¡Buenas lectores! Aqui les traigo un nuevo cap del "Aroma del Encuentro" un AU de Diabolik Lovers. Lamento mucho no haber podido actualizar antes, por eso esta vez escribi un poco mas :D
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Les quiero agradecer mucho a todas las personas que se toman un poco de su tiempo para leer mi historia y comentarla (de veras me animan mucho a seguir) También le agradezco a Marce por corregir mis horrores ortográficos :) Sin mas que decir... ¡Espero que disfruten del cap! Recuerden dejarme sus reviews ;)
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Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenece, si la historia y Ahome
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CAPITULO 5
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―Ha pasado tiempo ―dijo con voz melosa la mujer al verlo tan serio―. Uh~ ¿Qué ocurre? ¿No piensas saludarme? ―interrogó, colocando su dedo índice bajo sus labios.
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El rubio no se inmutó por el comentario. Parpadeó lentamente y dio un paso al frente.
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―¿Qué haces aquí? ―preguntó tranquilamente y el silencio se hizo presente por unos segundos. La femenina sonrió con descaro―. Cordelia.
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Ella volvió a sonreír y miró de arriba abajo al rubio. No trato de disimularlo ni mucho menos el asentimiento de aprobación hacia la apariencia del joven.
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―Oh~ sí que has crecido ―comentó ignorando su pregunta. Pues era cierto se había convertido en un hombre alto, de buena presencia y sumamente atractivo. Le hizo recordar cuando conoció por primera vez a Tougo, sólo que su ex marido le hubiera sonreído cordialmente al verla. Shuu carraspeó su lengua cortando totalmente el recorrer de su mirada―. ¿Qué pasa? ¿No me echaste de menos?
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El joven la miró sin sentimiento alguno. Ahí estaba ella… la mujer que tanto odio. Los pocos recuerdos que tenía con ella eran terribles, como las veces que le gritó a su hermano, Reiji, diciéndole que por su culpa Beatrix había muerto, cosa que afectó terriblemente al menor. También las veces que dejaba a los trillizos solos para irse al shopping, cuando los dejaba sucios hasta cinco minutos que llegara su padre o el escándalo que hizo cuando Christa apareció en sus vidas. "Madre" pensó y se tensó un poco. Recordó lo que les había costado hacerle entender al pelinegro que no fue su culpa la muerte de su madre, ella ya estaba débil pero aun así quería tenerlo. Incluso, unas horas antes de fallecer, pidió que se tomaran una fotografía juntos. Una en familia y otra sola con el recién nacido. Lo mismo era para los trillizos, a pesar de no tener tantos recuerdos con Cordelia y que estuvieran completamente encariñados con Christa, las dudas de sobre quién era su verdadera madre surgieron. Tougo les dio la oportunidad de conocerla, después de eso, nunca más quisieron verla.
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Si no mal recordaba su padre le había dado una jugosa cantidad de dinero para que se marchara y le impuso una orden de restricción que no permitía que se acerque a ellos ni mucho menos a la albina. Cayó en cuenta que, como ya eran mayores, esa orden no tenía validez para ello; por eso podía aparecerse sin temor de que la encarcelaran. Se irguió un poco y le dedicó una mirada aburrida; él mismo se encargaría de poner todo al día en cuanto llegara el lunes.
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―¿Qué quieres? ―preguntó sin rodeos y ella pareció hacer un puchero.
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―¿Ah? ¿Después de todo este tiempo solo vas a decirme eso? ¡Qué aburrido eres! ―declaro cruzándose de brazos y él la miró duramente―. ¡No me mires así! ¿Qué acaso una madre no puede visitar a su hijo? ―dijo inocentemente―. Por cierto ¿Dónde está Laito? Hace unos minutos que estoy llamando a la puerta y nada. No puedo creer que sea tan descortés con una dama ―se mofó molesta―. Cuando lo vea le enseñare que eso no se hace. Qué mal criado que esta…. ―refunfuñó y el rubio sintió como su sangre hervía de a poco. No iba a golpearla pero ni siquiera él sabía si tendría el suficiente autocontrol para no insultarla como se debe.
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Dejando eso de lado agradeció tener las llaves del departamento guardadas en sus bolsillos y no en sus manos, sino eso hubiera dejado al descubierto toda la situación.
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―¿Tú crees? ―preguntó fingiendo sorpresa―. Creo que tenemos un concepto distinto de "mal criado". En lo que a mí concierne, té eres la menos indicada para hablar de eso ―comentó sin interés haciendo que la peli violeta contrajera el ceño molesta―. Después de todo tú no eres tan decorosa que digamos.
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―Hmpf ―se mofó luego de tranquilizarse―. Sí que tienes una lengua afilad, pero, ¿sabes? Eso a mí no me molesta… ―contestó con voz melosa. Shuu sintió asco en ese momento y decidió que de seguir así no cumpliría con lo que tenía que hacer. Así que para no perder más tiempo, se dio la vuelta sin hacer caso a los comentarios de Cordelia y bajó a la recepción. Ahí habló con la encargada que ya lo conocía, pues él y Reiji habían ayudado a Laito a conseguir aquel departamento.
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Le comentó que había una mujer en frente de la vivienda que no lo dejaba ingresar y que no era inquilina de aquel edificio. Al ser así, el personal, tenía todo derecho de sacarla del edificio y con más razón si el propietario del departamento no se encontraba presente para afirmar si era un familiar o amigo. En lo que la encargada sacaba a regañadientes a Cordelia, Shuu tomó su celular y decidió cobrarle un favor a un amigo que trabaja en la estación de policía. Su idea era que la mujer no se enterara que Laito había dejado temporalmente el departamento, pero si salía con unas cuantas valijas de ahí seria todo muy evidente.
Él tenía el auto en el estacionamiento interno del edificio así que no sería problema ir venir con el ascensor, pero sí lo sería si tenía encima a esa mujer.
