¡Buenas minna-san! ¿Como les va tanto tiempo? X'D yo acabo de terminar los parciales y ahora comienzo con los exámenes finales :$ pero en el medio les traigo otro cap de "El Aroma del encuentro" AU de Diabolik Lovers :D les agradezco mucho a todos por seguir esta historia y acompañarme. ¡Recuerden dejarme sus comentarios despues de leer el cap! eso me ayuda mucho a la hora de escribir.
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Muchas gracias a Marcela-san por correguir mis horrores ortograficos.
Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenece D'x ni tampoco sus seiyuus T_T
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CAPITULO 16
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―¿Qué estas queriendo decirme con eso, Subaru-kun? ―lo increpó algo extrañada Rose. Lo había besado y solo la aparto para decirle "el trabajo práctico ya terminó" ¡No lo podía creer!―. Debes estar algo confundido, lo sé…
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―Creo que tú eres la que está confundida. Mi relación contigo es de compañerismo, nada más ―aclaró. Odiaba cuando ella se ponía engreída, pero intentaba no prestarle atención.
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―Para mí no es asi ―Rose se cruzó de brazos.
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―Para mí sí ―contradijo.
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―No te estoy diciendo que nos casemos o seamos pareja ―explicó la muchacha acariciando su cabello―. No le veía nada de malo que nos divertimos juntos. Eres bastante guapo y agradable. ¿Qué dices?
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El albino suspiró resignado, eso debía ser una maldita broma.
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―Lo siento, no.
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―¿Qué?
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―Dije no―se exasperó un poco.
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―¡Ya sé lo que dijiste! No puedo creerlo. ¿Es porque estás empecinado con esa Perra? ―increpó bastante molesta, y Subaru frunció el ceño con fuerza― ¡Ni siquiera te registra! ¿Qué eres para ella? NADA ―simplificó―. Solo juega contigo y te tiene como un perro que recogió en la calle. ¿Qué no te das cuenta?
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―No es asunto tuyo, ¡así que no te metas en lo que no te incumbe! ¡Y no vuelvas a llamarla así! ―levantó su tono de voz y ella retrocedió un paso; odiaba cuando hacia eso. Maldijo por lo bajo.
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―¡No! Porque los estúpidos como tu prefieren estar con alguien que nunca en su vida volteara a verlos.
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―Tú no eres la más adecuada para hablar de eso. ¡Tú te diviertes haciendo eso!
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―¿Qué ahora vas a juzgarme? ―Increpó―, yo solo quería pasar un buen rato contigo y ver si podía ayudarte a salir de "Esto" ―lo señaló completo―; eres un caso perdido al parecer… pero lo que más me fastidia es que andes ciego por esa Zorra ―no pudo seguir hablando por que él se acercó demasiado a ella.
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―Te dije que no le dijeras así ―ella se estremeció―. Agradezco tu supuesta ayuda pero no la necesito. Sigue con lo que estabas y yo seguiré con lo mío; simple ―Odiaba tener que rebajarse hasta la altura moral de esas personas, así que no le daría el gusto de hacerlo. La pasó muy mal en la escuela media por culpa de egocentristas como ella tanto que se quedó solo y así lo prefería.
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―Le diré… ―Rose titubeó.
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―¿Dirás qué? ¿Acaso te parece que eso me importa, Rose? ―observando la determinación en sus ojos se percató de que no, mordió fuertemente sus labios.
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―Eres un estúpido, yo lo intenté ―señaló.
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El albino respiró profundamente.
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―Solo… intenta vivir más tranquila ―le dijo compadeciéndose un poco de ella―. Qué tengas un buen día ―finalizó dejándola sola.
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Las clases se volvieron más lúgubres de lo normal y la incertidumbre golpeaba constantemente en la puerta de su consciencia. Había estado muy eufórico en esa ocasión y por más que pensara distintas formas de solucionar lo que fuese que pasase, no hallaba nada; fue como fue. Se abrió completamente a ella a pesar de estar muriéndose por dentro, le entregó sus complicados e íntimos sentimientos como si fuese lo más normal del mundo. Estaba muy dolido como para actuar rápidamente de nuevo.
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―Azusa-kun~ ¿Por qué tienes esa cara? ―preguntó un cantarín Kou que recién amanecía.
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―Solo… algo me llamo la atención ―articuló llevando un bocado del panqueque que había preparado la azabache. Estaban desayunando, un nuevo día comenzaba. El rubio, a excepción de sus familiares que estudiaban o trabajan, salía todas las mañanas a ejercitarse para su carrera como Idol. Estaba feliz de haber vuelto y compartir esos momentos con las personas que amaba.
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―¿Hmm? ―lo miró pensativamente.
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―Ya siéntate, Kou ―ordenó Ruki, trayendo lo que faltaba del desayuno a la mesa. Se turnaban todas las mañanas para realizar los distintos trabajos del hogar.
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―Sí, sí…
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En la mesa ya estaba Yuma desperezándose, recién era mitad de semana y ya estaba arruinado, no se imaginaba como sería llegar al viernes entonces. Miró hacia su costado y notó a su prima ensimismada; cuando iba a preguntarle, observó su otro costado y notó a Azusa de igual forma. ¿Qué estaba pasando?
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―Pensaba que yo estaba bastante destrozado, pero ustedes dos ―mencionó con cierta burla―. Están demacrados.
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―Yuma no empieces desde tan temprano ―dijo la muchacha, tomando un sorbo de su bebida. Fingía no darle importancia, no quería volver a pensar en todo.
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―Pero tiene razón ―remarcó el mayor―. ¿Qué les pasa?
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Los dos más pequeños se miraron entre ellos, como retándose para ver quien hablaba y fingía primero. El joven distinguió malestar en los ojos de la chica así que asintió y prosiguió.
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―Vi… algo que me confundió un poco ―esbozó―, solo eso.
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―¿Y-y que viste? ―preguntó el rubio con la boca llena.
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―Kou ―advirtió el ojis azules, y este tragó.
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―Ni siquiera sé… cómo clasificarlo ―dijo con duda.
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―¡Solo dilo! ―exigió el castaño.
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―Si quieres puedes decírmelo y yo te ayudo ―propuso animada Ahome.
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―Después…
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El silencio aclaró que no diría más, así que las miradas se dirigieron a la menor, que hizo un ademan de observar la hora.
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―Es bastante temprano para usar ese cliché ―fue más rápido Ruki que ella.
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―No tuve una buena semana, eso es todo ―le quitó importancia para seguir comiendo.
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―No tienes que preocuparte por nada ―Aseguró Yuma―. Estarás bien… ―dijo refiriéndose a la visita que habían tenido con el abogado―. Nos apoyaremos entre todos. Somos una familia, ¿verdad? ―sonrió al finalizar. Ahome sonrió por lo cálido que era su primo, él siempre le ayudaba a retomar la seguridad y valentía perdidas.
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―No podrías haberlo dicho mejor, Yuma-kun~ ―alentó el Idol y despeinó a su hermosa prima.
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Se sentía muy bendecida con la vida. Definitivamente las cosas le resultaban difíciles pero ahí estaban todos; un ensamble sin igual. Se sintió mal por no haber dicho la verdad… volvió a mirar el reloj y supo que tenía tiempo. Era un hecho de que los demás estaban enterados de los encuentros que tenía con Subaru pero no lo hablaban. Odiaba tener secretos con ellos. Aunque a veces prefería hablar individualmente con cada uno, supo que esta vez que sus ojos ya no podrían segregar más lágrimas para explayarse en cuatro ocasiones distintas.
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―Me comporté de una manera horrible con Subaru ―dijo lo primero que se le cruzó en la cabeza―. Además le dije… ―respiró entrecortadamente―, bastantes estupideces. Me siento como una idiota. ―admitió dolida; ya no quería comer más. Todas las imágenes de lo que había sido el último tiempo con él se reflejaron delante de ella. Tenía miedo de admitir que él hacía más que gustarle, que era importante; estaba aterrorizada―. Tengo miedo ―exclamó entrecortadamente y se echó a llorar.
