*Tira una bomba de humo* ¡Buenas minna-san! perdonen por la demora pero aqui vengo con un nuevo cap de "El aroma del encuentro" Es un AU (universo alterno) de Diabolik lovers, la historia puede variar de la original (ya que es un Au) pero las personalidades de los personajes que ya conocemos siguen igual.

Antes que nada quiero agradecerle a mi grupo de facebook "Soi Fong-san" que me hace el aguante con los fics :D Ademas agradecer a la limpieza y arreglos de mis horrores de ortografía a Marcela Barrantes (te loveo 3) :)

¡Recuerden dejar sus Review! Me gustaria saber que les parecio :D

(Muchas gracias a Cami y Guest por sus comentarios :D )

¡Disfruten!

Disclaimer: Los personajes de Diabolik Lovers no me perteneces sino a rejet, sin embargo la historia es de mi autoria.

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CAPITULO 3

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―Oh… ¿En serio? ―preguntó el rubio después de beber un poco de café. Este luego desvió la mirada hacia el libro que ella resguardaba bajo su mano―. ¿Qué estás leyendo?

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―¡Ah! No es material académico ―confesó con algo de pena―. En mis ratos libres me gusta leer ficciones, este por ejemplo es "Rendezvous" es un libro bastante viejo pero llamó totalmente mi atención ―comentó risueña. Shuu se sorprendió un poco por la elección de la joven, pues hace unos años atrás había leído ese mismo libro y sabía perfectamente que uno debía tener la mente bastante abierta para imaginarse las situaciones y soluciones que este planteaba.

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―Es una estupenda elección. Yo también lo leí y me encantó ―declaró mientras seguía manteniendo conversación con esta.

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Por su parte, Subaru miraba algo "incomodo" la situación. Su hermano no era una persona que se pusiera a hablar con otra así de la nada y mucho menos era de andar compartiendo sus gustos personales con los demás. La azabache le seguía dando charla tanto al rubio como a él. Esta se había disculpado por lo de hace unos momentos pero el fingió no darle importancia; no podía demostrarlo y mucho menos delante de su hermano mayor que, de cierta forma, estaba indagando a su clienta mientras le daba algunos cuantos vistazos a él.

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―¡Tsk! ―chasqueó la lengua pensando que cuando el rubio lo encontrase solo comenzaría a indagarlo también. ¡Por favor! Ya no era un niño, no tenía que andarle encima de esa manera.

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―Subaru, deja de refunfuñar. Espantarás a los demás clientes ―advirtió con gracia Gil―. ¡Ah! También prepárame un capuchino, una lágrima y un café fuerte ―enumeró―. Yo prepararé las porciones de los pasteles.

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―¡Entiendo! ―exclamó, para después resoplar tratando de recuperar un poco su compostura.

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Puso a andar a Jennifer tratando de no pensar en nada más que en sus pedidos, y aun así no pudo evitar desviar un poco su mirada hasta la azabache que charlaba amenamente con su hermano mayor. "Era obvio" pensó. Para ella, él no debía ser más que un crío con el que no tendría mucho de qué hablar comparado con Shuu, que a sus veinticuatro años estaba recibido de la universidad y trabajaba. Sacudió un poco su cabeza tratando de quitar ese pensamiento tan estúpidamente masoquista de esta. Ella era su clienta. Nada más. Y no porque se haya comportado tan amablemente con él, a pesar de su carácter pesado que había demostrado, significaba que podría tratarla como más que una conocida o una compañera que ciertamente no tenía, o incluso una amiga.

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El enojo se le subió un poco a la cabeza y se desquitó golpeando la barra. Por suerte no se había escuchado mucho el golpe, así que se dedicó a terminar los pedidos para dárselos a Gil.

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―Subaru… ―llamó su hermano. El nombrado se dio vuelta con pesadez―. ¿En qué materias tienes problemas? ―y ahí estaba la pregunta que no quería escuchar. Revoleó los ojos y sintió ganas de golpearlo por preguntar delante de la pelinegra.

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―¿Ah? ¿Estás teniendo problemas en la Universidad? ―preguntó la joven y el albino frunció el ceño.

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―No son "Problemas" ―aclaró acercándose a ellos―. Sólo que tengo dudas sobre algunos temas, nada más ―finalizó recogiendo la taza de la que había bebido Shuu.

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―¿Entonces por qué no pediste ayuda antes? ¿Acaso eres idiota? ―dijo el rubio con algo de cansancio.

