¡Buenas minna-san! ¿Como les va? Aunque tarde un poco mucho aqui estoy de nuevo con otro cap del aroma del encuentro! espero lo disfruten :) Las cosas comenzaran a ponerse mucho mas interesantes :O les agradezco mucho a todos por leer y por dejarme sus comentarios.

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Gracias a mi co-wifu que corrige mis horrores ortograficos.

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Sin mas que decir ¡Que disfruten la lectura!

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Disclaimer: Diabolik lovers no me pertenece, ni tampoco el sensual trasero de Subaru TuT

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CAPITULO 18

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¿Disculpa? —la muchacha se acercó al joven que se encontraba en la fila de la biblioteca—. ¿Por casualidad estás por devolver ese libro? – Preguntó aun siendo ignorada—. Porque si es así yo-

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No.

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¿Eh?

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El joven, aun sin verla, se aclaró la garganta dando a entender que no perdería su preciado tiempo en ella.

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Es mío —simplificó, dándole la vuelta a una página mientras ella esbozaba un "oh" con la boca.

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L-lo siento —se disculpó y se dispuso a hacer la fila paralela para consultar con la bibliotecaria si poseían ese ejemplar. Notó como la mayoría de los estudiantes se giraban a verla, era obvio, pensó mientras acomodaba su uniforme.

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Los estudiantes que no pertenecen a la institución tienen prohibido el paso —afirmó el solitario lector, logrando que la chica pegara un pequeño respigón.

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Es solo por un momento —aclaró la azabache mirando de reojo a la persona que ni siquiera se había dignado a verla—, estoy haciéndole un favor a-

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Eso no me interesa —declaró—. El punto es que un estudiante de secundaria no puede estar aquí.

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Ya me iré, ni siquiera recordarás que estuve aquí —dijo seriamente sin darle importancia.

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El guardia de seguridad de seguro lo hará —comentó con malicia.

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¿Cuál es tu maldito problema? —se giró completamente a observar al peli plata que tenía en frente. Si bien sabía que no tenía permitido estar ahí, en cuanto ingreso con su familiar hicieron la vista gorda a su presencia. Sin embargo, si aquel sujeto pedante que tenía en frente se quejaba con alguien, estaría en problemas.

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Oh, que boca tan atrevida para una mocosa —burló clavando por primera vez sus dorados ojos en los orbes violetas de la muchacha. Debía admitir que estaba aburrido y que fastidiar a aquella niña sería una buena distracción por el momento. Esbozo una pequeña sonrisa arrogante cuando noto el ceño fruncido de la chica. Esta dio un paso decidida al frente, dejando solo un brazo de distancia entre los dos, respiro hondamente sin dejar de observarlo, comenzó.

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¿Quién te crees que eres para decirme mocosa, imbécil? —masculló cada palabra con enojo contenido. No quería montar una escena, pero no le estaba dejando opción. El contrarío enarcó una ceja; bien… la muchacha era demasiado estúpida o tenía carácter. Estaba seguro que era más lo primero que lo segundo.

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Un estudiante de esta institución y mucho más de lo que crees. No tengo porque-

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Eso no me interesa —repitió sus mismas palabras interrumpiéndolo, haciendo que esta vez el frunciera el ceño.

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Vas a ver cómo te va a interesar —retó cortando la distancia entre los dos.

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Ahome debía admitir que nunca había conocido a nadie con una presencia tan estúpidamente imponente como la de él. Si bien Ruki tenía demasiada presencia de jefe de hipermegacorporación, este sujeto se pasaba de la raya por cómo miraba a la gente. Aun así, no se dejó intimidar y le sostuvo la mirada fijamente. ¿Quería jugar? Bien, tenía todo el tiempo del mundo para ubicar a ese inubicable en su sitio. El ojisdorados ante su insistencia se sorprendió un poco pero no la dejaría ganar.

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¿Se puede saber que estás haciendo? —preguntó el ojisazules alejando un poco al otro joven de su prima.

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Ah, eres tú, Ruki —dijo con desinterés aferrando su libro a su pecho.

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¡Ruki! —exclamó la azabache y se aferró a su brazo.

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Vaya… que bajo has caído —mencionó con burla el peliplata a lo que el otro joven lo miró con gesto de advertencia.

