¡Al fin! Nueva actualizacion del Aroma del encuentro, un AU (universo alterno de Diabolik Lovers). Realmente me gusta escribir esta historia, es distinta y la mayoría esta relatada desde el punto de vista del protagonista (usualmente es del lado de la prottagonista). Tambien relaciono a los demas personajes para hacer una trama mas interesante. Sin mas que decir... ¡Disfruten el cap!

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Les quiero agradecer mucho a todas las personas que se toman un poco de su tiempo para leer mi historia y comentarla (de veras me animan mucho a seguir) Y los invito a seguir haciendolo :D

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También le agradezco a Marce por corregir mis horrores ortográficos :)

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Recuerden dejar sus reviews :D

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Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenece, si la historia y Ahome

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CAPITULO 9


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Esa era otra mañana movida en "Coffee Break". Aquel día le había tocado abrir la tienda y asegurarse de que todo estuviera en orden. Algunos empleados habían vuelto de sus vacaciones y otros se dignaron a aparecer a trabajar, como Gil. Por cierto, este estaba sumamente empecinado en que le contara cómo fue el almuerzo del domingo pasado y hacía todo lo posible para interferir con su trabajo. "¡Te tiraré al basurero si sigues jodiendo y no te pones a trabajar!" lo amenazó, intentado contener su irritación. Realmente ponía todo de sí para guardar la calma. Sin embargo, gente que lo sacaba de quicio, como su compañero, solían rodearlo mucho.

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Levantó la vista y notó que apenas eran las nueve de la mañana; aun faltaba para que ella apareciera. Otra vez había permitido que la azache se entrometiera en su mente logrando ponerlo estúpido por algunos segundos. No sabía por qué, pero estaba completamente negado a dejar que siguiera hurgando en él… bueno, por lo menos hasta que él descubriera más de ella. Le parecía sumamente injusto su incapacidad para llevar a cabo su cometido, y aún más su propia estupidez por darle tanta importancia a un asunto por el que ni siquiera debería inmutarse.

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Decidió que lo mejor era poner la mente en su trabajo para no quedarse divagando por lados indebidos. Comenzó a preparar otro pedido en Jennifer, esta funcionaba bien y le era tan indiferente como si nunca le hubiera causado problema alguno. Le pareció ilógico pensar que cuando más necesitaba una distracción el mundo se ponía de acuerdo para dejarlo en paz o refregarle su preocupación por el rostro. "Ahora me aplicas la ley del hielo, ¿eh?" le murmuró a la maquina tomando de ella lo que necesitaba.

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―¿Estás bien? ―preguntó pasándole por al lado Megu. Este intentó decir algo pero ante la mirada extrañada de la joven sólo asintió y le dio el pedido. Luego de eso, siguió trabajando un poco más, intentando evitar todo posible dialogo con Jenny y Gil.

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―S-Subaru-kun ―murmuró una voz detrás de él, se giró y se sorprendió un poco al ver a la muchacha―. Buenos días ―sonrió esta algo nerviosa, apretando fuertemente la tira de su bolso. El albino se acercó a la barra con la taza que secaba en manos.

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―Yui, ha pasado tiempo ―saludó. En frente de él estaba una chica rubia, de contextura pequeña y de ojos rosados―. ¿Qué te trae por aquí?

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―Em… yo ―titubeó algo avergonzada y señaló el banco de la barra―. ¿Puedo sentarme?

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―¡Claro! ¿Quieres tomar algo? ―esta le respondió que con un té estaba bien y de inmediato se puso hacerlo―. ¿Estás de paso por la ciudad? ―Intentó volver a hablar con ella pero seguía algo cohibida, chasqueó su lengua con cansancio y esta se encogió de brazos―. ¿Qué pasa?

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―Pensé que aun seguirías molesto conmigo ―confesó algo apenada. El contrarío respiró hondo y pasó su mano por su cabello; a él eso ya no le importaba.

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―Mira, Yui ―la llamó, apoyándose un poco sobre la mesa―, ya te dije que no me importa. Además pasaron muchos años, así que deja de estar persiguiéndote con eso o de veras me voy a molestar. ―Le advirtió con el ceño levemente fruncido. La rubia lo miró algo dudosa pero ante la insistente mirada del joven se sonrojó un poco y sonrió.

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―En el fondo eres muy amable, Subaru-kun ―sentenció aún con algo de culpa. El ojisrojo se sonrojó un poco y se cruzó de brazos.

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―Y tú muy asustadiza.

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―Eso es porque tú hablas a los gritos ―dijo entre risas. Él se giró y le trajo su té con algo de pereza.

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―¿Cómo supiste que estaba aquí? ―preguntó finalmente. No le creería si decía que fue casualidad. Ella empezó a revolver su bebida suplicando que Subaru tuviera otra cosa que hacer, pero su deseo no se concedió.

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―Laito-kun me lo dijo…

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El muchacho no le discutió más al asunto, colocó en una cafetera individual la bebida preferida de su ruidosa clienta para dale aquel "toque" que tanto le gustaba. Sonrió con resignación y siguió trabajando, aunque no pudo evitar pensar que por algo Laito le había dado su paradero a la rubia y el motivo de su presencia. Supuso inmediatamente porque era, y esta vez no le dolía, ya había tenido bastante tiempo en el que pudo reconsiderar todo. Ahí tenía en frente a su exnovia. Fueron compañeros desde la secundaria hasta el primer año de preparatoria. Ella era la única con la que podía dialogar a pesar de que le asustara tanto su actitud, realizaban las tareas, se metían en problemas juntos y eran buenos amigos. Con el tiempo descubrió que le gustaba y un día por error se le confesó y terminó siendo correspondido, tenían tan solo quince años cuando aquello sucedió. La única diferencia que hubo fue que andaban tomados de la mano o se daban algunos besos, nunca pasaron de las caricias y eso fue motivo de burla para sus hermanos.

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Bueno, después de lo que ocurrió, él terminó su relación y ella se cambió de instituto. Estuvo muy enojado por un tiempo, sin embargo al pensarlo bien, llegó a la conclusión que le dolió más el hecho que lo que sentía él por ella. La quería mucho, le gustaba, se enamoró como cualquier adolescente con las hormonas a flor de piel, pero ese sentimiento no era tan real que digamos, ni tampoco resistente. Claro, eso lo comprendió un tiempo después, ahora no le guardaba resentimientos; hace años que no la veía y podía notar que seguía con el mismo dilema de antaño. En una ocasión le dio su apoyo pero al parecer ella aun se sentía "terrible" por lo que le había hecho, volviendo totalmente imposible lo que quería hacer. "Éramos muy jóvenes y estúpidos" se recordó. A diferencia de él, Yui no podía superarlo totalmente… bueno, no era fácil.

