Volvi de las oscuras tinieblas de la realidad x'D ¿Como les va? Disculpen las demoras pero aqui les traigo el cap 11 del aroma del encuentro :D

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Les quiero agradecer mucho a todas las personas que se toman un poco de su tiempo para leer mi historia y comentarla (de veras me animan mucho a seguir) Me gustaría leer sus opiniones de como esta yendo hasta ahora, así que los invito a dejar sus reviews :D

Cami gracias por el apoyo de siempre :D y Lin no pude responderte por privado pero el youtube hay muchos tutoriales para hacerse una cuenta, es mas sencillo de lo que te imaginas Me alegra saber que te vas a animar a escribir y compartir tus historias ¡Es algo hermoso!

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También le agradezco a Marce por corregir mis horrores ortográficos :)

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Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenece, si la historia y Ahome

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CAPITULO 11

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"¿Hasta dónde llega tu estupidez, Subaru?" se había preguntando seguidamente desde que se puso a pensar bien en lo que había hecho… ¿¡Qué había hecho!? Tenía ganas de golpearse cada vez que lo pensaba, incluso se llevaba fuertemente su mano al rostro con tan solo recordar. Si bien no se arrepentía del hecho, lo que le pesaban ahora eran sus propias palabras y su repentina aceptación de sus sentimientos. ¡Dios! Eso lo hacía aun más difícil… Cuando le devolvió la bufanda la mañana siguiente —luego de lavarla y asegurarse que estuviera impecable—, deseó que se lo tragase la tierra.

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Sus intentos por sacar la prenda y devolvérsela naturalmente fallaron de manera miserable, y luego de armarse de valor y finalmente hacerlo, Gil le hizo notar que media cafetería y él habían estado observando el "acto" con ternura. Bien… si ya de por sí, le costaba estar cerca de ella sin poner cara de idiota ruborizado, ese comentario le hizo aun peor. No podía evitar verla y notar que ella sonreía pícaramente ante sus sobresaltos, ni mucho menos cuando le devolvió la bufanda y ella hundió su rostro en esta para sentir su perfume —cosa que por cierto había deseado hacer—.

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No le contó que casi se había matado un par de veces, de vuelta a su casa en bicicleta, porque tenía las manos atadas con esa prenda, o que sentirla aferrada a su espalda había hecho que su corazón diera un completo vuelco haciéndolo sentir sumamente especial. No… la azabache tenía mucha ventaja sobre él. Decidió que intentaría ganar el estúpido juego que habían propuesto para alcanzarla aunque sea un poco y ver si… por aquellas casualidades de la vida, él podría llegar a causar algo en ella.

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"Te espero mañana" le saludó antes de irse aquel viernes y sintió que el calor invadía su cuerpo. Cuando la vio llegar, sin querer, busco algún indicio del pasador que le había regalado. Capaz no le había gustado y ella lo tomó de mera cortesía; pero el verla con el cabello recogido en una coleta alta lo decepcionó, un poco y lo alegró a la vez. Era inminente que el día de la fiesta estaba a unas horas y eso lo ponía algo nervioso.

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Odió completamente su nueva actitud. ¿Qué era eso de estar como alma que lleva el diablo por una chica? ¡No lo podía creer! ¿Qué tanto tenía ella? Si se ponía a pensar era un desastre y la mayoría de las veces se la pasaba riéndose a sus cuestas. ¡Era sumamente irritante! ¿Por qué justo ella? No recordaba que hubiese sido tan complicado con Yui, ella era más tranquila, en cambio la ojisvioleta no reparaba en expresarse. Chasqueó su lengua y miró por el vidrio del auto como las calles iban pasando.

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—¿Te pusiste perfume, Subaru? —inquirió algo altanero Kanato. El nombrado negó algo ensimismado, sin prestarle mucha atención. Ahora estaban yendo a la casa de la azabache, tragó algo en seco al recordarlo; no le molestaba tener que lidiar con lo que tuviera que lidiar sino con la impredecible muchacha y sus sentimientos—. Ah… no puede ser —esbozó con resignación cuando se percató de que fue ignorado.

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—Déjalo —masculló Shuu—, los nervios le estropearon el cerebro.

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Decidió ignorar los comentarios de sus hermanos desde que se levantó aquel día, ya demasiados problemas tenia con aguantarse así mismo. Lo que le pareció raro, fue que Kanato no le contara a ningún familiar sobre su escapada en bicicleta a la noche. No sabía que se tenía entre manos pero cuando le pregunto por el extraño silencio él solo le dijo: "Siempre puedes contar con tu onii-san" Ok, era normal que el pelivioleta balbuceara rarezas de vez en cuando.

