*Entra cubriéndose la cabeza con una olla* ¿Hola? jajajaj ¿Como estan? Al fin me digne a aparecerme y actualizar. Lo lamento de veras por la tardanza pero estaba ocupada mudándome :s para resarcirme escribí un cap un poco mas largo, es pero les guste de todo corazon.

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Les quiero agradecer mucho a todas las personas que se toman un poco de su tiempo para leer mi historia y comentarla (de veras me animan mucho a seguir) Me gustaría leer sus opiniones de como esta yendo hasta ahora, así que los invito a dejar sus reviews :D

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También le agradezco a Marce por corregir mis horrores ortográficos :)

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Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenece, si la historia y Ahome

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CAPITULO 10

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―¿Cómo se siente, Subaru? ―preguntó Kanato, monótonamente, mientras trazaba líneas y anotaciones en un papel. Se encontraban en la sala de estar de la casa descansando.

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―¿El qué?

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―¿Cómo que "qué"? ―Dijo algo exasperado por la lentitud de su hermano para captar "las cosas"―. Ayato acaba de destronarte… ―comentó con malicia y el mencionado sonrió altaneramente. Sólo por un segundo, algo no le cuadraba.

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―¿Eh?

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―¡Eso es cierto! ―canturreó Laito. Reiji, que estaba preparando unos aperitivos, asintió.

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―Te usurparon el puesto del más imbécil justo hace unos días ―murmuró seriamente el azabache observando al pelirrojo.

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―¡Oye! ¿Pero qué rayos te pasa? ―Ayato se removió en su asiento y los miró totalmente disconforme. Ore-sama no era más imbécil que el menor de la familia―. ¡Subaru es el más imbécil de todos nosotros! Habíamos dicho que nadie podía ocupar el primer puesto excepto él ―se quejó haciendo berrinches.

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―¿Entonces porque actúas mas imbécil que él? ―indagó sarcásticamente el ojismagenta y chasqueó su lengua.

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―¡Oigan, los estoy escuchando! ―se quejó el menor al notar que lo usaban de referencia.

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―Subaru-kun, estamos reconociendo tus logros ~ ―comentó el castaño―. Bueno, aunque no hayas avanzado mucho con Ahome-chan, por lo menos no la espantaste y eso te hace subir de nivel ―finalizó riendo.

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―¡T-tuú…! ―masculló molesto e hizo un ademan de levantarse.

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―Bueno, ella tampoco es muy normal que digamos… así que están parejos ―agregó el peli violeta dejando de dibujar―. Por cierto… ―lo escrutó con la mirada antes de recibir algún reclamo―. ¡No me respondiste!

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―¿Qué se siente que Ayato-kun haya ocupado el primer puesto y pasar del "mas imbécil" a solo "muy imbécil"? ―dijo el ojiverde entre risas señalándolos a los dos.

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―¡Esperen! ¡No entiendo porque el cambio! ―Ayato refunfuñó y frotó su nuca con exasperación―. Él no hace nada con respecto a la descarada.

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―No se trata sobre lo que hizo ―levantó el volumen de voz el chico de ojos magenta―, o lo que no hizo; él por lo menos lo "intenta", tú ni siquiera eso ―resaltó cruzándose de brazos―. Te ganaste ese "honor" por lo que "NO hiciste" ―declaró dejando la habitación en silencio.

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Yui, aquella tarde, le avisó a Laito que ya había hablado con Ayato y que volvería a la ciudad en la que se estaba quedando provisoriamente. Su intención era regresar ahí, donde residía su familia pero, antes de eso, quería arreglar y dejar atrás los incidentes ocurridos hace años. Él supuso, ante el silencio de su hermano y por los detalles que omitió la rubia, que no habían podido reconciliarse nuevamente. Y de buena "fe" se los contó a los demás para ver si alguno era capaz de hacerlo entrar en razón, sin embargo todos llegaron a la misma conclusión: si no había funcionado insistirle, habría que dejarlo solo y que se diera contra la pared por estúpido.

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―¡Eso a ustedes no debe interesarles! ―reclamó con intenciones de huir.

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―Esa acción te asegura unos cuantos meses como puntero en la escala de imbéciles ―advirtió el ojiverde.

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―Se siente bien abandonar el primer puesto ―comentó Subaru, respondiéndole finalmente a Kanato que lo miró con complicidad―, ahora que el verdadero Rey lo ha reclamado ―dijo irónicamente.

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―¿Ves? ―Reiji señaló con orgullo al menor―, eso es subir de categoría.

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―¡Ah, por favor! Ni en mil años él dejará de ser un mocoso.

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―¿AH? Pero tú además de mocoso eres pendejo ―contrarrestó el ojirojo, dispuesto a no dejarse vencer.

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La conversación se volvió un poco más acalorada con el trascurrir de insinuaciones e insultos. Estos no se detuvieron ni siquiera con la presencia de su madre, que trataba calmarlos. Eso era lo que pasaba cuando se juntaban la mayoría: un desastre. Únicamente eran sarcásticos para molestar al otro sin ni siquiera escuchar. En definitiva, el pelirrojo terminó huyendo luego de insultar con honores al mayor de ellos que no tardo en seguirlo hasta que le cerró la puerta en la cara.

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―¡Abre la puerta que aun no he terminado de hablar! ―reclamó golpeándola.

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―¡Vete a la mierda, cuatro ojos! ―gritó Ayato desde adentro. Tomó su celular, se colocó los auriculares y se recostó en su cama, ni de casualidad escucharía lo que tenía para decir Reiji. Miró su pared con algo de culpa y pensó que sus hermanos podrían llegar a tener razón, sin embargo para él no era tan fácil aceptarlo―. No necesito escuchar lo que ya sé ―murmuró para después cerrar los ojos.

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―Que mal aprendido que es este mocoso ―dijo molesto el azabache luego de volver a la sala de estar. Había estado golpeando la puerta por lo menos por diez minutos sin conseguir respuesta alguna.

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―¡Tsk! Sabías que cuando se encerrara no saldría, y aun así estuviste atormentándonos a todos con ese golpeteo infernal ―se quejó el albino.

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―¿Perdón? ―Se indignó―. Por lo menos estoy intentando hacerlo entrar en razón.

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―Ya dijimos que no haríamos eso, Reiji ―recordó Laito y los demás asintieron.

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―Es cierto, déjalo solo por idiota ―simplificó el ojisvioletas tomando la bebida que le ofreció su madre.

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―¿Todo esto es por Yui-chan otra vez? ―Preguntó su madre y suspiró con cansancio ante el silencio de sus hijos―. ¡Cierto! El otro día fue a verte, Subaru… ¿Dijo algo sobre Ayato?

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―No mucho… ―comentó dudoso mientras miraba el techo―, pero supongo que volvió por él, y el muy imbécil no hace más que huir.

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―Es una lástima… ―murmuró ensimismada―. Los dos se quieren mucho y se complementan muy bien. ¡No puedo creer que sea tan testarudo, caray! ―se quejó, dando un golpe al piso con su pie―. Con lo que la extraña… ―rápidamente detuvo sus pensamientos en voz baja y miró al menor de sus hijos con algo de intriga―. Lo siento hijo, es solo que…

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―Está bien, Oka-san. Eso ya pasó, no interesa… ―la interrumpió negando lentamente y cruzándose de brazos sobre la mesa.

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―Es cierto. Él ya recapacitó y sabe que eran dos mocosos que parecían hermanos en vez de novios ―afirmó Kanato con sabiduría.

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―¡Oye!

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―Kanato, si lo dices así lo harás sentir mal ―retó Reiji y comenzó nuevamente una discusión.

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Realmente no le importaba, ya se había rendido con varias cosas; como a las burlas de su familia, directamente trataba de no prestarles atención aunque fuera difícil. Ya no se molestaba cuando hablaban de su "Novia" y su relación no oficial o de lo vergonzoso que era. ¿Había madurado un poco? Seguramente no, pero ya no se sentía tan incomodo.