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―¿¡Ah!? ¡Claro que no! Es sólo que….

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―Eso es normal ―interrumpió Ahome ganándose una mirada dudosa de los hermanos―. Es tu primer año y te estás acostumbrando a los ritmos de la carrera, además… ―acomodó un mechón de su cabello―, incluso en los cursos superiores tendrás dudas y problemas. Yo también los tengo a veces, porque admitámoslo: Nadie nace sabiendo todo. Sería bastante fácil si entendieras todo y te terminarías aburriendo de lo que estudias ―señaló apoyando un dedo sobre su labio inferior―. Bueno… eso pienso yo. ¡Ah! ―Exclamó y acomodo sus brazos sobre la barra―, si necesitas ayuda yo podría ayudarte.

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―¿Eh? ―esbozó confundido.

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―¡Ja! ¿Lo dices en serio? ―se burló Shuu y esta vez ella frunció el ceño―. Él seguro está teniendo problemas con materias relacionadas con las matemáticas. Siempre ha tenido problemas con ellas, por eso me sorprendí cuando eligió arquitectura ―alegó y el albino tuvo aun más ganas de romperle la cara. Intentó contenerse apretando bastante fuerte sus puños―. ¿Crees que podrás?

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―Hm… ―la azabache frotó su cuello algo dudosa―. No soy muy buena en esas asignaturas, pero si en las políticas, psicológicas, biológicas y otras que no tienen mucho que ver con números…. Lo siento. No podré ayudarte entonces, Subaru ―exclamó resignada bajando la cabeza.

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―¿Ah? ¿¡Por qué te disculpas!? Tú no tienes…. ¡TSK! ―dijo incrédulo girándose. Ella no tenía ninguna obligación para con él y prácticamente se había ofrecido, y decepcionado, por no poder ayudarlo. Shuu observaba esta situación triunfante y de pronto pensó en las palabras de la azabache cuando se refirió a los "años superiores". A simple vista parecía menor que Subaru pero…

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―Por cierto ―esbozó llamando la atención de los dos―, ¿cuántos años tienes, Ahome? ―esta pestañeó un par de veces sorprendida por preguntar eso de golpe. Si bien habían hablado un buen rato, no indagaron mucho sobre ellos dos o que hacían.

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―Hm… veinte años. Voy a cumplir veintiuno dentro de poco ―aclaró sonriendo y el rubio arqueó una ceja al mirar al albino. Este resopló al desviar la mirada de su hermano. No lo podía creer; estaba seguro que se había ganado un buen interrogatorio o una muy buena sesión de burla ante su madre y hermanos. La azabache sólo los miró confundida pero el timbre de su celular la alertó. Lo sacó y se fijó el mensaje recibido. Según el albino, parecía haber recordado algo al leer el mensaje ya que inmediatamente guardó sus cosas y los saludó―. ¡Lo siento! Me tengo que ir. Fue un gusto conocerte, Shuu ―y el nombrado asintió con la cabeza―. ¡Nos vemos el lunes, Subaru! ―saludó en voz alta.

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―Nos vemos Ahome-chan ―saludó Gil al abrirle la puerta. En cuanto esta salió, su compañero le giñó el ojo y Subaru se giró algo sonrojado. Más que nadie, Gil no dejaba burlarse de él por ella y eso era sumamente irritante. Escuchó como alguien se aclaraba la garganta y se estremeció un poco.

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―¿Qué fue eso, Subaru? ―Preguntó el mayor para después echarse a reír―. ¿Los demás ya saben que te gusta esta chica? ―hizo referencia a sus hermanos y madre―. Debo admitir que no está para nada mal y al parecer esta "algo" interesada en ti por lo que vi. Aunque… ―cruzó sus brazos sobre la barra―, eso es algo dudoso pero demonios… ¡Es preciosa! ―volvió a exclamar provocando que el menor se sonrojara y enojara aún más. Intentó contar hasta algún número indefinido pero no funcionó.

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―¿Pero qué demonios dices? ¿¡Ah!? ―elevó la voz y Megu lo chistó. ¡No podía ser posible! Esta semana estaban todos dispuestos a joderlo―. E-ella no me gusta… entiéndelo ―se giró y acomodó algunos platos―. Además tampoco está interesada en mí… ―pareció tartamudear al final―, porque soy más chico…

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―¿Hm? ―esbozó Shuu, luego de calmarse del ataque de risa que le había agarrado. Él también se ganó un "chistazo" de parte de la camarera―. ¿Ella te dijo eso?