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―¡Buen día, Subaru! ―Lo sacó de su ensoñación el saludo de la azabache―. Buen día Jenny ~ ―canturreó con malicia como siempre y tomó su asiento al lado derecho de la rubia. Este revoleó los ojos y fue a terminar el pedido de la joven―. Esta vez me gustaría probar un muffin con chispas de chocolate ―le dijo saboreando la palabra "muffin" y con una ferviente pasión "chispas de chocolate".

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A la rubia le pareció llamativa tanta familiaridad con Subaru y como ella sonreía tan triunfante ante los gruñidos de su ex. El joven se giró, finalmente, a verla y su semblante se destensó. No la había visto entrar pero aun así, aquella sensación de alivio llegó a su ser al escucharla. Ella estaba con aquella sonrisa picara de siempre, una que podía causar tantos desastres se propusiera.

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―Si sigues comiendo tantas cosas dulces terminará doliéndote el estómago ―le advirtió con su acompañamiento en mano. Esta entrecerró los ojos en un intento de amenazarlo con la mirada―. Pareces aun más estúpida haciendo eso ―bufó.

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―Bueno~ ―tarareó y acunó su rostro entre sus manos―, me alegra que te preocupes tanto por mi salud en realidad. ―dijo, ignorando su insulto.

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―¿Qué? ―se sobresaltó y le entregó rápidamente el Muffin―. Después no me fastidies ―gruñó prácticamente.

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―No prometo nada ~ ―finalizó riendo.

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Subaru tomó su taza de café y se la entregó en sus manos. Se le había hecho costumbre, últimamente, y aunque estuviera mal o tratara de hacerlo como se debía, ella ya lo esperaba con los brazos extendidos. Y a pesar de que no quisiera aceptarlo, le gustaba rozar sus manos; de esa forma usaba como excusa el acercamiento para observar mejor sus preciosos orbes violetas. Le encantaba ver el brillo que estos irradiaban al tenerlo cerca por lo que se le hacía inevitable sonreírle aunque intentara ocultar cuanto le agradaba aquella acción.

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Ella apoyó la taza, sacó uno de sus libros, tiró todo su cabello para un costado y acunó su rostro en una mano. Comenzó a revolver su bebida mientras tarareaba una canción, el joven se dio vuelta y siguió preparando algunos pedidos. En uno de esos, la maquina despidió un poco de vapor haciéndole recordar que ya tenía sus años y que por mas reparada que estuviera, de vez en cuando le complicaría su tarea.

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―Jenny, trátame bien a Subaru que hoy anda algo distraído ~ ―canturreó para después inhalar el aroma de su café y beberlo.

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―¡Tsk! ¡Cállate! ―le gritó molesto.

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La azabache rio y se quedó viendo su taza ante los leves susurros llenos de maldiciones que escuchaba. A Yui le pareció algo raro, generalmente por esa actitud la gente solía alejarse de él, no acercarse. Ante su insistente mirada, Ahome, se giró a verla. En cuanto lo hizo, la rubia, desvió su mirada y se removió algo incomoda en su asiento. La chica no le prestó mucha atención y siguió bebiendo.

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―Casi no bebiste nada ―señaló el muchacho―. ¿Quieres que te lo caliente o prefieres beber otra cosa? ―le preguntó a Yui al volver.

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―No… está bien ―contestó algo avergonzada. La ojisvioleta la miró de reojo y la notó completamente pálida.

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―¿Está bien? ―Interrogó Ahome a Yui―. Quédate tranquila, él gruñe pero no muerde ―le aclaró ante su nerviosismo.

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―¿Eh?

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―¡A ti nadie te hablo! ―exclamó el albino, y ella se cruzó de brazos.

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―Estaba intentando ser amable con alguien que parece estar por desmayarse. ¿Está mal? ―contrarrestó. Se miraron desafiantes por un momento, los dos tenían un carácter bastante fuerte y era normal que a veces estos chocaran. La risilla de la ojirosas los hizo volver a la realidad.

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―-Disculpa, me llamo Komori Yui. Conozco a Subaru-kun hace unos cuantos años ―se presentó debidamente.

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―¡Oh! Mukami Ahome, un gusto. ―saludó― Y soy una querida amiga suya ―aclaró con orgullo. Este la miró incrédulo y con un leve sonrojo en el rostro; no podía creerlo… La azabache era un desastre hablando, la mayoría de sus palabras podían malinterpretarse fácilmente.

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―¿Querida amiga? ―preguntó aun no creyéndose sus palabras. Bueno, ella era especial pero… ¿Cuánto?

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―¡Claro que sí! Así me presentaste la otra vez~ ―alardeó refiriéndose al almuerzo del domingo.

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―¡Yo nunca dije tal cosa! ―exclamó con fastidio y recibió un "silencio" de parte de Megu.

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―Qué cruel eres… ―murmuró tomando su taza―. Tú sí eres un querido amigo para mí ―refunfuñó Ahome, mirando con molestia su libro; ya no tenía ganas de leer. El muchacho no supo que decir, el color se le fue del rostro y se sintió algo mal consigo mismo por hacerla sentir así… ella era preciada para él pero no podía aceptarlo en voz alta―. ¡De todas formas sé que es así y si no, lo hare realidad y listo! ―retó señalándolo triunfante. Ella era bastante caprichosa, se recordó. Eso era algo que le gustaba y odiaba a la vez, frunció su ceño y se ruborizó un poco al descubrir que sus palabras le agradaron.

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―Haz lo que quieras ―masculló―, ¡pero contrólate un poco!

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―¡No dejaré que me censuren! ―aclaró altaneramente y le dedicó una mirada llena de complicidad.

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El joven esbozó una pequeña sonrisa y se giró para seguir trabajando; la chica era un caso totalmente perdido. Bueno, después de todo eso era lo que él quería de ella, pensó y entró a la cocina interna.

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―¿Qué pasó, Subaru-kun? ―murmuró Gil detrás de él―. ¿Se te juntó el ganado? ―preguntó, haciendo referencia a las dos muchachas que dialogaban con él. Este dio un respingo y pareció atragantarse con su propia saliva.

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―¿Qué porquerías estás diciendo?

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―La rubia es bonita, pero aun así no apoyo que traiciones a Ahome-chan ―se cruzó de brazos y se apoyó contra la pared pensando seriamente en ello―. ¡Decídete antes de herir a alguien! ―lo reprendió.

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―¡Te lo advertí! ―Lo tomó de la camisa con bastante furia―. Mira, y-yo no tengo que decidir nada porque no es "esa" situación ―explicó pisándose en sus palabras―. Yui fue mi novia hace mucho tiempo y ya no siento absolutamente nada por ella ―aclaró tranquilamente―. ¡Y deja de estar relacionándome con Ahome! Ella a mi no me gusta ―dijo algo dudoso. Desvió su mirada y apretó aun más la prenda de su compañero.