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Ya estaban por ser las 10 de la mañana en la cafetería "Coffee Break" y Ahome, como de costumbre, atravesaba puntualmente sus puertas. El albino la vio ingresar e incluso apreció el momento en que sus ojos se encontraron en aquella búsqueda de todos los días. Sin embargo, su avance hacia él fue cortado por la intromisión de unos intrusos. Ellos la llamaron y le hicieron gestos para que se acercara a su mesa, donde luego tomó asiento y comenzó a interactuar con ellos. "¡Mierda, otra vez!" Pensó que debía estar realmente mal para no haberse percatado de la presencia de dos de sus hermanos. ¿Acaso pensaban hacer eso cada semana? Inhaló hondamente deseando que no fuese así.

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―¿Cómo estas, caradura? ―preguntó con un tono de burla el pelirrojo. Esta apoyo sus brazos sobre la mesa, enarcó una ceja y sonrió con simpatía.

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―Por suerte bien, idiota. ¿Andas descansando o te escapaste de la escuela?

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―¿Ah? ¡Yo puedo venir las veces que quiera aquí! ―exclamó Ayato con firmeza―. Y ya sabes que estoy en la universidad.

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―Dejen de ser tan ruidosos ―reprendió Shuu. Había decidido visitar al menor en su trabajo y de "casualidad" pasó por la universidad del trillizo y lo llevó con él. En realidad quería hablar de lo que había sucedido sin presionarlo pero aun no lo lograba. Generalmente, Ayato solía expresarse si no estaba bajo presión aunque al parecer aun no era el momento―. Igual se ve que tú no pierdes el tiempo… ―le comentó a Ahome y esta lo miró extrañada―. Como acosadora. ―señaló al ojis rojos detrás de la barra y la azabache frunció el ceño.

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―Te dije que vengo como clienta, estúpido rubio oxigenado ―refunfuñó haciendo un puchero. Realmente él disfrutaba molestarla y eso era algo que ella había notado. Bueno, no era para nada difícil percatarse de ello, él inmediatamente después de decirle algo sonría con altanería y la miraba como si fuera una mocosa.

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―¡Ja! Ya sabía que fingías ser inocente, tienes un carácter de porquería ―aclaró Ayato develando su verdadera personalidad como si hubiera descubierto la prueba de un crimen sin resolver.

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―¿Y eso qué? Solo lo tengo cuando me fastidian ―murmuro algo apenada y Shuu sonrió ante su comportamiento; no le parecía para nada malo que fuera así―. Por cierto… ―llamó su atención―. ¿Vienen de chivos expiatorios como Laito y Kanato? Uno de ustedes está intentando huir de algo, ¿verdad? ―corrió su cabello hacia un costado y esperó alguna respuesta, pero…

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―¿Qué rayos les pasa? ―los interrumpió la voz de Subaru. En una bandeja traía el pedido de la joven que ya tenía preparado desde que llegó. Primero bajó la porción de tarta de ricota que el mismo había elegido para ella ―que Ahome recibió muy gustosamente con sorpresa―, y luego depósito la taza de café en sus manos como de costumbre. Tal vez no había podido acercarse lo suficiente por los idiotas de sus hermanos pero aun así eso no impediría que le entregase su bebida. Observó como la ojisvioletas le gesticulaba un "gracias" y luego le sonreía, valía la pena haberse acercado.

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―¿Hm? En ningún momento le tomaste el pedido ―reflexionó, Shuu, en voz alta. La muchacha no le prestó atención y se dedicó a disfrutar de su comida, a excepción del menor, que le recorrió un pequeño escalofrió por la espalda del mal presentimiento que tenía. La risilla de su hermano mayor le confirmó que eso era cierto―. No me digas… ¿Adivinaste? ―preguntó con una mirada cargada de malicia. El joven se sobresaltó un poco y un leve rubor apareció de golpe en su rostro, se irguió y acomodó su impecable uniforme. ¡No dejaría que lo pusiera en ridículo delante de tanta gente!

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―¿Por qué lo dices? ―dijo la pelinegra luego de beber un sorbo de café―. Todos los días es así a menos de que yo le pida un acompañamiento distinto ―tomó un mechón de su cabello y lo enredó en uno de sus dedos.

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―¿Así que todos los días se comporta de esta manera? ―murmuró Shuu con su melodiosa voz―. Que… "considerado" que eres, Subaru. ―El albino enrojeció un poco más, chasqueó su lengua y miró con desafío al rubio. "No dejes que te ponga en ridículo" se recordó que estaba trabajando y que no debía enloquecer si no quería ser despedido.

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―No me jodas… ―murmuró, para luego retirarse.

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―¿Ah? ¿Y ahora qué le pasa? ―lo observó irse la joven y luego volvió a beber un poco de café; estaba tan delicioso como siempre. Sonrió con dulzura y cerró los ojos al inhalar el aroma que desprendía su bebida.

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―¿Él te dijo algo? ―salió de su ensoñación ante la pregunta de Ayato. Este se había quedado callado en todo momento; la idea de que el menor le hubiera dicho algo a la chica le molestaba. Estaba en todo su derecho pero… lo avergonzaba, no quería que más gente se enterara de que estaba ignorando el "problema"―. Subaru, ¿Qué te contó? ―"¿De qué?" contestó ella, no sabiendo bien a qué se refería―. ¡Tsk! No te hagas la estúpida, sabes de qué estoy hablando ―escupió con irritación cada palabra.

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―¿Ayato? ―susurró el rubio viendo como el pelirrojo se hundía cada vez más en el remordimiento.

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―Sinceramente no se dé que me estás hablando ―contestó bajando su tasa―. Si dije que alguien "estaba huyendo de algo" fue porque la vez pasada paso lo mismo y vinieron de encubiertos a preguntar indirectamente algunas cosas ―el ojiverde frunció un poco el ceño y esta lo miró con compresión―. No sé qué ocurrió esta vez, él no me dijo nada aun pero… por lo preocupados que estaban tus hermanos puedo decir que sus únicas intensiones son de ayudar a quien está metido en "problemas", nada mas ―simplificó haciéndolo sentir peor al saber que estaba preocupando a los demás―. No pienso decirte lo que me dijeron, les prometí que no lo haría sin embargo… creo que si les preguntas ellos te responderán.

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Terminó de hablar y cortó un pedazo de tarta para después metérselo con entusiasmo en su boca. Shuu miró de reojo al trillizo y luego a la chica, le había sorprendido lo sincera y directa que era, aunque eso también fuera un arma de doble filo.

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―Tiene razón, Ayato ―rascó su nuca y tomó un poco de su bebida―. Deja de perseguirte y haz lo que tengas que hacer ―simplificó dando, momentáneamente, por terminado el tema. El pelirrojo se lo agradeció internamente, no sabía si la chica le mentía o no pero tenía razón con lo que decía. Suspiró algo agobiado y por un momento odió la sonrisa que esta tenía pintada en el rostro "Qué odiosa… con razón la mantiene cerca" pensó que esa actitud tan molesta era por la que el albino estaba tan embobado y cómodo con ella.

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―¡Ah, cierto! ―Mencionó la joven con un leve resplandor de emoción en los ojos―. Terminé Rendevouz y me fascinó ―anunció orgullosa e inmediatamente, ella y el ojiazul comenzaron a charlar del libro.

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―¡Ya basta! ―exclamó exasperado Ayato―. Si se van a poner de traga libros me retiro; no estoy para escuchar sus babosadas aburridas ―aclaró cruzándose de brazos.

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―Eres un mocoso caprichoso, Ayato ―esbozó con petulancia la azabache.

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―¡Tsk! ¡Yo soy mayor que tú, Caradura! No estoy para tus chiquilinadas así que me voy ―hizo un ademan de levantarse pero la azabache lo detuvo―. ¿Qué rayos quieres ahora? ―Ella les explicó que dentro de dos fines de semana festejaría su cumpleaños y que los hermanos Sakamaki estaban invitados, entre otros detalles―. ¿Y por qué rayos Oree-sama querría asistir a tu fiestesucha? ―"Haz lo que quieras, estúpido-sama" le respondió simplemente. Ahora más que nunca Ayato consideró ir a esa fiesta y fastidiarla como pudiera.

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―¿Ya se lo comentaste a Subaru? ―preguntó Shuu con segundas intenciones ocultas bajo la manga.

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―Aun no, ahora cuando me vaya lo haré.

