Uf! si que tarde esta vez en actualizar pero aqui les traigo otro cap de "Aroma del Encuentro" un AU de Diabolik Lovers :D Espero lo disfruten como yo lo hice al escribirlo ;)

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Les quiero agradecer mucho a todas las personas que se toman un poco de su tiempo para leer mi historia y comentarla (de veras me animan mucho a seguir) También le agradezco a Marce por corregir mis horrores ortográficos :) Recuerden dejar sus reviews :D

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Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenece, si la historia y Ahome

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CAPITULO 6

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―¡Megu, ya está el pedido! ―avisó monótonamente Subaru. Esta lo tomó sin más rodeos y siguió atendiendo. Dio un vistazo general a la cafetería notando que faltaban pocos clientes que atender, ya eran las 11hs am. Suspiró por… ya había perdido la cuenta de cuantas veces había suspirado; lo único que sabía era que estaba bastante frustrado.

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Ayer había hablado con Ayato, cosa que lo dejó más tranquilo, pero aun así Kanato era otro asunto. Esa mañana los escuchó, claramente, discutir y sólo se callaron cuando su madre les preguntó qué les pasaba. Y ante eso sólo lograron huir "disimuladamente". Ciertamente, el pelirrojo intentó hablar sinceramente con el peli violeta pero le era muy difícil. Los dos tenían personalidades muy fuertes y ni hablar de Laito. Oh… ese sí era un reto.

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El castaño, por su lado, seguía algo incomodo ante el asunto obviamente ocultándoles lo que había pasado con Cordelia. Tanto Shuu y Reiji estaban esperando a que hablaran entre ellos primero, aunque el segundo de la familia se mostraba más impaciente por adelantar la charla, no podía hacer nada. Los trillizos en eso eran un mundo aparte. Y sumándole a todo eso, su madre ―que no era ninguna idiota―, ya con sencillamente mirarlos les daba la seguridad de que ella sabía que estaba pasando algo, pero que no hablaría hasta que se lo dijesen o que vea que la situación ya les estaba haciendo muy mal. Era irónico, pero no por nada todos tenían parte del mal carácter amenazador de su madre, esa mirada de "se me que estas ocultando algo y lo descubriré". Daba miedo a veces…

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Mientras acomodaba las tazas frunció el ceño con pesadez, y aunque le pareciera estúpido hasta incluso enfermizo, le estaba desagradando por completo tanto silencio. Se giró y ella no estaba. Era el segundo día que rompía su intachable record de asistencia a su café de las 10 hs am, por motivos desconocidos para él. "Capaz tenia cosas que hacer", intentó justificarla, pero el recuerdo de él diciéndole que no lo molestase le escupió cruelmente en el rostro diciéndole: "Tú fuiste quien la echo". ¡Tsk! "¡Mierda, mierda, mierda!", negó con pesadez, cerrando los ojos por un momento intentando brevemente desconectarse del mundo. No era momento para pensar en algo tan… trivial, intentó convencerse. Pero aun así, la culpabilidad y el malestar rasgaban con fuerza su pecho mientras que la preocupación golpeaba, constantemente, su nuca.

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―¡Oye, mocoso! ―lo sacó de su ensoñación su jefe―, te estoy hablando. Caray… ¿Qué haces holgazaneando? ―reclamó cruzándose de brazos y en respuesta sólo recibió un asentimiento. Esto le pareció raro al mayor, incluso buscó respuesta a su duda mirando a Jennifer, pero no encontró nada. Ella no era causante de su mal humor―. Oye… ―lo llamó de nuevo―, ¿necesitas más días de estudio? Puedo dártelos…

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―¿Hm? ¡Ah! No, todavía no… gracias igual.

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―¿Necesitas dinero? ―preguntó, pero el albino sólo negó―. ¿Vacaciones? ―misma respuesta―. ¿Alguien te está acosando por ahí? ―para esta pregunta Subaru simplemente resopló. Al gerente le sorprendió que su carácter irritado no haya surgido, así que pensó que sea lo que lo estuviera mortificando era grave. Y entonces con la experiencia a cuestas, le dijo―: ¿Sabes? A veces las personas olvidamos que los problemas pueden solucionarse hablando y en vez de hacerlo callamos; y el que calla, otorga ―finalizó para después sonreírle y dejarlo trabajar. El ojirojos quedó más confundido que antes pero apreció sus palabras de igual forma. Se avergonzó un poco por hacer tan notable su problema y entonces decidió que por lo menos, ahí, dejaría de atormentarse.

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Más tarde, luego de pasar por su casa para almorzar y recoger su bolso, fue a la universidad. Se concentró de lleno en la clase; lo que menos tenía que hacer en esos momentos era dar más problemas, así que él también se esforzaría por avanzar. Esa determinación se mantuvo firme hasta los primeros quince minutos de la clase. Bueno, sabía que matemáticas le costaba un poco más que las otras materias, así que no desesperó. Sintetizándolo hizo todo lo que pudo, para el cambio de hora y receso decidió salir al patio de aquel modulo para despejarse un poco. Caminó por aquellos largos pasillos al aire libre y de cierta forma, parecía estar en modo "automático". Se dirigía a ningún lado en particular y no haría nada en especial. Había salido con la chaqueta en manos, al igual que su bolso y sólo se cubría con su suéter y bufanda. El frío no le era tan desagradable que digamos; él sentía que cada pequeña ventisca que chocaba con él le daba ánimos para avanzar.