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No te pases Tsukinami, ella es mi prima.

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¿Conoces a éste imbécil? —preguntó sorprendida la chica mientras lo señalaba con odio.

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Desgraciadamente sí… —murmuró.

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Bueno… si no queda de otra —comentó, resignándose la azabache mientras se soltaba de su primo—. Mukami Ahome, espero no volver a verte —se presentó, estirando su mano solo por cortesía.

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Tsukinami Carla —pronunció su nombre estrechando firmemente la mano de la ojis violeta—, y el disgusto es todo mío. —finalizó sonriéndole con un deje de victoria.

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"¿Ah? ¿Por qué?" —preguntó algo molesto el joven—. "¿No es más fácil ir a buscarte a tu casa y salir de ahí?" —aclaró Subaru mientras ataba los cordones de sus botas. Había llamado a la azabache para aclarar cómo se encontrarían para salir, pero esta solo se negaba. Querían que se encontraran en un punto medio.

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"Si vienes aquí mis primos querrán venir con nosotros o directamente no nos dejaran ir" —declaró con pesadez—. "¡Y no quiero que nos interrumpan! Lo más sano es que nos encontremos en la estación de trenes"

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"¿Y en la parada del autobús?" —volvió a tratar otra opción.

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"En la estación de tren" —declaró sin dejar lugar a quejas—. "Oh, disculpa. Debo seguir trabajando, nos vemos mañana Cherry~" —canturreó entre risas para después cortar.

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Subaru odiaba profundamente su nuevo apodo "Cherry", no le gustaba admitirlo, pero prefería el "imbécil" o el "doña cólera" en vez de que lo estuviera relacionando con un tomate todo el tiempo. Suspiró con sorna y le dio un vistazo a su teléfono, ya llegaría el momento de la venganza, no tenía por qué desesperar.

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Después de haber exprimido cada una de sus neuronas había planificado la salida detalladamente. No quería hacer algo cliché, pero tampoco tenía tantas opciones; sin contar que en eso de "salir" no era realmente un experto. Recordó haber hablado con Shuu, sin embargo, éste lo reducía a todo a lo "espontaneo". Esa mierda en ese momento no le servía para nada así que lo ignoró. En ningún instante se le ocurrió preguntarles a sus demás hermanos, eso sería cavar su propia tumba, lo daba por hecho. Así que, disimuladamente, le preguntó a su madre que lugares de la ciudad le parecían agradables.

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Aquella hora de insinuaciones e indicaciones de su madre le pareció más pesado que una clase, pero dio sus frutos. Terminó por buscar en internet algunas opciones y mágicamente todo cuadró. Pensó que alguna fuerza cósmica se había puesto de su lado, momentáneamente desde luego. Y como una colegiala tonta, eligió su vestimenta y el perfume que utilizaría, no era tan difícil solo tenía dos.

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Como pactaron, el sábado la esperó en la estación de tren a las 10 am. Pidió el día libre y como ya había cubierto horarios que no le correspondían se lo cedieron fácilmente. Como estaba tan ansioso no pudo evitar llegar antes y deambular por ahí. Pensó que quizás el único consejo que tomaría de su hermano sería el de la "espontaneidad" del momento, aunque a veces tuviera que controlarse. Lo disfrutaría.

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—¿Así que tú también llegaste temprano? —Escuchó la cantarina voz de la carcelera de sus pensamientos asomarse con picardía—. Buenos días, Subaru. —la observó y se deleitó con su imagen de pies a cabeza por más de un segundo. Adoraba que siempre que lo saludaba a su manera, lo hacía con aquella preciosa sonrisa y esos ojos llenos de brillo.

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—Hm, buen día —contestó simplemente algo atontado.

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—¿Pasa algo? ¿Llevas mucho esperando?

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—No, solo es que… —respiró pausadamente y le sonrió con algo de pena—, te ves hermosa.

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—G-gracias —dijo la muchacha mientras un pequeño sonrojo invadía sus mejillas. Se acercó a él y lo tomó del brazo—. ¿Vamos? —éste solo asintió y se puso en marcha con ella—. También te ves bien~

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La espontaneidad y el control no van de la mano, supuso. ¿Cómo podría medirse con ella? Eso ya no interesaba solo pensó, por un momento, que había hecho bien en seleccionar con anticipación su vestimenta.

