¡Buenas minna-san! ¿como les va? he vuelto con una actualizacion del Aroma del encuentro (Un AU de Diabolik lovers) No puedo creer que haya pasado tanto tiempo, realmente lo siento. Pero para su tranquilidad... ya estoy terminando el proximo cap... ¡Todo esta en marcha!
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Los invito a comentar y darme sus opiniones en los reviews :D ¡Espero que lo disfruten!
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Muchas gracias a Marce por corregir mis horrores ortográficos (¿Que seria de mi sin ti? No lo se x'D)
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Disclaimer- Diabolik lovers no me pertenece.
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CAPITULO 15
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―Vete a la mierda ―dijo reacio y completamente dolido―, a ti no te intereso en lo más mínimo.
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Cada mañana se enfrentaban dos personas; la primera con ansias de descubrir y abrirse ante la segunda que solo deseaba con recelo lo prohibido mientras se cerraba cada vez más. El juego de miradas del que participaban se volvía culposo y más pecaminoso de lo que ya era. Ya no existía punto medio.
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Subaru, ante las dificultades que se le habían presentado con el trabajo práctico, quiso recurrir a Ahome aquella mañana. Obviamente tenia, también, otras intensiones por detrás.
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―Oye… ―robó su atención de aquel libro que llevaba días leyendo por puro placer―. Quería preguntarte algo sobre el trabajo que estoy haciendo ―ella simplemente asintió y él sacó debajo de la mesada los borradores en los que había estado trabajando para mostrárselos.
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―Te trabaste demasiado en esta parte ―señaló la muchacha. El mozo revoleó los ojos revelando lo obvio aunque la dejó proseguir con su análisis. A decir verdad desde aquella vez, cuando mordió su oreja ―tema que aún no pudo sacar a esclarecer― ella comenzó a actuar raro…
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―Pensé que tal vez podrías orientarme como la otra vez ―propuso intentando sonar convincente.
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―No.
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―¿Eh?
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―Lo mejor va a ser que vayan los dos a la biblioteca pública, ahí tienen del mejor material y una asistente que podrá ayudarlos mucho más que yo ―el albino no supo si el tono frío de voz que utilizo con él fue duro por el simple hecho lógico que ella remarcaba o por que se estaba desligando de él―. Realmente lo siento ―se disculpó juntando las manos―. No quiero que reprueben por una mala orientación mía.
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―Y-yo solo pedía tu opinión, no otra cosa ―contestó con algo de fastidio.
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―¿Te enojaste? ―frunció el ceño.
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―¿Por qué debería hacerlo? ―pregunto lo más adultamente posible. Ella lo observó con cariño y le sacó la lengua con burla―. ¡Eres una mocosa!
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―¡Como digas! ―Ahome le quitó importancia, acomodándose elegantemente en su asiento―. Sabes… ―se detuvo antes de continuar y se tensó por un momento,
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―¿Qué?
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―Tal vez… ―comentó en voz baja como si estuviera meditando bien lo que iba a decir―, mejor dicho… deberías aprovechar este sábado para ir con Rose a la biblioteca. ―reunió las hojas que le había dado el muchacho y las colocó cuidadosamente sobre la barra sin mirarlo―. Así pueden ir ganando algo de tiempo y de paso ―espesó―, se conocen un pocos más y se relajan antes de los exámenes ―Ideó.
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Sinceramente, Subaru no tenía ganas de andar perdiendo el tiempo con su compañera. Obviamente iba a hacer lo que debía pero quería compartir más tiempo con la mujer que tenía en frente. Titubeó en contestarle.
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―… No es una mala idea ―remarcó Ahome―. Aprovéchala.
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"No quiero" se trabó en sus labios. El muro de hielo se había levantado otra vez, marcando una abismal distancia que lo torturaba. La muchacha lo ignoró y volvió a su lectura.
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Al día siguiente la ojisvioleta no se presentó en el café sino su compañera de trabajo que cada vez hacía más actos de presencia del que debería. Había veces, cuando Ahome asistía, trataba de aplacarla lo más posible y como si la azabache no tuviera la menor intención de hacer algo al respecto, se quedaba en silencio.
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Un sabor bastante agridulce se agolpo en los labios del ojisrojos; estaba seguro de que no era su imaginación: la joven se estaba alejando cada vez más de él. Todos sus movimientos fueron sutiles, desde las pocas interrupciones que hacía mientras trabajaba hasta las casi inexistentes picaras sonrisas de las que tanto se afanaba. Cada vez que le sonreía era como si una pequeña chispa callera junto a brazas calientes, que con tan solo una pequeña ventisca se incendiaba.
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Cuando le preguntaba si se encontraba bien, ella solo señalaba su material de estudio y le recordaba que tenía informes que entregar. No había lugar para él en sus planes.
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Ese mismo sábado, como le habían sugerido fue con Rose a la biblioteca pública. La pelirroja se había vestido y arreglado como si de una cita se tratase. De camino al establecimiento los dos no cruzaron muchas palabras que digamos, Subaru se limitó solo a contestar lo correspondiente con el trabajo, aunque a decir verdad tampoco tenía su mente en ello.
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Con suerte, y con gran ayuda de la secretaria pudieron encontrar todo el material que necesitaban y encaminarse a la tarea a realizar. Se sentaron en unas mesas que daban con vista a un gran ventanal y por el cual a veces se le perdía la vista.
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―¡Esto de trabajar sin pausas es cruel, Subaru! ―se quejó la chica y posó su mentón sobre sus manos―. ¿Qué te parece si salimos a tomar algo? ―sonrió mirándolo con anhelo.
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―¿Ehm? De acuerdo, pero primero terminemos con esta parte. ―Estaba mal lo que estaba haciendo, debía concentrarse y quitarse de encima aquella tarea. La chica rezongó un poco pero siguió haciendo lo suyo hasta que se cansó y arrastró al albino, con libros y todo, hasta el exterior.
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―¡TSK! ―chasqueó la lengua y caminó sin darle mucha importancia a su compañía.
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―¡Subaru, mira! Acompáñame a ver esa tienda por favor ―suplicó arrastrándolo de su mano.
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El joven miró con cansancio el enorme edificio; era el centro comercial. Él no tenía problema en acompañarla, lo había hecho cientos de veces con su madre y hermanos pero no tenía ganas de pasar esa travesía con una persona tan exigente como Rose.
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―Solo una…. ―aclaró y la chica saltó en su lugar―, en la que te pasas a otra me voy. ¿Oíste?
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―¡Vamos! No te hará mal hacer un poco de sociales y comprar algo de ropa para ti también ―alentó mirándolo de arriba abajo.
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―¿Qué tiene de malo mi ropa? ―preguntó algo aturdido mirándose. La muchacha rio y tomó su mano con dos de las suyas. Por aquella ocasión, Subaru decidió cederle una pequeña sonrisa. Después de todo ella había intentado aguantar su mal carácter y ayudarlo con aquella materia.
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Rose le resultaba, muy de vez en cuando, odiosa. Siempre lo retaba cada vez que levantaba un poco el tono de voz y eso ya lo cansaba; no podía evitarlo. Sin embargo, solo por esa vez, se dejó guiar por el paseo de compras en el absurdo intento de desterrar por algunos minutos a la azabache de su mente. Se sentía mal por no comprender la situación y mucho más por tratar mal a la gente que lo rodeaba, no se lo merecían, tampoco la pelirroja.
