¡Hola minna-san! ¿Como les va? Lo se, la sin vergüenza de Aurora se digna a aparecer despues de meses de inactividad x'D pero aqui estoy con un nuevo cap del Aroma del Encuentro *-* ¡Espero les guste!

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Muchas gracias a todos los que se toman el tiempo para leer mi historia, tambien aquellos que me dejan comentarios ¡Aqui tienen lo que querian! :D Por favor dejen sus opiniones del cap x3

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Gracias marce por corregir mis horrores ortográficos :D

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Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenecen, solo el delirio donde los meti.

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¡Que lo disfruten!

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CAPITULO 13

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La muchacha suspiró con cansancio y le dio un tarascón a su media luna con jamón y queso.

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―¿Qué ocurre, Aho-chan? ―le preguntó Gil, apoyándose en la barra.

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―Nada en especial; sólo que la siguiente clase se canceló y mi jefe me acaba de avisar que no estará hoy en la oficina ―comentó, aburrida―. Solo tengo que pasar a las 17hs por ahí para recoger unos papeles.

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―No le veo el problema.

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―No hay problema… solo que me da algo de pereza tener que ir a esa hora porque no me dejan recogerlos antes ―con su dedo, jugueteó un poco con su cabello y lo dejó caer.

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La joven, como todos los días, había asistido a la cafetería. Algo desganada pero de todas formas estaba ahí. Mientras charlaba con el mozo, Subaru seguía preparando los demás pedidos al mismo tiempo que le exigía a su compañero que se pusiera a trabajar. Ese día estaban bastante atareados.

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El día anterior lo habían interrogado para saber los detalles de la fiesta de cumpleaños de la pelinegra, pero él se negó a contarlos. Aún seguía con el corazón agitado de solo recordarla. Estaba emocionado con el simple hecho de saber que estaría a solas con ella el próximo viernes a la noche. Y eso… bueno… llevaba a sus pensamientos por varios caminos.

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―¡Bien! Me pondré a ayudar.

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―¿Eh? ―la ojisvioletas estaba detrás del mostrador con un delantal, atado a la cintura, recogiendo su cabello en una coleta alta. Sus neuronas tardaron en hacer su trabajo y reaccionó bastante tarde―. ¿Qué rayos estás haciendo? ¡Siéntate en tu lugar, tonta! ―la chica frunció el ceño y lo ignoró pidiéndole instrucciones a Megu―. ¿¡Me estás escuchando!?

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―Subaru, no seas tan maleducado con Aho-chan ―le reclamó su jefe―, nos ayudará un poco ―comentó algo apenado.

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―¿No te da vergüenza pedirle ayuda a un cliente, viejo?

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―¡Mas respeto, mocoso!

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―¡Llevaré esto a la Nueve! ―canturreó la chica con una bandeja llena en manos.

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―¡Espera!

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―Subaru-kun; dos capuchinos y cinco cafés con leche ―lo interrumpió Gil―. Yo me encargaré de los tostados y de tomar los pasteles.

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No le quedó de otra que ponerse a trabajar. Habían faltado algunos compañeros, lo que lo obligó a estar detrás del mostrador desde la mañana. Nunca pensó que ella se ofrecería a ayudarlos… mentira, rezongó y lo reconsideró. Sabía que lo haría, pero no que su jefe la aceptaría.

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Casi llegadas las 11:30hs recordó las clases de la muchacha. Prácticamente intentó echarla ante la idea de que volvería a perder una clase por su culpa. Sin embargo, al enterarse lo de su tarde libre se alivió y comenzó a pensar en varias posibilidades.

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Cuando el ambiente se calmó un poco, ella se acercó a él hablo sin pensar.

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―Si quieres puedes venir a mi casa ―comentó con naturalidad―. A mí también me cancelaron varias clases y solo tengo que ir a una la última hora.

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Su jefe se mordió la lengua al escucharlo, Megu se sonrojó y Gil asintió con orgullo.

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―¿Estás seguro? ―Preguntó por novena vez, mientras se dirigían al mercado para comprar algunos víveres―. No quiero molestar a tu Mama o a tus hermanos ―agregó algo incomoda. El joven revoleó los ojos y chasqueó su lengua. Sacó su móvil y se contactó con su progenitora para contarle lo que tenía planeado hacer. Fue ahí cuando cayó en cuenta de lo que había hecho y como se veía desde afuera. Se sonrojó completamente y finalizó la llamada diciendo "cocinaré yo, así que no te preocupes"―. ¿Pasa algo?

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―Nada

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―Pero estás todo rojo. ―hizo hincapié mirándolo fijamente.

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―Es el frío.

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Era un estúpido y al parecer no tenía remedio. Desde que la Mukami se metió en su vida había comenzado a tomar nuevos hábitos para con ella y con los demás. Incluso, según él, se sentía un poco más valiente pero al mismo tiempo inseguro. Él no era como ella. Esa seguridad, amabilidad y simpatía que mostro ante los clientes eran algo que a él le tomó tiempo adoptar. Él… No podía tomar una bandeja y salir al rescate así porque así como hizo ella.

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Pensándolo bien, había realizado muy bien su labor como camarera en hora pico, lo que le llevó a pensar que no era su primera vez haciendo eso. Resopló con cansancio y se dedicó a manejar el carrito mientras la muchacha metía comida en él y de vez en cuando le discutía una que otra cosa.

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―Estás muy callado ―comentó con un leve puchero la chica, antes de llegar a la casa del albino―. ¿De veras no te molesto?

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―A mí lo único que me está hartando es esa estúpida pregunta que no dejas de repetir ―refunfuñó, metiendo la mano en su bolsillo para sacar la llave―. ¡Así que deja eso!

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Se metieron a la casa y una muy animada Christa los recibió con los brazos abiertos. Inmediatamente ella y la azabache se adueñaron de la cocina dejándole poco espacio al joven hasta que decidió echar a su madre para que pudiera terminar de cocinar.

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―¿Hoy los demás no vendrán a almorzar? ―preguntó la chica.

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―Laito y Ayato van a esperar a Kanato ―recordó―. Tenía un examen importante. Seguramente lo llevarán a comer por allí cuando salga.

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"Es cierto" pensó el ojisrojos. Shuu y Reiji solo almorzaban allí los fines de semana así que estarían ellos solos.

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―¡Qué bien huele! ―exclamó la mayor sacándolo de su ensoñación―. Hacen muy buen equipo, juntos ―agregó guiñándole el ojo a su hijo.

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―¡Mamá! ―se sobresaltó y la observó con incredulidad.

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―¿Necesitas algo, hijo?

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―No…

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Su progenitora era un demonio cuando quería. Volvió a su trabajo, se quedó callado y observó de reojo a la muchacha. Ella tarareaba de vez en cuando y platicaba amenamente con él y su madre; era muy singular. Si no la conociera diría que estaba loca, pues era tan expresiva e impulsiva que de un momento a otro podía hacer o decir cualquier cosa.