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Marcó el número de su amigo y éste le contestó enseguida; estaba patrullando por las calles con la camioneta. "Perfecto", pensó. Le pidió que fuera hasta el edificio.
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―¡Ah! Ahí es donde trabaja Jerry ―comentó alegre―, hace mucho que no lo veo. De acuerdo iré enseguida Shuu ―le confirmó su amigo Hisagi. En cuanto tuvo su respuesta, fue al bar que estaba en la planta baja y compró unos cuantos bocadillos y se los entregó al portero Jerry que los aceptó muy gustosamente sin preguntar el porqué. A los pocos minutos Hisagi estaba charlando y comiendo con el portero del edificio.
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El rubio suspiro con pesar y se dijo: "Bien, un paso a la vez", así esa mujer no se acercaría. No se arriesgaría a que la encargada le reproche que se vaya delante de un policía. Así que comenzó con la ardua labor de guardar, en dos inmensas valijas; ropa, libros, apuntes, la pc portátil, calzados y todo lo necesario. Prácticamente no dejó nada de ropa. Se llevó todo lo esencial y un poco más. Obviamente todos los "juguetes" sexuales se quedaron allí, no andaría tocando cosas que no sabía por dónde antes habían pasado. Irremediablemente se llevó la caja de condones pues aun no tenía deseos de volverse tío y un poco de carne que quedaba en el refrigerador. Lo demás tuvo que desecharlo junto con la basura porque ya estaba vencido.
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―Phf… tuve que haber traído a alguien más…. ―se reprochó así mismo, pues terminó haciendo cosas que pensó que no haría. Frotó con cansancio su nuca y cerró el baúl del auto, volvió a subir para asegurarse de que todo estuviera en orden y bien cerrado, y se fue de aquel lugar. Al salir observó que su amigo seguía comiendo con el portero y que no había ni rastro de Cordelia en los alrededores. Tomó su móvil y le escribió un mensaje a Hisagi agradeciéndole por el favor y que después le explicaría bien lo que había pasado.
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En el camino hacia su departamento al fin pudo pensar, pues aquella hora anterior se la pasó en "automático" guardando las cosas de su hermano. Pensó y por un segundo aceleró un poco más de lo que debía. Al llegar a un semáforo en rojo se detuvo e inhalo hondamente. "No me pondrán un multa por esa hija de puta", se dijo intentando tranquilizarse.
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No le hacía para nada de gracia que volviera a meterse en sus vidas, ni mucho menos que estuviera atormentando a Laito por quién sabe qué tiempo. Ahora entendía absolutamente todo, el porqué del que volviera a la casa y que evitara todo tema relacionado a su humor. Su hermano no era el mejor cocinero del mundo, bien lo sabía, o había labores que a él solo le costaba realizar. Por ello siempre llamaba a Reiji o a Christa para que lo orientaran, lo que últimamente no estaba haciendo. O simplemente llamaba a cualquiera de ellos sólo para hablar y ahora… No lo podía creer.
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El semáforo se puso en verde y avanzó intentando digerir todo. Recordó el llanto de sus hermanos menores y la impotencia que sentía al no poder hacer algo al respecto. Suspiró sonoramente y se tranquilizó. No hacía falta que su padre se metiera en esto… ellos solos lo solucionarían.
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Esa misma tarde estaban todos merendando con su madre mientras bombardeaban con preguntas, no muy discretas, al albino. Esto Reiji lo disfrutaba plenamente, pues como hace poco se había incorporado a su nuevo trabajo le era muy difícil hacerse tiempo para visitar a la familia. Ahora por suerte todo se había normalizado e incluso se puso de novio con una bella muchacha; Leenaly. Hasta tuvo la oportunidad de ya presentárselas; a Christa le pareció una chica adorable. Algo seria, pero simpática. Era alta de cabello azul oscuro y ojos color turquesa. La había conocido en recursos humanos mientras hacia sus prácticas, ella de cierta forma, que él aún no comprende, fue capaz de llamar su atención hasta el punto de que no pudiera dejar de pensarla.
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Sonrió con satisfacción y observó a su madre, se le podía notar a millas la felicidad que sentía por que estuvieran reunidos. Sólo faltaba el idiota de su hermano mayor y ya estarían completos.
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―Cuéntame otra vez cómo te vomitó encima el mocoso, porque realmente no te creo ―demandó Ayato, sonriendo maliciosamente―. O eres muy idiota o… eres idiota.
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―¡TSK! ¡Cállate! ¿Por qué tenemos que seguir hablando de eso? Ya les dije todo así que cállense ―refunfuñó con molestia el albino.
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―¿Ah? Pero nosotros queremos saber más de la chica que te gusta, Subaru-kun~ ―se quejó, haciendo un puchero el castaño.
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―Hijo no te sientas apenado y cuétanos como es de una vez ―incitó su madre totalmente interesada.
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―¿Tú también piensas lo mismo, Oka-san? ―dijo con resignación el albino y en respuesta recibió una risilla de su madre―. Ya les dije que no me gusta, es una amiga… ―murmuró dudoso y al instante la sonrisa de Reiji se ensanchó.
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―Pero para soportar que un niño regurgite lo que comió encima de ti, no golpear a nadie y seguir acompañándola significa que podría ser… alguien más allegada a ti ―Oh, sí… a él le gustaba "echarle más leña al fuego". El pelinegro lo disfrutaba tanto o más que Laito que intentó acallar una risa.
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―¡Ja! ¿Cómo contradecirás eso Subaru? ―Sé mofo Kanato―. Ya déjate de hacer el difícil y dinos al menos el nombre ―ordenó amenazante y Christa acarició su cabello para calmarlo. En respuesta el peli violeta inclinó más su cabeza para que su madre siguiera acariciándolo.
