¡Buenas mina-san! ¿Como estan? A pesar de tardarme una eternidad, llegue con el nuevo cap de "El aroma del encuentro" un AU de Diabolik Lovers.

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Les quiero agradecer mucho a todas las personas que se toman un poco de su tiempo para leer mi historia y comentarla (de veras me animan mucho a seguir) La verdad me deja muy contenta que Ahome tenga tan buena aceptacion y que no haya mucha desesperacion por el progreso de la relacion amorosa x'D recuerden que los dos protagonistas son muy "despistados" x'D ¡Prometo intetar cambiar el summary para se relacione mejor con lo que es la historia!

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También le agradezco a Marce por corregir mis horrores ortográficos :)

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Recuerden dejar sus reviews :D

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Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenece, si la historia y Ahome

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CAPITULO 7

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Eran las 9:30hs y ya sentía que su estomago le reclama su tan anhelada parada en "Coffee Break", la cafetería a la que asistía hace ya un tiempo. Todo había empezado por una hora libre entre materias y porque no le daba el tiempo para ir y volver a su casa. Fue ahí cuando se acercó a aquel lugar y lo eligió prácticamente como parada obligatoria todos los días. Esos minutos eran solos suyos, donde podía leer, pensar en nada, escuchar música y deleitarse con una buena taza de café acaramelado.

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Tenía su sitio especial al lado de una ventana que daba a la calle. Le gustaba ver a la gente pasar mientras ella se tomaba un descanso de todo el ajetreo de la calle, pues recordaba perfectamente que luego debía volver a la universidad, de ahí a su trabajo de medio tiempo ―donde almorzaba algo― y finalmente a su casa. Generalmente agradecía tener un buen trabajo y de pocas horas, pero a veces simplemente lo detestaba. Debía facturar, copiar información, actualizar la agenda del jefe, entre otras cosas. Algo que se hacía muy tedioso; pero eran pocas horas, la paga buena y la consideración por su buen trabajo le daban beneficios. No podía quejarse. Además, gracias a su primo mayor, estaba donde estaba.

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Aun así se daba pequeños mimos en el día, se permitía cosas, jugaba con su familia y los mimaba a ellos también. El sólo pensar eso le hacía sentir un cálido sentimiento en el pecho.

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―¿Qué te pasa ahora? ¡Ah! ―escuchó que gritó un joven en voz "baja" y volvió a reír. Había descubierto que él siempre discutía acaloradamente con aquella cafetera a la que le decían "Jennifer" o "Jenny". Realmente no quería perderse aquel espectáculo.

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Al poco tiempo que empezó a asistir a la cafetería y volverse clienta habitual, los trabajadores la saludaban más familiarmente. Las primeras semanas notó que su pedido llegaba diez minutos después de su entrada, luego de un día para otro comenzó a llegar a los cinco minutos. También se percató que su sabor era distinto, al igual que la textura y la temperatura. Era diferente… Levantó su mirada y se preguntó si aquel muchacho refunfuñón era el que se tomaba el trabajo de deleitarla con tal sabor y hacer más agradable su estadía allí. Sonrió y le agradeció mentalmente.

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Era sumamente alentador ver cómo su cabellera blanca se movía detrás de la maquina apenas llegaba. Le indicaba y confirmaba que era él quien preparaba su bebida. Mientras leía sus libros académicos o ficciones solía escuchar sus maldiciones hacia "Jenny" y apretaba fuertemente sus labios para evitar reír estrepitosamente. Es que, ciertamente, era muy divertido escuchar cómo le recriminaba a la cafetera y al defensor de esta ―el jefe― diciéndole que no comprendía correctamente a las damas.

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Fue muy irónico que por ese mismo aparato hayan podido acercarse. Un día como cualquier otro, la contrincante del albino decidió no querer funcionar, irritándolo por completo. Incluso vio como la golpeó un poco y levantó sus manos con resignación. Se lo quedó mirando un poco y pensó en qué hacer para ayudarlo. Pues según ella, él era el que le daba un gusto especial a sus mañanas con el café que preparaba y de cierta forma quería agradecérselo. Sin saber exactamente cómo, ya se encontraba caminando hasta el final de la barra. Siempre había sido así de impulsiva, por eso sufría bastantes accidentes y sus primos le recriminaban tanto por su actitud. Se concentró a quien le hablaría, recordando el nombre que leyó de su cartel y respiró con confianza. Vio como este le gritó una vez más a la cafetera y rio sin poder evitarlo. Él se detuvo en seco, se acomodó un poco el uniforme y se dio vuelta intentando esbozar una pregunta que dejó sin terminar.

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―Disculpa, no pude evitar acercarme al ver que te estabas matando con Jennifer ―confesó entre risas y los señaló. Él abrió más sus orbes rubíes y pareció reaccionar luego de verla con detenimiento.

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Luego de "dialogar" un poco, reparar a Jennifer y decidir faltar a sus clases, llegó a la conclusión de que el joven era una persona interesante. No se esperaba que él fuera menor que ella, pues su contextura física indicaba lo contrario, pero le agradó saber que estudia en una universidad cercana a la suya. Al tenerlo tan cerca y a disposición suya para arreglar a la maquina pudo observarlo mejor. Era alto, de espalda ancha, brazos fuertes y unas grandes manos que parecían sujetar las cosas con cuidado, como si temiese que se rompieran. Solía fruncir mucho el entrecejo y sonrojarse rápidamente, algo que disfrutaría demasiado mas adelante.

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A partir de ese día, decidió cambiar su asiento y posicionarse en la barra donde él estaba con mayor frecuencia. ¿Por qué? No lo sabía exactamente, le agradaba y pensaba que charlar un poco en su rato libre no sería tan malo. Una sensación cálida se alojaba en su pecho cada vez que entraba al local, y él la miraba desde su puesto para después dedicarle una pequeña sonrisa y luego seguir con su trabajo. Era una acción rápida, pero siempre terminaba con un pequeño rubor en las mejillas el ojisrojos. Le daba la sensación que estaba esperando por ella al mirarla con algo de alivio cada vez que llegaba, a pesar de que su ceño fruncido predominara en la mayor parte de su conversación. Bueno, no podía quejarse, después de todo a ella le encantaba molestarlo o hablar de ciertos temas que lo incomodaban. De todas formas él no se quedaba atrás y le seguía el juego. Todo era… muy cómodo y raramente reconfortante.