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―¡Bien, ya está la comida! ―exclamó y sirvió la mesa.

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El almuerzo no tuvo contratiempos; es más pareció una charla informativa. Subaru tenía un examen importante y daba la casualidad que la azabache ya había cursado aquella materia por ende decidió ayudarlo a estudiar. La albina mayor les comento que tenía que irse a la pastelería por unas horas con cierto tono de ingenuidad. Fue mucho para él… la idea de quedarse completamente a solas con ella no le desagradó, sino que lo alteró un poco. No podía ocultar su nerviosismo. Incluso, una tarea tan simple como lavar los platos se le dificultó.

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Christa se fue sin vacilar. De todas formas, no le quedaba otra, debía ir a trabajar. A penas terminaron de limpiar subieron a la habitación del muchacho, este colocó una mesa pequeña para que pudieran estar más cómodos sentados en el piso.

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―¡Bien! ―Lo despertó la azabache―, muéstrame tus apuntes y textos y te guiaré en dónde debes enfocarte.

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―Está bien… ―murmuró reacio.

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―¿Está bien, qué?

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―¿Eh?

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―Te faltó el "Sensei", pupilo ―alardeó la chica con altanería y el joven se quedó pasmado.

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―No te diré así… ―rechistó algo ansioso.

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―¿Por qué no? Eso soy ahora.

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―¡No, no y no!

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―Oh~ ya veo ―canturreó colocando su dedo debajo de su labio―. ¿Temes no poder conmigo? ―Subaru tartamudeo, se enrojeció y removió no podía creer lo que estaba escuchando. La sonora sonrisa retumbo en sus oídos. "¿Qué te parece tan chistoso?" le increpo―. ¡Solo bromeaba contigo, idiota! ―dijo entre risas y lo observó con cariño―. Pareces algo decaído… así que no vi mal tomarte un poco el pelo.

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―Uhmm ―desvió su mirada de ella―. Eres una idiota.

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―Sí, sí… ahora pongamos a estudiar.

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Sorprendentemente todo lo que le explicó Ahome tenía sentido. Ya que el albino había hecho varios apuntes ella se guio de ellos y le agregó lo que consideró importante. La joven trabajaba rápido pero aun así hacía pausas para recapitular lo visto o tomar un respiro.

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Era impresionante. La miró con curiosidad; era fascinante y desesperante al mismo tiempo descubrir nuevos aspectos de ella. Tragó en seco y miró la hora, recién eran las 14:30hs y ya sentía que había tenido suficiente de estudio por el momento.

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―Bueno, creo que es mejor descansar ―se adelantó ella y se recargó contra la cama al mismo tiempo que estiraba sus piernas y tiraba su cabeza para atrás, dejando todo su cabello disperso en las sabanas―. Subaru~ ―canturreó llamando su atención.

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―Dime ―esbozó guardando sus libros y apuntes, intentando que no se mezclasen en el trayecto.

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―Tus hermanos ya están mejor ¿Verdad?

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―Uh… ―lo desorientó un poco su pregunta. Sin embargo, consideró que era normal ya que había pasado un tiempo prudente para preguntar sobre ello―. Sí, como te dije antes, lo de su madre biológica ya está terminado. Aunque… ―agregó con algo de fastidio―, el imbécil de Ayato es el estúpido depresivo ahora.

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―¿Por qué? ―interrogó mirándolo y notó como tensaba su quijada.

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―¿Recuerdas a Yui? ―la chica asintió―. Volvió a la ciudad y ha estado intentando contactarlo para solucionar las cosas ―suspiró con frustración―; pero el muy estúpido sigue sintiéndose culpable y la evita ―la Mukami lo miró incitándolo a hablar, dándole a entender que ella ya suponía lo que había pasado―. Esto… ―murmuró.

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―Si te incomoda demasiado no lo digas, está bien…

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―No, no es eso ―repuso, algo ansioso. ¿Por qué era tan difícil decirle a la chica que le gustaba, que su ex novia había tenido algo con su hermano? Eso ya había pasado pero…. El solo hecho de no haber sido claro con ella y de no saber en qué posición se encontraba para dejarla adentrar más a su vida lo desconcertaba―. Cuando Yui y yo salíamos ella y Ayato se enamoraron o eso creo ―murmuró, sin mirarla directamente. ¿Por qué le daba pena aceptarlo?―. Un día lo descubrí, le partí la cara a mi hermano y terminé con ella. Estuve resentido un tiempo pero se me pasó ―confeso rápidamente―. Y como sé que lo de ellos es más "real" quiero apoyar al idiota a que avance con ella.

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―Oh… ya veo. ―Contestó, luego de un corto silencio―. Suena fácil, pero no debe serlo.

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―Oh, vamos. ¡Eso ya pasó! No me molesta en lo absoluto.

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―Tu hermano está enojado consigo mismo; es un asunto de él. Tú, ni nadie podrán hacer algo por él, si él no decide avanzar.

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―Pero él es muy lento ―alegó algo exasperado. Si bien ella tenía razón no se podía justificar la terquedad del pelirrojo―. Y realmente la ama.

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―Eso no es suficiente. ―Su declaración lo confundió ya más de lo que estaba. ¿Qué era lo suficiente y qué no?―. Quiero decir… perdonar o pedir perdón es muy difícil, es uno de los actos que con más hipocresía se hace por que requiere mucho de sí mismo. Imagínate lo que es perdonarse a sí mismo; requiere de mucho valor.

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―Pero así se le va a pasar la vida…

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―En eso tienes razón, pero eso es algo en lo que no podemos interferir. Por más que grites, si no se escucha a él mismo menos te escuchará a ti.

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―No entiendo cómo puede estar así… ―murmuró llamando la atención de la muchacha―. ¿Acaso no muere de ganas de estar con ella? ―El nudo en la garganta que se le formó fue demasiado grande, tanto que lo ahogó por un momento. Él se despedazaba por la muchacha que le gustaba, la que tenía a tan solo unos centímetros, si llegara a amarla no sabría que hacer… ―Ahome… ―susurró y ella le respondió con un "Hm"―. ¿Alguna vez te has enamorado de alguien?

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El silenció abrumó la habitación. Observó los preciosos ojos violetas de la muchacha ensancharse y sus labios encorvarse en una sonrisa sincera.

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―No.

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En vez de alegrarse, sintió como un balde de agua fría le caía encima. No quería hablar, deseaba escucharla, se estaba metiendo en un terreno que no había explorado anteriormente.

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―Obviamente hubo alguien quien me gusto, de más chica ―confesó, desviando la mirada de él y dirigiéndola al techo―. Confundí enamoramiento con curiosidad y admiración. ¿No te parece ilógico? ―Preguntó sin esperar respuesta―. ¿Cómo alguien puede confundir eso? ¿Qué clase de idiota lo haría? Sin embargo, es tan fácil hacerlo que asusta. ―Dijo jugando con sus dedos. Su tono de voz era serio, no había un ápice de burla o altanería―. Si andas muy alborotado, y no prestas atención podrías terminar "Enamorado" de alguien. ¿No crees?