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―¿Es un estudiante nuevo? ―oyó que murmuraron.

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―¿En esta época del año? No lo creo. Capaz está visitando el modulo para conocerlo ―comentó la otra chica. E inmediatamente se armó un barullo. Claro, uno en el que él no participó.

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Entonces se desvió de su camino para atravesar el patio principal que estaba cubierto de césped.

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―¡…baru! ―escuchó las dos últimas silabas de su nombre y por inercia giró―. ¡Subaru! ―exclamó de nuevo aquella persona y se le acercó corriendo con una implacable sonrisa de alivio en su rostro. ¿Cómo era posible?, pensó―. ¡Qué alivio! Al fin te encontré ―exhaló. Al parecer había estado corriendo por ahí porque le hizo una seña con su dedo de que aguardara un momento.

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―Aho――

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―¡Lo siento! ―se disculpó para después hacerle una leve reverencia―. Yo… Yo… ―se levantó para verlo decidida―. No pude esperar más, yo quería decirte que lamento mucho el haberte incomodado tanto. ¡Juro que no era mi verdadera intensión herirte o algo así! Yo sólo estaba bromeando pero… ¡Ahh! ―habló bastante rápido y sin pausas. El albino se dio cuenta que se habían vuelto el centro de atención, así que no la dejó terminar y la arrastró del brazo hacia una parte más deshabitada del módulo. Una vez solos la observó dudoso. Realmente eso no se lo esperaba.

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―Desde el principio… ―esbozó, dejando a un lado sus pertenencias―. ¿Qué haces aquí? ―preguntó intentando no sonar tan duro.

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―Hm… Yo quería disculparme contigo por lo del otro día, verás ――

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.―No hace falta, tú no tienes la culpa de nada. Era yo el que estaba de mal humor ―aclaró rápidamente Subaru, desviando su mirada.

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La azabache, en cambio, lo miró preocupada y decidió decirlo de una vez por todas. Lo tomó por los hombros obligándolo a verla con una mirada amable.

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―Primero escúchame por favor ―le pidió amablemente y él relajó sus hombros―. Subaru… yo ―relamió por un segundo sus labios para deslizar después sus manos hacia los antebrazos del joven. Este descubrió que su mirada, mas una caricia como esa, podrían desarmarlo rápidamente como en ese momento―, estoy preocupada por ti. No sabía cómo preguntarte o decirte algo sin ser tan entrometida ―confesó acariciando levemente los brazos de él―. P-pero… sólo fui imbécil y en vez de animarte te fastidie aún más ―dijo con un tono de voz avergonzado y desvió su mirada hacia las manos del muchacho. Eran tan pálidas y grandes pero cuidadosas… sin embargo estaban expuestas a aquel frío sin ni siquiera retorcerse. Así era como ella lo veía a en el aquel momento y no quería que siguiera de esa forma. Suspiró silenciosamente y levantó su rostro para encontrarse con la mirada culpable de él.

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―Sé que sólo soy una conocida y que no tengo ni el más mínimo derecho de decirte estas cosas pero… lo haré aun así: discúlpame ―remarcó Ahome volviendo a verlo a los ojos llenándose de valor―. No tengo idea de lo que te está pasando o si te sucedió algo, sin embargo…. Si hay algo en lo que pueda ayudarte, aunque sea en lo más mínimo, dímelo y lo haré ―sentenció prácticamente suplicándoselo. Esta vez sus manos se deslizaron hasta las de él sujetándolas con aprecio―. Si necesitas que te escuche, te acompañe, hable, golpee a alguien o si simplemente quieres que nos quedemos en silencio mirando a la nada… yo lo haré. En serio… quiero que me dejes ayudarte, no me gusta verte así. Yo… estoy aquí para ti ―finalizó sorprendiéndolo por sus palabras.

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El albino no supo que pensar, únicamente quiera escuchar lo que ella decía atentamente. Sintió como el ruido de fondo se esfumó y su mirada se centró más en aquellos profundos orbes violetas; eran preciosos. cada vez que los veía pensaba lo mismo. Al principio no entendió muy bien el porqué de su visita y menos aquella preocupación que llevaba encima. Y ahora esto… ¿Qué quería lograr? ¿Quería que le dijera que para él no era una simple conocida, como ella misma se había catalogado? ¿Qué sus cálidas manos estaban alejando todo el estrés que sentía? O… ¿Qué se sentía completamente indefenso ante ella en ese momento? Simplemente no supo qué decir o hacer.

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―Hm… si quieres puedes mandarme a la mierda o incluso no hablarme mas pero déjame intentarlo ―continuó ella, con seguridad para después ablandar su mirada―. No me gusta ver cómo te aíslas porque estas triste, Subaru… por favor… ―susurró con un tono de voz tan aterciopelado que le hizo bajar aún más sus defensas. "¿Por qué…?", se preguntó, sintiéndose completamente al descubierto.

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Y tal vez fue por alguna expresión que él hizo o porque dio justo en el blanco, pensó que nunca lo sabría realmente. Sin embargo lo único que podía ver eran los largos cabellos oscuros de Ahome danzar con gracia entre sus manos, sintiendo unas desesperadas ansias por acortar aun más la distancia que había entre ellos. Así que rodeó la cintura de ella, aceptando gustoso aquel abrazo. No pudo distinguir en que momento ella se había abalanzado sobre él y rodeó su cuello con sus brazos para abrazarlo tan tiernamente. Ni mucho menos cuando, él mismo, lo aceptó tan desesperadamente enterrando su rostro en el hueco del cuello de ella. Desprendía un aroma tan delicioso que instintivamente cerró los ojos e inhaló profundo para llenarse de él.