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―No te molestes, lo haremos nosotros ―contestó y el pelirrojo sonrió con altanería.

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―Claro que no ―contrarrestó, frunciendo el ceño―. Conociéndolos, le avisarán el mismo día.

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―¿Ah? ¿Tan desconfiables te parecemos? ―replicó el ojisverdes con molestia y esta asintió―. ¡Por supuesto que no haremos eso! ―la joven se destensó un poco pero no confiaba en sus palabras. Los hermanos mayores disfrutaban torturando a los menores y a pesar de que en su familia no tuvieras ese lazo de sangre ella sufría bastantes "bromas" de sus primos. Aunque a veces parecía una competencia, pues ella tampoco se quedaba atrás, y en cuanto podía o se daba la situación, les jugaba una que otra mala pasada.

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―Exacto. Le avisaremos media hora antes, dependiendo de qué tan lejos quede tu casa. ―Comentó aburrido el ojisazules. Ahome pareció indignarse, y cuando Ayato se despidió en medio de la nueva "conversación" se dispuso a terminar de comer su tarta―. Esta es la primera vez que nos quedamos "solos" ―dijo Shuu, haciendo hincapié en la palabra "solos". Ella asintió dándole la razón pera la sensación de un picoteo en su nuca comenzó a molestarla. ¿Serian nervios o intriga? No lo sabía. Lo único seguro era que al joven aún le quedaban palabras en el tintero que no quería que nadie más escuchase. Su presentimiento era cierto―: Por cierto… ¿Cuál fue tu parte preferida del libro?

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La azabache tragó en seco para intentar aminorar aquel nudo en la garganta que se le había formado. ¿Pero cómo rayos había pasado eso? Aquella sensación pesada e irritante no abandonaba por nada su cuerpo. Disimuló bastante bien su malestar y puso total atención en la nueva conversación, para así dar una respuesta adecuada; debía relajarse sino él lo notaria. Sus ojos se iluminaron de la emoción con tan solo recordar aquella cita textual.

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―Me encanta la parte donde el joven conoce a la chica de las manzanas mientras está descansando ―recordó con entusiasmo mirando a lo lejos―. Él se tropezó y en cuanto esta se giró a ayudarlo se quedo embelesado al verla. No le importó estar cubierto de tierra o estar desparramado por el piso, aun así le ofreció la manzana que se había caído y empezó a sentir algo fuerte por ella. ―Miró sus manos como si estuviera recordando―. Él se ofreció tal cual era ―rio con dulzura―. Intenté imaginar el rostro desconcertado y estúpido que hubiera puesto una persona que se sorprendiera de esa forma, pero simplemente no puedo hacerlo del todo bien. Nunca vi a alguien así ―finalizó, dejándose inundar por la tranquilidad que le brindó hablar de aquel libro.

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―No lo reconocerías aunque lo vieras todos los días ―aclaró Shuu. El menor, cada vez que se la quedaba mirado ponía exactamente "esa cara"; todos lo notaban excepto ella. La ojisvioletas lo miró con duda y este sólo negó con pesadez indicándole que no le prestara atención. Fue más que nada un pensamiento en voz alta.

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―Bueno… supongo que tienes razón. Esas "situaciones" no están muy a la vista si no es que se presta la determinada atención, ¿verdad? ―Hablar con Shuu fue agradable y cansador. Él tenía su punto de vista claro y había dejado unas cuantas cartas sobre la mesa; ya se lo había dicho "Ten cuidado con lo que sea que vayas a hacer" recordó y se despidió de él.

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Era totalmente injusto. Por lo menos eso creyó Subaru, con esta vez ya contaba dos "secuestros" de parte de sus hermanos. Si ya de por si eso era molesto, aun mas lo fue cuando se quedó sola con Shuu. Su conversación parecía haber tomado otro rumbo, incluso en un momento se preocupó cuando la joven pareció ponerse seria, aunque no tardo en volver a sonreír. ¿Por qué le había sonreído tan soñadoramente a él? Un malestar se alojó en su estómago de tan sólo pensarlo, tal vez ella prefería estar más con él. "¡Maldición, maldición, maldición! ¡ESO NO ME DEBE IMPORTAR!" se recalcó inútilmente.

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―Subaru… ¿Eh? ¿Pasó algo? ―lo sacó de su ensoñación la culpable de todos sus males.

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―¿Hm? ―la observó de reojo: ya tenía su abrigo puesto y estaba por irse. Extrañamente, pensó que tal vez se había acostumbrado mucho a hablar con ella y que por eso ahora estaba irritado. ¡Eso debía ser!―. ¿Qué necesitas? ―masculló entre dientes, no quería mirarla por mucho tiempo. Eso lograba ponerlo idiota y ya no quería mostrarse así de débil ante ella.

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―Vine a pagarte lo que consumí ―aclaró y le extendió una mano con el dinero. Posó su vista en esta y una sensación desagradable se extendió por su pecho; era obvio a lo que venía. Tomó el dinero y se lo pasó a Megu―. ¡Espera! Me faltó…

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―No importa, así está bien ―negó. Quería que se fuera lo más pronto posible, no quería verla, cada vez era más y más fastidioso lo que ella provocaba en él. "Claro que no, vamos toma" le replicó y prácticamente, sin paciencia, Subaru se giró y se apoyó sobre la barra para mirarla de frente y pedirle que se largara de una maldita vez.

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En cuanto se apoyó, el dedo índice de la azabache se posó sobre su entrecejo, que al parecer llevaba mucho tiempo fruncido, y se acercó aún más a su rostro al inclinarse sobre la misma mesa. El joven se había quedado helado, abrió aun mas sus orbes rubíes y los clavó en los violetas de ella que maldecía habitualmente por ser tan endemoniadamente atrayentes. Entreabrió los labios intentando modular algún insulto; se suponía que iba a pedirle que se fuera y ahora se quedaba completamente mudo. La resequedad que sintió en su boca no lo ayudó mucho.

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―Si sigues frunciendo el ceño así, darás la impresión de que quieres matar a alguien ―advirtió Ahome, sin apartar su dedo. Y Subaru al fin pudo reaccionar un poco.

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―¿Entonces por qué te acercas? ―preguntó algo intrigado. Siempre le decía que debía intentar controlar su malgenio en público pero cuando estaban "solos" no hacía mención de ello.

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―¿Por qué? ―repitió y sonrió con sinceridad mientras apartaba lentamente su mano, sin reprimirse en el proceso al rozar su frente para después apoyar sus brazos sobre la mesa―. Porque mientras ahuyentas a los demás a mi me atraes, solo eso ―simplificó. No le molestaba su personalidad ni su temperamento, ella también tenía un carácter bastante "pesado" sin embargo le encantaba discutir y jugar con el albino. "Qué cruel eres" pensó Subaru. no podía estar diciéndole eso o tocándolo de esa forma. No, no podía hacerlo. ¿De veras no notaba los estragos que causaba en él o solo estaba jugando? Por alguna razón no quiso saberlo aun.

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―Eres demasiado rara ―dijo la primer palabra decente que se le cruzó por la cabeza. En cuanto reaccionó un fuerte carmín azotó sus mejillas y se irguió tomando una prudente distancia de ella.

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―Tú no te quedas atrás ―advirtió la azabache haciendo un puchero con su boca. Luego pareció recordar a que se había acercado a la barra―. ¡Cierto! Dentro de dos fines de semana festejare mi cumpleaños ―la revelación pareció caerle como un balde de agua fría. Él nunca le había preguntado sobre eso―. Lo festejaré en mi casa con unos amigos míos y de mis primos, Kou organizara la fiesta con Ruki así que será muy divertido ―la pelinegra, con sus dedos, golpeteó la mesa y le sonrió entretenida―-. Así que estaré esperándote ese sábado… tus hermanos también están invitados, ya les dije ―aclaró felizmente.

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―-¿Cuándo es tu cumpleaños realmente? ―su cabeza parecía no querer procesar todo a tiempo. Se molestó un poco consigo mismo por no haberle preguntado antes.

