¡Al fin me digne a actualizar! Buenas minna-san :D ¿Como estan? les traje otro cap de "El aroma del encuentro" Es un AU (universo alterno) de Diabolik lovers, la historia puede variar de la original (ya que es un Au) pero las personalidades de los personajes que ya conocemos siguen igual. Aclaro también que habrá reacciones que ellos no tendrán por que en esta historia no pasaron ni por el cuarto de sufrimiento que en el juego.

Quiero agradecerle a mi grupo de facebook "Soi Fong-san" que me hace el aguante con los fics :D Ademas agradecer a la limpieza y arreglos de mis horrores de ortografía a Marcela Barrantes (te loveo 3) :)

¡Recuerden dejar sus Review! Me gustaria saber que les parecio :D

¡Disfruten!

Disclaimer: Los personajes de Diabolik Lovers no me perteneces sino a rejet, sin embargo la historia es de mi autoria.

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CAPITULO 4

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Golpeteó con insistencia su pie contra el piso. ¿Cómo no lo había hecho? ¿Por qué no se le ocurrió? Mientras esas recurrentes y absurdas preguntas se le pasaban por la cabeza, Subaru fruncía el entrecejo al ver que se había "desconectado" de la clase una vez más. Chasqueó su lengua con rabia y algunos compañeros se giraron, levemente a verlo, y esta vez en contestación sólo desvió nuevamente su vista hacia la ventana. Ya se estaba hartando, si ellos creían que era una especie de monstruo o brabucón le daba lo mismo, él se había esforzado pero no le funcionó y aunque le dejase un mal gusto se mantendría igual de todas formas.

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En ese mismo instante tenía "otro problema" rondando por la cabeza; aquella tarde en la que acompañó a la azabache llegó un poco más tarde a las lecciones con su hermano y aunque no le haya dicho sobre lo que pasó este le sacó a relucir el tema de su clienta. "¿Ya tienes su número telefónico?" le había preguntado de lo más normal, sin embargo, Subaru enmudeció y el rubio lo miró con incredulidad. "Perdedor" ¡Tsk! La situación había terminado entre discusiones como siempre y se pusieron a trabajar.

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Pero ahora que lo pensaba bien… era cierto, él no tenía su número telefónico y no tenía por qué tenerlo ¿Verdad? ¿Para qué lo querría? Además ella era una persona que no podía quedarse callada, si quería tenerlo como contacto se lo hubiese dicho. Aunque… tal vez ella esperaba que él se lo pidiera. "¡Mierda, mierda, mierda!" pensó y se contradijo diciendo que eso no era pensar sólo eran preguntas absurdas que se le pasaban por la cabeza. Ellos no eran amigos, pero era lo más cercano a una compañera; con ella podía hablar y discutir libremente, la veía prácticamente todos los días y ya estuvieron juntos una vez fuera de su ámbito laboral. Sólo por eso consideró que no sería tan trágico tenerla en su agenda pero… "¡Siempre hay un maldito pero!" se regañó mentalmente.

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Entonces ahí estaba, en clases y con la cabeza en otro lado. Considerando si pedirle el número telefónico a Ahome y que diría si se lo pediría. ¿Le hablaría en primer lugar? ¿Cuántos días debía esperar para eso y de que hablaría con ella? Resopló con frustración y notó una mirada de advertencia del profesor "Perfecto". Tomó nuevamente su lapicera y siguió con sus apuntes. De lo único que tenía certeza era que de nada serviría estar rompiéndose la cabeza por algo incierto y mucho menos en clases.

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Luego volvió a su casa, como todos los días, pero esta vez sin prisas cierta parte de él creería que la encontraría. Sin embargo no fue así. Después recordó que, al otro día en la cafetería, le había dicho que generalmente tomaba el bus frente al trabajo y que ese día había sido una excepción. Apuró el paso y llegó a su casa, dejó sus cosas, saludó a su familia y se fue a dar una ducha. Cada vez comenzaba a ser más frío y la hora a la que volvía él no era exactamente la más cálida.

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Enjabonó su cabello albino, tiró la cabeza hacia atrás y cerró los ojos dejando que todo rastro de shampoo y fatiga se lo llevara el agua caliente. "Bien" resopló con tranquilidad. Al terminar de asearse cerró el grifo, quitó el cabello de su cara, dejándolo completamente hacia atrás y tomó su toalla para comenzar a secarse. Se vistió con un pantalón amplio de color gris y una remera manga larga negra. Dejó una toalla más pequeña descansando alrededor de su cuello mientras su cabello seguía escurriéndose y de vez en cuando, con esta, frotaba su cabeza para acelerar el proceso de secado.

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Vio en su bolso titilar su celular y lo tomó con calma; tenía unos mensajes de sus hermanos mayores. Los abrió y fue pasando de a uno con indiferencia pero uno lo descolocó y lo dejó sorprendido. Se preguntó una y otra vez si podía ser posible pero la evidencia en sus manos no le dejaba duda alguna.

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"¡Hola Subaru! ¿Cómo estás? Soy Ahome Mukami, tu clienta favorita :3 Este es mi número telefónico, guárdalo para que ya te quede agendado. Quería preguntarte algo además… ¿Puedes hablar?"

ID: Número desconocido

Recibido a las 18:15hs

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Miró nuevamente el mensaje sin poder creerlo todavía. ¿Cómo era posible? Y sin darse cuenta se quedó parado como un idiota en el medio de la habitación queriendo mirar con temor el reloj. Eran las 19:30hs. ¡Maldición! Rezongó y se sentó con el celular aun en manos en su cama. ¿Debería responderle ahora o hablarle directamente mañana? Ya había pasado una cantidad de tiempo considerable para que la ojisvioleta se molestara y pudo ver un par de veces como se ponía en ese estado. Se debatió si responderle o no, en que podría escribirle y si ella le respondería. Sus pensamientos no le llevaban a ningún lado, así que hizo lo primero; la agendó pero… ¿Cómo la agregaría? "Ahome clienta" ¡No! Se le coloraron un poco las mejillas, eso sonaba MUY mal y tendría muchos problemas si uno de sus hermanos revisaba su celular. Entonces se dio cuenta de su estupidez y sólo escribió "Ahome Mukami".

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Luego de cerrar la lista de contactos notó, con nervios, que habían pasado quince minutos más. ¡No podía tardar más! Así que tardó otros diez minutos en enviarle un mensaje.