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Pudo olvidarse de absolutamente todo: la vergüenza, el odio, las preocupaciones y del frío, porque ella se estaba encargando de envolverlo con su calidez. Entonces ser permitió actuar libremente una vez más atrayéndola un poco más a él y acariciando sus juguetones cabellos que tanto le gustaban. Se sentía tan endemoniadamente liberador, su corazón le exigía que hablase con ella y su mente parecía estar de acuerdo con la sugerencia. Ese silencio reconfortador era lo que necesitaba.

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Luego de unos momentos, se separaron lenta y cuidadosamente. Él la deslizó con cuidado de sus brazos, mientras se erguía de a poco, muy a su pesar, y ella antes de soltarlo, acarició por última vez sus manos. Aún parecían estar envueltos en aquella atmosfera cálida contradiciendo totalmente al clima. Ella lo contempló con una mirada llena de dulzura, con su infaltable sonrisa complementándola y un leve sonrojo que la hacía aun más hermosa de lo que ya era. Nuevamente se las había ingeniado para irrumpir estrepitosamente en su mente. Subaru, momentáneamente, aceptó su derrota y rio para después darle un leve golpe en la frente con su dedo índice.

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―Eres muy charlatana ―susurró. Esta frotó aquel lugar por inercia e hizo un puchero―. No me mires así, ya te había dicho que no me pareces una verdadera molestia. Tú supusiste mucho y sacaste tus propias conclusiones ―aclaró con un tono de voz medio altanero. Ella pareció querer contestar pero él la interrumpió―. Gra…gracias por hacerlo y venir hasta mí ―se sinceró agradeciéndole de corazón. ¿Pues qué más podía decirle? No iba a mentirle, ella había llegado como un huracán en el momento indicado. Suspiró levemente, la razón y el pudor estaban volviendo a tocar la puerta de su conciencia y no sabía hasta cuando podía ignorarlos tan libremente.

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―No tienes por qué agradecerme, idiota ―le contestó, sonriente al notar el sonrojo de este.

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El ojirojos se sonrojo aún más. Recién estaba cayendo en cuenta de todo lo que había pasado. Instintivamente miró hacia sus costados y por suerte no los había visto nadie, al parecer. La observó nuevamente y notó que le sonreía apaciblemente. Pensó que ya no tenía sentido asistir a la siguiente clase sin antes hablar con ella, así que le propuso ir a algún bar o café ya que estaba muy frío afuera para charlar al aire libre. A ella le fascinó la idea de que él optara por el dialogo así que no se opuso, recogieron sus cosas y salieron del módulo.

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―¿Estás seguro? ―preguntó Ahome.

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―Sí, ya te dije que sí… ―intentó mantenerse lo más tranquilo posible al responderle pues al parecer, la ojivioletas sentía algo de culpa por hacerlo faltar a clases y le había preguntado como ya cinco veces si estaba seguro. En ese momento fue cuando cayó en cuenta de algo, se detuvo de golpe y la observó queriendo modular alguna palabra sintiéndose miserable de sólo pensarlo―. Tú… ¿No deberías estar en el trabajo? ―Lo dijo. En cuanto a ella, sólo asintió con fuerza―. ¿¡Entonces que haces aquí!? ¡Maldición! ―maldijo intentando pensar en alguna solución―. ¡Ah! Puedo conseguirte un certificado médico, mi madre es pediatra y aun se habla con sus viejos colegas, así que si le explicamos supongo… ¡NO! ―negó sabiendo que aún no podía decirle nada a su madre. Ahora se sentía peor, no solo no podía ayudar a sus hermanos sino que fastidiaba a quienes intentaban ayudarlo a él. Ese manojo de pensamientos masoquistas fue cortado, abruptamente, por la carcajada de la azabache. ¿Es que recién se daba cuenta de las consecuencias de sus actos?

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―¡Ya basta! ―rio ella, nuevamente―, ¡eres un exagerado! Le pedí el día a mi jefe, y como nunca había faltado no tuvo problema. Ayer adelanté bastante trabajo y organicé toda su agenda y papeles, otro secretario no debería tener inconvenientes para solucionar algún problema ―sintetizó, restándole importancia, pero el ceño fruncido en el rostro del joven mostrando su disconformidad la confundió un poco―. ¿Qué pasa?

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―No deberías haber hecho eso… tomarte tantas molestias por mí… ―murmuró volviendo a retomar la marcha. La azabache tuvo que dar unas cuantas zancadas para alcanzarlo.

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―A la salida del trabajo intenté encontrarte en la plaza pero no tuve éxito y molestarte en el trabajo no me pareció… viable ―dijo por decir―. Así que decidí visitar tu módulo ―comentó orgullosa.

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―¿Eh? ¿Desde hace cuanto que estabas ahí? ―preguntó incrédulo.