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―El miércoles de la semana que viene ―contesto―. Seguramente ese día no venga porque saldré a almorzar y a pasear con mis primos, todos nos pedimos ese día. ―"No podré saludarla en persona" pensó con algo de disgusto e hizo una pequeña mueca de disconformidad―. El jueves tengo práctica en una escuela y cuando salga de trabajar volveré a mi casa para después ir a comprar lo que haga falta para el sábado. Recién te veré el viernes. ―Dijo ella, con algo de desgano―. Eso significa que esperaré mi café con mas ansias que de costumbre ―le guiñó el ojo y él dio un pequeño respingo―. ¡Oh! Ya debo irme, hasta luego, Jenny ―canturreó divertida sin dejarlo hablar―. Nos vemos mañana, Subaru ―y se alejó de él sonriendo.

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―Hasta luego… ―murmuró. Esa muchacha no podía ser más desconsiderada, incluso ya había dado por sentado que él iría a su fiesta―. ¡Tsk! ―se dio la vuelta algo frustrado. no saber aunque sea cosas básicas como su cumpleaños le estaba jugando en contra. Sin mencionar aquella sensación irritante que azotaba su pecho al verla tan natural y simpática con otros hombres. Pensó que tal vez era porque podían hablar de otros asuntos que con él no. Eso no era algo malo, debido a que él le costaba expresarse a veces pero… le molestaba y mucho.

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―Ayato tenía razón… eres una descarada ―murmuró Shuu al verla salir. Ahome pudo sentir como le clavó la mirada al cruzar la puerta y se sintió algo incomoda, pero satisfecha por eso. Un comentario tan absurdo como el que él había dicho no debía afectarla. Por su lado, el rubio pensó que ella misma se contradecía con sus acciones. "¿El rostro que pone Subaru al verte, realmente, pasa tan desapercibido para ti?" se preguntó con ironía.

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―Tendremos una fiesta pronto, Oka-san~ ―comentó Laito con su melodioso tono de voz―. Ahome-chan nos invitó, nfu~

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―Es una molestia pero supongo que no nos queda otra que ir ―dijo con pesadez el oji-violeta.

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―¿Por qué? ― preguntó intrigada Christa. Le parecía maravilloso que salieran juntos después de tanto tiempo.

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―Debemos cerciorarnos de que Subaru no arruine las cosas, ¿verdad? ―informó Shuu, repasando unas hojas.

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―Yo no arruinaré nada. Además, ella los invitó ―contrarrestó el albino. Al principio le había parecido una mala idea; sus hermanos eran especialistas en ponerlo en ridículo, pero por otra parte era mejor ir acompañado que solo. Miró a su hermano mayor con fastidio diciéndole que lo había visto suficiente por un día y este simplemente le contestó: "Vine porque 'alguien' es incapaz de estudiar solo para 'cierta' materia".

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En definitiva tuvo que callarse. el tema de conversación era el cumpleaños de la azabache y su madre había agregado como núcleo el "regalo" que él le daría. Sinceramente aun no lo había pensado, así que se quedó callado intentando acomodar sus opciones.

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―Subaru, eres un maldito desastre ―exclamó Kanato, observándolo con desaprobación―. Se supone que la estás "cortejando". No puedes llegar con las manos vacías ese día porque no se te ocurre que darle ―negó con resignación y lo miró con lástima.

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―No iba a ir con las manos vacías ―aclaró Subaru―, es que no me decido… tal vez algún perfume, cd o alguna blusa este bien ―la cara de desconcierto de su madre y hermanos era inminente.

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―¿¡Cómo se te ocurre!? ―el peli violeta estaba anonadado.

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―Regalarle ropa apenas conociéndola no es opción ―reflexionó el castaño.

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―Exacto, además sus primos lo verán pretencioso de tu parte y te harán la vida imposible ―le recordó el rubio.

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Su madre decidió que era hora de intervenir de una vez por todas. Le dijo que al otro día irían a recorrer centros comerciales para así, cuando llegara el primer sábado, ya tendría decidido que comprarle. ¡Definitivamente tenía que entregárselo antes de la fiesta! Lo que ella no sabía era que no sería tan sencillo.

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El ojisrojos resopló con cansancio. Aun no podía quitarse esa molesta sensación del pecho, no sabía que era y no quería averiguarlo. Sentía que si lo hacía, se perdería aun más. Desechó esos sentimientos de lado y decidió que esta vez él la tomaría de sorpresa a ella.

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―¡Bien, recién salen del horno así que cuidado! ―exclamó la azabache entregándoles pan caliente. Luego se dispuso a merendar y a discutir los detalles de su fiesta con sus primos. Disfrutaba demasiado aquellos momentos con su familia, en los que se gritaban, reían, jugaban y mucho mas. En un momento se quedó callada y ensimismada observando su tasa mientras recordaba las palabras del rubio. Rio sin gracia y cerró los ojos.

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―¿Hm? ¿Qué pasa? ―pregunto lentamente Azusa, que estaba sentado a su lado.

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―Es que… hoy fue la primera vez que me dijeron que tenga "cuidado" con alguien ―respondió sin mucho pensarlo.

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―¿Ah? ¿Alguien te amenazó? ―increpó preocupado Yuma, luego de darle un tarascón a su pedazo de pan.

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―Algo parecido ―con eso se ganó la atención total de sus primos y lo recordó. "Esta es la primera vez que nos quedamos solos" la inquietud, totalmente injustificada, se hizo presente en su ser.

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―¿Qué es lo que pretendes realmente al acercarte así a Subaru? ―le había preguntado, su mente pareció ponerse en blanco y ante la falta de respuesta prosiguió―. ¿Qué es él para ti?

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―Él ya lo dijo la otra vez, cuando me presento en tu casa, ¿verdad? Somos amigos ―contestó lo más tranquilamente posible. De cierta forma podía sentir la seria y amenazante presencia del rubio aplastándola con tan solo mirarla; él no era ningún estúpido.

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―¿Por qué una chica como tú se interesaría en un tipo como él? Se honesta ―reclamó sin querer darle más vueltas al asunto. Ahome, recién en ese instante, pudo encastrar todas las piezas del misterio; él creía que jugaría con su hermano solo por mero entretenimiento―. Mira, seré directo y claro contigo… ―ensanchó su azul mirar y tensó las facciones de su rostro―: No sé que tienes en mente ni lo que quieras hacer con él pero… ten cuidado con lo que haces. Él es muy buena persona y no se merece que lo traten como a un idiota por diversión ―aclaró seriamente. Aun no podía definir bien a la chica, era impredecible y sabía que una persona así afectaría mucho al menor si tenía segundas intenciones de por medio―. No tengo nada en tu contra pero… intenta ser considerada como él lo es contigo, y si llegas a "aburrirte" no desaparezcas así como si nada.

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La ojisvioletas se sintió ahogada ante toda aquella presión. ¿Eso era una amenaza? Sí, ya lo había visto muchas veces cuando sus primos "acomodaban" a algunos muchachos que la pretendían. Sin embargo eso era totalmente diferente, no eran celos de hermanos ni nada de eso, solo le estaba advirtiendo. Sus pulmones le recordaron que debía respirar cuando le exigieron dar una bocanada de aire. Shuu era un hombre imponente, debía reconocerlo.

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―Quédate tranquilo… ―tenía ganas de mandarlo a la mierda. ¿Cómo se le ocurría tratarla de zorra? Indirectamente le había dicho que ella buscaba una aventura y que su "victima" era el albino. Quería gritar y golpearlo hasta que se le saliera aquella ridícula idea de la cabeza, pero algo no la dejó―. Yo solo veo a Subaru como a un amigo ―aclaró, soportando el nudo en su garganta―, y el hace lo mismo ―tomó un mechón de su cabello y sonrió. No se mostraría débil ni culpable, ella no le había hecho absolutamente nada ni pensaba hacerlo―. Sé que nos conocemos poco, pero quisiera que creyeras en esto… ―murmuró con dulzura―: nunca haría algo que dañase a Subaru. Se ha vuelto una persona significativa para mí y solo quiero que esté bien. ―Se sinceró, esperando que las dudas de Shuu se disiparan aunque sea un poco. Este suspiró hondamente y destensó su rostro. No le creía del todo, sin embargo, él ya había hecho su parte, con eso bastaba por ahora.