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Al principio creyó que era su imaginación, pero varias veces lo encontró observándola, detallándola, e incluso apreciándola. Solía hacerlo cuando ella leía sus libros, pensando que estaba completamente desconectada de su alrededor. Sin embargo, Ahome al sentir su mirada insistente sonreía, fingiendo que era por algo que leyó en su libro y no porque le gustara que hiciese eso. Aunque eso no duraba mucho, ya que su instinto burlón salía a flote y lo miraba fijamente cuando él parecía observarla más. Reía cuando su rostro se tornaba a un fuerte carmesí y se giraba. Eso era algo que jamás se reclamarían al parecer, pues él bufaba molesto mientras trabajaba y ella seguía leyendo.

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Cuando conoció a su hermano Shuu, pudo ver una parte diferente de él y cómo su fase reacia se multiplicaba por cinco. Le resultaba muy peculiar. Y aunque se haya preocupado de más por él cuando se le cayó la taza, este siguió hablándole. Le gustó que su hermano le contara anécdotas de ellos, mientras se divertían por los súbitos colores que tomaba el rostro de Subaru. Era típico de un hermano mayor, así que no dudó en defender al albino cada vez que pudo. Se notaba a millas de distancia que se apreciaban mucho y que, por así decirlo, era "su preferido". A pesar de que fuera un idiota, era un buen idiota.

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Una tarde volviendo del trabajo, prefirió pasar por un parque para intentar relajarse un poco. Los exámenes y su empleo a veces solían dejarla agotada como ese día. Y a pesar del frío, una buena caminata la ayudaría a despejarse. Caminó y caminó, hasta que se detuvo al escuchar el rasquetear de una guitarra. No supo si fue por mera curiosidad o porque era impulsiva y le llamaba la atención la melodía que quería escucharla de cerca. La siguió, encontrándose con el joven que ambientaba esa tarde helada. Lo observó y se sorprendió al darse cuenta que era Subaru. Era increíble como seguía sorprendiéndola y lo bello que le pareció en aquel momento. Parecía dejarse llevar por el mar de sensaciones que creaba él mismo.

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Sus parpados cerrados y la leve sonrisa que surcaba sus labios eran bastante llamativos. Y sus manos, las que forcejeaban con Jennifer, se lastimaban, preparaban su delicioso café y eran agradables al tacto a pesar de ser algo ásperas, tocaban con entusiasmo las cuerdas de aquel instrumento. Recordó que para vivir necesitaba oxígeno, algo que él le había quitado apenas lo visualizó. Volvió a introducirlo para que llenaran sus pulmones y se acercó un poco para escucharlo mejor. En cuanto terminó de tocar, este respiró hondo y apoyó sus manos sobre su guitarra. Le pareció indebido destruir aquel panorama pero no pudo evitar aplaudir y llamar su atención.

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En cuanto se giró a verla y escanearla con la mirada confirmando que era ella, se sorprendió. Sus ojos rubíes resaltaban aun más que en la mañana y todo de él parecía menos estructurado. Tal vez era porque no estaban en el café o por la hora, pero le gustó ver esa nueva faceta suya. Sintió como sus mejillas ardieron un poco y sonrió luego de terminar de alagarlo.

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La indagó un poco del porqué de su presencia, dejando su instrumento de lado. Ella por su parte quiso charlar con él así que se sentó a su lado. Se sintió algo culpable cuando aquel silencio incomodo se creó e incluso le pidió disculpas por molestarlo, pero eso pareció irritarlo más. Hasta le dijo que era molesta para él, aunque al hacerlo lo dijo pisándose entre palabras. Lo que le hizo revolver un poco su estomago de la culpa, e internar terminar con la conversación.

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―¿Qué? ―exclamó con algo de desesperación al no poder expresarse claramente―. ¡No es como tú crees! ¡Tú eres molesta pero me agradas! ―confesó totalmente sonrojado y la azabache se apenó. Ese chico era un manojo de nervios andante, y supuso que su actitud ansiosa sólo empeoró eso. Tomó un mechón de su propio cabello y rio por lo estúpidos que eran―. ¡Olvida lo que dije! ―se quejó el muchacho y ella sólo pudo sonreírle sinceramente. Y él volvió a hacer lo mismo, quedarse sin habla y verla con aquellos preciosos ojos confusos.

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―Tú también me agradas, Subaru ―le susurró y él no puedo hacer nada más que quedarse embobado viéndola. Se irguió y miró los árboles que los rodeaban, nunca le habían parecido tan llamativos como en aquella ocasión.

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Luego de eso pudieron charlar con "normalidad". Claro, si normalidad era lanzarse comentarios sarcásticos y hacerse frente con bastante convicción como solían hacerlo. Solamente que cada vez se permitían ser más ellos mismo y no tenían porque ocultar su mal carácter. De esta forma llegaron al acuerdo de que Subaru la acompañaría hasta la parada de bus para quedarse más tranquilo. En ese trayecto pudieron crear un cómodo silencio que era interrumpido por comentarios triviales de vez en cuando.

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Ahome confirmó, una vez más, que era muy entretenido y ameno dialogar con él. Metió su mano en su chaqueta con intensión de tomar su celular e intercambiar números, sin embargo se detuvo. Pensó que era demasiado para él por un día, no quería presionarlo ni que sintiera que lo estaba acosando así que lo dejó para después. Le dijo que le gustó encontrárselo en el parque, se despidió y tomó el transporte. En cuanto el vehículo avanzó, lo observó por la ventana y le volvió a sonreír mientras lo saludaba con las manos.