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―Dos horas ―contestó sin más―, es que… se me olvidó preguntarte varias cosas… ―comenzó a jugar con sus propios dedos intentando que su despistaje pasase desapercibido. Giró un poco su rostro para mirarlo y lo encontró observado el suelo haciendo una mueca de frustración―. ¡Después de todo me vino bien! Hace tiempo que no hacia turismo por ahí y… además quería verte. ¿Eso está mal? ―confesó, logrando que él se girara a verla. Su rostro sorprendido era todo un espectáculo según ella; sus hermosos ojos rubíes resaltaban con un brillo sin igual y sus finos labios entreabiertos eran bastante llamativos. Le sonrió tiernamente asegurándole aun más sus motivos.

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―Y-yo… ―balbuceó Subaru, volviendo a girarse―. No, no está mal pero, ¿por qué… te tomas tantas molestias por mí? ―esbozó al fin librándose de aquella pregunta que lo torturaba y mirándola de reojo.

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―A ver…. ―canturreó posando uno de sus dedos sobre sus labios―, ¿por qué será? ―inclinó su cabeza con duda fingida―. ¡Ah! Porque me agradas mucho, Subaru, y por eso no quiero verte mal. Eso es todo. Para mí eso es suficiente como para hacer esto ―y nuevamente las mejillas del albino se tornaron rojas. Después de procesarlo por un momento, cerró los ojos y se echó a reír. Ella era realmente un caso excepcional.

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―Si estás bien con eso entonces yo no tengo por qué quejarme. Haz lo que quieras ―dijo sonriéndole sinceramente. Por alguna extraña razón se sentía muy bien. No tenía por qué fingir o mucho menos ignorarla. Eso sí, trataría de no preocuparla tanto y hablarle directamente de frente, ya que ahora sabía que la azabache era algo extremista―. Ahora apurémonos y entremos a algún bar ―comentó, guiándola animado.

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Ya dentro del local, le contó lo que había pasado con su familia. Obviamente no supo por dónde empezar pero supuso que lo indicado era comentarle que eran hijos de distintas madres para que comprendiera un poco mejor la situación. En todo ese tiempo, Ahome, estuvo en silencio. Sólo pregunto una que otra duda sobre la explicación de él. Pensó que estaría incomodo ya que ese tema era muy delicado para él y nunca lo había comentado con otras personas que no fueran sus familiares, ni siquiera con su anterior novia. Sin embargo ella parecía entenderlo. Al finalizar el relato, ella se removió en su asiento ante el ansioso silencio que él mismo había provocado. De una u otra manera, le pidió su punto de vista y se lo dio.

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Ella pensaba que lo mejor era que los trillizos solucionaran la trifurca entre ellos para después hacerle frente a su madre biológica. También los llamó estúpidos a los seis por subestimar a su madre: "Aparte de ser mujer es su madre", resumió haciéndole notar que todos sus intentos para disuadirla del tema eran inútiles. "Los ama a todos y eso es lo que cuenta", agregó y el albino se sintió mejor por encontrar a alguien que pensara como él en ese aspecto.

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Después de la charla, la acompañó hasta la parada de bus y le agradeció por haberlo escuchado. Ahome le respondió con un tono de voz altanero bastante fingido; "Puedes llorar en mis hombros cuando quieras". Sin embargo nunca se desvaneció de su rostro aquella sonrisa sincera que a él tanto le gustaba, ni mucho menos aquellos ojos llenos de ilusión y cariño. En cuanto partió, se dio el lujo de respirar; varias veces, a lo largo de las horas anteriores se había olvidado de hacerlo, recordó con bastante pena. Aun así se sintió mucho mejor por haber podido hablar con alguien, de alguna manera extraña también pudo aclarar sus ideas y lo que quería y debía hacer.

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Esa misma tarde, Laito, fue a visitar a Christa para no levantar sospechas. En cuanto llegó, esta lo recibió muy feliz. Comenzaron a hablar del trabajo y de la universidad. El castaño obviamente evitaba el tema de su departamento y todo lo que pudiera levantar sospechas sobre la situación.

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―¡Sorpresa! ―exclamó la albina luego de ir a la cocina y volver con una bandeja con bocadillos―. Macarrones franceses hechos con mucho amor~ ―canturreó viendo el rostro lleno de felicidad de su hijo. Este, sin más preámbulos, atacó la bandeja mientras su progenitora le servía algo de té―. Qué lindo ―dijo riendo y viéndolo con ternura.

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―Oka-san~ ya no soy un niño ~ ―hizo un puchero a la par de que tomaba otro macarrón.

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―Todavía recuerdo la primera vez que me pediste que te hiciera algunos ―recordó ignorando su comentario―: los habías visto en un comercial y desde ese momento quisiste que te los cocinara. Sin embargo no pude hacértelos tan pronto porque cada vez que lo intentaba se me quemaban o quedaban chiclosos ―comentó con una mueca de disconformidad. Ciertamente él no recordaba nada de eso, sólo el día que se los dio―. ¡Ah! Pero cuando lo logré y te los di saltaste de alegría ―mencionó con felicidad―. Recuerdo tu preciosa carita sonrojada y manchada diciéndome: "¡Están deliciosos mami!"

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El relato de ella, de cierta forma, lo hizo sentir más culpable. No quería mentirle ni mucho menos lastimarla.

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―Yo ya no soy ese niño ―comentó lastimero.

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―Es cierto, ya eres un hombre ―reflexionó ella, viendo el techo para después dejar escapar un suspiro. Laito pareció sumergirse por un momento en aquella realidad y asfixiarse un poco ante todos los problemas que lo abordaban―. Pero aun así… ―lo sacó de su ensoñación la mujer de ojos rojos al observarlo con total ternura―, eres mi pequeño príncipe. No importa qué edad tengas, para mí siempre serás mi pequeño amante de los macarrones ―finalizó algo llorosa.

