¡Buenas minna-san! ¿Como les va? La verdad es que ya no tengo excusas D'x la facultad me succiono pero aun asi aqui estoy de vuelta con un nuevo cap de "El aroma del encuentro" AU de Diabolik lovers. Voy a volver a actualizar de a poquito asi que estare mas activa.

¡Muchas gracias a todos los que leen mi historia y a quienes me dedican algunas palabras! Lo aprecio muchisimo :D

Tambien agradezco a Marce, mi co-wifu, por arreglar mis desastres ortográficos x'D sin mas interrupciones... Disfruten el cap!

Disclaimer: Diabolik Lovers no me pertenece TuT

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CAPITULO 17

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Sintió como el cuerpo de la muchacha se relajó completamente y como su respiración se volvía acompasada; estaba dormida. Y aquel velo de sueño que sentía amenazaba con dejarlo en el mismo estado. Consideró quedarse en aquella posición, sin embargo, el recuerdo de que no estaban solos y la idea de que ella durmiera incomoda denegaron su deseo.

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Lentamente, y haciendo uso de una delicadeza inhumana para él, pasó su brazo por su espalda y el otro por debajo de sus piernas. La recostó en la cama y la arropó para después quedársela viendo. Unos pequeños mechones invadían su rostro así que se permitió apartarlos con cariño. A decir verdad, era mucha la información que había procesado; la historia del maldito mal parido de su ex novio, las opiniones de sus familiares y la oportunidad latente de que le permitiera avanzar hacia ella. Tenía una extraña mezcla de sentimientos encontrados que no le permitían coordinar sus pensamientos coherentemente.

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Apartó su mano del rostro de la joven y la detalló un segundo más hasta que se escuchó un carraspeo.

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—¿Ya terminaste? —en un tono de voz bajo y aparentemente pacifico, Ruki llamó su atención. Subaru se giró despacio, como si temiera hacerlo, las mejillas le ardían y el sueño pareció abandonarlo completamente. Cuando lo observó, este le dedicó una mirada de impaciencia, haciéndose a un costado para que avanzara y saliera del cuarto. ¿Hace cuánto estaba ahí parado? ¿Cuándo había abierto la puerta? Esos lapsus "estupidisticos" que le daban definitivamente no eran buenos.

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Tomó las tazas de la improvisada mesa y se retiró, sin detenerse, hacia la cocina, siendo seguido por los sutiles pasos del azabache.

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—Será un segundo… —vociferó mientras lavaba los trastos.

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—No sé qué es lo que planeas hacer —dijo Ruki—, pero estás en mi casa y esa es MI prima; ten cuidado –advirtió sin dejar espacio a dudas.

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—Juro que no… —el azabache lo interrumpió levantando su dedo índice, indicándole que cerrara el hocico. Porque para el mayor era eso; un indefenso animal acorralado.

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—No me refería a "eso" —remarcó con hastió. La sola idea de que el individuo que tenía enfrente se propasara con su preciada Ahome lo enervaba—. No hace falta que te lo diga; ya todos lo hicieron —el albino pensó que sin lugar a duda ese joven era el líder del hogar; su presencia, forma de hablar y mirada amenazante lo indicaban claramente—. Será mejor que te vayas a dormir, hoy todos madrugamos… —señaló mirando su reloj y dándose la vuelta. En ese pequeño paso Subaru volvió a respirar—. Ah, por cierto… —dijo mirándolo de reojo—; esto no es un juego. Te pasas de listo y haré que te arrepientas de ello por el resto de tu vida. Buenas noches.

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Se podía decir que Ruki, sobre todas las cosas, era un joven educado. Podía ser grosero, maldecir, y convertirse en el mismo diablo, pero con elegancia y palabras aparentemente sofisticadas que solo ocultaban el odio y compadecimiento que tenía hacia cualquier sujeto que le pareciera un idiota. En este caso, el ojis-rojos que no tardó en retirarse a su provisoria habitación.

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No le costó recobrar el sueño, ya que este le pesaba sobre sus parpados fuertemente. La paz que sentía por haber visto a la joven destensó su cuerpo y alivianó un poco su desesperado corazón. Si tuvo alguna clase de sueño no lo recordó al despertar, cosa que le pesó de sobremanera, fue como un pestañeó. En cuanto se levantó, encontró su ropa desparramada pero limpia sobre una silla. La imagen del Mukami mayor atravesó su mente. De seguro tuvo que contenerse para no tirársela en la cara. Agradeció internamente aquel esfuerzo y se vistió, hizo la cama y colocó en el cesto de ropa para lavandería la que había usado para dormir.

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Al bajar se encontró con la familia poniendo la mesa para desayunar. Kou se sostenía como podía de la silla para no caerse del cansancio y Yuma solo bufaba y fanfarroneaba insultos de distintos índoles e idiomas.

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—¿Por qué me despiertan? —murmuró el rubio—, puedo levantarme a entrenar más tarde. Además, hoy no me toca nada —hizo un puchero al terminar.

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—Tienes tu horario y debes cumplirlo —sentenció el azabache mayor.

