¡Buenas minna-san! ¿Como les va? Aqui vine con un nuevo cap del "Aroma del encuentro" un AU de Diabolik Lovers.
Al fin traje un poco de lo que me anduvieron pidiendo x'D espero lo disfruten :D
Muchas gracias a todos los que se toman un tiempito para leer mi historia y tambien a quienes la comentan... ¡Me animan mucho!
Marcela : Gracias por arreglar mis horrores :D
Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenece :')
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CAPITULO 14
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Él descendió con su boca, lentamente sin dejar de mirarla, hasta la comisura de la de ella. Depositó un suave beso en ese límite donde rayaba la cordura y sus ansias de entregarse a sus deseos. La muchacha se estremeció y le pareció ver deleite en la rubí mirada que la devoraba, claramente le decía "Quiero más". Dio un pequeño respingo y susurró su nombre… "Subaru". Ya… no podía más.
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Ahome se levantó más que angustiada, exaltada y avergonzada que cualquier otro día de su vida. ¿Cómo se le ocurría eso? Tapó su rostro con sus manos y refunfuñó: "¡Subaru, malo, idiota, estúpido, perverso!" El joven en sí no tenía la culpa. El problema era ella, que a pesar de ser las 6 de la mañana un día sábado no podía volver a conciliar su sueño por cierto intruso albino de personalidad cambiante. ¡Sí, eso debía ser! Él nunca se había comportado así con ella ¿Acaso de noche siempre era así? Tragó en seco y se sonrojó para después cubrirse con su frazada. "No más actividades nocturnas, Ahome"
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Sus labios volvieron a hormiguear... "¿Cómo te atreves a hacerme eso, idiota?" murmuró.
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—El trabajo practico deberá ser de a dos —aclaró su profesor—. Si lo aprueban, esa unidad no entrará para el examen —finalizó y algunos cuantos suspiros se oyeron. Diablos… estaba en problemas, terribles problemas. Pensó en consultar con el tutor, después de clases, si podía entregarlo solo. Protestó con unos cuantos insultos, y se dirigió hacia el patio. Necesitaba un poco de aire fresco.
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Se quedó mirando un punto fijo, aquel en el que se hacía aparecido su preciada clienta cuando fue a buscarlo. Un leve sonrojo y una sonrisa traviesa se hicieron evidentes en él. Se sentía bien. Era la primera vez en su vida que se arriesgaba tanto por algo y cada vez que lo hacía sabía que valía la pena. No se echaría atrás por más vergonzoso que fuese. De solo recordarla, en especial esa noche cuando estuvo tan cerca de besarla, su corazón corría desesperadamente.
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Su mano se dirigió rápidamente hacia sus ojos los cuales cubrió, respiró hondamente y trató calmarse… Iba bien… desde ese momento cada vez que se veían obtenía reacciones de ella. Shuu le había advertido que un golpe de buena suerte no debía apurarlo si no alentarlo. ¡Era muy difícil! ¿Cómo no emocionarse cuando las cosas comenzaban a salirle bien?
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Metido aun en sus pensamientos decidió volver al salón.
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—¡Subaru-Kun! —al escuchar su nombre se giró y observó algo confundido a la persona que le hablaba—. ¡Por fin te encuentro!
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—Hm ¿Necesitas algo, Rose? —era su compañera de clases de la hora anterior. Una muchacha alta, de cabello rojizo y ojos celestes; era muy codiciada por sus demás compañeros, tenía entendido.
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—Sí… quería preguntarte algo —él le hizo un ademan para que siguiera—. ¿Ya tienes compañero para el trabajo práctico? —él negó—. ¡Perfecto! ¿Te gustaría hacerlo conmigo?
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La pelirroja sonrió triunfante, sin embargo el albino la miró confuso… era muy raro. En varias ocasiones se habían aprovechado de él y de su intento por ser una persona más sociable y casi en todos los casos comenzaba así.
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—¿Y tus compañeras? —se limitó a preguntar.
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—¡Ah! Ellas ya tienen con quién hacerlo, así que pensé en que quizás podría hacerlo contigo —tomó un mechón de su propio cabello y lo rizó con su dedo. El joven no sabía que decirle—. ¡No tienes por qué responderme ahora! —aclaró ella, acomodándose en su lugar—, pero me gustaría que fuera lo más antes posible. Ya sabes… es para dentro de tres semanas —recordó. Él solo asintió y ella se retiró con su grupo de amigas. Eso era… demasiado raro, no importa por dónde se lo mirara.
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—¡Bienvenido al grupo, amigo! —le había dicho Gil, cuando le comentó lo sucedido a la mañana siguiente—. Las mujeres son así. No importa lo que digan, son todas IGUALES. —Movió sus manos señalando a sus colegas de trabajo, incluso a Jennifer—. En cuanto te ven feliz y enamorado —remarcó codeándolo y provocando que se sonrojara un poco—, se te tiran todas encima. Es como un imán o el anillo de compromiso. ¿Lo notaste?
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El ojisrojos no quiso darle importancia, pero era cierto. Desde que cambió un poco su actitud algunas clientas y compañeras, en sí las mujeres, se le acercaban un poco más.
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—¡Eso sí! —Agregó—, cuando estas solo, ni siquiera se giran a verte —masculló—. Malditas desgraciadas —frotó con fuerza una taza y la puso en su lugar con impotencia. Megu, que los estaba escuchando, acarició su espalda dándole ánimos—. ¿Por qué son así, Megu?
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—No somos todas iguales, Gil —reprochó la chica—. Aunque creo que es igual para todos —sentenció y los muchachos la miraron confundidos—. Una persona, cuando está enamorada, es cuando más brilla. Por eso es normal que otros se enamoren de ella.
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La chica dio unos pasos hasta Subaru y se puso de puntillas de pie para revolver su blanco cabello.
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—Hgh, ¿Pero qué? —protestó.
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—Estás radiante, Subaru. Eres más amable, simpático e incluso pareces tener más emociones de las que creíamos. Tanto malas como buenas y eso solo lo pudo lograr Aho-chan… —soltó su cabello y le sonrió con sinceridad—. Es una bendición que seas feliz por eso, te felicito.
