Holaaaaaa!
Aquí estoy!. Espero que la espera no os pareciera demasiado larga.
Os dejo un capi larguito y lleno de cosas. Explicando como comienza la vida Bella, ahora que ha vuelto.
Espero que os guste...
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CAPÍTULO 49
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- Bella, - la llamó Esme una vez en casa. - Como ahora no duermes, - la miró simpática - Hemos acondicionado la habitación enfrente de la de Edward con tus cosas. Hemos quitado la cama y así te ha quedado un espacio mucho más amplio.
Mientras Esme explicaba todo eso, Bella no pudo escuchar más que la ubicación de su dormitorio:
"Enfrente de Edward"
La vida a veces tenía un sentido del humor un tanto, peculiar.
Emmet y Alice sonreían divertidos de ver los esfuerzos de Bella por ponerle buena cara a Esme, la cual seguía con sus explicaciones muy ilusionada.
Bella les lanzó sendas miradas a sus hermanos, achinando los ojos, a modo de advertencia.
Edward que no perdía movimiento en ella, disimuló la sonrisa ante los gestos entre los tres.
- Gracias Esme… - Bella volvió su atención a su madre vampira - Ha sido todo un detalle que tuvieras un espacio para mí en tu… - Carlisle, pendiente de Bella en todo momento, no la dejó terminar.
- No… - la miró fijamente - Espero que te acostumbres rápido a usar el "nuestro", incluyéndote, por supuesto. - Rodó los ojos divertido - Ahora, eres una Cullen. - Sentenció ante el asentimiento del resto de la familia.
Carlisle abrió un cajón del mueble del salón, y le tendió a Bella una cajita.
- Esto es para ti. - Bella abrió los ojos emocionada. - Llevo cinco años esperando para dartelo - No había ninguna clase de reproche, al contrario; Carlisle era todo ternura.
La vampira abrió el paquete y de él sacó un brazalete con el emblema de la familia.
- Con esto, se cierra el círculo. - Declaró muy solemne y emocionado Carlisle.
- ¡Vaya! No sé qué decir… - Bella clavó su dorada mirada en el patriarca - Significa mucho para mí, Carlisle. Gracias.
Ese, era un gesto muy importante para la familia. La constatación de que Bella, era completamente una Cullen. Algo tremendamente significativo para Carlisle, ya que le otorgaba su apellido a Bella.
Se lanzó a los brazos de su "padre" y se fundieron en un emotivo abrazo.
Tras el revuelo del regalo, todos se fueron sentando en los sofás y Bella les relató sus vivencias durante esos cinco años.
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Como fue controlando su sed, acercándose a los humanos para ir inmunizándose a su olor, y como llegó hasta el aquelarre del Amazonas, y a los duros entrenamientos que las tres vampiras la habían sometido.
- Son las mejores, pero son implacables. - Comentó Jasper - Ha debido ser muy duro para tí, siendo prácticamente una neófita. - El vampiro estaba asombrado.
- Sí… realmente ha sido brutal. Pero ha merecido la pena. - Respondió ella con una sonrisa melancólica - Ahora puedo relacionarme entre los humanos sin problemas, y tengo pleno control sobre mi escudo y sus nuevas potencias
Sin poder evitarlo, su mirada se desvió hacía Edward, el cual la miraba intentando mostrar normalidad, pero sus ojos brillaban como luceros.
- Aunque ha heredado limitaciones de tu época de humana - Comentó Alice mirándola con ojos traviesos. - Edward sigue siendo tu talón de aquiles. - Bella asintió con un deje de tristeza.
Se formó un extraño silencio; no era molesto, pero si muy intenso. Cargado de emociones.
- Si me disculpáis, quisiera instalarme - Bella controló perfectamente su tono; estaba deseando escapar del salón, pero no quería ser grosera.
- ¡Claro! Te apetecerá estar un tiempo a solas. - Apoyó Esme, notando como el ambiente se había cargado - Aunque seamos vampiros, las emociones también nos pueden llegar a sobrepasar. - Le guiñó un ojo cómplice.
- Llevas horas aquí, hablando con nosotros… Es más de lo que podíamos esperar - Carlisle la miró con ojos de miel.
- Mañana… Me gustaría acompañarte a la reserva - Si no fuese un vampiro, Carlisle, hubiera muerto de un infarto en ese mismo momento.
- ¡Por supuesto! - Su sonrisa le cruzó la cara, de oreja a oreja. - Aunque… - Frunció el ceño, pensativo - No es lo habitual, pero… Alguna vez hay accidentes, con heridas. Sangrantes. - Aclaró, recalcando esa palabra.
- Supongo. - Respondió la benjamina, de forma completamente tranquila.