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—¿Por qué no simplemente dices que es un castigo? —preguntó ofendido, pues conocía perfectamente a su hermano y sus formas para hacerles aprender la "lección"—. ¡Ya no tenemos nueve años para que hagas esto! —se quejó.

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—El día que dejes de comportarte como un mocoso dejare de hacerlo —simplificó Ruki.

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—O sea… nunca —acotó Azusa sentándose y ganándose una mirada de odio por parte del idol.

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—¿Ves? Azusa lo comprende.

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—Pequeño traidor… —murmuró el ojis celestes a la par de que picaba el estomago del menor.

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—Kou… eso no… —se detuvo al ver a Subaru acercarse—. Buenos días… —saludó y todos se giraron a verlo. La mayoría pudo notar como la joven lo observó con detenimiento y con una pequeña sonrisa de cariño en su rostro—. Ven siéntate… —invitó.

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—Ya no quiero causar más molestias —contestó Subaru—; muchas gracias por dejarme pasar la noche aquí. Yo… —

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—¡Nada de eso! —repuso la muchacha—. Con Yuma nos esforzamos para que te deleites con nuestro fabuloso desayuno, así que no puedes negarte —se jactó sirviendo un plato de mas.

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—Otro caído en batalla… —murmuró el rubio dándose cuenta de que el castaño solo se esforzaba por existir en ese momento y que por eso no había discutido con Ruki.

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—Hm… solo siéntate —ordenó el ojis azules.

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El Sakamaki suspiró y tomó asiento junto con Azusa y Kou. Ahome estaba apartada al lado del mayor intentando despabilar a su otro primo. Así que se resignó a desayunar en aquel extraño, pero cálido clima.

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—¡Buenos días! —saludó una muy alegre Tamara—. ¿Qué hay para comer?... ¿Uh? —se sorprendió al ver al albino—. Wow~ Eres más rápido de lo que pensé, Subaru —canturreó guiñándole el ojo. Este solo se atragantó por el comentario, no lo podía creer, ahora como los vería a la cara.

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—¿A qué… te refieres? —interrogó el Mukami menor.

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—B-bueno… —había metido la pata por ser una estúpida impulsiva. Lo sabía por el rostro de su amiga que la observaba con precaución—, es que el otro día me lo crucé y estuvimos hablando… —comentó tomando asiento y el plato que le extendía Ruki—. ¡Ah! ¡Qué bueno que está esto! —se concentró en el plato de comida para evitar hablar.

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—¿Y…? —insistió Kou.

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—¿Ahora eres chismoso? —preguntó con la boca llena—. Solo me lo encontré en la cafetería, rubia tonta —se mofó ésta, intentando desviar el tema.

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Ahome inmediatamente la pateó para que dejara de hablar, estaba empeorando todo. Sin embargo, ese acto se hizo evidente cuando dio un pequeño gritito. La azabache solo llevó su mano hasta la cabeza; no podía ser cierto.

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—¿En qué cafetería? —le preguntaron directamente al joven.

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—En la que trabajo —intentó contestar lo más calmo posible. Observó de reojo a su clienta que solo juntaba sus manos en forma de disculpas.

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—¿Dónde queda? —preguntó curioso Kou.

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—Donde no les importa —se adelantó la ojisvioleta—. Esto ya es violación a la privacidad. —declaró, cruzándose de brazos—. ¿Qué más le van a pedir? ¿El documento de identidad?

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—Estás exagerando —dijo Ruki—. vimos el documento por pura coincidencia cuando quité su billetera del pantalón antes de meterlo a la lavadora.

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—¿Vimos?… como sea… —suspiró la chica e ignoró el comentario para retomar lo que decía—. No lo hago, incluso ya me los imagino "visitándolo" —comentó con credulidad—. Así que no.

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—Estás atrasando lo inevitable —resopló el rubio mientras le hacía gestos a su amiga. Fingía que le daba cuerda a su mano para develar el dedo medio con fingida sorpresa.

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—La cafetería se llama "Coffee Break" ¿Felices? —intervino el albino algo ya cansado por la situación. Tenían razón; era inevitable. Pero también si quería hacer las cosas bien y dejar sus intenciones claras, algunos aspectos básicos como el trabajo debían ser transparentes—. Estos panqueques están muy buenos —murmuró ensimismado llevándose otro bocado a la boca.

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—Yo no puedo creer… —se escuchó la voz ronca de una persona que parecía llevar años sin hablar; Yuma. Como si hubiera resurgido entre los muertos, levantó la cabeza, le dio un sorbo a su bebida y observó con los ojos entrecerrados a los demás—, que trabajes con vajillas delicadamente y que aun así seas un animal detrás del volante —dijo algo rencoroso.

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—Te repetí una y otra vez que no sabía conducir y aun así me subieron al auto —retó molesto.

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—¡No puede ser que no sepas conducir! —comentó Yuma indignado—. Ni siquiera sabías lo básico.

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—¿Qué paso anoche? —preguntó en un susurro Tamara a Azusa.

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—¿Qué tiene de malo?