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―Subaru, me asfixias… ―dijo Gil en un hilo de voz y el contrarió lo soltó. En cuanto se calmó lo observó con incredulidad―. ¿Ahome-chan sabe que es tu ex? ―indagó.

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―No entiendo por qué debería saberlo. Eso ya no interesa ―sentenció algo confundido. El contrarío sólo suspiró con sorna y se acomodó sus prendas.

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―Cuando Ahome-chan fue a tu casa, ¿estuvieron en algún momento solos? ―Subaru ante el sólo recuerdo enrojeció y asintió. Esa era la expresión que quería probar Gil―. ¿Eso fue en tu habitación?

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―No

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―¿De veras? ¿No la llevaste a tu habitación?

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―No, ¿por qué? ―lo miró con algo de fastidio y su compañero volvió a resoplar con fuerza.

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―Eres un caso perdido, Subaru-kun ―comentó y antes de recibir un insulto prosiguió―. Tienes suerte de que Ahome-chan también lo sea~

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Luego de aquello no lo fastidió más, siguió trabajando y despidió a la ojisvioleta cuando se fue. No indagó más sobre el motivo de la llegada de Yui. Al parecer ella había vuelto para disculparse otra vez con él. Le pareció totalmente estúpida por privarse de lo que realmente quería hacer; eso a él ya no le incumbía.

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Al otro dio, grande fue su sorpresa cuando Laito y Kanato llegaron a la cafetería y se llevaron a una mesa alejada de la barra a la pelinegra. Prácticamente la habían captado de rehén, a ella le pareció divertido y les siguió la corriente. Cada tanto le mandaba notas a través de Gil o Megu que decían "Sálvame, me están por hacer comer un pastel y después no habrá forma de sacarme de aquí" o "¿De veras te corrió un gallo de pequeño?". En resumen estaban colmando su paciencia en horas de trabajo. ¿Qué acaso sus hermanos no tendrían que estar estudiando? ¿Por qué ahora ese repentino interés por la joven? Bueno, tan repentino no era porque desde la vez que almorzaron juntos siempre preguntaban por ella.

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Por su lado, a penas fue secuestrada, Ahome y los demás hicieron sus pedidos y aclararon que lo que hablarían se quedaría en secreto.

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―Ahome-chan, nos gustaría que nos dijeras algunas cosas ―explicó Laito―. ¿Ayer vino una chica rubia aquí? ―esta asintió y le dio un sorbo a su bebida. El castaño antes de proseguir codeo a su hermano que estaba embobado comiendo pastel y no prestaba la suficiente atención.

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―¿Qué rayos te pasa, Laito? ―preguntó molesto.

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―Recuerda a que vinimos, Kanato-kun~ ―canturreó algo impaciente.

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―¡Ah! Cierto ―pareció recordar y clavó su mirada en la de la joven―. Ayer cuando vino la ex novia de Subaru, ¿dijo algo extraño? ―indagó sin más y el mayor tapó su rostro con resignación. El peli violeta no era para nada sutil.

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―¿Exnovia? ―intentó procesar la joven. Miró hacía el techo y después posó uno de sus dedos debajo de su barbilla― ¿Yui? ―Mencionó y asintieron―. ¿Aquella chica que parecía que en cualquier momento le daría un paro cardiaco?

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―¡Esa misma! ―Afirmo Laito―. ¿Viste o escuchaste algo interesante? ―la azabache pareció pensarlo bien y no pudo evitar imaginarse al albino y a la muchacha juntos. Ella cada vez que elevaba la voz, Yui se sobresaltaba y no solía mirarlo mucho a los ojos. Desde su punto de vista… ella parecía sentirse culpable. Era muy bonita, educada y amable, cualidades que a cualquiera hombre le gustaría. Unas cualidades que no tenía muy desarrolladas que digamos…

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―Podrías apurarte, no tenemos todo el día ―mencionó Kanato, algo impaciente. Esta le sonrió y se llevó un bocado de pastel a su boca―. ¿Me estás provocando? ―alzó su ceja.

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―¿Hm? Yo sólo estoy comiendo~ ―canturreó Ahome―. Bueno, ¿por qué no le preguntan a Subaru de qué hablaron? ¿No sería más simple? ―fue sincera, no le gustaba andar de chusma.

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―¿Eres idiota? ¿No te das cuenta que esto es confidencial? ¡Por eso nos alejamos de donde está parado observando ese tarado! ―señaló al menor que inmediatamente se giró fingiendo estar haciendo algo.

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―¿Dime, aun sigues en jardín de infantes o qué? ―Contrarrestó esta, ganándose una muy fea mirada del trillizo del medio―. Ya sé que esto es "secreto" pero… ¿No creen que después de todos los problemas que tuvieron es mejor ser sinceros? ―intentó hacerlos reflexionar. Suspiró con sorna ante su silencio―. No tengo problema en decirles lo que vi; una chica temerosa que miraba con suma culpa a su hermano. Él a veces le decía "ya no te preocupes por eso" y nada más. Luego sólo se quedó callada mientras tomaba su bebida. ―Finalizó su relato cruzándose de brazos―. No sé si es relevante o no para ustedes pero… él sólo se molestaba cuando se disculpaba.

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―Vaya~ ―murmuró sorprendido el castaño―. Subaru-kun realmente te tiene mucha confianza y veo por qué ―comentó comiendo un macarrón para quitar aquel gusto amargo por el recuerdo de sus problemas con su madre biológica. La chica era concisa y sincera, no delataría al ojirojos, pero tampoco dejaría que algo lo hiriera―. Tienes todo mi apoyo, Ahome-chan ~ ―canturreó guiñándole el ojo.

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―¿Eh? ―inclinó un poco su rostro confundida.

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―¡Tsk! Todavía no me agradas del todo ―masculló el ojisvioleta―, pero intentaré tolerarte.

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La chica rio divertida, al parecer había ganado una especia de "privilegio". Los hermanos Sakamaki si que eran un caso particular. Se preocupaban mucho por sus pares pero eran muy torpes para ser sinceros.

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―Yui es mucho más tranquila y amable que tú ―resaltó el amante de los dulces.

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―Pero a Subaru-kun ya no le interesa ―rescató el momento el ojiverde―. Solo fue un noviazgo de niños, tenían dieciséis años cuando terminaron, así que no tiene importancia. ¡No te desanimes!

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―¿Por qué debería desanimarme? ―preguntó con curiosidad.

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―¿Ah? ¿No te molesta que se le acerque una chica al chi―? ¡AH! ―Kanato no pudo terminar de hablar porque el mayor pisó con fuerza su pie―. ¿¡Por qué hiciste eso!?

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―¿Por qué lo pisaste? ―esbozó la joven.

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―¡Dejen de gritar! ―Subaru se había acercado a la mesa para ordenarles que se callaran. El escándalo que hacían se escucha por todas partes.