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El Sakamaki la observó atónito alejarse mientras Gil le reprochaba. ¿Así lucía frente a los demás? Se irguió y observó el reloj: faltaba poco para que ella llegara. Acomodó su impecable uniforme y empezó a preparar su bebida. Megu tenía razón… se sentía muy feliz por tenerla cerca; por el solo hecho de estar enamorado de ella. No… no solo eso… era feliz por poder ser él mismo con la persona que le gustaba.
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Se sintió un poco inquieto al pensar que desde que la conoció ella era deslumbrante. Desde la vez que la vio, por primera vez, sentada en su lugar preferido y sonriéndole a las páginas de su libro tan confidentemente. "¿Desde hace cuánto he estado así?" se cuestionó ejerciendo un poco más de presión en la taza. Dio una bocanada de aire ante aquella sofocación y miró a Jenny con algo de comprensión. "Pensar que tú la atrajiste hasta mi" se dijo con gracia. La máquina no era tan desconsiderada.
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Siguió con sus labores en modo automático hasta que el reloj marcó las diez am, en el momento justo donde la ojisvioleta cruzaba las puertas de "Coffee Break". Su mirada acabó en ella como habitualmente lo hacía, logrando captar su atención.
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—¡Buenos días, Jenny! —Saludó a la maquina mientras se acomodaba en su asiento para después dirigirse al joven que la tenía un poco desorientada—. Buenos días, Subaru —moduló. Para el albino fue inevitable disfrutar de la forma en la que pronunciaba su nombre e incluso como se movían sus labios al modular. Ahome se percató de ello y se tapó la boca—. ¿Tengo algo en los dientes? —preguntó para salir de aquella atmosfera nueva que los comenzó a envolver hace poco.
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—¿E-eh…? —tartamudeó.
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—¡Subaru! —lo llamó su jefe.
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—¡¿Qué?! —se sobresaltó al escuchar su nombre.
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—Necesito que cubras un momento a Megu. ¡Apúrate! —Le exigió aplaudiendo—. ¡Buenos días Aho-chan! —saludó a la joven con un tono más tierno que el que había utilizado con el muchacho.
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La azabache sonrió y le hizo un ademan de que se fuera. ¿Desde cuándo esperaba su aprobación? ¡Por favor, estaba trabajando! Mientras cubría a su compañera notó, en una de las veces en las que Gil se acercó a hablarle a la Mukami, que esta se tensó. Lucía preocupada y no podía acercarse a preguntarle que ocurría. Y de pronto, sin previo aviso, la chica lo saludó desde la puerta del local y se fue. ¿Qué rayos había pasado?
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La incertidumbre lo carcomió. Ella ni siquiera había probado su café o charlado más de dos frases con él. Cuando encontró la oportunidad, tomó su móvil y le mandó un texto; "¿Qué paso?". Desgraciadamente no obtuvo respuesta de ello, así que decidió preguntarle directamente a su compañero.
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—¿Qué le dijiste a Ahome? —interrogó mientras secaban vajillas.
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—¿Ah? Solo un recado de un cliente. —mencionó quitándole importancia. ¿Un recado? Eso era raro—. Aunque a decir verdad… —agregó—, me pareció raro —Subaru resopló. La ansiedad lo estaba poniendo cada vez más insoportable y el joven no hacía más que alargar la espera.
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—¿Qué recado?
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—¿Hm? ¿Estás celoso, Subaru-kun~? —canturreó codeándolo—. Aun no es tu novia, así que no puedes exigir tanto.
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—¡Solo dime! —exclamó exasperado.
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—Bueno… —se alejó un poco de él, sabiendo que el albino podría llegar a golpearlo por molestarlo tanto—. Ayer a la tarde vino un tipo, alto y de buen porte. ¿Viste cuando ves una película y dices "¡Ese es el HOMBRE!"? Bueno… así era él. —Rascó su nuca y le dirigió una mirada de preocupación—. Preguntó por Aho-chan —hizo un breve silencio en el que el ojisrojos se sintió perdido—. Sabía su nombre, su edad, la universidad a la cual asiste e incluso el nombre de su perro —aclaró, denotando la importancia de la información—. Pero… lo más extraño fue que después de decirme todo eso me pregunto; "¿Cómo está ella?"
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El silencio llenó la sala por un momento. "¿Cómo está ella?" esa simple frase martilló su cerebro. ¿Qué quería decir con eso? ¿Era un acosador o algo así? ¿Por eso ella huyó tan despavoridamente? Si era así… debía hacer algo, cualquier cosa con tal de devolverle algo de seguridad. De solo pensar que alguien la estaba siguiendo por ahí le daba rabia. ¡Lo mataría a golpes! Detuvo sus pensamientos al considerar que, si ese fuera el caso, sus primos ya lo hubieran hecho. Era otra cosa…
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Relamió sus labios e intento volver a hablar.
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—¿Dijo algo más? —preguntó en un hilo de voz que preocupó a Gil.
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—Sí… —el joven tragó en seco y apoyó una taza en la mesada—. Que le avise que había preguntado por ella y que "No se preocupe", solo eso.
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Rayos… se sintió terriblemente mal. Eso no sonaba para nada bien. Dejó lo que estaba haciendo y tomó su móvil para llamarla directamente, no le importaba si estaba en clases, necesitaba hablar urgentemente con ella.
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El contestador lo atendió las diez veces que llamó a pesar de la insistencia de Gil de que no debía ser más que una broma. "Maldición, maldición, maldición"
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¡Subaru! ¡Más vale que te haya pasado algo terrible como para llamarme varias veces! Estoy en clases. ¿Pasó algo?
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Ese fue el mensaje de texto que recibió. Tecleó rápidamente su celular para intentar mitigar la culpa y la incertidumbre que sentía.
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Eso quiero preguntarte yo. ¿Por qué huiste como alma que lleva el diablo? ¿Tuviste algún problema?
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Él no quería preguntar directamente. Aun no se sentía lo suficientemente "habilitado" como para meterse en sus cosas.
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Bueno… es que… Gil me hizo recordar que me había olvidado algo importante en la universidad al mencionarme lo de mi ex compañero :$ ¡Fui demasiado tonta! Discúlpame por preocuparte así :(
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¿Eso era todo? Subaru tenía ganas de golpearse la cabeza contra la pared.
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—¡Ya te lo dije, Subaru-kun! Tú ya armaste en el hueco donde debería estar tu cerebro una historia totalmente dramática —dijo con pesadez Gil.