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―N-no… pero… ―tomó un plato entre sus manos dándose la oportunidad de pensar lo que tenía que decir sobre una situación que no "existía".

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―¿Entonces? ―preguntó Shuu, para después resoplar―. No creo que cualquier clienta se preocupe tanto por ti y no parece ser una de esas chicas de "Una sola vez". Bueno… por lo menos eso se ve a simple vista… ―comentó atento a las reacciones de su hermano menor, que al parecer se estaba percatando de algo, pues casi se le vuelve a caer otra vajilla.

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―E-eso a mí no me interesa… ―intentó sonar convincente. Ciertamente le agradaba la idea de tener alguien con quien charlar a demás de sus hermanos y compañeros de trabajo pero nunca había pensado las cosas de ese modo. Se incomodó por eso y desechó todos los pensamientos que tocaban la puerta de su "mente". Admitía que en cierta parte era un idiota, pues según él era algo bruto y le costaba bastante acercarse a la gente si no era más que una relación laboral como en la del café. Se ponía nervioso y hasta inseguro por eso daba esa sensación de "irritado" que causaba en los demás. Resopló con sorna y guardó el plato.

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―Esta noche… ―lo sacó de su ensoñación Shuu―, pasaré por la casa y veremos qué es lo que tienes que practicar. Dividiremos algunos horarios y te ayudaré a prepararte para lo que tengas que dar ―sentenció sin dejar espacios a algún "No" de parte de su hermano menor. Tomó sus cosas y se colocó su abrigo―. Nos vemos ―saludó con un tono monótono.

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Subaru por su parte se sintió agradecido, pues el rubio siempre lo había cuidado mucho desde pequeño pero por otro lado ya se sentía frustrado. Shuu se burlaría de él delante de todos, eso lo tenía bastante claro.

Miró un momento al techo y pensó en todo lo que le esperaba, respiro hondo; el día recién comenzaba.

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Después de las arduas clases de la Universidad, fue a dejar su guitarra en la tienda para que la repararan y ya que Ayato y Kanato habían aportado un poco más de dinero se dio el gusto de pedir unos cuantos arreglos más.

Como siempre, antes de volver a casa, se pasó por el parque para tener su tan preciado tiempo de paz y soledad. Era justo lo que necesitaba después de un día tan atareado. Al llegar a su hogar dejó sus cosas, saludó a su madre y hermanos que hablaban animadamente. Shuu ya había llegado hace rato y se tomó su tiempo para escuchar las "novedades" de los demás. Su progenitora estaba muy contenta de tenerlo en casa así que le hizo uno de sus platos favoritos; carne al horno.

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Luego de la cena Shuu y Subaru revisaron los temas para los exámenes, el mayor le sacó algunas fotocopias con la impresora de la casa y luego se fue. Al albino le pareció bastante aterrador que no haya hecho mención de Ahome mientras estaban con su madre. O… ¿Lo había hecho antes de que él llegara? Era como el silencio antes de la tormenta. De sólo pensarlo sentía pudor, ya podía imaginarse a sus hermanos visitando la cafetería toda la semana para conocerla y hacer todo tipo de comentarios. Se dejó caer boca abajo en la cama y hundió su rostro en la almohada; ni de adolescente había pasado por tantas dudas, y eso que hace unos años con su ex novia se separaron en términos muy confusos. Y la actitud de sus hermanos hacia a él, que lo animaban a encontrar una nueva pareja, se había vuelto uno de los más "divertidos" pasatiempos de la familia. ¡Disfrutaban tanto hacerlo pasar vergüenza! Y a pesar que no tuvieron tantas oportunidades para hacerlo, por su carácter que alejaba a la gente, siempre hacían un comentario en presencia de una chica que no tenía nada que ver con él.

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Como la vez en la que Ayato lo empujó hacia una muchacha en la parada del bus. De la sorpresa y por la forma en la que él se alejó de la joven, esta reaccionó mal y le propinó una buena bofetada. El pelirrojo "socorrió" a la chica luego de reírse de su hermano y terminó ganándose su número telefónico. Para esas alturas, Subaru, estaba más que enojado y se dio el placer de golpear a su hermano mayor en cuanto la chica se alejó. Pero aun así lo que más le "preocupaba" ahora era que sus acciones fueran malinterpretadas, por eso le pareció bastante extraño que el rubio no haya acotado nada. ¿Y si estaba esperando el momento justo para hacerlo? Pensó en la cena familiar que se aproxima y sudó frío. "Mierda, mierda, mierda". La pregunta le carcomió la cabeza por un rato pero el ruido de alguien tocando su puerta lo cortó.