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―Oka-san ―murmuró, intentando acercarse para consolarla pero se detuvo al sentir que esta acaricia sus cabellos con amor.

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―Comprende que Oka-san se pone sensible al verte creer tan feliz y fuerte. Un hijo es la mayor bendición para una madre, por eso queremos que sean felices ―explicó sonriente mientras se secaba las lágrimas. El menor tragó incómodo y dejó la comida en la mesa.

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―Lo siento… ―murmuró y Christa lo observó con duda. Él iba a seguir hablando pero el timbre de la casa sonó. Esta se levantó a abrir la puerta y se sorprendió al encontrar a Reiji.

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―¿Hm? Hola… ¿Hijo, por qué no usas la llave? ―preguntó dudosa, y este en repuesta colocó un dedo sobre sus propios labios pidiéndole silencio. Y el castaño al notar que su progenitora no volvía se aventuró a alcanzarla. Nunca se hubiera imaginado lo que pasaría después.

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En cuestiones de segundos, su hermano mayor lo sacó de la casa disculpándose con su madre y comentándole que vendrían luego. Y a pesar de sus quejas no se detuvo, sino que señaló su auto ordenándole que subiera a él y se callara.

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―Es hora de aclarar este asunto ―sentenció el ojos magenta. El castaño negó lentamente mientras se irritaba de a poco. No podía obligarlo.

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―¡Vamos, Laito, deja de hacernos esperar! ―exclamó Ayato, apareciendo de la nada y tironeándolo hasta la puerta del coche.

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―¡Suéltame! ―ordenó Laito, muy molesto―. ¡No pueden obligarme a esto! ¡No es asunto suyo!

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―Oh, claro que sí lo es. ¡Al auto! ―volvió a ordenar el azabache pero, aunque el pelirrojo intentara adentrarlo al coche, no lograba subirlo.

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―¡Ya me tienes cansado con esa mierda! ―gritó Subaru, que hasta el momento se encontraba observando la situación. Tomó por detrás a su hermano y lo introdujo, sin ni un poco de sutiliza, en el asiento trasero del vehículo, sentándose con él e impidiéndole el paso mientras que, el mayor de ellos, cerraba con el seguro las puertas luego de que ingresara Ayato―. Intenta escaparte y te dejaré inconsciente ―amenazó el menor.

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―No es para nada justo lo están haciendo… ―remarcó seriamente Laito―. Tú deberías estar de mi parte, Ayato.

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―Lo estoy, por eso mismo estamos haciendo esto ―dijo el pelirrojo también serio―. Tenemos que dejar de escapar… ―murmuró y el otro trillizo no comento nada más.

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El camino hacia el departamento de Reiji fue en completo silencio. ¿Cómo llegaron a todo eso? Pues Ayato había intentado hablar con Kanato pero solamente lograron terminar discutiendo. Así que se cansó y habló con Subaru, los dos les pidieron ayuda a sus hermanos mayores, muy a regañadientes del pelirrojo, para que los ayudaran a dialogar de una vez por todas. Ya que dos de los trillizos estaban totalmente negados a charlar sobre el tema. Además debían hacerlo en privado y en algún lugar que no fuera la casa de su madre.

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Al llegar al lugar se encontraron con Kanato y Shuu sentados en la sala de estar. El peli violeta se sorprendió al verlos pues había ido solamente a tomar algo con sus hermanos mayores; nunca esperó verlos a todos juntos. Miró al rubio molesto y este simplemente se encogió de hombros, sabía perfectamente para qué se habían reunido.

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―Bien, ya saben todos porque estamos aquí ―rompió el silencio Reiji, luego de que todos tomaran asiento―. Déjense de hacerse los desentendidos, todos sabemos todo y TIENEN que ponerse de acuerdo para poder proseguir con lo que quieran hacer ―hizo énfasis el pelinegro. Si bien no le gustaba para nada la situación, no podía dejar a sus hermanos menores a la deriva.

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―Este no es asunto suyo, ya te lo dije ―volvió a remarcar el castaño muy molesto.

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―Claro que lo es ―contrarrestó Shuu, que en todo ese tiempo esperó a que su hermano menor decidiera actuar. Sin embargo ante su negativa e inactividad decidió moverse el mismo.

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―¡Tsk! ¿Por qué no nos dijiste que te había ido a ver primero? ¿Ah? ―increpó irritado Ayato.

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―Eso no hubiera cambiado nada.

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―¡Claro que sí! Nosotros hubiéramos… ―murmuró el pelirrojo sin saber que decir exactamente.

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―¿Qué? ¿Ves que no hace la diferencia? ―comentó altaneramente el ojiverde.

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―Laito… ―susurró Kanato―, es obvio que nos incluye a todos. Somos trillizos imbécil, también es nuestra madre y además ha comenzado a fastidiarnos ―dijo con ira tirando un sobre encima de la mesa―. Hoy me mandó otra carta y me la crucé yendo al trabajo.

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―¿Pero qué rayos? ―maldijo el pelirrojo.

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―Ya es la tercera ―comentó Kanato, quejumbroso―, y siempre habla mal de Oka-san en ellas. Es imperdonable ―murmuró con rencor.

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―Ella no puede acercarse a Oka-san, así que quédate tranquilo por eso ―esbozó Reiji con seguridad.