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—¿Cómo querías que no lo hiciera? ¿Acaso te escuchas cuando hablas? ¿Ah? — lo sacudió del brazo. Estaba completamente avergonzado. De seguro había quedado como un idiota delante de la joven.
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—¡Cálmate, Subaru-kun! —Ahora era su compañero quien lo sacudía—. Lo dije de esa forma porque ese tipo podría ser tu rival ¿Lo entiendes? ¡Es gravísimo! —Aclaró y ahí recién comprendió su punto—. Él es más grande que ella, derrama seguridad por dónde camina y debo admitir que es un poco guapo ¡Es una amenaza!
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El albino no sabía que era peor. ¿Un rival? ¿Eso significaba que otro hombre también la estaba pretendiendo? Eso definitivamente no era bueno. Por un momento se sintió completamente inseguro y todo lo que había logrado hasta el momento parecía derrumbarse.
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—¿Qué está pasando aquí? —Entró a la habitación su jefe y se encontró al ojisrojos mirando a la nada mientras Gil palmeaba su espalda—. ¿Pasó algo, mocoso? — se acercó a él y lo supo—. ¿Hm? ¿Es por Ahome-chan? —el silencio fue su respuesta—. ¡No te preocupes! Tienes muchas oportunidades con ella. La forma en la que te mira lo dice todo… no miras con ese afecto a cualquier persona.
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Quiso desde lo más profundo de su ser creerle a su jefe. Respiró profundamente, reconstruyendo así todos sus logros en su mente, y tomó nuevamente coraje. Sea quien sea, no lo derrotaría.
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—¡Así me gusta! Sigue adelante y pónganse a trabajar —alentó empujándolos hacia la barra.
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Antes de seguir, volvió a tomar su móvil y mandó un último texto.
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"¿Qué tal un paseo por el parque después del trabajo? Ahora que lo recuerdo te debo una merienda"
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El castaño bostezó y miró con pereza los libros que debía leer; le faltaba poco pero seguía siendo mucho.
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—¡Necesito un descanso! —restregó sus ojos y se dirigió a la cocina. Aún seguía viviendo con su hermano mayor, tenía pensado en algún momento volver a alquilar un departamento. Pero mientras tanto, se mudaría provisoriamente con su madre.
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—Hoy será el último día que te moleste, Shuu~ —canturreó, sirviéndose una taza de café.
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—Hm… Pero de fastidiarme nunca.
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-¡Exacto! —exclamó feliz. Terminó de preparar los jugos de naranja y se sentó cerca de donde estaba el mayor. Le tendió un vaso y dio un largo sorbo a su bebida con algo de frustración.
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—¿Hm? Ahora que lo pienso —murmuró el rubio captando la atención del más joven—, estuviste algo molesto desde la mañana. ¿Qué paso?
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—Nada —remarcó rápidamente. Ni siquiera quería recordarlo. Sin embargo, la penetrante mirada de su hermano lo intimidó lo suficiente como para hablar—. ¡No me mires así! Solo fue algo que salió… mal…
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Durante toda la fiesta de Ahome se habían observado sin disimulo alguno. Jugaron a ignorarse por un tiempo hasta que no pudieron más. Tamara, la amiga de la cumpleañera, le dedicó unos cuantos gestos para que la siguiera y él no se negó. Coquetearon mientras bailaban al son de la música, estaban tan cerca que sus cuerpos se rosaban y las manos del castaño posicionadas juguetonamente en la cintura de la muchacha. Solo bastó que le susurrara unas cuantas cosas al oído para que ella lo guiara a un cuarto; tenía la misma sucia y divertida intensión que él.
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Al cerrar la puerta lo tiró a la cama y lo siguió, subiéndose muy felinamente a él para después devorarle la boca con ímpetu. ¡Santo Dios! Esa muchacha era tan candente que no tardó en excitarse de sobremanera. La dejó jugar encima de él unos momentos, sin embargo, quiso tener el control, así que hizo que los dos giraran; quedando él entre sus piernas y ella enredándose a su cintura para frotar su pelvis contra la de él. En ese cuarto solo se escuchaban sus aceleradas respiraciones, gemidos y palabras morbosas.
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Fue solo cosa de unos minutos lograr desvestirla y dejarla solo en su sexy ropa interior. La observó satisfecho y dirigió su boca hacia los contornos de su sostén a la par de que su mano se posicionaba en el otro, masajeándolo sin restricciones; en cualquier momento se desharía de lo que quedaba.
Levantó la cabeza para mirar su sonrojado rostro excitado y sonrió gatunamente como solo él sabía hacerlo. Al parecer esa acción despertó a la pelirroja, que lo giró para quedar nuevamente ella arriba. El chico decidió dejarla juguetear un poco más antes de ir a lo que quería. Después de todo estaba disfrutando mucho de su juego previo.
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Tamara abrió su camisa y comenzó a descender, entre besos, hacia sus pantalones. No sin antes meter la mano en ellos y tocar lo que deseaba probar con desespero; moviéndolo de arriba abajo mientras los gemidos del muchacho la alentaban. Sin embargo, se detuvo de pronto y quitó su mano de allí. Apoyó la cabeza contra el abdomen del castaño y se quedó inmóvil.
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Laito se detuvo un momento a pensar en lo que pasaba, tocó su hombro y escuchó un pequeño chirrido.
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—¿Tamy? —Preguntó con duda y esta levantó su rostro para dejar ver un mar de lágrimas—. ¿Qué pasa? —indagó algo preocupado.
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—¿¡Porque soy tan puta!? —respondió hipeando.
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—¿Eh? —eso sí que no se lo esperaba. su desconcierto estaba plasmado en su cara. No entendía lo que estaba pasando.
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—E-es que… —moqueó—, yo solo quería tener sexo contigo. —la pelirroja se abrazó a su estómago y fregó su cara mojada en él. No entendía absolutamente nada. ¿Estaba alucinando? ¿Ella estaba más borracha de lo que aparentaba?
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—Y… —Laito se aclaró la garganta. Aun la entrepierna le dolía y ella solo se aferraba más y más a su cintura; tanto que sus pechos cubrían su pelvis—. Yo también. ¿Qué tiene de malo?