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El sólo recordar ese momento, le hizo volver a experimentar la sensación de ser prácticamente apuñalada por los penetrantes zafiros del mayor de los Sakamaki. Dio un pequeño respingo y decidió responderle entre bromas a su familia. El más molesto parecía ser Ruki, que la siguió hasta su habitación en búsqueda de explicaciones. No se libraría de aquello tan fácil. Cuando milagrosamente consiguió una prórroga para explicarse, se dejo caer sobre su cama, abrazó a su almohada y se encorvó, intentando hacerse más pequeña. No debía preocuparse por algo que ella no había hecho, sin embargo la curiosidad que le causaba la sobreprotección de los hermanos de Subaru la inquietaba. "¿Yui le habrá hecho algo así?" se preguntó molestándose un poco con ella. No la conocía pero el sólo pensar en eso la hizo sentir mal por un momento, aunque si él estaba en buenos términos con ella significaba que todo había quedado atrás, si ese era el caso.

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Dejó salir todo el aire de sus pulmones y a su mente irrumpió la imagen del albino mirándola. Adoraba cuando aquellos orbes rubíes la escrutaban con tanta dedicación, la hacían sentir tan relajada y querida que perdía conciencia de su entorno. Con ese sentimiento en su pecho cerró los ojos y dejó escapar un entrecortado suspiro al verse envuelta por aquella sensación.

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―Así que… ¿No lo reconocería aunque lo viera todos los días? ―se preguntó sin querer enterarse de la respuesta.

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¡Al fin lo había logrado! Estuvieron dos días seguidos recorriendo y recorriendo pero al fin había encontrado el regalo perfecto: unos pasadores. A lo largo de estos había una mariposa y pequeñas flores doradas con detalles violetas, turquesas y esas tonalidades. Era algo que resaltaría mucho en su cabello, al ser delicados y pequeños parecían ser elegantes. Reconoció que de no ser por su madre, que lo asesoró muy bien en la búsqueda del obsequio de su "novia", no lo habría logrado.

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Para él eran ideales, los collares o brazaletes no los vio apropiados porque lo comprometerían de otra manera sin embargo, cuando vio en el mostrador aquel par se decidió. Ella solía acomodarse su cabello muchas veces mientras leía o se lo sujetaba con una que otra coleta, así que le servirían. El sólo pensar en su largo cabello le hizo recordar a cuando se abrazaron y pudo acariciarlo a su gusto. Deseaba más de lo que era debido volver hacerlo; es que simplemente le encantaba. Inhaló hondamente y exhaló lentamente, lo principal ya estaba hecho y envuelto en su debida caja de regalo.

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A pesar de ser de un tamaño mediano, era imponente pues le recordaba que debía ingeniárselas para entregársela antes del sábado si no quería ser interrumpido en el proceso. Se repitió miles de veces que no era necesario pensárselo tanto, que estaba exagerando como siempre y que debía calmarse… si tan solo se escuchara así mismo de vez en cuando, pues su obstinación era demasiado grande.

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El día del cumpleaños de la joven le mando un mensaje a la mañana mientras trabajaba "Felicidades por tu cumpleaños" le había puesto y a los segundos recibió un "¡Ya era hora! ¿Sabías que podías mandarme un mensaje a partir de las doce de la noche? ¡Me hiciste esperar mucho! -.- jajajaja ¡Muchas gracias, Subaru!" después de fastidiarse un poco mutuamente, volvió a trabajar mientras su mente maquinaba "aquel plan".

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Con muchas posibilidades e imaginándose distintos escenarios, esa tarde de jueves se dirigía al lugar de trabajo de la pelinegra. No entraría al edificio, decidió que lo mejor era esperarla en alguna esquina, sorprenderla y darle el obsequio. Realmente la idea no le gustaba mucho pero su deseo de agarrarla desprevenida era más fuerte que cualquier cosa. Después de todo no estaría mal que ella probara lo que le solía hacer pasar a él

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Sin embargo, al transcurrir los minutos parecía caer en cuenta de lo que estaba pasando… ¿Qué rayos estaba haciendo? ¿Quién lo mando a hacer semejante estupidez? Absolutamente nadie, él solito fue y se quedó parado en su lugar sin pensar en las consecuencias. "Tienen razón… me merezco el puesto del mas imbécil" se recordó con pesadez. Los nervios comenzaban a carcomerlo, muy de vez en cuando se aseguraba que la caja estuviera en su bolsillo para poder dárselo rápidamente e irse. De cierta forma, quería agradecerle por haberlo acompañado cuando hubo problemas con los trillizos, ella se había quedado con él a pesar de que no la hubiera tratado muy bien que digamos. Así que debía agradecérselo de una u otra forma.

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Con eso en mente espero, notando que ya habían pasado diez minutos de la hora de salida de ella. "¿Se habrá quedado haciendo horas extra?" No, había dicho que tenía que hacer compras con sus primos. Ya se estaba exasperando, su plan estaba fallando en el aspecto más importante; encontrarla. Y por esas casualidades de la vida se le dio por observar bien la cuadra, nadie estaba saliendo por esa puerta. Caminó media cuadra y descubrió que el edificio tenía una puerta trasera. "¡Rayos!" por ahí salían la mayoría de los empleados. Se apresuró hasta llegar a la parada del transporte que ella tomaba; Subaru Sakamaki no era ningún idiota, había pensado en las "dificultades" que podrían surgir, así que trazó otras rutas alternativas en su plan.

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Al llegar a la esquina de la parada, pudo visualizarla esperando al lado de una señora que charlaba con ella. Trago en seco y se acerco de a poco hacia ella, sin embargo nunca había contado con el siguiente percance; el transporte. Se maldijo por no haberse girado y corroborado que tenía tiempo para divagar mientras pensaba en que le diría. Cuando el bus pasó por su lado, le pareció como si la misma "vida" se estuviera burlando de él, nuevamente. Era el colmo de los colmos y sumamente frustrante, tanto que se detuvo quedándose con las palabras atoradas en sus labios. Sería fácil gritarle para llamarla, ella de seguro terminaría de ayudar a subir los escalones a la señora y luego se acercaría a él para hablarle como de costumbre. Entonces… ¿Por qué? ¿Por qué no pudo hacerlo? Había decidido que le agradecería correctamente por todo lo que hizo por él.

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Se quedó sin aire cuando el transporte partió con la azabache dentro, fue la primera vez que sintió angustia al no poder cruzar miradas con ella. "Eres un imbécil… claro que no podía hacerlo, no sabía que estabas mirándola como un idiota sin hacer nada" se reprendió y comenzó su camino a casa. Llegó a la conclusión de que capaz no era tan fuerte de voluntad como creía, no era que le faltaran ganas o estuviera desmotivado, es solo que… aquella molestia en su pecho seguía atormentándolo, marcando una distancia entre lo que quería hacer y decir de lo que realmente debía hacer y decir.

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Llegó a su casa, e hizo lo de costumbre en modo automático; se odiaba por ser tan patético. Ella siempre tomaba la iniciativa de todo, raramente lo hacia él. No sabía si era porque aun tenía dudas sobre ella o porque no quería que se entrometiera tanto en su vida. No querer ser consciente de lo que le pasaba ya le estaba ocasionando grandes problemas.

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Miró la caja en su mesa de estudios y suspiró, tendría que dársela mañana en el trabajo aunque no fuese lo ideal ni lo que él tanto planeó. Chasqueó su lengua con resignación y se recostó en su cama. La amargura se agravaba cada vez más y se sentía cada vez peor. "Debía dársela hoy, eso había decidido" se recordó. Con razón ella prefería hablar con otras personas que con él: era alguien inseguro, violento e inestable. ¿Cómo se podía esperar algo de una persona así… si ni siquiera él mismo podía cumplir con lo que se prometía? Él era un mocoso de porquería. Volvió a tragar en seco, intentando aminorar las punzadas que sentía en su pecho.

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¿Cómo lo veía ella? ¿Cómo a un hombre o un niño? ¿Era por eso que ella siempre lo animaba a continuar? Ya estaba cansado de eso. Se levantó de golpe de la cama y, en ese momento, no le importó que pensara ella de él, ni el dolor que sentía en su pecho o la frustración que le taladraba la cabeza; debía hacer lo que se propuso. Por lo menos tenía que intentarlo.