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Sus primos no sabían qué hacer, Yuma se acercó para frotar su espalda y Kou le susurraba palabras de aliento, intentando calmarla. Era como una pequeña niña llorando desconsoladamente, no solo por lo ocurrido en ese momento, sino por todo.
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Ella no era de lágrimas fáciles, solía aguantarse todo lo que podía pero había una instancia en la que ya no daba más y explotaba y esta vez fue mucho más de lo que podía procesar.
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―Tener miedo es normal ―murmuró Ruki―. Si no lo tuvieras… serías una idiota ―Esperó a que levantara el rostro y lo mirara; le sonrió―. Hazlo a tu tiempo… y no evites hacer cosas porque pienses que después te sentirás culpable.
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El mayor también estaba inseguro, no quería entregarla en bandeja de plata ni mucho menos verla dolida, sin embargo la vio tan estancada que si Subaru Sakamaki era el medio por el cual ella avanzaría y sería feliz, estaba dispuesto a correr el riesgo de apoyarla.
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Azusa miró su celular con culpa, aun no era momento. Esperó a que los demás la liberaran y cuando fue al baño a arreglarse, la interceptó para abrazarla; la amaba demasiado y odiaba verla mal.
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La ojisvioleta se sintió un poco más aliviada al desahogarse un poco, no dio detalles de lo ocurrido pero por lo menos ya estaban enterados. Sabía que sería abordada por cada uno de ellos individualmente y volverían a hablar de lo mismo… no era el fin. No podía dejar de estar agradecida con la vida por ellos. Miró su móvil y la última conversación que tuvo con Subaru antes de encontrarse en la cafetería; deseaba volver unos cuantos días atrás y… Suspiró porque los "podría" no servían de nada ahora.
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Con pesadez fue a enfrentarse con la realidad, sus ojos estaban hinchados y tenía demasiado sueño como para mantenerse despierta. ¿Qué se le iba a hacer?
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―Vámonos~ ―gritó Yuma desde atrás alzándola y llevándola como saco de papas hasta el asiento de atrás de la camioneta. No pudo evitar reír con él y sus geniales estupideces. Los demás subieron enseguida―. Recién comienza el día
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―¿Por qué Subaru no baja? ―Preguntó nuevamente Ayato―. Lo iré a buscar.
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―Ya déjalo, Ayato ―vociferó el rubio.
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―¿Sabes qué le pasa? ―preguntó e inmediatamente se dio cuenta de que sí―. ¿Está así por la descarada?
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―Puede ser… ―le quitó importancia.
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―Es un caso perdido ―supuso Kanato―. Solo hay que encontrarle a alguien más normal.
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―Decente, querrás decir ―Corrigió Reiji.
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―Yo sigo creyendo que ella está más que bien~ ―canturreó Laito.
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Luego se hizo un pausado silencio. Era raro, estaban todos juntos esperando a su madre para merendar. De vez en cuando ocurrían ese tipo de casualidades. Shuu estaba enterado de lo sucedido con Ahome y entendía completamente la actitud de su hermano; quería ser paciente pero eso simplemente no iba con él. Suponía que los demás tenían algunas conjeturas similares y que ya no se animaban a boicotearla sabiendo lo estúpido que estaba el albino por ella. ¿Qué decirle?
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Charlaron un poco más hasta que llego Christa y Subaru se dignó a aparecerse, no quería preocupar a su madre por nada del mundo sin embargo estaba muy ido como para seguir la corriente de esa tarde.
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―¿Pasó algo bueno, Oka-san? ―preguntó al verla tan contenta.
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―Además de que estemos todos aquí ―le brillaron los ojos de la felicidad y ternura―, hoy a la mañana me encontré a Kou-kun y me firmó una hoja con dedicatoria y todo~
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―¡Oka-san! ―chilló Ayato, odiando el fanatismo de ella por el cantante. La mujer solo rio ante su queja.
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―¿Te refieres a Mukami Kou? ―interrogó el segundo hijo.
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―Claro, el primo de Aho-chan. ―simplificó. El escuchar que decían su nombre le pareció confuso, un pequeño nudo se le formó en la garganta. No se sintió capaz de acotar nada―. Podríamos invitarlos a cenar a todos en algún momento. ¡Seria genial! ¿No creen?
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―Sería muy entretenido~ ―convino Laito―. ¡Podríamos hacer pizza!
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―¡Qué buena idea, hijo! ―se entusiasmó aún más.
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―La casa va a quedar hecha un desastre ―intervino el peli violeta―. Sin embargo… si hay de postre helado no tendría problema ―murmuró más para sí mismo que para los demás.
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―Nos la vamos a pasar amasando todo el día ―pensó en voz alta Reiji.
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―Podrías traer a tu novia ―le recordó―, tú también, Kanato.
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―¿Quieres hacer una fiesta, Oka-san? ―preguntó directamente Shuu.
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―¿Por qué no? Hace tiempo que no hacemos una. ―el barullo inundó la sala por un momento, con futuros planes que el albino no sabía si podrían llevarse a cabo―. Hijo ―lo llamó su madre y la miró algo confundido, sonrió haciéndole notar que la escuchaba―, avísanos cuando Aho-chan termine sus prácticas y exámenes así vamos preparando todo. ¿Si? ―lo miró ilusionada.
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―Claro.
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Tragó dificultosamente, pensando en que no sabía si volvería a compartir tiempo con ella en un tiempo y eso era una porquería.
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En la universidad ya no se hablaba con Rose, al parecer dejo de insistir, lo que fue un alivio por un lado. En el trabajo nadie se había animado a preguntarle qué había sucedido aquella mañana y lo agradecía, incluso Jennifer trataba de no molestarlo tanto. ¿Tan mal se veía que hasta la maquina no le jugaba una buena pasada como siempre? ¿Ni quiera por de costumbre? ¡Ya era suficiente! No entendía a las mujeres no importaba si fueran humanas o maquinas. Chasqueo la lengua y siguió con su trabajo; la charla que había tenido en la casa la tarde anterior lo había dejado exhausto. Además, hace una semana que no sabía nada de la azabache, preparaba su café con esperanzas, de aunque sea se sentara como siempre para que ambos pudieran fingir que no pasaba nada.
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―¡Hey! ¿Tú eres Subaru? ―escuchó que lo llamaron y se giró a ver quién era―. Genial.
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―¿Tamara? ―se sorprendió.
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―Te acuerdas de mí, eso es bueno ―sonrió la pelirroja y se sentó cerca de él―. Sé que no nos conocimos en las mejores condiciones pero bueno… ―le hizo una seña para que se acercara.
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―¿Necesita algo, Señorita? ―Preguntó Megu al verla por primera vez.
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―Sí, hablar con este chico de aquí sobre mi amiga. ―los dos prestaron atención a sus palabras.
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―Entonces yo… ―quiso disculparse.
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―Está bien, puedes quedarte si quieres, seré breve ―comentó mirando fijamente al muchacho―. La verdad es que admiro tu paciencia con ella ―remarcó primero lo que todos solían decirle y pensó que en cualquier momento le darían un premio por eso―, ella está pasando por algo difícil de lo que ya te vas a enterar pero fuera de eso; te extraña ―el pecho de Subaru se llenó lentamente de aire y su compañera creyó verlo revivir por un momento. Sus ojos develaban que también le hacía falta y que le costaba estar así―, y se nota mucho que sufre por el hecho de no poder ser sincera contigo; es una encantadora estúpida ―mencionó y sonrió con tristeza―. Pero eso no es algo que yo deba decirte, lo sabes bien. Sin embargo ―toma aire y una postura más dura―, ¿cómo es eso de besuquearte con otra chica? ¿¡Eh!? ―exclamó con enojo y golpeó la barra. El albino palideció y Megu lo observó reprobatoriamente.