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—¡Que no debo hacer eso! —Rechistó golpeando el estómago del muchacho—. Yo… —sollozó—, quiero tener sexo siempre con una misma persona… —lamentó haciendo círculos con su dedo sobre su piel—. No quiero seguir cazando…
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Lo dijo con tanto pesar que incluso le creyó. "Es una lástima" pensó Laito y acarició su cabeza; él no podría darle lo que quería pero… sí podía distraerla.
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—Hasta que lo encuentres puedes divertirte conmigo cuantas veces quieras —canturreó y cuando iba a ponerse en acción la chica se retorció debajo de él y se levantó como alma que lleva al diablo para dirigirse al baño.
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Está bien… esa noche no fue para nada como él había planeado. Pensó en darle una oportunidad para tener encuentros íntimos con ella cada vez que quisiesen. Después de todo, ella no estaba nada mal y se había quedado con las ganas de poseerla bestialmente. Sin embargo, pasó el resto de la noche sosteniendo su cabello para que pudiera "expulsar" todo el alcohol que había ingerido. Después de eso se vistió y la vistió, muy a su pesar, y la recostó en la cama que hace unos minutos había sido el lugar donde se tocaron con tantas ansias.
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"Debí haberla dejado antes" se dijo cuándo la pelirroja lo abrazó y lo obligó a quedarse aferrada a ella un rato más. Cuando esta se durmió definitivamente, se levantó, la tapó con una frazada y se retiró de la habitación con una mezcla de frustración y confusión.
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—Con razón tenías esa terrible cara —razonó Shuu, para luego echarse a reír—. Te dejaron más "despierto" de lo que pensabas y no hicieron nada al respecto.
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—¡Qué cruel eres! —Se quejó—. Te cuento de mis penas y lo único que haces es reírte. ¡Ya no te diré más nada! —dictaminó cruzándose de brazos. Su hermano tenía razón… aún seguía con ganas de probar a la traviesa e inestable pelirroja.
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—Haz lo que quieras —le quitó importancia y decidió tomarse un descanso.
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¡Bien! Lo había conseguido; ayudó a su estúpido hermano mayor a mudarse nuevamente a su casa, asistió a clases y consiguió una muy buena merienda para reunirse con la azabache. Recordó cómo se alegró al recibir una respuesta afirmativa luego del escándalo que él mismo había causado. Un muy amargo momento. El solo pensar que podría ocurrirle algo a la chica de la que estaba enamorado era terrible. Por fuera de todo lo que sentía por ella, Ahome era una buena persona que no merecía que algún imbécil la anduviera molestando. Por eso se alivió al saber que no era nada grave, pero aun así… aquella otra alternativa, aquel "hipotético pretendiente" lo hacía poner de muy mal humor.
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"Él es más grande que ella, derrama seguridad por dónde camina y debo admitir que es un poco guapo ¡Es una amenaza!" las palabras de Gil cobraban tanta importancia que lo hicieron sentir inseguro… él no tendría oportunidad frente a alguien así.
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Siguió caminando, abstrayéndose más y más a cada paso. Debía reconocer que por más que lo intentara le costaba sacar aquel valor que lo hacía sentir seguro y avanzar. Respiró hondamente y recordó la segunda vez que casi se confesó a la muchacha; las palabras rogaban por salir de sus labios y su cuerpo moría por acercarse cada vez más a ella. No podía seguir titubeando así. O se armaba de valor para confesárselo tontamente y abstenerse a las consecuencias, o se construía un camino seguro a ella a pesar de la tortura que significaría. ¿Qué era peor? No lo sabía.
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Levantó la mirada; ahí estaba saliendo ella de su trabajo. Decidió ir a esperarla a la puerta para sorprenderla y lo logró. Fue un pequeño triunfo que lo alentó a seguir divagando hacia ella.
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—¡Subaru! —Se acercó a paso rápido a él—. No debías haberte molestado —comentó con algo de modestia.
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—N-no es nada —le respondió un poco agitado. No se había dado cuenta de las ganas que tenía de estar con ella hasta que se la encontró—. ¿Vamos?
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Era sorprendente como las palabras o los silencios amenos fluían con la joven. Ella al principio pareció algo distraída, pero cuando encontraron una caseta donde ubicarse, se relajó. El paisaje era precioso y por suerte no era un día tan frío como los demás. Se sentaron uno al lado del otro, murmurando cosas sin sentido mientras bebían algo caliente.
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—Hoy sí que me asustaste —se quejó la muchacha—. Pensé que te estabas muriendo.
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—¡Tsk! ¡todo fue culpa de Gil! —Refunfuñó y ella puso los ojos en blanco—. Hizo parecer todo como si un sujeto extraño te estuviera persiguiendo.
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El comentario del albino la dejó estática por un momento. Introdujo un poco de aire en sus pulmones y sonrió con desgano.
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—¿Por eso estabas tan desesperado? —rio sin gracia y le dio otro sorbo a su bebida—. Solo fue un error…
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—Error o no me preocupe igual, idiota —la retó. Ella se giró a verlo con algo de pesadez.
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—Estoy bien, sé cuidarme sola —simplificó tratando de sacarlo de ese estado.
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—¿¡Y eso qué!? —la observó con algo que ella no supo describir exactamente. Sus ojos irradiaban determinación y un poco de temor. Le intrigó saber el porqué de eso—. Para mí eso no es suficiente. No quiero que te pase algo malo… —murmuró ensimismado, atrayendo la atención de la muchacha.
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Ahome se sonrojó levemente; había comenzado a odiar aquellos ojos que tanto le gustaban. Temía a la sensación que nacía en ella al ser contemplada por él con tanto anhelo.
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—L-lo siento… —balbuceó y dirigió su mirada a ningún punto fijo.
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—¿Hm? ¿Qué te pasa? —interrogó tratando de lograr que lo mirase.
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—¡Nada! ¿Hmmm? ¿Cómo te fue en la universidad? —desvió lo más posible el tema; no quería hablar de eso.
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Subaru consideró que por el momento podría dejarla escapar, sin embargo no por mucho. Intentaba pensar en algo que pudiera acercarlo más a ella; emocional y físicamente, pero todas sus ideas quedaban prácticamente descartadas de tan solo presentarse.
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—A decir verdad hoy paso algo… raro —comentó y la chica le hizo señas de que siguiera mientras devoraba un pedazo de donut. "Es un pequeño animalito del bosque" pensó al ver esa masacre Subaru—. Una compañera pidió hacer conmigo un trabajo grupal.
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—¿Y qué tiene eso de malo?