- Bella… Sangre. - Emmet abrió los ojos, alzando las cejas.
- Emmet, se que las heridas sangrantes, tienen sangre - Le sonrió divertida.
- Y… ¿Te ves capaz de soportarlo? - Preguntó pasmado Jasper.
- Sí, por supuesto. - Respondió tajante.
Carlisle no cabía en si de orgullo.
Pudiera ser que ella, la benjamina, ¿llegase a seguir sus pasos médicos?
Edward contemplaba la escena en un segundo plano.
Apenas había intervenido en las más de cuatro horas que habían estado reunidos todos en el salón; y por supuesto, nunca dirigiéndose directamente a Bella. Solo en un par de ocasiones la miró directamente, pero ella apartaba veloz la mirada.
Sabía que estaba siendo demasiado esquivo y frío con ella, pero tal y como habían concretado Alice y él, esa debería ser la forma de actuar; aunque eso, estaba demasiado metido en su papel.
- Puede que tengas a tu sucesora, Carlisle - El nombrado sonrió, ya que esa idea había pasado por su mente.
- ¡Ojalá!
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Al día siguiente, Bella y Carlisle tomaron rumbo a la Reserva.
Una vez allí, Jake salió a recibirlos muy animado.
- Hola Doc, Bella…
- Buenos días Jacob. ¿Está tu padre?
- Sí, está dentro. Pasa
Una vez Carlisle entró en la casa de los Black, Jake miró a Bella con una ceja alzada.
- ¿Me cuentas tú, o te tengo que interrogar? - Bella meneó la cabeza y rodó los ojos.
- Estuvimos hablando. Les hice un resumen de mis cinco años fuera y de mis entrenamientos en el Amazonas, durante horas. - Inspiró profundamente - Es normal que quisieran saber - Alzó las cejas con un sonrisa tierna - Aunque fueron benevolentes y no me tuvieron sentada en el sofá durante días - Rió. Jake alzó una ceja, interrogativo; Bella rodó los ojos. - Con Edward… - Suspiró profundo - No nos hemos dirigido más de tres, a lo sumo, cuatro palabras. - Abrió los ojos, asombrada. - Esperaba que me acorralara en cuanto me despedí para subir a mi dormitorio, pero… No lo hizo - Exhaló todo el aire de sus pulmones.
Jake la miraba con una ceja entornada. Le parecía tremendamente extraño que no hubiese hecho tal y como lo había descrito Bella, conociendo su carácter. Pero si él, había obrado así, es que tenía un plan; y el lobo, suponía cual iba a ser.
Ignorar a Bella hasta su propia desesperación, y que ella, por si misma, fuese la que diera el paso al diálogo.
- ¿Comenzamos las consultas? - Carlisle se acercó a la pareja, rompiendo el silencio reflexivo que se había instaurado entre ellos.
- ¡Claro, Doc! - Carlisle abrió los ojos, sorprendido, para dar paso a una tremenda sonrisa.
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Y los días comenzaron a transcurrir con rutina y tranquilidad.
Tres días a la semana, Carlisle y Bella subían a la reserva; alguna vez los acompañaba algún otro miembro de la familia, que se quedaba con los chicos.
Ese "trabajo", consiguió unir a Carlisle y Bella aún más, inspirando en la joven vampira la ilusión de llegar a ser y ejercer la medicina como su "padre".
- Estaría muy orgulloso de que siguieras mis pasos, pero es algo tremendamente difícil. - Explicaba uno de los días en que habían subido solos - El dominio y control de ti misma con la sangre, debe ser altísimo; inexplicable. Deberías ser prácticamente inmune a su olor. - Bella lo miraba atónita - No es imposible - Le alzó la cara con cariño - Muy duro, pero no imposible.
- Tengo mucho tiempo para ejercitarme. Además, tengo el mejor maestro - Ambos se lanzaron una mirada cómplice y tierna.
- Cambiando de tema… Estoy asombrado de lo educados y tranquilos que estáis siendo Edward y tu - Sonrió malicioso - Creí que se desataría la guerra entre vosotros, otra vez. - Rodó los ojos. Bella suspiró.
- Es fácil no hablándonos - Intentó sonar simpática, pero su voz destilaba un trasfondo de rabia. Carlisle la miró entrecerrando los ojos, especulativo.
Ya se había dado cuenta más que de sobra que Edward se dirigía a ella lo estricto y necesario.
Bella se sentía rabiosa, frustrada e incluso decepcionada de ver como Edward pasaba de ella. No le daba ni siquiera el gusto de evitarla; simplemente hacía su vida como si ella no estuviera presente.