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―Vaya… al parecer Mukami Ahome solo fue un interés pasajero. ―Mencionó Reiji mientras observaba cómo la muchacha arrastraba a su hermano menor al Shopping. Una risilla maliciosa se le escapó pero se detuvo con sorpresa cuando su acompañante pareció no escucharle―. ¿Qué sucede? Tú siempre dices que no te agrada que esa muchacha se le acerque tanto a Subaru ―resopló al no escuchar respuesta―. ¿Me estás escuchando, Kanato?
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―Es raro… ―murmuró para después desviar la vista a su celular―. Bueno, eso no importa ―mintió.
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―¿Cómo que "no importa"? Esa roba cunas no es apropiada para él.
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―Te dije que no me importa ―remarcó con fastidio―. Por otro lado… ¿Podemos irnos a casa ya? ―levantó las pesadas bolsas que había apoyado en el piso―. ¡Los brazos ya no me dan más y tú te das el lujo de pasearme con tu basura para todos lados! ―se quejó. El ojis magenta se había cobrado un favor que le debía Kanato desde ya mucho tiempo.
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―No es basura ―acomodó sus lentes con impaciencia―; te recuerdo que tus acciones fueron las que te tienen aquí ―
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―No hace falta que me lo recuerdes ―refunfuñó y comenzó a caminar hacia el automóvil de su hermano.
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¡Nunca más lo haría! El albino se juró nunca más acompañar a la pelirroja a un lugar así, lo estuvo paseando de un lugar a otro sin consideración alguna; llegó completamente exhausto a su casa. Dejó los pesados libros en su escritorio y acomodó todo lo más que pudo, tomaría un baño y se relajaría un poco antes de continuar con lo que debía.
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Se quitó la remera y reparó por un segundo en su móvil que reposaba en el mueble. Lo tomó y se dirigió a la galería; tenía unas cuantas fotos con la azabache que ella misma había tomado con su celular. No pudo evitar apreciarlas con cariño, ella era tan radiante y bella. Suspiró largamente y decidió probar suerte; le envió un mensaje preguntándole cómo se encontraba y se metió a bañar.
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¿Dejaría que el agua se llevara todas las preocupaciones? Intentaría no pensar en nada, aunque no prometía cumplir con ello. La calidez y la tranquilidad que sentía al estar con ella la echaba tanto de menos que dolía, la añoraba.
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Al salir del baño se encontró con Laito y Kanato hurgando en su habitación. El castaño lo saludó con un guiño de ojo mientras revisaba sus libros y el peli violeta se quedó inmóvil sobre su cama con el celular del albino en manos.
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―¿¡Pero que…!? ―exclamó Subaru.
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―Se ven muy lindos en esas fotos ~ ―canturreó el ojiverde―. ¿Por qué la aplicación de mensajes de texto tiene contraseña? ¿Qué es lo que no podemos leer? ―preguntó con malicia.
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Antes de que el albino le quitase el aparato de las manos y comenzar a discutirles, el peli violeta observó por última vez la imagen; estaban el menor con la escandalosa Mukami colgada de su cuello en el medio del parque que estaba a unas cuadras de su casa. Subaru estaba avergonzado pero aun así sonreía y ella solo se veía muy feliz. Entonces… ¿Por qué?
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El menor le quitó el móvil y le dio un vistazo a la imagen que estaban viendo, se sonrojó un poco e intentó mantener la calma. Revisó la casilla de mensajes y descubrió que ella no había leído el texto que le mando, inmediatamente su rostro se tiñó en desilusión y sus hermanos lo notaron.
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―¿Aun no son novios? ―indagó Laito nuevamente.
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―N-no… ―se sobresaltó el ojis rojos para después guardar el artefacto―. ¡Eso no les importa! ¿Qué hacen aquí?
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―Visita improvisada ―murmuró Kanato―. Eres muy lento, Subaru… ―espació―. También lerdo.
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―¡Kanato-kun qué cruel eres! ―lo reprendió el ojisverdes― Él se está esforzando. ¿No lo ves?
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―Es inútil –dictaminó.
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―Oye…
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―¿Por qué? ―refutó el mayor.
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―Es mucho esfuerzo para la persona equivocada –obvió levantándose de la cama, ya se estaba fastidiando.
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―¡Ahome-chan es perfecta para Subaru-kun y lo sabes! ―le hizo frente al ojis violeta.
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―¡Tsk! ¡Eso no lo sabes! Ya se va a dar cuenta de cómo es esa chica realmente, se va a cansar y la va a dejar de lado ―dictaminó subiendo el volumen de voz. El albino lo miró sorprendido, no esperaba que él reaccionara así. ¿De dónde provenía tanto odio?
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―¡Ya basta! –Los detuvo el implicado―. Yo seré el que diga si vale la pena o no. ¡Y ella no es un capricho! ―Aclaró―, yo realmente me enamore de ella, intenté evitarlo y no pude ―exasperó y fue hasta la puerta de su alcoba y la abrió―. Siento que voy a enloquecer y ustedes no hacen más que empeorar mis nervios ¡Largo! ―exclamó sonrojado a más no poder.
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La risa del castaño inundo el lugar y el albino comenzó a discutir con él. Kanato se lo quedó viendo unos segundos pensando en que los sentimientos de su hermano eran sinceros por más que los tratara de falsos. El único problema era la muchacha al parecer.
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―¿Quién era la chica con la que estuviste esta tarde? ―preguntó directamente. Los dos trillizos se caracterizaban por ser directos y sinceros, cada tanto hacían gala de ello. La pregunta que se mentalizó la terminó haciendo Laito.
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―¿Te refieres a Rose? ―Silencio fue la respuesta―. Fuimos a la biblioteca y después me arrastró por el Shopping ―recordó con hastío―. Esperen… ¿Cómo saben eso?
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―Ese no es un detalle de importancia ―simplificó el mayor―. Lo importante es que estás engañando a Ahome-chan ―el albino puso los ojos en blanco. ¿Por qué todos pensaban lo mismo?―. ¿Aun no te decides?
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―Mira… ―
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―La cara que pusiste cuando miraste esa foto me da a entender que algo está mal ―interrumpió el más bajo.
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El implicado pareció pensar seriamente lo dicho. Tenía razón, estaba en una situación completamente incierta. Incluso el ojisverde se compadeció un poco por su hermano, lo habían visto esforzarse como nunca antes con esa muchacha y no estaban viendo resultados de eso.
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―Bueno~ ―canturreó Laito―, supongo que si estuvieras tan "mal" esa tal "Rose" no se hubiera fijado en ti.
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El ojis rojos espesó en aquello; Megu le había dicho exactamente lo mismo pero con otras palabras "Estás deslumbrante, Subaru-kun" aunque eso… no resolvía su problema. Kanato observó a su hermano y supo que ya era suficiente, se retiró sin más que decir, siendo seguido por Laito que al parecer tenía algo en manos.
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―Los hermanos existen para dar empujoncitos ¿Verdad, Kanato-kun?