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Todo parecía marchar bien, pero, ¿qué eran exactamente? Ella ya no lo consideraba como un simple conocido; era ya como un compañero o mejor dicho un amigo. Aunque realmente no sabía mucho de él y menos él de ella. Suspiró con sorna. En cuanto llegara a casa cocinaría algo para la cena y después se acurrucaría con alguno de sus primos.

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Al otro día sus profesores la sorprendieron con un cambió de prácticas. Sería un sábado anterior debido a que una compañera tenía a un familiar internado en un hospital y no podía asistir. Por ende, tenían que adelantar la de ella para no dejar sin jornada a aquella institución de niños con dificultades motrices. A las 10hs llegó, resignada, a la cafetería para descubrir que el albino no estaba. De todas formas tomó su lugar habitual y Gil la atendió. ¡No era hora de desalentarse! Tenía los materiales y juegos para las actividades, ya se había puesto en contacto con la institución y tenía su café en manos, aunque su gusto era diferente y le planteara un mar de preguntas, siguió con su proyecto. El único problema que se le presentaba era el poco personal; no era un simple problema, era "El problema".

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Ese fin de semana sus primos estaban sumamente ocupados y no pensaba interrumpir sus proyectos y trabajos. No, a dos de ellos les quedaba muy poco para terminar la universidad y los otros dos estaban atareados con sus empleos. Así que los descartó. Les preguntó a algunas compañeras de cátedra pero estas debían preparar sus propios proyectos. ¡Tsk! Ya se negaría ella cuando la buscaran. Siempre era así, venían llorando cuando necesitaban algo, pero cuando ella estaba en apuros siempre había un "pero". Dejó de pensar en eso y les preguntó a unos posibles amigos. Algunos debían confirmarles y otros estaban trabajando. Exhaló con sorna y acunó su rostro entre sus manos. Se repitió varias veces que no importase cómo, le pondría el pecho a la situación. De pronto algo pareció iluminar su mente cuando volvió a notar la falta del albino. ¿Y si él…? No, primero se negó y pensó en no molestarlo.

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―Oh, Aho-chan ―la llamó Gil―. ¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara? ―le preguntó apoyándose en la barra―. ¿Es que extrañas tanto a Subaru-kun? ―preguntó con un tono burlista, esperando fastidiarla pero esta simplemente asintió―. ¿Eh?

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―¡Cierto! ―Exclamó Ahome y se acercó a él―. ¿Podría pedirte un favor, Gil? ―pidió entusiasmada. Este sólo asintió―. ¿Me podrías dar el número de celular de Subaru?

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―¿Ah? ¿¡Aun no te lo pidió!? ―Dijo sorprendido―. ¡Caray! No pensé que sería tan tímido ―comentó mirando con decepción el piso―. Subaru-kun no tiene remedio… Pero… aun así deberías esperar a que él te lo pida, Aho-chan ―regañó.

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―¡Vamos, Gil! ―Contestó, haciendo un puchero con la boca―, necesito pedirle un favor que no puede esperar más tiempo ―dijo decidida.

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Tal vez fue porque ella era demasiado persuasiva o porque Gil no podía mantenerse callado, pero consiguió el número. Luego, al volver del trabajo, pasó por el parque con intensiones de encontrárselo pero no estaba. "¡Obviamente que no estaría, estúpida!" se recriminó sabiendo que a veces no pensaba muy bien las cosas. Al llegar a su casa, merendó con su familia, se duchó y le mandó el mensaje. Era uno simple y conciso. Sin embargo no recibió una respuesta inmediata sino que le contestó una hora después. "¿Cómo se atrevía?"

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Se quejó bastante, llamando la atención de Yuma que sospechaba que ocultaba algo. Aun así, como castigo Ahome no le contestó enseguida sino que cenó y después le respondió. Así estarían a mano, claro que solamente ella lo sabría, aunque sólo era para fastidiarlo más. Rio y siguió conversando con él. Le dio algo de pena pedírselo a él sabiendo que no hace mucho se conocían y que él podría rechazarla justamente por tomarse tantas confianzas. Incluso se lo dijo y se disculpó varias veces.

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"¿Pero qué estás diciendo? Ni siquiera me dijiste que necesitabas y ya estás dando por sentado que te diré que no. Dime… ¿Qué es lo que necesitas?"

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Sintió unas inmensas ganas de transportarse por el teléfono y abrazarlo; prácticamente le había dicho que sí. Se balanceó de un lado a otro en uno de los sillones de su habitación y rio.

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"Jajajaja. ¡Eres increíble! ¿Tienes el sábado por la tarde libre?"

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Admitió con sinceridad y sonrió como estúpida.

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"Sí. ¿A dónde quieres que te acompañe?"

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Incitó él y Ahome dio un pequeño gritito de emoción; lo había conseguido. Inmediatamente lo llamó y charlaron sobre la jornada, lo que él debía llevar, el lugar, la hora y se disculpó unas cuantas veces más. Después de ello, pasaron a temas triviales donde las horas parecían pasar volando y no se percataban de ese hecho.

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―Con tal de que no les digas mocosos cuando estás ahí, está bien. Después de todo, prácticamente, te estoy arrastrando allí. ¡Brabucón! ―burló con gracia.

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―¿¡Ah!? ¿Con que ahora me dices así? Tienes bastantes agallas para haberme dicho idiota entonces. Tendrás que abstenerte a las consecuencias ―amenazó, elevando el volumen de su voz.

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―Oh… ―rio ella, tapándose la boca para intentar suprimirla un poco―. ¿Qué piensas hacerme, grandulón? ¡No te tengo miedo! ―lo retó.

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―Eh… Capaz quitar los indicadores de tus libros cuando estés distraída o meterte la traba cuando estás caminando ―ideó Subaru, riendo―. ¿Pensaste que te lo diría? ¿Qué clase de brabucón seria entonces? ¡Idiota! ―comentó mofándose de ella. Esta hizo un puchero con la boca y refunfuñó algo, para después contestarle.