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―¡No es lo que parece! Ella se me lanzó ―contradijo alterado.
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―¿Y tú la atrapaste con los labios, verdad? ―dijo acusatoriamente, tratándolo como si fuera un asesino serial.
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―¡Subaru-kun! ―Le reprendió su compañera―. No pensé que fueras así ―negó―, por más que Ahome-chan haya actuado mal…
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―¡Esperen!
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―Encima con esa pelirroja teñida ―rechistó Tamara―; se nota a millas que es una zorra. ¿¡Cómo se te ocurre!? ¿Qué mierda tienes en la cabeza?
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―¿¡Con Rose!? ―La peli verde se sobresaltó y se indignó.
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―¡Basta! ―gritó notando que algunos clientes habían empezado a verlos―. Si me dejan, les explicaré pero CALMENSE. ¡Se alteran muy rápido!
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―Cómo si tú no lo hicieras ―se cruzó de brazos
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―¿Cómo no quieres que me altere? ―puso sus manos en la cadera la pelirroja―, cuando Azusa me mostró esa foto, no lo podía creer.
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―¿Azusa? ¿Foto? ―no pudo hilar las palabras.
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―Sí ―suspiró―. Yo recién la vi ayer pero la vieron todos hace unos días; inclusive Ahome ―sintió que el mundo se le cayó por completo, le pesaba todo el cuerpo.
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―¿Subaru-kun, estás bien? ―le preguntó Megu y le trajo un banco para que se sentara.
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―No finjas descomponerte, es inútil. ―lo miró despectivamente la amiga de la azabache, desconfiando completamente de él. Sin embargo eso no interesaba. ¿Qué pensaría Ahome de él?
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No le pudo contestar, la sola idea de haber arruinado alguna oportunidad para volver a acercarse a ella lo aterraba y eso se notó en su rostro. Quería verla, explicarle. Hacer algo.
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―La foto es cierta ―no la había visto ni quería hacerlo, no supo cómo pero pudo articular unas cuantas palabras. Quizás así ordenaría sus pensamientos―. En un receso, Rose se me acercó y me besó ―explicó―. Me quede estúpido por un segundo, la alejé y le pedí que no volviera a hacerlo. Discutimos bastante por eso y ahora no me habla más.
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―Con razón ya no viene al café ―justificó su compañera.
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―No sé si creerte ―murmuró Tamara―, no te conozco mucho, pero todos… ―rio―, dicen que estás tan enamorado de mi Ahome que no puedes ver a otras personas… ―la otra muchacha asintió y frotó la espalda del joven―. Quizás todo es una serie de malos entendidos ―la pelirroja se relajó y se sentó junto al muchacho. Era su costumbre estar a la defensiva; preparada para lo que viniese―. No tengo nada en tu contra, es más me gustaría que hicieras feliz a mi amiga; es muy importante para mí. Solo vine a hablarte porque estaba molesta. ―Miró con culpa el suelo, lo había tratado mal―. Lo siento… es solo que… Ella estaba tan feliz, que ni siquiera yo sé qué paso.
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―Está bien ―murmuró Subaru―, en realidad… me importa más lo que piense ella. Ahora no querrá verme ―Dijo con tal angustia que se palpó.
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―¡Eso no es cierto, estoy segura que Aho-chan quiere verte! ―afirmó Megu―. ¿Verdad, Tamara-san?
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―Eso es cierto pero… es complicado ―esbozó dudosa.
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Los tres se quedaron un minuto en silencio. ¿Qué más podían decir?
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―Supongo que tendré que hacer lo que pensaba; encararla de frente. ―pensó en voz alta y la pelirroja sonrió con entusiasmo―. A pesar de que la última vez no funcionó…
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―¡Esa es la actitud! ¡Tienes que enfrentarla y decirle cuanto la amas! ―dijo con fuerza, haciendo que el chico se sonrojara―. Y explicar la idiotez aquella y ya está. ¡Solucionado! Y serán felices por siempre ―dramatizó energéticamente.
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―¡Así es! ―Hizo porras la otra chica―. Tú eres un muchacho muy, pero muy bueno y ella lo sabe de sobra. ¡Ella logró sacar tantas buenas cosas de ti! ―le sonrió―, y tú hiciste lo mismo con ella. Sé que podrás.
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―Ojalá fuera tan fácil ―murmuró el joven.
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―Si así lo fuera, no valdría la pena. ¿No crees? ―contradijo con confianza.
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Inmediatamente, Tamara le pidió su número telefónico para estar comunicados. Así sería más fácil planear una emboscada. Esa chica era tan cambiante que dudó si solo vino a amenazarlo o a quitarle información.
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La monotonía del día lo agotó, llegó a su casa luego de la jornada, compartió un momento con su familia y se fue a duchar. Todo en modo automático. Al salir se vistió como para salir sin saberlo. Tomo su móvil y observó una de las fotografías que tenía junto ella; era de la jornada de aquella vez, apenas se conocían y ya significaba lo suficiente como para no ignorarla.
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No sabía nada de ella a pesar de que dejó tanto en él y en un lento degradé su corazón se incendió; supo que no podía mentirse más. No la justificaría ni la defenestraría; nada de eso. La angustia fue su prisión y la desesperación su carcelera. No podía permitir que lo siguieran atormentando. Su pecho se llenó de valentía, decidido a ir en busca de su calidez y sin estar seguro si mendigaría o no por su amor. Eso aún no lo decidía. Solo quería estar ahí. Estar en silencio con ella, lo que fuera pero que por lo menos lo mirase.
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Salió a la calle sin que nadie lo vea, se dirigió hasta la parada del bus y lo esperó; eran las 20hs, ya casi no había nadie en la calle. Era obvio por el frío que hacía, sin embargo no le daba importancia. Con calma subió al transporte, observando la hora en su móvil. Preguntas como: ¿Me abrirá la puerta? o ¿querrá hablarme?, no tenían importancia. Solo quería verla, nada más.
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Al llegar a su destino, visualizó las dos cuadras que debía caminar para llegar a su objetivo. Anduvo a paso lento pero seguro, no muy consciente de lo que hacía pero ahí estaba en fin frente a la puerta. Pudo jurar que sintió algo parecido al vértigo en su estómago, respiró profundamente y tocó la puerta con su puño.
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Se hizo un breve silencio hasta que escuchó como abrían las mirillas, él no podía saber quién lo observaba detrás de este. Sin embargo, a los segundos la puerta se abrió dejando ver a Yuma detrás de ella. Lo miró con una mezcla de sorpresa y curiosidad. Le pareció raro que ningún insulto saliera de su boca para repudiarlo como de costumbre.
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―¿Qué haces aquí? ―se limitó a preguntar.
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―Quiero ver a Ahome ―respondió tranquilamente. Sus ojos mostraban su necesidad y preocupación―, pero si ella no quiere… por lo menos me gustaría saber cómo está ―pidió en un murmullo. No había vacilación en sus palabras, estaba completamente serio. El castaño pareció querer modular algo pero de pronto se apareció Kou.
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―¿Quién es? Oh… ―esbozó al verlo y lo miró con algo de enfado―. No deberías estar aquí, Subaru-kun~ Eres mal perdedor ―dijo con malicia.
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―Solo será un minuto ―le insistió al castaño que no dejaba de verlo. Este bufó y le cerró la puerta en la cara. ¿Y ahora qué? Tragó en seco y estuvo a punto de volver a tocar la puerta si no hubiera sido por que esta se abría.
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―¿Qué tienes en la cabeza Yuma? ―le rechistó Kou. El mayor se había puesto una chaqueta y tenía las llaves de su camioneta en la mano.
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―Vamos a dar una vuelta, Usagi ―le dijo señalando el vehículo. Vaciló un segundo pero lo siguió y se sentó en el asiento del acompañante.
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―¿Me estas escuchando? ―le gritó el rubio―. ¿Qué mierda estás haciendo?
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―¡Cállate! ¿Te subes o te quedas? Elige. ―prendió el motor.