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―Hmpf…. ―suspiró y acomodó su impecable ropa ―desgraciadamente sí.
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Esos días, con la esperanza de encontrarla en su camino de vuelta a casa, recorrió despacio el parque por el cual solían cruzarse. Sin embargo eso no sucedió. A parte de eso, la azabache, había vuelto irregular su asistencia a la cafetería, al contrario de Rose con quien "sorpresivamente" si se había topado en su camino. La suerte parecía haberlo abandonado.
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Los mensajes se los contestaba mucho tiempo después de habérselos enviado, como el del otro día. Lo respondió al día siguiente con una fotografía de ella y un Yuma aparentemente engripado "Lo siento, Subaru, no poder ir hoy. Estoy haciendo trabajo comunitario en mi casa" con esa misma excusa trató de justificarla pero aun así….
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Además de eso ya no hablaban como antes, ni aunque se viesen. Incluso le pareció sumamente extraño que haya rechazado la invitación de su madre a una cena. Christa tenía el número del móvil de Ahome desde que la conoció y de vez en cuando se enviaban texto, así que aprovechó para invitarla y animar a su hijo que estaba bastante decaído. "Tal vez está muy ocupada" justificó su progenitora.
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De lo único que estaba seguro es que cada vez se sentía más solo y dolido. Le pareció tan lejano aquel tiempo en el que ella era una desconocida y nunca hacían más que compartir saludos. Le aterró que volvieran a eso, no podía ni imaginárselo, la sola idea era inaceptable.
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Una tarde, en la que no tenía que asistir a clases, cargó sobre su espalda su guitarra y comenzó a caminar. Tal vez se detendría en algún lado para tocarla con tranquilidad, así podría despejarse un poco. Sin saber exactamente cómo, se encontró a unos metros de la casa de la azabache. "¿¡Qué mierda!?" Al parecer era más estúpido de lo que creía. "¿O no?", se lo cuestionó por un momento pero… tenía razón. No podía ni quería seguir sin respuestas como un imbécil mocoso obediente. Se repitió, en aquella esquina, varias veces que tenía razón. Aun así, a su vez, era cierto que no podía obligarla a quererlo como él lo hacía con ella.
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―¿Hay algo interesante en esa cerca, Subaru-kun? ―preguntó una voz conocida detrás de él. Inmediatamente se giró y se encontró a una persona que no esperaba volver a ver.
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―¿Nana?
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―Wow~ recuerdas mi nombre. ¡Eso es bueno! ―Señaló. El menor solo lo llamaba por ese apodo porque no conocía su verdadero nombre, no es que le tuviera confianza sin embargo sabía que era uno de los mejores amigos de Ahome―. ¿Qué te trae hasta acá? ―fingió ignorancia con una sutil sonrisa inquisidora; obviamente lo sabía. Subaru no estaba de humor para esa clase de juegos y al parecer se notó en su rostro―. Te comprendo… ―mencionó en un suspiro―. Ven, vamos a dar una vuelta.
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El joven comenzó a caminar y el albino lo alcanzó rápidamente. Se dedicaron a caminar hasta llegar a una para de bus; todo en absoluto silencio. Incluso tomaron el transporte público hacia una ruta desconocida.
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―¿A dónde vamos? ―indagó finalmente.
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―¿Hm? ¿No lo sabes? Yo te seguía a ti ― Nana palideció al decirlo y por un momento el ojis rojos le creyó―. ¡Es una broma! No te enfades ―intentó apaciguarlo cuando lo vio fruncir el ceño―. A decir verdad, llevo tiempo queriendo hablarte…. ―murmuró llamando la atención del contrario, que calmó su expresión―. Tú realmente le estás teniendo paciencia, muchas gracias ―sonrió.
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―¿A qué te refieres exactamente? ―aunque trataba de mantener el ambiente, estaba algo exasperado; siempre le hablaban en una especie de códigos indescifrables que para cuando los develaba ya era demasiado tarde.
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―Bueno… ―rascó su nuca―, en realidad no puedo decirte mucho pero… si me acerque a hablar contigo es porque considero que eres una buena persona ―el muchacho miró a un punto indefinido―. Sé que te gusta mucho Ahome ―dijo pausadamente―, todos lo sabemos. Incluso sospechamos que ya estás enamorado de ella.
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El Sakamaki enrojeció y la juguetona sonrisilla de su acompañante le pareció una especie de canto fúnebre.
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―¡Es obvio! Tu rostro… ¡No! Mejor dicho tus ojos, lo dicen todo. ―exageró posando una mano sobre su hombro logrando que el chico se exaltara y respirara hondamente tratando de calmarse―. Y eso que no he mencionado tu actitud, que es sumamente debeladora. O sea… si querías ocultarlo fallaste totalmente desde el principio, amigo ―rio.
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―Y… ¿Y ella? ―preguntó a duras penas, yendo al punto más importante e ignorando a duras penas sus comentarios.
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―¿Te refieres a si "lo sabe"? ―Asintió―. No lo sé ―mintió, en realidad lo sabía pero no con certeza.
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―¿Cómo que no lo sabes? ―reprochó y el contrario le pidió que bajara el volumen de voz.
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―La realidad es esta; ninguno de nosotros sabemos "Nada" ―acentuó―. Está claro que no le eres indiferente y que percibió tu…. ―titubeó―, "acercamiento" como algo más. ¿Puedes seguirme la corriente? ―preguntó ante la duda en los ojos del joven―. Pero, no puedo decirte más porque no sé qué piensa hacer ella; es complicado.
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―¿Qué es complicado?
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Ante la pregunta, Nana, lo observó con nostalgia e incluso con un poco de pena. Realmente, la persona que tenía en frente, no era un mal muchacho. Se notaba a millas que estaba perdidamente enamorado de su amiga y que la quería en serio; la felicidad que había mostrado últimamente Ahome lo demostraba.
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―Eres un buen muchacho Subaru-kun, y la verdad es que desde las sombras te apoyo, incluso si significa ponerme en contra de mis mejores amigos pero… avanzar o no dependerá de los dos. Por eso mismo agradecí tu paciencia, Ahome no está pasando por un buen momento como te diste cuenta. ―hizo un breve silencio y le indicó que debían bajar del bus.
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Caminaron unas cuadras en silencio; Subaru no sabía que decirle, se había percatado del estado de la azabache pero no podía acercársele.
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―Gracias ―murmuró sacando a Nana de su ensimismamiento―, por contarme eso ―se detuvo y lo miró a los ojos. El contrario distinguió determinación en ellos―. Realmente a veces no sé qué hacer –confesó―, pero… no quiero alejarme de ella.
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Nana palmeó su hombro nuevamente y admiró por un momento al joven que tenía en frente, se daba cuenta del porqué del interés de su amiga en él.
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―¡No hay de qué! Yo te ayudaré desde las sombras lo más que pueda, como un ninja ―señaló juntando sus manos y el albino lo miró incrédulo―. Bueno~ aparte de todo esto… mi intervención venía con una petición, espero que puedas hacerlo… ―guiñó el ojo y señaló a una persona que venía caminando a lo lejos―. Tenía pensado acompañarla un rato para animarla pero ando corto de tiempo ―observó con apuro la muñeca donde no tenía el reloj―. ¡Gracias! ―dijo sin esperar respuesta y huyó.