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"Hola, está bien, ya te agregue. ¿Qué necesitabas?" ¡Bien! Era simple y sin comentarios comprometedores. Se quedó un momento sentado esperando una aparente respuesta que no llegó en ese plazo de tiempo. "¡Lo sabía!" Pensó.

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―¡Subaru, baja a cenar! ―escuchó que le gritó su madre desde la planta baja. Frotó un poco más su cabeza con la toalla y la dejó colgada en una silla. Metió su celular en el bolsillo de su pantalón luego de ponerlo en modo vibrador. A su madre no le gustaba para nada que ellos anduvieran con en celular en la mesa, a él tampoco le agradaba la idea pero la intriga era mucho más grande en ese momento.

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La familia se sentó a cenar mientras intercambiaban anécdotas o informaban planes. Nuevamente, Laito, se había quedado a pasar la noche ahí y por ende se hizo cargo de la comida. Mientras comían el albino estaba atento por si recibía algún mensaje pero NADA. Refunfuñó algo en voz baja a la vez que apuñalaba un pedazo de pollo.

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―¿Eh? ¿Qué te sucede? ¿Acaso esa gallina te corrió en vida? ~ ―Se burló de él Ayato, sabiendo muy bien que al albino, de pequeño, lo habían corrido unos cuantos animales por la travesuras de él, Kanato y Laito, que se metían muy seguido donde no los llamaban.

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―¿TSK? ¿Qué te pasa a ti, imbécil? ¿Por qué sales con eso de repente? ―elevó la voz, bastante irritado y sus otros hermanos y madre se echaron a reír.

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―¡Nada! Pero apuñalaste con muchas ganas esa pata de pollo ―alegó el pelirrojo. Ante el comentario el ojirojos apretó más fuerte el tenedor que tenía en sus manos. Ayato solía ser bastante insoportable por su capacidad de recordarle desastres en los que se vio envuelto y que él mismo había ocasionado.

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―¡Subaru! Vas a romper el plato ―advirtió Kanato fingiendo molestia―. Pensé que se te había ido esa manía de romper cosas.

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―¿Ah?

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―Hijo… por favor no otra vez ―pidió con algo de esperanza su madre.

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―¡No lo hare! ―admitió aflojando el agarre del tenedor y destrenzándose un poco. No podía controlarlo, a veces no se daba cuenta cuando sus pensamientos lo llevaban a acciones que él no deseaba hacer.

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―Bueno, bueno~ ―calmó Laito agitando sus manos―. Subaru-kun no romperá ningún plato porque sabe que le toca lavarlos esta noche, sería mucho problema sino, nfu~ ―canturreó el castaño.

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―¡Tsk! Ya lo sé… ―murmuró volviendo a su comida.

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―¡Más te vale! ―amenazó el pelirrojo.

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Después de eso, la cena siguió su rumbo. Al terminar, Subaru levantó los platos y comenzó a fregarlos.

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―¡Casi se te cae! ―Advirtió Laito al ver como al albino casi se le resbalo uno―. Uh~ pensé que eras más cuidadoso con estas cosas… después de todo trabajas en una cafetería, no puedes ir rompiendo cosas ― dijo con desdén. Lo que él no sabía, era que el celular del ojirojos había vibrado y que por la sorpresa casi se le cayó el plato. El castaño le estaba ayudando a secar los platos, después de todo quería ayudar en algo pero el evidente nerviosismo de su hermano menor le llamó la atención―. ¿Pasa algo Subaru-kun? Andas en las nubes, nfu~

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―No pasa nada ―acotó seriamente terminando de lavar la última bandeja.

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―Uh~ No te creo ―dijo quitándosela de las manos para después secarla.

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―Pues no me creas ―el albino lavó sus manos y se secó con otro repasador. Debía irse para revisar el mensaje. La curiosidad lo estaba carcomiendo, pero sabía que su hermano no lo dejaría ir tan fácilmente.

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―¡Oh! ―algo pareció hacer click en la cabeza del mayor―. Acaso…. ¿Acaso es por alguna chica? ―Preguntó con malicia―. ¿Es la chica que mencionó el otro día Shuu? ―levantó sus cejas con picardía mientras veía como Subaru hacía todo lo posible para mirar hacia otro lado―. ¡Con que es ella! ¡Genial! Ahora cuéntame tus problemas y deja que onii-chan te ayude, nfu~

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―¡N-no…! ―gritó, pero bajó el volumen de voz al momento. No quería que los demás se enterasen―. No es eso… además ya te dije que no me gusta ―sentenció, cruzándose de brazos y con un leve rubor en sus mejillas. Laito a esto rio. Su hermano no era para nada bueno mintiendo―. ¿Qué es tan gracioso? ¡Tsk! Yo me voy….

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―¿Qué tiene de malo… ―el castaño comenzó a preguntar haciendo que el albino se detuviera―, que quiera aconsejarte? Juro que no la seduciré ni nada por el estilo. Ella es sólo tuya, te lo aseguro ~

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―¿¡Uh!? ―pareció atragantarse el ojirojos ante tal comentario―. ¿¡Q-qué… qué diablos tienes en la cabeza!? ―ahora si su rostro se había ruborizado por completo. Ya no lo podía aguantar más. Quiso retroceder para irse pero se chocó con una silla y luego de maldecir un poco se giró molesto al escuchar la risa de su hermano―. ¡Piensa lo que quieras! De todas formas no me escucharás… ―y se retiró a toda prisa a su habitación.

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―Fufufu, nfu~ Con que… ¿No te escucharé? ―se preguntó Laito así mismo con algo de seriedad. Se dejó invadir por aquellos pensamientos caóticos que lo torturaban, sólo por un momento. Luego, salió de ese ensimísmenlo al escuchar la risa de su madre del living―. No hay por qué preocuparse ―finalizó, yendo hacia donde provenían las voces.

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Por otro lado, Subaru, estaba sentando usando de respaldo la pared leyendo el mensaje de Ahome.

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"¡Al fin te dignas a contestarme! ¿Acaso no sabes que no tienes que hacer esperar a una chica? (w)9

Pd: Estaba cenando, por eso no te contesté. "

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El albino chasqueo la lengua con molestia, resoplo con cansancio y le respondió.