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—En sí… nada. Solo que nunca me habló y me pareció raro, ya que ella se divierte despellejando socialmente a otras personas, solo eso. —ante tal comentario, la ojis violeta, se sobresaltó levemente.
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—Quizás —dijo algo lento, como si estuviera pensando en voz alta—, haya descubierto tú potencial o… le gustas —comentó algo rápido para después fruncir levemente el ceño—. ¿Qué le dijiste?
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—Que luego le respondería —contestó aun algo confundido.
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—¿Por qué no lo intentas?
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—¿Eh?
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—Será bueno para ti tratar de hacer nuevos amigos… —¡Por favor! Eso él ya lo sabía, todos los días trataba de mejorar sus habilidades sociales sin mucho éxito. Iba a decir algo pero lo interrumpió—. Quizás consigas una novia —se quedó sin habla. ¿A qué se estaba refiriendo?
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—¿Qué…
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—Tal vez esta chica sea un buen partido para ti ¿No crees? —Ella estaba hablando tantas estupideces, que lo indignaban, sin ni siquiera mirarlo. ¿Cómo podía decirle eso? Miró desorientado su alrededor. Le molestó aquella propuesta. Era incluso más cruel de lo que sonaba por solo salir de sus labios.
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—No.
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—¿Hm? —ella seguía embobada mirando absolutamente nada; odiaba cuando hacia eso.
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—No es necesario, a mí….
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—¿Te gusta otra persona? —Ahome pareció encogerse levemente y por alguna razón él detestó verla así.
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—Y-yo… —Su corazón no dejaba de latir aceleradamente. Prefirió darse el beneficio de la duda—, ni siquiera sé si me mira como a un hombre —le confesó con algo de pesar—. Sabes… —apoyó una de sus manos sobre el pequeño hombro de la muchacha.
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Ella observó su mano y luego tímidamente su rostro. A Subaru le pareció una eternidad esa acción. Entreabrió los labios y lo dejó salir.
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—Yo solo quiero que ella me mire… —puso un poco más de presión sobre su hombro y la azabache llevó su mano a la mejilla del muchacho, a la que acarició con cuidado.
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—Eres todo un hombre, Subaru. No lo dudes… —murmuró y él exhaló entrecortadamente. La piel de la joven se tornó carmín; una hermosa vista en un día tan gris—. Estoy segura… de que ella ya te notó.
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—¿Lo dices en serio? —preguntó lleno de esperanzas y en un tono de voz tan ronco que se desconoció. Soltó su hombro y tomó la mano que estaba en su mejilla para besarla sin dejar de observarla. Sus orbes rubíes no podían dejar de perderse en la violácea mirada de su amada clienta. Ni mucho menos en sus increíbles reacciones; el respingo que dio y la pequeña bocanada de aire que tomo—. A veces pienso que no seré capaz de ser lo suficientemente importante para ella. —Ahome se acercó aún más a él, hasta que no soportó más su mirar. Apoyó su cabeza en el hombro del joven para después entrelazar los dedos de su mano con los de él. Subaru la dejo actuar y lentamente apoyó su cabeza sobre la de ella mientras acariciaba con su pulgar su suave piel—. Es una persona muy cruel —susurró al cerrar los ojos.
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La sintió respirar entrecortadamente y acurrucarse en él. Rayos… la quería demasiado. Tanto que no podía alejarla aunque lo torturase de aquella forma tan cruel. Algo pesado se situó en su pecho, una mezcla de sentimientos entrecruzados, palabras no dichas y silencios debeladores.
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La azabache se movió levemente, causando que él también lo hiciera para darle espacio. Fijo su vista en ella que levanto su cabeza hasta encontrarse con sus ojos. Ella… se acercó aún más a él. Y Subaru se inclinó hacia ella. Ahome, soltó su mano y la poso en su mentón para guiarlo directamente a su perdición; aquellos labios que tanto ansiaba probar estaban a unos centímetros más. Centímetros que no desaprovecho y avanzo con certeza.
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—¡Kyaaa! ¡Qué pareja más linda! —el chirrido de un grupo de colegialas que pasaba por allí los detuvo.
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—¡Idiota! —Se quejó la otra—. ¡Les arruinaste el momento!
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Los dos se separaron sin mirarse; estaban completamente sonrojados, en especial el albino que parecía un semáforo en rojo. Cuando las muchachas se dieron a la fuga la fuerte risa de la ojisvioleta inundó el lugar.
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—¡TSK! ¿DE QUÉ TE ESTÁS RIENDO? —preguntó con impotencia el joven sin poder evitar la cara de sorprendido que tenía. La joven se abrazó a sí misma y siguió retorciéndose a carcajadas. Subaru no sabía qué hacer. ¿Qué podía hacer? ¿Acaso estaba alucinando? Hace solo unos segundos estaba por besarla. ¡Mas bien, besarse! Ella también se acercó a él, y… su mano se había apoderado rápidamente de su cintura para acortar aún más la distancia, y… y… y… ¡¿Qué rayos estaba pasando? No podía pensar con todo el alboroto que ella causaba—. ¿¡ME ESTÁS ESCUCHANDO!?
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—L-lo —rio—, siento mucho pero…. —rio aún más la desgraciada en cuestión.
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—¡Lo sabía! ¡Eres más rara de lo que pensaba! —refunfuñó y cuando amainó su "risa" la observó. Pequeñas lágrimas se escapaban de sus ojos y ella las apartaba como si fueran un estorbo—. ¿Estás… bien? —preguntó algo intrigado, pues la notaba algo ida.
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—Nada, solo me reí mucho —simplificó frotándose los ojos—. Tú mismo lo dijiste… soy muy rara —confesó y rebuscó su bebida que había dejado apoyada en el otro extremo del banco—. No deberías alterarte tanto —dio un sorbo y él se giró para buscar su té.
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—¿Por qué dices eso? —por más que los hubieran interrumpido no quería dejar escapar, completamente, aquella sensación de acercamiento que se había creado. Pero algo en ella le indicó que ese momento se había acabado.
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—La persona que te interesa… —denominó sin querer usar la clasificación real y captando la completa atención del Sakamaki—. Estoy segura que no tardará en mirarte… —el seco silencio invadió el pequeño lapso en el que ella tardaba en volver a hablar—. Es muy afortunada por acapararte de ese modo, así que, ¡animo! —Se levantó y recogió los restos de la merienda de ambos para botarla—. Bueno, debo irme.