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―¡Pero ella sigue atormentándome! Me amenazó con que vendría a verme más seguido ―espetó bastante alterado el ojivioleta―. ¡Es terrible esa mujer! No sólo no le importamos, sino que quiere arruinarnos la vida.

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―¡Ya basta! ―gritó Laito, perdiendo los estribos―. Ya es suficiente… ―apretó fuertemente sus puños y miró el suelo. Estaba muy cansado. La culpa lo estaba carcomiendo sin piedad y el hecho de que sufrieran también sus hermanos lo destrozaba por dentro. Su mente pedía a gritos un respiro, no dejaba de atormentarse el mismo por no poder hacer nada más que observar la situación. Todo fue… porque no la rechazó en primera instancia, pensó castigándose duramente.

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―¿Laito…? ¿Qué pasó? ―preguntó suavemente Ayato. Nunca había visto a su hermano así. Este levantó el rostro y lo observó con una gran pena en la mirada. Luego miró a sus demás hermanos, ellos no se merecían eso, ya no servía de nada mentirles. Respiró profundamente, como si estuviera a punto de derrumbarse con la más leve ventisca.

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―Casi me llevo a la cama a Cordelia el día que vino a verme ―confesó, para después cerrar los ojos con fuerza

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Un silencio abrumador azotó con ira la sala en ese momento. No lo podían creer, por más pervertido que se comportara él, sabían perfectamente que no haría eso.

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―¿Estas bromeando, verdad? ―dijo incrédulo el pelirrojo luego de intentar procesar la información. Y en repuesta el castaño tomó su cabeza entre sus manos.

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―Qué asco… ―murmuró Kanato sin ser capaz de medir sus palabras y el impacto que producían estas en su hermano.

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―¡No te quedes callado! ―pidió Reiji―. ¡Explícate!

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―¿Qué quieres que te explique? ―preguntó Laito con bastante amargura―. ¿Cómo estaba tan borracho que no supe distinguirla? ¿Hasta qué punto llegamos? ¿Hasta dónde le metí la lengua?

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―¡Laito, basta! ―exclamó Subaru. Sabía que el castaño solía castigarse así cuando se metía en problemas o cuando realmente estaba mal.

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―No quise decir eso… ―se excusó Kanato, deseando no haber dicho eso. Realmente su intensión no fue lastimarlo, solamente no podía creerlo.

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―No, está bien después de todo es cierto ―lo interrumpió el joven en cuestión―. Yo también me doy asco.

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En pocos segundos se armó un bullicio bastante complicado: Laito se alegaba toda la culpa de lo ocurrido mientras Shuu intentaba aclarar los sucesos. Si bien creyeron en las palabras del rubio no sabían cómo calmar al castaño. Y no fue sólo eso, Kanato también se inculpó de no haber detenido el avance de Cordelia sobre sus vidas. Todo era realmente un caos, incluso no supieron en qué momento todos terminaron de pie, discutiendo fuertemente. Comenzaron a poner en duda la forma en la que terminaron juntos, lo que hicieron sus padres y su relación actual.

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―¿Cómo te atreves a decir eso? ―preguntó indignado Reiji al empecinado castaño ante su comentario de que debían solucionar todo únicamente los trillizos, porque a ninguno de ellos le incumbía―. ¿Acaso no piensas en los sentimientos de Oka-san al decir eso?

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―Vamos Reiji, se realista. Su único hijo es Subaru, nosotros no… ―gritó con impotencia Kanato, al sentirse tan frustrado por la situación. Y como respuesta recibió un buen golpe en la cabeza, se giró con los ojos llorosos mientras se frotaba el área afectada y se sorprendió de sobremanera al encontrar que había sido Shuu quien lo golpeó. Él nunca le había levantado la mano de esa manera a ninguno de ellos.

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―Ya déjense de pendejadas ―sentenció el mayor de lo hermanos con voz firme―. Ya están bastante grandes para tener esas dudas y escenitas de mocosos de cinco años. ¿Cuántas veces quieren pasar por esto? ―retó seriamente.

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―P-Pero… tú no tuviste que pasar por esto ―mencionó en voz baja el peli violeta. En cuanto terminaron de salir aquellas palabras de su boca se arrepintió. Justo no podía decirles eso a ellos.

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―Es cierto, pero no soy tan malagradecido como para andar excluyendo a mi familia de algo que los preocupa también ―contrarrestó el rubio―. ¿Acaso pensaste que ella no se dio cuenta de todo esto? ¡¿De seguro sabe que todavía ninguno de ustedes volvió a la casa porque estamos hablando?! Ella no les preguntará nada, esperará a que ustedes le hablen porque tiene la paciencia y amor de una madre. Ella es SU madre también, no la subestimen ―finalizó, intentando hacerlos entrar en razón. Si ser pacientes y blandos no servía, se pondrían serios.

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Después de eso los trillizos se sintieron bastantes miserables. ¿Qué estaban haciendo? Después de todo lo que vivieron juntos…

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―¿Quién los llevó al jardín de pequeños? ―les preguntó Reiji, captando su atención―. ¿Quién se quedó varias veces desvelada cuidándolos cuando estaban enfermos? ¿Quién los animaba desde las butacas cuando actuaban en la escuela? ¿Quién los abrazó cuando tenían miedo o se sentían solos? ―acomodó sus gafas y respiró hondo. Eso mismo había pasado él de niño. Le costó mucho entenderlo, pero lo hizo. Todo porque la albina nunca se rindió con él y le demostró que realmente lo amaba. Sonrió ante aquel recuerdo nostálgico de él, de pequeño, abrazándose a su falda y ella acariciado sus cabellos para calmarlo―. Aquí no interesan los lazos de sangre, sino quien realmente los amó y ama incondicionalmente; esa es nuestra madre.