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—¿Cuál es la casa? —preguntó el rubio y el menor solo atinó a decirle la ubicación exacta de la casa. El mayor estacionó a unos cuantos metros de esta debido a la cantidad de autos que se encontraban ya en la entrada. Detrás de él llegó Reiji con sus demás hermanos. Esa era otra rareza del día, supuestamente el ojismagenta iba a salir con su novia pero al parecer la curiosidad le había ganado. Y ella aun más raramente lo entendió—. Muy bien señoritas, escúchenme —sentenció el rubio mientras acomodaba su chaqueta—. Hagan lo que hagan, no ocasionen desastres; soy demasiado joven para ser tío, así que cuídense —masculló con un cierto tono de seriedad ante el desagrado de los demás—. Si no están para cuando nos volvemos, regresaran a pie o como sea. ¿Entendido?

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Todos sabían que él era capaz de hacerlo si lo exasperaban, pero tenían fe en Reiji, que los buscaría y los llevaría con él. A paso ligero, observando la indiferente tranquilidad que portaba en ojisrojos, avanzaron hasta la puerta de la residencia. Desde afuera se escuchaba la música, no abrumadoramente sino moderadamente alta, y en sus costados podían notar una especie de carpa. Supusieron que parte de la fiesta se haría afuera y como estaba fresco optaron por climatizar el ambiente de esa forma.

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Subaru fue quien sorprendentemente toco el timbre, se sentía algo abrumado por la ansiedad pero estaba decidido a afrontar la noche. "No importa que tan insoportables se comporten" se recordó sintiendo la confidente mirada de sus familiares sobre su espalda. El crujido del picaporte dio a mostrar a un joven, de cabellos castaños alborotados y ojos grises, que los miro muy atentamente.

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—¿Quién… ¿Hm? —Esbozó y meció un poco su rostro—. ¿Laito?

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—¿Nana? – Respondió este reconociéndolo.

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—¡Cuánto tiempo! ¡Vamos, pasen! Deben de ser invitados de Ahome —recordó dejándolos pasar. Les dio un pequeño recorrido por el corredor y les indicó donde poner el obsequio que habían llevado en representación de la familia. Una vez llegados a la sala pudieron apreciar donde se celebraba la fiesta; la salar de estar estaba conectada con el patio trasero, que estaba cubierto por una enorme carpa blanca. A lo lejos podía apreciarse un pequeño escenario y unos grandes parlantes—. Si desean beber algo solo pídanselo al barman —señaló—, y si tienen hambre por ese lado está la parte del buffet —finalizó girándose y prestándole total atención al menor de los Sakamaki—. Y tú… debes ser Subaru, ¿verdad? —El mencionado asintió algo extrañado—. Eres exactamente como Yuma te describió —canturreó poniendo una de sus manos en su propia cintura—. Bueno, no "tan así". Tú eres lindo —elogió brindándole una sonrisa gatuna.

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—¿Eh? —esbozó el albino y sintió como lo pellizcaron desde atrás—. Uhg... —El castaño rio con sorna y negó con gracia.

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—Ok, debes de tener ganas de saludar a la cumpleañera, ¿verdad? Deja que la busque por ti~ —propuso escrutándolo de arriba abajo—. Va a ser algo difícil encontrarla, pero lo intentaré —mencionó girándose, pero se detuvo al recordar algo—. ¡Ah! Por cierto… No balbucees mucho.

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—¿A qué te refieres? —increpó algo ya molesto Ayato por la altanera actitud del joven.

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—Es un consejo especial para él —guiñó el ojo—. Los chicos se aprovecharán de ti si te ven dudando —hizo referencia a los demás Mukami—. Ya vuelvo. ¡Diviértanse! —saludó para después perderse en el mar de gente.

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—¿Pero qué rayos pasa con ese sujeto? —se quejó Kanato.

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—Al parecer es uno de los amigos cercanos de esa muchacha —dedujo Reiji. El albino lo pensó; por la forma en la que él se refería a los primos de Ahome no era difícil deducir que era prácticamente de la familia. De repente recordó el alago que este le dedicó y se giró a ver a Laito.

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—¿Y a ti que rayos te pasa? ¿Por qué me pellizcaste? —interrogó algo molesto y el contrario suspiró.

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—¿Cómo no hacerlo? —Suspiro fingiendo cansancio y lo miró con comprensión—. Subaru-kun, tú precisamente no eres muy "delicado" con la gente y Nana te estaba coqueteando. Pensé que reaccionarias como un idiota cuando te dieras cuenta. ¡Va! Si lo notabas. —Finalizó, cruzándose de brazos. La cara de desconcierto del menor fue evidente, no se había percatado de eso.

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—¿Quieres decir que ese chico "patea para el otro lado"? —preguntó el pelirrojo simplemente.