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—Te acompaño a casa —dijo el albino sin darle oportunidad para negarse. No sabía cómo pero la situación se había vuelto… extraña.
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Ella no se quejó, sino que caminó junto a él en silencio hasta la parada del bus. Iban a tomar el transporte pero un auto les frenó al lado.
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—¡Buenas tardes!~ —se oyó la cantarina voz de Kou provenir del choche. El rubio se bajó de él y se dirigió hasta su prima a la cual apretujó con mucho ímpetu—. Oh~ Subaru-kun, no te había visto. ¿Qué haces aquí? ¿Tú no vives a unas cuadras? —preguntó con malicia.
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—Hola… Kou —respondió secamente.
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—¿Ah? ¿Solo eso?
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—Vamos, Kou —intervino Ahome—. Él solo iba a acompañarme a casa porque ya se hizo tarde —suspiró con pesar.
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—¿Y por qué se hizo tarde? —miró acusador al albino.
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—Porque no te importa ¡Vámonos! —tomó del brazo al rubio y lo guio al auto—. ¡Nos vemos después, Subaru! —lo saludó con una sonrisa, una que calmo un poco su inquietud, pero no la hizo desaparecer.
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—¡Hasta mañana! —exclamó para enervar al idol. La joven le sonrió con ternura.
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Kou arranco a los pocos segundos llevándose con él a la muchacha que lo enloquecía con maestría. Solo después de un breve silencio, miró al coloreado cielo y respiró hondamente para después expulsar el aire con lentitud. Su corazón quedó envuelto en llamas, sus ojos mostraron imágenes pasadas y su boca hormigueó.
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—Tú eres de quien estoy enamorado, tonta.
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—Antes de hablar de Mocoso-Kun —aclaró el cantante mientras giraba el volante a la izquierda—. ¿Cómo estás? —La miró de reojo algo preocupado ya que no halló respuesta—. Todo estará bien, él ya no molestara más.
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Ahome respiró pausadamente tratando de procesar toda la información y sucesos que la habían amedrentado aquel día; estaba muy cansada. La sensación de malestar y de culpa no la dejaban en paz; sus ojos escocían de las ganas que tenía de llorar.
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—Qué bueno…
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—Subaru-kun… —lo llamó Megu. Un nuevo día en la cafetería; todo marchaba como habitualmente a excepción de una cosa—. Hay una chica que pregunta por ti —señaló algo desconfiada.
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Él y sus demás compañeros se giraron a ver a la pelirroja que estaba ocupando cierto lugar especial. Incluso los clientes habituales sabían quién se sentaba ahí.
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—¿Hm? —Sin muchos rodeos se acercó a su compañera de clases—. ¿Qué haces aquí, Rose?
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—¡Buenos días, Subaru-kun! —Exclamó acomodando su cabello—. Vine por mi respuesta.
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—¿Ah?
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—Quiero empezar el trabajo práctico lo más antes posible —dijo con algo de entusiasmo—. Además, quería ver donde trabajabas —se inclinó un poco más a él y susurró—. Es temporal, ¿verdad?
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Su cabeza parecía no funcionar bien aquel día, así que le pidió que parara de hablar por un momento, lo más amable que pudo. Miró el reloj que estaba en su muñeca y notó que faltaban unos pocos minutos para que se apareciera su verdadero "interés".
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—Antes que nada —comentó—, ¿puedes moverte al asiento de al lado?
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—¿Por qué? —contestó ella rápidamente arrugando un poco su perfecto rostro.
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—Hay una persona que se sienta ahí todos los días. —No tenía por qué estar explicándole aquello, aunque le pareció algo raro intentar justificar el porqué. Incluso Megu y su jefe observaban con sumo interés y desprecio esa escena. ¿Pero que les pasaba? Por alguna razón lo estaban observando como si estuviera cometiendo alguna atrocidad imperdonable.
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—¿No puede sentarse en otro lado? —Incitó colocando su cabello detrás de su oreja—. ¿No podrías decirle… que este lugar es para mí hoy?
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—No lo creo —dictamino el hombre mayor.
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—¿Eh?
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Subaru se quedó observando a su jefe, que había salido prácticamente de la nada con su compañera detrás.
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—¿Y usted quién es? —increpó la pelirroja.
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—El dueño de la cafetería —aclaró y la joven se removió en el lugar—. No es mi intensión molestarla, pero tratamos de respetar a los clientes habituales y sus elecciones de espacio. Así que… —rascó su nuca—, si no es mucha molestia, ¿por favor?
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De muy mala gana se sentó en el otro banco, detestando la sonrisa triunfante de la muchacha detrás de la barra. Tanto el dueño del local como ella habían chocado sus palmas en gesto de victoria sin importarles que fueran observados por ella.
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—¿Quieres beber algo? —preguntó el albino para calmar los ánimos.
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Luego de aquello, cada vez que podía, la joven trataba de entablar conversación con él. Incluso varias veces se enojaba porque no le respondía o le contestaba que aguardara con un tono de voz un poco más fuerte del que ella le hubiera gustado oír. "Perfecto" pensó el chico. Se adentró a la tienda y comenzó a ordenar algunas vajillas para distraerse.
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—¿Ves, Subaru? Es lo que dije —se jactó orgulloso Gil—. Ellas detectan cuando estás enamorado y se te lanzan encima como fieras salvajes —comentó dramáticamente haciendo la mímica de un gato jugando con una bola de estambre—. ¡Esta es igual!
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—¡Ponte a trabajar, Gil! —le gritó Megu para que se callara y le dedicó una mirada cortante al ojisrojos para después codearlo con fuerza.
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—¡Tsk! ¿Por qué?
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—Ya lo sabes —indicó dejándolo más confundido—. Ni se te ocurra engañar a Aho-chan. ¿Esta claro? —lo amenazó y pudo comprender el numerito que se había montado con su jefe. ¿Cómo lo pensaba capaz de ello? Más bien… ella aun no era nada de él. Pero aun así….