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Tomó rápidamente su móvil y notó que ya eran las nueve y media de la noche, pero su egoísmo ganó por un segundo. Marcó su número de teléfono y esperó impaciente a que ella contestara. Nunca le pareció tan desesperante y amenazador el pitido del teléfono.

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"¿Hola?" la escuchó contestar y se olvidó de respirar. "¿Con quién estás hablando?" oyó que le gritaban de fondo y luego el cerrar de una puerta. "¿Hola? ¿Quién es?" preguntó ella, y sintió como su garganta hormigueó habilitando sus cuerdas vocales.

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"Hola, soy yo, Subaru" contestó, sentía que le costaba respirar. "Discúlpame por llamarte a esta hora"

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"¡No me molesta! No hay problema con eso, solo que no me esperaba tu llamado" respondió luego de un momento. "¿Ocurrió algo?" su tono de voz le preocupaba.

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"Quiero verte" confesó en un susurro. Su voz era seria y ronca. Ahome pudo sentir como su corazón comenzaba a tomar carrera. "Quisiera verte ahora… sé que es tarde, pero si puedo encontrarte aunque sea en la esquina de tu casa, para mí está bien" continuó no teniendo consciencia de su respiración ni de lo agitado que estaba su pecho. "Yo… quiero decirte algo, será solo un momento, por favor. Quiero poder decírtelo hoy" volvió a remarcar con un ligero tono de suplica.

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"Está bien" contestó Ahome, luego de unos segundos; ella no podía negársele. "Saldré dentro de quince minutos, cuando mis primos se estén recostando. Iré a una pequeña plaza que queda a dos cuadras de aquí" explicó y antes de que pudiera interrumpirla agregó. "No te preocupes, está muy iluminada así que no pasará nada. El bus tarda un poco pero no es problema"

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"Iré de otra forma, así que ve tranquila" dijo con determinación.

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"Oh, de acuerdo. Nos vemos en los columpios" finalizó intentando respirar pausadamente.

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"Gracias… Ahome" respondió. Escuchó un "hm" y la finalización de la llamada.

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Respiró hondo, sumamente decidido; no tenía tiempo que perder. Se colocó sus botas rápidamente, el primer suéter que encontró y envolvió su cuello descuidadamente con una bufanda que descansaba en su silla. Se colocó la chaqueta y dentro de ella guardó el obsequio que tanto le costó elegir. Había hecho tantas cosas, rompiéndose la cabeza contra la pared buscando explicaciones lógicas y ahora decidía seguir un impulso debido a cinco minutos de valentía… ¿Por qué no?

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Bajó rápidamente de su habitación sin prestarle atención a su entorno y se dirigió hasta la cochera de la casa. Tomó sus llaves y revolvió un poco el lugar al encontrar la bicicleta de su hermano. La revisó rápidamente y abrió el portón.

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―¿Subaru? ¿Qué rayos estás haciendo a esta hora? ¿A dónde vas? ―indagó molesto y perplejo Kanato, que lo siguió por todo el ruido que ocasionó. El contrarío lo miró de reojo después de subirse al vehículo de dos ruedas.

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―Tomaré la bicicleta prestada un momento. Cierra el portón y si Oka-san pregunta, invéntale alguna excusa ―recitó rápidamente y se echó a andar dejándole con la palabra en la boca a su hermano.

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―¡Subaru! ―gritó Kanato viéndolo ir―. ¿Pero qué rayos le pasa a ese mocoso idiota?

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¿Hacía frío? Tal vez, no lo sabía realmente. Probablemente la adrenalina del momento no le permitía sentir la temperatura de la noche. Él solo pedaleó. Por suerte ya era de noche y no circulaban muchos autos a su alrededor, haciéndole más fácil la tarea de andar. Hace mucho que no lo hacía, de hecho nunca pensó que se le ocurriría hacer algo así, claro… porque eso implicaba hacer uso de su razón y eso era algo que no le funcionaba muy bien ahora. Sus mejillas estaban rojas del aire frío que azotaba contra su rostro, ese mismo calaba fuertemente en sus pulmones en cada bocanada de aire que daba.

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Todo por cinco minutos de valentía de los que no se arrepentiría. Y aunque no fuese seguro, lo haría de todas formas… Quería verla. El malestar de su pecho se disipó mientras más se acercaba al lugar acordado. No le gustaba la idea de que ella tuviera que salir de la casa con aquel frio infernal sin embargo… su cuerpo no captaba lo que su cabeza dictaba. Le diría lo que le saldría en el momento y la dejaría en paz si eso fuera lo que ella deseara. No quería hacerle perder el tiempo, aunque sea solo quería ocupar un minuto de él.

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Al llegar a la plaza se dirigió rápidamente a los columpios. Se fijó de la hora en el gran reloj del parque notando que había llegado unos minutos antes. Apoyó la bicicleta y dio unos pasos para después suspirar sonoramente. Y ahí fue cuando se percató de su respiración errática y del frío del lugar. Intentó calmar su respiración y pasó su mano por su cabello, intentando acomodar un poco el desastre en el que se había convertido. Palpó su bolsillo, cerciorándose de que el regalo seguía en su lugar y se detuvo un momento intentando conseguir algo de estabilidad.

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Debía evitar, a toda costa, que la razón se hiciera presente si quería llegar hasta el final con aquel impulso. No había pensado absolutamente nada. ¿Qué le diría? No lo sabía, no existía un plan o alguna opción, solo era seguro ese impredecible momento.

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―Subaru… ―escuchó que lo llamaron y clavó su mirada en aquellos orbes violeta que tanto le gustaban―. Buenas noches ―sonrió está, acercándose hasta quedar a un brazo de distancia de él.

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El joven entreabrió su boca en busca de aire al escrutarla mejor con sus ojos. Estaba cubierta por un tapado, un gorro y una bufanda de lana, mirándolo con una dulzura inusual. Recordó a que había venido y tomó la caja de su abrigo, pero al hacerlo casi se le cae si no fuera porque reaccionó a tiempo. Luego de asegurarse la estabilidad de esta, rápidamente, se la extendió a ella.

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―¡Feliz cumpleaños, Ahome! ―exclamó ruborizado hasta más no poder.

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La nombrada miró extrañamente el paquete y luego a él. ¿Había salido de su casa con aquel frío infernal para entregarle un regalo? Lo observó mejor y pudo notar que traía la ropa mal puesta. Además, su rostro lucía ansioso y respiraba con algo de dificultad. Sus ojos desprendían inquietud y anhelo al mismo tiempo. "Que injusto eres" pensó. ¿Por qué se veía tan bien para ella? ¿Por qué había venido casi desesperadamente a entregarle un presente? Lentamente, apoyó sus manos sobre las de él y pudo notar que no llevaba guantes, sintiendo algo de culpa. Debía tener las manos congeladas.

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Sin embargo, en cuando lo miró nuevamente a los ojos, toda culpa se fue. Adoraba tanto cuando la observaba así y egoístamente deseó que nunca dejara de hacerlo.

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―Sé que es tarde ―aclaró Subaru, sacándola de su ensimismamiento―, y que tuviste un día atareado, pero yo… quería verte ―dijo en un susurro ocasionando que el corazón de Ahome diera un vuelco―. Quería darte esto y desearte un feliz cumpleaños. Discúlpame ―finalizó y ella tomó la caja de sus manos.

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¿Estaba bien que se sintiera tan especial? ¿Era correcto? Con tan sólo mirarla lo lograba y con lo que había hecho ahora la dejó sin aliento. ¿Ella merecía tanto? Recordó respirar y abrió la caja, para después encontrarse con unos preciosos pasadores. Sus ojos dieron un resplandor de emoción y un leve rubor fue extendiéndose por sus mejillas. Delineó con sus dedos aquellos objetos, apreciando cada detalle. Eran preciosos.