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—¡Ayato-kun, no seas grosero! —Lo reprendió Laito—. Y por lo menos desde que lo conozco, sí…

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—Bueno, eso no importa —comentó Shuu, para después darle un sorbo a su bebida. ¿En qué momento había ido hasta la barra?—. Ya que estás en su casa, debes aprovechar para conocer un poco su entorno —enarcó una ceja con gracia y esbozó—; también ver cuál es tu "competencia" —la delicadeza de su hermano por el tema le pareció sumamente cruel. No fue por sus palabras, sino por la dura realidad con la que había estado tratando de no toparse. Miró a su alrededor, notando que habían más hombres que mujeres en la fiesta; algunos seguramente universitarios por finalizar sus carreras como sus hermanos y otros solo un par de años más grandes que él.

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—Tampoco olvides divertirte —señaló al verlo algo tenso. Bueno, el panorama no era favorecedor.

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—¡BUENAS NOCHES, MINNA-SAN! —se escuchó la cantarina voz de un hombre proviniendo del patio. Inmediatamente los invitados gritaron confirmando su presencia—. ¡Por favor acérquense al escenario que el show está por comenzar!

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—Ah… Ese debe ser el cantante —murmuró Reiji, sin perder detalle de todo lo que veía. Como si hubiera sido una orden todos se dirigieron al lugar establecido; incluso ellos comenzaron a amontonarse. No eran muchos: habría alrededor de cincuenta personas aunque parecieran más.

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—¿De veras tenemos que escucharlo? —Murmuró disconforme el pelivioleta—. Además, tu novia es una maleducada, ni siquiera vino a darte la bienvenida. ¿Sabía que vendrías?

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¿Qué tenía que hacer para que su hermano se callara de una vez por todas? Una cosa era cuando estaban solo ellos, pero ahora estaban rodeados de conocidos de la azabache, lo que significaba que cualquier comentario podría llegar a sus oídos.

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—Muchas gracias por esperar~ —dijo el anfitrión parándose en el escenario con galantería—. Soy Mukami Kou-kun. ¡Mucho gusto! —elevó sus dedos en símbolo de paz como cualquiera de sus presentaciones.

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—¡Ya deja eso! —Se oyó a un joven gritar de la multitud—. ¡Nos sabemos el discursito de memoria!

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—¡Eso!

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—¡Haz lo tuyo!

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Por la cantidad de comentarios y la cara de desagrado fingido del cantante se podría decir que eran bastante cercanos.

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—¡Que crueles son! Eso que estaba por ponerme sentimental —aclaró en un puchero y lo dejaron hablar—. ¿Ahome? —llamó a la azabache y comenzó a mirar con detenimiento en la multitud.

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Rápidamente los ojos del albino comenzaron a moverse de un lado a otro buscándola; tarea que no le llevó mucho tiempo.

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—¡Aquí estoy! —exclamó y su primo más alto la subió a sus hombros para que el rubio pudiera encontrarla. Esta agitaba los brazos con alegría y le tiraba besos con cariño.

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—¡Bien! Ahora que te encontré déjame decirte algo… —aclaró su garganta y la miró con ternura—. Yo no estuve el día que naciste. Bueno, en realidad ninguno estuvo en el de nadie, ni sabemos cuándo fue realmente —aclaró, llevándose la mano a la nuca y riéndose con el resto de las personas—. Pero~ aun así nos dimos un día, uno en el que conmemoramos habernos conocido…

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El silencio inundo el salón otorgándole privacidad al momento. Yuma sostenía con cuidado su mano, recordándole que estaba ahí y que el también pensaba lo mismo. Nadie se atrevió a murmurar algo; ese momento solo le pertenecía a los Mukami.

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—Nuestra vida es más dulce y divertida desde hace trece años; ¡una aventura completa! —Extendió uno de sus brazos y suspiró con ensoñación—. Si me dieran la oportunidad de volver al momento en el que te conocí… volvería a jalarte del pelo para hacerte llorar y mostrarte mi desconfianza —frunció su ceño y luego respiró hondamente mostrando un rostro de aliviado—. Solo para que después terminemos queriéndonos tal y como lo hacemos ahora. —El afecto con el que fluyeron las palabras de los labios del músico no dejaron lugar a dudas sobre sus sentimientos—. ¡Muy feliz cumpleaños, mi hermosa princesa, te amo! —confesó con ímpetu y los aplausos no se hicieron esperar.

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—¡Yo también te amo, Kou! —respondió en un grito la joven.

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—¡OK! ¡Es hora de empezar! —Propuso entre risas—. La sorpresa de esta noche es; ¡AZUSA! - el nombrado subió al escenario con un micrófono en manos y saludando tímidamente al público—. ¡Haremos un dueto, espero les guste! ¿Verdad, Azusa?