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"Está bien ¡Lo entiendo! No escuché mi móvil"

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A los pocos segundos ya tenía una respuesta. Ahora se estaban comunicando por la aplicación "Wassap" eran mensajes por internet así que tenían bastante fluidez.

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"A pesar de que tu DISCULPA no sonó tan convincente, te perdono. Jajaja Idiota :P"

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¡Tsk! Pasó su mano por su cabello y tecleó su celular sin dudar.

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"¿A quién le dices Idiota, idiota?"

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"A ti, idiota"

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Leyó ese último mensaje con fastidio. De seguro ella se encontraba riendo a carcajadas, como solía hacer, cuando intentaba acorralarlo así.

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"Ja, ¡Qué graciosa! Otra cosa… ¿Cómo conseguiste mi número?"

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Escribió con bastante curiosidad.

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"Tengo mis contactos J "

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Tragó con pesadez y contó hasta diez. Pensó en varias posibilidades pero no se le ocurrió ninguna.

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"¿Qué?"

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"Jajaja ¡Tranquilo! Y no te enojes, te arrugarás… Gil me lo dio. Necesitaba decirte algo que no podía esperar, pero al llegar a la cafetería no estabas. Él me explicó que pediste, a último momento, el día libre para estudiar. Así que me dio tu número telefónico sin problemas.

Pd: ¿Qué le pones a mi café? No sé porque el de hoy me pareció tan distinto :$"

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Cerró los ojos con pesadez "¿Cómo no le va a parecer distinto si siempre lo preparo aparte y con tiempo?" se recordó y se imaginó la situación entre ella y Gil. Seguro a este se le había escapado algo más. Respiró hondo y escribió. Sin embargo ella se le adelantó.

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"Disculpa, la verdad es que no quería molestarte pero necesitaba que alguien me ayude con algo y como mis familiares no pueden… pensé en ti. No tenía la intensión de fastidiarte, más de lo que lo hago, ni tampoco de hacerte sentir obligado a ayudarme."

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Leyó el mensaje más de dos veces. ¿Cómo sabía que se estaba fastidiando? Y lo otro… ¿Por qué diablos se disculpaba?

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"¿Pero qué estás diciendo? Ni siquiera me dijiste que necesitabas y ya estás dando por sentado que te diré que no. Dime… ¿Qué es lo que necesitas?"

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Sintió que se condenó a cualquier petición que ella hiciera pero más le molestaba que sacara esas conclusiones. Se preguntó si era por su forma de ser o por otro motivo. Capaz, siempre era bastante tosco con la azabache y eso le hacía dudar.

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"Jajaja ¡Eres increíble! ¿Tienes el sábado por la tarde libre?"

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Ante la pregunta sintió que el calor se iba apoderando de él. ¿Acaso era…? ¡No! Dijo que necesitaba ayuda, no era una salida cualquiera. Pensó que el sábado sólo trabajaba por la mañana así que no tendría problemas, pero….

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"Sí. ¿A dónde quieres que te acompañe?"

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Preguntó sin imaginarse que al instante tendría una llamada entrante de ella en el celular. De la sorpresa este casi se le cayó, reafirmó su agarre, exhaló y atendió.

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―Hola…

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―¡Hola Subaru! ¡Qué genial! Es raro estar hablando contigo por aquí pero sigue siendo genial ―confesó enérgica y se escuchó como caía sobre algo. Él supuso que sería su cama.

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―Hm… ―esbozó quedamente. ¿Qué siempre estaba así de enérgica?―. Dime de qué se trata lo del sábado ―preguntó firme.

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―¡Bien! Tengo una práctica de la universidad en un centro de recreación.

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―¿Y qué más? ―todavía no entendió que iría hacer ahí.

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―Será un día especial de juegos para niños de seis a doce años con movilidad reducida, no tanto. Capaz tienen algunas dificultades para hacer movimientos precisos pero la mayoría puede desenvolverse con tranquilidad ―explicó la azabache.

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―¿Entonces? ―preguntó. Por lo menos sabía que había niños de por medio y tenía total conciencia que él no era muy bueno con ellos.

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―Necesitaría que me acompañes… ―hizo una pausa por un momento―. Llevaré una merienda para un batallón de 39 niños y niñas, estaré sola con la encargada del lugar y dos ayudantes de ella. Sin embargo me dijeron que no pueden estar todo el tiempo y tengo algunos juegos en los que necesito la ayuda de otra persona… ―menciono algo dudosa.

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―Ah… ―¡Mierda! Tendría que estar peleándose con una manada de mocosos alterados.

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―Sólo es de 14:30hs hasta las 17:30hs. ¡Tres horitas!

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―Hmm… ―pareció pensarlo. Por un lado le gustó la idea de que ella lo considerara a él y no a otra persona, aunque también podía verlo por el lado de que todos rechazaron la propuesta y él fue el único idiota que quedó en su lista.

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―¡Hola! ¿Estás ahí? ¿O sólo quieres matarme con la intriga? ―preguntó algo irritada―. Disculpa que te avisara hoy, cambiaron nuestras prácticas ayer y mis primos no pueden acompañarme ―el albino resopló con sorna.

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―¿Dónde queda?

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―¿Me acompañarás? ―susurró incrédula.

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―¡Si te pregunto dónde queda es porque iré! ―elevó la voz mientras rascaba su entrecejo con su dedo índice.

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―¡Qué bien! ―exclamó aturdiendo al ojirojos, provocando que alejara el móvil de su oreja―. ¡Gracias, gracias, gracias, gracias!

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―¡Grh! ¡No grites que me aturdes! ―se quejó cerrando un ojo, y nuevamente acercó el celular a su oreja.

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―Lo siento ―se disculpó entre risas―, me alegra mucho que tú me acompañes ―confesó con voz sedosa haciéndolo sonrojar.

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―U-uhm… ―se creó un silencio que sólo fue cubierto por sus respiraciones―. Mira que yo… no soy tan bueno con los moco-niños ―advirtió intentando evadir la palabra "mocosos". Pero ante tal comentario recibió una risa.

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―Con tal de que no les digas mocosos cuando estás ahí está bien. Después de todo, prácticamente, te estoy arrastrando ahí. ¡Brabucón! ―burló con gracia.

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―¿¡Ah!? ¿Con que ahora me dices así? Tienes bastantes agallas para haberme dicho idiota entonces. Tendrás que abstenerte a las consecuencias ―amenazó elevando el volumen de su voz.