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Comenzaron recorriendo una pequeña feria americana donde había diversos productos. Sabía que a ella le gustaban esos tipos de lugares, entre más para recorrer mejor. Y a pesar de que no le interesaba tanto las artesanías o los muebles se le hizo muy entretenido. Al medio día decidieron almorzar en ese mismo lugar comida árabe, sentados en el parque que era rodeado por la feria. Nada fuera de lo común, su relación era la de siempre.

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Ella parecía haber vuelto a ser la antes. Por lo menos eso se repetía, aunque sabía perfectamente que no era así. Lo revelaban algunos silencios o sonrojos que antes no dejaba ver y eso lo hacía sentir bien. Tenía muchas dudas, pero todas ellas desaparecieron por lo menos aquel día. El plan estaba marchando a la perfección, ahora se encontraban en un acuario.

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—Qué terrorífico, ¿verdad? —preguntó la joven al ver como pasaba un tiburón de gran tamaño a su lado, solo estaban separados por un gran y reforzado vidrio.

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—¿Te dan miedo?

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—Cualquiera tendría miedo de encontrarse uno de esos mientras esta nadando —aclaró como si fuera obvio—. Oh…. ¿Lo notaste? Te está mirando —dijo muy seria y el muchacho puso en blanco los ojos—. Ya mi mente musicalizó el momento con el soundtrack de "tiburón".

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—Estás demasiado mal de la cabeza —refunfuñó.

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—Le quitas lo divertido al momento —hizo un puchero con la boca y siguió avanzando con el albino a su lado—. Es increíble… —murmuró al entrar en una nueva sección donde había pequeños peces, pero en cantidad. Incluso, en el medio del salón yacía una pequeña vitrina que contenía un coral poblado por caballos de mar. Subaru admitió que incluso él se sorprendió, era un espacio gigante donde podían tomar asiento y apreciar cuanto quisieran del lugar. Dirigió su mirada a la joven que entretenida seguía caminando. Sonrió con ternura al verla así de relajada, ese momento hizo parecer como si aquel mal trago de hace una semana no hubiese sucedido nunca—. Mira, Subaru —lo llamó y le indicó que se acercara—. Son caballitos de mar~

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El joven miró a los pequeños animales desenvolverse, casi todos estaban en pareja y la mayoría se tomaba de sus colas y parecían danzar en el agua. Le parecía estúpidamente cursi pero aun así impresionante.

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—La primera vez que fui a un acuario fue a los diez años —mencionó la chica—. En mi curso, la maestra había planeado una salida a un acuario. Todos estábamos muy entusiasmados y obviamente deseaba mucho poder ir —dijo rememorándolo—; sin embargo… mis tíos no quisieron firmar la autorización y ese día me quedé encerrada en casa. —El albino notó como de pronto en su rostro surgió una sonrisa—. Me la pasé llorando todo el día y cuando llegó la noche, Ruki entró a escondidas a mi habitación con un libro de animales marinos. Fue mostrándome página por página, respondiendo todas mis preguntas —acomodó un mechón de su cabello que se le había escapado y dejó salir una pequeña risilla—. Aquel día no fui al acuario, pero el acuario vino a mí de cierta forma y uno de los primeros animales que me mostró fue este; el caballo de mar. Son demasiado lindos. —Agregó y miró de reojo al joven que les estaba prestando atención—. Perdona, te estoy aburriendo.

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—¡Claro que no! —Negó—. Me gusta escucharte —confesó.

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—¿Hmm? —le sonrió y lo tomó de la mano hasta guiarlo a un banco donde se sentaron uno al lado del otro—. Dices que estoy mal de la cabeza~ —canturreó con malicia—, pero debes de estar peor si escuchas lo que digo —mencionó, guiñándole el ojo.

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—Tks —chasqueó la lengua y se cruzó de brazos; lo había atrapado nuevamente—. No quise decir eso.

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—¿Lo de escucharme?

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—¡Déjame terminar de hablar! —Exclamó exasperado—. Estás bien, pero estás mal….

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—¿Eso es algún tipo de acertijo que debo superar? —preguntó entre risas.