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―¡Maldición! ―rechistó y cerró la puerta de la casa para meterse en el asiento trasero―. ¿No era que estábamos molestos con este individuo? ―recordó.
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―¿Quieres que te golpee, Kou? ―se dio vuelta para verlo―. No tienen que notar que nos estamos yendo con él. ―Le hizo notar―. Pónganse los cinturones.
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El conductor puso música, sin dejar lugar a los diálogos y arrancó hasta un rumbo desconocido. Quizás querían asesinarlo y tirar su cuerpo por ahí, o dejarlo varado a mitad de camino. ¿Quién sabe? Había varias opciones. El idol se quedó refunfuñando tras de él pero obedeció al grandulón. De cierta forma eso lo ayudó a relajarse un poco, no sabía que tenso estaba hasta que se recostó contra el haciendo. Exhaló lentamente y parpadeó lentamente.
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A los veinte minutos se detuvieron en un bar enorme, Yuma apagó la música y lo miró.
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―¿Qué esperas? Bájate ―dijo bajándose el también. No era un antro de mala muerte, parecía un lugar tranquilo; había mesas de pool, banquetas, licoletria-cerveceria y una pequeña pista de baile―. Es un buen sitio ―soltó guiándolos hasta una mesa―. ¡Deja de chillar Kou! ―le ordenó.
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―¿Cómo se te ocurre traerme a este lugar? ¿¡Ah!? ¿Y si alguna fan desquiciada me ve? ―dijo murmurando monitoreando su alrededor.
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―Podrías empezar quitándote esa coleta rara que tienes en la frente para dificultarles el rastreo ―sugirió a medio reír.
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―Rayos… ―se quejó haciéndolo y acomodando mejor su chalina―. ¿Por qué diablos estás tan molesto?
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―No estoy molesto ―repuso.
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―Sí, sí lo estas cuando solo tendrías que estarlo con él ―señaló al albino que estaba en frente de los dos.
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―¡Tsk! ―no dijo más nada y cuando se acercó la mesera ordenó que trajera tres cervezas.
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―Yo no… ―esbozó Subaru.
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―¿No comiste? ―Se apresuró el castaño―. ¡Tráeme un gran plato con papas fritas, cariño! ―le gritó a la mesera y esta le guiñó el ojo. No era eso lo que quería decirle pero ni modo.
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En el trayecto en que la camarera tardaba en traerles su pedido un par de chicas se los quedaron mirando e incluso se acercaron a preguntarles si estaban solos.
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―Disculpa, estamos bien ―fue cortante pero amable Subaru. Kou lo miraba con tanto desprecio y seguía sus acciones como si estuviera a punto de dispararle.
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―¿Por qué les dijiste eso? ―Pregunto el castaño―. Hay más lugar en esta mesa.
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―Vine aquí solo porque ustedes me trajeron, no estoy de humor para hacer sociales ―remarcó ya un poco tenso.
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―¿Ah, no? ―Refunfuño el rubio―. Pues parece que últimamente se te da bien socializar ―dijo con malicia.
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Ignoró su comentario y miró a su alrededor. Les habían traído la bebida y la comida. "Bebe" se escuchó a Yuma decir antes de tomarse un buen trago de ese líquido espumoso. El albino era absolutamente malo con la bebida, aunque por suerte no perdía tanto el conocimiento al beber. Era el más integro de sus hermanos por así decirlo. Los silencios fueron destruidos por trivialidades, no teniendo nada que ver con el asunto "principal".
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―¿Y esa chica te parece bonita? ―le preguntó Kou señalándole una rubia que los observaba desde lejos. El ojisazules ya actuaba "mareado" y eso que llevaba su segundo vaso.
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―Sí, es bonita ―reconoció.
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―¿Entonces por qué no vas a hablarle? ¿O quieres que te ayude? ―rio este.
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―No me interesa ―respondió secamente.
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―¿Por qué no? ―indagó Yuma acusatorio. El albino se volteó a ver a la chica con algo de tristeza.
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―Porque no es ella… ―luego fijó su vista en su vaso y se sonrojó un poco. El alcohol estaba comenzando a surgir efecto de a poco.
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―¿Por qué tiene que ser MI Ahome? No lo entiendo. ―reprochó Yuma.
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―No lo sé.
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―¿AH? ¿Cómo que no lo sabes? ―Dijo indignado Kou―. Al parecer todo te da igual, ¿verdad? ―Se cruzó de brazos―. Como esa estúpida pelirroja teñida con la que te besuqueaste ―revisó su bolsillo, palmeó varias veces su celular y se lo puso frente el rostro para que se deleitara con la imagen de él y Rose. Desde el ángulo que estaba tomada parecía que él había tomado la iniciativa―. ¿Qué tienes que decir a esto, Don Juan de cuarta?
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―Rayos… ―murmuró tomándose de la cabeza.
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―¡Ja! ¡Lo sabía! Solo estabas encaprichado ―afirmó Yuma.
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―¡Eso! ¿Por qué no vas por otra? ¿Ah? – incitó eufórico el idol.
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―¡Porque no me interesa nadie más! ―exclamó.
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―No es lo que parece, mentiroso-kun ―contradijo el cantante.
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―Estas en todo tu derecho de hacer lo que se te venga en gana ―comentó el castaño―. Pero si vas a hacerlo, deja de insistir con mi prima o te mato. ¿Me oíste? Ella no está para jueguitos. ―su dura mirada le dio a entender que no mentía, que iba en serio. Él también lo hacía.
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―Yo no pretendo jugar con ella ―golpeó la mesa con impotencia y recibió una muy mala mirada de los contrarios―. Rose se me tiró encima y luego la aparte.
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―Búscate una mejor excusa, eso ya es cliché ―dijo fastidiado el rubio.
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Subaru les dio una mirada aún más fastidiada; estaba cansado. Intentó calmarse.
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―Es cierto que quizás me quede quieto un segundo más de lo que debía ―comentó con culpa―. Me hubiera gustado poder fingir que no me importaba su prima y hacer cualquier otra estupidez ―recalcó―. ¡Pero no puedo! Estoy odiosamente enamorado de Ahome, no me interesa nadie más. Por más que estuviera dolido y molesto no hubiera seguido ahí. ―apretó fuertemente su mandíbula y miró hacia la ventana; estaba destrozado por la forma en la que ella lo rechazó. Era una herida profunda y sangrante.
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Kou quiso decir algo pero Yuma palmeó su hombro, los dos sabían perfectamente que Subaru era un buen muchacho, solo que tenían miedo de que algo malo fuese a suceder.
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―Entiendo lo que sientes ―murmuró el castaño haciendo que este se girara, vació su vaso y prosiguió ―eso es pura frustración. Eres tan estúpido que eres incapaz de… "traicionarla" ―dijo con cierto deje de duda―. Por eso quería hablar contigo.
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―Yuma… ―murmuró el rubio y supo de que hablaría. Se enderezó un poco para intentar estar preparado para lo que venía.
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―Yo creo en lo que me dices ―aclaró―. Aunque será a ella a quien debes explicárselo ―remarcó autoritariamente.
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―Gracias… ―esbozó tranquilizándose un poco.
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―En realidad no deberías agradecerme. ¿Sabes? Todo este tiempo traté de boicotearte y no logré nada – mencionó con resignación―. Todos lo hicimos.
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―Es natural ―contestó Subaru―. Se quieren mucho.
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―Y no tienes idea de cuánto… ―susurró Kou―. Nosotros no te conocíamos. ¿Cómo podíamos permitir que te acercaras a ella sin conocerte? Es imposible ―dijo con algo de angustia y se sirvió más de la botella. Subaru presto aún más atención que antes, el clima estaba tenso―. No sabíamos si eras como "Él"
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―¿Quién? ―se atrevió a preguntar.
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―El ex novio de Ahome ―contestó con rencor.