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Sólo el sonido del timbre avisando que Shuu había llegado lo salvó. Después de eso el pelinegro y su madre se dedicaron a preparar la cena, ya que estaban todos reunidos querían cocinar algo especial. Mientras tanto los demás hicieron un acuerdo de no molestar a Subaru hasta la hora de la cena, realmente se veía que estaba muy cansado y que en cualquier momento se levantaría para golpear a alguien.
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A la hora de la cena hubo risas, discusiones, comentarios sarcásticos y amenazas. Todos estaban empecinados en que Shuu revelara el nombre de la muchacha pero este al parecer no lo haría. El albino agradeció que el rubio no fuera tan boca suelta y que fuera más sensato con esas cosas pero aun así el cansancio estaba haciendo estragos en él y no sabía hasta cuando se quedaría despierto.
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Más tarde decidieron ver una película en la sala de estar para pasar el tiempo, el ojirojos no aguanto más y se quedó dormido cabeceando de a ratos. En eso Kanato vio la oportunidad perfecta para arrebatarle el celular y averiguar por qué tanto misterio. El problema era que, el artefacto, se encontraba en una mesa de luz al lado del albino. Si se movía mucho se despertaría así que le hizo señas a Ayato que se encontraba en otro sillón al lado de Reiji y este asintió.
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El peli violeta estiró sus brazos pero aun así no lo alcanzaba. El pelirrojo se levantó con mucho cuidado y estuvo prácticamente por tomar el celular pero un cabeceó de Subaru lo sorprendió y provocó que girara rápidamente sobre su propio eje.
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―Maldito desgraciado ―susurró el ojiverde mientras los demás con su madre intentaban contener sus risas.
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―Ustedes si trabajaran de espías o ninjas se morirían de hambre ―dijo en voz baja el rubio.
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―¡Tsk! ¡Cállate! ¿Por qué no lo haces tú entonces? ―mofó molesto Ayato.
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―No me jodas, ustedes quieren saber con quien estuvo, yo no ―comentó triunfante haciéndole recordar a todos que él tenía información demás―. Arréglensela ustedes solos.
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―Shuu… ―susurró macabramente Kanato―, si no vas a contribuir, cállate por favor ―comentó elevando un poco la voz al final, causando que el albino se removiera en el lugar. El silencio invadió la sala por un segundo hasta que se quedó quieto―. ¡Arg! No debería estar ocultándonos cosas, en primer lugar ―dijo molesto mirando a su hermano menor.
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―K-kanato-kun… ―advirtió Laito, sabiendo lo que vendría.
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―¿Eh? ¿Por qué finge ser tan interesante? ¿Con quién sale? ¿Con una famosa o con una chica horrorosa? ¿Por qué tanto suspenso? ―refunfuño irritado.
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―Hijo…
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―¡Ya basta de secretos! ―exclamó tirándose encima de Subaru para alcanzar el celular. Obviamente el albino se sobresaltó, se quejó y se sorprendió al ver a su hermano desparramado en su regazo para dar un manotazo a algo sobre la mesa de luz.
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―¿¡PERO QUE MIERDA!? ―gritó y Kanato abrazó junto a Teddy lo que fuera que agarrase. "Un momento…", pensó. Miró la mesita de luz y luego a su familia tensa.
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―¡Kanato, pásalo! ―gritó Ayato desde atrás, y vio como sus demás hermanos se distribuían por la sala menos Shuu. Y ahí vio como el peli violeta dudó un momento con su celular en manos. "¡MIERDA!" pensó y se abalanzó sobre él rápidamente. El ojivioleta no pudo hacer más que abrazarse a él mismo con Teddy.
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―¡BASTA, SUBARU! ¡VAS A LASTIMAR A TEDDY! ―gritó, pero las manos de su hermano ya estaban tironeando sobre las de él.
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―¡SUELTALO! ―gritó el albino enervado. En ese momento Laito y Reiji intervinieron intentado separarlos.
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―¡Laito, sácaselo! ―exclamó nuevamente el pelirrojo pero no podía. Subaru tenía bien agarradas las manos del peli violeta y no lo soltaría hasta que se lo entregase. Lo más probable era que el artefacto terminara destruido si seguían así, creyó su madre.
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Después de un largo tironeo en el que las gafas del pelinegro terminaron en el suelo y que casi Subaru le rompiera la nariz al castaño de un codazo, Kanato soltó el celular. Triunfante y cansado Subaru tomó lo que le pertenecía y comenzó con el griterío. El peli violeta alegó que no hacía falta ser tan bruto, pues un poco mas y le quebraba las manos según él.
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Christa suspiró con sorna y Shuu palmeó su espalda tratando consolarla.
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―Tus hijos son muy revoltosos ―comentó el rubio y la albina rio.
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―Tienes razón, todos son muy revoltosos. Y más que nadie tú, cuando se meten con tus cosas –sacó a relucir con el respaldo de varios recuerdos. ¿Qué le podía responder que no fuera una risa? Era cierto después de todo.
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Laito por su parte observó el panorama y se sintió en paz. Amaba mucho a su familia pero… ¿Por qué sentía tanto malestar entonces? Vio a Teddy en los brazos de Kanato y su pregunta se respondió sola. ¿Era por ella? Recordó que ese oso de felpa fue lo único que le dio a su hermano menor y por eso éste lo conservó. Ciertamente, sólo andaba con él encima cuando estaba en la casa, la otra parte del día descansaba sobre su cama. Ayato tampoco solía recordarla con frecuencia y él ahora no le quedaba otra que molestar a su madre por que Cordelia le andaba encima. "Vaya…", pensó con amargura.
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Luego de "solucionar" el lio, Reiji, Shuu y Laito se fueron. El pelinegro ofreció llevar al castaño pero su hermano mayor se interpuso diciendo que lo haría él y así fue. Esto le pareció sumamente extraño pero aun así no protestó. Después averiguaría lo que estuviese pasando.
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El silencio se instaló en el auto en el que viajaban y el castaño sentía como su garganta hormigueaba para poder esbozar aquella pregunta.
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―¿Cómo te fue hoy? ―canturreó queriendo introducirse en el tema.