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―¡Tú no eres un brabucón! ¿Sabes? Eres… ―hizo un leve silencio para alargar el suspenso. "Eres un torpe tierno" quiso decir, pero sus palabras se atoraron en sus labios y no fueron esbozadas. Se rozó un poco estos y prefirió guardarse su opinión por el momento. Ese sería su otro castigo por ahora, obviamente, uno del que él no estaba enterado.

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―Hm… ¿Qué? ―preguntó Subaru, cómodo con el ritmo de la charla.

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―No~ te~ lo~ diré ~ ―canturreó Ahome―. ¿Pensaste que lo haría, torpe? ―finalizó riendo.

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En un momento tuvieron que terminar la llamada porque eran más de las 22hs y se suponía que ya deberían estar durmiendo. Al cortar colocó su teléfono a un costado suyo y respiró profundo al cerrar sus ojos; tenía mucho por hacer al otro día, pero por lo menos no estaba sola.

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Se quejó al sentir un peso de más sobre la cama que intentaba hacerse un lugar en esta. Abrió los ojos y se encontró con unos preciosos orbes cafés.

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―¿No deberías estar durmiendo? ―Preguntó el joven―. Además, ¿qué fue todo ese griterío que hiciste? ¿Con quién hablabas? ―interrogó, prácticamente con el ceño fruncido.

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―Oh~ ¿Tú no deberías estar durmiendo en el piso de abajo? ―contrarrestó ella orgullosamente.

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―Aquí las preguntas las hago yo, no te desvíes del tema. ¡Ah! ―aclaró, tomándola entre sus brazos y no dejándole escapatoria.

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―¡Vamos, Yuma! ―se reía mientras forcejeaba con el mayor y empezaba una guerra de cosquillas.

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―¡Hup! ¡Suéltame! ―exigió él, al verse acorralado.

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―¡Tú me estas sosteniendo, idiota! ―respondió y este tomó sus manos para exigirle que se calmase. Cuando recuperaron un poco el aire volvió a verla seriamente. Ella era un caso totalmente perdido, era el punto débil de la familia Mukami y a veces esta se aprovechaba de eso para convencerlos de algunas cosas.

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―¡Bien! Basta de estupideces ―sentenció Yuma―. ¿Con quién rayos hablabas?

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―Hm~ con un amigo ―dijo fingiendo seguridad en sus palabras―. Un amigo que me acompañará a una jornada que se me adelantó. ―Al momento de decir lo siguiente, el joven frunció el entrecejo y la escrutó con la mirada como si le pidiera más explicaciones.

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Ahome le contó muy poco sobre él, se guardó los comentarios sobre de dónde lo conocía y estudiaba. Y aunque el contrario quería extraerle más información no pudo. Ni siquiera con las quejas de que alguno de ellos la acompañaría y que no hacía falta que su "amigo" lo hiciera.

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Finalmente al otro día, le contó a su familia sobre lo sucedido y a pesar de que no les gustara la idea y propusieran cancelar algunos de sus planes para ir con ella, esta se negó. Se sentía a gusto con su elección y así se mantuvo. En la universidad consultó unos últimos detalles con la profesora y cuando fue al café aclaró algunos puntos con Subaru. Incluso terminó cantando algunas canciones infantiles con el jefe de este únicamente para fastidiarlo más. Le fue muy gracioso ver como se cubría la cara o se giraba para no verlos. ¡Bien! Estaba segura de que podía encargarse de todo.

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Cuando llego el día, uno de sus primos reservó un taxi para que la recogiera y la llevara a la institución. Sin embargo, esta había quedado con el albino en la estación de tren, por ende sólo la acercó hasta ahí el vehículo. Al llegar, pudo divisarlo desde lejos y un gran alivio la invadió. Respiró hondamente y notó que este se acercaba a toda prisa hasta ella.

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―¡Realmente viniste! ―exclamó contenta, con todo su equipaje a cuestas.

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―¿Eh? ―Esbozó Subaru, quitándole la valija y mochila―. ¡Por supuesto que sí! A-aparte… yo te lo prometí, no deberías sorprenderte… idiota. ―Comentó girando su rostro levemente sonrojado.

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―Gracias ―susurró ella, sonriéndole con sinceridad―. ¡Estoy tan emocionada!

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―Como digas… ¡Ahora vámonos o perderemos el tren! ―Advirtió Subaru, encaminándose mientras se terminaba de acomodar con las cosas de la muchacha―. ¡Eres una exagerada! ¿¡Que tanto traes aquí!?

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Y así continúo el viaje. Hablaron un poco de sus familiares y de lo que harían ese día. Al llegar pusieron manos a la obra: acomodaron todo y comenzaron con las actividades apenas llegaron los niños. Y a pesar de que ella pensara que al ojirojos le costaría adaptarse al ritmo de los niños, lo hizo bastante rápido. Hasta se divirtió viéndolo pelear con alguno de ellos y jugar con bastante cuidado.

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Algunas veces se lo quedaba mirando, sin saberlo, el parecía tan activo, tan relajado a diferencia del principio que parecía estar más rígido que una pared. También solía sorprenderlo al encontrarlo viéndola por algunos momentos, entorpeciendo así sus movimientos. Esa nueva faceta de él era increíble, pensó. No podía quejarse fue un día bastante entretenido y él colaboró mucho en eso.

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A pesar de tener un aspecto muy irritado podía ser algo paciente y estar predispuesto para actuar. Como cuando el niño le vomitó encima. De veras, Ahome no supo que cara poner. Le enterneció la imagen de él y jovencito hablando pero esta se distorsionó en un segundo. Corrió prácticamente a socorrerlos a los dos con las encargadas. Realmente… ese día había sido muy entretenido.