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―¡Maldito desgraciado! ―exclamó Yuma golpeando la mesa. Estaba sumamente molesto, se podían ver claramente las anchas venas de su cuello y escuchar el crujir de sus dientes. Pensó que el narrador seria Kou, pero al parecer prefirió dejarle el mando a su hermano―. Él y Ahome fueron novios por un año; el idiota había comenzado la universidad ya hace dos años en ese entonces. Ruki lo conocía, solían competir entre ellos, era de una familia de ricachones y solía querer llevarse el mundo por delante ―recordó con cierto hastió―. Un día, ella acompañó a Ruki a la universidad por mera curiosidad, ojala nunca lo hubiera hecho ―hizo un breve silencio en el que tragó con pesadez―. Simplemente se gustaron con tan solo verse ―Subaru pudo sentir un fuerte pinchazo en el pecho, la sola idea de que ella estuviera aun interesada en ese sujeto amenazaba con destrozarlo.
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―Bueno… ella siempre fue una persona curiosa, él también lo era así que se llevaron bien de inmediato. Ahome era la única que podía detenerlo cuando tenía esos ataques de "Soy el maldito rey del mundo, obedézcanme". Con ella era cuidadoso, tierno y considerable; no pasó mucho hasta que formalizaron una relación ―mencionó cansado―. Por más celosos que estuviéramos no podíamos hacer nada. Confiábamos que estaría bien… ese fue el error.
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La mesera trajó otra botella y unos maníes. Cuando se fue Yuma miró al albino con algo de impotencia.
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―Sabes cómo es ella, ¿verdad? ―preguntó sonriendo y él asintió―. Él se enamoró de ella, a tal extremo que… ―no supo que decir solo negó repetidas veces―. A Ahome no le gustó su actitud para con ella, trato de dialogar con él varias veces pero él solo le gritaba y ella no se callaba, le respondía y se iba. No tienes ideas cuantas veces zarandeé y golpeé a ese sujeto… cada vez que le faltaba el respeto o se ponía agresivo ―apretó fuertemente su puño, como si le hubiera hecho falta golpearlo más―. Un día no aguantó más, Ahome lo dejó pero él no quiso aceptarlo ―dijo duramente y el albino sintió el dolor del castaño en cuanto respiró entrecortadamente. Incluso él se quedó sin aire, de solo pensarlo lo aterro―. La golpeó y mucho…
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A esta altura del relato, Kou estaba sumamente depresivo, cerrando los ojos con fuerza como si no quisiera recordar. El ojis rojos sintió ira nacer de su pecho. ¿Cómo era posible? Sus manos temblaron.
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―Creo que no hace falta decirte que casi lo matamos a golpes esa tarde ―respiró hondamente tratando de serenarse―. Yo no te contaré los detalles de lo sucedido, eso no me corresponde. Hay cosas que hasta hoy en día no entiendo ―se sinceró abriendo sus manos y no sabiendo que hacer―. Él terminó donde una persona violenta como él debería estar pero el daño que le ocasionó a Ahome quedó… ―comentó con tristeza―. Ella se recuperó, psicológica y físicamente; es muy fuerte.
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―Entonces… ―despegó los labios Subaru por primera vez―. ¿Ella piensa que le haré lo mismo? ―preguntó prácticamente con pánico.
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―¡Claro que no! ―Negó Kou―. Lo que pasa es otra cosa ―aclaró―, es cierto que te tuvimos en la mira por mucho tiempo. Como vez a veces uno no puede ni siquiera confiar en un amigo, ¿cómo lo haríamos con un desconocido? ―vociferó rápidamente y algo confundido―. Ella no te tiene miedo, te quiere y mucho a nuestro pesar ―dijo en un puchero.
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―Pero… este tiempo estuvo algo preocupada ―dijo el castaño―. Tuvimos que hacer algunos trámites con los abogados para dejar las cosas al día y eso la puso algo nerviosa.
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―Las flores en su cumpleaños ―recordó más para sí mismo―, ¿eran de él? ―Yuma asintió y se le cruzó la imagen de él botando con furia aquel ramo―. Ya no puede acercarse a ella, ¿verdad? ―indagó con algo de preocupación.
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―Exacto, si lo hace va a ir directamente a la cárcel ―aclaró Kou.
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Por un momento el silencio invadió el ambiente, el albino abrió sus manos y se las vio, estaban rojas por la presión que había ejercido. Se preguntó si su actitud le recordaba a él, si le parecía violento o… tantas cosas se le pasaban por la cabeza. Pudo comprenderla por un momento, las fechas coincidían perfectamente pero su inseguridad lo mataba.
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―No confía en mí ―murmuró.
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―En realidad ―mencionó Yuma―, si lo hace. Si no te lo dijo antes fue porque no estaba lista para hacerlo. ―Reflexionó―. Es muy difícil para ella y para nosotros. ―se mordió una uña y lo miró con el entrecejo fruncido.
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―¿Qué pasa? ―preguntó este dudoso y el castaño suspiró.
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―Creo que teme saber qué es lo que pensaras sobre esto. Que veas aquella debilidad que tiene.
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―Eso no es una debilidad ―aclaró―. Si el tipo estaba mal de la cabeza, ¡no es su culpa! No debió hacerle eso. ―Dijo algo resentido―. Y yo… creo que ella es simplemente increíble; desde que la conocí para mí es especial ―comentó algo sonrojado y le dio un gran trago a su bebida.
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―Tienes unas pelotas suficientemente grandes para decir eso adelante mío, ¿lo sabías? ―le reprochó bastante mareado y lo tomó por la remera―. Tú… ―lo miró fieramente y tomó la botella de cerveza para beber directamente de ella―, estás a prueba… ―mencionó soltándolo.
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―¿¡Qué!? ―gritó sorprendido Kou. Si bien las palabras del albino los sorprendieron no se esperaba que Yuma dijera eso.
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―¡A prueba oíste! ―Aclaró nuevamente―. Haces algo que no me guste o te pasas de listo… ¡Ahí tu si te pasas de listo, te mataré imbécil Usagi-chan! ―reaccionó ante sus propias palabras y quiso infringir aún más respeto―. Te despelotaré ―hipeó―. Solo… porque tú… ―comento más tranquilo―, vez algo de lo que vemos nosotros en ella, solo por eso ―sus palabras pasaron a ser pensamientos en voz baja.
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―Pasaré esa estúpida prueba y te la refregaré en la cara ―increpó tratando de levantar su espíritu competitivo.
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―Te haremos la vida imposible~ ―vociferó Kou.
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―Más vale que cuides bien tu rabillo, Usagi-chan ―amenazó.
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―No me intimidan ―le arrancó la botella de la mano a Yuma y bebió de esta hasta dejarla vacía. Cuando terminó los señalo―. ¡Prepárense ustedes, tendrán que acostumbrarse a mí, cuñaditos!
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Los ojos del castaño se desorbitaron y de un momento a otro estaba encima del albino; se estaban zarandeando entre los dos mientras gritaban incoherencias.
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―¡Tú te quietes morir! ―afirmó―. A ver si aguantas esto…. ¡Cariño! ―grito bien fuerte―. ¡Tráeme más cerveza!
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La mesera sonrió y en unos minutos ya había más botellas en la mesa.
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―Bien, Subaru-kun… ya que llegaste a esta instancia supongo que no retrocederás ahora, ¿verdad? ―incito y abrió una botella para llenar su vaso y bebérselo de un sorbo largo―. ¡WOW! ¡LA NOCHE RECIEN COMIENZA! ―exclamó a todo pulmón y la gente gritó con él.
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―¡VAMOS! ―prosiguió el castaño bebiendo también.
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Era todo más confuso que antes, recién era jueves y estaban bebiendo como si no tuvieran nada que hacer en varios días. Creyó que era culpa del alcohol; nunca diría ni la mitad de las cosas que dijo si no estuviera bajo la influencia de él. "¿Cuñaditos?" Oh… estaba terriblemente mal de la cabeza, eso era enojo e impotencia. Escuchar hablar así de la mujer que amaba le rompió el corazón, ahora con más razón quería verla, decirle que todo iría bien y a su tiempo. Quería asegurarle que en vez de alejarlo, su historia lo atraía más, quería que todo cambiase y que fuese él el que lo lograra.