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—Hm… Por favor… disfrútenlo —el público pareció emocionarse aún más con la presencia del menor que no tardo en demostrar sus habilidades de canto.

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Las luces se atenuaron levemente y la rítmica melodía inundo el lugar. A pesar de su forma de hablar, el ojisgrises, cantaba sin pausas y tenía una voz más grave que la normal; combinaba muy bien con la del ya experimentado cantante. Llevaron a la audiencia por un viaje de interminables insinuaciones y relatos de un amor prohibido, sin dejar que se distrajeran con algo más. Muy de vez en cuando observaban fijamente a su prima que cantaba con ellos desde los hombros de Yuma. Nadie podía negar que los lazos entre ellos fueran sumamente fuertes, lo demostraban con cada acción o palabra.

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—Esa también es tu competencia… —escuchó Subaru que murmuraban detrás de él, sin embargo no supo diferenciar quien se lo había dicho. Tal vez era por el volumen de la música o porque ciertamente no podía apartar la mirada de la alegre azabache. Ella era tan distinta a él… pudo jurar que nunca se había sentido tan lejos de ella hasta ahora. "Nunca estuve cerca realmente…"

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—¡Vamos, todos juntos! —el rubio incitó a los invitados a cantar con él. El clima era ameno, todos se estaban divirtiendo mientras Subaru daba una probada a la realidad.

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Al finalizar la canción el salón se sumió en aplausos y la joven se desplazó velozmente, a través de este, para lanzarse a los brazos de sus familiares que la recibieron en un muy ansiado abrazo. Ella besó sus mejillas y balbuceó palabras de afecto.

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—Al parecer será difícil hacer que se separe de sus "niñeras" —murmuró Laito, intentando idear un plan que le diera espacio de acción a su pequeño hermano—. Algo se nos ocurrirá.

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—¡Tsk! Creí que sería más simple por cómo es ella —rechistó Ayato.

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—¡Subaru! —se giró al escuchar su nombre. La ojisvioletas estaba intentando hacerse paso hacia él, cuando la miro ella le brindó aquella sonrisa despiadada que esbozaba todas las mañanas. La diferencia es que ahora denotaba cierto alivio en ella; ¿Significaba que lo estaba esperando?—. ¡Qué bueno que pudiste venir! —exhaló con tranquilidad al posicionarse en frente de él. Era como si hubiera obtenido una pequeña victoria. Incluso cuando miró para sus costados y notó a los demás intento esconder su mirada triunfadora y altanera con fingida humildad—. Es genial que todos hayan podido venir~ —canturreó acercándose más a ellos. Subaru, se giró un poco y también su pecho se lleno de orgullo y alegría al percatarse de que la azabache estaba usando los pasadores que él le había regalado.

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—Más te vale que estés contenta. Después de todo, Oree-sama ha decidido honrarte con su presencia —alegó el pelirrojo cruzándose de brazos.

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—Tú siempre tan divino, Ayato~ —remarcó Ahome sarcásticamente, aceptando la personalidad del muchacho.

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—Yo cursé con muchas de estas personas… —murmuró Shu llamando su atención.

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—¡Ah, sí! Cada uno invitó a algunos amigos, no queríamos exagerar así que solo están…. —pareció pensar bien la palabra que usaría—. "Personas de confianza".

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Mientras Ahome charlaba con los Sakamaki, se percató de que Subaru miraba mucho su cabello, entonces pudo recordarlo; los pasadores. Después de toda la travesía que él había pasado para entregarle su obsequio no podía dejarlos guardados, así que decidió usarlos. No solo por eso, sino porque realmente eran preciosos y cada vez que los veía su corazón se inundaba de alegría. A propósito, acarició su propio cabello y pasó su mano por su regalo con cariño. Sintió como el albino respiró hondamente en cuanto lo hizo y de cierta forma le agrado; había notado su elección.

—Vaya, parece que estas siendo bastante solicitada en esta fiesta —remarcó con cierto tono de malicia Reiji—. Por lo que veo tienes varios conocidos de tu edad e incluso más grandes —eso ya no le gustó a la muchacha—. No entiendo tu repentino interés por los menores…

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Ahora era él quien sonreía triunfante, pues la azabache sonrió forzosamente mientras le dirigía una mirada de fastidio.

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—A mí también me sorprende que hayas decidido venir —tarareó, colocando sus manos detrás de ella—. Supuestamente no te interesaba. A menos que…. No te aguantaras quedarte en casa sin saber lo que sucedía —el contrario frunció el ceño en disgusto por lo insolente que se estaba comportando aquella "robacunas"—. ¿Di en el blanco? —él no era el único molesto.