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―Oh… ―Ahome rio―. ¿Qué piensas hacerme grandulón? ¡No te tengo miedo!

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―Eh… Capaz quitar los indicadores de tus libros cuando estés distraída o meterte la traba cuando estas caminando ―ideo riendo―. ¿Pensaste que te lo diría? ¿Qué clase de brabucón sería entonces? ¡Idiota!- comentó mofándose de ella.

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―¡Tú no eres un brabucón! ¿Sabes? Eres… ―hizo un leve silencio para alargar el suspenso.

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―Hm… ¿Qué? ―preguntó cómodo con el ritmo de la charla.

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―No~ te~ lo~ diré ~ ―canturreó la chica―. ¿Pensaste que lo haría, torpe? ―finalizó riendo.

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La conversación siguió igual, ella le informó donde quedaba el lugar al que asistirían y que para llegar a él tendrían que tomar un tren. Más tarde le dijo que le gustaría que él llevase la guitarra para tocar algunas canciones que los niños podrían bailar. Se negó rotundamente, acotando que ni de casualidad llevaría a su instrumento a un lugar tan peligroso. "Si quieres puedo prestarte mi equipo de música pero ¡Mi GUITARRA NO!" le había prácticamente gritado. Sin embargo, de una forma en la que aún no le quedó tan clara, ella lo convenció.

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Además, la azabache, le sugirió que llevara una muda de ropa; un pantalón, remera y abrigo. Era más que nada por las dudas, porque no sería nada raro que de por casualidad se ensuciara bastante. "¿En qué carajos me metí?" pensó. Le contó sobre los juegos que había planificado, de algunos niños que ella ya conocía y las canciones que le gustaría que tocara. Obviamente la mayoría eran infantiles y otras debía buscarlas en internet para aprendérselas. Le pareció de lo más ridículo, ¿de veras tocaría esa estupidez? Hizo un esfuerzo sobrehumano para no retractarse y seguir escuchándola.

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Continuaba charlando con ella como si no se hubiesen visto nunca, sus comentarios desencadenaban otros y más por su mal genio. Cuando levantó la vista para ver su reloj, notó que eran las 22:15hs y que ya debería estar durmiendo si no quería caerse sobre Jennifer mientras trabajaba. Y al parecer ella también se percató de aquello, ya que se disculpó y le dijo que debía irse a dormir si no se quedaría dormida nuevamente. Y con la alegre promesa de un "Hasta mañana" cortó la comunicación.

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Contempló su teléfono, sabiendo que él era una vía directa hacia ella y de cierta forma pensó que sonaría nuevamente y la tendría al otro lado de la bocina otra vez. Pero no fue así. ¡Obviamente no lo seria! Acababan de despedirse y esa sensación amena que le quedó lo dejó satisfecho por el momento. Tanto que se olvidó que tendría que llevar su guitarra hacia el campo de batalla.

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Dejó su móvil en la mesa de luz y se recostó boca abajo, abrazando la almohada. Hundió su rostro en ella y suspiró. El cansancio se estaba expandiendo de a poco por su espalda hasta llegar a su cabeza. Los parpados le pesaban bastante así que se rindió y los cerró. Realmente le dio mucha pereza meterse bajo las sabanas pero decidió hacerlo dentro de cinco minutos. Estiró sus piernas y colocó su rostro de lado; recordó que debía apagar las luces también. "Maldición…"

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Al otro día, se fue a trabajar como siempre y cuando ella llegó arreglaron donde se encontrarían el sábado. Le tarareó algunas canciones en una voz de volumen moderado e incluso su gerente se animó a cantar con ella. Después de todo tenía hijos pequeños y era obvio que se la había pasado cantando esas canciones. Claro que el albino más vergüenza ajena no podía sentir, intentó hacer de cuenta que no los conocía pero su uniforme y la azabache llamándolo por su nombre lo develaban. ¡Vamos! Inclusive cuando esta se fue, Gil ―mientras Subaru preparaba un pedido― silbó una de las canciones que junto con Ahome habían cantado. Al parecer a todos les encantaba fastidiarlo, sólo pedía tener la suficiente paciencia como para no darse vuelta y moler a golpes a alguien.

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Cuando finalmente llegó a su casa, luego de la universidad, se dio un descanso para tomar algo con su madre y hermanos. Era una de esas alborotadas tardes en familia, sabía que más tarde llegaría Shuu para cenar con ellos y ayudarlo a repasar algunos temas.

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―Hijo ―llamó su madre―. ¿Ayer te pasó algo? ―preguntó con interés y este negó tranquilamente. Sus hermanos lo miraron con sospecha y pusieron más atención a la conversación―, es que… escuché unos cuantos gritos, de tu habitación anoche… ―ante tal comentario, Subaru no supo qué hacer. ¿Acaso habló tan fuerte que se escuchó su conversación con la azabache?

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―¿Acaso eres idiota, Subaru? ―Retó Ayato―. Ya lo habíamos dicho antes ¡Si miras porno hazlo con el volumen bajo o con auriculares! ―exclamó frunciendo el entrecejo―. ¡Oka-san no tiene por qué escuchar eso!

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―Cierto~ Cierto~ ―Apoyó rápidamente Laito asintiendo con los brazos cruzados―. Tienes que ser más cuidadoso… ―y ahí hablaba el experto. Su madre no sabía dónde meterse, ella era mujer y ese era un tema de hombres.

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―¿¡AH!? ―se indignó después de casi atragantarse con el té.

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―Vaya… Subaru necesitas una novia con urgencia ―comentó Kanato, contrayendo el rostro del asco.

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―¿¡Pero qué carajos les pasa!? ¡Yo no miro esas cosas! ―dijo levantándose enfadado. Luego miró a su madre―. Oka-san… ¡Yo digo la verdad! ―se defendió apretando los puños y cerrando los ojos.

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―Hmm… también escuche risas… ―agregó la mayor y los demás se echaron a reír. Sabían perfectamente que Subaru era demasiado pudoroso para animarse a ver esas cosas, solo lo hacían para molestarlo más.

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―¡Sí! ¡Yo estaba hablando por teléfono con alguien! ―aclaró algo más aliviado.

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―¿Con quién? ―preguntó Kanato.

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―¡Eso a ti no te importa!

