¡Hola minna-san! He vuelto con el cap dos de "El aroma del encuentro" Es un AU (universo alterno) de Diabolik lovers para el reto de "Diabolik lovers adicción total" la historia puede variar de la original (ya que es un Au) pero las personalidades de los personajes que ya conocemos siguen igual.
Antes que nada quiero agradecerle a mi grupo de facebook "Soi Fong-san" que me hace el aguante con los fics :D Ademas agradecer a la limpieza y arreglos de mis horrores de ortografía a Marcela Barrantes (te loveo 3) :)
¡Recuerden dejar sus Review! Me gustaria saber que les parecio :D
(Muchas gracias a Camila por su comentario :D espero te guste este cap)
¡Disfruten!
Disclaimer: Los personajes de Diabolik Lovers no me perteneces sino a rejet, sin embargo la historia es de mi autoria.
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CAPITULO 2
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"Cuenta una vieja leyenda etíope que un pastor de nombre Kaldi notó que sus cabras estaban agitadas y muy activas cuando comían de las bayas rojas de un arbolillo. Él le llevó bayas al monje de un templo vecino que preparó con ellas una infusión para sus monjes con la cual constató el mismo estado de vigilia y actividad. La infusión preparada tenía un sabor terrible, así que todo fue lanzado al fuego. Las semillas de las bayas se fueron secando y tostando y, mientras eso ocurría, un aroma sutil y agradable invadió toda la habitación. Así, el monje volvió a experimentar con aquellos granos quemados y preparó una nueva infusión, el resultado fue el café"
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Subaru se encontraba, como todos los días, concentrado en preparar sus pedidos cuando levantó la vista y notó el reloj; eran las 9:45hs. Inmediatamente apartó en una de las cafeteras individuales un poco de café que se haría lentamente. Ese era por así decirlo "su ritual de siempre", el caramelo que también iría en él ya estaba caliente y sólo hacía falta combinarlos.
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―Subaru-kun ¡Un irlandés con pan y mantequilla! ―pidió Megu, su compañera de trabajo.
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―¡Enseguida! ―no era de extrañar que en esa época del año los clientes mayores, que frecuentaban mucho la cafetería, comenzaran a pedir sus bebidas con alcohol. Según ellos era para mantenerlos "calientes" pero mucho café con wiski y crema no era muy buena combinación a esa hora de la mañana. De todos modos se dispuso a preparar aquel pedido. Tocó a la máquina que últimamente trabajaba como se debía; Jennifer. Desde aquel día nada de luchas, insultos o golpes y eso le era sumamente extraño―. ¡Ya están! ―colocó el pedido en la barra para que su compañera pudiera recogerlo.
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Dio un vistazo general al café, satisfecho de que todas las mesas estuvieran atendidas. Escuchó como alguien se acomodaba en una silla y se giró; ahí estaba ella. ¿Cuándo había llegado? Se dirigió a la cafetera en la que estaba su bebida y comenzó a darle los toques finales. Se encontraba de espaldas a ella cuando le habló.
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―¡Buen día, Subaru! ―pronunció su nombre con el cantarín tono de siempre. Se giró a verla y tenía esa preciosa sonrisa de costumbre, estaba sacando un libro de su bolso que puso con mucho cuidado sobre la barra para después abrirlo y pasar su dedo por la parte donde él pensaba que se había quedado―. ¡Buenas, Jennifer! ―y la escuchó sonreír.
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¡Dios! Eso también se le había hecho costumbre a la pelinegra, cada vez que llegaba lo saludaba a él y a Jenny. También, lo que le resultó verdaderamente extraño, es que hace unos pocos días ella había decidido abandonar su tranquilo lugar al lado de la venta por el de un costado en la barra. Después notó que ese costado era el que más frecuentaba para hacer sus preparaciones, no muy cerca de la cafetera pero tampoco tan lejos, y sobre todo era un lugar con muy poca "audiencia".