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—¡Todo! Tienes que aprender. ¿Qué nadie te enseñó? —enarcó una ceja, descuartizó un poco su panqueque y se lo llevó de un bocado a la boca.

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—Shuu lo intentó… —murmuró Subaru—; y Reiji apreciaba mucho su vida como para tratar hacerlo —ante tal comentario se les escaparon algunas carcajadas; el muchacho debía ser un desastre.

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—Ya me lo imagino a Reiji aferrándose al asiento —comentó Ahome.

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El timbre de la casa sonó y la azabache fue a comprobar quien era. A los segundos entró al comedor acompañada de Laito que observaba con picardía a su hermano menor. Este solo quería que se lo tragara la tierra, deseando que no abriera más de lo debido la boca.

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—¿Laito qué haces aquí? —preguntó, intentando no cruzar su mirada con la de él.

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—¿Ah? ¿Dónde está el "buenos días"? —se quejó inflando uno de sus cachetes—. Encima que me tomo la molestia de recogerte… —su vista paseó por el lugar y se topó con la traviesa pelirroja, le dedicó una sonrisa gatuna y un guiñó. Esta solo se metió aun más en su plato, ni de broma iba a contestarle en frente de todos—. Aho-chan me mandó un mensaje anoche avisándome que te quedabas aquí, nyu~ —le levantó el dedo pulgar en forma de aprobación ganándose una mirada asesina de parte de Yuma—. Claro, tu mensaje también lo había leído…

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Con la poca dignidad que le quedaba, Subaru, les agradeció por todo y lavó los trastos que había utilizado a pesar de que le dijeran que no hacía falta. Se despidió de todos y fue escoltado hasta la puerta por la ojisvioleta y Ruki.

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—Nos vemos luego —saludó formalmente el azabache.

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La muchacha dio un paso delante de su primo y moduló con su boca "a las 11", para después sonreírle de aquella forma que tanto le gustaba y estupidizaba. Dio un saludo con la mano y se giró para irse con su hermano.

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—¿Qué fue eso? —explotó a carcajadas Laito ya dentro del auto—. Por lo menos demostraste que no eres manco.

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—¡Ya cállate, maldito idiota! —gritó haciendo que su voz resonara—. ¿Cómo se te ocurre hacerme esos gestos y decir esas idioteces? ¿Quieres que no me dejen acercármele? —dijo exasperado dándole un pequeño codazo para callar su horrible risa de una vez por todas.

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—¡Cálmate, Subaru-kun! —pidió sobándose la costilla—. Solo quería probarte~

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—Me estás jodiendo, ¿verdad? —susurró amenazadoramente y el castaño puso a andar el coche.

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—Recuerda que al conductor no se lo perturba ni se lo golpea… —canturreó con algo de miedo. El menor maldijo por lo alto y se cruzó de brazos—. Al final es como te dije…

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—¿Qué? —gruñó.

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—Es perfecta para ti —simplificó, logrando arrancarle una sonrisa tímida. Odiaba y amaba al mismo tiempo que esa idea lo hiciera sonreír así—. Ella es consciente de ti… y al parecer paso algo más, nyu~ —sonrió maliciosamente.

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—¿Así que ya te hiciste hombrecito y dormiste fuera de casa anoche? —preguntó inquisitivamente Gil.

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—¿Pero qué rayos? —se sobresaltó y se quemó con la tostadora. Faltaba poco para las 11 de la mañana en la cafetería "Coffee Break", los empleados del local estaban cada uno metidos en sus labores excepto su compañero, que cuando quería saltarse sus tareas o estaba aburrido, casi siempre, recurría a él para fastidiarle la mañana.

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—Así que era cierto… —mencionó maliciosamente. El ojisrojos enrojeció totalmente y sin poder controlarse lo tomó de la solapa de la camisa para acercarlo a él—. No seas bruto… —se quejó, pero calló al ver el rostro de su amigo. Solo pudo mantenerle dos segundos la mirada seria, luego comenzó a reír—. Lo siento… —seguía carcajeándose—, es que… nunca te había visto así… tenía que aprovecharme —se justificó.

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—¿Cómo te enteraste? —dijo en voz baja y algo nervioso.

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—Las señas que me hizo Laito desde el automóvil fueron más que suficientes —declaró ante el fuerte agarre del joven.

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—Maldito pervertido chismoso. Va a ver cuando llegue a la casa… —maldijo soltando al muchacho—. Quemaré todas sus revistas pornográficas —sentenció.

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—Oye eso no se le hace a un hermano —reprendió el joven ganándose una mirada de fastidio del menor—. Quítaselas y si quieres yo te las guardo por algún tiempo.

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—¿En esas cosas se te va tu paga? —preguntó con arrogancia.

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—Uno gasta el dinero en lo que quiere, solo Dios puede juzgarme —finalizó para volver al salón a atender.

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—Tú te ganaste un lugar en el infierno hace tiempo… —murmuró y ojeó el reloj una vez más.

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Comenzó a preparar el café de la mujer que lo había vuelto más idiota de lo que ya era y pensó con que le gustaría acompañar su bebida. Sonrió ante su estupidez, ante su feliz estupidez.