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―Vaya… esto sí que es una sorpresa. ¿Qué te trae por aquí? ―preguntó la joven acomodando su bolso.
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―Vine a que me escuches ―sentenció el muchacho girándose para que lo siga―, y lo harás quieras o no.
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A pesar de la mala forma, la azabache no pudo negarse, lo siguió hasta una cafetería cercana, donde tomaron asiento y recién cuando les llevaron el pedido se dignó a mirarla para hablarle.
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―Creo que es fácil deducir él porque estoy aquí.
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―Siendo tú, en realidad no me queda tan claro.
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―No te hagas la estúpida ―endureció su tono de voz y respiró hondamente―, no vine a discutir. Solo quiero que me contestes un par de cosas.
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―¿Qué quieres saber? ―dijo algo incomoda.
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―Después de que termine el Brownie comenzamos ―dirigió su mirada hacia el dulce, degustándolo primeramente con la vista para después tomar un pedazo con un tenedor.
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―Esa no es mala idea, Kanato. ―convino Ahome.
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De todas las personas que podrían llegar a hacerle una "visita" nunca se esperó al peli violeta. Sabía que no la soportaba mucho que digamos y además no estaba de acuerdo de que como era "toda" ella. Así que fue extraño verlo esperándola a la salida de la facultad. Lo detalló con los ojos y supo que no se encontraba de buen humor, comía a mordiscos caprichosos y le dedicaba miradas despectivas.
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Él estaba bastante molesto con ella por el solo hecho de hacer que su hermano sufriera de esa manera. No merecía que lo traten así, por eso decidió hacerle una visita para acomodarle sus ideas. Él era impulsivo, no tenía paciencia y definitivamente no era nada amable cuando se lo proponía.
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―Sabes… no tengo todo el día~ ―canturreó llamando su atención.
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―Yo tampoco ―remarcó―, creí que comenzarías explicándote ―refutó limpiando con una servilleta su boca.
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―¿Explicando que? –contradijo y el peli violeta puso los ojos en blanco―. Si no eres especifico, ¿cómo podré comprenderte? ―dijo algo exasperada.
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―Ese es el mismo problema que tienes tú, ¿no lo crees? ―Remarcó―. Tú… no eres específica. ―el ambiente se tensó, evadió por un momento su mirar y se sintió mal por eso; ella no era así―. ¿Cuáles son tus intenciones con Subaru?
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El silencio reinó en la mesa por un minuto, no iba a contestarle eso al parecer. De ese tipo serían todas las preguntas, era obvio. Kanato suspiró entrecortadamente, tratando de mantener su cabeza fría.
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―No tengo malas intenciones ―dijo finalmente.
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―¿Eso es cierto? Tu comportamiento dice lo contrario.
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―¿Cuál? ―interrumpió sin paciencia.
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―Ya te dije que no te hicieras la estúpida. ¿Por qué lo haces? ―Endureció el tono de su voz apretando los dientes―. Que Subaru sea un mocoso no significa que debes tratarlo como tal ―dijo con fastidio―. ¿Qué es eso de ignorarlo de esa forma tan cruel? ―la mirada de la joven se ensombreció por la dura realidad―. De prestarle atención cuando solo estás de humor o dejarle de hablar de la nada ―levantó los brazos con exasperación ―Gil me contó que incluso le sugeriste intentar algo con la estúpida pelirroja esa. ¿¡Qué rayos tienes en la cabeza!?
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―Yo solo quiero lo mejor para él ―murmuró.
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―¿Y lo mejor es una idiota que no soporta su forma de ser? ¡Por favor! Si no te gusta ve y díselo de una vez ―levantó más el volumen de voz―. No seas una maldita perra haciéndolo sufrir hasta el final.
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―No haré eso, por ese motivo me comporto como lo estoy haciendo ―se justificó secamente―. Yo no soy lo mejor para él.
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―¿Ah? ¿De enserio escuché eso? ¿Tan engreída eres para decidir qué es lo mejor para quién? ―refunfuñó.
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―¡Tsk!
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―Solo estás jugando con él porque sabes que está enamorado de ti.
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―¡Ya basta! ―gritó cerrando los ojos y causando que la gente los mirara más que antes. Respiró tratando de acomodar sus ideas y acomodó su cabello. Abrió los ojos y observó la expectante mirada del peli violeta―. Yo no soy esa clase de persona. Yo… ―susurró―, quiero más de lo que te imaginas a tu hermano, por eso no quiero que pierda su tiempo con una persona como yo. ―le dedicó una mirada llena de decisión y tristeza―. Como tú tienes tus motivos, yo también tengo lo míos; solo pido que trates de entenderlos sin alterarte.
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―¿Tanto te cuesta dejar de fingir? ―preguntó sinceramente y se terminó el poco café que le quedaba.
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―Tengo algo que solucionar antes de cualquier cosa, mientras tanto yo…
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―¿Lo subestimas?
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―¿Hmm?
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―¿Crees que Subaru se ira así como si nada? ―aquella pregunta le estrujó el corazón. Deseó fervientemente que no, pero aun así, lo comprendía si lo hacía.
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―Si él fuera esa clase de persona… no me costaría tanto alejarme ―confesó, sonriendo con pena.
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Kanato sintió que no podría recolectar información suficiente, las migajas que ella le dio son lo único que tenía. Pidió la cuenta y la pagó completamente sin dejar que ella si quiera sacara la billetera. La observó y lo supo; no era una mala mujer, solo era estúpida.
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―Deberías darte una oportunidad… ―le dijo antes de irse. Le pidió que no le contara a nadie de su visita, ella no dijo lo mismo solo asintió. Darse una oportunidad a sí mismo a veces es muy difícil―. Estúpida.
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―Por fin coincidimos en algo… ―asintió con algo de culpa―, a veces pienso que es inevitable ―le sonrió melancólicamente al joven―. Varias cosas son inevitables.
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El trillizo no comprendió para nada a la chica. Es más, cada vez lo confundía más; era rara a su manera y quizás esa rareza era la que tenía idiota a su hermano. ¿Qué le iba a hacer?
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―La próxima vez que me hables así no esperes que sea tan "pasiva".
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―Espero no tener que charlar de esto "la próxima vez".
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Él se fue y ella decidió esperar a que pase un poco más de tiempo antes de irse. Necesitaba no pensar en nada. Observó a los peatones cruzar las calles, caminar rápido o lento, felices o amargados, uno tan distinto de otros. Tomó su abrigo y decidió retirarse para poder realizar aquel trámite importante.
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Al finalizar, salió del bufete de abogados un poco más tranquila. Camino sin prestar mucha atención por las calles de aquel barrio. Ahora debía de tomas el bus, estaba bastante lejos de su casa y luego de la charla con el peli violeta había quedado algo cansada. Eran alrededor de las 16:30 hs de la tarde. Hacía frio pero no se sentía mucho debido a que no corrían ráfagas de viento, era una linda tarde de invierno.