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―¡Pff! ―resopló con los ojos cerrados mientras se le acercaba―. ¿No dejarás de hacer eso verdad? ―se refirió a saludar a Jenny.
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―Nunca ―afirmó risueña, mientras acunaba su rostro en sus manos. Chasqueó la lengua y desvió su mirada de ella―. ¿Hmm? ―emitió y olfateó un poco el aire.
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―¿Qué pasa? ―preguntó refunfuñando.
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―Algo se está calentando de "más" ―y el albino recordó las media lunas que le habían pedido. De unas zancadas llegó a la tostadora y pudo comprobar que no habían llegado a quemarse "perfecto" se dijo. Sólo tendría que esperar a que se enfríen un poco, si no el cliente se las arrojaría por la cabeza―. Hmm... Subaru ―lo llamó la ojivioletas. Intentó girarse pero tocó por accidente la tostadora caliente. Quitó su mano y se la llevó a la boca, se calló el quejido y todo, no quería que ella lo notase.
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―¿Qué quieres? ―pregunto rápido olvidando completamente los modales. Esta sonrió haciéndole notar su falta. "Diablos" pensó.
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―Pensaba que hoy en vez de tostados podría comer medias lunas con jamón y queso. ¿Podrías hacérmelas? ―solicitó tiernamente. El albino volvió a chasquear la lengua y se puso a preparar lo pedido, luego de entregar las otras medias lunas. Ahora tendría que esperar que otro cliente pidiera tostados pues ya los tenía preparados para ella. Le contestó con un "hmm" y se dispuso a hacerlo.
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Habían ocurrido varios cambios en tan pocos días en su casa, universidad y trabajo. Pero la mayoría que notó fueron provenientes de ella; su cambio de lugar y su trato para con él. Al siguiente día de reparar a Jennifer se sentó en ese lugar, los saludaba, sacaba un libro que leía muy pacíficamente, bebía café y muy de vez en cuando le hacía comentarios. Ciertamente por eso se le estaba pegando la manía de contestarle como si no fuera una clienta y eso para él estaba mal. Sin embargo no lo podía evitar... por momentos era ¡Sumamente exasperante! y por otros tranquila, tierna e incluso interesante.
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Sacudió un poco su cabeza, molesto por lo que había pensado y fue a darle su pedido a la azabache, que lo recibió bastante contenta.
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―Gracias~ ―agradeció tomando la taza de sus propias manos. El ojirojos se sorprendió al descubrir que el roce de sus manos le había agradado. Por su lado, Ahome levantó su taza y la acercó a su rostro para poder inhalar el aroma que despedía esta. Suspiró relajadamente, cerró los ojos y bebió un poco de aquel contenido―. Ahh... Está delicioso como siempre, Subaru ―finalizó sonriéndole.
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Este sólo se la quedó viendo unos segundos sin siquiera contestarle y luego se giró para seguir atendiendo.
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Hmm...
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Y sin más percances, y procurándose no quedarse embobado al ver a la azabache, resopló al verla salir. Ahora podría trabajar tranquilamente, sin que le hicieran berrinches o se rieran de él. O eso creía, pues escuchó a Gil decir otra vez "te guuuusta" al pasarle por el costado... no romperle la cabeza fue muy difícil. Su carácter "irritante" salía a flote y luego no podía dejar de fruncir el ceño, por más que quisiera, quedaban atisbos de este y daba la casualidad que cuando se relajaba aparecía otro idiota y lo hacía enojar. Y eso que últimamente tenía bastante autocontrol de su mal genio.
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―Y hasta aquí llegará el examen. Si tienen alguna duda consúltenme por e-mail ―finalizó secamente su profesor. El albino entrecerró más los ojos, como si eso le permitiese entender claramente lo que significaban sus apuntes. Desgraciadamente no fue así y eso lo frustró.