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Era Kanato que venía a dejarle parte del dinero restante, y a pesar de que él y el pelirrojo fueron los que rompieron la guitarra, se mostraban molestos a la hora de darle el dinero correspondiente. Era el colmo, no sabía si esa actitud era porque eran unos idiotas o porque simplemente les daban pena y preferían actuar como imbéciles. "Eso es algo que realmente nunca sabré" pensó, pues los trillizos tenían personalidades muy diferentes, sin embargo, a la hora de disculparse o pedir ayuda, actuaban igual.

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A la mañana siguiente, en la cafetería, le pareció "extraño" no tener a la pelinegra hablándole mientras trabajaba. A pesar de que sólo hace unas semanas se hablaban, él ya se había acostumbrado a verla y oírla. Observó el asiento donde se supone debería estar y se decepcionó al no encontrarla. "¿Decepción?", se preguntó y se sintió irritado por haber pensado en eso.

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Pasaron algunos días donde se concentró en el estudio, en las noches con su hermano mayor practicaban ejercicios bastantes complejos. Este se había esmerado en preparar unas buenas guías de estudio que no lo dejaban perder el ritmo. Por el lado del trabajo, su habitual clienta preguntaba por cómo le iba y le daba charla como siempre. Pensó que de cierta forma estaba mal que se acostumbrara a verla ya que en los fines de semana sentía bastante su ausencia. Ni siquiera Jennifer fallaba como para entretenerse con algo.

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―Te equivocaste, fíjate en el paso anterior…. Y eso que venias bastante bien ―resopló con cansancio Shuu. El albino intentó volver a concentrarse pero le fue inútil. Definitivamente se tomaría unas muy buenas vacaciones pronto―. ¡Oye! ¿Me estás escuchando? Ah… ya veo ¿Estás pensando en esa chica de nuevo? ―preguntó apoyando la mejilla en su mano. Subaru se irguió de golpe y volvió a centrar su mirada en los ejercicios.

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―N-no sé de qué me estás hablando…

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―¿De quién más hablaría? De Ahome ―finalizó sonriendo triunfante―. Creo que será mejor que te vayas a dar una ducha, estás bastante rojo ― dijo riendo y el ojirojos se dio cuenta de que estaba algo sonrojado.

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―¡Tsk! ¡Ya te dije que no me gusta! ¿No lo entiendes? ―aclaró mirándolo de muy mala manera.

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―Oh~ ¿A Subaru-kun le gusta una chica? ¡Al fin! ―canturreó la voz de Laito que estaba ingresando a la habitación. El menor simplemente no lo podía creer, esto era lo único que le faltaba.

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―¡Ya dije que no! ¡Ahora todos fuera! ―se paró de su asiento señalando su puerta.

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―Hola Laito… ha pasado tiempo ―saludó el rubio al castaño como si no hubiera escuchado la petición del menor. El nombrado sacudió un poco su mano en forma de saludo y se sentó en la cama de su hermano―. Y sí, esa chica hace que ande en las nubes… hace más de media hora que estamos con este ejercicio ―rio al comentar. ¡Ahí estaba! Subaru sabía muy bien que Shuu no podría quedarse callado por mucho tiempo.

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―Wow~, ¿Y cómo se llama la señorita? ―preguntó divertido. El albino iba a contestarle pero Shuu lo interrumpió.

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―Ah~, eso es información confidencial ―sus hermanos menores lo miraron con incredulidad. Sin embargo el ojiverdes luego de un puchero, sonrió.

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―¿Cuánto cuesta esa información? ―Siguió su juego―. Tengo unas cuantas revistas de colección que podrían interesarte, nfu~

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―No, no quiero tu porno, Laito ―comentó haciendo un desprecio―. Solo puedo decirte que es muy bonita la chica que le gusta ―esbozó, haciendo que a Subaru le suba la sangre a la cabeza.

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―¡TSK! ¿No me están escuchando? ¡Dije que NO me gusta! ―descargó apretando sus puños.

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―Mentiroso ―dijeron al unisonó.

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―Para que te estés defendiendo tanto, significa que te interesa bastante. Además ni el nombre quieres decirme ―comentó con fingida tristeza y el albino estuvo a punto de cometer la idiotez de decirle el nombre de la muchacha. Esto era justamente lo que no quería; cada vez que se juntaban Laito y Shuu era un desastre, los dos eran muy listos y astutos y eso combinado con la maldad que llevaban dentro era peligroso según él. ¡Y más si estaba él en la mira!―. ¿Cuál es el problema entonces?