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Desde que secuestraron a Ahome no pudo quitarle la vista a aquella mesa, sus expresiones no le indicaban bien de lo que hablaban pero la última oración que dijo su hermano lo alertó un poco. Pudo deducir cual era su tema de conversación, y palideció ante la idea de que hubieran hablado de más. Se sorprendió un poco cuando de repente la azabache se levantó y tomó sus cosas rápidamente. ¿Se había ofendido? De ser así, en las noticias aparecerían dos cuerpos flotando en el rio más cercano y una ira de ex amantes iracunda rodeando el predio.

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―¡Disculpen, debo irme! ―se disculpó y se colocó su bufanda haciendo danzar su cabello por la acción. Algunos mechones quedaron desordenados, sobre todo aquel que se fijó en sus labios. El albino sintió el impulso de utilizar eso como excusa para tocarlos finalmente. Los miró fijamente y tragó en seco al ver que ella misma lo hizo―. Fue divertido charlar con ustedes~ ―canturreó y observó al ojirojos― Nos vemos mañana, Subaru ―se despidió, yéndose con una pintada sonrisa en la boca.

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―Toma ―Kanato le ofreció una servilleta al menor y este lo miró extrañado―. Se podría notar que estas baboseando ―comentó algo divertido.

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―¿Eh?

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―Eres muy obvio, Subaru-kun~ parece que quisieras devorarla ―dijo Laito y el otro trillizo asintió en acuerdo―. Si tanto te gustan sus labios, ¿por qué no la besas? nfu ―incitó. En respuesta este se inclinó y los miró amenazante, aunque el efecto que se suponía debía haber provocado se aminoró porque su rostro estaba completamente colorado.

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―Lárguense ―ordenó.

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―Eso es descortés ―comentó Gil, tomando una distancia prudente de él.

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Detestaba cuando tenía a varios "enemigos" en contra y mucho más si eran amigos y familiares, no podía desaparecer con facilidad. Pero… si había algo que detestaba realmente era dar su confianza y que la destrozaran las personas menos inesperadas. Pensó con amargura, podía llegar a perdonar dependiendo de quién sea pero… eso no quitaba el hecho de que dolía igual.

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Y de esa forma, sin remordimiento alguno, recordó. Una de esas ocasiones fue cuando estaba en primero de preparatoria, Yui era su novia y él tenía un peor carácter que ahora. Generalmente nadie se le acercaba y los que lo hacían era para pelear, cosa que hacía que su madre sufriera mucho; por ese hecho directamente ignoraba a cualquiera que se comportara hostilmente o lo mirase de mala manera. Nunca supo si solamente fue por su mal carácter o su físico, pero por más que se esforzara no lograba quitarse de esa posición de "violento" o "peligroso". No era absolutamente para nada divertido. Con los únicos que tenía un contacto amigable era con sus hermanos, algunos amigos de ellos y Yui, su novia desde hace un año. Con ella intentaba comportarse lo mejor posible desde que la conoció, eran compañeros desde el comienzo de la escuela y de alguna extraña manera llegó a gustarle e incluso enamorarse de ella.

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La rubia afirmaba que lo aceptaba tal cual era, a pesar de que temblara ante sus ataques de ira o sus torpezas, siempre terminaba sonriendo para él. Por eso… no supo cómo llegaron a eso, cómo no se dio cuenta o no desconfió. Una mañana se encontraba en la escuela haciendo un recado del profesor de educación física: este quería que fuera a buscar los balones para jugar al aire libre, siendo varias veces advertido de que debía moderarse. "¡Tsk! Son unas señoritas" refunfuñó quejándose de sus compañeros, corrió un poco la puerta del depósito, que estaba entre abierta y se adentró un poco. Antes de comenzar su búsqueda pudo distinguir algunas cuantas respiraciones agitadas. "¡No lo puedo creer!" Si fuera por él, les jodería el momento haciendo ruido para asustarlos y que salieran corriendo de allí pero esta vez no estaba con ánimos de eso.

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Se dirigió al área de las pelotas, intentando ignorarlos. Sin embargo, debido a la posición de su recado debía girarse a buscar en otro bolso y ahí fue cuando los vio. Sofocada y sonrojada a más no poder estaba su novia siendo acorralada por un joven muy conocido. Sin descargo alguno estaban devorándose a besos y dándose incitadores caricias, sus ojos se abrieron a más no poder… simplemente no debía ser cierto. Sus manos le hormiguearon y su vista comenzó a nublarse.

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―¡S-Subaru-kun! ―exclamó esta en cuanto se percató de su presencia, su rostro se contrajo del horror y comenzó a acomodar su ropa. El chico que la acompañaba estaba aun más pálido que ella no pudiendo esbozar palabra alguna; sea una burla o una explicación―. Esto…

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El albino estaba fuera de sí, sin poder procesarlo o incluso planearlo su cuerpo ya se había movido por sí solo y en cuestión de segundos se encontraba arriba del muchacho golpeándolo fervientemente. Apretaba la mandíbula a no más poder, su rostro estaba rojo de la ira y su mirada no reflejaba más que dolor y decepción. No pensó en ningún momento en moderar sus golpes, sus brazos y oídos se negaban rotundamente a acatar a su cerebro. Estaba siendo brutalmente envuelto por una abrumadora sensación de dolor y tristeza… Esa persona, justamente no podía traicionarlo, él no contaba casi con nadie más, nadie que lo aceptase como era y ahora él… estaba clavándole un puñal por la espalda. Ese solo pensamiento lo impulsó aún más y aunque el contario trató de defenderse y lo golpeaba este no se detenía, ni el llanto de la chica lo hacía.

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El alboroto que se armó atrajo rápidamente a algunos alumnos y profesores que trataron de separarlos, sin embargo, estos no hacían más que golpearse entre sí, aunque evidentemente el que tenía la ventaja ahí era Subaru. Ni los sollozos de su novia ni el tironeo de sus hermanos o las amenazas de los profesores podían desanublar su juicio. En cuanto lograron separarlos, tomaron al malherido muchacho que miraba con total culpa al albino…

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―¡ERES MI HERMANO, MALDITA SEA! ―gritó con impotencia el menor y ahí fue cuando Ayato cayó en cuenta de lo que había hecho. "Lo arruiné todo" pensó dejándose arrastrar por Kanato y otros profesores.

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Laito trataba de calmar al iracundo Subaru que aun forcejeaba por soltarse. Le dolía… le dolía demasiado que alguien de su familia lo hubiera traicionado de tal manera. El pelirrojo era diferente a él; estaba en el último año, tenía amigos, amantes; era un altanero de porquería, pero nunca estaba solo. Ayato sabía que él no se rodeaba de prácticamente nadie, con los únicos que contaba eran con ellos y la rubia. Entonces, ¿por qué traicionarlo de esa forma? En si no le molestaba mucho el hecho, sino que lo estuviera tratando de estúpido y burlándose de él a escondidas, eso era humillante y sumamente decepcionante.