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―¡Qué cruel eres, Subaru! ¡Ya no me preocuparé nunca más por ti! ―se quejó molesto el peli violeta. Si no mal recordaba el albino, su hermano siempre le decía lo mismo cada vez que se enojaba con él, así que no le prestó atención. Sin embargo se dio cuenta de que había cometido un error, ahora la atención de su familia estaba puesta en otro tema.

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―¡Tsk! ―chasqueó la lengua y se fue a toda velocidad a su habitación para preparar lo que necesitaba para mañana. A pesar de los reproches logró hacerlo, lo peor fue cuando Laito lo sorprendió guardando su muda de ropa en la mochila. Él aun no les había dicho que salía el sábado, planeaba hacerlo en la cena para solo tener que soportarlos poco tiempo pero al parecer eso no funcionó. Le explicó, con muy pocos detalles, al castaño a donde iba a ir. Obviamente evitó el nombre de la azabache usado la palabra "alguien" sin embargo eso lo develaba más.

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Para la hora de la cena cuando ya todos estaban sentados en la mesa, incluyendo a Shuu, contó con muy pocos detalles lo que iba a hacer al otro día. Las preguntas surgieron, él las evadió, se sonrojó, atragantó y refunfuñó. Y eso que sólo les había dicho que iba ayudar a alguien. Todos suponían que era una mujer, pero lo importante fue que no supieran quién era.

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Después de todo el alboroto, lavaron los platos, el rubio "repasó" con el albino y más tarde se ofreció a llevar a Laito hasta su casa. En el camino charlaron muy poco, pues la presión era bastante palpable. Cuando pararon en un semáforo el castaño habló.

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―No quiero ir allí ―susurró ocultando su mirada bajo su flequillo. El ojiazul sólo asintió. Sabía que preguntando no lograría mucho así que dejaría que él hablase cuando estuviera listo.

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―De acuerdo ―rompió el silencio―, puedes quedarte en mi departamento todo el tiempo que quieras. Sabes que mis únicas reglas son: colaborar con la limpieza y comida, y no tener putas desparramadas por todo el living. –-Comentó de lo más normal y el menor sonrió levemente―. Tampoco quiero encontrarme con alguna "sorpresa" ―dijo fingiendo estar horrorizado. Laito no aguantó más y rio.

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―Prometo intentar comportarme, nfu~ ―canturreó al calmarse un poco.

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―Más te vale ―el semáforo se puso en verde y avanzaron―. Mañana podemos ir a buscar tus cosas… ―se calló cuando notó la incomodidad del ojos verdes―, mejor… iré yo solo. Después de todo en la mañana puedo hacerme un rato libre ―finalizó suspirando. Laito no pudo sentirse más agradecido con el rubio, era lo que necesitaba en ese momento. No quería volver allí.

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―Gracias… ―esbozó con un tono de voz casi inaudible.

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Y al fin había llegado el día, tenía su bolso y guitarra en brazos. Apenas salió del trabajo fue a su casa, almorzó y se preparó. Ahora estaba caminando hasta la estación de trenes donde lo esperaba la azabache. Esta le mandó mensajes avisándole que estaba llegando a la estación dentro de unos minutos. Se paró a un costado para que esta pudiera divisarlo en cuanto llegara. Eran las 13:30hs y debían tomar el próximo tren, la estación no estaba tan poblada como al medio día pero aun así quedaba gente yendo y viniendo. Suspiró suavemente y al levantar la vista pudo verla llegar con una valija gigante y una mochila colgando de su espalda "¿Pero qué rayos?" exclamó y fue rápidamente a ayudarla.

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Ahome lo saludó muy sonriente diciéndole que estaba muy emocionada por lo que harían esta tarde. Él tomó aquella abultada mochila y la colgó en su espalda, la guitarra la pasó a la mano derecha, su bolso se lo dio a ella intercambiándolo por la enorme valija. Esta se quejó alegando que podía con ello pero él no le permitió volver a cargar con eso. No pudieron discutir mucho porque su tren había llegado, ingresaron a este y tomaron asiento. Al terminar, él la miró con duda, ella sonrió y le explicó que traía elementos para los juegos y la merienda de los niños. "Eres una exagerada" le murmuró y ella se burló de sacando la lengua.

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El albino frunció algo el entrecejo y resopló. Estaba sentados el uno al lado del otro, a dos palmas de distancia y faltaban por lo menos media hora para llegar a su destino.

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―¿Qué te pasa Subaru? ¿Acaso hoy andas rabioso? ―preguntó Ahome, fingiendo molestia. Este tiró la cabeza hacia atrás con resignación.

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―¡Tsk! Si sigues abusando de tu suerte lo estaré… ―murmuró―. Por otro lado…. ¿Cómo es que llegaste hasta aquí con todo esto? ―Exigió saber señalando la valija y mochila―. Yo podría haberte ayudado con eso yendo a buscarte a tu casa ―comentó en voz baja pareciendo un niño pequeño que se quejaba de lleno.

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―¡Lo siento! ―se disculpó divertida―. Mi primo tuvo que irse antes de lo pensado y no quería que perdiera aquella oportunidad… tampoco quería abusar tanto de ti ―se explicó con orgullo. Subaru se sentó derecho y giró la cabeza para verla.

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―¡N-no importa! Alguien tuvo que haberte ayudado… algún hermano, padre, tío… ¡No sé!

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―¡Deja de retarme! ―exclamó cruzando sus piernas y mirándolo de reojo―. Mis primos son mi única familia.

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―¿Hm? ―esbozó des-contrayendo su rostro. Nunca le había preguntado sobre su familia.

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―Tengo cuatro primos y vivo con ellos ―aclaró con una autentica sonrisa de felicidad―. Los más grandes están trabajando y los más chicos tenían otras cosas que hacer que no podían cancelar.

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Lo que resto del viaje, Ahome, le habló un poco de ellos. Se notaba que los apreciaba mucho y que se cuidaban mutuamente. Subaru, por su parte, se animó a contarle un poco sobre sus hermanos y madre pero fue más que nada una explicación "superficial". Le pareció increíble que el viaje les hubiera sido insuficiente para su charla.

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Luego de bajar del tren caminaron unas cuadras hasta llegar al centro. Era amplio y estaba decorado con muchos colores; según tenía entendido usarían los salones de deporte. Así que en cuanto se acomodaron y presentaron correctamente con el personal de la institución comenzaron a preparar "las áreas de juegos". Ahome se había puesto una calza negra, un suéter de color coral y traía el cabello recogido en una coleta alta. Pero ciertamente, según el albino, lo que mejor le quedaba era aquella sonrisa llena de emoción que llevaba en el rostro.