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—No necesitas decirme esas cosas —refunfuñó y se giró al sentir su rostro arder. ¿Por qué el tiempo pasaba tan lento? Quería verla ya…
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Salió de nuevo al salón y la encontró ahí, sentada en su lugar, desenfundando un nuevo libro y acomodándose. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta y unos cuantos mechones sueltos que enmarcaban su rostro. Notó como su mirada paseaba por los alrededores hasta que se detuvo en él y una sonrisa se coló por sus labios. Se apresuró a terminar su café y llevarle un acompañamiento para poder acercarse finalmente.
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—Buenos días, Subaru~ —canturreó como todas las mañanas para después tomar la taza de café de sus manos—. Veamos que me traes hoy —mostró cierta ansiedad ante su nueva elección.
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La pelirroja que tenía a un costado se aclaró la garganta y le sonrió al albino queriendo hacerse notar. Ahome solo se dedicó a engullir su desayuno sin prestarle atención a los sonidos que hacía la muchacha de al lado. Pero aun así, la diferencia fue clara. El ojis rojos respondía a los comentarios de la pelinegra, fuera con comentarios o gritos, también solía mirarla mucho y eso no pasaba por desapercibido para Rose.
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—Soy Rose, ¿tú cómo te llamas? —Indago queriendo comenzar una nueva conversación—. Soy una amiga de Subaru ¿Y tú? –
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—Ahome, y también soy su amiga —respondió rápidamente y siguió con su lectura.
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—¿Solo eso?
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—Solo eso
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—¡Qué bueno! —confesó peinándose. La ojisvioleta le dio una ojeada a la joven y notó una sonrisa maliciosa en ella—. Con Subaru no se cuanta competencia tengo —comentó fingiendo inseguridad—. Así que… ¿Puedo contar contigo? —esta vez la pelirroja la miraba retadoramente a los ojos. Parecía estar completamente segura en su postura, sin embargo la risilla de la Mukami la desconcentró un poco.
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—No bromees —colocó su mano debajo de su barbilla para dejar descansar su rostro. Volvió a sonreír ante el ceño fruncido de la muchacha; no le daba ni un poco de lástima—. Sí que te tomas las cosas en serio —mencionó al ensanchar más sus ojos—, no te conozco así que no te puedo decir nada. —dirigió su vista hacia las líneas del libro que debía leer, mostrando total indiferencia ante el asunto. Qué situación más patética.
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—¿Ya terminaste tu trabajo de mucama, Subaru? —le habló con malicia al joven que pasaba con una bandeja llena.
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—¡Tsk! Solo fueron algunas cosas —rechistó con cansancio. La mudanza de Laito fue más ardua de lo que debía haber sido. La muchacha rio con sorna.
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—Pues la mucama está tratando algo mal a Jenny —dijo Gil fingiendo no ver al muchacho que se apuraba por entregar el pedido para volver y discutir cómo se debía—. ¿Tienes idea de por qué podría estar este mucamo maleducado descargándose con una pobre damisela? —le guiñó el ojo a la azabache y fue a ocultarse. "Es un idiota" pensó Ahome y luego sonrió.
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—Oh~ ¿Acaso podría ser—? —fue interrumpida por el ojisrojos que la tomó por sorpresa desde atrás para tapar su boca.
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—SILENCIO —determinó rechistando una que otra maldición. La Mukami no podía contener la risa—. ¡Me estás baboseando! —exclamó para tomarla de los hombros. Ella se aferró a sus mangas para quitárselo de encima, tomar su libro y seguir en su "interesante" y fingida lectura, con una bella sonrisa.
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Rose aclaró su garganta luego de que el albino se retiró para seguir con su labor. No le gustaba mucho el tono de voz que tenía Subaru cuando hacía esos berrinches, sin embargo, no era nada que no pudiera cambiarse o modificarse. Él no perdía su encanto.
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—Ya veo ~ —murmuró y se giró a ver a la muchacha que "no" le prestaba atención—. Te crees demasiado importante solo porque haces con él lo que te plazca, ¿verdad? —Asumió—. Los tienes a todos comiendo de tu mano pero… —tarareó con gracia—, puedes ir despidiéndote de eso. —Solo se escuchó a Jenny produciendo café; no obtuvo respuesta—. No eres rival para mí —la observó de pies a cabeza—. Yo me quedare con él.
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La Mukami cerró su libro, lo guardó y tomó un sorbo más de su café; estaba delicioso como de costumbre. Le echó un vistazo a aquella persona que se tomaba siempre la molestia de hacer sus mañanas más entretenidas. Estaba cansada.
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—Yo no soy rival de nadie —aclaró solo para que se le bajara la altanería a la pelirroja—. No necesito serlo.
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—¿Me vas a dejar el camino libre entonces? —incitó ya exasperada Rose.
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—Cree lo que quieras creer, a mí no me interesa.
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—Eres demasiado hipócrita —rechisto frunciendo su ceño—. Tu fachada se terminará pronto. —La ojisvioleta revoleó los ojos, exasperando aún más a la muchacha—. Tú…
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—Disculpa, me retrasé —menciono Subaru acercándose a su compañera que lo recibió con una coqueta sonrisa.
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—No tienes por qué disculparte, dije que te esperaría —comentó algo sonrojada—. Además te estoy molestando en el trabajo, discúlpame a mí.
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—N-no… Bueno -quiso ir al punto; debía madurar y poder relacionarse más con las personas—. Lo del trabajo práctico… me parece bien. —El pecho de la muchacha se hincho con triunfo y le lanzó una mirada despectiva a la azabache que miraba hacia otro lado—. Podemos dividirnos las preguntas y eso, no tengo problema.
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—¡Claro! Después podemos revisar todas las preguntas en mi casa y hacer el análisis final. ¿Te parece?
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—Bien.
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—¡Qué alegría! —sonrió ampliamente, apoyó su rostro en sus manos para mirarlo sin disimulo—. Es genial que me aceptaras.
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El albino lo único que hacía era asentir o quedarse en silencio: solo quería terminar eso. Se concentró en el leve tarareo que escuchaba de parte de la azabache. Era la misma melodía que se escuchaba en la radio, solo que más lento y por alguna razón atrayente. Desvió su vista a ella; jugueteaba con sus dedos sobre un papel, no llevaba puesta su bufanda, por lo que tenía su cuello totalmente descubierto y sus ojos reflejaban un brillo muy extraño. Era imposible no quedarse viéndola. Deseó profundamente obligarla a que lo mirase, que fuera lo único en su vista.
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—¿Qué dices entonces, Subaru? —preguntó Rose.