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Cerró los ojos y giró en su propio eje para después seguir caminado. A veces le gustaría mandar todo a la mismísima mierda, que no le interesara nada y pudiera ser feliz a su manera. Olvidó todo eso por un segundo y sonrió, al sentir una juguetona ventisca volaba con gracia su cabello. Iba a mejorar las cosas. Abrió los ojos y miró el camino de sus pies, debía seguir caminando hacia lo que quería. Solo eso.
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Al fijar su mirar en frente distinguió una figura masculina, dio unos pasos más rápido y su corazón dio un vuelco a descubrir quién era. Subaru estaba caminando hacia ella, clavando sus rubíes ojos en los suyos, apreciándola y quitándole el aire como siempre. Titubeó por un segundo, sin embargo la tímida sonrisa de él la obligó a quedar en frente suyo. Eso sí que era una sorpresa.
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No pudo evitar quedar presa de sus ojos, él le complicaba tanto las cosas.
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―Hola ―musitó él.
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―Hola… ― despegó con pensar los labios.
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Subaru sintió la impiedosa necesidad de explicar su "coincidencia", apretó la correa de su guitarra y su cerebro pareció encenderse.
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―Yo… andaba por aquí ―mencionó.
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―Eso veo ―respondió ella acomodando su cabello―. ¿Trajiste a arreglar la guitarra por aquí? ¿Ayato la rompió otra vez?
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―¡No! Esta vez… ―recordó con pesar―. Dejando eso de lado, ¿qué haces tú por aquí? ―Preguntó y ella pareció incomodarse.
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―Daba vueltas por aquí también.
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―En ese caso, ¿por qué no damos vueltas juntos? ―La invitó extendiéndole la mano. Ahome lo miró como si no lo comprendiera. Ante su mutismo sus mejillas se coloraron y no le quedó de otra que tomar la mano de la azabache y tirar un poco de ella para que reaccionara―. Solo será un rato… ―aclaró sin dejar de verla―. Hace días que no te veo ―dijo algo inquieto. Se dio la vuelta y entrelazó su mano con la de ella y comenzó a caminar. La azabache se posicionó automáticamente a su lado al apurar un poco sus pasos. No pudo evitar sonreír. Afianzó un poco más su agarre haciendo que un pequeño escalofrió recorriera el cuerpo del albino―. Te eche de menos… ― susurró acariciando su mano con su pulgar. Casi murió de vergüenza. Quiso decir "te extrañé" pero solo le salió de la más estúpida manera posible. La observó de reojo y pudo apreciar sus mejillas encendidas y sus preciosos ojos violetas mirando con pena hacia delante.
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―Yo también… te eché de menos… Subaru.
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Caminaron sin rumbo hasta un parque desconocido, este contaba con su pequeña laguna y varias casetas. Aun así decidieron posicionarse en un banco con vista al agua. Cuando Subaru soltó a Ahome sintió la gran ausencia de su calor; así se sentía cada vez que ella lo ignoraba. Tenía miles de preguntas que hacerle, ninguna de ellas salió a flote. Solo tomó su guitarra y comenzó a rasquetear una tranquila melodía que fue acompañada por el tarareo de ella. A veces eran así; se entendían sin decirse nada, se querían en silencio. Un silencio que quitaba todas las dudas pero cuando la realidad golpeaba se volvía tenebroso y cruel.
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―Creo que si te pusieras a tocar en el metro te dejarían unas cuantas monedas ~ ―bromeó ella balanceando sus pies al ritmo del punteo.
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―¿Te parece? ―rio el por la absurda idea―. ¿Cuántas monedas me dejarías tú?
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―¿Hmm…? ―se mostró pensativa y una pequeña sonrisa inquisidora adornó sus labios―, te dejaría unos cuantos billetes, quizás… o…. ―se detuvo y dejó escapar una pequeña risilla.
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―¿O qué? ―indagó Subaru.
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―Nada ―quitó importancia haciéndose la desentendida.
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―¡Vamos! ―Su tono de voz era juguetón―. Dime.
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―Te presentaría a algún representante de un bar, como al que me llevaste, y lo convencería de que te contratara ―planeó―. Te iría a visitar todas las noches de los fines de semana para alentarte y quizás compartir una deliciosa pizza contigo ―saboreó la palabra pizza muy babosa―. Luego cuando te hicieras famoso y tus admiradoras formen tu club de fan me presentaré y diré "¡Yo lo vi primero!" ―rio y el albino alzó una ceja y la miró con algo de burla―. ¿Qué?
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―"¿Yo lo vi primero?" ―Sonrió y ella tartamudeó―. ¡Tienes mucha imaginación! ―Rechistó―. Yo tocaría siempre para ti aunque no me dejases ninguna moneda ―fue sincero. Lo dijo tan convencido y contento que sus propias palabras estrujaron su corazón. El calor se agolpó en sus mejillas y contuvo el aire cuando ella se mostró sorprendida.
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Daba un paso para adelante y dos para atrás. Ella se removió en su lugar y pareció querer decir algo, sin embargo sus posibles palabras murieron en sus labios. Subaru guardó la guitarra en su funda y miró el panorama.
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―Yo no miento… ―murmuró y ella lo miró de reojo ―siempre tocaría para ti. ―se giró y le dedicó una sonrisa tierna que demostraba el gran afecto que le tenía.
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Ahome respiró hondamente.
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―De pequeño ―murmuró para su sorpresa, ella no dejaba de verlo intensamente, incluso juró que le quitó el aire con tan solo observarlo así―, te hicieron disfrazar de conejo para una obra escolar ―soltó y él se alteró.
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―¿¡Eh!? ―Se sonrojó a más no poder―. ¿Cómo es que…?
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―Ahora quiero reclamar mi premio ―sentenció interrumpiéndolo y se dio vuelta para revolver su bolso.
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―¿Ahora?
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―Ahora.
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¡Rayos! ¿Pero cómo era posible? ¿Porque le saltaba con algo como eso ahora? La joven se acercó a él con lo que parecía ser un marcador indeleble en mano. Rayos, rayos, rayos. Subaru se maldecía una y otra vez. Esto no podía ser más que obra de sus hermanos y madre.
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―Debes seguir mis instrucciones al pie de la letra. ¿Entiendes? ―murmuró macabramente.
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―Si vas a hacer lo que creo que harás ―ella sonrió con complicidad ―que el "mensaje" no sea tan "fuerte"
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―Descuida, cuidaré tu integridad física.
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Estaba perdido. Ella le indico que se quedara quieto, con su mano giró su mentón hacia ella y apreció el momento en el que destapaba el marcador. Maldita sea.
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―Hora de pagar ~ ―canturreó con pura malicia. En ese momento era el demonio personificado en una mujer torpe y de baja estatura―, cierra los ojos.
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Se imaginó caminando hacia su casa con la cara escrachada en garabatos e insultos sin sentido; sería una humillación total. Respiró tenso al sentir la punta del marcado en su pómulo.
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La escuchó tararear tanteando el dibujo que planeaba hacer hasta que se detuvo. Sintió un intenso calor debajo de su labio inferior, justo en la comisura de este, Ahome, había depositado un suave beso ahí. Retiró su boca, casi imperceptiblemente, y volvió a apoyar su piel contra la suya. Sus labios comenzaron a besar los contornos de los de él pasándose del límite muy a menudo, haciendo más que rozar sus bocas.