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La rubia, en medio del llanto trató de acercarse, pero la alejó con una mirada llena de amargura.

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―No te me acerques más… ―murmuró, dejando de forcejear.

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―¡Espera! Nosotros podemos ―intentó explicarse y proponer una posible solución.

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―Nada de nosotros, esto se acabo y punto. ―Sentenció y la ojirosas se abrazó a sí misma para volver a llorar―. Me decepcionaste… ―susurró entrecortadamente, intentando respirar en medio de toda esa tensión y amargura. Quería largarse de ahí, dormirse y pensar que solo fue un mal sueño. A estas palabras la muchacha cayó de rodillas al suelo y el castaño tomó del brazo a su hermano para llevarlo a otra sala para hablar un poco con él.

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Luego de eso, Christa los recogió con sus hermanos mayores y tuvieron una muy larga plática. Ayato quiso disculparse pero el menor no lo escuchó. ¿Nadie entendía que quería estar solo? ¡Todo lo que había pasado era una mierda! Su cabeza le daba vueltas y su cerebro parecía haber hecho una huelga en su contra ante tal sobre exigencia. Fue bastante difícil para toda la familia, incluso tuvo que intervenir unas cuantas veces Tougo llevándose a Ayato por unas semanas. Tardaron unos cuantos meses en volver a hablarse como antes. Yui se cambió de escuela, no sin antes disculparse nuevamente con el albino que esta vez le dio oportunidad para hablar aunque no quería enterarse de "la historia" detrás de todo eso, simplemente quería dejar todo atrás.

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Pudo perdonar al trillizo menor y forjaron una relación más solida que la de antes, aunque volvió a estar prácticamente solo y mucho más cuando sus hermanos se graduaron. Con el tiempo supo distinguir lo que había sentido realmente: a Yui la quería pero no la amaba o estaba tan enamorado como había pensado, ni ella sentía lo mismo por él, si no hubiera sido otra la situación y él algo más cuidadoso. "La costumbre y comodidad suelen confundir" leyó alguna vez en sus libros de literatura estando totalmente de acuerdo con ello.

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Su ex novia estaba enamorada del pelirrojo y él de ella, aunque era demasiado terco para aceptarlo. Al año sintió que ya no habría problema, que sus dudas estaban disipadas y decidió hablar del tema con Ayato, este parecía extrañarla y no le servía de mucho relacionarse con otras mujeres. Le dijo que él ya no tenía nada en contra de su relación, inclusive también se lo dijo a la rubia cuando se la cruzó una vez, sin embargo, su torpe orgullo se antepuso y se negó completamente como ella. Él los había perdonado, pero ellos no así mismos.

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"Fuiste más maduro que Ayato" le recordó Shuu, él lo había acompañado mucho cuando todo le explotó en la cara y aún más al volver a reconstruir su relación con su hermano mayor. Él no lo pensó de esa forma, sólo que… se resignó a intentar complacer a sus compañeros cambiando constantemente su actitud, sabía que debía mejorar pero era muy difícil romper su "reputación". Así que afianzó aún más sus lazos seguros y trabajó para controlar sus brotes de ira. No se quejaba ni un poco de lo que logró, ni mucho menos de su preciado presente.

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Luego de la universidad volvió a casa con un pastel en manos. De vez en cuando le gustaba traer ese tipo de postres para disfrutar con la familia, ya que su madre generalmente se encargaba de eso. Saludó a su progenitora, le entregó el pastel y se metió a la ducha, aun no habían llegado sus demás hermanos. Si no mal recordaba Shuu vendría esa tarde a darle algo de tutoría y Kanato ―que se ofreció innumerables veces y por ende terminó aceptando su ayuda― lo orientaría en algunos repasos de análisis matemático. Aunque no tuviera mucha paciencia que digamos, le era bastante útil.

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Terminó de secarse el cabello y fue hacia la sala de estar para merendar con los recién llegados. Le pareció raro que Kanato ni Laito mencionaran la visita a la cafetería, eso lo único que hacía era reafirmar mas sus hipótesis. Luego de ver al peli violeta devorar casi todo el pastel subió a su cuarto y se sentó en el borde de la cama. Revisó su celular y cuando vio el remitente sonrió, pero al abrir el mensaje refunfuñó una que otra maldición. Ahome le había mandado un video de un niño pequeño siendo corrido por un gallo como le había pasado a él de niño "¿Así te corrió o más feo?" decía el mensaje.

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Rascó su nuca y con fastidio le contestó: "¡Eso no debe importarte! Por cierto… ¿Qué fue ese 'secuestro' de hoy? PD: ya encontraré algo con que molestarte" no pudo evitar sonreír. A veces ella comenzaba la conversación así o él mismo le pasaba música o la saludaba como si nada.

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"¡Ja! No hay nada tan terrible como eso en mi tenebroso pasado. Y… solo charlamos de la obra 'No te importa' dirigida por 'No es nada en tu contra, así que no husmees' y en cooperación de 'Te veías muy chistoso cuando intentabas espiar'. Solo eso, bravucón :9" ¿Qué clase de mensaje era ese? Resopló con sorna y decidió hablarlo de frente; ella no le diría absolutamente nada de esa forma. Le era perturbador sentirse tan cómodo y natural con ella, sin embargo no quería detener lo que fuese que estaba sucediendo.

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"No importa cómo, ya encontraré algo de tu oscuro pasado como princesita mimada, idiota. Y no estaba tratando de espiar, ustedes eran muy ruidosos y molestaban a los clientes 'normales'" envió el mensaje y al momento se arrepintió en cuanto lo releyó. Últimamente no hacía falta pensar mucho, charlaban fluidamente sin darle muchos rodeos. Pensó que tal vez fue bastante grosero con ella, bueno no salía molestarse pero de todas formas…

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"Muero por ver eso. ¡Esfuérzate por averiguar mas de mi! Estaré esperándote :)". Subaru le recordó a su corazón que debía latir a un ritmo normal si no quería morir. En el poco tiempo que se conocían, descubrió que la azabache era sincera con lo que sentía y pensaba, así que dedujo que eso no lo dijo por amabilidad o porque ya eran amigos. Le encantaba lo descarada que era al incitarlo a avanzar y al hacer estragos en él; no tenía consideración alguna. "Te odio" murmuró sin ser escuchado.

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Se despidió de ella y dejó caer el celular en la almohada, cerró los ojos y suspiró con resignación; ella no tenía remedio alguno. Sintió como se hundió su colchón y se encontró con su hermano mayor recostado sobre su cama y las piernas apoyadas en el piso. Este usaba sus brazos como almohada y miraba el techo con interés, casi por inercia lo imitó y se recostó intentando localizar aquel punto perdido en el techo.