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―Traje prácticamente todo ―respondió yendo directamente al punto como sólo él sabía hacerlo―. Tiré la basura y dejé todo en orden. ¡Ah! Lo único que no traje fueron tus "juguetes"―hizo énfasis en la palabra fingiendo indiferencia.
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―¿Eh? ¿Por qué? ―preguntó el menor, haciendo un puchero.
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―¿Pensabas que yo iba a tocar algo por donde no se paso antes? ―respondió contrayendo el rostro y provocando que el oji-verdes riera―. Igual quédate tranquilo… traje tu preciado porno. Perdón, portátil.
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Laito volvió a reír destensándose y metiéndose en una conversación disparatada. Por su lado Shuu se felicitó mentalmente por evadir el tema de Cordelia por el momento. Ya hablarían después de que su hermano se acomodase.
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―Hey, Shuu ―lo llamó, y el mayor asintió dándole a entender que prosiguiera―. ¿Por qué tanto misterio con la chica que le gusta a Subaru-kun? ¿No puedes decirme aunque sea el nombre? Yo…
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―No ―sentenció interrumpiéndolo―, la buscarías y esa no es la idea.
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―Hmpf ―se mofó y se cruzó de brazos, rindiéndose momentáneamente―. ¿En serio le gusta?
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―Es lo más probable ―comentó, girando el volante hacia la derecha―. Por la forma en la que se hablan y en la que ella soporta muy bien los ataques de furia de Subaru… Sin contar que él se queda como un tarado viéndola.
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―Nfufufu ―rio Laito con malicia―. ¿Cómo es?
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―Es bastante ruidosa, pero muy simpática y hermosa ―admitió, con cierto deje de interés―. La vi una sola vez pero… Tiene unas tremendas piernas ―confesó. Laito levantó sus cejas con interés y sonrió.
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―Wow~ Sí que le echaste el ojo ―canturreó―, pero se oye muy interesante ―murmuró frotando su barbilla―. Ahora siento más interés por quien tiene así a nuestro pequeño tsundere, nfu~
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Finalmente llegaron al departamento del rubio y el castaño comenzó a ordenar sus cosas. Mientras tanto, el mayor se cambio de ropa, fue a la sala de estar, se sirvió un poco de licor y se sentó en el sofá frente a la TV apagada. Él no era de beber, se ponía mas "alegre" de lo normal cuando lo hacía, así que no lo bebía a menudo. Sin embargo esta vez se permitió un "respiro". Lo que vendría sería difícil. Escuchó el alboroto que producía su hermano entre idas y vueltas; incluso pudo apreciar con sus oídos como se caían algunas cosas. "No voy a levantarme", se dijo y dio otro sorbo.
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El lugar donde vivía contaba de dos habitaciones grandes, una sala de estar, cocina, lavadero, baño y una pequeña terraza. Había trabajado bastante para darse el lujo de vivir ahí. Incluso su piano y la pequeña vinoteca que tenía a un costado le daban un cierto aire de elegancia a aquel lugar.
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Miró el otro vaso vacio que había colocado en la mesita que estaba en frente del sofá y resopló al escuchar a su hermano acercarse.
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―Ah~ ―suspiró Laito, estirando sus brazos. El castaño se había dado una ducha después de ordenar todo, tenía bastante sueño y pensó en dormirse pero recordó que no le había agradecido a Shuu tanto trabajo. Le trajo prácticamente todo lo que había en su departamento. Observó que el rubio no miraba ningún lugar en especial y que con sus finos dedos de músico, sostenía una copa de wiski que de vez en cuando llevaba a sus labios. Se sentó al lado de él y le dirigió una mirada de confianza―. Mañana ni el diablo podrá levantarte por la resaca si sigues bebiendo~ ―advirtió. El rubio lo miró con incredulidad. ¿Justo él le decía eso?
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Dejó el vaso sobre la mesa después de mecerlo un poco, luego pasó su mano por su cabello y se pregunto bien como diría lo siguiente.
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―Gracias por lo de hoy~ ―agradeció el ojiverdes, al ver lo cansado que estaba su hermano.
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―No hay de qué. Después me las cobraré ―comentó, fastidiando al menor. Miró sus manos y habló―. Me crucé con la encargada y el portero que hace tiempo no veía ―dijo monótonamente y Laito sonrió algo nostálgico―. Aunque también… ―hizo un breve silencio―, a una mujer en frente tu apartamento.
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El silencio inundó la sala por un momento y la tensión en el aire creció. El castaño lo miró sorpresivo, incluso con algo de temor y vergüenza.
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―Así que la viste… ―susurró más para sí mismo y obtuvo como respuesta un "hm"
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―Podemos solucionarlo… ―dijo con voz convincente pero el castaño pareció dudar más. Este se inclinó y apoyó sus codos sobre sus piernas, dejando así colgar sus manos―. El lunes haremos otra orden de restricción y no volverá a molestarte más.
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―No ―esbozó en voz baja sorprendiendo a su hermano y dejándolo sin palabras―. No lo sé…
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―Por cómo te estás comportando no me deja muy en claro que quieras seguir viéndola ―argumentó con tranquilidad.
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―Y-yo ―dijo entrecortadamente―, no sé qué hacer… ―murmuró con mucho pesar―. Todo esto… es una estupidez de desastre, no pensé que terminaría así ―pasó una mano por su cabello como si eso aliviara su nerviosismo pero no fue así. Laito realmente se sentía bastante perdido. Miró a un punto indefinido y entreabrió sus labios―. Hace mes y medio atrás fui a una discoteca con unos amigos. Como siempre bebí, baile, seduje algunas mujeres… lo de siempre ―simplificó sintiendo como si aquello hubiera pasado hace algunas horas―. En un momento, apareció ante mí una mujer hermosa. Creo que por lo oscuro que estaba el lugar no pude verla bien, pero aun así eso no me impidió coquetear con ella. No dijimos nombres ni dimos ningún dato personal para mantener el "encanto". Ella parecía bastante interesada en mí. Incluso se abalanzó sobre mí y me besó ―recordó y su rostro ensombreció. Shuu, por su lado, guardó silencio. Ni siquiera se dio la oportunidad de emitir sonido alguno.