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No quiso contestar esa pregunta y al parecer ella no esperaba respuesta. Ahome tiró la cabeza hacia atrás y cerró nuevamente los ojos con calma. Subaru notó como su pecho subía y bajaba tranquilamente, como se destensaba de a poco y exhalaba con sutileza. Apoyó su cabeza en su propia cama y la observó con necesidad y angustia. Esos escasos segundos, en los que podía contemplarla directamente, sin ser descubierto eran mágicos.

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No quería creer en lo que había dicho la azabache. ¿Lo que sentía por ella era solo admiración? Imposible. Lo había pensado y reflexionado miles de veces. Pensó en la posibilidad de que solo le agrade su compañía y buena voluntad. Sin embargo, rechazaba inmediatamente la idea; con ella no interesaban las apariencias, el valor y la estupidez noqueaban muy seguido a su razón que después de tanto renegar no se arrepentía de lo hecho. Nunca se había sentido tan cómodo y libre con una persona. Nunca… había querido tanto a alguien con tan poco tiempo de conocerla. Y sobre todo la desesperación que lo inundaba, ante la idea de dejarla ir, lo atormentaba aunque ni siquiera fuese algo suyo. Deseaba verla feliz… que fuera feliz estando con él. Rayos… él ya la quería.

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Frunció el ceño al sentir el calor de sus mejillas. Cerró los ojos y respiró hondamente para después exhalar y abrirlos. Lo que sentía él no era una confusión, obsesión o como quisieran llamarle.

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―¿Tú te enamoraste de ella? ―indagó, quedamente―. ¿De Yui?

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El ojis rojos pensó con nostalgia los sucesos pasados y le respondió.

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―Era la única persona que se me acercaba y me trataba bien. Fuimos muy buenos amigos.

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―Ya veo….

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La Mukami mostró sus grandes orbes violetas, en los que se reflejaban cariño y contemplación. A ella no le era indiferente la fija mirada de Subaru, había algo en ella… en su cálida forma de mirarla que la hacía sentir especial. Y eso era algo que la alarmaba. Escrutó los labios del albino que amagaron con hablar y no quitó la vista de ellos.

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―Si-si quieres puedes recostarte un poco en mi cama, debes de estar cansada ―propuso, aun atontado. La joven solo asintió sin quitarle la vista de encima.

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―Tienes razón, una siesta no me vendría mal…

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La azabache se levantó y estiró. Él la siguió y en cuanto esta se recostó bajo sus sabanas, dio un paso atrás para retirarse. Dormiría en la habitación de su hermano o en el sofá del living; no le molestaba. De cierta forma, no se sentía con energías como para charlar con la muchacha, no tenía idea de que pensar o como avanzar.

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―¿Subaru? ―su llamado lo detuvo. Con se volvió a verla la encontró sentada en su cama y mirándolo con expectativa―. ¿Te vas a quedar despierto?

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―Ehm… no, voy a dormir un poco en la habitación de Ayato ―aclaró.

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―¿Por qué?

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―Porque el desgraciado entra aquí cada vez que quiere, así que con solo una vez que yo lo haga no creo que haya problema.

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―¡No me refería a eso! ―Lo interrumpió moviendo sus manos―. La cama es suficientemente grande, entramos perfectamente los dos.

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Su cerebro abandonó su cuerpo por un momento y cuando decidió volver, ya estaba hecho todo un escándalo; sus neuronas no querían funcionar correctamente. Se sobresaltó y tartamudeó completamente avergonzado; nunca se hubiera imaginado esa situación. Bueno… en realidad había soñado algo así, pero ese era otro tema. La joven palmeó las sabanas invitándolo ante su quietud.

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―No te preocupes Subaru; no pateó ni ronco así que no te molestaré ―agregó.

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―E-es que…

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―¡Vamos! No te haré nada si esa es tu preocupación ~ ―canturreó, guiñándole el ojo. El rostro atónito del muchacho desapareció y formó una mueca de molestia.

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―¿¡Que rayos estás diciendo, idiota?! Y-yo… no…

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Ahome se recostó, mirando contra la pared y dándole la espalda a lo que sería el sector del atolondrado joven.

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―Dije que no hay problema…

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―Hm…

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No podía mentir; la idea era sumamente tentadora. Para cualquiera lo seria, sin embargo para Subaru, tenía otro tinte uno lleno de picardía y curiosidad. Sin mucho rechistar, se quitó las pantuflas y se metió con cuidado a la cama. Se recostó justo en el borde dándole la espalda a la joven. Podía sentirla claramente, solo habrían unos pocos centímetros entre ellos.

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Su respiración pausada detenía su corazón cada vez que la escuchaba. Tal vez, muy dentro de sí, esperaba poder hacer o decir algo, pero lo que más deseaba en ese momento era poder dormir como lo hacía ella. Hacía calor, mucho calor y no estaba dispuesto a moverse, porque sabía que si la rozaba, estaría más perdido que antes. ¡Rayos! Moría por darse vuelta y poder abrazarla como siempre soñó, acariciar su cabello e intoxicarse con su aroma. Lastimosamente hay una gran brecha entre los sueños y la realidad.

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Ya habían pasado veinte minutos y aún seguía sin poder pegar un ojo. Mientras se castigaba mentalmente, la joven se movió. Fue un solo movimiento, pero para él fue toda una vida. Sintió sus manos en su espalda y como ocultaba su rostro en ella. Se estremeció ante su suave tacto; era tan irreal como en sus sueños. ¿Debía despertarla y hacerle notar la catástrofe que estaba causando en él? No, no quería. Sus mejillas se coloraron de un tierno carmín, apretó la funda de su almohada con su mano y mordió su labio. ¿Qué tan insensata podría llegar a ser?

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Ahome, por mero impulso, se había apoyado en él. Su espalda era tan grande y cálida como lo había pensado. Cuando lo sintió estremecer se prometió recapacitar sobre sus actos más tarde, pues no quería privarse en ese momento de eso. Acarició la tela de su remera haciendo todo un recorrido desde el centro de sus omoplatos hasta su cintura. Lo escuchó suspirar entrecortadamente, lo que la incentivó a no reservarse. Deseaba abrazarlo y dormirse, sintiendo el palpitar de su corazón; era muy reconfortante.

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Parecía estar en un entre sueño, tanto que unas palabras escaparon de sus labios sin su consentimiento.

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―Subaru… ―murmuró con un tono de voz cálido e ingenuo, mientras colaba su mano sobre el brazo del muchacho para acariciarlo―. ¿Alguna vez te has enamorado?