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Oh, sí… no hacía falta ser minucioso para percatarse de que al ojismagentas no le agradaba la joven. Su comportamiento, personalidad y actitud no le parecían adecuados. Sin embargo realmente lo que le preocupaba era que ella hiciera lo que quisiera con su hermano menor. Lo que no sabía era que a él eso le interesaba menos de lo que creía.

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—¡A-ahome! —Irrumpió una muchacha pelirroja de grandes atributos—. ¿Cómo es posible… —hipeó—, que haya tantos hombres en esta fiesta y ninguno —señaló con impotencia—, sea stripper? ¡Nana prometió que habría uno!

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—¡Tamara! —La reprendió mientras la atrapaba en un abrazo ante una posible caída—. No puede ser que recién sean las 22hs y ya estés borracha… —Ante tal comentario, Laito enarcó la ceja y observó juguetonamente a la anfitriona de la fiesta. Al contrario de Subaru, que se sobresaltó y se sintió un poco más lejos de su objetivo.

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—Es que…. —hipeó en otro puchero—, no bebí tanto porque quiero estar consciente cuando partas el pastel —se relamió los labios y sonrió con malicia—, así que me moderé —la ojisvioletas revoleó los ojos y trató de hacer que se ponga de pie, pero esta aún se tambaleaba—. ¿Y estos… quiénes son? —preguntó al percatarse de los Sakamaki y que uno de ellos, prácticamente, la desnudaba con la mirada.

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—Son unos amigos —le respondió parándola—. Te dije que invitaría a Subaru y a sus hermanos, ¿recuerdas?

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—¿Subaru? —Repitió intentando recordar—. ¿Eres tú? —dio un paso al frente al mismo tiempo que lo señaló. Parecía que estaba por caerse de nuevo así que la azabache volvió a sostenerla. El nombrado asintió con duda, le parecía increíble que todos supieran reconocerlo sin haberlo visto antes—. ¡Debes de tener unas grandes pelotas para aparecerte aquí! —se bufó la chica, intentando contener su risa ante la desesperación en el rostro de Ahome. Se soltó de su amiga y forcejeó con ella para avanzar hacia el joven—. ¡Míralo! Su piel tan tersa y su apariencia…

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—¡Tamara, ya déjalo en paz!

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—¡Carne fresca! —Anunció, levantando los brazos—. Ah~ Quiero ver cuando te encuentren Ruki y los demás —hipeó otra vez atragantándose un poco por la risa—. ¡Van a despedazarte! Lalalala~

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—Era de esperarse que una chica como tú tuviera esa clase de… "compañía" —dijo Reiji con algo de desprecio—. Es desagradable. —Aclaró al escuchar el desafinado canto y los gritos de la pelirroja.

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—¡Vamos, Reiji! —Intentó calmar su descontento Laito—. Solo está un poco tomada, tú también tienes amigos así.

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—Pero de seguro no como esta atrevida… —masculló Kanato—. ¿¡Cómo te atreves a hablarle así a mi onii-chan!? ¿¡Ah!?

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En realidad no le importaba la veracidad de las palabras de sus hermanos, solo le molestaba que creyeran que él era algo que podía ser tomado a la ligera. Lo daban por fracaso sin siquiera permitirle intentarlo. Daban por hecho que era un mocoso. La ojisvioletas también estaba molesta, no le gustaba que trataran a sus invitados de aquella forma y que el clima se arruinara tanto entre ellos.

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—Oh~ ¿Qué tenemos aquí? —Salió al rescate Nana—. Eres una borracha maleducada, Tamy —canturreó tomándola por los hombros—. Si no te comportas, no comerás pastel ni tendrás "sorpresa" —remarcó meciéndola de un lado a otro.

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—¡Quiero pastel y mi sorpresa! —reclamó sonrojada.

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—Entonces ve a sentarte para que se te pase un poco la borrachera —le murmuró cerca del oído—. Con su permiso~ —se la llevó, desapareciendo de la vista de los demás.

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—Que insoportable… —se quejó Ayato, dando una mirada de desprecio.

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—Lamento mucho eso —dijo con resignación la joven brindándoles una sonrisa lastimera—. Tamara suele ser… muy "efusiva" cuando toma un poco. —De cierta forma el clima se tensó y sintió que era tiempo para retirarse, además ya había llamado demasiado la atención de sus demás amigos—. Espero que disfruten la fiesta, tendremos muchas actividades, así que—

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—Buenas noches —la interrumpió la imponente voz de su primo mayor. Sabía que en cualquier momento se aparecería, aunque esperaba que fuera más tarde que temprano. Cada vez que se hacía de un nuevo amigo ocurría lo mismo y como si fuera poco, a su lado, estaban Azusa, Kou y Yuma—. No esperaba verte nuevamente, Sakamaki —se dirigió especialmente a Shuu que no le prestaba mucha atención.