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El reloj marcó las 11 am y Ahome se dejó ver al atravesar la puerta. Hace tanto que no compartían las mañanas que le dio un aire nostálgico verla buscarlo con la mirada y sonreírle con esa complicidad de siempre al encontrarlo. Eran de esas que estremecía el corazón y contagiaban sin querer felicidad.

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Entreabrió los labios dispuesto a saludarla, pero Megu se le adelantó haciéndolo primero. La retuvo unos segundos en los que aprovechó ir en busca de su bebida.

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—¡Buenos días Subaru! —exclamó alegre—; buenos días Jenny, te eché de menos —confesó acomodándose en su asiento—. ¡Ah! Qué rapidez… —dijo sorprendida al ver su pedido sobre la barra—, gracias…

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—¿Cómo te fue? —preguntó un poco más aliviado, al parecer volvía a ser la misma de antes.

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—Bien… sentí más ganas de dormirme en las primeras dos horas que de costumbre, pero es normal.

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—Uhm…

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—¡Subaru-kun! —apareció Gil guiñándole el ojo a la azabache en forma de saludo al cual ella contestó de la misma forma—. Tres capuchinos, un cortado y una café con leche, mas leche que café —ordenó.

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—Enseguida. —contestó armando rápidamente el pedido. A decir verdad, tenía ganas de compartir más tiempo con la muchacha; se le había ocurrido ir a ver una película juntos o ir a un parque de diversiones. Cualquier cosa que ella quisiese, lo único que quería era estar más con ella.

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¿Cómo debía actuar? ¿Sería demasiado rápido invitarla a salir luego de lo que paso? Por un lado, sentía la seguridad de que tenía una oportunidad en manos, pero por otro… la situación era algo confusa y no quería causar aún más problemas. Optó por no saturar su cerebro agotado y golpeado por el alcohol, si lo veía propicio se lo propondría. Aunque también… podía utilizar "eso". Una sonrisa diabólica surco sus labios. Tenía "eso", si bien la idea no era torturarla, le daba lástima no utilizar esa información obtenida en medio de una charla de borrachos.

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—¿Qué te paso en la mano? —lo despabiló Ahome luego de que el entregara los pedidos. Se observó su extremidad y comprobó que tenía una marca roja bastante notoria; la quemadura, pensó.

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—Me quemé con la tostadora —dijo ensimismado. "Estúpido Gil", maldijo mentalmente. Tomó el botiquín de los primeros auxilios para tapar con alguna bandita o algo la herida. Si bien no le molestaba tanto le molestaba que los clientes miraran con pena ese tipo de lastimaduras.

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—Déjame ver —pidió.

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—Está bien, puedo solo —dijo apartándose un poco.

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—No te encapriches —se quejó tomándolo del brazo y llevándolo hasta el borde de la barra para poder curarlo—, quiero hacerlo yo —develó, tomando su mano entre las de ellas. Las observó un instante, para luego acariciarlas levemente. Esa acción le provocó un leve cosquilleo al albino que trató de disimularlo lo más que pudo. La joven había comenzado con el tratamiento, tomándose su tiempo, por suerte no había nadie cerca y no hacían más pedidos—. Esto te pasa por distraído —reprendió y él solo puso los ojos en blanco. Si supiera con que se distrajo—. Pensé… —murmuró y el joven notó como un pequeño rubor surcaba sus mejillas—, que te ibas a quedar conmigo anoche —dijo en un hilo de voz y levantó la mirada para observarlo por un segundo y luego volver a su labor. Subaru abrió los ojos de la sorpresa y se sonrojó, no daba crédito a lo que estaba escuchando—. N-no pongas esa cara, idiota. Solo decía —intentó sonar lo más convincente posible—, como la otra vez que dormimos la siesta en tu casa. No tiene nada malo eso, ¿verdad? —Vendó su mano y respiró hondamente—. Es extraño no despertarse con la persona con la que te dormiste… —al terminar volvió a observarlo y lo notó aún más rojo que antes tratando de decir algo—. ¿Qué?

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—¿De verdad no tienes idea de cómo suena eso? —trató ser lo más respetuoso y coherente posible. La ingenuidad o insensatez de la muchacha varias veces solía dejarlo sin habla, darle vergüenza ajena y en algunos casos, como este, en duda de que si lo que había escuchado era real o producto de su imaginación. Ahome pareció meditar sus palabras mientras guardaba el botiquín. La realidad de lo que había dicho le cayó como un balde de agua fría. Se giró rápidamente hacia el albino que se sobresaltó por la acción.

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—¡Doña cólera estúpida! —exclamó—. ¿Cómo puedes…? —reprimió un chillido y picó con su dedo el abdomen del joven—. Eres un cerdo.

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—¿AH? —dijo indignado—. ¡Que tu no sepas medir tus palabras no significa que yo sea un cerdo, chihuahua salvaje!

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—¿A quién le dices chihuahua salvaje, tomatito cherry? —retó amenazante, haciendo referencia a su notorio sonrojo.