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Al terminar la jornada, nuevamente, aquel silencio reconfortador como el del parque se volvió a dar. Le era sumamente agradable pues parecían estar en la misma sincronía sin tener que interactuar, simplemente estando uno al lado del otro. Lamentablemente debían irse y los había ido a recoger su impaciente primo Yuma. ¡Los hombres realmente son unos idiotas! En vez de saludarse, se miraron de mala forma. ¿Pero qué les pasaba? En el momento retó al castaño y convenció al albino de viajar con ellos, pero aun así se seguían lanzando miradas no muy simpáticas.

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Sorprendentemente y contra cualquier pronóstico, llegaron todos en una pieza hasta el parque donde pidió Subaru que lo dejaran. Al hacerlo, escuchó a su primo disculparse, muy de mala gana, con él y a este aceptando sus disculpas. No lo resistió y se bajó del coche. Cosa que al parecer, el joven no había notado hasta que el castaño gritó su nombre. Ella respiró profundo al ver esos preciosos ojos rubíes sorprendidos; últimamente era una acción que le gustaba admirar. Jugó un poco con sus dedos y entreabrió los labios lentamente captando la atención del muchacho, que parecía atento a cualquier movimiento que estos hicieran. Y sentirse así de observada la hizo sentir extraña, tanto que la sensación le quitó las palabras de la boca; sin otra cosa que dejándole modular un "Hasta luego", y mandarle la señal a su cerebro para que caminara hasta el carro y se subiera a este.

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―¿Qué tanto estabas haciendo? ―recriminó el mayor, poniendo la camioneta en marcha.

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―Sólo lo saludé ~ ―canturrió intentando distraer sus pensamientos. Había agregado una cualidad mas a la lista mental de descubrimientos de Subaru: "Es alguien muy amable, simplemente que lo oculta con su ceño de 'Doña cólera no está de humor'." Pensó, riendo al final.

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Obviamente, cuando llegó a la casa, fue acosada por un mar de preguntas, sobre todo de su primo Ruki. Era terriblemente sobreprotector con ella y no quería que nadie se aprovechará de su punto débil. Y aunque se pusieran muy pesados, los amaba con todo el corazón, así que sólo se dejó advertir y los mimó un poco para calmarlos.

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―Ya basta, en serio no… ―dijo seriamente sorprendiendo a la azabache― No vuelvas a molestarme por favor ―pidió al voltearse. Ella no supo el porqué de su cambio de actitud de un día al otro. Sólo actuó como siempre y al verlo algo deprimido intentó animarlo a su manera. Nunca quiso fastidiarlo tanto para que él terminase contestándole así.

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Ahome palmeó la barra con sus manos para luego levantarlas como si se estuviera rindiendo por el momento. Si eso quería ella lo haría. Después de todo ni siquiera sabía si era su amiga, así que no tenía el derecho de entrometerse de más en su vida personal.

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―De acuerdo, no te molestare más ―comentó pacíficamente y se fue del local a los minutos.

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Sin embargo, un sentimiento de incomodidad se instaló sin permiso alguno en su pecho queriendo destruir todo a su paso. ¿Cómo había llegado eso? Hace unos pocos días se reían de lo que había sucedió en la jornada y ahora ni quería hablarle. De inmediato, supuso que sería por algún problema en su casa o en la universidad lo que lo tendría así. Pero… capaz ella también había tirado mucho de la cuerda y eso a él le disgustó.

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Pensó en mandarle algún mensaje para dejarle en claro que ella lo ayudaría en lo que pudiese, sin embargo eso también podría empeorar la situación. Bufó con cansancio y miró el computador donde estaba trabajando. ¿Y si tal vez…? Asintió decidida y comenzó a teclear a velocidades que únicamente podía utilizar cuando debía entregar un informe urgente. No iría a la cafetería y faltaría a la materia que le seguiría para adelantar trabajo y así poder pedirse el día siguiente libre. ¡Era perfecto! Creyó, y a pesar de que no sabía que haría exactamente, en esa tarde libre siguió con su plan.

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"Necesito encontrar más opciones, no colocar obstáculos", se dijo intentando ser positiva. Si algo la vida les había enseñado a ella y a sus primos, era a seguir esforzándose a pesar de todo. "Aunque duela" murmuró la voz de sus recuerdos, punzándole un poco el corazón. Negó con su cabeza y continúo con su labor. Más tarde, su jefe accedió a su pedido dejándola con una cosa menos en su lista.

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Al llegar a su casa se metió directamente en la tina. necesitaba relajar su cuerpo después de un día tan largo. Se introdujo, lentamente, sintiendo como el agua iba abrazando su piel y como el vapor de esta le llegaba al rostro. Apoyó la cabeza en el borde de la tina y exhalo exageradamente. No tenía sentido preocuparse tanto, ¿verdad? Cualquier persona con algo de sentido común no lo haría pero ella… en esos momentos lamentaba tan solo un poco el hecho de ser tan impulsiva. Y para colmo estaba algo confundida. En una acción por intentar tranquilizarse, frotó su cuello con sus manos y meció su cabeza de un lado a otro.

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―Mukami Ahome, eres una reverenda idiota ―se dijo asintiendo al final. Pero, ¿qué más podía hacer? Simplemente le desagradaba demasiado ver al albino en ese estado, alejando a los demás hasta quedarse solo―. ¡Ah! ¡Eres un imbécil, Subaru! ―exclamó, intentando que de alguna manera inexplicable, el insulto le llegase. Para contener otra posible maldición, metió su boca bajo el agua y comenzó a hacer burbujas con el aire que exhalaba frenéticamente. ¡Era sumamente irritante!

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Cuando terminó de bañarse se dirigió a la sala de estar donde leía apaciblemente su primo mayor. Sostenía un libro con sumo cuidado y mantenía su penetrante mirada en él. Lo observó con ternura y se acurrucó a su lado. Apoyó su cabeza sobre su hombro y sus manos abrazaron su cintura. Ruki desocupó una de sus manos para comenzar a acariciar el hombro de su querida pelinegra, sin despegar su mirada de aquellas líneas.

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En ese momento él suspiró profundamente, para después observarla y abrazarla un poco más.