No quería discutir, ni guerras como había mencionado Carlisle, pero un poco más de "entusiasmo" por su vuelta, no le habría importado.
No se iba a dejar llevar por interminables monólogos internos de "me quiere/no me quiere", como en su época humana, a parte, algo dentro de si misma le decía que había explicaciones que ella debía escuchar por parte de Edward. Pero no se sentía con fuerzas para escuchar; aún no
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Al subir tanto Bella a la reserva, entre ella y Jake se formó una camaradería aún más fuerte e íntima que antes.
Habían llegado a una relación de confianza y amistad envidiable.
La prometida de Jake era una chica encantadora y preciosa, y le había abierto los brazos a Bella para ser amigas, pero a ella le costó un poquito abrirse, ya que no podía evitar sentir una ligera punzada de celos.
No eran celos románticos, eran los celos de propiedad; De pérdida. Cuando tu mejor amiga, en este caso amigo, comienza una relación, siempre te quedas un poco… descolgada. Y eso sentía Bella, que había perdido a su mejor amigo.
Pero tras el transcurso de unas semanas, Bella comprobó que la camaradería con su amigo seguía intacta.
Chloe era conocedora de ambos secretos, pero ella, al ser puramente humana, estaba desvinculada de ciertos aspectos, como la vigilancia, los entrenamientos o reuniones. Y esos momentos, Jake era de ella.
Tras comprobar eso, y que Jake seguía siendo Jake, Bella se sintió más relajada y le abrió el acceso a Chloe a una sincera amistad.
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Pero antes de eso, tuvo un par de conversaciones con Alice, ya que su hermana la vio algo agobiada con el tema.
- Bella, no vas a perder a Jake. Él te quiere muchísimo. Eres super especial para él. - Le intentaba hacer ver la vampira; ya que Alice sabía que ambas chicas serían buenas amigas.
- Lo sé… pero ya no es lo mismo - Refutaba refunfuñona.
- Bella… tu ¿quieres a Jake? - le preguntó muy seria - Me refiero de forma… romántica. - Bella abrió los ojos de golpe.
- No Alice… - le contestó mirándola fijamente, de forma totalmente segura. - Lo adoro como amigo. Es el mejor - Sonrió con melancolía - Lo he pensado mil veces… - Alice la miró con pesar - El darle una oportunidad a lo nuestro, - Aclaró - Pero… - respiró hondo - Mi corazón no le pertenece.
- ¡Ah, vale! - Respondió Alice, recuperando su euforia habitual. - Tu corazón sigue teniendo el mismo dueño - le guiñó un ojo.
- Alice… - la llamó condescendiente. - No empieces. - Suspiró - Tu hermano y yo, ni quiera nos miramos. Pasan días sin que tan quiera nos encontremos por la casa. - Su voz sonó más triste de lo que pretendía.
- Tu has sido la que has mencionado a Edward… no yo - le alzó las cejas pícara. Bella meneó la cabeza, soltando un bufido.
- Es imposible hablar contigo - Le soltó airada. Se levantó y se giró de forma muy digna.
Pero su dignidad le duró más bien poco, ya que en cuanto se giró se quedó pasmada al ver quien estaba a unos pasos de ellas:
Edward.
Y lo había escuchado todo.
Aunque hacía años que no necesitaba respirar, a Bella se le aceleró la respiración.
Ambos vampiros se quedaron mirando por unos segundos a los ojos. Fija y profundamente.
Era un momento idílico. Las barreras parecían haberse bajado, ya que sus miradas estaban limpias.
Edward dio un paso hacía Bella, y ella se contrajo de anticipación.
El vampiro avanzó otro paso y de pronto, dio un leve giro, sorteando a Bella, y se dirigió hacía su hermana.
- Te estaba buscando. - Soltó, sin mencionar lo que acababa de escuchar; Alice lo miraba intentando esconder su asombro. - Quería invitarte a una salida de caza. Luego podemos unirnos a Seth, Paul y Jared, que están de guardia.
Bella se quedó de espaldas a ellos, aguantando el cúmulo de sentimientos que la envolvían.
Tras tragar la ponzoña que se agolpó en su boca, por la rabia, se marchó sin despedirse.
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- Edward… - lo llamó Alice, tras asegurarse de que Bella estuviera lo suficiente lejos para no escucharlos. - Eso ha sido… demasiado. - Gesticuló, mostrando su desconcierto y desaprobación. - Creí que aprovecharías la ocasión para, un acercamiento. - Edward negó con la cabeza, con el rostro serio - Hace dos meses que Bella ha vuelto y no creo que os hayáis dirigido más de diez palabras. - Comentó apesadumbrada.