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―¡No hay problema porque no me gusta nadie!

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―Él piensa que porque es un año y medio menor que ella no se va a interesar en él.

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―¿¡Ah!?

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―¡Ah! ―Asintió lentamente el castaño―. Tenemos una roba cunas joven. No está mal, nfu~. Subaru-kun quiere experimentar nuevas cosas, ¿verdad? ~

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―¡LARGO! ―gritó y tomó del brazo a Laito para sacarlo de la habitación y miró muy mal a Shuu.

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―No, tenemos que terminar esto. Déjate tus rabietas de lado y compórtate ―retó el rubio y le pareció el colmo. Al ojiverdes le costaba contener su risa por lo que se le escapó una carcajada que en respuesta provocó que el albino apretara su agarre. El ruido de la puerta siendo tocada fue lo único que lo salvó. Dijo un "adelante" y Kanato ingresó al cuarto.

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―¿Qué pasa con todo ese ruido? Recuerden que madre no quiere que se golpeen ―recordó el peli violeta―. ¿Hm? ―Este avanzó hasta los libros abiertos en el escritorio de Subaru, miró rápidamente el contenido y frunció fuertemente el ceño―. ¿Qué significa esto? ―dijo con voz queda y Subaru soltó a Laito para después mirarlo confundido.

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―¿Eh?

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―¿Por qué? Ngh… ¿¡Porque le pediste ayuda a Shuu y no a mí!? ¿¡Eh!? ―estalló colérico Kanato. Ciertamente él era bastante bueno en esas materias y es más, algunas las había tenido. Sollozó un poco y miró muy mal a su hermano menor―. ¿Es que… es que no crees que tu Onii-chan pueda ayudarte? ―preguntó dolido. El rubio rascó su cabeza con cansancio y el ojirojos se quedó tieso.

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―Vamos, Kanato-kun~. Shuu se ofreció primero ―intentó calmarlo el castaño.

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―¡No! Seguro antes de que Shuu se ofreciera ya tenía problemas ―respiró rápidamente―. ¡Y no me dijo nada! ―gritó y miró dolido al menor. Ciertamente a Subaru nunca se le hubiese ocurrido pedirle ayuda a Kanato porque este perdía la paciencia con mucha facilidad y él necesitaba a alguien medianamente paciente―. ¡Eres un idiota, Subaru! ―Exclamó, se dio vuelta y salió de la habitación dando un portazo―. ¡Y bajen de una vez que la comida esta lista! ―se lo escuchó gritar detrás de la puerta.

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Y de la nada Laito comenzó a reír, Subaru golpeó la pared y Shuu cerró los libros para después dirigirse a la sala. Mientras comían discutieron un poco sobre lo ocurrido siendo la única mediadora su progenitora que calmó al colérico de su hijo. A la hora de irse, el rubio le ofreció al castaño llevarlo hasta su departamento y este aceptó algo dudoso, lo que le llamó notablemente la atención. Raramente este estaba yendo casi todos los días a la casa, lo que no molestaba a nadie pero era extraño, sospecho de que tuviera algún problema pero sabía que nada ganaría preguntándole, él se lo contaría solo.

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Al fin había llegado el día, salió temprano de la Universidad y pasó a buscar su querida guitarra a la tienda; la habían dejado perfecta y ahora la tenía colgando de su espalda. Se dio el gusto de caminar lentamente hasta el parque, total no había apuro. Suspiró con alivio en cuanto se sentó y desenfundo su querido instrumento. Lo acarició con cariño y pasó suavemente sus dedos por las cuerdas. El leve sonido que provocó hizo que cerrara los ojos con satisfacción. No había nada, absolutamente nada, que lo calmase más que tocar la guitarra. Sentía que lo transportaba a otro mundo donde el tiempo parecía detenerse solamente para escuchar su música.

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Posó nuevamente sus manos sobre las cuerdas y comenzó a rasquetear al ritmo de una tranquila melodía. Era increíble el parque fresco y su música, eran la combinación perfecta. De a ratos abría sus ojos únicamente para observar como el sol tenía intensiones de ocultarse. Aun así se dejó llevar y sólo tocó…

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Luego de tocar tres canciones, se detuvo y apoyó sus brazos sobre el instrumento mientras dejaba escapar un suspiro. Unos aplausos lo sacaron de su pacifico mundo de golpe, miró hacia sus costados y nada; y cuando se dio vuelta se encontró con la persona que menos creyó que sería.