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—Lo mismo digo —respondió sin más y el pelinegro le dio una rápida mirada a su prima para que los presentara como era debido. Prácticamente Ruki había sido quien los había educado y hecho hincapié en los buenos modales, por eso ningún familiar se atrevía a cuestionarlo mucho que digamos.

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—¡Cierto! —La joven se sobresaltó un poco y se posicionó al lado de su familia—. Les presento a mis primos; Ruki, Kou, Yuma y Azusa —los nombró y estos asentían en forma de saludo cuando escuchaban sus nombres—. Chicos, ellos son los Sakamaki; Shu, Reiji, Laito, Kanato, Ayato y Subaru. Bueno… al parecer ya se conocen con algunos así que no tengo que especificar tanto.

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El albino sintió como las cuatro miradas se clavaron en él en cuanto se aparecieron. Era cierto; eran imponentes, pero no era algo con lo que no hubiera lidiado antes. Sus compañeros de clases le ayudaron a tomar experiencia en eso. También pudo notar algo más; Ahome parecía más dócil y juguetona que de costumbre cuando estaba con ellos, su mirada era de puro amor aunque se enojara por alguno de los comentarios de sus primos. El vínculo que había entre ellos era muy fuerte.

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—Wow~ Yuma, es exactamente como lo describiste —dijo sorprendido Kou.

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—¿Verdad? —rio el contrario.

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El ojisrojos supuso que ya habrían hablado de él en varias ocasiones y que no se mantendrían callados mientras lo tuvieran de frente. Pero… la confianza que se reflejaba en ellos le daba a entender que él no les representaba un posible "peligro".

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—¿Qué les parece si vamos a charlar un poco adentro? —Propuso directamente Ruki—. Me gustaría que nos pongamos al día. —escrutó severamente con los ojos al menor de ellos, como si de aquella forma pudiera fulminarlo o hacer que desaparezca—. Nana —llamó al chico de cabellos castaños que se apareció rápidamente, como si hubiera estado observando desde el comienzo—. Quedas a cargo mientras atiendo a los invitados de Ahome. Mantén todo en orden —no hacía falta que se diera vuelta o que lo viera con sus penetrantes ojos azules para que su instinto de supervivencia surgiera y decidiera obedecerlo.

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La demanda fue tomada; ninguno retrocedería esa noche. El azabache los guio hasta la mesa-bar de la cocina que tenía la capacidad— con bancos incluidos— para doce personas. Eran pocos viviendo en la casa pero solían tener juntas o reuniones a menudo así que siempre se aseguraban de que hubiera lugar demás.

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Les sirvió algo de tomar y ofreció algunos bocadillos como un buen jefe de casa lo haría. Tomó lugar en la cabecera y sentó a su lado a la ojisvioleta.

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El albino mentiría si dijera que la charla NO pareció un ateneo o una exposición teórica de los estudios de los mayores de las familias, ni mucho menos que cuando le toco hablar a él que NO se sintió en una entrevista de trabajo; donde podrían despacharlo cuando se les antojara. Por más que la muchacha intentara desviar la charla siempre volvían al mismo punto, no se pudieron evitar algunas discusiones ni las miradas curiosas de algunos invitados. Todos tenían claros sus objetivos y el hecho de que no les gustaba perder los mantenían firmes lo que no ayudaba mucho.

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Subaru pudo reconocer varias veces en las que le habían ganado; Cuando preguntaron cómo se conocieron, lo del centro de recreación, el almuerzo en su casa y el comentario sobre la "misteriosa llamada en la noche del jueves". ¿Coincidencias? Ninguna. ¿Lo habían develado delante de sus propios hermanos? Sí y sin misericordia. De lo único de lo que estaba seguro es que los cuatro eran una combinación peligrosa; el peor de todos era Azusa por ser muy meticuloso.

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Si bien tuvo sus fracasos también tuvo sus pequeñas victorias que, pensándolo bien, eran insignificantes pero al fin y al cabo eran victorias. Esos treinta minutos fueron una tortura, no solo para él sino para sus hermanos que intentaban ayudarlo de vez en cuando.

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—Ruki~ estamos en una fiesta, otro día seguimos hablando "amenamente" —canturreó la Mukami tomando del brazo al mayor sabiendo que las caricias sobre este tendrían su efecto; concederle el deseo de que dejase de torturar a sus invitados.

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—Tienes razón, tal vez haya otra ocasión —hizo hincapié en el "tal vez" dando a entender en realidad un "nunca" y la risa cantarina de Kou no hizo más que confirmarlo.