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―Son hermosos, Subaru ―murmuró avergonzada y volvió a mirarlo. Él suspiró con alivio y una sonrisa surcó sus labios. ¿Por qué hacia tanto por ella? No lo entendía, pero aun así no pudo evitar demostrar su alegría―. Muchas gracias, me gustan mucho ―cerró la caja y la atrajo a su pecho, para después presionarla contra este mientras cerraba sus ojos. Estaba muy feliz y apenada. Tanto que en cuestión de segundos, su rostro estaba completamente sonrojado. A Subaru le pareció una imagen perfecta, nunca la había visto así y deseaba que volviera repetirse muchas veces más. Después de recuperar un poco el aliento, guardó su obsequio en su bolsillo y lo miró nuevamente.

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Lo recorrió con la mirada y pudo notar sus pálidas manos al descubierto; debían de estar heladas. Así que sorprendiéndolo, las tomó y elevó hasta sus labios, que abrió para exhalar sobre ellas e intentar calentarlas un poco mientras las frotaba al mismo tiempo. Él solo verla hacer eso, provocó que su pecho comenzara a retumbar por su alocado corazón que no sabía comportarse. No quería destruir aquella imagen, así que se aseguró de no moverse ni hablar. Sin embargo, cuando sus ojos se encontraron no pudo contenerse no cuando lucía así. Aparto sus manos con delicadeza, la atrajo suavemente hacia él y la rodeó con sus brazos, dejándola envuelta en un sutil y cálido abrazo.

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La joven, algo sorprendida por su acción, envolvió su cintura hasta llegar a su espalda, pegando aun más su cuerpo al de él. Era tan grande y cómodo, a pesar del frío que los rodeaba, sus cuerpos comenzaron a irradiar calor de aquella conexión. Él, finalmente enredó sus dedos en su cabello y acarició su pequeña espalda al apoyar su cabeza contra la de ella. ¿Cuánto había esperado por ese momento? Ni él mismo tenía idea, solo sabía que realmente lo estaba disfrutando. Cerró sus ojos deleitándose con el momento y el aroma de la pelinegra. Ella podía sentir el acelerado ritmo del corazón del albino y su mano paseándose por su espalda, ese sentimiento que provocaba en ella la hacía sentir cómodamente adormecida.

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De pronto le nació la necesidad de ser observada por sus ojos rubíes, esos que tanto la hipnotizaban, así que se separo un poco de él y apoyo su mano en la mejilla del joven para comenzar a acariciarla. Subaru sonrió complacido y sus ojos destellaron cariño y devoción. Su acción volvía a dejarla sin aliento y entre abrió la boca perpleja, dudando de que si lo que estaba pasando era realmente verdad. Su mente andaba muy lejos de allí tanto que la dejo a merced de sus emociones. Su cuerpo se movió por sí solo, se puso en puntillas de pie, dejando cada vez menos espacio entre sus rostros hasta que ya no existió ninguno. Depositó un dulce beso en su otra mejilla. El ojis rojos se estremeció al sentirla y su piel ardió en cuanto se alejó, dejando un muy reducido espacio entre ellos.

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―Muchas gracias por todo, Subaru ―le agradeció sonriéndole sinceramente, con todos sus sentimientos a flor de piel y su rostro adornado por un precioso carmín. Su corazón latía a un ritmo prácticamente desesperado al sentirse tan querida por el joven.

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Este la escrutó fijamente con la mirada. Por nada del mundo quería olvidar aquel momento, ni la sensación de sus labios contra su piel. Sintió como los suyos le hormigueaban con fuerza al tenerla tan cerca. ¿Estaba mal desear tanto algo? Apoyó su mano sobre la que estaba acariciando su mejilla e inclinó su rostro contra esta para disfrutar más el contacto. Aquel sentimiento desconocido se acrecentó aún más al develarle aquello que aún no quería saber: le gustaba… ella le gustaba y mucho más de lo que podría imaginarse. Deseaba poder tenerla así de cerca siempre, aunque fuese molesto o doliese. Ya no podía excusarse más, todas sus acciones y palabras lo develaban.

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Sonrió por inercia al perderse en sus preciosos orbes violetas y acarició con cuidado su cabello. Ahome sintió como el vello de su nuca se erizó cuando lo hizo y al percibir como su cálido aliento rozaba su rostro. Estaba completamente embelesada con él.

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Una ráfaga de viento hizo mover los columpios y ese crujido los volvió a la realidad. Él la dejó ir sin quererlo realmente y ella lo acarició por última vez antes de separarse. Cuando lo hizo, cayó en cuenta de absolutamente todo y se sintió muy avergonzada. Giró su vista y la clavó en una bicicleta.

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―M-me alegra que te haya gustado… ―murmuró entrecortadamente el joven. Tenía el ceño levemente fruncido y estaba prácticamente asesinando con su mirar una rama que había en el piso. Ella no pudo evitar echarse a reír―. ¿Q-que pasa? ―preguntó intrigado, haberse percatado de sus sentimientos hacía que se avergonzara mucho más rápido.

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―Es que estoy muy feliz de que hayas venido hasta aquí ―confesó tranquilizándose―. No hacía falta que te tomaras tantas molestias conmigo ―susurró algo apenada y cuando volvió su vista él, ya la estaba mirando―. Hace mucho frío y aun así viniste.

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―Y-yo fui quién te pidió verte ―exclamó apretando sus puños en un intento de controlar sus emociones―. Quería entregarte el regalo hoy. ―Agregó entrecortadamente―. Además, no fue problema. Llegué rápido ―mencionó señalando la bicicleta.

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―¿Viniste andando en bici en medio de la noche? ―preguntó incrédula aclarando finalmente su duda.

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―¿Tiene algo de malo?

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―No… sólo que no imagine que harías algo así. Me tomaste de sorpresa, Subaru ―declaró sonriéndole con alegría. No se creía merecedora de tal acto, sin embargo, lo agradecía profundamente. El joven dio un pequeño respingo. "Yo tampoco me imagine haciendo algo así" se dijo con la odiosa razón adentrándose de a poco―. ¿Es tuya?

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―¿Eh? ―Se despabiló con la pregunta―. No, la tomé prestada de Laito por un momento ―dijo y recordó por qué su hermano había comprado esa bicicleta―. Ahora que recuerdo, la compró para poder coquetear con mujeres de camino a sus casas, como en los mangas. Pensó que sería una buena idea, pero se aburrió rápido y la dejo tirada en el garaje. ―Contrajo levemente el ceño al conmemorar el berrinche que había armado cuando se quejó de que los mangas no servían como referencia amorosa―. Maldito pervertido… ―rezongó y Ahome rio con sorna.

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―Tú sí que te diviertes, Subaru ―bromeó como de costumbre―. De todas formas, gracias a ese capricho hoy pudiste llegar hasta aquí. ¿No te parece gracioso? ―él pareció considerarlo.

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―Desgraciadamente, sí ―esbozó para después echarse a reír.

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Luego el celular de la azabache sonó anunciando una alarma que ella misma había puesto. Tomó su móvil y lo observó. "Hm, ¿Qué hora es?" preguntó el albino preocupado. No quería que ella estuviera tanto tiempo afuera. "¿No trajiste tu celular?" contestó y él desvió su mirada para después murmurar: "Lo olvidé en casa"

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La ojisvioleta sintió como una desconocida calidez inundó en su pecho. Había venido con aquel frío infernal, olvidándose sus pertenencias en el camino y montando una bicicleta en medio de la noche para desearle un feliz cumpleaños y entregarle un precioso obsequio. Su rostro ardió y lo observó con ilusión.

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―Si sigues así no querré dejarte ir… ―pensó en voz alta sin dejar de verlo con anhelo. Subaru creyó, que si ella también seguía causando tales estragos en él, no podría dejarla ir jamás. Cuando Ahome cerró fuertemente los ojos, él se sobresaltó. Ella estaba avergonzada, no podía creerlo. Entre la felicidad y los nervios decidió dejárselo pasar solo por aquella ocasión.

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―Y-ya es muy tarde ―dijo lo más claro posible―, deberíamos volver a casa ―sugirió y ella asintió intentando serenarse. Él tomó la bicicleta y le propuso llevarla hasta la esquina de su casa en ella. En realidad su intención era dejarla en la puerta, pero ante su negativa y el comentario de que "se escapó" y no debían descubrirla, cedió. "Es que soy muy buena ocultándome" le había dicho entre risas, ahora podía comprender el porqué de la sobreprotección de sus primos hacia ella. Se montó en el vehículo y ella en el asiento de atrás, y para asegurarse de no caerse, posó sus manos a los costados de la espalda del albino, que dio un pequeño respingo al sentirla. Eso pareció incitarla más, porque inmediatamente lo abrazó desde atrás y restregó su rosto contra la espalda del joven.