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Subaru no quiso abrir sus ojos, estaba petrificado, el corazón le galopaba a no dar más, y todo su cuerpo hormigueaba. Respiró entrecortadamente. Sintió como ella se amarraba de su chaqueta con fuerza, como si quisiera controlarse. Pero sus movimientos indicaban todo lo contrario. Hizo un ademan de bajar un poco más la cabeza para poder concretar aquel encuentro, sin embargo ella dejó de acariciarlo de aquella forma y murmuró pegada a él en un tono suplicante: "Te dije que no te movieras".
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El joven la tomó de la nuca y juntó de una vez por todas sus bocas. La sintió estremecer y aferrar sus brazos a su cuello al mismo tiempo que él la rodeaba con los suyos. Beso suavemente sus labios. Estaba fuera de sí, se sentía en otro mundo, su pecho ardía y su ser la ansió más al estremecerse por completo. Ella no pareció estar mejor que él pues se entregó por completo al momento, y aún más cuando Subaru mordió su labio inferior para que le permitiera explorar más. Escuchó un jadeo provenir de ella y un gruñido resonar en su propio cuerpo.
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Era una mezcla rara: era tierno, intenso y demostraba una necesidad intensa por el otro.
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Se separaron por un momento, en busca de algo de aire. El albino apoyó su frente contra la de ella mientras trataba de recuperar el aire, no quería que se escapara. Sentía que si la soltaba no volvería más. Abrió los ojos y la descubrió colorada y agitada; estaba hecha un maravilloso espectáculo. Sonrió y acarició tiernamente sus mejillas mientras le daba pequeños besos en los labios. Deseaba seguir así… siempre. La amaba demasiado como para dejarla ir.
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Sintió sus dedos húmedos y se detuvo a comprobar que unas pequeñas lagrimas se escapaban de sus cuencas violetas que lo observaban con puro anhelo. Sorprendido y muy a su pesar, decidió darle algo… de espacio. Limpió sus lágrimas con el dorso de su mano y besó su frente. Tomó muy poca distancia y agarró sus manos para que supiera que él seguía ahí. Ella dejó de verlo y dirigió su mirada hacia abajo. Apretó con fuerza sus manos, titubeó un segundo pero se lanzó a su pecho. Lo abrazó como si su vida dependiera de ello o como si no quisiera despertar de un hermoso sueño y se quedó ahí unos minutos mientras el acariciaba su cabello y espalda.
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La sintió destensarse de a poco entre sus brazos, apoyó su cabeza contra la de ella y trató de hacer lo mismo. No podía creer lo que estaba pasando. Al fin… después de tanto imaginarse esa situación, de soñarla e incluso anhelarla, la había besado. Y no se arrepentía para nada de ello. Suspiró pausadamente y notó que el marcador estaba tirado en el suelo. No sabía que se le estaba pasando por la cabeza a Ahome, en ese preciso instante, pero lo agradeció. Él… quería estar con ella y si eso requería su tiempo y trabajo, esperaría e insistiría lo que hiciera falta.
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Lentamente la joven se soltó de él; el calor estaba yéndose.
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―Te… ―murmuró en un tono de voz ronco―, te dije que no te movieras… idiota ―vociferó apenada.
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―Lo siento… no pude evitarlo ―se sinceró, el también sentía que ardía―. Si quieres puedes cobrarme una multa ―no sabía que decirle quería que lo mirase. Tomó con delicadeza su barbilla y levantó su cabeza para poder encontrarse con esa mirada que tanto amaba. Sonrió con toda la calidez que creyó poseer al verla completamente apenada; era bellísima. Se notaba que estaba confundida pero que aun así no se arrepentía de lo hecho y eso era más que suficiente para él.
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No quiso presionarla más, al parecer ella no diría nada más. Una pequeña ráfaga de viento la hizo temblar y se dio cuenta que la temperatura había descendido. Se agachó y recogió el marcador; al final no le había dibujado nada. Sonrió para sí mismo, tenía unas cuantas cosas que decirle cuando ella estuviera menos "así". Realmente se sintió muy afortunado. Se lo devolvió y ella lo guardó con algo de prisa.
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―Vayamos a casa… ― murmuro él.
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Ahome obedeció y siguió con él, tomada de la mano, todo el camino hasta la parada del Bus. En cuanto subieron se sentaron juntos y Subaru pasó su brazo sobre el hombro de ella para frotarlo; estaba fría. Sin esperar lo que siguió, ella apoyó su cabeza contra el hombro de él y cerró los ojos.
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―Te multaré con intereses… ―comentó en voz baja y el albino rio divertido.
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―¿Puedo pagar en cuotas? ―dijo sonrojado pero muy, muy feliz.
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―Estúpido… ―vociferó con algo de fastidio―. ¿Quién querría endeudarse de esa manera?
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―Yo.
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―Es por eso que eres idiota ―hundió aún más su cabeza en su pecho.
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El Sakamaki pensó que no podía verse más hermosa. Aun así sintió que le hacía falta decirle algo más, repitió muchas veces las palabras en su mente y después de bajar del Bus y estar a una cuadra de la casa de la azabache lo dijo.
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―Ahome ―la llamó y ella se giró a verlo y se armó de valor―. No sé qué sea por lo que estás pasando ―mencionó y su semblante se ensombreció un poco―, pero aun así… yo siempre estaré para ti; recuerda eso ―dijo con determinación. Ahome apretó su mano, él sabía que le costaba bastante lo que fuera que estuviera procesando. Así que sin querer presionarla y con todo el cuidado posible le dio un pequeño beso en la frente―. Y nunca lo olvides ―dijo expectante.
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Ella le sonrió tiernamente y negó con resignación.
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―Sabía que eras una caja de sorpresas, pero no creí que tanto ―reflexionó―. Incluso tienes lados como este ―menciono sonrojada. El joven no pudo evitar volver a sonreír.
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Subaru creyó, fervientemente, que a partir de esa tarde todo marcharía absolutamente bien. Es más cuando la dejó en su casa no le importó que sus primos lo observaran de forma reprobatoria. ¡La había besado! Y realmente no había sido un sueño. Así que ni siquiera los impropios de Yuma pudieron derrumbar su moral. Ella se despidió quedamente y se metió a la casa; había sido suficiente por ese día.
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Él se volvió caminando, totalmente embobado, infló su pecho con orgullo y se felicitó por haber sido tan perseverante; ella lo valía. Ahora solo tenía que acompañarla mientras superaba aquella dificultad que no le permitía ser clara.
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Al llegar a su hogar, seguía algo ido y eso fue percibido por el séptimo sentido de su madre y hermanos. No les dio oportunidad a comenzar a hablarle, solo se metió a su cuarto, se duchó y se tiró a la cama. Faltaba poco para la cena; sabía lo que vendría. Cerró sus ojos, rememorando aquel instante, y respiró hondamente. Una pequeña sonrisa surcó sus labios con tranquilidad y se tuvo fe.
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Sin embargo, las cosas a veces no van como uno lo planea ni mucho menos los sentimientos de una persona son predecibles. Ahome no se había presentado a la cafetería en días, respondía sus mensajes de manera concisa y sin lugar a más dialogo. Las puertas se cerraron, hacía frio y el tararear de la desesperación se divertía visitándolo en momentos inesperados.