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―Era encantadora pero obviamente muy "fácil" de persuadir. Yo no me negué y también comencé a besarla. El ambiente se volvió más caliente entre nosotros…. ―hizo un breve silencio para considerar si seguir o no con el relato―. Pero en un momento me aparté un poco y la observé bien. Se me hizo conocida y no lograba decir de dónde la había visto antes. Sin embargo, su voz…. Me hizo recordar ―contrajo el rostro con desesperación―. Ella se dio cuenta de que sabía quién era y sólo me dijo: "Ha pasado tiempo, mi pequeño Laito~"
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Se podía sentir su angustia en el aire. Pareció dejar de respirar por un momento y el rubio hizo un esfuerzo sobre natural por no levantarse y comenzar a insultar o ir a buscar a donde quiera que estuviera esa mujer para dejarle las cosas en claro. De golpe, el castaño tomó con sus manos su cabeza y negó varias veces.
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―No tienes idea de lo que sentí en ese momento… ―dijo lamentablemente―. Del asco que sentí, la impotencia y la vergüenza.
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―No tienes porque, no es tu culpa ―intentó alegar Shuu al verlo tan mal, pero Laito lo interrumpió.
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―¿Que no debo? ―Murmuró llanamente y el rubio temió que se desmoronara en el piso―. Siento tanto asco de mi mismo… Sólo un poco más y me la llevaba a la cama, ¿entiendes? ―Preguntó más para sí mismo y el ojiazules tragó seco―. ¡Casi me follo a mi madre! ¡Si hubiera estado un poco más borracho lo hacía! Yo… yo… ―hipeó cerca de un ataque de nervios―. No la quiero… yo la odio por lo que hizo pero aun así… aun así, ¿Por qué yo…? ―soltó con frustración y el rubio se acercó más a él para frotar su espalda.
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―Es porque tú eres mejor persona que ella… ―le respondió sinceramente el mayor―. Por eso lo piensas y reconsideras. Laito quiero ayudarte pero necesito que tú me dejes hacerlo, podemos hacerle esa orden judicial así no se acercara mas a ti…
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―No ―negó y levantó el rostro para ver al mayor y le sonrió―. Quiero hacerle frente yo mismo, estoy cansado de huir de ella… supongo que Kanato y Ayato están igual ―dijo bajando nuevamente la mirada―. Oka… ―se detuvo a mitad de frase para suspirar. tenía miedo de decir lo que pensaba y al parecer el rubio lo entendió.
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―Ahora haremos esto ―sentenció su hermano frotando por última vez su espalda―: estás muy estresado y no piensas con claridad, así que ve a descansar… Cuando lo hayas pensado un poco mejor y más tranquilo seguiremos hablando de esto…
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―Hm… ¿Sientes vergüenza de mi verdad? ―preguntó el menor con pesar.
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―Por supuesto que no ―esbozó firme―. Este originalmente no es nuestro problema, nosotros no lo elegimos. Los que eran los adultos en su momento no actuaron como deberían pero ya pasó… tenemos que tratar de no seguirles la corriente ―respiró hondo―. Yo nunca… ―murmuró poniendo la mano sobre el hombro de su hermano―, sentiría vergüenza de ti o me sentiría decepcionado a menos de que hicieras algo realmente estúpido y que todo aquello fuera obra solamente tuya. Lo mismo va para todos… ―mencionó tranquilizando un poco al castaño―. Sólo asegúrate de no dañar a Oka-san.
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―Hm… Nunca lo haría.
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La semana comenzó de nuevo el lunes. para algunos era un día más y para otros significaba una cuenta regresiva a lo que sería una tormenta. Para Subaru empezó con una jornada de trabajo algo ardua, pues sus compañeros de trabajo sentían curiosidad por lo que había hecho el sábado con "su clienta", así que cuando llego esta, la ametrallaron con preguntas. Ella primero se aclaró la garganta y saludó como todos los días, después contó los eventos muy por arriba mientras le preguntaba al albino si estaba bien por el llamativo color rojo de su rostro. Sí… un día "normal" dentro de todo.
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―¡Vamos, Kanato, o te dejaré atrás! ―le advirtió a su hermano para que caminara más rápido. Había bajado del bus y estaban volviendo a la casa luego de trabajar. Curiosamente estos dos trabajan cerca, así que iban y volvían juntos habitualmente.
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―¡Tsk! ¡Ayato, no seas así! ―le gritó apurando el paso mientras acomodaba su bufanda. En eso, sin querer, le golpeó el brazo a alguien. "perfecto", pensó. Se dio vuelta y a regañadientes dijo―: No fue mi intensión, lo siento… ¡Ayato, espérame! ―volvió a repetir al ver que su hermano no se detenía. Quiso avanzar pero no pudo porque la persona con la que se había topado lo sujetó fuertemente del brazo―. ¿Necesita algo? Yo ya le pedí disculpas… ―comentó a regañadientes, observando con asco la mano que lo sostenía.
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―¿Eso a ti te parece una disculpa? Hazlo correctamente y mírame bien al hacerlo. ¿Quién te crees que eres para verme así? ―soltó aquella otra persona con rencor. El peli violeta se soltó de su agarre y se giró colérico.
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―¿Ah? Ya le pedí disculpas, vuelvo a repetirle. Así que déjeme en paz ―se dirigió con verdadera molestia. Odiaba que un desconocido actuara tan prepotentemente ante él.