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―Tú… ¿Qué….? ―esbozó confundido sin poder quitarle la mirada de encima.

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―Vaya, Subaru, eres muy bueno tocando la guitarra. ¡Me encantó! ―finalizó con una tierna sonrisa. La azabache lo miraba con un leve rubor en sus mejillas, según él debía ser por el frío que se estaba levantando en la ciudad. Esta venía con un abrigo de color rojo carmesí, un pantalón negro, unas botas, su largo cabello suelto y un gorro de lana. Tal como la había visto esa mañana sin embargo, aun así le parecía distinta ¿Sería porque estaba oscureciendo? ¿Por qué no estaban en la cafetería? ¿O simplemente porque estaban en aquel parque? Se preguntó sin dejar de mirarla un segundo. Esta llamó su atención ampliando aún más su sonrisa, provocando que el albino se sonrojara más. Se giró y se sintió algo avergonzado y el hecho de que ese no fuera su ámbito de trabajo le hacia replantearse varias cosas. ¿Por qué ella estaba ahí?

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―¿Desde cuándo… estás ahí? ―preguntó acomodando un poco su bufanda. La joven se acercó a su costado pero aun así, él no levantó su mirada. No debía verla.

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―¿Puedo? ―esbozó la azabache señalando el banco. Este rápidamente se movió y enfundó su guitarra para dejarla a un costado. Ella se sentó a unas cuantas palmas de él y se apoyó en el respaldo estirando sus brazos hacia arriba―. Hmm… ¡Que buen lugar es este! ―exclamó y vio como el albino sólo atinó a verse las manos―. Ah… y te estaba escuchando desde hace unos cuantos minutos ―posó uno de sus dedos sobre sus labios, siendo atentamente observada de reojo por el muchacho―; cuando estabas tocando "Sweet child o' mine" de los Guns ―finalizó sonriendo y Subaru se tensó, lo había estado escuchando casi desde que comenzó a tocar.

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―Hm…. ―frotó su nuca con su mano.

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―¡Ah! Cierto… ―recordó la ojivioletas y sacó un termo de su bolso―. ¿Quieres? ―preguntó y el muchacho se dignó a mirarla―. Es té verde. No será como los que preparas en la cafetería pero por lo menos te ayuda a mantener la temperatura ―explicó, mirando las manos de él que estaban completamente pálidas. Al notar eso escondió sus manos de la vista de ella y asintió. Ahome sirvió un vaso para él y otro para ella, se disculpó porque no fueran tazas, pero él no le dio importancia.

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Se sumieron en unos minutos de silencio donde ninguno emitía palabra y eso a él lo incomodaba de sobre manera. ¿De qué podría hablar con ella? Ahora que lo pensaba, ella era la que siempre sacaba tema de conversación, pero ahora estaban los dos solos en un parque casi desolado.

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―Perdón…

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―¿Hm?

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―Creo que estabas tranquilo hasta que llegué… ―comentó con pena―; a decir verdad capaz te molesto demasiado a la hora del trabajo y no me doy cuenta tampoco. Como el otro día, en el que se te rompió la taza ―y bebió un poco de té.

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―¡No! No me molestas, bueno a veces sí pero… ¡Tsk! ―chasqueó la lengua, apoyó sus codos sobre sus rodillas y frotó sus manos. Le apenaba el hecho de que ella pensara que era una molestia para él y aunque a veces llegara a hacerlo no le perjudicaba realmente. Tomó otro sorbo de aquel té y se percató de que ella se lo quedó mirando―. L-lo que quiero decir es…

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―Está bien, lo entiendo.

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―¿Qué? ―"Lo arruiné", pensó―. ¡No es como tú crees! ¡Tú eres molesta pero me agradas! ―confesó totalmente sonrojado y la azabache se apenó. En cuanto este procesó las palabras que había dicho se giró y se tomó todo el té de golpe. "Hablé de más", se dijo. Escuchó la risilla de su acompañante y frunció el entrecejo―. ¡Olvida lo que dije! ―levantó la vista para reprocharle pero se quedó mudo cuando la vio sonreír de esa forma.

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―Tú también me agradas, Subaru ―le susurró y él no puedo hacer nada más que quedarse embobado viéndola. Se irguió y miró los árboles que los rodeaban, nunca le habían parecido tan llamativos como en aquella ocasión.