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Eran las 23:45 pm. Por lo menos eso marcaba su celular. Miró a su alrededor; Yuma estaba abrazado a sus botellas y Kou parecía querer dormirse. Habían bebido como unos malditos desgraciados, lo único que logró despertarlos por un momento fue la cuenta que pagaron entre los tres. Subaru, por suerte se había moderado un poco; lo suficiente como para darse cuenta que debía llevárselos porque ellos no podían hacerse cargo de sí mismos.
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―¿Qué… dices? ―murmuró lentamente el castaño cuando dijo que llamaría a un taxi―. ¡N-no! ―negó―. Mi pechocha… pellosha… preciosa… ―trató de articular―, camioneta no se quedara aquí ―saco sus llaves y se las tendió―. Manejaras tú ―señaló frotando su cien.
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―¡Yo no sé manejar! ―exclamó para que lo escuchase de una vez―. Nos vamos a matar.
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―De algo hay que morir… ―logro decir Kou y frotó su estómago―. Quiero vomitar…
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―No apuntes… hacia acá ―advirtió el grandulón levantándolo y poniéndolo en su hombro―. Vamos… ―Hipeó―. ¡Hoy te harás hombre! Trata bien a mi chica o te suicido ―el rubio comenzó a reír y se encaminaron hacia la camioneta.
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Subaru recordó que se quejó varias veces pero que aun así se subió al asiento del piloto con Yuma al lado.
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―Yo aún tengo mucho por que vivir ―remarcó el albino haciendo arrancar al vehículo.
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―Entonces… conduce bien… ―el albino hizo marcha atrás de un solo tirón y se puso sobre la carretera en otro―. ¡CON DELICADEZA, ANIMAL! ―grito Yuma aferrándose al asiento.
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―¡VAMOS A MORIR! ―chilló histérico Kou desde atrás―. Y QUIERO VOMITAR.
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―¡NO TE ATREVAS!
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El griterío aumento a la par de la velocidad de la camioneta, fue prácticamente un milagro que no hubiera nadie en la calle y que los semáforos estuviesen apagados. El albino solo había aprendido a poner en marcha un auto, todo eso era nuevo para él. Yuma lo guiaba como la cabeza y el mareo se lo permitían. El resultado fue llegar al destino, estacionando terriblemente mal de un frenazo y 10 minutos antes de lo debido.
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―Me… me quiero bajar… ―dijo derrotado el rubio.
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―Pensé que sabias… algo. ―comentó sin ánimos Yuma.
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Subaru se bajó, agradeciendo tocar tierra y le abrió la puerta al ojis azules para que callera al piso. Luego fue a la parte del copiloto para arrastrar a Yuma hasta su lado.
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―¿¡Qué rayos pasó aquí!? ―se escuchó resonar la autoritaria voz de Ruki. Levantó pesadamente la vista y notó que Azusa y Ahome se estaban acercando a ellos. La miró por un instante y se percató de la sorpresa de ella―. ¿Qué nadie va a hablar?
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―Quiero… vomitar ―se escuchó al convaleciente Kou. La ojisvioleta y el ojisgrises lo rescataron levantándolo con pesar―. Oh~ mierda… nos descubrieron ―dijo con voz di fónica.
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―Yuma está igual ―fue lo primero que articuló desde que los vio. Ahome se giró a verlo y este le sonrió con algo de pena― Buenas noches…
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―Buenas noches, Doña cólera… ―saludó con algo de nostalgia―. Están hechos un desastre.
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Rápidamente el azabache mayor ayudó al albino a ingresar al grandulón a la casa para después llevarlo hasta su cuarto. Los menores se encargaron del Idol arrastrándolo primero hasta el baño. Todo pareció pasar con una lentitud increíble desde ese entonces. El Mukami mayor reprendía al castaño por imbécil pero este solo tenía fuerzas para respirar. Como castigo lo mandó a bañarse para intentar despabilarlo. En ese lapsus, Ruki acomodó la camioneta, le gritó a Kou, lo metió bajo la tina y se dirigió a la cocina para prepararles algo caliente.
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Se levantó cuando sintió que ya era demasiada molestia y que no podía ayudar en más. La chica estaba yendo de una habitación a otra para corroborar que sus primos siguieran vivos.
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―¿A dónde… vas? ―preguntó Azusa.
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―Llamaré un taxi – se excusó.
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―No hace falta ―dijo resignado el Mukami mayor―. Puedes pasar la noche aquí, ya es muy tarde ―miró el reloj y comprobó que ya eran las 1 am. ¿Tan rápido paso el tiempo?―. Mejor tú también ve a bañarte ―le arrojó un cambio de ropa y una toalla―. No quiero que ese olor a alcohol se impregne en la casa.
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Quizás era el cansancio del día pero no le pareció mala idea tomar la orden del Mukami mayor. Utilizó el baño de la planta alta y la alcoba de Kou para cambiarse. Este había sido confinado en la planta baja para evitar algún tipo de derrame. Fue extraño desnudarse en una casa que no fuese la suya y aún más usar la ducha de otra familia. En un cuidado y pulcro estante había distintos tipos de Shampoo y acondicionadores. De alguna forma supo reconocer el que utilizaba su testaruda clienta entre ellos. Rayos… la tenía a unos pasos de distancia, estaba completamente despierto y emocionado. Sin ánimos de causar más estragos de los que había, tomó un baño lo más rápido posible y se enfundó con aquellas ropas prestadas.
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Al salir de la habitación se cruzó con Azusa.
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―Casi… creímos que te habías… ahogado… ―comentó para darse vuelta y comenzar a andar.
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―¡Espera!
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―¿Necesitas… algo? ―preguntó sin ánimos de entablar una conversación. Parecía evasivo.
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―Quería hablar sobre la foto que me tomaste ―fue claro y conciso. Podía ser posible que el alcohol seguía en su sistema y eso le permitía ser sincero y estúpidamente cara dura.
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―Ya es tarde… ―murmuró.
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―Sera solo unos minutos. ―pidió.
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―Hmm… ―el mayor lo guio hasta la habitación de Kou y le hizo un gesto para que hablara.
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―Mi intención no era…
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―Ya lo sé ―vociferó interrumpiendo el discurso de Subaru. Él sabía perfectamente que había pasado, presenció todo el acto y así se lo contó a sus hermanos―. Quería saber… si ella podía desistir… de ti ―dijo prácticamente con pena.
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―¿Por qué? Sé que no estuvo bien pero… yo realmente estoy enamorado de ella ―se explicó sin vergüenza el albino.
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―Lo sé.
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―Sé que eres su familia y que quieres lo mejor para ella, yo también haría lo mismo. Pero… ―pensó en todas las palabras que podía llegar a utilizar para hacerse entender – Yo no quiero alejarme de ella…
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―Lo sé ―volvió a repetir y Subaru creyó que hablaba con un disco rayado. Al parecer su impaciencia se notó―. Porque vas en serio… lo sé. ―Remarcó―. No quiero que… vuelvan a herirla.
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Sonó prácticamente como un suplica. ¿Tanto habían sufrido? Cada uno de ellos deseaba que Ahome fuera feliz, sin embargo temían por su bienestar. No eran ningunos estúpidos, le habían ocultado el acto entero a su prima con el fin de que dejara de lado al muchacho de cabello blanco pero aun así, el dolor y el cariño seguían reflejándose en sus violetas ojos cada vez que pensaba en él.