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―¡No lo haré hasta que te disculpes correctamente! Mocoso insolente… ―refunfuñó cruzándose de brazos. Ayato al escuchar un grito de su hermano se dio vuelta y lo vio discutiendo con una mujer. Se acercó de a poco y ante el "mocoso insolente" se acerco más rápido. Era cierto… Kanato era un mocoso de porquería cuando quería, pero sólo solía serlo con ellos y con gente que lo molestara realmente.
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―¡Ya le dije que lo sentía, no lo haré de nuevo! ―advirtió.
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―Oy, oy, ¿Qué pasa aquí? ―intervino, y la mujer lo vio con interés.
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―Vaya… ―pasó un dedo por sus labios y sonrió. Ayato se dio cuenta porque su hermano había desesperado era una mujer bastante altanera.
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―¡Tsk! Se ve que la señora tuvo un mal día y como no tenía a nadie con quien descargarse me molestó a mí ―explicó el ojivioleta con intensión de molestar a la mujer.
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―¡Oye! ¿Cómo puedes hablarle a una dama así?
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―¡Espere, señora! ―dijo el pelirrojo―. Ya se disculpó, así que le recomiendo que se vaya a su casa a fastidiar a otra persona.
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―¿Ah? ―Frunció el ceño la mujer―. No puedo creer que sean tan malcriados… ―refunfuño―. Igual que Laito.
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―¿Qué dijo? – demando Ayato sorprendido por escuchar el nombre de su hermano. La mujer peinó un poco su cabello y rio.
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―No debería sorprenderme, después de todo se criaron con esa mujer ―comentó con repugnancia al decir lo último.
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―¡YA ES SUFICIENTE! ―Declaró Kanato―. No sé quién sea pero me parece… no, usted aquí es la malcriada. ¿Cómo se atreve a insultar a la madre de otra persona así? ―dijo irritado. La mujer contrajo un poco el ceño y los observó para después echarse a reír. Incluso se abrazó así misma mientras lo hacía. Los hermanos la miraron con desprecio.
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―Vámonos, Kanato. Está loca ―sentenció. Esa debería ser una de las ex amantes de su hermano que sólo buscaba fastidiarlos a ellos para "vengarse". Aunque de cierta forma le pareció raro que el castaño se metiera con una persona tan…. Desequilibrada. Así que se dieron vuelta con intenciones de irse.
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―¿Qué pasa? ¿Acaso piensan darle la espalda a su madre después de tanto tiempo sin vernos? ―canturreó maliciosamente enderezándose. Los chicos se detuvieron en seco y se giraron a verla. Ayato la miró más minuciosamente y recordó. recordó todo. Kanato también pareció hacerlo―. ¿Y? Kanato, Ayato ¿Me extrañaron?
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―¿Qué es lo que quieres? ―pronunció el pelirrojo rompiendo el silencio. No le agradaba en absoluto volver a verla.
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―Oh vaya… ustedes sí que tienen un carácter especial ¿Acaso no piensas responder primero mi pregunta? ―interrogó fingiendo inocencia.
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―No, no te extrañamos, ni siquiera nos acordamos de ti como puedes ver… ―dijo Kanato duramente, sabiendo que una parte de aquello era mentira, después de todo el seguía conservando a Teddy. Aunque siempre quiso pensar en que la persona que le había dejado ese oso de felpa debía tener algo de cariño por él, pero evidentemente no era así. Intentó tragar un poco para hacer desaparecer ese nudo en la garganta que se le había formado y siguió―. Nosotros deberíamos preguntarte a ti… ¿¡Cómo te atreves a aparecerte así después de tanto tiempo!?
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―¿Qué una madre no puede arrepentirse y volver con sus hijos? Seguramente esa mujer les llenó la cabeza con un montón de barbaridades sobre mí, ¿verdad? Después de todo es una trepadora… ―comentó con odio.
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―¡Cierra la boca! ¡No hables así de mi madre! ―gritó iracundo Ayato.
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―¡YO SOY TU MADRE, MOCOSO! ―Contestó exaltada―. Ustedes tres estuvieron dentro de MI vientre por nueve meses. ¡No en el de ella! ―Se señaló así misma―. ¿Acaso creen que ella los ve como hijos a todos por igual? ¡No! ¡Ella sólo quiere a SU hijo! A ustedes sólo los crio para quedarse con su padre. ¡Entiéndanlo! ―dijo con verdadero odio.
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―¡MIENTES! ―Respondió adolorido Kanato.
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―¿Para qué lo haría? ―Preguntó tranquilamente―. Yo sólo quiero recuperar el tiempo perdido con ustedes… Créanme. Oka-san solo los ama a ustedes; mis pequeños Laito, Kanato y Ayato… ―murmuró con ternura.
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―¡Vete a la mierda! ―gritó el pelirrojo. No lo podía creer, esa mujer era sumamente interesada y embustera.
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―No digas eso… ―susurró con la mirada gacha mientras se acercaba a ellos―. ¿Es que quieres hacerme llorar?
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―¡TSK! N-no me jodas… ―resopló con odio y frunciendo el ceño.
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―¡Oy! ¿Qué pasa? ―se escuchó gritar a alguien. En cuanto levantaron la mirada vieron como Subaru se acercaba trotando a ellos. Los lunes salía antes de la universidad porque ya no tenían más materias, así que siempre llegaba unos minutos después que los dos trillizos. Cuando estaba volviéndose nunca imaginó encontrarse a sus hermanos, en el medio de la vereda, discutiendo tan fuertemente con una mujer. Observó a Ayato que estaba apretando fuertemente los puños y a Kanato reteniendo lágrimas, bastante frustrado. ¿Y la causante de eso? Una mujer de cabello violeta largo. Esta le dedicó una mirada altanera y se dirigió hacia sus hermanos.
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―Y ahí llega el favorito~ ―canturreó―. ¿No me digan que se encariñaron con ese bastardo? ―preguntó divertida.
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―¡No te atrevas a decirle así! ―exclamó Kanato con ira y dio un peligroso paso al frente. Al parecer, Subaru pensó que se le iba a tirar encima a la mujer, por eso lo agarro de atrás.