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―Te pones más estúpido de lo normal cuando te embobas con tu novia, ¿sabes? ―le comentó como si nada. De vez en cuando, casi todos los días, le gustaba ir a "supervisar" lo que andaba haciendo el menor de la familia, solo para fastidiarlo.

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―Q-que no es mi novia… ―contestó un poco molesto y cansado. No tenía ganas de discutir, por lo menos no de eso.

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―Entonces apúrate y hazla tu novia ―parecía ser la respuesta más sensata y correcta del mundo.

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―¡Tsk! Ustedes se están haciendo una idea muy equivocada… ella es mi amiga ―sentenció, intentando sonar convincente.

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―Sí, sí, como digas ―lo ignoró, restándole importancia a sus dudosas palabras.

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Subaru sintió que sus labios le temblaron, probablemente porque quería decirle que estaba equivocado, sin embargo sintió más ansias de contarte sobre otro asunto.

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―Ayer vino Yui a la cafetería ―informó y un tenso silencio se adueñó de la habitación. Movió un poco sus dedos incómodo y observó al pelirrojo fruncir el entrecejo.

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―Hm… ¿Cómo estaba? ―rompió el silencio sin ánimos. Quería sonar seguro y altanero como siempre pero no lo logró. El albino pudo notar el nerviosismo en su voz… al igual que la culpabilidad.

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―Bien… Podrías hablarle, le dejó su número a Laito ―sugirió. Extrañamente el castaño era el que lograba conseguir la mayoría de los contactos de importancia.

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―No, no le veo el sentido. No me interesa ―dijo Ayato intentando negárselo así mismo y el ojirojos no supo qué hacer para ayudarlo, sabía muy bien que él seguía sintiendo lo mismo que antaño por Yui.

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―Ayato… ―se sinceró―, está bien, ya paso bastante tiempo. ¿No crees que es hora de dejar tu estúpido orgullo de lado? ―de veras quería que aunque sea lo intentara, por algo Yui había vuelto a la ciudad.

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―No sé de qué me estás hablando ―refunfuñó con impotencia―, ella ya no me interesa. ―Finalizó y se levantó rápidamente de la cama. Se encaminó hacia la puerta, no quería hablar de ello.

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―Siempre me tratas de mocoso, pero ahora tú eres el que actúa como un pendejo ―comentó, alzando su voz para que lo escuchara claramente. Ayato giró el pomo de la puerta y huyó de aquel sofocante cuarto. ¿Quién creía que era? Subaru supo que era el único que podía ayudarlo. "A veces los hermanos mayores son tan inútiles que no nos dejan más alternativa que ayudarlos" pensó con algo de gracia.

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―¿Qué rayos haces acostado? ―exigió saber con fastidio el rubio―. Vamos, hay que estudiar ―sentenció lanzándole un cuaderno que cayó justo en su estómago―. Luego te las ingenias para sacarle la estupidez crónica a Ayato. Aunque… ―se detuvo al sentarse y acomodarse en el escritorio―, creo que esta vez tendrá que darse contra la pared para reaccionar. Tú ya has hecho más de lo que debías

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Shuu generalmente solía tener razón, tal vez era porque era el hermano mayor y tenía algún tipo de intuición especial o… sólo por el hecho de ser él. Aquella vez el ojisrojos intentó alentar al pelirrojo, se notaba que él estaba realmente enamorado de Yui a diferencia de él, sin embargo… era demasiado terco. Ese era su gran y verdadero problema.

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Todo había pasado tan rápido, lo que al principio era un tentador juego se volvió en una adicción. No era como si a él le hubieran faltado amigos o chicas persiguiéndolo, ni mucho menos problemas. Se llevaba bien con sus hermanos aunque no tanto como lo sería después, y dentro de todo los respetaba. Pero aun así, ¿cómo se le ocurrido arruinar todo? Subaru era amigo de esa chiquilla hace unos cuantos años, siempre los había visto desde lejos y algunas veces se los cruzaba de cerca cuando la invitaba a su casa. Solía burlarse de ella, porque a pesar de los años seguía sin dar señales de que le crecerían los pechos y la llamaba Chichinashi. Discutió varias veces por eso con el menor, e incluso con ella que solía tener momentos de valentía pero no nunca dejó de hacerlo. Le gustaba provocarle grandes sonrojos, que se estremeciera al escucharlo llegar de la nada y su estúpida ingenuidad y amabilidad.

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Sin darse cuenta la lista de cosas que le agradaban de ella aumentaba consideradamente siéndole casi imposible no ir a acosarla todos los días. Ella no se quejaba mucho pero aun así parecía tener preferencia por el albino, tanto que sorpresivamente y sin su permiso aceptó ser su novia. El hecho de que se volvió "prohibida", de una forma oscura, lo incitó a elaborar un divertido plan que pensó podía controlar. ¿Controlar? Cada vez quería más. Quería acercársele más, tocarla, fastidiarla, ser el único para ella y que lo mirara con aquellos ojos que parecían anhelarlo. Sin embargo, la muy descarada se besaba con el menor, lo acompañaba y sonreía tan brillantemente mientras él la observaba desde las sombras de sus impredecibles sentimientos. Sentía tantos celos…

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Un día pensó en probarla, le disgustaba totalmente que se intimidara ante otros hombres, se suponía que era la novia de su hermano, entonces, ¿por qué parecía coquetear con otros? Él, como buen hermano mayor que era, la pondría a prueba y vería si era apta o no para el albino. Se acercaba a ella cuando él no estaba o acariciaba su espalda en frente de él para provocarla. ¡Por dios, como amaba hacerla sonrojar así! Prácticamente suplicaba que la dejara en paz, pero él no estaba dispuesto a hacerlo, no aun no. Cada vez que venía a su casa, procuraba acorralarla en algún rincón e intimidarla con su mirada y cuerpo. Todo fue un juego entretenido hasta que se le salió de las manos. Yui comenzaba a aceptarlo o a buscarlo de a poco, siempre se giraba a verlo y le sonreía con dulzura.

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Se hizo adicto a su estúpida inocencia, le gustaba mucho más su cuerpo; piernas, cabello, cuello, labios… tanto que en un desliz los probó y nunca se arrepintió de ello. Tal vez eso fue lo que más adelante le peso más. Sabía que estaba mal pero no podía dejarla ni ella a él, su orgullo dejó de ser el centro de su mundo pasando a serlo la rubia, que ocupó ese lugar sigilosamente. Incontables veces se encontraban y se dejaban llevar por sus emociones aunque supieran que después les dolería el peso de la traición.

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Ayato pensó en detener todo pero había llegado hasta al punto que no podía evitar celarla haciendo todo evidente para sus hermanos, especialmente para los trillizos que iban a la escuela con él. Si no tenía control de sí mismo, como esperaba hacerlo con esa situación. Estaba completamente negado y había días que tenía ganas de golpear la puerta de la habitación del menor y gritarle que dejara de tocar a su chica. Que se diera cuenta que era a él a quien realmente quería y que lo que ellos tenían solo era por mero capricho y costumbre. Sin embargo se contenía e ignoraba sus caóticos pensamientos.