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El albino sintió su corazón latir desenfrenadamente, un mar de sensaciones lo embargaba. Su mente estaba nublada y la calidez del cuerpo de la azabache lo envolvía adormeciéndolo. No le quedó más que ser sincero. Tal vez era el cansancio que no lo dejaba pensar correctamente.

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―Sí.

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Respondió sin más, considerando que no hacían falta más palabras. La Mukami se detuvo y lo abrazó por la cintura pegándose a él tanto como deseaba. Se sintió algo acongojada ante su respuesta, experimentando algo parecido a la inquietud y tristeza. El joven nunca era tan sincero y directo.

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―Pídele después disculpas de mi parte, por favor ―finalizó hundiendo su rostro en su espalda. Se consideró a ella misma descarada por comportarse como lo estaba haciendo. ¿Cómo podía hacerle eso a Subaru? No se lo merecía. Sin embargo…. No tenía control de sí misma, tal vez era porque estaba cansada.

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―No hace falta.

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¿Qué más podía decirle? Solo quería seguir así con ella, atrapados en ese impase donde la racionalidad no valía. Donde podía ser tan valiente y libre como quisiera. Aunque rezaba porque ella no siguiera tocándolo tanto, si no, no respondería por sus actos.

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Se armó de coraje y se animó a apoyar su mano sobre la de la azabache que estaba aferrándose a su pecho. Con su pulgar acarició su pálida piel y exhaló suavemente para no incomodarla. Realmente no sabía qué hacer. Estaba tan lejos de ella a pesar de tenerla aferrada a su espalda. ¿Qué tenía que hacer para que se fijara en él?

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Esa tarde se dio cuenta de que ya no había marcha atrás. Con la leve respiración de la ojisvioleta acunándolo se entregó al sueño. Quizás descansar un poco no le vendría mal, quizás podría ser otra persona cuando se despertara, una que fuera capaz de capturar el corazón de la persona que quería.

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Al rato el leve llamado de la joven lo despertó. Estaba solo en su cama y ella sentada al costado de esta comentándole que había preparado algo para merendar. Aún seguía algo atontado, y ver a la muchacha a penas se despertaba no ayudaba, así que se limitó a levantarse y seguirla hasta la cocina.

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Habían dormido una hora y faltaba poco para irse. Para él fue un pestañeó el tiempo que durmió. Ninguno comentó nada de lo que paso; era su pequeño juramento de silencio. Con solo verse basto para pactarlo.

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Su merienda fue en un cálido y confuso silencio, de vez en cuando charlaban pero primordialmente dejaban que la música de la grabadora llenara ese hueco que ambos provocaron. Luego de eso se alistaron y Subaru acompañó hasta el trabajo a la Mukami a pesar de su negativa.

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―¡Deja de quejarte y camina, tonta! ―Exclamó―. No voy a dejarte sola.

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―Hm… solo por esta ocasión ―mintió. Caminó a su lado con total naturalidad como si no hubiera pasado nada―. ¿Te pasa algo? ―se aventuró a preguntar.

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―¿Eh? Nada. Solo que pienso que fue bueno descansar un rato ―mencionó algo sonrojado―. D-digo… hoy estuvo muy trabajoso en la cafetería.

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―Tienes razón…

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Si bien su deseo no se cumplió, el albino considero que se levantó con la mente más clara. Para él, prácticamente se había confesado, solo que no tuvo el suficiente valor para girarse y decirle "Tú eres la persona de la que estoy enamorado". Bueno… ¿Qué le iba a ser? Los dos eran casos particulares de personas estúpidas. La incertidumbre era parte de ese proceso.

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―Entonces… ―se aclaró la garganta―. ¿Vas a poder venir conmigo el viernes? ―la ojis violeta sonrió con simpatía, apoderándose de un pedazo más del corazón del joven.

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―¡Por supuesto! Aunque quiero colaborar con las entradas ―declaró decidida―. Tú ganaste, por esta vez.

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―Claro que no, las entradas me las regalaron así que no tienes que preocuparte por eso. ―antes de que pudiera contradecirlo se giró y la miró a los ojos―. De la cena y el transporte me encargo yo. ¡Así que no quiero recibir ni una queja u oferta más! ¿Entendido? No puedes negarte. ―no dejaría que interfiriera con sus planes. La chica se quedó boquiabierta.

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―Te me bajas los humos, Doña cólera ―rechistó, señalándolo con el dedo índice.

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―¡Ah! ¿Otra vez con eso? ¡No me digas así!

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Era inevitable no llegar a esa situación, los dos eran muy tercos, podían caminar peleados unas cuantas cuadras pero aun así llevarse bien. Ahome se rindió, por quien sabe cuántas veces en el día, y lo dejó planificar a él. Si a pesar del carácter que ella poseía quería seguir invitándola. ¿Qué más podía hacer? Allá él y su malhumorado trasero. Rio y se despidió de él al llegar a las oficinas, con la promesa de verse al día siguiente.

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―¡SUBARU! ―lo llamó antes de que se fuera. Este se giró y la observó intrigado―. ¡Prepárate! La próxima vez no tendré piedad ―exclamó al señalarlo y de cierta forma pensó que se refería a lo ocurrido en su casa―. La segunda ronda la ganaré yo ―le guiñó el ojo y se metió al edificio sin dejarle la oportunidad de contestar.

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―Maldición… ―susurró, y puso su mano en el pecho. ¿Acaso planeaba matarlo?

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"¿Cómo es eso de que estuviste en mi casa a solas con mi hermano y no le quitaste la virginidad? ¿Ah? ¡Eres un monstro!" Ese había sido el berrinche que le mandó Laito en un texto. Miró su celular con pesadez, le respondió: "Ya eso quisieras" y lo dejó en su escritorio; era suficiente. Se metió al tocador a tomar un largo baño para relajarse, realmente lo necesitaba. "Estúpido mujeriego. ¿Tanta mala fama tengo?" rezongó mientras frotaba su espalda.

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Tanto alboroto de emociones la había dejado cansada. Masajeó su cabeza con intenciones de mitigar su dolor y suspiró con sorna. Cuando terminó, limpió el baño, se secó y cambió para después pasar a su habitación y secar su cabello. Mientras lo hacía se observó por un momento en el espejo. "¿Por qué lo hiciste?" se recriminó. No es que antes no se haya dormido con sus primos o amigos cercanos ni mucho menos que no los haya abrazado. Lo que la consternaba era esa pequeña diferencia que sumándola se hacía grande.

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Cuando lo rodeó con sus brazos y él enlazó sus dedos con los de ella algo en su pecho se encendió. Y eso no estaba bien. Sus mejillas se pintaron de un leve carmesí. Dejó se cepillarse y suspiró nuevamente. Miró con recelo su celular, no quería leer ningún mensaje.

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En vez de acostarse en su cama, se escabulló hasta la de Yuma. Corrió la frazada y se hizo lugar en el hueco que dejó libre el gigante. Este, al percatarse de ella, se estiró y la abrazó frotando su mentón con la cabeza de la joven.