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Él sabía que tenía que intervenir, más que nada, en el segundo bloque de la jornada donde una de las asistentes se marchaba pero aun así ella le pidió que la acompañase en la presentación. Así que pasadas las 14:30hs, cuando ya se encontraban todos los niños sentados los saludaron. Se veía que la mayoría ya la conocían porque la llamaban por el nombre, lo que le sorprendió es que ella lo tomara del brazo y lo presentara. No lo podía creer… pensó que entre más rápido pasaran las horas sería mejor.

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Primero dividió a los chicos en grupos, algunos de ellos eran más alborotados que otros, mas chillones e incluso más llorones. Sin embargo la azabache parecía llevarlo bien pues cuando extendía su brazo bien alto y exclamaba "¡Basta para mí, basta para todos!" Eventualmente todos hacían silencio. Y así tenía otro método como el "Simón dice" donde ella se sentaba y daba dos palmadas a sus rodillas. Los niños la imitaban rápido entre risas pues ese tipo de juegos les parecía muy divertido.

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Luego de dividirlos en cuatro grupos y darles carteles que identificaban las "tribus". Empezaron con la temática de cada juego, a un determinado tiempo tomaban un descanso y luego las tribus cambiaban de actividad. Obviamente, Subaru, no pudo mantenerse tan al margen como él esperaba pues tuvo que acercarse a uno de los sectores y ayudar a la asistente. Era un juego donde formaban dos grupitos de cuatro personas, había un semáforo de peatones que al cambiar a "verde" debían intentar, en el menor tiempo posible, llenar su canasta correspondiente con pelotas. Como algunos les costaban correr o se cansaban rápidamente, el balde con lo que debían arrojar, se encontraba al alcance de sus manos. Debían tomar una pelota, ir hasta una línea que se encontraba a 5 pasos y arrojarla. Esto debía hacerse en fila y si se colaban o tomaban el lugar del otro se les cancelaba el siguiente tiro. Era nada más para promover el trabajo organizado y en equipo.

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Los primeros tiros de prueba tuvieron inconvenientes con empujones o palabrotas pero luego los niños se adaptaron a la dinámica sabiendo que si no respetando al otro no avanzarían. La asistente pidió la ayuda de Subaru para poder realizar el contado de pelotas más rápido y seguir jugando. Este aceptó dándose cuenta que aunque el blanco no estuviera lejos a algunos les costaba, en especial a una niña que siempre terminaba apuntando hacia un costado. Vio como otro niño le dijo "perdedora" y se acercó a estos, prácticamente detuvo la fila dejando sorprendida a la asistente. La niña se asombró un poco cuando el albino se colocó en cuclillas a su costado, este forzó una sonrisa intentando no asustarla.

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―Vi… que tenías problemas para lanzar ―comentó y la menor se avergonzó.

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―¡Oye! ―llamó un chico algo más grande―. ¡Interrumpes la fila! ―se quejó y se comenzaron a escuchar los murmullos de los otros dos niños.

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―¿Ah? ¡Pues aguántate! ―inmediatamente volvieron a quejarse y uno de ellos lo llamó "Viejo". Frunció el ceño y se levantó―. ¿¡A quién le dices así mocoso!? ―Preguntó dejando boquiabierta a la asistente―. ¡En vez de andar quejándote deberías haber ayudado a tu compañera! Si no ¿Cómo quieres ganar? ―le hizo notar.

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―¡No es mi culpa que no sirva para tirar una pelota!

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-Pero es tu culpa burlarte de ella y no ayudarla. ¡Tsk! ¿A ti te gusta que te hagan eso? ¿¡Ah!? ―ante eso el niño agachó la cabeza y negó lentamente―. Pues mira como se hace… ―murmuró y se colocó en cuclillas otra vez―. Veamos… ―la niña intentó arrojar nuevamente pero no pudo, Subaru pensó que era por que usaba mucha fuerza intentado tirar desde arriba―. Prueba así… ―le indicó y mostró como arrojar desde abajo a partir de un vaivén. Y al hacerlo pudo―. ¡Bien! ¿Ves? Es cuestión de práctica ―le aseguró.

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―¡Muchas gracias, Onii-chan! ―agradeció sonriendo y se fue a practicar el movimiento del vaivén al final de la fila. El albino se sintió bastante satisfecho y antes de apartarse del lugar para que los demás pudieran jugar miró al niño de antes. El menor lo miró sintiéndose algo culpable, Subaru resopló y desordenó los cabellos de este.

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―No te pongas así… sólo asegúrate de fijarte un poco más en los demás ―sugirió retirando su mano. Este asintió efusivamente, tomó una pelota y se giró a verlo.

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―¡Yo le enseñare mejor que tú! ¡Sólo mírame! ―exclamó arrojando la bola.

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Y así fueron pasando de juegos entre descansos, el albino también rotaba de vez en cuando de actividad para ayudar a las demás encargadas, incluso pudo estar con Ahome. Luego de lo que había pasado en el primer juego pudo acostumbrarse y ayudar como era debido. De vez en cuando se le escapaba uno que otro "mocoso" pero más le sorprendió ver como la azabache ponía en su lugar a unos "pequeños brabucones" con algunas pocas palabras. "Es una niña más", pensó y sonrió. La ojivioleta pudo percatarse de esto y como acto de confianza le guiñó un ojo logrando sacarle un muy buen sonrojo. "No la mires, no la mires, no la mires", se repitió.

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Después se llevaron a cabo las actividades musicales a cargo de Subaru, Ahome y una encargada sin contratiempos. Dentro de todo, admitió el albino, no fue tan desagradable como esperaba; eso si fue más cansador de lo que esperaba, pues anduvo corriendo de un lugar a otro y más cuando una asistente se retiró.

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A las 16:40 sirvieron la colorida merienda que había preparado Ahome. Eran galletas de distintos colores, formas y tamaños que les encantaron a los niños y una bebida caliente para cada uno. La azabache aprovecho ese respiro para juntar con el ojirojos los materiales de los juegos. Por suerte terminaron a los pocos minutos y merendaron cuando los niños dibujaban mientras esperaban a sus padres. Según la encargada no quedaba mucho que limpiar así que se lo dejaba a la auxiliar de limpieza.