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—¡Ya sabes a que me refiero! —Tiró su cabello para atrás—. Ni siquiera sé porque aclaro…

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—Vamos~ no te enojes —comentó entre risillas mientras entrelazaba su brazo con el de él y apoyaba la cabeza contra su hombro—. A mí también me gusta pasar tiempo contigo… —suspiró y cerró los ojos por un momento para disfrutar de la calidez del joven.

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Subaru respiró con cuidado hondamente y con timidez se atrevió a posar su mano sobre la de la joven que tenía apresado su brazo. El silencio los reconfortó al igual que el panorama que estaban compartiendo; había hecho una buena elección. Acarició con su pulgar los nudillos de la chica, no podía creer que con tan poco fuera inmensamente feliz. Porque cada gesto que ella tenía para con él, cada sonrisa, comentario o sinceramiento le hacían brotar de su pecho un calor abrazador que le daban energías para seguir adelante. "Ella lo vale" pensó y sonrió con sinceridad al apoyar su cabeza contra la de ella. Por Dios, sentía su rostro en llamas, pero no le importaba; era feliz.

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Creyó que incluso había sobrepasado el nivel de cursilería de los caballos de mar, y no le disgustaba para nada, si fuese por el pasaría el mayor tiempo que pudiese así. Abrió los ojos lentamente y pudo apreciar la tranquilidad del rostro de la azabache, le alegraba tanto notar que ella también lo estaba disfrutando. ¿Quién lo diría? Sakamaki Subaru acaramelado con la chica que le gustaba.

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—¡Kya! ¡Qué pareja más linda! —chilló en voz baja una jovencita que andaba con su grupo de amigas y no pudo evitar expresarse ante tan tierna escena. Tal comentario logró sobresaltar a los jóvenes que se separaron inmediatamente y totalmente sonrojados.

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—Maldita sea… —refunfuño el albino completamente colorado.

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—Ah… ¿Deberíamos seguir? —preguntó la joven sin mirarlo a los ojos, no quería demostrar que se encontraba apenada. Se había abstraído tanto que olvido que estaban rodeados de gente.

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—¿E-eh?

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—A la otra sección me refiero… —aclaró acomodándose el cabello y levantándose.

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—C-claro… —repuso el joven y emprendió viaje con la ojisvioletas.

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—¡Ah! ¡Espera! —se detuvo de golpe la chica y sacó de su bolso el celular—. Deberíamos tomarnos una foto, ¿no crees? —sugirió animada.

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—¿Eh? ¿Por qué? —dijo algo confundido.

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—¡Porque sí! ¡Anda! —lo arrastró hasta el sector de corales y quitó el flash de la cámara—. Sonríe, Cherry~ —canturreó para después sonreír y tomar varias fotografías de la secuencia de enojo del albino, mientras ella reía obviamente—. Ok, ok en esta tratemos de salir lo más normales posible —ordenó después de calmarse y tranquilizar a la fiera.

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—Tú eres la única que saca provecho de esto —refunfuñó el joven luego de la sesión de fotografía.

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—Vamos~ no fue para tanto —le quitó importancia mientras revisaba las imágenes—. No te quejes, saliste lindo —acotó sacándole la lengua.

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El ojis rojos prefirió callarse y ahorrarse los impropios. "Sígueme provocando y ya verás lo que haré con esa traviesa lengua" tuvo el impulso de decírselo, pero volvió a callar. Le sorprendió un poco a lo que sus pensamientos lo llevaban con un simple acto, nunca había sido tan sincero consigo mismo realmente. Y esta nueva etapa le resultaba una verdadera revolución; ella sacaba lo más oscuro de él, pero al mismo tiempo lo mejor, lo que no conocía de sí mismo y en lo que se iba transformando.

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Creyó que tal vez Laito no era tan pervertido como pensaba, sino que todos lo eran, pero el castaño lo demostraba más.

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—Subaru —lo sacó de sus ensoñaciones la muchacha.

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—¿Hm?

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—Gracias por traerme aquí —agradeció sinceramente y se detuvo un momento a mirarlo a los ojos—, la estoy pasando muy bien.

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—¿En serio? —preguntó ilusionado.

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—Claro que sí.

