haya querido quedar en la reserva, es culpa tuya; así que no descargues tu frustración con nosotros.

- Esto se veía venir a leguas… - Repitió Rose, clavándole una mirada de reproche a su hermano. – Ayer no salió en todo el día de su cuarto, y hoy que se decide a bajar, por pura consideración, vas y le montan el numerito en la cocina – Su tono estaba envenenado. El resto de sus hermanos, asentían a las palabras de Rosalie.

Edward bufaba cual león enjaulado. No enfocaba los ojos en nadie en concreto, tenía la mirada ida, completamente enloquecida.

- Edward – Lo llamó Esme – No soy capaz a descifrar qué te pasa con ella, hijo. Tú siempre has sido un caballero con las mujeres, pero… - Esme pestañeó aclarando sus ideas – Con Bella… No entiendo tu actitud. Dices no quererla, pero cuando te enteraste que tenía una cita, pusiste el grito en el cielo, organizando una batida de caza en cuestión de minutos. – Esme gesticulaba sorprendida ante sus propias palabras.

- ¿Estás seguro que Bella no significa algo más para ti? – Le preguntó Carlisle clavándole la mirada intensamente.

- No sé qué insinúas – Gruñó Edward en respuesta – Lo que me molesta es que es una inconsciente. Se pone ella y a todos nosotros en peligro para salir con un violador. – Escupió con rabia.

- Bueno… ya se sabe que el gusto de Bella, respecto a los hombres, es peculiar. – Respondió Rose con sorna.

- Debes ser consciente de que Bella es libre, que tiene decisión y que forma parte de esto como una igual, dentro de sus posibilidades… No como una rehén. – Aclaró Alice. – Si ella te gusta, que ese es tu problema – Lo miró alzándole una ceja - Deberías hablar con ella claramente.

Edward meneó la cabeza, frustrado. Se dio la vuelta y justo cuando cruzaba la puerta del salón, Carlisle le habló:

- Edward… te prohíbo ir en busca de Bella. – Su voz no dejaba lugar a dudas. Edward se quedó clavado en su sitio. – No vayas a empeorar las cosas. Bella ha hecho bien en quedarse allí, y así aligerar el ambiente.

- Aprovecha que no está, para poner tus ideas en orden, Edward. – Apoyó Alice al discurso de su padre – Ella está a punto de acabar el instituto, y en dos meses estará recogiendo sus cosas para irse a la universidad. La van a aceptar en Stanford. En una semana recibirá la carta, dándole una beca para estudiar ingeniería informática.

Los presentes abrieron los ojos con horror. Bella… su niña, podría irse a California y allí, no era un clima muy adecuado para que ellos pudieran estar presentes en su vida.

Se iría y desaparecería de sus vidas.

Sus miradas, las de todos, giraron con violencia hacía Edward. El cual reflejaba el mismo terror que el resto de su familia.

- Edward… arregla esto antes de que sea demasiado tarde. – Amenazó Emmet.

- Yo no tengo nada que arreglar… Todos le dais la razón a ella, pero no está poniendo de su parte nada, para que nos llevemos bien. – se corrigió a sí mismo - No tengo porque aguantar sus rabietas de adolescente, y menos por toda la eternidad.

Dicho lo cual, salió como alma que lleva el diablo hacía el jardín.

El silencio y la desolación reinaban en el salón de los Cullen, donde varios minutos tras la marcha de Edward, nadie se vio con fuerzas suficientes como para romperlo.

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Bella se lo pasó estupendo con los chicos de la Push; hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un momento "normal" como los de antaño.

Desde que se habían descubierto los secretos y comenzado su lucha contra un vampiro chiflado, nada en su vida era corriente.

Hicieron una barbacoa en la playa, prendieron una hoguera, contaron chistes, rieron, gritaron, jugaron… Lo que unos chicos de diecimuchos años, harían una tarde noche de sábado.

Bella durmió en casa de Billy y Jake, el cual iba a tomar el sofá de la sala como nueva cama, pero Bella le dijo que era absurdo que le diese esa intimidad.

- ¡Vamos Jake…! Nos hemos visto desnudos – Rodó los ojos, simpática – Lo que no sé es como vamos a hacer en una cama tan pequeña – Alzó varias veces las cejas, picándolo divertida.

- Creo poder controlarme de verte en ropa interior – Jake le dio un suave codazo a su amiga – Cogeré el saco de dormir y me acostaré a los pies de la cama. – Bella iba a protestar, pero Jake le puso un dedo en los labios – Tranquila… Soy un lobo, ¿recuerdas? Mañana no me dolerá la espalda – Le guiñó un ojo.

Todo con Jacob era fácil. Cómodo.

En esos momentos, Bella se maldecía a sí misma por no poder sentir por él algo más. Pero aunque lo quería muchísimo, no podía amarlo.