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—A ti, duende de jardín, no me intimidas. —declaró. Si algo los caracterizaba era su espíritu competitivo y su capacidad para encontrar apodos incoherentes que sacaran de quicio al otro.

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Subaru era de explotar más fácilmente que la joven, sin embargo ella lo seguía rápidamente. A pesar de todo lo disfrutaban porque sabían que realmente no tenían la intención de herirse. El muchacho resopló hastiado, si seguían así iban a llamar la atención.

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—Te pasé a la cama porque no quería que durmieras incomoda —dijo algo malhumorado y apenado—. Justo en ese momento entró Ruki a la habitación.

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Ahome palideció y miró con comprensión al joven para después echarse a reír. Con razón el mal genio de su primo esa mañana.

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—Eres bastante valiente Subaru —dijo entre risas mientras el joven refunfuñaba—. Gracias… —agradeció mirándolo con cariño.

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Rayos… según ella no tenía la intención de que se enamorara, pero ¿cómo no hacerlo si lo miraba así? Era imposible. Su corazón siempre estaba en acción a su lado, en espera de que finalmente lo tomara y lo aceptara sin ninguna restricción.

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—¿Saldrías conmigo? —preguntó mirándola con expectación.

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En la sala se hizo un silencio sepulcral, se podía escuchar claramente el andar del reloj y el viento. No había pasado nada grave, ni mucho menos era una reunión común, solo estaban a la espera de que alguien se animara a preguntar sin provocar que el albino se diera a la fuga.

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Laito, ya conocedor, sonreía juguetonamente mientras miraba su celular.

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—¿Por qué…? —vociferó Subaru, observando a todos sus hermanos—. ¡Dejen de mirarme así! —exclamó avergonzado. Estaba seguro de que el castaño había abierto más de la cuenta la boca y ahora los demás se encontraban con la misión de obligarlo a hablar.

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—¿Y? —Preguntó impaciente Kanato—. ¿Cómo estuvo?

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—¿El qué…? —trató de hacerse el desentendido. Su madre estaba a unos minutos de llegar sin embargo el interrogatorio había empezado antes.

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—¿Cómo que "el qué"? ¡Imbécil! ¿Qué pasó anoche? —aclaró Ayato.

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—Ustedes dos no tienen ni un poco de tacto —negó con resignación Reiji—. No deberían entrometerse tanto, aun así… —dirigió una mirada al menor—. Sabes las medidas preventivas que debes tomar para ciertas "actividades" ¿Verdad, Subaru?

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La estrepitosa risa de Laito resonó en la casa.

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—¿Cómo te atreves a insinuar que no tenemos tacto y después decir semejante estupidez disfrazada con palabras "metafóricas"? —Dijo el peli violeta levantando bastante el volumen de voz—. ¡Eso es de caradura!

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—¡Cierto! —reforzó el pelirrojo antes de que el mayor se defendiera—. ¡Espera, Subaru! ¡No te vayas que no terminamos de hablar! —jaló al menor que había aprovechado la distracción para huir. No tenía ganas de escuchar sus conjeturas sobre sus "actividades".

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—¡Suéltame, imbécil! —gritó y se zafó.

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—Vas a tener que dar algo de información si quieres que te dejen en paz —intervino Shuu.

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—Shuu, tú también viniste a averiguar que paso —murmuro con fastidio Reiji—; es más, fuiste el primero en llegar.

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—¿Quién cambió la cita con su novia solo para "conseguir información" sobre las "actividades" de su hermano menor? —dijo con énfasis en cada palabra.

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—¿Qué hiciste qué? —preguntó indignado Subaru.

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—Ha, Reiji se ha convertido en toda una vieja chusma —dijo con una sonrisa arrogante Ayato—, solo te faltan los ruleros porque las aficiones ya las tienes.

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—Ella tenía otros asuntos que atender —se defendió, pero solo recibió aun más burlas y apodos.

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—Esto es por tu culpa, Laito —se quejó el menor.

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—¿Mi culpa? —fingió sentirse dolido—, si solo pasé el comunicado de que no dormías en casa porque estabas con Aho-chan, nyu~

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—¡No lo digas así! —refunfuñó sonrojado sin querer levantar la vista. De seguro sus hermanos ya lo estaban observando con esas caras de idiotas pervertidos insinuantes—. Solo…

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—¡Vamos, Subaru, dilo! —exclamó Kanato—, hace mas de 10 minutos que comenzamos con esto y aun no sabemos nada —resopló—. Ya apúrate de una vez.

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—Tsk, fuimos a un bar… —confesó y pudo notar como el pelirrojo asentía con aceptación. ¿Quién rayos se creía? —. con Kou y Yuma.

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—¿Kou y Yuma? —Preguntó extrañado el rubio— ¿No habías ido a ver a Ahome a su casa? — supuso el mayor. A pesar de que él no le hubiera comentado sabía que más temprano que tarde iría a verla.

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—Sí.

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—¿Y cómo terminaste con los otros dos? —interrogó confundido Ayato.

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—Cuando llamé a la puerta —suspiró algo cansado—, me atendieron ellos. Después me llevaron a un bar —comentó y ante la mirada insistentes de los demás continuo—. Hablamos y bebimos… un poco mucho.