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―Nunca le haría algo así…
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―No lo sabes…. ―remarco fuerte―. Nadie lo sabe. ―respiró hondamente y lo miro con severidad – Nadie sabe de lo que es capaz de hacer cuando esta fuera de sí ―sin detenerse en ninguna palabra, le dejó en claro su punto de vista. No confiaba en nadie, ni en el mismo, al parecer. Probablemente la vida le había enseñado eso. Subaru recordó la historia que le conto Ahome; todos fueron niños abandonados. Deambularon por las calles unos cuantos años hasta que se encontraron en un mismo orfanato y de alguna extraña manera, formaron una familia. Al tiempo una pareja los adoptó a los cuatro y al año a una niña, ella misma, quien se ganó a duras penas su cariño. Aprendieron lo peor del mundo primero, era prudente ser desconfiados, estaba su supervivencia en ello.
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Las cicatrices son cicatrices; jamás se van. Quizás se desvanezcan un poco haciendo casi imperceptible, sin embargo el dolor o la lección siguen ahí. Marcando a la persona.
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―Lo único que se con certeza ―murmuró el albino―, es lo que siento. No puedo decirte que pasara porque ni yo mismo lo sé… A veces me siento muy perdido… ―se sinceró. Siempre había sido así, él era el menor, el antisocial y el problema en varias ocasiones. No había sufrido lo mismo que ellos, pero también tenía cicatrices que palpitaban en su ser. Y de ellas aprendió mucho―. Y Ahome es mi punto de desequilibrio preferido ―mencionó con una sonrisa.
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―¿Por qué… son tan tercos? ―susurró Azusa. Pasó su mano por su cabello con cansancio. ¿Qué podía hacer para alejar a la persona que tenía en frente? No lo odiaba pero él confió en aquel otro sujeto y sucedió toda aquella catástrofe. Debía admitir que Subaru era distinto, completamente pero… lo volvió a observar con dudas… él quería lo mejor para su amada Ahome. No quería verla sufrir más por su incapacidad de querer―. Yo solo… no lo siento ―fue sincero―. No te pediré perdón ―aseguró.
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―No hace falta y no te sientas mal por eso.
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―Es muy odioso… ¿Lo sabes?
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Azusa no le dio su apoyo ni tampoco dijo que tuviera cuidado como Yuma o Kou. Solo se fue; caminando por un punto medio. Al albino no le pareció mal, ellos no se conocían mucho y estaba bien que fuera desconfiado. Comprendió que todo de alguna manera siempre avanzaba con o sin uno mismo.
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El sueño ya calaba en el con fuerza, sin embargo antes de eso, decidió bajar a la cocina para cerciorarse de que todo estuviera bien y de paso tomar algo de agua. Mañana se levantaría con un dolor insoportable de cabeza. Al salir de la habitación dio unos pasos hasta la escalera. Cuando tuvo la intensión de bajar se encontró a Ahome subiendo. Levantó la vista y se lo encontró. Se detuvo un momento, y dio otro paso hasta llegar a él.
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―Te traje algo de té ―menciono algo apenada. Su escurridiza mirada no lo observada directamente a los ojos―. ¿Quieres acompañarme a tomar un poco en mi habitación? ―preguntó―. Hace media hora terminamos con Yuma y Kou.
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Él solo asintió y la siguió hasta una de las últimas habitaciones de la planta alta. Al entrar percibió el perfume que siempre acompañaba a su clienta. Su cuarto tenía paredes violetas, la cama estaba puesta contra una pared, tenía escritorios, un gran armario y una pequeña puerta que supuso, detrás de ella estaría su baño propio. Ella puso la bandeja con las dos tazas de té en una pequeña mesa que había dispuesto hace un momento. Se sentó teniendo como respaldo la cama y palmeó su costado invitándolo a sentarse con ella.
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Él obedeció sin chistar, se sentó a dos palmos de lejanía y observó los alrededores. Le resultó extraño que en ese momento, cuando al fin la tenía en frente, no supiera que decirle. Tal vez era su propia presencia o el hecho de no saber por dónde empezar.
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―Ustedes sí que se pudieron haber matado… ―murmuró la muchacha tomando su taza―. Tómalo, lo agradecerás cuando despiertes. ―volvió a obedecer. La bebida era un poco amarga pero lo suficientemente caliente para intentar aliviar su inhestado vocal. La observó de reojo y notó que sonrió.
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―¿Qué es tan divertido? ―vociferó.
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―Solo… ―respiró hondo―, ya no puedo suponer que es lo que eres capaz de hacer… ―mencionó dándole una risa queda―. Mira que emborracharte con Yuma y Kou. ¡Estas bastante mal de la cabeza!
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―No suelo hacer eso… ―dio un pequeño sorbo intentando ocultar la vergüenza detrás de su taza―. Aunque fue entretenido. Lo necesitaba… ―dijo más para sí mismo que para ella.
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―Oh… ¿Entonces debería anotarte en alcohólicos anónimos? ―dijo dudosa con una sonrisa en el rostro. Sin embargo, su mirada seguía rehuyéndole. Intentaba darle una imagen que él conocía pero sabía que era pura actuación. Ella estaba desanimada.
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―Lo dices como si hiciera estupideces todo el tiempo ―rechistó.
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―Últimamente lo haces ―sentenció e hizo silencio inmediatamente. La forma en la que lo dijo le dejó todo en claro. Estaba molesta.
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―Tienes razón ―murmuró―. Nunca más hare un trabajo práctico con alguien tan superficial; es molesto. ―volvió a verla de reojo, creyendo que se encontraría con una azabache molesta pero no fue así. Ella miraba pensativamente su taza y mordía su labio inferior como si intentara evitar hablar―. Hace unos días… ―comentó―, me escribiste que querías lo mejor para mí. Rose no lo es ―dejo en evidencia―, ni aunque fuera un poco más amable lo seria ―rio―. Así que te equivocaste.
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―¿Estás seguro?
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―Solo me descuidé… ustedes las mujeres son peligrosas ―mencionó recordando las palabras de Gil y escuchó una pequeña risilla provenir de Ahome―. Yo estoy enamorado de otra persona.
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Silencio otra vez. Subaru creyó que tomarse unos cinco minutos mientras bebía su té no estaría mal. No quería presionarla ni presionarse, así que lo terminó con tranquilidad, disfrutando de su cálida compañía. Hace horas atrás estaba molesto y dolido por sus palabras que habían sido como gotas de ácido que derretían su piel. Se imaginó varias veces la situación recriminándole todo lo que le había dicho. Y ahora todo se había desvanecido; su amor era más grande que su tristeza ya que de ella dependía su felicidad. Dejó la tasa sobre la mesa y respiró hondamente. Era un caso perdido.
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―Rayos… ―la escuchó murmurar. Se giró y notó que ella había echado su cabeza para atrás, apoyándola en la cama. Su cabello estaba completamente disperso por la sabana y sus ojos cerrados―. ¿Por qué eres así?
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―¿Así, cómo?
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―Así. ―respondió con simpleza.
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―Se más específica ―pidió.
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―Eres tú ―giró su cabeza y abrió sus ojos encontrándose por primera vez, en mucho tiempo, con la rubí mirada de Subaru. Su pecho se levantó lentamente al inhalar y bajó entrecortadamente al exhalar. Su mirar era nostálgico. Volvió a ocultar sus ojos y jugó con sus manos sobre sus piernas―. Hay mucho que no te he dicho ―dijo con pesar―, porque tengo miedo que te apartes de mí. ―se irguió y observó a la nada misma. Subaru esperó lo que seguía con paciencia―. Pero al mismo tiempo sé que es lo mejor que podría pasarnos. Quise ahorrarnos un mal momento pero aun así ―su voz se entrecortó―, duele mucho…
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Ahí estaba; deshaciéndose otra vez. Tomó su mano con delicadeza y entrelazó sus dedos con los suyos. Quería que supiera que estaba ahí para ella. La joven apretó su mano con fuerza y volvió a respirar; no quería soltarlo.