- Alice tu dijiste que necesitaba un poco de frialdad para reaccionar; para que saliera de su burbuja… - Miró hacia un lado, agachando la cabeza. Serenándose - Es verdad que ahora mismo la ocasión era perfecta, pero… - Suspiró - No sé qué decirle.
- Solo que la amas. El resto de explicaciones vendrán solas… Sobre la marcha.
- Pero para decirle algo así, y que me crea, ella tiene que estar abierta a escuchar y a sincerarse también. - Refutó él.
- Hoy era buen momento para un acercamiento, no para una declaración así - Sonrió con pillería - Pero sin tardar, se originará otro, aún mejor. - Edward la miró con los ojos agachados, intranquilo. - A Bella le ocurrirá algo, nada grave - lo tranquilizó rápidamente - Algo de nuestra especie, y ella te buscará a ti. - Edward dudó un segundo, hasta que una hermosa sonrisa iluminó su rostro.
- Espero que no tarde, porque creo que cada vez nos distanciamos más… - Su rostro se tiñó de tristeza - Yo mismo soy consciente de que la evito, más de lo necesario. Cada día soy más obvio, y se que ella se da cuenta. - Alice lo miró con los ojos entornados. - Bella lleva unos días originando ocasiones para que hablemos… - Alice se asombró; sobretodo por no haber sido consciente de eso; Edward la sonrió tristón - Es bastante sutil, inicia conversación que sabe me interesa y me mira, un segundo, directo a los ojos. Aparece cuando estamos hablando en grupo e interviene discretamente, obligándome a contestarle… cosas así. - Alice arrugó la boca y se quedó pensando durante unos instantes.
- Por eso pasa tanto tiempo en la Push. Porque se siente incómoda… Me lo comentó Jasper hace días, pero no le di mayor importancia. - Respondió culpable consigo misma. - Tu no pierdas la paciencia… - Edward resopló. - ¿Tu sigues amándola?
- Si. Sin lugar a dudas, si. Pero lo que quiero es que esté feliz y la incomodidad, que yo también había notado, se disipe y se integre completamente en la familia. Pero… nosotros… - No pudo, ni quiso seguir hablando. Era demasiado difícil pronunciar esas palabras en alto.
Aunque en ese momento no lo hubiera pronunciado en voz alta, era un pensamiento que lo rondaba, atormentándolo:
La idea de que ellos no acabaran juntos. Por mucho que la amara, y ella a él, había demasiada frialdad entre ellos, a parte de cientos de sucesos sin aclarar y verdades a medias.
Y la opción de que convivieran sin llegar a ser nada, lo veía, ahora mismo, inviable. La incomodidad de Bella, se vería aumentada y acabaría necesitando irse. Incluso él mismo llegaría a agradecer la separación.
- Y a parte está… - Edward se pasó la mano por el pelo - La atracción irracional que siento por ella. Me tengo miedo a mi mismo… A intentar hablar con ella y no ser capaz a controlarme… me vuelve loco su sexualidad, su sensualidad… - Resopló intentando serenarse.
Su hermana lo miraba con un gesto de ternura y comprensión.
Si la cosa no mejoraba, tendría que idear algo e intervenir, para que la pareja pudiera aclararse y sincerarse.
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Pasaron unas semanas más, y Bella parecía estar más cómoda en la reserva que en la casa Cullen, y todos estaban pletóricos de tenerla allí, de vuelta.
Quería, amaba, a su familia vampira, pero sentía que la Push era su refugio; seguía sintiéndolo como su puerto seguro.
Más ahora que su relación con Chloe iba genial. Incluso algunas veces se iban las dos solas, a pasear por la playa y la chica le relataba sus vivencias en la universidad, y Bella disfrutaba recordando su vida humana.
Alguna vez se las unía Emily, la cual estaba embarazada de su primer hijo, y así aprovechaba a caminar un poco acompañada.
Bella nunca había sentido el "instinto materno", pero debía reconocer que ver la abultada barriga de la joven, la hacían sentir cierto anhelo.
Jacob estaba pletórico porque sus dos chicas se llevaran tan bien, y hubieran creado una sincera amistad, pero sabía que Bella subía tanto porque era una manera de alejarse de Edward y del estrés que le ocasionaba la frialdad entre ellos.
- Si sigues subiendo tanto, casi sería mejor que te mudaras aquí - Le soltó Jake, alzándole una ceja a Bella, según entró por la puerta de su casa.
- ¿Te molesto? - Replicó ella mirándolo de lado.
- Para nada. Sabes que no - El chico-lobo se acercó y le dio una suave caricia en la cara. - Pero… - Suspiró fuerte - Acabareis estallando y será apocalíptico. - Lanzó las manos al cielo, haciendo hincapié en sus palabras. Bella bajó su cabeza, pesarosa.