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Cuando los Mukami estaban por salir de la sala —y Ahome por retar a sus primos por insensibles— se apareció una muchacha con un arreglo floral inmenso en sus brazos. Algo que llamo la atención de muchos y en especial del grupo de gente que estaba sentado en la barra.

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-¡Ahome! Estaba en la puerta y tiene tu nombre – dijo entre risas entregándole el arreglo en manos. Este contaba con una tarjeta y algunos chocolates. Sin embargo, el rostro de la receptora, no expreso sentimiento alguno en cuanto leyó el remitente. Solo observo casi con lastima las bellas flores.

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Inmediatamente el semblante de Ruki se ensombreció al igual que el de sus hermanos. Subaru pudo denotar como sus ojos ardían en ira, no entendía bien lo que estaba pasando; todo fue rápido. Yuma se acercó a ella, tomó la carta donde estaba el nombre del remitente y la estrujó con furia mientras apretaba fuertemente su mandíbula. Le dio la impresión que podría partírsela al escuchar el rechinar de sus dientes. Le arrebató, bruscamente, el ramo a la joven y lo estampó contra una bolsa de consorcio, que luego cerró y volvió a aplastar.

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Se retiró a paso rápido de la sala y la botó a la basura. Sin comentario alguno y fingiendo tranquilidad, tanto ellos como los invitados, se fueron por distintos lados.

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—¿Qué diablos fue eso? —murmuró en un hilo de voz Ayato. Por la disposición de asientos que tenían, el mejor ángulo lo tenían el mayor y el menor de los hermanos.

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—Son muy celosos… —comentó Laito acomodando un mechón de su cabello—, pero no creí que tanto.

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—Ahí tienes otro motivo para alejarte de ella —señaló sabiamente Reiji—, están todos locos. Aunque… —pareció pensarlo mejor y su dañino genio surgió de él, finalmente, luego de haberse tenido que tragar semejante charla con ellos—, solo les daría un poco de pelea para demostrarles con quien están tratando.

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—Eso no es normal… —dijo Shuu luego de un buen tiempo sin hablar, contemplando el lugar donde se había dado la masacre de las rosas.

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—Por supuesto que no —alegó con ironía Kanato—. Deberíamos irnos de aquí. Mejor búscate otra chica, Subaru. ¿Hm? —Se giró hacia su hermano que también estaba ensimismado—. ¿Subaru me escuchas? ¡Dios! ¿Acaso la charla te dejo mas imbécil o qué?

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Si bien su "intercambio de cumplidos" había sido algo extenuante, estuvo lo suficientemente consciente para notar el gran cambio de ambiente que se dio en cuanto la joven leyó la tarjeta. ¿Sería de algún pretendiente o amante? "No", se contestó. Ella había aclarado que no salía con nadie, ¿para qué le mentiría? Aunque de cierta forma sintió que si preguntaba por lo que había sucedido, ella lo evadiría.

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Generalmente cuando sus primos hacían algún gesto o acción que la disgustara lo hacía saber; lo había hecho hasta el momento. Sin embargo esta vez, deslizó el ramo de sus manos como si fuera algo que estuviera dispuesta a perder y pasar por alto. En cambio los jóvenes eran otro asunto… la frenética ira contenida que percibió en ellos, aunque había durado un instante, era tan palpable que quemaba. Tanto que era mejor soltarlo.

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Incluso la mirada perdida del rubio le dio a entender que el estaba de acuerdo con que algo no cuadraba ahí. Por más que intentó buscar una respuesta no dio con ninguna, solo fueron meras hipótesis. Decidió que no era el momento de preocuparse por ello. Recordó el motivo de su visita, uno que no estaba tan claro… Porque aunque reconoció sus sentimientos, no decidió que hacer con ellos o que haría con ella. Sin embargo su resolución de ganarle en su estúpido juego y el deseo de ser mas observado por ella, ganaron la contienda entre abandonar o seguir.

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A partir de ese momento empezaron a disfrutar de la fiesta, a veces se separaban y volvían a reunirse cuando había alguna actividad en común. Tenía que reconocer, que los demás invitados, eran multifacéticos y personas de fácil dialogo; como los Mukami. Así que increíblemente pudieron entablar conversaciones con distintos tipos de personas. Eso sí… cada vez que quería acercarse a la cumpleañera siempre terminaban alejándolo de ella. ¿Por cuantas más cosas tenía que pasar para poder estar a solas con ella cinco minutos? "Deja de parecer tan desesperado" le había murmurado Shuu.

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¿Pero que les pasaba? Irracionalmente él era el más calmado esa noche, aunque la azabache se le escurriera de las manos como agua.