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―¿Pasa algo? ―fue directo.

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―Hm~ Creo que algo así ―confesó no muy segura de lo que ella misma pensaba―. Es que un… ―murmuró intentando escoger el calificativo que se suponía debía pronunciar.

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―¿"Un"? ―Preguntó Ruki interesado, dejando el libro a un costado―. ¿Un hombre? ―ella asintió―. ¿Te gusta alguien? ―interrogó, no muy alegre, alejándola un poco para verla a los ojos.

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―No, es sólo que…. ―respiró hondo y luego habló rápidamente―, un conocido que yo realmente considero mi amigo está mal y no sé por qué. Sin embargo no parece ser que vaya a contarme algo y la verdad no me gusta verlo así. No sé qué hacer a pesar de que le dé vueltas al asunto. ¡Y ya me estoy exasperando! ―comentó, para después volver a introducir algo de aire a sus pulmones. Ruki, en cambio, frotó un poco su entrecejo y se preparó para hablar.

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―En definitiva… ¿Estás por meterte donde no te llaman? ―"Que responda que 'No', por favor", pensó Ruki.

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―¡Sí! ―contestó Ahome decidida.

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―¿No podrías esta vez… sólo observar?

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―No.

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―¿Entonces, por qué tantas dudas si vas a hacer algo igual? ―prácticamente afirmó resignado. Ella en respuesta, infló sus cachetes con disconformidad―. Pero… ¿Estás segura de que sólo es un amigo? ―quiso volver a confirmar. Generalmente, eran los demás muchachos los que malinterpretaban las intensiones de su a prima, así que siempre ―en primer lugar― le preguntaba a ella. Si los muy idiotas eran los equivocados no habría problema, él podría encargarse de eso pero… Si fuera al revés, sería otro tema.

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―No, quédate tranquilo ―respondió, aliviándolo―. Pero… ―llamó su atención cruzándose de brazos―. ¿Qué si fuera así? ¡Ya estoy grande! Si quiero, ¡puedo tener novio sin tener que pedirle permiso a nadie! ―aclaró mofándose.

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―¡Ja! ¡Estás muy equivocada, señorita! ―comenzó a discutir algo molesto.

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―¿De quién… están hablando? ―interrumpió Azusa que había terminado de cocinar.

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―¡De nada en especial! ―Desvió Ahome el tema levantándose y estirándose― Ah~ tengo hambre ~ ―canturreó, tratando de pasar al lado de este, pero él le impidió el paso.

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―Comida por… respuesta ―Comentó Azusa―. Es justo.

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―¿Ah? ¡Vamos, Azusa! ―se quejó―. Sólo era una duda que tenía sobre como animar a un amigo. Eso es todo ―simplificó sonriente.

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―¿Eso es todo? ―pregunto Ruki alcanzándolos.

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―Eso es todo~ ―afirmó.

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―Eso es todo… ¿verdad? ―quiso confirmar el pelinegro menor. Él tampoco podía evitarlo, le gustaba pelearla y jugar así con ella. Pero esta en cualquier momento perdería la paciencia si seguían así.

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―Sí, eso dije… ¡Ahora, pondré la mesa antes de que Yuma salga del baño! ―y se dirigió a la cocina.

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―Ruki… ―murmuró Azusa y este lo miró―. ¿Eso es todo? ―el contrario suspiró resignado.

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―Eso quiero creer.

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Tal como dijo, al otro día, no fue a la cafetería ni a las horas que seguían sino que directamente a su trabajo. Organizó todo para que los demás asistentes no tuvieran dificultades y ni su jefe se quejara por su falta. ¡Bien! Terminada la jornada volvió a pasar por el parque con esperanzas de encontrarlo, sin embargo no fue así. "No desesperes", se dijo. De todas formas, si se lo encontraba… ¿Qué le diría? Algo indecisa tomó asiento en el banco en el que estuvieron la última vez.

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¿Qué le diría? Se volvió a preguntar, pues todo le estaba yendo muy bien hasta el momento pero nunca se detuvo a pensar en que le diría. Se había decido a irlo a buscar al otro día. Suponiendo que lo encontrara milagrosamente en algún momento, ¿qué haría después?

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―Mukami Ahome, eres una reverenda idiota ―volvió a insultarse a ella misma. Tiró su cabeza hacia atrás, exhalando todo el aire de sus pulmones. ¿Acaso su lema era "Actuó, luego pienso"? Así no llegaría muy lejos. Bajó su rostro y se encandilo por el reflejo de la luz. El sol estaba llevándose toda la calidez junto con él―. Tú y la luna son bastantes burlistas ―refunfuñó con un puchero en la boca.

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No supo si fue por lo que ella misma dijo o por observar los tintes rojizos que se desparramaban por el cielo hasta fundirse en un violeta muy oscuro. Pero… ahí estaba, sola con ella misma sin saber que hacer realmente y aun así él se las ingeniaba para ocupar su mente en ese momento. "Es increíble la capacidad de la gente de estar cuando físicamente no lo está" murmuró para sí. Así eran las personas significativas para uno, sus familiares, amigos y ahora él. Rio con algo de sorna. "¿Realmente no tengo remedio como dice Ruki?" se preguntó y volvió a reír. Bueno, tendría que vivir con eso.

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Con un poco mas de resolución, al otro día, se situó frente el modulo de ingeniería, donde se suponía que él ingresaría dentro de unos momentos. Esperó en la puerta de este con su bolso en manos, pero no apareció. ¡No podía ser cierto! En algún lugar debería estar. Pensó que tal vez no había asistido, sin embargo no quiso darse por vencida. Siguió buscando, preguntando los horarios de la cátedra de arquitectura que eran unos cuantos a esa hora. Sin darse cuenta, pasó dos horas dando vueltas e incluso le pareció haber llamado la atención de algunos alumnos pues se la quedaban viendo al pasar. Bueno, eso a ella no le interesaba.