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El muchacho le sonrió aliviado y tomó su mano para después agacharse hasta la altura de sus ojos y sorprenderla con un tierno beso en la mejilla. Se separó y dejó escasos centímetros entre sus rostros, la observó con puro anhelo y devoción y volvió a esbozar una tímida sonrisa. Amaba observar aquellos orbes violáceos tan de cerca, cada vez que lo hacía sentía como se le detenía el corazón para después echarse a correr en una carrera desesperada.

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—Qué bueno… —murmuro—. porque aún tenemos más por delante… —agregó para después enderezarse y seguir el recorrido tomados de la mano. Su cuerpo desbordaba de una seguridad temporaria que no planeaba ocultar ni mucho menos desaprovechar.

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Ahome se quedó prácticamente muda ante la acción del joven solo pudo seguirlo y tratar en el transcurso de que su alocado corazón se tranquilizara. La sensación de calidez que dejaron los labios del albino sobre su piel le quemaba, incluso descubrió que hubiera preferido que la besara directamente en los labios para disfrutarlo mejor. Para deleitarse nuevamente y perderse en las emociones que el muchacho le causaba.

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—Ya dejen eso chicos, no les va a decir a donde fueron —rezongó con cansancio Nana. Estaban a unas cuadras de donde supuestamente se iban a encontrar Ahome y el animalito salvaje.

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—¿¡Por qué rayos no atiende!? —exclamó frustrado Kou mientras la llamaba una y otra vez.

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—Lo debe tener en modo silencioso —resolvió su amigo.

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—¿Para qué lo necesita en ese modo? —Preguntó molesto Yuma—. Usagi-chan no es tan importante como para ignorarnos —refunfuñó.

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—Quizás sí… —acotó nuevamente.

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—¡Oye! —exclamó el rubio mirándolo con enojo—. ¡No estás ayudando en absolutamente nada! ¿Para qué rayos viniste entonces?

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—Pensé que sería bueno pasar el día con mis amigos —simplifico—. Disculpen por molestarlos con mi amistad —dijo con fingida angustia.

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—Kou, baja la voz —ordenó Ruki—. Te van a descubrir.

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—Rayos —repuso murmurando varios insultos.

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—Aun no me creo que no te haya dicho a donde iba —increpo el azabache a Nana, ignorando completamente el drama anterior—. Será mejor que confieses ahora.

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—¡Ya te dije que no se nada! —se defendió—. No es estúpida, sabía que ustedes me abordarían tarde o temprano.

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—Tiene… razón —convino Azusa—. Tal vez… deberíamos dejarlos solos —intento decir lo más convincente que pudo.

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—¡Eso nunca! —contradijo el castaño.

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—¿Y por qué no? —Interrogó Nana mirando seriamente a los cuatro—. Mírennos, estamos en el medio de la calle buscando al azar, así no vamos a llegar a ningún lado —intentó hacerlos razonar—. O seguimos dando vuelta como idiotas o podemos disfrutar el día. Decídanse. —dijo, dejando en claro el ultimátum.

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—¿De qué lado estás, Nana? — preguntó fastidiado el ojiscafe.

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—Del lado de Aho-chan, por supuesto —confesó, a pesar de que lo estaban viendo horriblemente feo—. ¡Vamos! Denle una oportunidad. Subaru-kun no es mal tipo, lo saben.

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—Eso… no lo sabemos —comentó Azusa.

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—Miren —resopló con cansancio su amigo—. Eso lo decidirá ella, ya está grande, aprendió la lección, ya sabe discernir. —un pequeño silencio envolvió a los cinco jóvenes, sabían que sus palabras eran verdad, que estaban exagerando de una manera impresionante pero aun así…

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—Buscaremos media hora más y si no los encontramos iremos a tomar un café —resolvió el mayor, a su pesar.

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—¿En serio Ruki? —se quejó Kou.

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—Maldita sea —reprochó Yuma, pero aun así se resignó. Decidieron seguir con la búsqueda a regañadientes, sabiendo que no encontrarían nada; que quizás esa caminata en realidad les servía para aplacar un poco sus nervios.

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—Azusa… —Nana se posicionó a su lado y puso su mano en el hombro del joven—. Tranquilo, estoy seguro que todo estará bien, confía en ella —le dijo mientras ejercía un poco de fuerza sobre su agarre y le sonreía. El ojisgrises le clavó directamente la mirada en los ojos quizás intentado de convencerse así mismo de sus palabras. Suspiró con desgano y colocó su mano sobre la de su amigo para apretarla levemente.