Era su gran amigo. Estaba segura que pasara lo que pasase en un futuro, siempre estarían ahí el uno para el otro. Aunque fuese en la distancia.

Solo esperaba que encontrase a su imprimada y fuese feliz; que tuviera por siempre, una gran vida llena de felicidad y plenitud.

Se pasaron una buena parte de la noche hablando. Contándose relatos de sus vidas hasta el momento de aterrizar Bella de nuevo en Forks.

Billy que los escuchaba reírse desde su dormitorio, sonreía complacido por el buen entendimiento de los chicos; pero sabía sobradamente que entre ellos no había nada romántico, por más que esa idea se le antojase deseable.

Al día siguiente, Billy se fue temprano a pescar con Charlie; Jake y Bella prepararon un sabroso desayuno, entre risas y el habitual jaleo que solían organizar entre los dos, aprovechando que estaban solos.

- ¡No me puedo creer que comas todo eso! – Exclamó Bella sorprendida de la cantidad de tortitas que Jake se había servido.

- Soy un lobo, Bels. Necesito más cantidad de comida que tú para mantener mi fuerza. – Explicó mientras se llenaba la boca de comida.

- ¿Hoy entrenaremos? - Preguntó ella.

- Sí, claro. Llevamos varios días sin hacerlo, y no es bueno bajar el ritmo. – Contestó él poniéndose serio – Estamos a un paso de cazar a ese cabrón. Tal y como dicen los Cullen, no puede tener muchos más aliados, ya que tampoco hay tantos vampiros repartidos por . – Bella asintió, meditando las palabras de su amigo. – No te preocupes – La sacó de su ensueño Jake, alzándole la cara con su dedo índice – Ahora que ya sabemos su motivación, será más fácil desconcertarlo.

- Lo que me preocupa es que él no dé la cara ahora… Si no que deje que nos confiemos, y esté esperando realmente ese momento para atacar. – Jake asintió a las palabras de Bella, con el ceño fruncido.

- Pues no podemos bajar la guardia, nunca. – Sonrió triunfal.

- Eso es fácil para vosotros, que siempre estáis alerta – Confesó en un murmullo de voz – Pero como dijo Rose en su día, yo me despisto, duermo, bajo la guardia aunque no quiera. Mi escudo tiene limitaciones. – A medida que contabilizaba, su nerviosismo fue haciéndose patente en su voz.

Jacob dejó de comer y se acercó a Bella, sujetándola por los hombros.

- Nunca, ninguno de nosotros dejaremos que te ocurra algo. ¿Me escuchaste? – La miró fijamente. Bella tragó el nudo que se le había formado en la garganta y asintió.

Continuaron el desayuno en silencio, cada uno sumido en sus propias cávalas.

Una vez recogido todo lo que habían ensuciado y se vistieron adecuadamente, se fueron dando un tranquilo paseo hasta el bosque colindante con la playa, donde siempre entrenaban.

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Al llegar, todos los demás, incluidos los Cullen, "todos", ya estaban allí esperándolos.

- Llegáis tarde – Los abuchearon. – Se os alargo el desayuno… - Soltó de forma insinuante Embry; aunque quedaba claro su toque de broma.

- ¡Ufff… no veas! – Le contestó Bella guiñándole un ojo.

Mantuvieron las bromas, hasta que pasados unos minutos Bella fue consciente de la presencia de Edward.

El simple hecho de cruzarse la mirada le bastó a Bella para perder todo su buen humor, de golpe.

Jasper al captar la tensión emanar del cuerpo de Bella, intervino.

- Qué tal si empezamos – El resto asintió.

Estuvieron practicando entre todos las distintas formas defensivas y de ataque. Perfeccionando gestos y señales para entenderse entre ellos.

Jasper se puso en un aparte con Bella para perfeccionar su lanzamiento y concentración.

Al poder motivarla manipulando sus estados de ánimo, los entrenamientos entre ellos eran más divertidos, pero también agotadores.

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- Deberías entrenar con Edward – Bella dejó de respirar. – No podemos permitirnos que te veas bloqueada por él, siendo atacados. – Comentó sabiamente Jasper.

- Creo que hoy no es… - Bella no pudo acabar la frase, ya que sintió un más que conocido cosquilleo en el cuerpo.

Edward estaba a su lado; cerca, muy cerca de su cuerpo. El cual ya lo reconocía sin falta de llegar a tocarse.

- Sí. Creo que es buena idea. – Comentó Edward. – Aunque Bella pudo lanzar conmigo al lado el otro día, y fue un lanzamiento espectacular. – Edward se giró y mientras decía esto último le clavó la mirada de forma hipnotizante e intensa a Bella.

- Si… también perdí el conocimiento – Le contestó ella mirándolo con rabia.

- Pues habrá que perfeccionar eso. – Respondió con tono hiriente.

- Pues empecemos – Jasper cortó el intercambio de miradas asesinas entre ellos antes de que acabasen discutiendo.