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De los ojos de Kanato brotaron varias lágrimas de alivio, Ayato suspiró quitándose todo el peso de encima y Laito pudo calmarse después de mucho tiempo. En el medio de todo ese mar de sensaciones, Subaru, tomó por las solapas la camisa al castaño y le dedicó una mirada amenazante.

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―¡Más te vale no olvidarlo! ¡Ni ustedes tampoco! ―les gritó también a los otros dos trillizos―. Oka-san los ama como a mí, y a mí como a ustedes. ¡Ni se te ocurra volver a insinuar algo así! ¿Entendiste? ―El amenazado sonrió con confianza y asintió― ¿Ustedes también? ―les gritó otra vez a los demás. Realmente le había dolido lo que dijeron; ellos eran sus hermanos y seguiría siendo así por siempre.

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―Sí, sí, ya te escuchamos ―exclamó con cansancio el pelirrojo―. No intentes parecer genial, porque no te queda ―finalizó burlándose del menor.

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Al fin parecían haber llegado a un acuerdo con solo mirarse. Rieron por lo estúpidos que habían sido y por la sensación de alivio que los envolvía de a poco. ¿Qué mas podían decir cuando ya todo había sido dicho? Todo ese clima de malestar y tensión se deshizo por el momento. A sí que decidieron tomar algo de té para tratar de calmarse y hablar de lo que harían con aquella situación.

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Shuu les comentó que le pidió de favor a un amigo abogado que investigara a Cordelia. En un sobre tenía su situación financiera actual, además de otros datos de importancia. Al parecer ella había perdido su sustento económico luego de que su padre falleciera y de haberse divorciado por segunda vez. Y en ese momento todo cobró sentido. ¿Por qué otra cosa más se acercaría ella? Se veía a millas que no tenía intensiones de reconciliarse con ellos y ser la madre que nunca fue; al fin y al cabo era una desconocida para ellos.

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Después de brindarles aquella información Reiji, Subaru y Shuu salieron del departamento para dejarlos decidir los pasos a seguir. Ya les habían dado todas las opciones viables.

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―Ah… ―bostezó el rubio mientras caminaba con sus hermanos―, que sueño tengo…

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―Hm… fue bastante cansador ―comentó el albino.

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―Sólo me quedó una duda sobre algo – añadió de pronto el azabache deteniendo el paso de los demás―. ¿Tenías planeado todo esto desde un principio, Shuu? ―preguntó bastante intrigado, pues la mudanza del castaño a su apartamento, la información de Cordelia, la visita del peli violeta y otras cuestiones no parecían ser mera coincidencia.

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―Algo así ―contestó quedamente, logrando sacarle una mueca de disconformidad al ojosmagenta―. En realidad no, yo sólo hice lo que pude… pero que todo se diera en tu departamento sí lo había planeado ― comentó con sinceridad―. Después de todo, a tres cuadras queda ese bar donde tienen carne a la parrilla. ―Y justamente ahí se dirigían, moría de hambre y sabía que los trillizos estarían un buen tiempo charlando. Llevaría comida para ordenar para ellos después.

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―¿Eres idiota? ―preguntó incrédulo el menor.

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―¿Cómo se te ocurre preguntar lo evidente? ―le reclamó con cansancio Reiji.

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―¿Ah? Tú te ves como idiota la mayor parte del tiempo y yo no te digo nada ―comentó con un tono de voz burlón el rubio―. Aunque lo de hoy si te funcionó, bien hecho ―palmeó el hombro del irritado ojirojos―. Tú también lo hiciste bien Reiji ―intentó hacer lo mismo con el azabache, pero este apartó su mano de un golpe.

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―¡Ni se te ocurra tocarme! ―exclamó Reiji incómodo. Siempre se burlaba de él tratándolo como a un mocoso.

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―Vamos… yo sé que tú quieres ―sonrió con altanería Shuu―. Además, juro que me lave las manos. ¡Vamos! ―y comenzó a fastidiarlo. En pocos segundo Subaru se había sumado. Siempre fueron así desde pequeños, ellos tres se podían llevar muy mal o muy bien dependiendo de la situación. Los tres tenían un carácter bastante fuerte, pero en aquellas situaciones después de solucionar un problema, no podían evitar hacer tonterías.

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Por otro lado, en el departamento de Reiji, los trillizos pudieron charlar mas tranquilamente y poder llegar a un acuerdo. Nuevamente Laito se disculpó con ellos y les explicó mejor todo sacándoles todas las dudas a los otros dos. Se sintieron muy agradecidos por la familia que fueron construyendo a través de los años y decidieron mantenerla tal cual estaba. No valía la pena preocuparse por quien no les importaba.

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Luego de aquel día, el castaño quedó con Cordelia y sus hermanos para charlar, si iban a hacer las cosas las harían bien. Él no supo en que pensaba ella cuando los vio, pues parecía triunfante y decidida. Sin embargo no se doblegaría ni dejaría que nadie más jugase con ellos nuevamente. ahora estaban los tres haciéndole frente y dejándole en claro las cosas. Le dieron dos opciones: o se alejaba de ellos por las buenas o le pondrían otra orden de restricción. La segunda la tenía prácticamente armada, sólo hacía falta firmar y presentarla ante un juzgado y listo. De todo eso se habían encargado sus hermanos mayores.