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―¿Y qué te pareció? ―preguntó Ahome al darle un codazo al albino para llamar su atención. Este estaba sentado al lado de ella, observando como unos lápices podían mantener tan quietos a tantos mocosos. Frotó su nuca y resopló.

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―No estuvo TAAN mal ―admitió y la joven le sonrió―. ¡Tsk! ―chasqueó la lengua. Odiaba pero al mismo tiempo le encantaba que ella sonriera así; el único problema era que se embobaba viéndola cada vez que lo hacía.

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―¡Onii-chan! ¡Mira lo que hice! ―le gritó una niña desde su asiento.

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―¡Ahí voy! ―le exclamó y se dirigió hacia ella. Dio unos pasos y notó a un chico en cuclillas bastante quieto y con la mirada fija en el piso. Se acercó primero a este―. Oye… ―llamó su atención y el menor se levantó aun con la mirada gacha―. ¿Estás bie…? ―no pudo terminar de hablar porque cerró la boca para no quejarse, se quedó lo más tieso que pudo. El menor de un momento a otro había vomitado encima de él. El albino juró que no pudo verlo venir, sólo se puso en frente de él y…. "¡Mierda!", sabía que no fue intencionado pero igual le daba algo de impresión.

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Inmediatamente tanto Ahome como las encargadas los asistieron. Subaru ahora supo que había hecho bien en tomar la recomendación de la azabache. Se fue solo al servicio, se quitó el pantalón y se limpió lo mejor que pudo. Por suerte no fue la gran cosa; sólo llegó a mancharse una parte del pantalón. Escuchó como tocaban la puerta y se puso rápidamente su cambio de muda. Era una auxiliar de limpieza esta tomó la prenda sucia sin pedirle permiso y la limpió lo mejor que pudo. Al terminar se lo devolvió envuelto en una bolsa recomendándole que lo lavara bien al llegar a su casa. ¿Pero que acaso se pensaba que era estúpido? ¡Tsk!

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Cuando volvió al salón tanto la ojivioletas como las asistentes se disculparon e incluso el niño lo hizo. Les dijo que no tenía importancia e intentando no hacer sentir mal al menor, desordenó su cabello y bromeó diciendo "¡Esta bien! La próxima fíjate hacia donde apuntas".

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Faltaba poco para irse así que recogió sus cosas y las dejó a un costado, en eso se acercó la niña que lo había llamado antes del incidente y le entregó un dibujo. Según ella era él, pero sólo podía distinguir su guitarra y un palo con cabeza supuso que; ese debería ser él. Así que se lo agradeció y lo guardó. Lo que no espero es que se acercaran otros ocho niños más con dibujos, esos eran exactamente con los que más interacción había tenido. Por cierta extraña razón se sintió muy bien y se los agradeció sonriéndoles. Basto con sólo verlos irse tan contentos para olvidarse de todos los incidentes y el cansancio. Inhaló hondo y exhaló, a penas tocase su cama caería dormido.

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―¡Hey! ―Subaru se dio vuelta y vio cómo su compañera traía su valija y mochila. Él se acercó a ella y se las quitó para dejarlas en la entrada, ya estaban por irse. La joven se paró a su lado y palmeó su hombro―. Debo reconocer que aguantaste bastante bien para ser tu primera vez~ ―canturreó con malicia.

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―¡Ja! ¡Eso no fue nada! ―se mofó con arrogancia y ella rio.

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―Subaru… ―esbozó con ese tono de voz tan aterciopelado que sólo ella podía tener. La miró a los ojos sabiendo muy bien las consecuencias―. Gracias ―dijo sonriendo plenamente.

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―No hay de que… ―susurró aun viéndola. Y sin saberlo, a un costado de la entrada de esa institución, se había creado un ambiente cálido que los envolvía cada vez más.

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―¡Ahome-chan! ―interrumpió una asistente en cuanto los vio.

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―¿Q-que? ―Pareció tartamudear la nombrada. Y el albino sintió su rostro arder.

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―Hay un joven que dice ser tu primo afuera ―explicó y la azabache ser sorprendió un poco. Se asomó por la ventana y comprobó que efectivamente era su primo.

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―¡Muchas gracias, Lucia! ―agradeció. La encargada los saludó y se fue―. Bueno~ esto fue sorpresivo pero mi primo vino a buscarnos ―dijo girando en su eje―. ¡Vamos! ―ante la propuesta, el ojirojos intentó negarse pero no pudo, con valija y todo la azabache lo arrastro hacia afuera―. ¡Yuma! ―exclamó llamando a un muchacho alto de cabellos largos castaños amarrados en una media coleta. Este al instante la vio, se acercó rápidamente y la envolvió entre sus brazos. Esta correspondió con efusividad incomodando al albino.

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El más alto levanto la vista y lo observo entrecerrando los ojos. "¿Enserio?", pensó Subaru.

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―¿Y tú que miras? ―le exigió en cuanto soltó a su prima. Esta lo miró con muy mala cara y le dio un golpe en el estómago―. ¡Arg! ¿Pero qué mierda te pasa? ―se quejó.

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―¡No le hables así! ―Advirtió Ahome―. Se llama Subaru, ya te había dicho que él me acompañaría ―le recordó y resopló con cansancio―. Disculpa Subaru ―se disculpó al girar―, te presento a mi celoso primo Yuma.

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―Ah… ―esbozó e hizo un esfuerzo sobre humano para no gritarle. ¿Acaso pensaba que porque era más alto él le temía? Pues estaba muy equivocado. A pesar de la tensión palpable y de que se negó a subirse a aquella camioneta 4x4 terminó dentro de esta. El castaño pidió una no muy sentida disculpa, supo que estuvo mal pero no lo conocía así que no quería confiarse.

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La azabache viajó en la parte del acompañante y Subaru en la parte trasera. Y a pesar de que creyó que sería un viaje muy pesado, no lo fue. Pues con la radio de fondo y los comentarios sobre la jornada en el centro de recreación puedo entablar un poco de conversación. Él pidió que lo dejaran en el parque que quedaba cerca de su casa, el más alto hizo de cuenta que no escuchó y el albino uso todo el autocontrol que poseía para no gritarle. Al final ganó la discusión y logró que lo dejaran en el parque. Al llegar se bajaron los tres, Yuma para abrirle el baúl y Ahome para saludarlo.