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—¿Eh?

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—Luego, a pesar de estar bastante borrachos, Subaru condujo hasta la casa Mukami —develó Laito con una sonrisa gatuna—. Por eso Ruki lo obligó a quedarse, nyu.

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—¡TU CALLATE! —gritó el menor.

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—¿Subaru, manejaste? —Preguntó sorprendido Reiji—, pero si no sabes conducir.

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—Eres un desastre al volante —añadió el pelirrojo.

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—Por eso llegó como llegó ~ —tarareó el ojis verdes.

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—Vaya, casi moriste anoche… —murmuró el ojiazules.

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—Tampoco fue tan malo —se defendió—. No le digan a Oka-san —amenazó. Sabía que su madre se desmayaría si oía eso.

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—¿Y? —insistió el peli violeta.

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—Yuma estaba peor que yo —repuso—, mucho peor.

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—¡No eso, idiota! —chistó Kanato—. ¿Acaso tengo que decirlo? —el albino trago en grueso y negó—. ¿Así que se sigue haciendo la difícil?

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—No es eso —contestó algo incomodo—, es un poco complicado… —nadie se atrevió a preguntar el porqué.

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—Bueno… —dijo con pesadez Ayato—, sigues virgen, pero estás vivo, eso es lo que importa.

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Inmediatamente recibió una patada en la espinilla de parte del ojisrojos. ¿En serio? ¿Qué tan idiota podía llegar a ser? No pudieron seguir discutiendo porque Christa llegó a la casa. Era de no creer, siempre había un problema para coincidir todos juntos pero cuando se trataba de ese tipo de cosas, conseguir información o entrometerse en la vida del otro, mágicamente aparecían.

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Merendaron tranquilamente con la mayor, conversando sobre trivialidades y algunas anécdotas de trabajo. El pelinegro tuvo que retirarse antes de lo esperado, Kanato comenzó a preparar la cena y así, al fin pudo aprovechar su tiempo y tomarse una ducha. Pensó en saltearse la comida y directamente irse a dormir. Desde el medio día que el cuerpo le estaba haciendo notar que no podía salir, beber como quisiese, enfrentarse a la mujer que le gustaba sin quedar destrozado después.

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Tiró su cabello hacia atrás y respiró hondamente. Dio unos pasos y se dejó caer a la cama; su mente se puso en blanco y su cuerpo pareció hundirse en el colchón.

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—¿Tan duro fue, Héroe de Guerra? —bromeó Shuu desde la puerta para después sentarse en la punta de la cama. Subaru se giró lentamente, odiando por un segundo al mayor, sin embargo, la necesidad de hablar con alguien era más fuerte.

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—Me sorprendí —confesó.

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No le habló sobre lo que le contó la joven, solo se dedicó a dar los aspectos más importantes; Shuu solo escuchaba atentamente. Cuando dijo que ella prometió no alejarlo más, una sonrisa traicionera demostró su felicidad por ello. Incluso el hablar del momento en el que Ruki lo encontró acostándola en la cama no le borró la sonrisa. Era feliz con eso, aunque los demás lo consideraran poco.

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—¿Qué vas a hacer?

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—Bueno… —desvió su vista—. Hoy la invité a salir por mero impulso —el mayor negó riéndose—. ¡No pude evitarlo! —quería pasar el mayor tiempo posible con ella. Sin agregar que tuvo que contenerse para no besar sus labios cuando estuvo tan cerca. Fue una verdadera tortura.

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—Está bien —opinó.

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—¿Eso crees? —preguntó dudoso.

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—Te precipitaste —aclaró—, pero creo que les serviría para distraerse y comprobar hasta dónde pueden llegar —pensó en voz alta—. ¿Qué te dijo?

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—Aceptó. —murmuró y el ojis azules le hizo señas de que continuara—. Le pareció una buena idea.

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—¿No consideraste que tal vez lo hizo por haberte ignorado tanto antes? —sacó a luz confundiéndolo más—. Digo… quizás no sea así, ella no es del tipo de persona que saldría con alguien por lastima, pero aun así… tendrás que contenerte un poco, ¿entiendes? —Subaru se sentó en su cama y meditó un poco las palabras de su hermano. Frunció el ceño reprendiéndose así mismo por ser un estúpido impulsivo— No hiciste nada mal —llamó su atención—; a lo que me refiero es seas tú mismo pero que no te emociones tanto —respiró hondamente—. Es inútil decirte que no te ilusiones, ya estás estúpidamente enamorado de esa chica —concluyó—, pero… intenta no esperar tanto. A veces es mejor ver a la par que es lo que viene.

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—Tienes razón… —murmuró. A decir verdad estaba más que ilusionado con ella y la sola idea de tener una oportunidad le hizo sentir ganador antes de tiempo. En eso se equivocaba. Aquí no existían ganadores ni perdedores sino realidades y sueños inconclusos.

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—¿A dónde van a ir? —preguntó el mayor queriendo distraerlo.