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―¡Mierda! ―refunfuñó para sí mismo mientras dejaba que sus manos atraparan su rostro que caía resignado hacia el banco. Llamó la atención de algunos de sus compañeros que prefirieron hacer caso omiso a su queja. Así era la universidad, cada uno debía preocuparse por sus asuntos y si en la preparatoria le había sido difícil, aún más lo era ahora. Recogió sus cosas y decidió que antes de volver a su casa podría sentarse nuevamente en la plaza del otro día para poder relajarse un poco.
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Salió a paso moderado de aquel edificio y al par de cuadras notó las demás universidades a las que nunca les había prestado atención, e inconscientemente se preguntó si algún conocido asistiría a algunas de estas. Desechó aquellos pensamientos, y sólo le prestó atención al ruido que hacían las suelas de sus botas a tocar el piso y llegar a su objetivo.
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Dio unos pasos más y pudo divisar el parque no tan concurrido por el frío de la tarde. Buscó con la mirada su asiento y lo encontró vacío. "Genial" pensó, después de todo aquel lugar tenía muy buena vista. Se sentó, sintiendo el frío de la madera del banco al apoyar su espalda en el respaldo. Cerró los ojos y suspiró con alivio; le encantaba sentir como la fría brisa golpeaba suavemente su rostro. Le daba la sensación de que lo despejaba de todos sus problemas. Era su tan preciado momento de paz del día, en la que se daba un espacio para no pensar en nada en particular y sólo relajarse.
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Le encantaba ver como el sol desaparecía entre los edificios y como el cielo iba cambiando de color. Obviamente, a la hora en la que iba él, ya el sol estaba ocultándose. Se encogía de hombros resguardando parte de su cuello y rostro en su chaqueta que estaba totalmente abrochada y tenía metida sus manos en los bolsillos de esta. No le disgustaba para nada sentirse parte de aquel paisaje.
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Sabiendo que ya era tarde se dispuso a volver a su casa, en el camino pensó más que nada en aquellas materias y que tendría que consultar con alguno de sus hermanos o algún particular. No supo cuál sería peor pues los mayores explicaban bien pero solían mirarlo con cara de "¿Todavía no entiendes?" ¡Era demasiado irritante! Aceptaba que había cosas que le costaba realmente entender pero la paciencia no era precisamente la virtud de sus hermanos. Y los profesores particulares además de ser caros se la pasaban dándote ejercicios en vez de explicar bien el tema.
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Llegó a la puerta de su casa y escuchó muchos murmullos proviniendo de esa. Metió la llave en la cerradura y el ruido cesó de golpe; eso era muy sospechoso. Abrió la puerta y una vez dentro fue directamente a saludar a su madre sin embargo algo se interpuso en su camino.
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―¡Bienvenido! Subaru-kun ―canturreó su hermano mayor. Lo miró por un segundo detenidamente y cambió su semblante tranquilo a uno irritado.
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―¡Ah! Laito desgraciado... así que por fin te dignas a aparecerte por la casa ―criticó en voz baja para que su progenitora no los escuchara.
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―¿Hmm? Nfu ―rio el castaño―. ¡Vamos! Si sigues contrayendo así el rostro te saldrán arrugas ―omitió totalmente el otro tema. Ciertamente se había mudado hace poco y no los había visitado ni una vez desde aquello. Se lo solían encontrar camino a su departamento, más que nada Christa que lo echaba mucho de menos. El albino contrajo aún más el rostro―. ¿Ehh? ¿No vas a hacerme caso? Deberías aceptar los consejos de tu Nii-san que quiere lo mejor para ti ―parloteó colocándose a su costado y sujetándolo de los hombros. ―. Además si sigues así no conseguirás novia ¡Ni tus genes podrán salvarte! ―exclamó haciendo referencia al buen físico que tenía toda su familia. Este sólo lo empujó levemente y se dirigió a la cocina mientras le seguía hablando. No tenía sentido pelear ahora y menos delante de su madre.
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―Ya llegué...