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—¿EH? —volvió a observar a su compañera que lucía algo molesta—. Perdón…
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—¡Escucha cuando te hablan! Hm… eres terrible —se quejó entrecerrando los ojos.
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—¡Hora de partir! —Exclamó la ojisvioleta y se levantó tomando sus cosas—. Nos vemos después Jenny~ —canturreó para después saludar a los demás—. Hasta luego, ¿Rose? —Preguntó con algo de duda—. Adiós, Subaru.
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—¿Ya te vas? —preguntó y no fue escuchado. La joven salió disparada como una flecha hacia el baño antes de salir—. Dios, es un caso perdido —negó con resignación y notó que se había dejado olvidada la bufanda. La tomó y decidió esperarla en el descanso de las escaleras que guiaban al toilette.
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—¿Subaru a dónde vas? —interrogo la pelirroja.
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—Ya vengo —respondió sin prestarle atención.
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Cuando llego allí, dobló con cuidado la prenda; era la misma que ella había atado a sus manos la noche que fue a llevarle su regalo. La miró con anhelo e hizo algo que no había hecho la vez que tuvo en su poder. Se la llevó a la cara he inhaló profundamente. Las pertenencias de Ahome solían tener un aroma y calidez particular que lo hacían sentir cómodo. Le gustaba, más de lo que debía, abrazarla y quedarse aferrado a ella hundiéndose en su calidez…. Deseaba tanto volver a hacerlo.
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Sintió los pasos de alguien aproximarse y levantó la vista; era ella. Un leve calor invadió sus mejillas y abrió la boca con intenciones de modular una palabra, alguna, cualquiera.
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—La olvidaste —comentó observándola bajar. Estaba algo seria y no sabía por qué. Ella la tomó de sus manos y se la colocó alrededor del cuello sin decir nada. Cuando terminó inflo sus cachetes con aire y lo miró de mala manera—. ¿Por qué pones esa cara de estúpida? —preguntó dudoso. Su tacto no era el mejor.
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La azabache lo tomó de la oreja y de su mejilla atrayendo bruscamente su oído hasta su boca.
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—IDIOTA —dijo algo fuerte.
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—¡TSK! ¿¡P-pero qué—?
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La joven soltó el agarre de su oreja, pero luego mordió su lóbulo sorpresivamente. Subaru solo se quedó tieso al sentir algo azotarle fuertemente su espalda. Ella tiró un poco de él con sus dientes mientras recorría el contorno de su mejilla con su dedo índice, al descender, provocando que un pequeño jadeo se escapara de sus labios. Tal vez no lo sabía pero ese suave tacto dejaba un camino ardiente a su paso que se acabó en el cuello del Sakamaki al mismo tiempo que ella lo soltaba y se alejaba de él.
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Los rubíes ojos estaban abiertos de par en par escrutándola, esperando a que hiciera o dijera algo. El rostro fruncido de ella y ese pequeño sonrojo, no cabían en aquella situación. Subaru sintió su rostro arder, él en ese mismo maldito momento estaba ardiendo, pero ella solo le sacó la lengua y se echó rápidamente a la fuga. ¿Qué rayos?
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Miró confundido su alrededor…
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—¿Qué paso? —Habló en voz baja—. ¡MALDICION! —Realmente odiaba no entender absolutamente nada. ¿Qué rayos fue eso? No podía hacerle eso y después irse como si nada, como si él fuera inmune a todo lo que ella hacía. Era demasiado cruel… Frotó su nuca reiteradas veces al sentirse su bello erizado… No se le quitaba la sensación de hace unos segundos. No podía atender a los clientes de esa forma, necesitaba tranquilizarse.
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—¡Subaru, vuelve ahora! —Prácticamente le ordenó Gil desde el comienzo de las escaleras—. ¿Ah? ¿Qué te pasó? —Reparó bien en el aspecto de su compañero—. ¡Estás completamente rojo! ¿Qué estuviste haciendo?
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—Nada
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—¡Mentira!
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—¡Solo necesito un segundo, ya voy! —exclamó y se metió al baño para refrescar su rostro. Esa muchacha haría que le diera un infarto si pudiera. Tomó su cabello con algo de impotencia; estaba cansado de sentirse así. Miró su reflejo en el espejo y se desconoció completamente. El tipo del espejo ¿realmente era él? Era patético. Recordó las palabras de Megu en ese momento. Supuestamente estaba brillando pero, ¿por qué él no lo veía?
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Volvió a observarse un poco más calmado, si ella quería jugar de aquella manera… él también lo haría.
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—¿Qué fue todo ese escándalo, Gil? —preguntó algo intrigada Megu. Ver salir corriendo a la pelinegra de ese modo le preocupó un poco.
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—Nada, solo es Subaru rojo como un tomate refunfuñando en el descanso de la escalera —comento quitándole importancia—. Se le pasará… supongo —rio a carcajadas—. ¡Tendrías que haberlo visto! Wow~ Ahome-chan está haciendo un gran trabajo con nuestro crio.
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—¡No le digas así, idiota! —Lo defendió para después reírse un poco—. Aunque sé que hubiera sido divertido verlo… Me alegra verlo así.
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De lejos Rose escuchaba bastante molesta la conversación. "Yo soy mejor jugadora que ella" murmuró. Como fuera, le ganaría a la azabache hipócrita. No era justo que a ella, quien se había fijado en el albino desde el primer día de clases, se lo arrebataran por mero capricho. Antes no se había podido acercar por el carácter que él tenía, pero al parecer esos arranques de ira se redujeron así que aprovecho la oportunidad para avanzar. Quería intentarlo.
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Esa misma noche, Ahome, se acurrucó en su cama intentando hallar un poco de paz. Quería estar completamente sola y pensar en todos los actos egoístas y estúpidos que había hecho. Se odió tanto por eso…. Se odió por tener miedo, por interesarse más de lo debido en Subaru, hasta el punto de intentar besarlo y sentirse tan bien con él. No debía quererlo de esa forma… ella no podía aun. Unas pequeñas lágrimas de impotencia resbalaron por sus mejillas. ¡Era injusto! No quería sentirse más de esa forma. Ella solo… quería que dejara de doler.
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FIN DEL CAPITULO 14 ¿Que les parecio? Dejenme sus comentarios :D ya voy a poner cosirijillas mas interesantes en el proximo e.e
¡Jane!