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―¡Bien! ¡Nos vemos! ―saludó el castaño volviendo a la camioneta pero se detuvo―. Ah…. ―rascó con pesadez su cabeza en signo de molestia y dijo entre dientes―, perdón por lo de antes… no quise hacerlo ―finalizó sin verlo y se subió al automóvil.

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―Ah… ¡Hasta luego! ―dijo en tono de voz moderada mientras acomodaba su guitarra en la espalda y tomaba su bolso con la mano derecha. Pensó que el primo de su clienta no era mala persona, sólo… era un idiota. Creyó que él también se comportaría así si tuviera una hermana.

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―¡Ahome, nos vamos! ―gritó el alto desde la camioneta. Y Subaru se dio cuenta que ella estaba a su lado viéndolo sonriente con un leve sonrojo en las mejillas. La azabache en vez de obedecer a su primo, se removió en su lugar y jugó un poco con sus dedos. Ese acto le pareció de lo más adorable al ojirojos y detestaba que eso sucediera.

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Ahome lo miró más fijamente y entre abrió los labios provocando que el joven pusiera su atención en ellos. Pudo ver cómo esta modulo un "Hasta luego" para después sonreírle, voltearse y subirse a la camioneta.

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El vehículo se puso en marcha rápidamente desapareciendo de su vista, exhaló suavemente pensando que la azabache disfrutaba de sobremanera causar estragos en él. Se quiso convencer así mismo que en ese momento no tenía caso romperse la cabeza para pensar en una respuesta pues tenía mucho sueño. Así que se dispuso a caminar hasta su casa.

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Al llegar, lo primero que hizo fue, saludar a su familia e irse directamente a la lavadora. Sacó de la bolsa su pantalón y lo metió en el lavarropas.

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―¡Subaru! Te saludé y pasaste de largo como si nada ¿Por qué…? ―"¡Mierda!" pensó. Esto no se lo esperaba, creía que llegaría al otro día pero al parecer se adelantó. Quien ahora lo miraba con duda al verlo tirar de tal forma su pantalón era Reiji. El segundo hermano de la familia lo escaneó con la mirada de arriba abajo.

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―¡Ah! Subaru-kun, ya llegaste~ ―canturreó el mayor de los trillizos apareciendo detrás del pelinegro. Pero en cuanto lo diviso amplió su mirada al mismo tiempo que su sonrisa―. Oh~ llegaste con un pantalón diferente al de que te fuiste, nfu~. ¿Qué anduviste haciendo? ―interrogó haciendo que su tan habitual ceño fruncido apareciera y más al escuchar resoplar a Reiji con negación.

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―¿¡Pero qué mierda dices!? ―gritó para después echar a andar la lavadora―. Hubo un accidente y terminé manchado ―comentó queriendo guardar la calma. El castaño suspiró y lo vio algo sonrojado.

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―¿Con qué? Nfu~ Si no mal recuerdo hoy saliste con una chica~ ―y al darse cuenta de sus intenciones, el albino apretó los puños.

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―¡Maldito pervertido! ¡No es lo que piensas, fue vomito! ―exclamó recordando que debía bañarse con urgencia. El rosto de Reiji se contrajo del asco.

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―Que muchacha más desagradable, deberías buscarte una mujer más… cuidadosa ―acotó queriendo lo mejor para el menor.

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A Subaru no le gustó para nada que hablaran de esa forma de la chica, después de todo fueron con las mejores intenciones a ayudar a aquel centro. Respiró hondo ante la atenta mirada de sus hermanos, dio un paso al frente y estos por instinto retrocedieron uno. Sorpresivamente, el albino, se volvió bastante violento en su adolescencia llegándose a dejar dominar por la furia rompiendo todo lo que tenía cerca. Y el pelinegro podía dar muy buenos ejemplos de aquello.

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―Miren… ―habló seriamente―, créanlo o no estuve ayudando a una amiga en un centro de recreación para niños con dificultades ―explicó―. Estuve correteando mocosos toda la maldita tarde, también vigilando que no se lastimaran y por accidente uno de ellos me vomitó encima porque se sentía mal ―recordó la última parte rápidamente―. ¡Esto es todo! ¡Nada más! No hay ningún mensaje subliminal en ello… sólo fui a ayudar a una amiga en apuros. Así que… ¡Dejen de fastidiarme que quiero irme a bañar! ―finalizó dándose la vuelta para irse a su cuarto. En cuanto se fue, Laito sonrió y Reiji suspiró.

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―Aún sigue teniendo ese carácter explosivo de siempre… ―comentó Reiji resignado.

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―Nfu~ Bueno, nunca nos aburrimos~ ―canturreó Laito, feliz por esa parte de la personalidad de su hermano que ocultaba con su torpeza sus sentimientos.

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―A ti te gusta ver arder al mundo… ―susurró el ojos-magenta.

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―Lo dices como si a ti no te gustara~ ―declaró sabiendo que era así. El mayor sonrió levemente y se dirigió a la cocina donde estaba su madre seguido por el castaño.

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Ese mismo sábado, a la mañana, Shuu fue al departamento de Laito a buscar algo de ropa y otras pertenencias. Cuando llegó a la puerta del piso correspondiente no pudo creer lo que estaba viendo. Ahora todas las piezas iban encajando a la perfección y supo muy bien porque su hermano no quiso volver.

Frente a él se encontraba una mujer que conocía bastante bien, por desgracia. Esta pareció percatarse de su presencia y cuando levantó la vista para verlo lo reconoció y le sonrió seductoramente.

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―Ha pasado tiempo ―dijo con voz melosa la mujer al verlo tan serio―. Uh~ ¿Qué ocurre? ¿No piensas saludarme? ―interrogó colocando su dedo índice bajo sus labios.

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El rubio no se inmutó por el comentario, parpadeó lentamente y dio un paso al frente.

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―¿Qué haces aquí? ―preguntó tranquilamente y el silencio se hizo presente por unos segundos. La femenina sonrió con descaro―. Cordelia.

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WOW! fin del cap 4! espero les haya gustado. Pense que lo mejor seria dedicar este cap al acercamiento entre los dos protagonistas antes de que se desate el problema que rondara a Laito. ¿Que les parecio? Recuerden dejarme sus reviews :D

¡Nos leemos luego!