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―Bienvenido, Subaru... ―esbozó monótonamente Kanato mientras leía un libro.
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―¡Hijo! ¿Cómo te fue? ―saludó feliz su progenitora.
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―Hmm... Bien.
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―¿Ah? Subaru-kun no me digas que... ¿Estas teniendo problemas en la universidad? ―preguntó curioso el ojisverdes y el albino se quedó en seco. De sus hermanos quienes más sabían "leerlo" por así decirlo eran Shuu y Laito. Los dos eran bastante observadores y podían comprender una situación con sólo dar un vistazo o escuchar un poco.
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―¡Ja! ¡Sigues igual de burro que siempre! ―e hizo aparición Ayato.
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―¡Tsk! ¡Cállense! ―se giró con intenciones de ir a su cuarto.
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―¡Espera! ¡No te escapes, te toca cocinar! ―remarcó el pelirrojo.
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―¡Ya lo sé! voy a dejar mis cosas y vuelvo... ―y a paso firme se dirigió a su habitación.
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―Hmm...
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―¿Pasa algo, Oka-san? ―pregunto curioso Laito. Esta puso su mano en su mentón pensativamente.
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―¿No será demasiado para Subaru trabajar y estudiar al mismo tiempo? ―preguntó preocupada pues su hijo no solía pedir ayuda cuando tenía complicaciones, así fue siempre desde niño. El castaño la miró con ternura y la abrazó de costado sobresaltándola.
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―No te preocupes tanto... él podrá. Después de todo es un cabeza dura, Nfu ―ante ese comentario Christa sonrió y acarició los cabellos de su hijo. Kanato observó esa situación con algo de envidia, aclaró su garganta y señaló su cabeza provocando que la albina sonriera nuevamente; sus hijos eran muy malcriados.
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―Bueno, me voy ―saludó Ayato colocándose su chaqueta.
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―¿Ah? ¿No te vas a quedar a cenar hijo? ―preguntó algo desilusionada―. Vamos, quédate, hay que aprovechar que tu hermano vino a visitarnos. ―Decidió acercándose a este.
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―¡Tsk! No entiendo como no te enojas con él, si él mismo fue el que se alejó ―remarcó algo molesto. La mayor volvió a sonreír y esta vez acarició los cabellos pelirrojos de su otro hijo.
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―En algún momento tú también lo harás y yo te apoyaré ―le aseguró y el ojiverdes desvió su mirada.
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―Hmm... De acuerdo ―murmuró haciendo un puchero.
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―¿En serio? ―preguntó un indignado Kanato que se había quedado señalando su cabeza. Los demás sonrieron y agradecieron que su madre fuese tan comprensiva a pesar de todo. Si bien a veces tenían un carácter de los mil demonios, tenía sus momentos tiernos.
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―¿QUIÉN FUE EL MALDITO DESGRACIADO? ―preguntó a los gritos Subaru bajando por la escalera. Ayato se tensó y Kanato cerró su libro, tomó su peluche y quiso salirse de la sala.
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Subaru había entrado, como siempre, a su habitación dejando de un lado su bolso, en el perchero su chaqueta y se dispuso a ponerse algo más cómodo. Dio un vistazo rápido a toda su habitación y encontró el escritorio algo desordenado, también su guitarra acústica estaba en otro sitio, esto le dio tal mala espina que fue con algo de miedo a sacar de su estuche el instrumento. En cuanto lo quiso hacer, se partió el mástil de este. Intentó contar hasta algún número indefinido pero no pudo. Terminó de sacar completamente uno de sus objetos favoritos que le había regalado su madre, y descubrió que tenía unas cuerdas rotas y en lugar de estas había hilos. ¿En serio? se preguntó fastidiado a más no poder y su rostro se contrajo aún más. Bajó a toda velocidad por las escaleras con lo que quedaba de su guitarra en mano. Gritó aquella pregunta y se atravesó entre Ayato y la puerta.
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―¡Fuiste tú! ―señaló muy molesto.