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—P-pensé… ir al cine y al parque de diversiones o algo así. No lo pensé muy bien. —rascó su nuca con confusión y Shuu se dio cuenta que era demasiado para su cabeza por ese día.

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—No lo pienses mucho, solo diviértanse —sugirió guiñándole el ojo—. Ah, cierto, para otra ocasión podrías hacer lo que Oka-san comentó… la harías muy feliz —finalizó levantándose y saliendo del cuarto del menor a paso lento.

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Cierto, Christa quería hacer una fiesta para invitar a la familia Mukami. Subaru sonrió; sería un completo desastre pero uno muy divertido. Lo haría, definitivamente eso contentaría a su madre y de paso relajaría a su joven clienta.

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Ahome se estiro en sofá, mientras se acomodaba en su huequito preferido. Su gato no tardo en acomodarse a su lado y ronronearle para que lo acariciara más. Tenía sueño, pero aun así prefirió seguir despierta un poco más, había cosas rondando por su cabeza que no la dejaban conciliar el sueño y el silencio que le otorgaba la soledad del living, casi a media noche, le daban la tranquilidad que necesitaba.

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Sus pensamientos la pasearon por distintos lugares, algunos turbios, otros nuevos y curiosos, por lo menos podía decir que no tenía con que aburrirse. Suspiró lenta y pausadamente al recordar como aquella vez en la plaza no pudo contenerse y probó los codiciados labios del albino. Tenerlo a su merced le había parecido divertido, había hecho lo posible por ignorar el fuerte palpitar de su corazón y las ansias de decirle la verdad. Sin embargo… la inocente caricia que comenzó debajo de sus pómulos terminó en un recorrido de reconocimiento en los labios del joven y con ellos se había sumado su sedienta boca, que no le bastaba con solo probar su piel, sino que quería deleitarse con los labios ajenos. Cuando el muchacho la tomó de la nuca e ignoró su egoísta petición para después unir sus bocas sintió como su corazón dio un vuelco.

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Ni hablar cuando este se confesó con tanto cariño y devoción a pesar de haberlo rechazado y tratado tan mal. "No sé si lo sabes… pero yo estoy perdidamente enamorado de ti" cada una de esas palabras la desarmaron por completo, dejándola sin defensa alguna. La angustia al no poder responderle como quería quemó su garganta y nublo su razón; solo pudo llorar y huir como una vil cobarde. Pensó en la famosa frase "uno nunca termina de conocer a la gente", que gracias a Dios era cierta, pero de lo que no le cabía duda es que era aún más difícil e improbable terminar de conocerse a uno mismo. ¿Y qué hizo la jovencita cobarde luego de huir despavoridamente corriendo como una jirafa recién nacida? Se aisló y cortó el contacto con el pobre muchacho.

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La azabache pensó y pensó en alguna salida en la que no siguiera hiriendo al joven pero lo único "más sensato" que encontró fue alejarse. No soportó que le gritara la verdad en la cara porque no estaba lista para enfrentarla. ¿Actuó mal? Sí. ¿Merecía alguna clase de castigo por ello? Obvio. Sin embargo, su actitud no lo alejó, sino que lo acercó de una manera inesperada. Rio suavemente al recordarlo llegar con sus primos hace unas horas. A decir verdad, tenía miedo, estaba bastante nerviosa pero solo bastó con que él la mirara con aquellos rubíes ojos que tanto le gustaban para que flaqueara y volviera a abrirle paso a su vida otra vez. "¿Por qué eres así?" se preguntó miles de veces al preparar el té que compartiría con el albino, ya no podía ignorarlo, se quedaría a dormir en su casa porque ya era bastante tarde.

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Mientras subía las escaleras, con la fingida valentía que creía poseer, se recalcó la posibilidad de que no estaría tan mal darle una oportunidad, aunque esa idea la aterrara. Sin embargo, antes de eso, debería hablar con claridad. Y así fue. Lo invitó a su alcoba y le habló con sinceridad. Sintió unas enormes ganas de llorar cuando el joven la observó con compresión y la contuvo como mejor pudo. Se sintió completamente frágil entre sus brazos, como si fuera a romperse en cualquier momento. Aunque si lo pensaba bien, le daba la impresión de que, si se rompía o si ya lo estaba, él no dudaría en cortarse para recoger cada fragmento de su amedrentado corazón. Ese sentimiento no hizo más que alegrarla y hacerla sentir segura.

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Y ahora estaba ahí, sola en el living preguntándose cómo debería avanzar.

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—¿Qué dices Gasper? —Le habló al felino acurrucado en su regazo—. No soy una damisela en peligro a la espera de que un príncipe venga a rescatarla, nunca lo fui —pensó con algo de resignación. Ella era más agresiva en ese aspecto, era más de acciones que de palabras—. Ahora más bien… soy el dragón que protege el castillo —refunfuñó. Su compañero, obviamente no le respondió, solo levantó sus orejitas por un momento y luego volvió a acomodarse—. Tal vez deba hacer como tú… solucionas todo con una siesta.