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―Hmmm… ―ronroneó el castaño. No iba a preguntarle que hacía ahí. Desde pequeños juro que siempre habría un lugar a su lado para cuando ella lo necesitara o cuando simplemente quisiera estar con él―. ¿Cómo te fue hoy?

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―Bien… ―murmuró―. Salí antes de la facultad y solo tuve que ir al trabajo a las 17hs por unos papeles.

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―¿En dónde estuviste? ―se refirió al tiempo libre y la joven tragó en seco.

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―En la casa de un amigo ―le quitó importancia.

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―No me digas que te fuiste con "Usagi-chan" ―la joven al escuchar el sobrenombre rio, solo a él se le ocurrían esos apodos―. No puedes fiarte de él ―concluyó―. Sé que notaste como te mira, así que no te hagas la ingenua.

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Casi siempre, Yuma, poseía la intuición necesaria para descubrirla. Resopló y recordó… capaz era mejor olvidar.

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―Solo me quiere como yo lo quiero a él ―confesó.

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―¿Cómo?

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―Como un buen amigo.

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Por más que sus palabras no tuvieran credulidad, el castaño prefirió callar y dormir. Tanto el cómo su adorada prima estaban exhaustos. La azabache odió su actitud sin embargo era su realidad… a veces era mejor vivir en su propia ignorancia.

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El tiempo transcurrió terriblemente rápido para todos. En un pestañeo ya era viernes y estaba a horas de ir a buscar a la Mukami a su casa. No podía negarlo; estaba lleno de nervios y ansiedad. El aire de su "cita no-cita" ya marcaba un gran paso para él.

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―¡Pero Oka-san! Déjame llevarlo ―volvió a rogar Laito.

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―Ya te dije que no, hijo ―sentenció cruzándose de brazos. El mayor se había ofrecido de "chofer" para asegurarse de la seguridad de los dos, supuestamente. Obviamente nadie le creyó, solo quería estar ahí como chivo espiratorio.

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―Ya déjalo ―refunfuñó Ayato―. Si alguno de nosotros fuera de seguro no hace nada ―dijo con algo de malicia.

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Bueno, su casa volvía a ser un desastre. Cuando volvió de la universidad, tomó un baño y al salir descubrió a Kanato y al pelirrojo escogiendo una vestimenta adecuada para él. Sin mencionar los perfumes que ya reposaban en su mesa de luz. "Oh, no. Eso sí que no" No iba a permitir que lo vistieran bajo ningún concepto. Como mucho podría pedirles una opinión pero no. "Amablemente" les pidió que se retiraran. Observó el desastre de su cama y tuvo que reconocer que la remera, campera y bufanda, que había apartado el peli violeta, no estaban mal.

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Confiaría en su intuición, usaría eso, un jean y sus confiables botas negras. Por un momento se sintió como una estúpida colegiala. ¿Cómo podía estar haciendo eso? Aún faltaban tres horas para ir a buscarla y ya se estaba vistiendo. ¿En qué mundo un hombre hacia eso? Suspiró muy pesadamente y le echó una ojeada a su cama…. Hace unos días yacían ahí recostados la azabache y él. Esa misma noche, al apoyar su cabeza en la almohada, pudo sentir el aroma de la joven. Se detestó por hundir su rostro en aquel objeto y por recordarla con cariño.

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Se vistió, rememorando el momento y tratando de poner en orden sus pensamientos, dejó la chaqueta y la bufanda para cuando saliera; no les daría motivos de burla a sus hermanos.

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Esa misma noche estaba dispuesto a hacer algo; sorprenderla o llamar su atención aunque sea. No estaba muy seguro que tipo de relación quería con ella pero por el momento solo deseaba tenerla cerca y que él fuera su centro de atención. "No puedo creer cuantas estupideces puedes pensar, idiota" se dijo al bajar hasta el living.

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-¡JA! ¡Gané! ―exclamó Kanato―. Ahora dame mi dinero ―estiró la mano hasta Ayato que le dio de muy mala gana unos billetes―. Sabía que Subaru confiaría en su más querido Onii-chan ―rio como un niño que acababa de hacer una travesura.

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―Eso se te ve muy bien hijo. ¿Pero no estás muy desabrigado? ―preguntó su progenitora con duda.

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―Aun no es hora, Oka-san… ―no quería charlar. Solo deseaba sentarse merendar y esperar a que llegara la hora de irse.

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Antes de poder sentarse, el castaño lo arrastró hasta el pasillo de la casa, supuestamente tenía algo importante que decirle.

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―Subaru-kun ―lo llamó y el nombrado trato de prestarle atención―, es hora de que entregue esto ―le entregó una pequeña bolsa de regalo y Subaru asomó su vista por esta, no comprendiendo que era―. ¡Tú primer "caja mágica"! ―canturreó Laito con diversión y entonces Subaru pudo darse cuenta de lo que era: condones.

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―P-por… ―se sonrojó y le devolvió la bolsa con rapidez―. ¿¡Qué crees que voy a ir a hacer!? ¡Solo iremos a un bar, pervertido! ―exclamó hastiado por darle tanta importancia.

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―¡Nunca se sabe lo que puede pasar! ―trato de calmarlo sin poder contener su propia risa. Su pequeño hermano era todo un espectáculo―. Ya sabes… es mejor estar preparado. ¿O quieres que te trate como a un crio?

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―¡No me jodas! ―dijo pasando su mano por su cabeza; estaba ardiendo y el imbécil de su hermano lo disfrutaba―. Yo solo… voy a salir a pasar el rato y listo. ¡Cierto! No hay segundas intenciones. ―"Mentiroso" se recriminó. No podía ser más que un vil mentiroso.

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―¡Vamos, Subaru-kun~! No es para tanto~ ―trató de calmarlo―. Tienes que empezar a proyectar nuevas metas. ¿Qué acaso no te gusta? ¿No quieres tocarla?

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Su pregunta fue un golpe bajo. Claro que quería, de cualquier modo que fuera. Ni siquiera había podido besarla. ¿Cómo se le ocurría ya pensar en "eso"? Tampoco sabía bien qué tipo de relación quería lograr con ella. Desvió su vista del mayor y su mirada se llenó de ansiedad. Laito se sorprendió por la intensidad reflejada en sus ojos; no creía que la muchacha fuera tan importante para él. Su idea principal era joderlo y al mismo tiempo aconsejarlo; después de todo, Tougo no le había dado "esa charla" al menor. Aunque sabía que se hacía la idea.

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―No quiero arruinarlo… ―susurró con algo de pesar. Realmente no quería hacerlo, si tenía que avanzar despacio, lo haría con tal de que ella no se alejara.

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Sintió como el mayor palmeó su hombro y al mirarlo notó que le guiñó el ojo.

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―No lo harás.