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―Ah… ¿D-de… dónde vienes? ―preguntó Subaru, intentado iniciar una conversación.

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―Ahora vengo de trabajar, iba para mi casa que queda para aquel lado ―señaló su derecha y el albino notó que quedaba algo lejos de donde se encontraban―. Mi Universidad también está cerca de ahí, ya sabes es donde están todos los módulos ―dijo y Subaru se dio cuenta de que era el sector donde él también cursaba. Pensó que tal vez pudo habérsela cruzado antes.

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―¿En cuál estás?

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―En el de Ciencias Humanas ―aclaró y vio como el albino la miró dudoso―. Tranquilo, no soy psicóloga y mucho menos te voy a psicoanalizar porque no sé hacerlo y no lo haría si lo supiera ―contestó como si le hubiera leído la mente―. Lo mío tiene que ver más con cuestiones del cuerpo y la persona en sí.

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―A-ah… queda bastante cerca de la cafetería ―pensó en voz alta.

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―Así es ―lo sorprendió contestándole―. ¿Y tú dónde estudias?

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―Estoy dentro del modulo de ingeniería, ahí se da la cátedra de arquitectura ―eso quedaba justamente a tres cuadras de donde estudiaba ella.

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―Wow~ ¡Estamos bastante cerca! ¿Sabes? Capaz nos pudimos haber cruzado antes y ni cuenta nos dimos ―canturreó divertida viendo al parque en general―. También tienes mucha suerte de que quede tan cerca de tu trabajo ―agregó.

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―Hm... Sí, de todas formas siempre me vuelvo a mi casa antes de ir a la universidad, queda a algunas cuadras de aquí ―informó y se dio cuenta que abrió la boca demás.

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―¡Qué bueno! Eso es bastante conveniente y más si te retrasas alguna vez ―rio―. Yo una que otra vez me quedé dormida y no tuve más remedio que perderme las clases ―comentó con un puchero en la boca. El albino sonrió ante aquella imagen, le pareció bastante gracioso imaginársela corriendo para llegar a la universidad―. ¡Ah! Hablando de eso… ¿Cómo te está yendo con aquellas materias con las que tenías problemas? ―ante esta pregunta, él bufó con cansancio y apoyó uno de sus brazos sobre el respaldo.

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―Creo que bien… mi hermano me está "ayudando" con eso ―comentó sarcástico.

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―¿Tu hermano Shuu? ―preguntó inocentemente y a él le desagradó sólo un poco que se acordara del rubio.

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―Sí… ―Contestó tajante, intentando dar por finalizado el tema.

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―¡Qué suertudo eres! Por lo menos tienes a alguien que te ayuda.

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―¿¡Ah!? ¿Ayudarme? Se la pasa fastidiándome mientras me "enseña" y para colmo los metiches de mis otros hermanos no encuentran otro lugar mejor para discutir que en mi cuarto ―dijo irritado de sólo recordar los últimos días. Ahome rio y él bufó―. ¿Qué te parece tan gracioso? ―frunció el entrecejo―. Esto me recuerda a cuando vivíamos todos juntos…

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―¿Hm? ―ella lo miró con intriga y él se vio "obligado" a responder. Revoleó los ojos y se acomodó en el banco.

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―Mis tres hermanos mayores viven en sus propios departamentos mientras yo y los otros dos aun vivimos con nuestra madre ―dijo algo cansado.

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―¡Genial! ¿Verdad? ―exclamó con alegría y él intentó buscar alguna pizca de sarcasmo al mirarla a los ojos, "mala idea" pues no halló nada más que sinceridad y eso le molestó―. Tus hermanos se preocupan por ti, van a verte y cuando se ponen "molestos" en tu habitación sólo demuestran que quieren compartir un poco de tiempo contigo ―explicó, cerrando los ojos como si ella misma estuviera recordando algo―. Créeme que lo entiendo porque a veces también me lo hacen ―tomó un mechón de su cabello y lo ondulo―. Tienes una familia que te ama, eres muy afortunado ―finalizó y este se quedó pensando en sus últimas palabras. Ella tenía razón.

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La azabache se abrazó un poco así misma y titiritó. Subaru al notarlo miró su reloj, ya se había metido el sol a pesar de ser recién las 19hs y comenzaba a hacer más frío.