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No era estúpido, sabía que algún día todo se descubriría y que tendría que ponerle el pecho a la situación… y aunque se imaginó todos los escenarios posibles, ninguno fue como el real. Dolió mucho más sentimental y físicamente, aunque supo que los golpes bien se los merecía, también le sirvieron para reaccionar de una vez. Cuando intentó quitarse de encima a su hermano, pudo verlo en sus ojos; furia, tristeza, dolor y decepción. Fue como si le hubiera caído encima un balde de agua fría, simplemente reacciono. No escuchaba los gritos de su entorno, sólo quería golpear al contrario para que se callara y pudiera pedirle perdón. Sin embargo nada va exactamente como lo planeamos.

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"¡ERES MI HERMANO, MALDITA SEA!" gritó con tanta fuerza que pensó se le romperían las cuerdas vocales. Ningún golpe que le hubiera dado igualaba eso. Totalmente derrotado, se dejó arrastrar. ¿Cómo le había podido hacer eso a Subaru? Sabía que le costaba relacionarse con los demás y el confiaba ciegamente tanto en Yui como en él. "Soy una maldita basura" susurró y Kanato giró su rostro para contestarle: "Sabías que esto pasaría" Después de eso absolutamente todos estaban molestos con él, fue demasiado difícil.

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Pudo saborear un poco la soledad de la que habitualmente se rodeaba su hermano y mucho más cuando la rubia decidió irse. Creyó que no hacían faltas las palabras, ni mucho menos una despedida. Sólo le mandó un mensaje "Que te vaya bien, lo siento". Nunca se animaría a hacerlo en persona, no podía y no tenía el suficiente valor como para intentar reponer las cosas.

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Sin embargo, el tiempo pareció querer darle una oportunidad y aunque él pensase que no se lo merecía, Subaru volvió a hablarle e incluso forjaron una relación más solida que la de antes. Esa dificultad unió los lazos familiares y cambió un poco su perspectiva. No quería lastimar a ninguna persona valiosa para él nunca más, por eso cuando volvió a ver a Yui, después de un buen tiempo, la ignoró. Al principio le pareció sarcasmo cuando el menor le sugirió que se animara a volver con ella "¿Como volveré con alguien con la que nunca empecé algo?" se recriminó e intentó hacer oídos sordos; era un engañoso rayo de esperanza que se alojaba en lo más profundo de su mente.

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El ojirojos y los demás seguían insistiéndole ya que se notaba a millas que la extrañaba, sin embargo, su mismo recuerdo le causaba dolor y por lo tanto tacho la posibilidad como inaceptable. A pesar de que había transcurrido bastante tiempo, seguía teniéndola en mente y ahora que su hermano se la menciono aun más. No era tan mala idea como antaño, había madurado aunque sea un poco y sabía lo que quería; ya no era tan mocoso. Pero entonces… ¿Por qué existía aquella barrera mental que le impedía avanzar?

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―¿Qué tanto estuvieron hablado ayer?

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―¿Qué? ―Ahome esbozó, totalmente desinteresada, mirando la página del libro donde se había quedado. Este puso los ojos en blanco y chasqueó la lengua.

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―¿De qué estuvieron hablando con Laito y Kanato? Y no me digas que de esa ridícula obra ni me evadas el tema ―advirtió, apoyándose un poco en la barra.

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―Hm…. ―cerró el libro y cruzó sus brazos sobre la mesa―. Les prometí a tus hermanos que no diría nada y no pienso romper mi promesa ―habló con orgullo―. Pero tú sabes bien que vinieron por tu ex novia. ―Subaru palideció por un momento, bueno supuso que ellos se lo dirían pero aun así lo incomodaba. Se irguió y acomodó su impecable delantal―. No me dijeron como terminaron ni ninguna de esas cosas ―dijo para calmarlo―, tampoco pregunte, queda en ti si alguna vez quieres contármelo, no voy a obligarte tu puedes hablar conmigo cuando quieras de cualquier cosa.

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―Lo sé ―respiró hondamente sin quitarle la mirada de encima. Siempre tenía las confusas palabras justas que lo calmaban y le quitaban el aire―. Está bien, gracias por soportar a mis torpes hermanos, son buena gente aunque no parece.

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―¡No hay problema, yo me divierto! ―exclamó para luego reír. Esa era la escandalosa risa que tanto le agradaba. Cuando se calmó, acunó su rostro en una de sus manos y miró a ningún punto en específico―. Bueno, comprendo por qué el escándalo ―murmuró llamando su atención―. Después de todo, se trata sobre su pequeño hermano menor… Yui es una muchacha muy bonita, femenina, delicada, refinada y encantadora. Tiene cualidades que cualquier hombre querría; prefieren que sean más "dóciles" no a alguien alborotada, torpe, tan poco refinada y peleadora como yo ―susurró, haciendo un mohín con su boca al final―. No me sorprende que ella te gustara… si hasta su risa es sumamente femenina.

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El albino no podía creer lo que estaba escuchando: ¿Acaso estaba ciega o alguien le había dicho eso? Era cierto; era un desastre, pero de esos desastres maravillosos que hacen que uno se replantee su concepto de belleza. Ese desastre que le mostraba un mundo pintado de diferentes matices y emociones. Porque para él ella era sumamente hermosa… mucho más que Yui o cualquier otra mujer. Puso sus manos en puños y habló sin pensar en las consecuencias.

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―¡Eso no es cierto! Para mi es mejor que seas así. Tú eres linda tal cual eres y es tu peculiar torpeza lo que te hace resaltar más que nadie. ―dijo sacando todo el aire de sus pulmones. La joven levantó sorprendida su cabeza y disfrutó la sensación de ser perfectamente escrutada por esos bellos orbes rubíes. No se esperaba eso y al parecer tampoco el albino, pues enrojeció totalmente en cuanto se percató de lo dicho; había hablado de más. Desvió su mirada y tomó una taza que tenía a disposición solamente para ocupar sus nerviosas manos―. Bueno… eso es lo que pienso yo ―esbozó entrecortadamente. Estaba que el corazón se le salía del pecho, prácticamente le había dicho que le gustaba. Quería morir en ese instante para luego revivir y matarse de otra forma aun más dolorosa por su estupidez. La cantarina risa de su clienta lo sorprendió y logró que enrojeciera más de ser posible―. ¡Tsk! ¿Qué tanto―?