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―¿Sería mucho fastidio… ―murmuro―, escuchar una historia cliché? ―Subaru acarició su mano en respuesta. Ahome respiró hondamente y se lo contó; había salido con un joven mayor que ella por pura curiosidad. Incluso llegó a gustarle, lo quería pero no tanto. Todo iba bien, él tenía experiencia tratando con mujeres pero a pesar de eso él siempre admitió que ella era un caso distinto; estaba loca y eso le encantaba. De a poco sutiles cambios surgieron en él, cada vez era un poco más violento que antes y no solo verbalmente. La primera vez que la zarandeó, la azabache, le partió el labio de un puñetazo y le advirtió que no volviera a hacerlo, ya se estaba cansando. Intentó dejarlo varias veces pero él se negaba a verla y ella como aun lo respetaba quería decirle las cosas en la cara. Cuando lo hizo la abofeteó.
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Subaru escuchaba atentamente la historia contada por la protagonista. En la voz de Ahome no habitaba el resentimiento o el odio; solo el remordimiento.
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Sus primos salieron a defenderla, sin embargo inmediatamente los separaron. No se vieron en dos semanas y él la citó para hablar más tranquilamente. A pesar de la negativa de su familia y amigos y de ella misma, asistió. A ella… le preocupaba su salud. No especificó bien a qué se refería pero una idea pudo hacerse Subaru. Él trató de convencerla para que volviera con él a pesar de haberla engañado con otras mujeres. La azabache se negó en todo momento, no le interesó el engaño sino el maltrato; sabía que lo de ellos no daba para más. Le dijo que hace mucho había terminado lo suyo. Cuando lo hizo intentó abandonar la habitación pero no pudo, la puerta estaba cerrada con llave... Intentó quitárselo de encima pero él comenzó a golpearla.
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Debido a los gritos su familia apareció, derribaron la puerta y lo tomaron a golpes hasta dejarlo inconsciente. Ella aun no podía salir del shock, incluso cuando apareció la policía no supo bien que decir. Desde ese día pusieron una orden de restricción y demandaron al sujeto por violencia de género y otros asuntos aún más escabrosos.
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―Lo que paso en aquel tiempo… lo comprendo ―comentó reflexiva―. Lo que no puedo entender es cómo no me di cuenta antes. ¿Qué fue lo que no vi? ―apretó los ojos bien fuerte―. Tal vez… fue porque nunca llegué a amarlo… éramos buenos amigos que se querían, por eso nunca me intereso todo lo demás. ―se mordió el labio―. El pasado quedo atrás y no me interesa torturarme con eso.
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El albino volvió a sentir la ira nacer dentro de sí. Lo odiaba, ni siquiera conocía su nombre pero lo detestaba. ¿Cómo se atrevía a hacerle todo eso? Intentó mantener la calma y sintió como Ahome acariciaba su mano. Sonrió de lado; se suponía que él debía consolarla a ella, no al revés.
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―¿Tienes miedo que vuelva a hacerte daño? ―preguntó con cautela.
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―No puede hacerlo, está muy lejos y ni siquiera puede acercarse ―dijo con tranquilidad―. Solo que… ―su cara volvió a contraerse en melancolía―, estoy muy confundida… tengo miedo de hacerte daño. Mira lo que te hice sin darme cuenta… ―respiró algo agitada―. Yo no me siento lista aun… soy una estúpida y casi siempre hago las cosas mal ―dijo acongojada y sus ojos se le aguaron―. No sé ni siquiera porqué tengo miedo ―rio con angustia―- ¡Estaba tan enojada conmigo misma y después contigo por besar a la estúpida de Rose! ―Exclamó pellizcando su brazo cuando dijo lo último―, pero estas en todo tu derecho, no tengo porque recriminarte nada y ya estoy llorando como una imbécil ―sus palabras no tenían un orden lógico. De su boca salió aquel dolor fundamentado―. ¡Por mi culpa todo terminó en esta porquería!
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Subaru la abrazó de costado y la acunó en su pecho para después apoyar su cabeza contra la suya. Quería transmitirle algo de su seguridad; él no la dañaría por nada del mundo, él haría cualquier cosa por ella. La joven se aferró a él y siguió sollozando. A medida que los segundos pasaban pudo comprenderla más, ella se sentía insegura, tenía miedo de sí misma. El joven acaricio su cabello y espalda con tranquilidad, intentando asi, dispersar el peso que llevaba en sus pequeños hombros. Cuando sintió que su respiración se calmó abrió los labios.
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―Yo… siempre estaré aquí para ti, Ahome. Por favor, no vuelvas a olvidarlo ―suplicó―. Yo… te esperaré lo que sea necesario porque eres muy importante para mí ―la sintió erizarse entre sus brazos y se despegó un poco de ella. Ahome levantó la cabeza y quedó totalmente embelesada con la profunda mirada del albino. Este puso su mano en su mejilla y corrió unos cuantos mechones de cabello de su cara mientras acariciaba el contorno de sus ojos; como si pudiera curar el ardor de estos. Amaba sus preciosos orbes violetas; eran únicos. En esos momentos era tan transparente y hermosa que no podía evitar sincerarse―. Ya te lo dije, ¿verdad? ―sonrió―, estoy perdidamente enamorado de ti ―dijo con un tono de voz ronco y tierno―. Nunca he estado más seguro de algo en mi vida. Te amo y es en serio ―las mejillas de la azabache ardieron igual que las de él.
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Subaru sintió una necesidad impresionante por volver a probar sus labios. No esperó más, la besó con seguridad y ternura. En esta ocasión los dos se degustaron con paciencia, descubriéndose. El albino sintió su corazón arder al ver la respuesta de la joven, como se amarró a su cuello y profundizó el beso. El que le hubiera correspondido fue como tocar el cielo con las manos. No podía sentirse más dichoso; la adrenalina recorrió su cuerpo, provocando que sintiera más calor. Él recostó la cabeza de la chica contra el colchón para poder acercarse más a ella. Mordisqueó sus labios e inmediatamente, la joven, le dejó ingresar su lengua a su cavidad bocal provocando que sus cuerpos se estremecieran por lo placentero que era tocarse. En ese momento, donde todo parecía irreal, sus besos se volvieron más demandantes y exigentes. Sus respiraciones eran más agitadas y uno que otro jadeo escapaban de sus bocas. Ahome pegó su cuerpo contra el de él y Subaru acarició su cintura con más ímpetu.
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Él no se dio cuenta de lo adicto que era a ella hasta que volvió a tenerla entre sus brazos; siempre quería más y no soportaba la idea de no tenerla.
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Se separaron para tratar de recuperar el aire y mientras lo hacían, Ahome repartía pequeños besos en los labios de Subaru, logrando que este sonriera con felicidad. Amaba tanto sus caricias… deseó estar así siempre. Al abrir los ojos se encontraron totalmente enrojecidos, incluso pudieron sentir algo de pena en ese frenesí de sensaciones. El albino apoyó su cabeza contra la de ella y acarició con ternura su hombro.
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―Confía en mí ―musitó, clavando su mirada en la suya―. Y no te alejes más, por favor ―rogó el ojis rojos y volvió a abrazarla. Ahome acarició su espalda al sentirlo respirar hondamente. Él estaba a la espera de cualquier cosa que fuera a decir; respetaría su decisión.
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―No creo poder alejarme de ti… ―confesó volviendo a acurrucarse en su amplio pecho y sintió como el corazón le latía a mil por hora―. Y mucho menos después de esto… ―cerró sus ojos y lo abrazó más. Él supo que confiaba en él y también sabía que se atendería a cualquier consecuencia de sus actos―. Si vas a arrepentirte ―mencionó en un tono de voz muy bajo, como si no quisiera ser escuchada―, ahora es el momento…
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―Ya no tengo escapatoria ―dijo sinceramente cerrando los ojos también y paseando sus dedos por el largo cabello azabache de su amada clienta. Pensó que aquel momento valió por todo el dolor pasado y sonrió. No tenía ninguna certeza más de lo que sentía.
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Fin del cap ¿Que les parecio? esto se va poniendo mejor ewe ¡Nos leemos luego!