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—Gracias… —murmuró y le sonrió con honestidad para después soltarlo y seguir caminando. Por su lado, Nana, se quedó un poco sorprendido ante la reacción del chico, sin embargo, después recordó que él era así; amable con todos. O eso por lo menos quería creer.

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—¿Estás seguro que quieres llevarme a ver una película en la que dos hombres hipermega atractivos son protagonistas? —preguntó maliciosamente la azabache.

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—¿¡EH!? —el albino la observó incrédulo. La llevaba a ver Thor Ragnarok y ella solo se fijaba en el físico de los actores. ¿Cómo podía decirle eso? Ante la cara de desconcierto de Subaru, la joven le dio un ataque de risa severo, le estaba tomando el pelo, no esperaba que reaccionara así—. ¿DE QUÉ DIABLOS TE RIES, IDIOTA?

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—De tu cara, por supuesto —se abrazó a sí misma y limpió una pequeña lagrimita que se le había escapado—. ¡Te estoy tomando el pelo! —Dijo empujándolo amigablemente—. Pero si quieres… puedo decirte que eres hipermegaatractivo para que te quedes tranquilo.

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—¡Vete a la mismísima mierda! —exclamó malhumorado y se giró para no seguir insultándola. Obviamente no había pensado en el detalle de los actores. Creyó que como ella seguía las películas de Marvel le entusiasmaría; error. La muy babosa al parecer cayó presa del encanto de Loki y Thor. Y para empeorar todo eso quería remendar su babosada diciéndole que él también era atractivo; no era tan idiota.

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—Vamos, Subaru~ —lo abrazo por detrás y se pegó a él—. No te enojes~ —El muchacho tenía un debate interno, por un lado, quería zafarse y seguir mandándola a la mierda y por otro lado quería quedarse así—. Me gustó que consideradas mis gustos para elegir la película y por eso quise molestarte un poco.

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—Eso no tiene sentido —exclamó.

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—Me gusta jugar contigo, Doña Cólera, eso es todo —simplificó soltándolo y poniéndose a su lado—. ¡Vamos! La película ya está por empezar y aun no compramos los pochoclos.

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Al joven no le quedó más opción que seguirla. Le tentó la idea de decirle que si él se pusiera baboso con alguna actriz ella reaccionaria peor. Pero bueno… no quería apurarse a sacar conclusiones, ya se lo haría pagar.

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Al finalizar la película se quedaron un poco más para poder ver los post créditos, cosa que dejo aún más ansiosa a la ojisvioleta. La sala de cine todavía seguía oscura y la gente comenzaba a retirarse mientras maquinaban hipótesis elaboradas con las últimas imágenes vistas.

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—Bueno, obtuviste lo que querías, ¿verdad? —Preguntó entre risas Subaru—. Tuviste un primer plano del trasero de Hulk.

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—Jajá, que gracioso —dijo con monotonía la chica. Esta se desperezó en el asiento y después observó al muchacho que no le quitaba la vista de encima—. Si quieres decir algo solo hazlo —dictaminó ante la sonrisa prepotente de su acompañante.

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—A diferencia tuya —remarcó—, a mí no me hace falta decir nada para hacerte notar que tenías muchas expectativas, babosa.

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Ahome se quejó un poco más mientras se quedaban solos en la sala de cine, era fácil perder la noción del tiempo con su tsundere de compañía. Volvió a apoyarse en el respaldar del asiento y suspiró; no podía quejarse. Realmente se notaba que Subaru se había esforzado de sobremanera para que pasara un excelente día y a decir verdad se lo agradecía de todo corazón.

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Por su parte, Subaru, aprovechó para mirarla relajarse. Por más rara y babosa que fuera no podía molestarse realmente con ella. Detalló cada facción de su rostro, como si quisiera grabarla en su mente, la poca luz del lugar le daba un aire irreal, una que ya había visto en sueños varias veces, en los que desataba sus deseos sin restricciones, en los que podía sincerarse y en los que era simplemente feliz con ella. Sintió como se le resecó la boca y sintió la necesidad de tocarla, aunque sea un simple mimo, de alguna forma quería demostrarle aquel sentimiento que provocaba en él. Que, aunque no pareciera, él estaba perdidamente enamorado de ella y que la aceptaba por completo con paquetes y todo incluido. Que aquel fuego que sentía en el pecho lo hacía sentir completamente vivo y realizado; nunca se había sentido así antes. Que, aunque sonara de masoquista le gustaba sentir aquella inquietud que ella le generaba. Ese enigma que representaba era la aventura más apasionante que le había tocado vivir.