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—Así son los gatos —la pacifica voz de Ruki inundó el ambiente en cuanto tomó asiento a su lado. Estiró su mano y acarició la cabeza del felino haciendo que este estirara el cuello para que tratase esa zona—. Es raro que te refieras a ti misma como a una princesa —murmuró no alejando la vista del animal—, siempre te consideraste más… un caballero —mencionó nostálgicamente.

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—Nuestra vida nunca ha sido un cuento de hadas, Ruki… —contestó luego de un suspiro.

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—Y no tiene por qué serlo —levantó su mirada y observó con cariño los preciosos orbes violetas de la muchacha —saber el final de antemano es aburrido.

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—Tienes razón —desvió su mirada a la mano que ahora se encontraba apoyada sobre la suya—; pensé que te ibas a enojar conmigo por lo de anoche —bromeó con cierto temor.

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—Claro que estoy molesto.

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—¿Eh?

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—¿Qué esperabas? —afiló sus azules ojos como si hubiera revivido todo en un segundo—, los idiotas de Yuma y Kou casi se matan con el mocoso que te pretende —hizo una pequeña pausa al notar como rápidamente, Gasper descendía del regazo de la joven para huir a un lugar más seguro—. Y además tuve que quedarme hasta tarde limpiando el desorden que armaron. ¿Cómo no me pondría furioso?

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Oh Dios, cambio de molesto a furioso, Ahome no sabía dónde meterse, sin embargo, en ningún momento el agarre de Ruki cesó. Lo observó a los ojos y apreció como se destensaban lentamente las facciones de su cara.

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—Pero… si así estas más tranquila… —murmuró para luego mirarla con advertencia—, aunque no esperes que deje que esa situación se repita a menudo.

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—La verdad es que no te entiendo —comentó para luego reír quedamente.

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—Es que no hay nada que entender. Escúchame —ordenó tomando su rostro entre sus manos—, yo quiero que seas feliz —esas palabras calaron fuertemente el corazón de la chica dejándola sin aire—. Las cosas son más simples de lo que crees, no te limites tu sola —el joven respiró entrecortadamente y pareció prepararse con dificultad para hablar—. Carla ya quedó en el pasado.

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Un pequeño silencio invadió espacio de unos segundos que parecieron minutos. Tanto tiempo se había encargado Ruki de borrar como pudiese el recuerdo de aquel sujeto en la joven que le pareció tabú incluso mencionar su nombre. Si bien tuvo que poner los papeles legales al día hace poco, aun le hervía la sangre cada vez que recordaba la situación en la que habían estado. El dolor y el llanto de su querida prima no quedaron en el olvido. Es más… las mismas barreras que se autoimponía Ahome demostraban las cicatrices que había dejado aquel sujeto a su paso. Y pensar que era tan buenos amigos en la universidad, se asqueó con tan solo pensar que alguna vez había confiado en el.

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—Ruki…

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—No podemos seguir viviendo con los fantasmas del pasado —decretó intentando convencerse a sí mismo—, sé que fue muy difícil para ti. Que incluso es muy difícil volver a confiar…

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—Ese no es el problema —respondió la joven acariciando las manos del azabache—, me aterra confiar tanto en él.

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El joven no tardo en atraerla a su pecho y abrazarla con fuerza. ¿Qué podría decirle ahora? Pensaba que estaba listo para hablar con ella seriamente del tema pero aun así se quedaba mudo al momento de la verdad.

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—No tienes la culpa de tener miedo —confesó con dificultad—, la vida nos hizo así —volvió a considerar sus palabras y negó—. No, pasamos por momentos horribles y aun así estamos aquí. Nosotros somos lo que decidimos ser, solo que es muy difícil por algunos hijos de puta que nos cruzamos en el camino o por nosotros mismos.

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Raramente, el azabache, insultaba de ese modo, solo lo hacía cuando estaba muy nervioso o hablaba de cosas que le costaban de sobre manera. Los brazos de la joven rodearon la ancha espalda de su familiar con cariño, a veces pensaba que por ocasiones Ruki volvía a ser niño y se animaba a mostrar sus temores sin tapujos. Con una inocencia y sinceridad única de una persona de esa edad.

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Se fundió en aquel silencio conciliador y de una extraordinaria manera el sueño la embargó con pesadez. ¿Ahora si puedo dormir? Pensó.

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—No debes temer… nosotros siempre estaremos contigo —dijo el joven con voz aterciopelada que no hizo más que inducirla aún más al sueño—. Solo vive.

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Sus parpados cayeron rendidos y su mente se fue extraviando por mundos inexplorados de a poco. La amable calidez que sintió la acunó con serenidad. Una melodía que resonó en su mente la acompañó al camino de la inconsciencia pacientemente, dejándola bailar a los compas de la música. Se alegró al saber que quien tocaba para ella la miraba de una forma distinta de la común. Con puro amor, un par de ojos escarlatas le sonreían con complicidad.

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¡Fin del capitulo 17! ¿Que tal? la verdad es que no puedo creer que esto al principio iba a ser un one shot y ahora estamos aqui, con ideas por doquier. Los invito a dejarme un review para saber que les parecio el cap y como van las cosas. Espero que esten bien :D

¡Muchas gracias por leer!