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Recorrió nuevamente el patio y ahí lo vio, cruzándolo con sus pertenencias encima. Sonrió con alivio al divisarlo, sin embargo la tristeza que el cargaba encima la hizo preocupar. De inmediato aquella incomodidad la inmovilizó por unos momentos. ¿Por qué estaba tan solo? ¿Por qué estaba tan triste? Posó su mano en su pecho, sintiendo a su agitado corazón estrujándose. Pudo palpar la culpa que la invadió al no saber cómo confrontarlo sin actuar como una idiota; eso era lo que más impotencia le daba.

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Sin querer perder un segundo más corrió hacia él, llamándolo. Cuando el joven se giró y la miró con sus preciosos orbes rubíes, los que tanto le gustaban a ella, sonrió con alivio. Llegó hasta él quien pareció querer modular su nombre pero esta no lo dejó hablar.

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―¡Lo siento! ―se disculpó, para después hacerle una leve reverencia― Yo… Yo… ―se irguió para verlo decidida―. No pude esperar más. Yo quería decirte que lamento mucho el haberte incomodado tanto. ¡Juro que no era mi verdadera intensión herirte o algo así! Yo sólo estaba bromeando pero… ¡Ahh! ―no la dejó continuar y se la llevó a una parte más alejada del patio. En ese pequeño trayecto, mientras observaba su ancha espalda, las palabras que quería decirle se desordenaron drásticamente y se peleaban por salir primero de su boca. Mordió sus labios y decidió decirle lo que realmente quería decir.

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Al detenerse y colocar sus pertenencias a un costado le pidió a Ahome que se explicase bien. Esta le dijo la verdad; que quería disculparse con él pero este no hacía más que ser testarudo y decir que él era el problema realmente. En un momento se exaspero al escucharlo y verlo así, por eso lo tomó por los hombros para obligarlo a verla. Le pidió que la escuchara y se sinceró confesando que realmente le preocupaba bastante mientras repartía algunas caricias por sus rígidos brazos, que tras esos toques se relajaban. Desvió su mirada hacia las manos del muchacho. Eran tan pálidas y grandes pero cuidadosas… sin embargo estaban expuestas a aquel frío sin ni siquiera retorcerse. Así era como ella lo veía en el aquel momento y no quería que siguiera así. Suspiró silenciosamente y levantó su rostro para encontrarse con la mirada culpable de él.

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―Sé que sólo soy una conocida y que no tengo ni el más mínimo derecho de decirte estas cosas, pero… lo haré aun así. discúlpame ―remarcó Ahome, volviendo a verlo a los ojos llenándose de valor―. No tengo idea de lo que te está pasando o si te sucedió algo, sin embargo…. Si hay algo en lo que pueda ayudarte, aunque sea en lo más mínimo dímelo y lo haré ―sentenció, prácticamente suplicándoselo. Esta vez sus manos se deslizaron hasta las de él sujetándolas con aprecio―. Si necesitas que te escuche, te acompañe, hable, golpee a alguien o si simplemente quieres que nos quedemos en silencio mirando a la nada… yo lo haré. En serio… quiero que me dejes ayudarte, no me gusta verte así. Yo… estoy aquí para ti ―finalizó sorprendiéndolo por sus palabras.

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Subaru ensanchó aún más su mirada y sus ojos parecieron temblar levemente en su eje por un momento. Parecía querer hablar sin embargo se quedó callado y la intriga comenzó a hacer mella en ella. ¿Qué lo único que hacia al hablarle era confundirlo aun mas? Su cabeza no podía maquinar una frase coherente sin decir algo que lo lastimase. La azabache sintió sus labios temblar.

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―Hm… si quieres puedes mandarme a la mierda o incluso no hablarme más, pero déjame intentarlo ―dijo con seguridad para después suavizar su mirada―. No me gusta ver cómo te aíslas porque estás triste, Subaru… por favor… ―susurró con un tono de voz tan aterciopelado que lo hizo reaccionar. Sus ojos, reflejaron esperanza y anhelo tan puros que provocó que el cuerpo de Ahome se moviera por sí solo.

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Las ansias dominaron sus brazos con los cuales rodeó el cuello del joven y lo atrajo más hacia ella, pegando su cuerpo al de él, intentando brindarle su apoyo y calidez. A pesar de su intención, no esperó que este la aceptase gustoso, rodeara su cintura con tanta dulzura y enterrara su rostro, casi desesperadamente, en el hueco de su cuello. Lo sintió respirar hondamente y exhalar contra su piel, logrando que esta se erizara y que una corriente eléctrica recorriera todo el sector. Ahome cerró sus ojos, hundió su rostro en su hombro y se dejó deleitar con su aroma tan masculino. No olía para nada mal. Incluso sonrió cuando la atrajo más hacia él y jugueteó con su cabello con cariño. La respiración del albino rozando suavemente su cuello le hacía olvidar donde se encontraban. Era un momento muy íntimo que únicamente le pertenecía a ellos.

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Luego de unos momentos, se separaron lenta y cuidadosamente. Él la deslizó con cuidado de sus brazos, mientras se erguía de a poco, muy a su pesar, y ella antes de soltarlo, acarició por última vez sus manos. Aun parecían estar envueltos en aquella atmosfera cálida contradiciendo totalmente al clima. Ella lo miró con una mirada llena de dulzura, con su infaltable sonrisa complementándola y un leve sonrojo que la hacía aun más hermosa de lo que ya era.

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Ahome se sintió aun más tranquila cuando vio sus ojos llenos de cariño y esperanza. Subaru volvía a ser el mismo; un joven sumamente amable con algunos problemas para controlar su malgenio. Sonrió tiernamente y este le dio un pequeño golpe, con su dedo índice, en la frente.

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―Eres muy charlatana ―susurró. Ella frotó aquel lugar por inercia e hizo un puchero―. No me mires así. Ya te había dicho que no me pareces una verdadera molestia. Tú supusiste mucho y sacaste tus propias conclusiones ―aclaró con un tono de voz medio altanero. Ella pareció querer contestar pero él la interrumpió―. Gra…gracias por hacerlo y venir hasta mí ―se sinceró, agradeciéndole de corazón.