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―Es hora de volver a casa, vamos te acompañaré ―propuso sin pensar antes mientras se levantaba y acomodaba. La azabache lo miró algo curiosa y arqueó su ceja en señal de burla. El ojirojos al darse cuenta de lo que había dicho se sonrojó. Ni siquiera había pensado antes de hablar, pero a pesar de que le diera mucha pena no la dejaría irse sola a esta hora. Así que se armó de valor y la vio a los ojos―. ¿Q-qué esperas? ―ante la pregunta, Ahome rio divertida, se levantó luego de juntar sus cosas y se paró enérgica enfrente de él.

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―Es tarde y estás cerca de tu casa. Yo soy lo suficientemente ruda como para volverme a casa sola, así que no te preocupes~ ―canturreó con altanería al picotear el pecho del joven con su dedo.

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―¿¡Ah!? ¿De qué me estás tratando? ¿Crees que tengo miedo? ―soltó muy molesto, y la azabache colocó sus manos en su cadera en forma de protesta.

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―¡No quise decir eso! Sólo quiero ahorrarte el trabajo de acompañarme estando tan cerca de tu casa ―le aclaro―. ¡Así que te me calmas! ―advirtió apuntándole con el dedo. ¿Pero quién rayos se creía? Oh no, ahora no importaban las diferencias de sexo, altura, edad o incluso cursos. Esa chica lo había fastidiado y le estaba haciendo frente de una manera sorprendente, ella también tenía bastante carácter cuando se ponía así, descubrió el albino. Pero a pesar de la disputa no se desagradaron ni nada por el estilo, hacían comentarios sarcásticos para fastidiar al otro pero sin intención de dañarse realmente―. ¡Bueno! ―exclamó exasperada―. Si quieres puedes acompañarme hasta la parada del bus que esta a algunas cuadras de aquí ―explicó más tranquila y el albino se sorprendió por el cambio repentino, aunque él también supo, por dentro, que si seguían así no llegarían a ninguna parte―, este me deja a dos cuadras de mi casa, así que le puedo pedir a algún familiar que me espere en la parada.

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―Está bien, así sí ―sentenció algo altanero y comenzaron a caminar juntos.

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En el camino se hacían uno que otro comentario casual, pues se había creado un cómodo silencio dejándoles un poco de tiempo para pensar. Subaru nunca se imaginó en aquella situación, es más nunca imaginó terminar relacionándose con una desconocida así. Ocultó un poco su rostro en la bufanda y se volvió a preguntar con cansancio "¿Qué estás haciendo?". Desvió su mirada hacia la joven que le encantaba pelearlo y notó que caminaba muy sonriente. Tuvo algo de intriga por lo que ella estuviera pensando pero le duró poco, pues habían llegado a la parada. En cuanto lo hicieron, no tardaron en divisar el bus a lo lejos. Ella suspiró algo decepcionada y metió sus manos en los bolsillos de su abrigo. Al parecer encontró lo que buscaba pero pareció arrepentirse por lo que retiró sus manos.

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―Subaru… ―llamó la atención del muchacho que no había dejado de verla.

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―¿Qué pasa? –pregunto en voz baja. Esta se giro y le sonrió tiernamente.

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―Me alegra haberte encontrado en el parque, me divertí mucho ―confesó con un leve sonrojo en sus mejillas. Al albino le pareció de lo más hermosa, entre abrió los labios para decirle algo pero no pudo―. Repitámoslo otro día. ¡Nos vemos mañana! ―se despidió, palmeando el hombro del joven para luego detener el bus y subirse a este.

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El chico de orbes rubíes sólo pudo asentir en cuanto la vio saludarlo desde el transporte. Y a pesar de que este había arrancado hace unos segundos, no lo perdió de vista; sólo se lo quedó mirando.

Contempló la calle vacía que quedó ante su vista y aquella repentina calidez que se había colado en su pecho. Y por un momento no quiso reprocharse sus pensamientos, ni maldecirse o reprimirse; sólo se quedó parado ahí unos segundos más para después darse la vuelta y encaminarse hasta su hogar.

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"Cuando menos lo pienso te apareces, desapareces cuando quiero verte y reapareces, como un golpe bajo, al quedarme solo conmigo mismo"

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¡fin del cap 3! ¿Que les pareció? Recuerden dejarme un comentario onegai ;) Aclaro que este Gil no es el mismo que el de "Mil agujas" asi que no teman X'D Por otra parte, algunos comportamientos de los chicos son solo visto en los cd drama de DL asi que no se despegan "tanto" de su personalidad. Recuerden que aqui, no les paso ni la mitad de lo de la historia original.

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¡Jane!