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Se fue de la casa sin la "caja mágica" que le había regalado su hermano, siendo revisado innumerables veces por Kanato que lo "arregló" y alagado por su madre. Diablos, todo lo que había hecho para tratar de que no pareciera una cita fue en vano. Bueno…. Aun no venía la peor parte. Le indicó al taxista la dirección de la casa de la chica y a partir de ahí trató de conversar con el albino. Este estaba bastante ansioso para mantener correctamente una conversación, se prometió disculparse por eso antes de despedirse.

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Al llegar se bajó con calma del auto y caminó hasta la puerta de la residencia para después tocar el timbre. Escuchó unos cuantos estruendos provenir de adentro, el grito de un gato y un golpe. ¿Qué estaba pasando? De pronto, se abrió la puerta rápidamente dejando ver a la azabache, que intentó cerrar la puerta apenas había salido. Su plan no se llevó a cabo, pues una mano la retuvo y la abrió mostrando a un sonriente Kou.

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―Buenas noches, Subaru-kun~ ―dijo con algo de molestia contenida―. ¿Te gustaría pasar? ―lo invitó.

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―¡No! Debemos irnos si no perderemos la reserva, Kou ―recriminó la joven.

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―No… entiendo la prisa ―se precipitó Azusa, fulminando al albino con sus ojos. Después los desvió hasta su prima y descubrió reproche en su cara. Hace una semana les había avisado de su salida, Ruki y Yuma estaban por llegar; su tarea era retenerlos para inducirlos a que se quedaran a cenar en la casa.

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―Buenas noches ―recién habló el joven―, el taxi está esperando, así que debemos irnos. ―simplificó ganándose una mirada de odio del rubio. Subaru decidió que no daría el brazo a torcer, se la llevaría de ahí a como diera lugar.

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―Hm… ―el Mukami menor suspiró ante el espectáculo que montaban y pudo comprender un poco lo irritada que estaba Ahome―. No la… traigas tarde… ―dijo ante el desconcierto de los presentes. Tal vez no estaba mal darle una oportunidad al muchacho. Sin embargo en cuanto fallara lo acabaría. Se acercó hasta la chica y besó su frente sin quitarle la vista al intruso―. Diviértete…

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―¿Ah? ¿¡Pero que tienes en la cabeza, Azusa!? ¡El plan era otro! ―reprochó el idol, pero se detuvo al sentir que su hermano lo tomaba del brazo.

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―¡Esta bien! ―se alegró la ojisvioleta al escucharlo y se posicionó al lado de Subaru―. Vámonos.

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"Está hermosa", pensó él mientras subían al auto ante la atenta mirada de sus guardas bosques. Llevaba un vestido rojo, unas medias largas negras y una chaqueta que hacían resaltar la blancura de su piel. Su cabello iba suelto, desparramándose por su espalda en unos formados rulos y sus labios levemente pintados con brillo. No estaba formal, ni muy desabrigada; estaba justa. Reconsidero que el rojo le quedaba de maravilla, que tal vez debería decirle algo por eso pero estaba muy atontado como para hacerlo.

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En el coche ella charló con el taxista y de a ratos con él. Parecía contenta, demasiado deslumbrante. Dentro de él se sintió orgulloso por causar tal ocasión, había tomado una buena decisión. Al llegar al bar, los guiaron a su mesa correspondiente y pudieron quitarse sus abrigos.

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―Está muy bien ambientado ―mencionó la azabache detallando el lugar―. ¡Muy buena elección! ―él solo asintió, no podía dejar de verla e imaginarse distintos escenarios con ella―. Disculpa la idiotez crónica de mis primos.

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―Ah, no importa. ―le restó importancia y pensó rápidamente en un tema de conversación―. Ahora…

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―Te ves muy bien, Subaru ―elogió la muchacha, mirándolo detenidamente sin pasar por alto el rosado color de piel del joven―. Al parecer te sientes cómodo aquí. Realmente no podía imaginarme qué clase de lugar seria, pero es mucho mejor de lo que pensaba.

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―Tú te ves hermosa… ―moduló lo primero que se le vino a la cabeza. ¡Rayos! ¿Por qué siempre hacia eso?―. Quiero decir… siempre te ves bien, pero hoy un poco más diferente de lo usual.

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La sonora risa de la joven llegó a sus oídos y guardó silencio. Ahome apoyó su brazo en la mesa y guio su mano hacia su mentón para acunar su rostro sobre esta. Sus ojos tenían cierto tinte de picardía y emoción, sus labios se curvaron en una genuina y seductora sonrisa que podría arremeter con cualquiera y el leve carmín de sus mejillas la hizo deslumbrar aún más.

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―Si tú dices que te parezco bonita, está bien.

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―Hm…

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―Buenas noches, Subaru-san ―interrumpió el momento el mesero ofreciéndole la carta y comentándole shows. De los pocos lugares que existían en la tierra donde él se sentía a gusto también tenía la fortuna de que servían buena comida, así que no le costó decidirse―. ¿Y tu novia qué va a pedir? ―el rostro perplejo del joven le dio a entender que no era lo que él pensaba.

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―Ella… ―tartamudeó―, no es mi novia. ―no tuvo el valor de levantar su mirada y observar la reacción de la pelinegra.

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―¿Qué me recomiendas? ―preguntó Ahome sin darle importancia al comentario. La facilidad que tenía para escabullirse de algunos temas o cambiar el ambiente era impresionantes.

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Nunca pensó que fuera posible pero todo marcho bien, no como había planeado, sin embargo mucho mejor. Cenaron mientras hablaban de cualquier cosa, fastidiándose e incluso esperando ansiosos por los tributos musicales. Fue para el postre cuando la primera banda salió a tocar. Realmente lo disfrutaba. El poder compartir lo que le gustaba con la chica por la que estaba perdidamente atontado era espectacular.

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Entre tanto y tanto se giraba para verla con más privacidad, mientras ella observaba a los músicos. Apreció y detalló cada detalle; la forma en la que cerraba los ojos para disfrutar de la melodía, como mecía su cabeza o la manera en la que seguía las letras con sus labios. El lunar debajo de estos se lucía como siempre captando su atención e incitándolo a que probara lo que realmente quería. Todo de ella lo hacía. La tenue luz le daba un aspecto aún más misterioso y su cabello negro la enmarcaba completamente.

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Sonrió por inercia y le dedico una mirada llena de cariño que ella no podía ver, por lo menos quería darse ese privilegio. Los aplausos de la audiencia motivaron a la joven a hacer lo mismo. Se giró para ver a Subaru y lo encontró observándola muy intensamente. Se quedó quieta por un momento, pensando que quizás su atención estaba puesta en otra persona, pero no era así. Toco un poco su cabello queriendo acomodar sus ondas y le devolvió la sonrisa.

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Rayos… de pronto, comenzaron a tocar música lenta pero bailable. Unas cuantas parejas se levantaron y llenaron la pequeña pista.

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―¡Genial! Vamos, Subaru. ―se animó y se levantó hasta quedar a su lado.