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―¡Muchas gracias, Subaru! ―dijo sonriéndole sinceramente. El ojisrojos se quedó embobado deleitándose con sus preciosos ojos llenos de ilusión y su enérgica sonrisa―. Me elevaste mucho el ánimo… ―un diminuto silencio los reconfortó, dándoles tiempo para estabilizarse―. ¡Ah! ¡Se me acaba de ocurrir algo! ―mencionó jugando con un mechón de su cabello―, dijiste que intentarías encontrar algo de lo cual burlarte de mí, ¿verdad? ―preguntó y este asintió como si fuera una misión que debía cumplir sí o sí―. ¿Por qué no lo hacemos más divertido? ―este inclinó un poco su cabeza. ¿Con que le saldría ahora?―. Si descubren algo del otro habrá una prenda o deberán comprarle algo. ¿Qué te parece? Si digo algún escabroso momento tuyo que sea cierto te tocara pagar a ti, pero si tú descubres algo seré yo la que pague. ―Finalizó orgullosa del nuevo juego que había propuesto.

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Él asintió enérgicamente. Estaba más que dispuesto a ganarle, nadie se burlaba de sus incidentes de niño y seguía viviendo sin consecuencias. La joven sonrió ante su logro, la determinación en sus ojos era palpable y muy prometedora.

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Y sin saber por qué, el contario se le paso algo por la cabeza que estaba muy dispuesto a decir. Tal vez luego se lo reprocharía pero era algo mucho más fuerte que él en ese momento. Esa idea no lo dejaría en paz hasta ser dicha. Trago en seco, sin dejar de verla, y entreabrió los labios.

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―Podríamos hacer algo mas ―comentó captando toda su atención―. El que gane puede determinar la prenda, sea comprar algo, ir al cine o al parque de diversiones ―intentó sonar seguro. No sabía si ella se negaría pero era algo que realmente quería hacer.

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―¡Me parece genial! ―exclamó Ahome, apoyando nuevamente su rostro en sus manos. Su picara mirada le indicó que debía ser más precavido en algunas clausulas de su juego.

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―¡Nada de disfraces o de fingir cosas vergonzosas! ―advirtió.

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―Está bien, está bien~ ―canturreó divertida―. Entonces prometámoslo ―estiró uno de sus brazos y le ofreció su dedo meñique. Creyó que trataba de burlarse de él, pero sus seguros y confiados ojos lo negaron, y aunque pareciera algo que solo harían unos niños, entrelazó su meñique con el de la azabache―. ¡Que comience el juego! Te advierto que no tendré compasión ―le aclaró. "Nunca la tienes" pensó recordando lo desconsiderada que era con sus emociones, incluso en ese momento lo era. Lo hacía sentir una montaña rusa de sensaciones, como con ese mínimo roce que sostenían.

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El Sakamaki le dedicó una sincera sonrisa y apretó un poco su agarre y antes de perderse nuevamente en ella, decidió cortar el rumbo de sus pensamientos soltándola antes de que lo llevaran por lugares indebidos.

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―Esto… ―murmuró alguien sacándolos de su burbuja―. Siento molestarlos, pero necesito tres café con leche, Subaru-kun ―esbozó con pena Megu.

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―¡Ah! ¡Enseguida! ―se dirigió rápidamente hasta Jennifer con el corazón latiéndole a más no poder. "Estás en el trabajo" se recordó "Estás en el trabajo, le dijiste cosas extrañas a Ahome y ella aun así no te deja de lado…. Eres un imbécil" se recriminó.

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La rubia se encontraba sentada en el banco de una plaza, perdida entre sus memorias. No podía creerlo se había animado a llamar a Ayato para decirle lo que hace tanto tiempo reprimía.

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―Hola… ―susurraron detrás de ella y se levantó para hacerle frente. Él había venido. Estaba un poco diferente a la última vez que lo vio; sus facciones estaban más refinadas y ya no era un niño… tenía en frente a un hombre. Se sorprendió al descubrir que lo que sentía por él nunca cambió. Es más, su corazón latía frenéticamente, dándole el permiso para abalanzarse sobre él para abrazarlo. Pero… ¿lo haría?―. Ah pasado tiempo, Chichinashi ―dijo con su ronca voz… esa que tanto le erizaba la piel.

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―Gracias por haber venido, Ayato-kun ―acomodó un mechón de su cabello y se armó de valor para verlo directamente a sus penetrantes ojos esmeraldas―. Yo… sé que no me comporté como debía. Es más, hice las cosas mal, pero ahora… quiero dejar eso atrás y avanzar ―aclaró con voz firme. El contrario sólo la escuchaba atentamente―. No quiero abandonar más lo que es preciado para mí… verás ―murmuró y titubeó un momento, sus mejillas comenzaban a adquirir el carmín que a Ayato le encantaba provocar. Cuando escuchó que ella se atribuía la gran parte de la culpa apretó fuertemente sus puños. ¡El había desequilibrado todo, no ella!―. Yo…

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―¿Eso viniste a decir de tan lejos? ―preguntó sarcásticamente, se giró un poco para apreciar la fuente de la plaza. No quería verla, de hacerlo se doblegaría. Ella sintió faltarle el aire―. Tu idea me parece genial. Viniendo de ti, espero que te vaya bien ―murmuró, dándose la vuelta para irse.

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―¡Espera! ―gritó y no supo cómo, pero pudo alcanzar al pelirrojo y se aferró a su brazo izquierdo. No se iría hasta decirle lo que quería, no se acobardaría―. Por favor, Ayato-kun, sólo escúchame ―le suplicó con la voz temblorosa. ¿Por qué no la miraba? Ella deseaba que lo hiciera. Extrañaba sentirse completamente suya con tan solo una mirada.

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―Suéltame, por favor.

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―No, déjame explicarme.

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―¡Te dije que me sueltes! ―gritó y ella lo soltó muy a su pesar―. Ya no quiero cometer más errores ―dijo con un hilo de voz. Sonaba muy acongojado, tanto que Yui creyó que estaba llorando―. Tú tampoco lo hagas… yo soy un error ―finalizó, tragó en seco y se retiró a paso rápido a pesar que el tortuoso llanto de la rubia lo desesperaba y le exigía a su cuerpo que fuera a consolarla. Sentía que haría lo que fuese por tan solo poder abrazarla y besarla, aunque fueran solo por cinco minutos.

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Ya unos a unos cuantos pasos de distancia, cuando estuvo seguro de que no podía verlo bien, la observó de reojo. Sintió como su pecho se resquebrajo al verla tan solitaria. ¿Qué ya no le había dejado de interesar? Rio amargamente y miró el cielo con resignación; lo único que hizo el tiempo fue que sus sentimientos maduraran "Te amo, Yui" le murmuró al viento con esperanzas de que ella nunca se enterara de eso.

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¡Fin del cap! ¿Que les parecio? Incluso a mi me dolio un poco lo de Ayato x'D Recuerden dejarme sus comentarios de que les pareció el cap y si tienen alguna sugerencia.

¡Nos leemos luego!