El resto de los presentes se sentaron a espaldas de Bella, haciendo un semicírculo; Edward se posicionó delante.

- Bella, concéntrate e intenta disparar – Jasper usó su voz de mando para motivarla.

Bella apretó los ojos y miró a Edward fijamente; comenzó a hacer fuerza con todo el cuerpo, hasta el punto casi de romperse en mil pedazos, pero su escudo se negaba a descargar teniendo delante a Edward.

De pronto, Bella cayó de rodillas al suelo ante el asomo de todos los presentes, dejando escapar un sufrido y lánguido suspiro.

- No puedo… Mi escudo se niega a atacarlo. – Gimoteo.

Edward estaba pasmado; completamente desconcertado. Estaba observando a Bella y veía los esfuerzos que hacía por concentrarse y lanzar, pero ni tan siquiera salía el más mínimo brillo de su piel.

Entonces pensó en algo que pudiera motivarla y que ya había comprobado que funcionaba.

- Sabes Bella… Creo que si no te hubieses follado como una auténtica golfa a mi mejor amigo, tu y yo podríamos haber llegado a ser algo más… - Soltó con tono ofensivo., Bella alzó la cabeza anonadada – Pero no voy a perder mi tan apreciada soltería por una zorrita de tres al cuarto.

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Bella abrió los ojos como platos y las manos comenzaron a temblarse sin control. Incluso unas gotas de sudor perlaron ligeramente su frente y un leve resplandor comenzó a iluminar su cuerpo.

Se levantó como un resorte del suelo, acercándose a Edward unos pasos.

- ¡Cómo te atreves a decirme algo así! ¡Maldito hijo de puta! MENTIROSO, TRAIDOR… - Gritaba encolerizada. Edward se rió con cinismo delante de su cara; ofendiéndola aún más.

Entonces Bella, se contrajo; sus manos se formaron puños y un brillo comenzó a envolverla, haciéndola resplandecer.

"Edward… ¡cuidado! Va a lanzar"

Edward hizo un movimiento sutil con la cabeza, diciéndole a Alice que estuviese tranquila.

Tal y como anunció Alice, Bella lanzó una bola de luz frente a Edward, el cual la intentó esquivar, pero al final acabo llevándose un fuerte impacto en un costado.

- ¡Joder! – Gruñó, cayendo hacía el suelo.

- ¡Edward! – Gimió Bella al ver como su bola de luz había impactado sobre Edward.

Pero cuando fue a dar un paso en su dirección, esta cayó a plomo contra el suelo.

Edward, aun estando herido, se levantó veloz como la luz y la sujetó justo cuando estaba a punto de impactar con la cabeza en la tierra.

- ¡Bella! Mierda… - Volvió a gruñir, pero esta vez de preocupación. – Bella, despierta… - Edward se agachó al suelo con ella en brazos y la acomodó en su pecho, dándole suaves caricias en las mejillas.

- Tranquilo Edward, en unos minutos despertara. – Le indicó Alice agachándose a su lado. – Chicos, traer agua. – Embry y Seth salieron zumbando hacía las cabañas.

Jacob que observaba la escena a unos pasos, no lo entendía.

Edward y Bella no podían estar juntos, porque no tardaban un minuto en lazarse puñales el uno al otro, pero ni ella podía atacar conscientemente contra él, ni él permitía que le ocurriese nada; no como si fuese cualquiera de las chicas del grupo, ya que Jacob jamás había visto a su amigo tratar a ninguna chica como estaba haciéndolo en esos instantes con Bella.

"Ellos están enamorados, pero no quieren reconocerlo. No encuentro otra explicación"

Edward escuchó el pensamiento "distraído" de Jake. Y viéndose a sí mismo con Bella en brazos, fue el momento en que tuvo más que claro que jamás amaría a otra, como amaba a Bella.

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Edward lo tiene claro... pero, ¿Hará algo para remediar la situación que tienen?

""Por cierto... lo que Edward le dijo a Bella, fue para enfadarla, ya que había notado que si ella estaba muy enfadada con él, era capaz de lanzar en su contra.""

AVISO...

El siguiente capi será el penúltimo, ¿ok? Así que a esta historia le quedan dos capis.

No tengo claro si en el último capítulo incluya un pequeño epilogo, o lo lo haga en otro aparte. No lo tengo decidido.

Pero en este fic, sí que habrá epílogo. Viendo que hubo "quejas" en mi otra historia por no hacerlo... jajajaja!

Bueno chicas... la verdad que me da pena acabar este fic, porque ha sido especial para mí, ya que era la primera vez que escribía sobre una Bella con un don tan fuerte, y siendo humana.

Pero me consuela que al otro fic, "CENIZAS" aún le queda bastante :-) El cual publicaré en un par de días.

Espero tener el siguiente capítulo (el penúltimo) para la próxima semana.

BESOSSSSSSSSSSSS!