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―¡Kanato, cálmate! ―Forcejeó el albino con el peli violeta―. ¿Qué paso? ―preguntó viendo al pelirrojo y a Cordelia. No entendía ni un poco lo que estaba pasando.
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―Nada que valga la pena comentar ―declaró el ojiverde mirando a la mujer con indiferencia. Kanato pareció considerarlo por un momento y se calmó. Palmeó tranquilo la mano de su hermano menor y este lo soltó con cuidado. Este los miró extrañado pero decidió seguirles la corriente―. Vámonos ―Ayato prácticamente ordenó y, después de verla una última vez más, se voltearon. Es cierto… no valía la pena.
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―Nos vemos luego… hijos~ ―canturreó y los dos trillizos sintieron recorrerles por la espaldas unos escalofríos. Subaru tuvo el impulso de darse vuelta pero no lo hizo. Ver a sus hermanos así de serios y molestos no le gustó para nada, ni mucho menos saber que estaba así por su madre biológica.
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En el camino de vuelta a la casa no se hablaron, el ojirojos sentía bastante curiosidad pero al ver a sus hermanos así lo hizo quedarse en silencio. Él nunca había visto a aquella mujer ni mucho menos sabía que era la madre de ellos pero… "No le vayas a decir a Oka-san" susurró Ayato para después entrar a la casa, fingir una gran sonrisa al igual que Kanato y encerrarse en su habitación. "Esto no es bueno" pensó.
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No, no lo era se notaba desde lejos que algo no andaba bien y al parecer Shuu también lo notó cuando vino a ayudarlo a estudiar. Él no quería decirle nada antes de poder hablar con ellos pero no pudo evitarlo. El mayor pareció considerarlo y terminó diciéndole que esperara un poco. ¿Cómo quería que espere? Kanato y Ayato tenían el ánimo por el suelo y su madre estaba empezando a darse cuenta de eso.
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Y al parecer no terminó todo ahí, porque Christa había llamado a Reiji para preguntarle si sabía algo que ella no supiera, pero ante la negativa pensó que capaz estaba exagerando. Aun así, al otro día el pelinegro fue a hacerle una visita a Kanato antes de que entrara a la universidad. El menor no lo soportó y se descargó con él. A diferencia del pelirrojo, el no podía guardarse algo por tanto tiempo. Sin embargo en vez de apaciguarlo, logró que estuviera más deprimido pasando el tiempo pensando en las palabras de aquella mujer y en su madre.
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¡Tsk! Nunca había tratado con esa mujer pero Subaru ya sentía que la detestaba ¿Cómo podía causar tatos estragos con sólo aparecerse una vez? Intentó dejar de pensar en eso y se dedicó a preparar otro pedido. Estaba tan metido en sus pensamientos, que cuando cambió un filtro de café sin mucho cuidado, la presión de la maquina hizo que se salpicara un poco de agua residual y cayera sobre su mano.
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―¡Mierda! ―exclamó para después correr su mano, dejar el filtro y mojársela un poco con agua fría. Miró a Jenny con odio. ¿Acaso la maquina se había aprovechado de su descuido para volver a joderlo?―. Desgraciada… ―murmuró y se reprendió así mismo por pensar tal estupidez.
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―¿Hm? ¿Qué pasa, Subaru? ¿Por qué andas de tan mal humor? ―preguntó Ahome desde su asiento. "Cierto, ella está aquí" pensó y volvió a reprimirse. Sabía que estaba ahí pero, particularmente esa mañana, no estaba tan charlatana como de costumbre. ¿Ella también se había dado cuenta de todo con solo verlo? Se molestó de nuevo y lo negó mentalmente.
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―No me pasa nada ―contestó cortante.
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―¿En serio? Pareces bastante irritado, incluso Gil no te molesta ―señaló, apoyando su rostro en su mano mientras lo miraba seguir trabajando de espaldas―. Me atrevería a decir que estas de tan mal humor que pareces paspado ―finalizó riendo. El albino, quiso darse vuelta y discutirle como siempre ¿Cómo se le ocurrían esas cosas? Pero algo no lo dejó, era esa preocupación que sentía. Así que se volteó levemente y la miró algo irritado.
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―No estoy de humor para tus chistes baratos…
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―¿Eh? ~ ―se quejó ofendida―. Ya me di cuenta que estas con un humor de los mil demonios… Doña Cólera ―refunfuñó haciendo un puchero.
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―Ya basta, en serio no… ―dijo seriamente sorprendiendo a la azabache―. No vuelvas a molestarme por favor ―pidió al voltearse. Se sintió como un idiota por hablarle tan secamente, después de todo ella no le había dicho nada y sólo estaba tratando con él como todos los días.
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Ahome palmeó la barra con sus manos para luego levantarlas como si se estuviera rindiendo por el momento.
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―De acuerdo, no te molestaré más ―comentó pacíficamente.
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Después de eso, no volvió a dirigirle palabra alguna. Aunque el de vez en cuando se giraba a verla para corroborar que seguía ahí. Cuando se fue le susurró un rápido "Adiós, Subaru" y desapareció tras la puerta del local. "¡Lo arruiné!" volvió a pensar y esta vez el golpeó la mesa. No era momento de estar pensando en eso, no era momento para pensar en nada en particular. No sabía qué hacer, que decirle a sus hermanos y madre. Quería ayudar pero… ¿Cómo? Se enojó consigo mismo por verse tan inútil ante aquella situación.
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Y todo iba de mal en peor, al otro día la ojivioletas ni siquiera se apareció, sus hermanos seguían igual a diferencia de Kanato que ya no andaba con Teddy por la casa. Ese día ya no aguantó más y encaro a Ayato en su cuarto. Este al verlo se sorprendió e incluso trato de echarlo pero él no se retiró.