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―Hm~ ¿Por qué eres tan lindo? ―canturreó con su típico tono de burla. Su entretenimiento preferido parecía ser fastidiarlo con creces al verlo flaquear.

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―¡C-cállate! ―gritó y se echó a andar mientras ella tarareaba una canción fingiendo que no lo escuchaba. Su recorrido fue corto, pues solo eran dos cuadras pero le sirvieron para tranquilizarse. Habían ocurrido muchas cosas en menos de una hora y aun parecía no reaccionar del todo.

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Al llegar, ella se bajó luego de apretujarlo una vez más y se paró en frente de el para agradecerle todo. Sin embargo se detuvo al volver a observar sus manos descubiertas sobre los manubrios. Ahora el tendría que volver a su casa con el viento dándole con fuerza en la cara y manos. Se sentía bastante mal por eso, así que tomó su bufanda y se la extendió. "Póntela que hace frio, idiota" la retó, pero la azabache se negó y le pidió que envolviera sus manos con ella. Aseguró que estaría bien porque de inmediato entraría a su casa, así que no había de que preocuparse. Luego de un pequeño forcejeo, pudo envolver sus manos y salió corriendo hacia el patio de un vecino para infiltrarse desde atrás de su casa a la suya.

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¿Qué clase de chica era? A simple vista era un desastre. ¿Por qué debía gustarle una persona tan peculiarmente rara como ella? Se preguntó y volvió a enrojecer. "¡Rayos!" chasqueó su lengua y después de cinco minutos comenzó el camino de retorno a su casa. En el trayecto, varias veces se detuvo porque la bufanda de ella envuelta en sus manos no lo dejaba conducir bien la bicicleta, y también para decir una que otra maldición, incluso al pedalear sintió que el pudor, la incertidumbre y otros sentimientos volvían a su ser. Bueno, él no había decidido sentir eso, para lo que la tenía no existía remedio.

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Ahome logró exitosamente infiltrarse a su habitación sin que sus primos se percatasen. Con cuidado de no hacer ruido se quitó sus abrigos, no sin antes tomar su obsequio, y luego se dejó caer en su cama. Se colocó de costado y abrió la pequeña caja, tomó uno de los pasadores y su pecho volvió a sentirse cálido. Los casi irreales recuerdos de lo que había pasado hace unos minutos la iban arrullando y guiando por distintos pensamientos. Fugazmente pensó que así podría haber sido el rostro del protagonista de "Rendevouz" cuando se encontró con la muchacha del pueblo. Su rostro sonrojado, su mirar tan lleno de sentimientos como el anhelo y su completa entrega, le eran encantadores. Suspiró sonoramente y guardó su regalo en la mesa de luz para después quedarse mirando el techo. "Debes calmarte" le advirtió a su desbocado y desobediente corazón sabiendo que era imposible. Ella estaba muy feliz por haber conocido a una persona tan buena y amable como Subaru, nunca imaginó que correría con la suerte de ver algo así en su vida que no fuera de parte de sus primos o de su mejor amigo.

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"Qué injusto eres" susurró. Realmente disfrutaba su compañía y al parecer seguiría haciéndolo por un buen tiempo. Sonrió con felicidad y cerró sus ojos dejando que su cuerpo se relajara cada vez que respiraba.

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Subaru llegó después de varias paradas, abrió el portón y colocó la bicicleta en su lugar. Desenvolvió la bufanda de sus manos y se la quedó mirando. Gracias a ella no le dolían las manos por el frío de la noche. Se sonrojó ante el deseo de querer llevársela hasta el rostro para inhalar el aroma que la azabache había dejado en ella. "Tienes que controlarte…" se recordó. Aun mirando con dudas la prenda, realmente quería hacerlo.

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―¿Y…? ―escuchó a alguien hablar y la luz del garaje se prendió―. ¿A dónde fuiste a esta hora? ―preguntó Kanato. Él se había quedado esperándolo ahí. Inmediatamente el albino ocultó la bufanda y balbuceó unas cuantas maldiciones―. Subaru ―elevó un poco el tono de voz―, estoy esperando una respuesta. ―"Yo…" murmuró el contrario y el peli violeta pudo llegar a una conclusión ante su comportamiento―. Fuiste a verla ―dijo sonriendo con maldad.

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―¿Eh? Eso no… ―dijo, dispuesto a mentir, pero se detuvo al ver que no le creería―. ¿Cómo lo supiste?

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―Veamos… ―esbozó apoyando su rostro en su mano―. Saliste como alma que lleva el diablo en bicicleta en una noche helada como esta, estas hecho un desastre, el regalo de Ahome-san no estaba en tu escritorio y estas mas sonrojado que de costumbre ―comentó exponiendo todas las pruebas que lo develaban―. Fue todo muy apresurado y desprolijo ―mencionó antes de que pudiera hablar―, pero lo hiciste. Bien hecho ―lo felicitó contra todo pronóstico. Subaru estaba que no podía creérselo. Para él, ella era una pérdida de tiempo, sin mencionar que aun no le caía bien y… ¿Lo estaba felicitando por ir a verla?―. ¡Subaru, despierta! ―le gritó, sacándolo de su trance.

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―¿Qué-qué pasa?

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―Es bueno que te hayas animado, de una vez por todas, he ido a entregarle ese presente a la chica que te gusta ―reconoció su logro monótonamente pero así era él, a Kanato le costaba ser amable o dar ánimos―. Pero la próxima vez fíjate que no sea en medio de la noche, idiota.

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―Sí, sí ―esbozó con cansancio. Quería ir a su habitación y recostarse. Sin embargo la incitadora ceja de su hermano mayor lo enervo―. ¿Y ahora qué te pasa? ―refunfuñó.

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―Lo reconociste.

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―¿Eh?

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―Esta vez no lo negaste ni pusiste esa horrenda cara cuando dije que te "gustaba" esa rara ―resaltó, tomándolo desprevenido―. Al fin lo reconociste ―volvió a aclarar sonriendo de una forma perturbadora para el albino.

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El menor enrojeció e intentó escaparse de las acusaciones del mayor, sin negar lo que había dicho. Estaba totalmente exasperado. ¿No podía tener un momento de paz?

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―Ah, por cierto… ―mencionó cuando se encontraban en la puerta del cuarto de Subaru―. Oka-san notó que te habías ido ―ahora sí le prestaba atención―. Le dije que te fuiste, a toda prisa, a la farmacia a comprar unos medicamentos porque tenías diarrea ―explicó sin darle importancia al pálido rostro de su hermano.

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―¿¡Por qué le dijiste eso!? ―le reprochó irritado―. ¿No se te ocurrió algo mejor, desgraciado?

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―Tú eres el desgraciado… encima que te cubro con Oka-san, te molestas. ¡Fue lo mejor que se me ocurrió! ―Contrarrestó con su errática voz―. Eso era lo único que podía justificar tu tardanza ―apretó fuertemente los dientes con ira. Quería ayudarlo pero el ojis rojos no reconocía sus esfuerzos.

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El menor de la familia resopló exasperado. Logró calmar al ojisvioletas y se metió a su cuarto. Sintió como todo el peso del día recaía fuertemente en su espalda. Esa última hora había sido un cumulo de emociones desbordando incesantemente en su pecho. Bajó su vista y observó entre sus manos la bufanda de la culpable de sus problemas; no la había soltando desde que ella se la colocó. Sonrió con satisfacción, totalmente avergonzado, no se arrepentía de absolutamente nada. Sintió un, repentino, cálido bienestar expandirse por todo su cuerpo: "Todo por cinco minutos de valentía"

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¡Fin del cap diez! ¿Que les pareció? a veces pienso "creo que me sali bastante de personaje" pero luego recuerdo que es un AU y se me pasa x¡D Recuerden que ellos no pasaron por las experiencias que los marcaron en Diabolik Lovers.

Recuerden dejarme sus comentarios, sugerencias o dudas

¡Nos leemos el proximo cap!