- ¡No me habla! ¡Ni tan siquiera me mira! - Gritó Bella. Jake, pestañeó sorprendido por la explosión de Bella, hasta que acabó riendo; muy Jake. - ¿De qué te ríes? Yo no le veo la gracia por ningún lado - Gruñó ella, enfadada.
- Me río, porque de patéticos y cobardes, acabáis resultando cómicos. - Su voz destiló sarcasmo por doquier y su mirada era seria.
Bella se quedó conmocionada de ver a su amigo tan serio y hasta enfadado.
- Siento ponerme así, Bella. Pero me duele veros así. Hace más de tres meses que has vuelto, y ni siquiera mantenéis una relación amistosa.
- Lo sé… - La voz y el rostro de Bella, era la tristeza personificada. - Pero no me da opción a acercarme… Llevo varios días intentando originar excusas para que podamos empezar a dirigirnos alguna palabra - Rodó los ojos. - Pero él parece intuirlo, y sale huyendo. - Respiró profundo. - Al principio era más casual, pero desde hace días, se le nota que me rehuye. Creo que a veces se le olvida que somos iguales, y mis sentidos son como los suyos - Puso una mueca parecida a una sonrisa irónica - Resulta… frustrante.
Jake se la quedó mirando compungido. Sabía lo cuan desesperante podía llegar a ser Edward, pero también sabía lo mucho que la había añorado y lo infinitamente enamorado que estaba de ella. Así que imaginaba que su amigo estaba poniéndola a prueba, que fuera ella quien se acercara.
Solo esperaba que Bella tomase el camino correcto y no se desesperase por esa actitud distante.
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Se cumplía el cuarto mes del regreso de Bella, y toda la familia vampira estaba en casa, en el salón, reunidos hablando de anécdotas; era una manera de formar unión entre todos y pasar un rato la familia reunida.
A Bella estos momentos le encantaban, y el resto lo sabía, por lo que desde que ella regresara, lo hacían más a menudo.
Hasta que Emmet comenzó a narrar la vez que se vio sobrepasado por el olor de una mujer, entorno a los años 40.
- Me ocurrió dos veces - Narró con cierto pesar. - Fue muy duro, ya que el olor de aquellas mujeres me resultó irresistible. Imposible de evitar. - Se sacudió la cabeza, sacando sus remordimientos. Bella lo miraba con toda su atención.
- ¡Guauu! Eso debe ser tremendo - Gesticuló afectada.
- Era casi un neófito, aun. - Se inclinó de hombros.
- Y si… - Bella dudó en hacer la pregunta. Edward sonrió disimuladamente, sabiendo la respuesta de su hermano,ya que había quedado claro lo que Bella pretendía saber.
- ¿Si me ocurriera hoy? - Formuló la pregunta el propio Emmet. Bella asintió. - Quiero pensar que sí - Bella abrió los ojos con sorpresa. - Pero no puedo estar seguro al 100%. No sería tan impulsivo, de eso estoy seguro. - Sonrió - Tendría una posibilidad, aunque no estoy seguro de no seguir su olor y vaciar al portador de tan exquisito manjar. - Bella meneó la cabeza con una sonrisa traviesa. Pero sus ojos tenían un trasfondo de duda, de pesar.
- Pues a mi, todos los humano me huelen igual - Comentó con tono apático Jasper.
Todos se sumieron en una cháchara respecto al tema del olor de humanos. Todos menos Bella, que se sumió en sus propias reflexiones, y Edward, que la observaba atentamente.
Tras unos instantes, Edward se levantó y disimuladamente se acercó donde Bella permanecía sentada; se agachó y le habló al oído, mientras ella se quedaba inmóvil por la impresión de la cercanía del vampiro.
- Si te llegara a pasar algo así, - giró la cara para mirarla. Bella contenía la respiración, ya que sus rostros se quedaron muy, muy cerca. - No se te consideraría débil… son cosas que pasan - Le dedicó una tenue sonrisa - Y por supuesto, tendrías el apoyo de toda la familia - Inhaló aire, serenándose - Y con todos, me incluyo a mí también, por supuesto. - Y entonces, le dedicó su "sonrisa de lado, la torcida", obligando a Bella a inhalar una gran bocanada de aire para controlarse y no lanzarse directa a él.
- Gra… cias, Edward. - Contestó tartamudeando. Edward se irguió y salió del salón.
Cuando Bella recobró la capacidad de reacción y alzó la cabeza, Carlisle la miraba con un gesto paternal y asintió con un discreto movimiento de cabeza, apoyando las palabras de Edward.