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―¿Qué piensas hacer? ―le preguntó al pelirrojo y en respuesta recibió una expresión de confusión―. Sabes de qué hablo…. No sé qué hablaron con esa señora pero…
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―Esa mujer es mi madre ―murmuró con fastidio para después resoplar e intentar calmarse―, la de Kanato y Laito.
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―¿Y Oka-san? ―dijo con algo de miedo por lo que podría recibir como respuesta. El ojiverdes lo miró con algo de desesperación en sus ojos y se dejó caer en su cama. Subaru siguió parado delante de él esperando que aunque sea emitiese algún sonido. Él era su hermano, no importa quien fuese su madre biológica, siempre fue así. Todos lo sabían.
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―Oka-san… ―esbozó lentamente mirando a la nada―. Ella es nuestra madre y eso nunca nadie lo va a cambiar. Sólo que… ―el albino pareció contener el aire mientras Ayato buscaba las palabras adecuadas para responderle.
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―¿Quieren estar con ella? ―interrogó preocupado el ojirojos y en respuesta recibió una mirada incrédula.
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―¡Por supuesto que no! Ella nos abandonó por un manojo de dinero, ni cuando tuvo la oportunidad nos cuidó. Es toda una desconocida que ahora seguro se acerca por algo ―dijo confiado―. Ninguno de nosotros quiere irse con ella, sólo que… ―pareció dudar nuevamente. Al pelirrojo le era muy difícil decir lo que sentía y esta situación no hacía más que complicarle más las cosas. El albino al verlo dudar tanto decidió que si lo seguía mirando fijamente lo iba a incomodar más, así que se sentó en la cama al lado de él. Sólo ante esta acción su hermano respondió―. Hablamos con Laito de eso y está muy raro… esa mujer lo fue a ver antes que a nosotros, no sé qué le habrá dicho pero lo dejó confundido la muy bruja… ―comentó con algo de resentimiento mientras apretaba sus puños.
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Y ahí Subaru cayó en cuenta del por qué Shuu le pidió que esperara, él estaba intentando ayudar a Laito seguramente. Sin embargo… si ellos no querían ni verla ¿Por qué entonces se preocupaban tanto?
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―Creo que… saber que la persona que te dio vida ni siquiera te quiere y que sólo se aparezca para fastidiarte ―comento algo serio―, es molesto. Eso es todo ―finalizó encogiéndose de hombros.
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El albino no podía decir que lo comprendía ni que mucho menos tenía una respuesta a sus problemas, sólo le quedaba…
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―Pero… por suerte nosotros tenemos a Oka-san que nos ama ―dijo algo que era obvio pero que en ese momento fue muy significativo―. Creo… que no vale la pena preocuparse por alguien a quien no… ¿Eh? ―no pudo terminar de hablar porque Ayato palmeó su hombro. Cuando giró su cabeza pudo ver que este lo miraba con agradecimiento y cariño.
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―Lo sé, lo sé muy bien, Subaru… gracias.
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Ayato por su parte se sintió verdaderamente agradecido, sabía que su hermano menor era un manojo de nervios vergonzoso andante y que le tomó un gran esfuerzo hablarle así. Pero él aun así se sentía muy idiota por preocupar a tanta gente y por no poder hablar libremente con Kanato y Laito. Ellos tres podían compenetrarse bastante bien para algunas cosas pero en otras, como esta, eran un desastre e inclusive se evitaban. "Soy un imbécil" se recordó intentando justificar su idiotez. "Bueno, ¿qué se le va a hacer?".
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Dejó el hombro de su hermano que trató de balbucear algo no logrando emitir palabra alguna. Se tiró hacia atrás estirando lo brazos murmurando "Qué fastidio". Al parecer el menor no entendió muy bien lo que pasó, pero pudo notar otra determinación en los ojos del pelirrojo y eso lo hizo aliviar más.
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―¡A comer! ―escucharon a su madre llamarlos y decidieron obedecerla rápidamente.
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En cuanto llegaron a la mesa notaron que Kanato no estaba. Subaru se levantó con la intensión de sacar a rastras a su hermano mayor de la habitación, pero fue detenido con su madre. Él quiso decirle algo pero esta negó y se volvió a sentar.
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―Kanato dijo que no tenía hambre ―comentó preocupada Christa y Ayato tragó grueso―. Eso me preocupa. Últimamente no está comiendo muy bien. ¿Saben si le pasa algo? ―preguntó interesada.
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―Deben ser los exámenes ―respondió rápidamente el pelirrojo―. Ya sabes cómo se pone cuando está nervioso. De seguro dentro de un rato baja a comer algo, Oka-san ―comentó indiferente y su madre pareció calmarse un poco.
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Lo que no sabían era que Kanato se encontraba acostado en su cama con una carta en sus manos. Teddy estaba en una silla lejos de él y lo único que iluminaba la habitación era la luz de la luna. Las palabras de aquella hoja de papel arrugada, debido a que en el momento en la que la recibió la estrujó con furia, paseaban por su mente una y otra vez atormentándolo. "No me abandones, por favor, hijo…" decía la posdata. Le pareció sumamente frustrante que aquella mujer le digiera eso, sabiendo que probablemente, a pesar de que ella los descuidó tanto en su momento la extrañaron cuando se fue. Sin embargo eso no lo tenía pensativo.
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Lo que lo atormentaba eran los argumentos contra su madre, Christa. Eso le dolía más que cualquier cosa, la palabra mamá la asociaba automáticamente con la albina. Varios recuerdos con ella y sus hermanos tocaron la puerta de su conciencia. De cierta forma, el malestar que sentía no era solo suyo… no. Lo podía sentir claramente, también era el de Laito y Ayato.
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En ese momento donde todos se desencontraban solo podían coincidir en una cosa; por nada del mundo querían que su madre sufriera y si ellos representaban un peso para ella… ellos simplemente harían lo que tenían que hacer.
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Fin del capitulo 5 :D espero les haya gustado, recuerden dejar sus reviews de que les parecio ;)
¡Nos leemos luego!