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—¿Ruki la está vigilando, verdad? —rio una muchacha que miraba hacia el costado de la escalera. Centrando bien la vista el también pudo notar a Ahome, que charlaba casualmente con grupos de personas pero se retiraba rápidamente.

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—Hay varios árboles afuera —señalo uno de los invitados con una sonrisa maliciosa—, tal vez recurra a uno de ellos como aquella navidad —finalizó riendo el muchacho con el grupo. Le pareció un comentario fuera de contexto. ¿Qué tenía que ver eso con ella?

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En el momento en que la ojisvioleta se volteó y lo observó, el mundo enmudeció. No sabía que había esperado tanto ese momento hasta que surgió. Ella sonrió con confianza, dio media vuelta y de cierta manera le pareció que le hizo una seña para que la siguiera. Él generalmente no sabía lo que hacía a diario, mucho menos esa noche pero no negaría su invitación.

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Avanzó a paso lento pero seguro, a una distancia muy prudente de ella, sin perderla de vista a pesar de que la muchedumbre amenazaba con hacerle perder el camino. Las pequeñas y concisas miradas que ella le daba le indicaron que iba bien.

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"¿Te pusiste perfume, Subaru?" ¿Por qué interesaba eso ahora?

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"Deja de parecer tan desesperado" ¿Así de patético lucia ante todos?

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"¡Tsk! Creí que sería más simple por cómo es ella" Con ella nada es predecible; es como un huracán.

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"¡Qué bueno que pudiste venir!" Su pecho se hinchó, con la gran bocanada de aire que dio, cuando la escrutó con los ojos mas meticulosamente de lo que antes había hecho. Entreabrió los labios al percatarse de que los minúsculos detalles que antes no notaba eran los más significativos ahora. No pudo evitar observarla embelesado mientras avanzaba hacia un destino desconocido, uno el cual estaba dispuesto a explorar con ella.

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—¡Oye! ¡Subaru-kun! —"Esa también es tú competencia" recordó el susurro de uno de sus hermanos dándole completamente la razón y girándose para encontrarse con el idol de la familia.

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—Ah, Kou… ¿Necesitas algo? —la pregunta no fue hecha con la pesadez que hubiera querido expresar por hacerle perder de vista a la joven. Era más bien un tono monótono, el que usaba para comunicarse con sus clientes.

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—¡Sí! ¿Cómo lo sabías? ¿Acaso eres adivino? —Preguntó inocentemente colgándose de su hombro como un viejo par de amigos—. Solo quiero aclararte algo —mencionó con confidencialidad pidiéndole que se acerque más a él para hablarle cerca del oído—. Cuidado con lo que haces —advirtió seriamente contradiciendo totalmente la actitud que tomaba frente los demás. El mundo pareció cerrarse en ese rincón donde hablaban sin ser vistos—. No me importa quién seas, si te pasas de listo te haré desear no haber nacido.

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Se separó un poco de él dejándole apreciar su dura y amenazante mirada. El albino se irguió; no estaba bromeando. Frunció el ceño ante la idea de que el pensara que era un desgraciado cualquiera que pensaba solo divertirse a costas de la joven. Pero por otro lado… se contentó al saber que lo tomaban en cuenta. Por lo menos lo suficiente como para alertarse.

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—No me mires así~ —canturreó el rubio destensando su semblante—, pareces un maleante —rio al final.

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—A mi no me importa lo que yo te parezca que sea —aclaró con el tono más convincente que poseía—. Si te vas a guiar por mi apariencia mejor guárdate tus comentarios. —exigió rasgando la paciencia. Siempre pero siempre era así… su apariencia determinaba su vida y eso ya lo estaba cansando. Kou se tensó un poco ante sus palabras y lo miró altaneramente.

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—Vaya~ ¿Acaso no quieres agradarnos? Vas por mal camino.

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—No tengo intenciones de agradarle a todo el mundo, es molesto —rechistó.

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—¿De veras? —preguntó para después echarse a reír, incluso se abrazó así mismo para tratar contenerse. Sin embargo el contrario no le vio la gracia—. Al parecer será divertido tratar contigo, Su-ba-ru-kun~ —tarareó ofreciéndole su mano para estrecharla—. Llevémonos como sea que nos llevemos, te advierto que no seré piadoso contigo solo porque eres un mocoso.

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—Yo tampoco lo haré —tomó su mano y la estrechó destellando chispas de seguridad y convicción en su mirar. Por nada del mundo se dejaría intimidar por una persona así. Igualmente, el ojiscelestes, se mostró fuerte y seguro; trataría de no subestimarlo.

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Fin del capitulo 11 :D espero les haya gustado. Es mas corto de lo habitual pero prometo compensarlo con la segunda parte del cumpleaños :3 déjenme sus comentarios para saber que les pareció, por favor.

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