Ella giró la cabeza, mirando por donde Edward se había ido, sopesando si seguirlo o no. Ese sería un momento idóneo para hablar; él le había abierto el camino para ello, pero en ese momento se sentía demasiado "sofocada" y atraída hacía él.
Todos le habían hablado y explicado infinitas veces lo poderosa que iba a ser su ansia de sangre, pero nadie le comentó lo tan poderosos que iban a ser los sentimientos. Sobre todo los sexuales; ya que desde que había llegado y posara sus ojos en Edward, un quemazón entre sus muslos no la abandonaba.
Ese era uno de los motivos, inconfesables, que tenía para no decidirse a tener esa conversación con el vampiro que robaba sus sueños. Ya que era consciente de que esa conversación debería darse en privado, ellos dos solos, y no se sentía lo suficientemente fuerte como para controlarse si la situación se ponía un poco… intensa.
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Unos días después de la reunión familiar, Bella y Carlisle subieron a la reserva a una de sus visitas médicas.
Jacob los saludó como siempre, y se fue a trabajar, mientras ellos se iban a la cabaña que se había construido como despacho médico.
Las horas pasaron volando, como siempre que subían a "trabajar"; para Bella era gratificante ayudar a la gente a sanar y Carlisle estaba que no cabía en si de gozo viendo una posible seguidora de sus pasos.
Incluso había llegado a tener control mientras Carlisle ponía un suero o pinchaba una vacuna. Era solo una gota de sangre lo que salía, pero para un vampiro de solo cinco años, aquello era un reto digno de reconocimiento.
Ese día, ya habían acabado y estaban acabando de recoger su cabaña médica, cuando Sam llegó corriendo muy alterado.
- ¡Carlisle! - Gritó entrando como un loco en la cabaña. - Es Emily… acaba de ponerse de parto. - Ambos vampiros se quedaron mirando, para acabar sonriendo.
La entrada despavorida de Sam los había asustado, pero ahora comprendían sus nervios:
Iba a convertirse en padre.
- Tranquilo Sam… - Carlisle mantuvo su habitual calma - Iremos a echar un ojo. Pero te voy advirtiendo que esto puede durar horas, y más siendo primeriza.
- No lo sé… pero creo que algo no va bien… - Carlisle frunció el ceño al ver la cara del chico lobo.
Sin más mediación, se lanzaron a correr y en menos de dos minutos los tres estaban delante de la casa de Sam. Justo cuando iban a entrar, él, algo avergonzado, los paró.
- Bella, sabes que te aprecio y sé de tu buen hacer ayudando a Carlisle, pero… - dirigió su mirada al mencionado - Hay sangre… - Carlisle abrió los ojos alarmado - Creo que para un parto, demasiada. - El doctor no se paró a seguir hablando y entró en la pequeña casa.
En un parto no tiene porque haber sangre… Nada más que unas ligeras manchas por el barrido del bebé mientras baja por el útero. Y menos, que haya "demasiada", como Sam había comentado.
Sam tampoco se paró a seguir hablando con Bella, ya que siguió al doctor. Ahora su prioridad era Emily y el bebé.
Bella se quedó perpleja por la reacción de su padre; Carlisle jamás perdía la compostura, y verlo entrar de esas formas en la casa y con la cara de pánico que se le había puesto, no era buena señal.
Así que sin pensar más en el tema de la sangre, entró considerando que su padre necesitaría ayuda, ya que parecía que el parto tenía complicaciones.
Según entró en el dormitorio, donde Emily se retorcía de dolores, se convirtió en una piedra. El olor a sangre fresca era insoportable. Era tan intenso que no sabía si le resultaba exquisito o molesto.
Pero inconscientemente dio un paso hacía la cama, con la mirada fija en Emily, enajenada.
Tenía los ojos completamente abiertos, las aletas de la nariz se le movían, olfateando, y la boca se le llenó de ponzoña.
Y entonces, sus labios se plegaron y un bajo y ronco gruñido salió de su garganta.
- ¡Bella! - La llamó casi gritando Carlisle, girándose para mirarla fijamente. - ¡Vete! Fuera de aquí… ¡YA! - Bella ante su voz, despertó de esa enajenación, pestañeando varias veces, observando entonces, que se había acercado a la cama más, mucho más, de lo que había sido consciente.
- ¿Qué ocurre? - Preguntó Sam, que no se había percatado de nada hasta que Carlisle alzó la voz. - ¿Bella? - La miró con los ojos achinados, desconfiados. - Quiero que salgas de aquí. - Le dijo tajante.
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Bella salió como un ánima de aquella casa. Se sintió abrumada, avergonzada… mal. Mal consigo misma. Y lo peor fue la mirada de Sam.