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―¡Esperen! ¿Qué pasa aquí? ―exigió saber su madre.
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―¡Mira mi guitarra! ―señaló, y Christa supo por qué su hijo se había puesto así.
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―¡Tsk! ¡Kanato comenzó! ―alegó el pelirrojo y salió corriendo a buscar al pelivioleta seguido por los demás. El castaño estaba tratando contener al albino para que no le rompiera la cabeza a los otros dos.
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―¡Ayato traidor! ―sollozó―. ¡Él rompió el mástil!
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―¿Ah? ¡Tú comenzaste rompiendo las cuerdas! ¡Yo sólo quería ayudar!
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―¡Oye! ¡Más vale que se expliquen ahora si no quieren que termine de romper lo que queda de mi guitarra en sus cabezas! Además ni piensen que esto se va a quedar así, ¡tendrán que pagar los arreglos! ―Advirtió acercándose peligrosamente.
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―Ugh, Ugh ―sollozó un poco Kanato
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―Vamos, hijo... ―alentó su madre.
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―Yo sólo fui a buscar el pendrive que te presté ―comentó abrazando a Teddy―, y cuando lo encontré, vi tu guitarra y quise probar tocarla... ―susurró al final. A decir verdad a veces parecía que Kanato era el menor de todos por su conducta infantil. Subaru se contuvo de preguntar "¿Por qué?" sólo quería saber que había pasado. Si no los golpeaba era por su madre que estaba presente y porque Laito lo sostenía.
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Realmente le molestó ver a su querido instrumento así. Recordó que de pequeño quiso tocarlo, al parecer eso llamó la atención de su madre y para su cumpleaños se la regaló con su padre. Era una acorde su edad, a los dieciséis años le regaló la que ahora tenía en mano y la apreciaba mucho porque era fruto del trabajo de ella en la pastelería. Era una mujer que estaba recibida de pediatra pero luego de que él naciera decidió enfocarse de lleno a ellos. Después de que se separara de Karl Heinz consiguió un trabajo que no le quitaba mucho tiempo y le daba una buena paga ya que era de una industria reconocida mundialmente. Ya que sus hijos mayores trabajaban y su ex esposo se encargaba de las cuentas de la casa pudo darse el gusto de llevar una vida tranquila. Claro, a Subaru y a los demás no le gustaba esto, por eso en cuanto pudieron también salieron a trabajar y a aportar a la casa aunque ya no vivieran en ella. Y aunque su madre lo rechazaba, estos se la arreglaban para dejarle el dinero.
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―¿Y por qué termino así? ―preguntó intentado contener su furia.
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―E-es que... ―y Kanato pareció sudar de la incomodidad.
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―¡Ya dilo! No pudiste tocar bien y te desquitaste con las cuerdas ―reveló Ayato.
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―¡No fue así! ―gritó aturdiéndolos―. ¡Tú no sabes porque no estabas! No sonaba igual a cuando la toca Subaru y entonces yo... ―empezó a sollozar―. ¡Rasqueteé y se rompió la cuerda! ¡Es tu culpa Subaru por tenerla en tan mal estado! ―intentó excusarse.
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―¿MAL ESTADO? ¡Para romper una maldita cuerda tienes que tironear mucho de esta! ¡Eres un bruto! ―acusó.
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―¡Esta bien! ―lo volvió a sujetar Laito―. ¿Y tú qué tienes que ver en esto, Ayato? ―el mencionado rezongó un poco y miró hacia el suelo como un niño al que estuvieran regañando.
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―Escuché... escuché el desastre que hacia Kanato así que fui a la pieza ―esclareció―. Vi que había roto las cuerdas y quise acercarme a arreglarlo pero de alguna forma tironeamos tanto de ella que se rompió el mástil ―murmuró.
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―¿Y ustedes pensaron que no me daría cuenta si la dejaban como estaba y que en vez de cuerdas tuviera HILO? ―preguntó incrédulo y sus hermanos mayores se miraron entre ellos. Subaru apretó fuertemente sus puños y Laito temió que se les tirara encima.