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―Yo no… ―titubeó, pero ella lo tomó de la mano y se lo llevó a rastras.

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Se ubicaron en una zona no tan llena. La joven posó su mano sobre el hombro del ojis rojos y le cedió la otra para que la tomara. Por pura inercia él la tomó y colocó su otra mano en la espalda de la chica. No era un vals pero la posición era parecida, con la diferencia que la cercanía entre los bailarines era mucho más estrecha y relajada. Se movían al ritmo de un lento blues.

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―¿Es tan terrible? ―preguntó la ojisvioleta.

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―No, solo que no soy mucho de bailar ―comentó―, pero no es tan terrible.

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Alzó a la joven y giró en el lugar en forma de juego. Ella rio con gracia y cuando la bajó se apegó aún más a él. Subaru disfrutaba mucho jugar así con ella, no pudo evitar ser contagiado por la risa de la chica.

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―Sakamaki-san su lado nocturno es muy interesante~ ―remarcó con picardía. El albino acarició con el pulgar la mano que sostenía y la otra la ubicó en sus espalda media. Dios… le encantaba tenerla tan cerca.

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―Y usted, Mukami-san, una forma muy particular de "degustar" el postre ―le siguió el juego recordando la masacre del helado.

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―¡Oye! ―tiró de él e hizo un puchero―. Estaba rico.

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No lo podía creer, estaba coqueteando abiertamente con ella y ninguno de los dos parecía dispuesto a detenerse. Sus orbes violetas resaltaban en medio de la oscuridad con la picardía y curiosidad que los caracterizaban, dando a entender que tenía toda su atención.

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La música se volvió incluso más lenta y melosa. Se miraron como si aprobaran la siguiente posición. La azache soltó al joven y enredó sus dedos detrás del cuello de este, atrayéndolo aún más. Él llevó su otra mano a la cintura de ella, tomándola con suavidad pero al mismo tiempo con firmeza. Santo cielo, sentía el cuerpo de la muchacha cálido. El tomarla por su cintura había causado más estragos de los que pensaba.

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El ambiente estaba cambiando drásticamente; se encontraban muy cerca.

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―Realmente ―murmuró la ojisvioleta―, no imaginaba como sería este lugar, pero es genial.

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―¿Te gustó? – preguntó. Tal vez era por la música alta, pero ni él ni la joven supieron a qué se refería realmente. Ella cerró sus labios y pareció pensárselo―. Es más entretenido venir acompañado ―añadió. Esa noche no le daría tregua, lucharía por todas las veces en la que bromeó con él como un niño, por las que lo hizo dudar como un adolescente y sentirse especial como hombre. Estaban cómodos en la posición que se encontraban; cerca y mirándose intensamente―. Gracias por venir ―murmuró.

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Diablos… el corazón de la muchacha dio un vuelco. ¿Dónde estaba el Subaru de siempre? Porque el de esa noche no daba el brazo a torcer, ni tenía tapujes. Sus mejillas se coloraron levemente y sintió la urgencia de ocultarse.

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―Gracias a ti por invitarme… ―respondió a destiempo y desvió un poco su mirada.

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Ante su acción el joven inclinó un poco su cabeza hacia ella.

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―¿Pasa algo? ―le habló al oído debido a lo alto que estaba el volumen de la música. La sintió moverse entre sus brazos pero aun así no la soltó.

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―N-no es nada ―simplificó. Mierda, no podía verlo a los ojos. Odió admitirlo; se sintió extraño cuando le habló de esa forma tan íntima pero le gustó. Tragó en seco y trató de mantener su compostura.

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―¿Hm? ―se detuvieron.

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Ahome se giró levantando la cabeza para verlo, sin embargo, cuando lo hizo quedó a centímetros de su rostro. No se había percatado de la proximidad de él hasta que lo hizo. Aun así no se apartó, podía sentir su aliento rozarle la cara y sus ojos rubíes atravesarle el alma.

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Subaru admiró sus bellos orbes violetas y su leve rubor; se veía hermosa. Parecía sorprendida y un poco inquieta. Él también se moría de los nervios pero aun así no quería dejar pasar el momento. Un cálido sentimiento inundó su pecho, quizás eso lo hizo actuar.

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Apoyó su frente contra la de ella y llevó una de sus manos hasta su cabeza para acariciarla con ternura. Dios… estaba perdidamente enamorado de ella. Reconocerlo solo logró avivar más ese sentimiento. Cerró los ojos y deslizó sus dedos por su mejilla para acabar su suave recorrido en su mentón. Los abrió y notó su mirada más oscura.

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Observó con anhelo los labios entreabiertos de Ahome y descendió con su boca, lentamente, sin dejar de mirarla, hasta la comisura de los de ella. Depositó un suave beso en ese límite, donde rayaba la cordura y sus ansias de entregarse a sus deseos. Aun así disfrutó de la calidez de su piel en lo que fue un lento pestañeo. Se tomó su tiempo para volver a alejarse de ella y más cuando la sintió estremecer y suspirar entrecortadamente.

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Al separarse, rozaron sus labios y se quedaron estáticos. Cuanto deseaba poseer esa boca de la forma en la que lo soñaba a menudo. Se sintió arder de tal forma que el ambiente había cambiado completamente, no existía nada más que ella. Su piel era un deleite que ansiaba descubrir sin restricciones. Deseaba poder decirle lo que sentía de una vez por todas, de revelarse y abstenerse a las consecuencias. Romper todos sus esquemas solo por ella.

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La azabache soltó su cuello y deslizó sus manos hasta su pecho, a la par que reafirmaba el hechizo que había impuesto sobre él. Respiró profundamente cuando ella se apegó a él y se refugió en su pecho. La envolvió por inercia con sus brazos y la abrazó atrayéndola aún más a él, apoyando su cabeza contra la de ella.

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Respiró hondamente y se hundió en aquel espacio íntimo que solo les pertenecía a ellos. Podía sentir el corazón de la azabache latir desenfrenadamente y el suyo también. Tal vez, si seguía así su corazón no daría más y se rendiría por todas las veces que lo atormentó.

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No daría marcha atrás, él avanzaría sin importar qué. Si ella podía ser despiadada con él, Subaru lo sería aún más, para demostrarle que iba en serio.

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El silencio seguido por los aplausos los sacó de aquel trance. Se separaron con algo de pereza y aplaudieron como los demás para después volver a la mesa. Vaya… ninguno de los dos sabía que hacer o decir. Al sentarse, el albino se giró para verla y tomó una decisión.

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―Ahome… ―la llamó y esta lo observó expectante, no se atrevía a decir ni una sola palabra; él parecía serio―. Yo…

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―¡Subaru-san! ―lo interrumpió el mozo―, ven un momento. ―Lo observó algo confundido y después miró a su acompañante. Ahome pareció poder recuperar el habla.