Era la primera vez que alguien la miraba como a una vampira; como a una depredadora tremendamente peligrosa… Y fue la primera vez, que fue consciente de que ella, era eso. Una depredadora.
Se fue volando hacía la playa, para que el olor a salitre y madera humedecida inundara sus pulmones y sacara ese olor a sangre humana.
Su ágil mente de vampira rememoró detenidamente lo que acababa de pasar:
Podía haber dragado a Emily en un minuto, sin miramientos. El olor de su sangre era lo más apetitoso que había olido hasta ese momento; Era un olor hipnótico.
Fue la primera vez que tuvo que enfrentarse con un reto así, y no lo había superado. Su orgullo quedó maltrecho; ella quería ser igual que Carlisle, superar al resto de la familia… en concreto a Edward. Y lo ocurrido con Emily, le había bajado su ego y vanidad.
Como una autómata, sacó el móvil del bolsillo de sus vaqueros y marcó un número que creyó, no volvería a usar más:
- ¿Edward? ¿Puedes venir a la reserva? Emily se ha puesto de parto y algo no va bien. Carlisle puede necesitar ayuda. - Silencio. - Yo no… - Más silencio. - Hay mucha sangre, Edward… - Dijo esa frase con tal angustia que se le cortaban las palabras.
- ¿Bella? ¿Estás bien?- Ella suspiró.
- No.
- Estoy ahí en cinco minutos.
Bella se fue a la antigua divisoria, pasados unos metros donde habían atacado a Lua, hacía ahora tanto tiempo; sabía que Edward llegaría por ahí.
Tal como supuso, a los cuatro minutos de llamarlo, Edward se presentaba delante de ella, con el rostro contraído de preocupación.
Sin pensarlo, se acercó a ella y la agarró por los hombros, agachándose para mirarse a la cara, ya que ella tenía la cabeza ligeramente bajada.
- Bella… ¿Qué ha ocurrido? - Su voz sonó suave y sin un ápice de recriminación.
- Emily se ha puesto de parto… se ha adelantado tres semanas… - Bella hacía paradas para respirar, ya que los nervios no la dejaban obrar de forma normal. - Sam vino a buscarnos, y nos avisó, sobre todo a mí - rodó los ojos, mostrando culpa - de que había mucha sangre. - Inspiró una fuerte bocanada de innecesario oxígeno; llegaba la peor parte. - Carlisle entró preocupado y Sam y yo detrás, sin preocuparnos de nada más que de Emily y su bebé… pero al entrar en el dormitorio… Había sangre - El pecho de Bella subió y bajó violentamente - Mucha - Miró a Edward a los ojos, con el remordimiento de lo que podía haber llegado a hacer. - Yo, perdí los papeles - Edward abrió los ojos, preocupado - No… no intenté atacarla. Solo estaba… - Bella agachó la cabeza avergonzada.
- Olfateándola. - Bella asintió.
- Y sin ser consciente… gruñí. Fue muy suave, no me di cuenta de hacerlo hasta que el sonido salió de mi garganta. Entonces Carlisle me echó - Volvió a agachar la cabeza. Si hubiese podido estaría llorando.
Edward le alzó la cabeza poniendo su dedo índice en la barbilla de Bella. Sabía y comprendía por lo que estaba pasando.
- Tranquila, no ha pasado nada. - Bella negaba con la cabeza - ¿Sabes la fuerza de voluntad que has tenido para irte? ¿Para no lanzarte directa a por esa sangre? Solo tienes 5 años, Bella y tu dominio es indescriptible. - Bella gimoteaba; estaba llorando de forma vampírica.
Edward la abrazó. Con cuidado, sin apretar mucho, sin agobiarla entre sus brazos. Fue un abrazo amistoso, dándole ánimos.
Justo cuando Bella alzaba sus brazos para rodar a Edward y cobijarse entre su cuerpo, él se separó.
- Voy a ver como va la cosa, ¿me esperas por aquí? - Bella asintió.
Tras irse Edward, Bella se fue caminando a un sitio que recordaría siempre:
La tumba de Lua. Donde todo comenzó.
Y al lado de la sepultura de aquella perra que drenaron delante de ella, se quedó. Los vampiros eran expertos en esperar, en volverse estatuas, quietas y marmóreas.
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- Carlisle - llamó Edward según entraba por la puerta para avisar de su presencia. El olor a sangre era embriagante; enloquecedor.
- ¡Edward! - Respondió el patriarca con un gran alivio en su voz. - ¿Podrás permanecer aquí y ayudarme?
Edward gesticuló asombrado. El olor era casi insoportable. Pero debía hacerlo.