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Eso no le gustó para nada a la peli violeta, de inmediato comenzó a quejarse y a insultar a Christa por "haberlos inducido a esa decisión". Aun así se mantuvieron en su postura, aunque no pudieron evitar discutir "Ya tuviste tu oportunidad y no la tomaste, nosotros no te necesitamos", le había dicho Ayato. Ella intentó persuadirlos pero nada le sirvió, ni cuando se volvió algo más agresiva con su lenguaje corporal. "Recibirás la orden dentro de unos días", le informó Laito eligiendo la segunda opción por ella. Sin más que decir se despidieron de ella y antes de irse Kanato le dedicó una última mirada intentando encontrar algo de amor en ella, pero no había absolutamente nada. Sí, esa mujer los tuvo nueve meses en su vientre como tanto les repitió pero luego… ¿Dónde estuvo? Eso fue más que suficiente para dejarla atrás.

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Ese mismo día, a la tarde, se vio salir humo del patio de la familia Sakamaki. Algunos se sorprendieron por eso, pero sólo era el trillizo del medio viendo como ardía en llamas su antiguo compañero, Teddy. Siempre se aferró a él creyendo que la persona que le dio vida tenia aunque sea una pizca de amor por él. Teddy la representaba y llenaba aquel espacio que debió haber ocupado ella. Sin embargo, con los años, fue haciéndose menos necesaria y ya era hora de desprenderse totalmente de ella. Él no estaba solo, ni mucho menos necesitaba que la presencia de ella siguiera en su vida. Su madre se había encargado perfectamente de sanar aquellas heridas de niño, ayudándolo a crecer y creer. "Gracias por todo, Teddy", le agradeció por última vez a lo que quedaba del oso de felpa. Pensó que fue una correcta despedida y final para su viejo amigo. Miró el cielo, respiró profundamente y sonrió; creyó que irónicamente había madurado un poco más por aquella situación. "Del sufrimiento se aprende, después de todo, ¿verdad?", le susurró la voz de sus recuerdos y él no pudo estar más que satisfecho con ese comentario.

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Ayato por su lado, le había llevado algunos dulces y flores a Christa. Era sumamente torpe con las palabras, bien lo sabía, pero intento disculparse con ella por actuar como un idiota. Esta en cuanto lo vio, lo abrazó fuertemente y llenó de besos sus mejillas. "¡Oka-san!", se había quejado logrando ser totalmente ignorado. "No te preocupes hijo, estaré bien mientras tú lo estés", le contestó y este no tuvo más "remedio" que dejarse mimar. Por más que se quejara, adoraba que su madre lo mimara tanto. Claro, eso nunca lo diría.

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Tal vez fue la orden de restricción. no creyeron que realmente fuera por la charla, o quizás su padre se había enterado de todo y ajustado algunos cuantos asuntos con los abogados pero Cordelia no volvió a aparecerse o a enviar a alguien para molestarlos. Tan rápido como reapareció en sus vidas, desapareció. En ese momento fue cuando Laito realmente creyó conveniente hablar con su madre. Fue a visitarla una tarde en la que se encontraba sola en la casa. Como siempre, esta lo recibió feliz y lo hizo sentir en paz.

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En cuanto le comentó lo que había pasado, ella lo escuchó atentamente y luego de terminar el relato agachó la cabeza con culpa y se disculpó. La albina en vez de gritarle o interrogarlo, acarició sus preciosos cabellos y guio su cabeza hasta su regazo, donde siguió mimándolo con cariño y comenzó a tararearle la canción que le cantaba cuando él tenía miedo.

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"Ya pasó… ya pasó, el miedo ya se marcho, no hay porque llorar" canturreó ella en voz baja y él cerró los ojos sintiendo como la paz lo invadía.

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"Digámosle a las lágrimas adiós y recibamos a las sonrisas con entusiasmo"

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"El sol me dijo que aunque las nubes y la luna aparecieran él seguía estando ahí"

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"La luna y las estrellas me dijeron lo mismo para que no las olvidara"

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"Al igual que las sonrisas cuando las lágrimas aparecen, siguen ahí"

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"Así que no hay porque temer"

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Christa luego siguió tarareando dulcemente. Cada vez que acariciaba los cabellos de Laito, este se relajaba más. No le importaba parecer un mocoso pequeño en ese momento, no podía sentirse más agradecido por la mujer de madre que tenía.

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―Perdón… Oka-san… ―susurró, sintiendo como por fin aquel nudo en su pecho desaparecía.

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―Está todo bien… mi pequeño príncipe… ―le dijo dulcemente para después inclinarse y depositar un beso en su cabeza.

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No hacían falta más palabras o acciones, ella también pudo sentir como un peso se le quitaba de encima. Amaba a sus hijos sobretodo y quería lo mejor para ellos; lo único que deseaba era que fueran felices. No importaba que sucediese, ella siempre los apoyaría y contendría.

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Fin del cap :D espero les haya gustado. Recuerden dejarme sus comentarios de como les va pareciendo la historia y lo que paso en este cap (me costo bastante escribirlo x'D) Muchas gracias por leer ¡Nos leemos luego!