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―¡Más vale que vayan juntando dinero porque mañana mismo iré a dejarla en la tienda para que la reparen! ―bufó molesto. El castaño lo soltó y el albino se fue a guardar lo que quedaba de su guitarra, por más que quisiese no podía enojarse realmente con ellos. Resopló molesto para después bajar a la cocina y ponerse a cocinar con Laito que se ofreció para evitar que matase a alguien. El ambiente no tardó en destensarse a la hora de la comida después de todo se tenían bastante cariño y el albino aprovecharía para hacerle unos cuantos arreglos más a su guitarra con el dinero de sus hermanos.
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―Nunca pensé que diría esto pero... ¡no hay nada como el hogar! ―exclamó Laito en cuanto terminaron de lavar los platos y se sentaron a ver una película todos juntos.
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―¿Y a ahora que te pasa? ―preguntó un somnoliento pelivioleta.
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―Hmm... Nada. ¡Ah! me quedaré a dormir por esta noche ―canturreó.
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Sería una noche bastante larga pensó Subaru pues el castaño le gustaba quedarse charlando hasta tarde con Ayato y Kanato. Y aunque durmieran en habitaciones diferentes el alboroto que armaban se escuchaba por toda la casa.
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A la mañana siguiente tuvo que ir a golpearles la puerta con su madre por que no se levantaban. Luego de desayunar, tomó su bolso y su destrozada guitarra y se fue a trabajar.
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―Ah... ―bostezó tapándose la boca.
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―¿Hmm? ¿Qué pasó, Subaru? ¿Estuviste despierto hasta tarde? ―preguntó pícaramente su metiche clienta. Como todos los días, se había aparecido a las 10hs y ese día en especial no tenía ni una otra clase más, lo que le permitía quedarse por más tiempo―. Oh... Te desvelaste viendo cochinadas, ¿verdad? ―preguntó con burla haciendo que el albino dejara lo que estaba haciendo para girarse a verla. Como de costumbre, llevaba esa sonrisa pícara en su bello rostro haciéndole saber que disfrutaba molestarlo de aquella manera.
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―¡Cállate! y quita esa maldita sonrisa de tu rostro... ―apuntó con un deje de clara molestia―. Y-y yo... ¡No miro esas cosas! ―confesó algo sonrojado y la azabache rio con sorna―. ¡Tsk! ¿¡Qué es tan gracioso!? ―exigió saber y Megu pasó por su costado riéndose. No lo podía creer...
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―¡Perdón! ¿Entonces qué te tenía tan entretenido? ―preguntó apoyando su mentón en su mano.
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―Arg... ―murmuró unos insultos y observó cómo incluso eso la divertía―. Vino a quedarse a dormir mi hermano y no es como si me importase si piensas que miro esas cosas o no... ―comentó lo último con algo de pena.
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―¿Hmm? ―calló su risa―. ¿Tienes hermano?
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―S-sí... ―y se arrepintió de abrir su boca de más. Vio como esta lo miraba atentamente, esperando a que siguiera, le dio un vistazo general a la cafetería y casualmente nadie necesitaba nada y todos estaban atendidos―. Tengo cinco hermanos...
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―Guau ―esbozó sorprendida―. ¿Todos son hombres? ¿Tú cuál eres? Tu mamá debe tener mucha paciencia... ―habló rápidamente no dándole oportunidad de responder.
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―¡Espera un momento! ―elevó la voz―. ¿Pero qué es esto? ¿Un interrogatorio? ―preguntó molesto
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―Uhh... perdón ―pidió algo arrepentida―. Sentí bastante curiosidad... ―aclaró mirándolo de una forma que lo animó a proseguir. Subaru suspiró pesadamente y se apoyó en la barra.