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―Ve tranquilo ―le quitó importancia―. Aprovecharé para ir al tocador.

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Tal como dijo se levantó y se abrió paso hacia el tocador. Su rostro inmutable se desvaneció cuando se encontró sola en frente al espejo. Se observó a sí misma y no pudo creerlo; estaba completamente sonrojada y por alguna extraña razón se sentía distinta. Llevó uno de sus dedos hasta sus labios y los dejó reposar en su contorno. Estaba ardiendo, su boca hormigueaba pidiéndole que completara el acto que no se llevó a cabo. Se desconoció a si misma por haber deseado cerrar el especio que había trazado cruelmente el albino y por embelesarse tanto con él. No supo cuándo, pero quedó completamente capturada por su mirar y su cuerpo…. Eso no estaba bien.

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Sacudió su cabeza y humedeció un poco su nuca, intentando bajar la temperatura de su cuerpo. ¡Rayos! Cada vez que lo recordaba su cuerpo cedía. El albino era mucho más peligroso de lo que ella pensaba, nunca creyó que haría algo así ni mucho menos que despertara aquellas emociones en ella. "¿Qué estás haciendo, idiota?" se recriminó y cuando se calmó volvió a la mesa.

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Antes de terminar de dar los últimos pasos hacia allí, respiró profundamente al divisar al albino y acomodó su cabello. Armándose de valor emprendió nuevamente la marcha y se sentó a su lado.

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―¡Su atención amigos! ―dijo el cantante desde el escenario.

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―¿Estás bien? ―le preguntó el ojisrojos y ella asintió sonriéndole.

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―Sí, es que solo hace un poco de calor aquí ―simplificó.

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―Tenemos un anuncio especial~ ―continuo el cantante.

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―Pero lo vale ―sentenció Sakamaki y ella pudo apreciar algo más en su mirar.

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―¡Démosle un fuerte aplauso a Ahome por su cumpleaños! ―ante la exclamación del vocalista la muchacha se sorprendió y miró a su alrededor; el camarero había llegado con un pastel pequeño y copas para brindar―. ¡Qué vivas a pleno, hermosa! ―le dedicó un guiño el hombre y tarareó el feliz cumpleaños cuando prendieron la vela del pastel.

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―¡Pide un deseo! ―le mencionó el camarero.

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Aún estaba algo confundida, buscó la mirada del albino que solo reía con complicidad. Fue tan contagioso que ella misma rio, respiró profundamente y sopló la vela. El lugar se llenó de aplausos y la banda volvió a tocar.

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―Eres terrible, Subaru ―admitió la azabache cuando se quedaron solos y con dos copas llenas de champaña en frente de ellos. El joven estiró la copa invitándola a brindar y así lo hicieron.

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―Es solo un recordatorio de mi victoria ―mencionó con algo de pena.

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Ella bebió un poco del contenido y se les escaparon dos traicioneras lágrimas. El muchacho al notarlo se preocupó, así que le ofreció rápidamente un pañuelo que ella acepto con una sonrisa.

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―Has hecho mucho por mí… ―recordó cuando le llevó los pasadores en medio de la noche y la fiesta de su cumpleaños―. Gracias…

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El silencio que se produjo fue ameno. La Mukami no era de lágrimas fáciles pero debía admitir que cualquiera, al sentirse tan querido, desarmaba cualquier armadura que tuviera puesta.

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El ojis rojos la contemplo con ternura; no era tan bicho raro como él pensaba. Era una chica fuerte, una tan fuerte que su lado sentimentalista era hermoso. Se dedicaron a comer el pastel que había llevado previamente el muchacho y como si fuera por arte de magia, volvieron a hablar con normalidad.

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―Eso es porque tú… ―la joven dejo de hablar cuando vio la mano de Subaru acercarse.

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―Estás hecha un enchastre ―mencionó él, riendo al quitarle un poco de crema de bajo del labio inferior. Al terminar se llevó el pulgar con la que la limpió a la boca para degustar la crema. Sus rubíes ojos la observaron con aquella chispa de hace un rato y supo que no era la misma Doña Cólera de siempre―. Está buena…

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A pesar de que estaba muerto de la vergüenza y del pudor no tenía pensado parar. No se arrojaría con todo pero se haría notar, aunque tratara de realizar una acción bastante masculina completamente sonrojada. Todo no se podía en la vida, ni mucho menos en una noche.

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―Eres de cuidado~ ―canturreó la chica terminando su pastel.

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Ahome cometía un grave error al pensar que todo estaba igual. Claramente podían hablar y discutir como siempre, sin embargo, en el fondo sabían que había algo más dando vueltas. Algo que podía ser peligroso.

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Más tarde se retiraron del bar y caminaron un poco por el parque para disfrutar de la noche, dentro de poco debía llevar a la joven a su casa. Ella andaba aferrada a su brazo, tarareando canciones que habían escuchado y comentado varios aspectos de la música. Él pensó que podrían seguir así hasta el alba si se lo proponían; ojalá el parque hubiera sido enorme.

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Tomaron un taxi y llegaron a la casa Mukami. Ruki y Yuma ya estaban en casa y prácticamente en la puerta cuando él fue a dejarla. No hacían falta las palabras para saber que no estaban de acuerdo con su "no-cita", así que lo dejaron ir por el momento. La ojisvioleta sonrió en forma de saludo y se metió a la casa, le esperaban muchos revuelos dentro.

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Subaru, cuando llego finalmente a su casa, recién cayó en cuenta de todo lo sucedido. No se arrepentía absolutamente de nada. Bueno… la única cuenta pendiente fueron los labios de la azabache. Sus pensamientos fueron interrumpidos por Shuu, quien se había quedado a dormir esa noche.

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―Te ves contento ―mencionó, sentándose en la cama del menor―. Avanzaste ―La intuición del rubio nunca dejaba de sorprenderlo, no hacía falta decir algo, él solo se daba cuenta de lo que pasaba―. Aunque… algo me dice que no tanto ―Subaru arrugó su nariz. Estaba algo preocupado por las consecuencias de sus actos―. Sea lo que sea que hayas hecho, está bien. Te estás esforzando.

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Se estaba desviviendo por lo que quería, sin embargo…

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―Hago hasta lo que pensé que nunca haría ―confesó quitándose la chaqueta.

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―Los estúpidos enamorados hacen eso ―comentó Shuu con un deje de molestia―. ¿Cuál es el problema, entonces?

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―Que no depende todo completamente de mí… ―finalizó, dejando la prenda colgada en la silla.

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Él no podía obligarla a quererlo como él lo hacía. Al fin y al cabo, solo las chicas determinan si es posible o no. Mientras tanto, solo le quedaba el lujo de la duda.

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¡Fin del cap 13! ¿Que les parecio? a partir de ahora va a avanzar mas en lo que refiere a trama y relaciones x3 Dejenme sus comentarios sobre el cap ;) ¡Gracias por leer! Nos vemos :D