Respiró hondo fuera de casa, para llenar sus pulmones de aire puro y cortando la respiración, entró hacía el dormitorio.
- ¡Dios bendito! - Exclamó aterrorizado. - Pero… ¿Carlisle…?
- Se le ha desgarrado la arteria uterina. Estoy intentando cortarle la hemorragia antes de practicarle una cesárea. Pero no consigo reducirla.
Con un esfuerzo sobrehumano por parte de Edward, consiguieron cortarle la hemorragia a Emily y sacar al niño a tiempo.
Todo acabó bien, y la joven pareja pudo sostener a su hijo entre sus brazos sin tener que llorar ninguna desgracia.
- Edward - lo llamó Sam, fuera de su casa. Edward necesitaba respirar aire limpio - Habla con Bella. Ella se sentía mal consigo misma. Al único que escuchará será a ti.
Dale las gracias - Edward sonrió agradecido, aunque algo sorprendido, ya que supuso que Sam estaría molesto. - Se que ha echo un tremendo esfuerzo en salir de aquí, con la sangría que se formó. - Meneó la cabeza, intentando sacarse ese mal recuerdo - y tener el suficiente control sobre si misma para llamarte. - El vampiro asintió. Él ya se había percatado de eso. - Cuando se encuentre mejor, dile que está invitada a conocer a nuestro hijo.
- Claro Sam. Gracias por tus palabras. Bella las agradecerá.
Cuando se disponía a irse al encuentro de Bella, con un nerviosismo que le carcomía las entrañas, ya que ahora todos se había solucionado y el momento de subidón de adrenalina se había pasado, no tenía claro como acercarse a Bella; Jake llegó, y se le acercó.
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- Menudo control ahí dentro, ¿eh? - le alzó las cejas. - Esto será todo un punto para tu alzado ego… ¡jajaja! - Jake le bromeó, intentando restarle importancia a lo sucedido. Edward rodó los ojos, pero con una sonrisa traviesa en su rostro. - ¿Bella? No me lo digas… Se ha quedado esperando en la tumba de Lua, ¿verdad? - Edward abrió los ojos asombrado; Jake conocía perfectamente a Bella. Mucho más que él mismo.
- Aunque no haya podido quedarse, ella ha echo gala de un autocontrol digno de reconocimiento - comentó, en su voz se podía notar la adoración hacía la chica. - Yo mismo hubo un par de veces en que pensé que no podría seguir ahí dentro. - Pestañeó fuerte.
- Ve con Bella. Abrázala, consuélala y… ámala - Edward abrió los ojos con sorpresa - Lleva aquí más de cuatro meses y no habéis cruzado más de un docena de palabras - Rodó los ojos, con hastío.
Ambos chicos se lanzaron una mirada de entendimiento y Edward se fue a donde sabía que Bella seguiría esperándolo.
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Nada más que sintió a Edward, Bella se levantó de al lado de la lápida de Lua incorporándose en un nanosegundo.
- ¿Qué ha ocurrido? - Le preguntó, con la cara desencajada, mientras acortaba la distancia entre ambos.
- Tranquila, todo ha salido bien. - La tranquilizó mirándola con ternura.
Le explicó cómo se había desarrollado todo, y las palabras de agradecimiento de Sam.
La posición corporal de Bella, hasta ese momento tensa, se relajó, quedando en un gesto desvalido.
Edward no lo pensó más y la atrajo hacía si en un gesto rápido y protector. La estrechó entre sus brazos con fuerza, mientras ella se dejaba hacer sin oponer la más mínima resistencia, acurrucándose en el pecho del vampiro buscando cobijo.
¿Cuánto tiempo llevaban ambos deseando esto…?
La respuesta era fácil:
Desde el día siguiente a la primera vez que pasaron la noche juntos. Hacía ahora casi seis años.
Y no habían sido conscientes de cuánta falta les hacía el simple echo de tocarse, hasta que sus pieles se unieron en ese anhelado abrazo...
CONTINUARÁ...
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NO ME MATEIS, POR FAVOR!
Continuara y muy pronto.
El próximo será el final. (Si, fijo) Si seguía escribiendo en este, se haría interminable y creo que los capítulos excesivamente largos, no son agradables.
Además, os lo he dejado a pedir de boca, eh?
¿Qué significa ese abrazo?
¿Será que habrá acercamiento entre ellos?
¿Y... qué clase de acercamiento?
ESPERO VUESTRAS RESPUESTAS!
VENGA CHICAS, ANIMAROS A DEJARME ALGÚN COMENTARIO!
BESOSSSSSSSSSSSS! Y MIL GRACIAS A LAS QUE SEGUIS LEYENDO!