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―Somos todos hombres y yo soy el menor. ¿Contenta? ―comentó rápidamente
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―¡Sí, gracias! ―dijo contenta y el albino se sintió bastante confundido. ¿Porque le agradecía? Prefirió no contestar y seguir trabajando.
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De a ratos, mientras atendía, se daba vuelta involuntariamente para verla. Esa nueva costumbre no le gustaba y más cuando esta lo descubría mirándola. Como en ese mismo momento, se encontraba secando una taza cuando decidió girarse y verla. Estaba con el rostro apoyado en su mano, su cabello totalmente hacia un costado dejando al descubierto su blanco cuello. Con tan solo ver eso trago algo incómodo y entre abrió un poco la boca. Sus ojos estaban concentrados siguiendo, pacíficamente, las líneas de aquel libro que tenía apoyado sobre la barra y sus labios curvados en una pequeña sonrisa dejando saber que estaba disfrutando de aquella lectura. Con su otra mano disponible pasaba de página o tomaba su taza para seguir bebiendo su café acaramelado. Según él, era una imagen muy agradable a su vista y se preguntó nuevamente el porqué del cambio de asiento e incluso el interés en hablar con él.
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Anduvo perdido en sus pensamientos hasta que notó que unos alegres orbes violetas lo miraban con intensidad, en vez de estar enfocadas en aquel libro. Se sonrojó de sobremanera, siendo lo único que pudo esbozar un "Ahh..." y se giró para seguir secando la misma taza que tenía en manos desde hace rato. "¡Mierda, mierda, mierda!" pensó, se le cruzaron un montón de pensamientos incoherentes haciéndolo avergonzar aún más. Creyó que la joven se reiría pero no fue así. Le echó un vistazo disimuladamente y pudo ver como sus ojos volvían a perderse en aquella lectura. La única diferencia que había ahora era que sus labios formaban una sonrisa completa. "¡Rayos!" ¿Por qué se veía tan condenadamente bien?
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Trato de pensar en otra cosa pero le resultó inútil.
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―¡Subaru-kun! ―lo llamó Gil―. ¡Te estoy hablando! Déjale de sacar lustre a la taza y hazme dos café con leche yo iré por las media lunas... ¿Hmm? ―detuvo su paso y se acercó a él.
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―¿Qué pasa? ―preguntó incómodo.
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―¿Por qué estás tan rojo? ―canturreó con malicia y desvió su mirada hacia Ahome.
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―¡Tsk! ―se giró y se puso a trabajar. Gil iba a acotar algo más pero primero debía atender al cliente.
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―¿Está ocupado este asiento? ―oyó una voz conocida preguntar.
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―No, adelante. Siéntate ―invitó la azabache.
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"¿Qué hice?" se preguntó con resignación al acabar el pedido y entregárselo a su compañero que se alejó rápidamente al verlo así. Tomó otra taza mojada y comenzó a secarla. "¿Qué hice?" se volvió a preguntar. Nunca le había robado a nadie, ni hecho algún mal en especial ni mucho menos había matado a alguien... y entonces, ¿por qué? Si esto era a lo que llamaban karma, quería saber por lo menos que había hecho para merecerlo.
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―Oye... Subaru ―llamó el nuevo cliente y este giró algo resignado―. Tráeme un poco de café, hace frío afuera... ―aseguró sacándose el saco―. Espera... Laito me llamó hace un rato y me dijo que tenías problemas con algunas cosas de la facultad. ¿Acaso eres idiota? ―preguntó algo molesto y el albino contrajo el ceño. La azabache no pudo resistirlo y observó al joven que tenía al lado. Este notó que lo miraban y se giró a verla. Era una muchacha bastante atractiva, cabello largo y oscuro, una buena figura, labios llamativos y unos hermosos orbes violetas―. ¿Se te ofrece algo? ―le preguntó ante su insistente mirada hacia él y Subaru.
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―Ah... no ―concluyó restándole importancia. Y el albino colocó una taza de café en frente del nuevo cliente.