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"Quiero lo mejor para ti, siempre lo querré, Subaru" le escribió en una ocasión cuando le preguntó si se encontraba bien.
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―¿Así que eso te escribió? ―murmuró Shuu, hurgando en su móvil. Él tenía la habilidad de percibir los cambios rápidamente, así como si nada se dio cuenta de que algo había cambiado en su hermano. Habló con él y dedujo que algo había pasado con la azabache. Subaru murió de vergüenza pero le contó lo que había ocurrido al rubio. Ahora se encontraban en su departamento; no quería estar en casa―. Es una idiota ―confirmó―. En eso es parecida a Ayato, terca como ella sola.
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―Aun así me parece raro ―simplificó.
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―No es que te parezca raro ―comentó―, te sientes herido por su actitud, solo eso.
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―¡TSK! ―rechistó y maldijo por lo bajo. ¿Cómo podía ser posible que ocurriera eso? No sabía cómo acercársele.
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―¿Entonces?
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―¿Qué?
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―¿Seguirás insistiendo? ―preguntó con pesadez.
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―¡Por supuesto que sí! ―afirmó con convicción. Shuu revoleó los ojos y suspiró.
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―¿Sabes que por algo te envió ese mensaje, verdad? ¿No consideraste su opinión?
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Subaru pareció pensarlo por un segundo pero al otro supo que ella era lo que quería de todas formas.
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―Aun así… quiero estar con ella ―confesó mirando sus manos. La extrañaba y mucho.
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―Eres un caso perdido ―dijo el rubio resignado―. Bueno… ella también lo es; no hay problema más que ustedes mismos supongo. ―Lo miró por un momento con seriedad―. Solo espero que puedas aceptar lo que sea que vaya a suceder.
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"Por más que lo leo no lo entiendo. Me cuesta mucho esa porquería" ese había sido una de las pocas charlas que habían tenido. Ahome recordó que esa materia la tuvo uno de los primeros años de su carrera, así que revolvió sus apuntes y libros y preparó todo para dárselos a Subaru. "Con esto debería estar bien" pensó. Observó con pesadez la bolsa que preparó. "Qué mentira, todo está terriblemente mal" se dijo. Era una idiota.
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Su corazón se estrujó con fuerza, por más que quisiera alejarse de él, no podía hacerlo completamente. Ella no era el tipo de persona que el merecía, aun no podía superar lo ocurrido el último año de secundaria; aún tenía miedo.
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El albino era completamente diferente pero aun así… su propio juicio le jugaba en contra y ponía una barrera abismal entre los dos. Lo extrañaba y a horrores. No se arrepentía de lo hecho; deseaba con todo su ser besarlo, es más cuando lo recordaba volvía a sentir esa calidez que la embriago. Nunca nadie la miró como él lo hizo; la devoró y degustó por completo. ¡Rayos! Necesitaba tiempo, sin embargo eso era lo que menos tenía, lo estaba arruinando absolutamente todo.
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Decidió que sería una buena amiga por el momento y le llevaría lo que necesitaba. Lo haría a la hora en la que más ocupados estaban en la cafetería para hacer todo más rápido. Huiría como una cobarde nuevamente.
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Fue como todas las mañanas a la universidad y en el cambio de hora se dirigió a "Coffee Break". El salón estaba completamente lleno, bien, entró rápidamente y saludó a lo lejos a Gil que la observó con extrañeza. Fue hasta la barra y se encontró a Megu.
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―¡Buen día Megu! –saludó con una gran sonrisa y esta se la devolvió―, vengo a dejarle esto a Subaru ―señaló la bolsa que tenía en manos―. Se ven que están ocupados y más tarde no podré pasar así que…
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―Puedes entregárselo tu misma ―se giró al escuchar la voz masculina―. Subaru está atrás ―aclaró.
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―Jefe… ―dijo algo sorprendida.
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―Hola Aho-chan, disculpa que me haya metido pero me gustaría pedirte un favor ―juntó sus manos en forma de petición―. Ese chico realmente está en problemas, por favor ayúdalo, atrás van a estar tranquilos; nadie los molestara.
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―Pero…
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―Aho-chan ―la llamó Megu―. Solo ve con él, por favor… Subaru te necesita.
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Los ojos de Ahome se abrieron en sorpresa, el mensaje del jefe y de su empleada tenían un doble sentido; lo sabía. Aun así se encaminaría a aquella situación dolorosa.
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―Espera un segundo aquí ―dijo el hombre mayor y a los dos minutos estaba de vuelta con una gran sonrisa en la cara. La azabache miró de reojo a Jennifer que largaba vapor por el arduo trabajo que estaba realizando… extrañaba esas mañanas acompañadas del ruido de ella―. ¡Ya está listo! Te está esperando atrás ―la dejó pasar detrás de la barra y le dio un pequeño empujoncito―. Ve, ve.
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Ahome caminó, casi sin aire, por el largo pasillo, al encontrarse una puerta la abrió y se dio paso hasta el albino.
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―Disculpa todo esto ―fue lo primero que él dijo. Se había sacado el delantal y el chaleco. En el centro de la habitación había una mesa y unas cuantas sillas, supuso que era ahí donde estudiarían.
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Los ojos de Subaru destilaban ansiedad y cariño; ella no se merecía eso. Tragó en seco y se acercó a él que se había levantado para recibirla.
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―No pasa nada…. ―simplificó acomodando su cabello.
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Ella estaba ahí con él, sentada a una distancia torturante, que lo quemaba y al mismo tiempo lo congelaba. Sentados uno al lado del otro, Ahome comenzó a explicarle en base de sus apuntes y de los de él. La joven parecía evitar mirarlo de frente, aun así el no dejaba de verla, la extrañaba tanto…
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Interactuaban para aclarar dudas y hacer acotaciones, nada más. La Mukami apoyó la mano sobre la mesa y el muchacho tuvo el impulso de querer tomarla de solo recordar lo cálida y cariñosa que podía ser. En un suave movimiento lo hizo, apoyo su mano sobre la suya y la acarició por un momento. Ahome bajó la mirada sin animarse a verlo, petrificándose por un segundo, apretó fuertemente sus ojos y se deshizo lo más amablemente posible se su tacto.
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Él se sintió, de cierta forma, traicionado y herido pero aun así trato de mantener la calma, quizás la había incomodado.
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―Lo lamento ―no recibió respuesta; sintió frio―. Ahome… ―la llamó queriendo que por lo menos se dignara a mirarlo pero no lo estaba consiguiendo―. Me gustaría poder escucharte y acompañarte por lo que sea que estés pasando ―mencionó―. Por favor no me apartes así.
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La vio contener el aire y se giró completamente a verla, posó su mano sobre las suyas que sujetaban fuertemente la tela de su falda. Estas inmediatamente se relajaron pero aun así no podía mirarlo.
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―Lo… siento… no puedo ―dijo en un hilo de voz.