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La ojivioleta sintió como su pecho sin inundo de calidez. Aun más cuando vio que un rojo carmín azotaba con fuerza las mejillas del albino que había decidido girarse para que no lo notase tanto. Después de eso, él la invitó a tomar algo a un bar de por ahí. Se disculpó varias veces por hacerlo faltar a sus clases pero este pareció sentirse incluso más culpable cuando se enteró de todo el movimiento que había hecho ella para verlo. Cada palabra que decía parecía empeorarlo, inclusive él comenzó a murmurar posibles soluciones a "los problemas que le causó". Eran un desastre. La azabache volvió a sincerarse con esperanzas de apaciguarlo un poco, "Y además quería verte. ¿Tiene algo de malo?". A pesar de ser ella, sentía pena. no pudo creer que esas palabras salieran tan fácilmente de sus labios.

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―Y-yo… ―balbuceó, volviendo a girarse―. No, no está mal pero, ¿por qué… te tomas tantas molestias por mí? ―esbozó Subaru, al fin, librándose de aquella pregunta que lo torturaba y mirándola de reojo.

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―A ver…. ―canturreó posando uno de sus dedos sobre sus labios para evitar que flaqueasen―. ¿Por qué será? ―Inclinó su cabeza con duda fingida―. ¡Ah! Porque me agradas mucho, Subaru. Y por eso no quiero verte mal. Eso es todo. Para mí eso es suficiente como para hacer esto ―y nuevamente las mejillas del albino se tornaron rojas. Después de procesarlo por un momento, cerró los ojos y se echó a reír. Ella creyó que su risa era tan preciosa como contagiosa.

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―Si estás bien con eso entonces yo no tengo por qué quejarme. Haz lo que quieras ―dijo sonriéndole sinceramente. "Ja, ahora abstente a las consecuencias", le advirtió mentalmente mientras le dedicaba una juguetona sonrisa―. Ahora apurémonos y entremos a algún bar ―comentó, guiándola animado.

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Subaru le contó lo sucedido con su familia y un poco de cómo estaba conformada. Ahome le dio algunos consejos y lo regañó un poco por subestimar a su madre. Bueno, eran seis hijos intentando actuar lo mejor posible para no dañar los sentimientos de su progenitora. En todo momento lo escuchó con atención y lo dejó proseguir al ritmo que a él le parecía conveniente. No importaban los silencios que se producían, estaban acompañándose y eso era suficiente para ellos.

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Ella le deseó la mejor de las suertes cuando él le relató el plan que había maquinado en el momento y lo despidió haciéndole porras y, ¿por qué no haciéndole pasar un poco de vergüenza? Eso pareció avivar aún más sus ánimos. ¡Bien! Se dio el permiso de respirar con tranquilidad mientras el bienestar invadía su cuerpo. Le fue increíble considerar que pudiera sentirse así por solo el buen humor de Subaru.

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Al llegar a su casa, les comentó a sus primos que el dilema estaba solucionado. Obviamente no contándoles lo que sucedió en sí, sólo un: "Está todo bien, por suerte" para aliviarlos. Aunque no logró el efecto deseado, ganándose un interrogatorio, se sintió bien. Sólo esperaba que todo se solucionara para la familia Sakamaki.

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Esa misma noche, algo tarde, recibió un mensaje del albino.

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"Disculpa por molestarte tan tarde, pero quería agradecerte por lo de hoy. Además el plan funciono; logramos hablar entre todos y al parecer Laito hizo las paces con los otros dos trillizos y Oka-san. Creo que todo se pondrá mejor ahora. Nuevamente perdón por la hora pero quería que te enteraras primero. Gracias ¡Buenas noches!

Pd: ¡No se te vuelva a ocurrir faltar al trabajo así, idiota! Si quieres decirme algo, hazlo, o si tienes un problema, también. Hasta mañana"

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Ahome dio un salto de alegría apenas leyó la primera línea. ¡Qué bien! Se alegró mucho por él y porque se acordara de avisarle como ella misma le había pedido que hiciera. Se recostó nuevamente y parpadeó lentamente para después escribir.

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"¡Eso es espectacular, Subaru! Me alegro mucho por ti, en serio. ¡Y no tienes porque agradecerme! Puedes usar mi hombro para desahogar tus penas cada vez que lo necesites :) Muchas gracias por pensar en mí. ¡Nos vemos mañana!

Pd: Dulces sueños, idiota~ "

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Terminó de escribir y sonrió ampliamente; era un idiota. Se acurrucó nuevamente entre sus sabanas y dejó que el sueño volviera a invadirla, haciéndole recordar por última vez aquel cálido abrazo y los preciosos ojos rubíes llenos de esperanza que tanto le agradaban.

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"Lamañana en la que el grano de café nos hizo adictos a encontrarnos,sabíamos que podríamos quemarnos, pero aún así corrimos el riesgo. Bebimos gustosos el dulce y a la vez amargo sabor de la temporalidad, de la incertidumbre, del saber que un sólo café nunca más nos dejaría satisfechos. Una vez que se prueba hay un deseo insaciable por seguirlo bebiendo.Pero ya no más solo.
Tal vez nos bebimos demasiado rápido.
Tal vez nos bebimos demasiado lento.

Tal vez aun seguimos bebiéndonos, o incluso lo hacemos sin darnos cuenta.

Puede que nuestros sentimientos estén desencontrados pero no nuestras miradas.

Tal vez y solo tal vez, seas la persona que siempre quiera beber y que me beba "

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¡Fin del capitulo 7! OMG espero les haya gustado. Crei que seria justo mostrar alguna vez el punto de vista de Ahome ademas de agregar algunas conversaciones y sucesos que no estuvieron en el cap pasado :)

¡Espero les haya gustado! ¡Muchas gracias por leer! Espero ansiosa sus comentarios ;)