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―Hmm... Oye... ―lo llamó nuevamente―. ¿Que acaso no piensas saludar a tu hermano? ―preguntó para hacerlo fastidiar. El ojirojos lo miró con fastidio y le dijo "Buenos días"―. Así está mejor...
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―Ah... Así que ustedes dos son hermanos ―reafirmó Ahome y el albino tomó una nueva taza para secar. Así podría cortar la conversación.
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―Eso es lo que acabo de decir... ―esbozó su hermano con algo de pereza. La azabache lo miró algo mal por su forma de decirlo pero aun así a él le pareció gracioso―. Soy el mayor.
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―Umm... ¡Ah! justo ahora me estaba contento que eran cinco hermanos ―comentó, y el albino fregó más rápido la taza.
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―¿Ah? ¿En serio? ―preguntó con malicia y se giró a verla―. También te dijo que él es hermanito de la casa ―dijo con un tono infantil además de utilizar la palabra "hermanito" que sólo la usaba para hacerlo enfurecer. Lo que por cierto logró, porque al finalizar la oración Subaru fregó tan rápido la taza que la rompió, dejando varios trozos regados por el piso.
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―¡Tsk! Mierda ―susurró.
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El ruido llamó la atención de algunos clientes, sobre todo de Ahome, que se inclinó sobre la barra rápidamente.
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―¡Subaru! ¿Estás bien? ¿No te lastimaste? ―preguntó preocupada, llamando la atención de su hermano―. ¿Necesitas que te ayude?
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―Cállate y quédate ahí ―murmuró lo suficientemente fuerte mientras se agachaba a limpiar.
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―Ah... ―esbozó y se destensó un poco―. No vayas acortarte, por favor ―pidió algo preocupada, lo que logró que Subaru se molestara más.
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―Déjalo ―llamó la voz a su costado―, hace tiempo que trabaja aquí así que sabe lidiar con eso ―le hizo notar. Esta se destensó y tomó nuevamente asiento.
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―Lo siento... a veces soy algo exagerada ―se disculpó con los dos mientras se pasaba la mano por el cabello.
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―No importa... ―soltó con fatiga―. ¡Ah! Lo olvidé. Me llamo Sakamaki Shuu ―y le extendió la mano. Esta le sonrió, tomó su mano y la estrechó.
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―Mukami Ahome, es un placer.
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Por su lado, Subaru, no podía sentirse más irritado. Sabía que Shuu había venido a ver cómo iba en los estudios; pero eso realmente no era lo que le molestaba, sino en cómo los había visto a él y a la azabache. No iba a dejarlo en paz. No quería que sacase conclusiones que no eran o que lo esté fastidiando. También le molesto un poco, la facilidad que tenía Ahome para relacionarse con las personas. ¿Con todos era así? se preguntó y miró los pedazos de cerámica que estaba recogiendo. Deseó que nunca se acabaran para que no tuviera que darse la vuelta y verlos a la cara.
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Además pensó en todo el desastre que tenía en su mente últimamente, lo que menos necesitaba eran más complicaciones y con la azabache cerca no podía cumplir ese objetivo.
Pensó que una joven tan hermosa como ella debía ya tener novio o por lo menos varios pretendientes tras ella. Y se sintió un poco mal al martillarse la cabeza con eso e incluso el sólo de hecho de pensar en ella y quedarse embobado viéndola.
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Terminó de limpiar y se dirigió a la cocina interna para tirar aquellos restos. No le interesaba lo que ella pensara de él. Nunca le interesó qué pensaran de él; sólo era el que le preparaba el café que tanto ella adoraba.
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¡Fin del cap II! ¿Que les parecio? ¿Voy muy rapido o lento? Tengo pensado ir incorporando personajes de a poco ewe jejeje ¿Que les va pareciendo Ahome? ¿Y la actitud de Subaru?
¡Recuerden dejarme su review por favor!
¡Nos leemos luego! :D