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―¿Por qué no? Si quieres no me cuentes nada pero no me ignores así ―esbozó algo angustiado―. Por favor ―puso su cabeza a la altura de la de ella para tratar de verla a los ojos―. Por lo menos mírame… por favor…
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El silencio inundó la pequeña habitación, la desesperación del joven aumentó cuando ella ni siquiera levantó un poco la cabeza. No lo entendía, ¿qué debía hacer? ¿Qué estaba haciendo mal? Tragó en seco.
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―¿Ya no quieres hablarme más por lo del otro día? ―ella negó―. ¿Entonces? Si no te explicas no podré entenderte ―explicó. Ella había sido paciente con él cuando estuvo mal, le dio su espacio y lo reconfortó. Trato de hacer lo mismo pero era más difícil―. ¿Qué puedo hacer por ti?
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Ahome respiró entrecortadamente y despegó sus labios con pesadez.
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―Dejarme ir…
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¿A qué se refería con eso? ¿Por qué le pedía algo tan cruel? No podía reaccionar, sus palabras fueron como una estaca que atravesó con fuerza su corazón. Respiró lentamente y acarició su mano, sin embargo, la chica, volvió a apartarla.
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―¿Hice algo mal? ―preguntó quedamente; ella negó. Está muy confundido―. ¿Es por cómo soy? ―volvió a negar. La amargura corroyó su garganta―. Entonces, ¿por qué no puedo estar contigo? ―esa pareció más una súplica que una pregunta. Ella se hizo aún más pequeña. Al albino lo atormentó que no lo viera―. Dime lo que pasa, por favor… ―silencio―. Por lo menos mírame.
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La adrenalina agitó su pecho, estaba ahí expectante preparado para lo que fuera. ¿Tanto debía mendigar por su amor? Lo peor fue pensar que lo haría sin problema, si ella lo veía y le decía aunque sea algo se entregaría por completo; solo la quería a ella. ¿Por qué era tan difícil? No podía verla así de destruida… tan hermosa y rota. ¿Por qué no confiaba en él? Dolía y mucho.
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―No sé si lo sabes ―comentó acariciando su rodilla, en un tono sumamente suave y luego de una pequeña risilla―, pero yo… estoy perdidamente enamorado de ti ―confesó sonriéndole y apoyando su cabeza contra la de ella―; y puede que suene estúpido pero yo… solo quiero ser feliz contigo. ―respiró hondamente y la sintió temblar―. Yo te amo. ―al fin le había dicho la verdad, le estaba entregando sus sentimientos al desnudo con esperanza de que los aceptara. Con fe.
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Ahome hizo un ademan de acercársele pero terminó alejándose y levantándose de golpe.
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―L-lo siento… Subaru yo… ―sus ojos estaban desorbitados. Él no podía reaccionar, todo se derrumbaba―. Esto no es bueno, no soy buena para ti, por favor… no me digas más esas cosas ―imploró.
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―¿Por qué? Es la verdad ―tragó en seco.
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―Solo… solo…
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―¿No confías en mí? ―miró a la nada
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―¡Sí! No me refería a eso ―trató de justificarse.
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―¿Entonces por qué no me dices nada? ―sonó sumamente dolido. Se levantó y la miró con dolor en los ojos. Ahome deseo no haberlo visto―. ¿O acaso… yo no te intereso?
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―Yo… ―se llevó la mano al pecho.
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―Si es así solo dímelo y tratare de no hacerme tantas estúpidas ilusiones. ―todo daba vueltas, no había un punto de estabilidad.
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―Tú eres muy importante para mí ―confesó ella.
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―¿¡Entonces por qué!? ―se exasperó―. ¿Por qué? ―Indagó con un tono de voz rota ― ¿Por qué no soy para ti? ¿Por qué no quieres decirme nada? ¿Por qué? ¿Qué tengo que hacer? ―no podía ordenar sus pensamientos, estaba muy enojado.
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Ella retrocedió con intenciones de huir pero él la tomó del brazo.
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―No huyas más sin decirme nada. ¿No ves que me estás destrozando? ―le reclamó. Estaba muy molesto; no era importante para ella. Se percató de las lágrimas que resbalaban en las mejillas de la muchacha y como esta sollozaba. Lo miró a los ojos con puro dolor. Con cariño contenido y nostalgia.
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―Ya te dije que no era buena para ti ―hipeó―. No insistas más… por favor, Subaru.
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―¿¡Por qué!?
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―¡Porque aún tengo miedo! ―exclamó y se echó a llorar. Él la soltó e intentó consolarla pero no pudo. No comprendió. Quizás era demasiado estúpido o ella complicada. Quizás… quizás tantas cosas―. Yo te quiero más de lo que imagine y eso me aterra… ―murmuró en un hilo de voz―. Por eso no sirvo.
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―¿Por eso no me quieres contigo? ―finalizó, intentando no demostrar ninguna emoción. Se estaba rompiendo por dentro, le dolía mucho el pecho y no se sentía el mismo.
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―L-lo siento… ―sus piernas temblaron pero aun así, de un momento a otro, salió corriendo del lugar hacia la puerta trasera del local.
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El silencio invadió nuevamente la habitación, esta vez helaba y era sumamente asfixiante. No fue tras ella, se sintió como un completo idiota, el peor de todos. La odio tanto esos segundos. Se sintió tan usado. ¿Qué tenía de malo? ¿Era su edad, su personalidad, idiotismo? ¿Qué? ¿Cómo podía hacer algo al respecto si no sabía nada de lo que pasaba? Por más que se rompiera la cabeza contra la pared pensándolo no lograba nada. Suspiró y el corazón se le estrujó, la amaba tanto que el dolor que sentía era desgarrador. Se sentó en una silla y apoyó la cabeza contra la mesa; no había nada más en su mente que sus lágrimas y sus palabras, aquellas que lo hirieron.
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Supo que aun así, no podía odiarla, que estaba condenado, que sus carias y besos escribieron maldiciones sobre su piel y que atravesaron hasta su alma. Nunca se había sentido así, nunca había estado tan enamorado.
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No se hablaron en la noche ni al siguiente día, no sabían cuando volverían a hacerlo. Subaru ya había entregado el trabajo práctico con la pelirroja, ya no quería socializar más en un tiempo. Su mente estaba en otro lado; ansioso y adolorido.
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―¡Subaru-Kun, espera! ―lo detuvo Rose, últimamente lo perseguía mucho y eso comenzaba a cansarle. Ese pensamiento lo derribó con fuerza, ¿Así también se sentía la azabache con respecto a él?―. Hicimos un buen trabajo, ¿verdad? ―No la escuchó―. Deberíamos darnos un premio.
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―¿Disculpa, que dijiste?
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Se giró a verla y esta se colgó de su cuello y estampó sus labios contra los suyos. La sorpresa lo dejó inmóvil por un momento, su cabeza era un caos y su corazón estaba necesitado. La tomó de los hombros para alejarla pero esta se le aferro más a él. ¿Y si fingía que Rose era "Ella"? ¿Podría aliviarse por un momento?
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Imposible.
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La alejó con cuidado a pesar de que esta se resistió.
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―El trabajo práctico ya terminó ―aclaró―. Lo siento, Rose.
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¡FIN DEL CAPITULO 15! ¿que les parecio? ¡Me esforcé muchisimo! Espero que les haya gustado, no olviden dejarme sus comentarios, los espero con ansias :) ¡Nos leemos luego!