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Retuvo el aire cuando notó que abrió los ojos lentamente para centrarse en él y sintió un vuelco en el estómago al ver un pequeño sonrojo en sus mejillas. Sin ser consciente de ello se acercó a ella, tomo su mentón y con el dedo pulgar la acarició sin despegar la vista de sus orbes violetas. Apreció con deleite como respiró entrecortadamente ante su caricia y unió sus bocas en un casto y tierno beso que dejaba plasmado lo que sentía por ella. Al separarse un poco, la joven lo tomo del brazo para evitar que siguiera alejándose. El albino se dedicó a jugar con el contorno de la boca de Ahome, tal y como había hecho ella misma en el parque, era algo realmente tortuoso pero excitante, tanto que no tardó en volver a posar sus labios sobre los de la chica.

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Quería seguir, Dios sabía que él quería seguir y profundizar aquel beso; sin embargo, se detuvo muy a su pesar. Puso una pequeña distancia entre ambos y deposito un pequeño beso en su nariz para después sonreírle con alegría pura. La azabache estaba completamente embelesada con el albino tanto que sonrió cuando él lo hizo. No hizo falta decir absolutamente nada, ya todo se comprendía. No había marcha atrás. A él le costaba poner sus sentimientos en palabras y aún más cuando quería respetar sus tiempos, pero aun así no podía evitar querer amarla de aquella manera. Decirle de alguna forma "Te amo".

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Subaru la tomó de la mano y se dirigieron a la salida. En el camino pensó que le hubiera gusta decirle "¿Y ahora quién es hipermegaatractivo?" pero dejó atrás su orgullo para poder disfrutar del momento. Realmente tenía ganas de arrinconarla contra ese mismo asiento y probar más de ella, pero lo único que le faltaba era que le prendieran las luces y lo interrumpieran como siempre y realmente ya estaba harto de eso. Ya tendría su oportunidad.

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Volvió a sonreír con galantería "Si es babosa, haré que se babosee conmigo" pensó con gracia. Aun le resultaba raro llevarse bien consigo mismo, pero últimamente se estaba agradando más. Y sabía que la razón principal era la dama de cabello oscuro.

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Ya eran las 19hs cuando salieron del cine, las calles estaban oscuras y el frío iba tomando fuerza. Al albino se le había ocurrido invitarla a comer, pero la joven le había dicho con anticipación, que esa noche Ruki planeó una cena especial a la que no podía faltar. Sinceramente la muchacha tenía muchas ganas de seguir pasando tiempo con el ojisrojos, pero ya no se podía retractar. Y ciertamente le hacía bien tomar un poco de distancia para pensar claramente; cosa que no hizo en todo el mendigo día. Las emociones estaban a flor de piel y realmente tenía muy poco control sobre ellas.

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—¿Hm? —Subaru se detuvo para leer un texto de su madre—. ¿Te molestaría pasar por mi casa primero? —le pregunto—. Mi madre me pidió si podía llevarle algo de pasta para la noche y se ve que mis hermanos se confinaron con tal de no salir a comprar, malditos vagos —refunfuñó.

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—¡Claro! De paso saludo a tu madre que hace tiempo que no la veo.

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Como planearon, fueron por la pasta y llegaron en taxi hasta la casa del albino. Al ingresar Christa los recibió muy animada, tanto que tomó a la menor del brazo y la guio hasta el sofá para hablar un poco con ella. Y mientras las mujeres charlaban, el muchacho guardó lo que había comprado y preparó rápidamente una salsa para quitarle trabajo a su madre.

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—¿Te gustaría quedarte a cenar, Ahome-chan? —preguntó entusiasmada la mayor.

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—Me encantaría, pero hoy Ruki hará una de sus especialidades y nos quiere a todos presentes —se disculpó—. Pero la próxima vez con gusto me quedo.

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—¡Muy bien! Entonces es una promesa —aclaró la albina y tomó una de sus manos cerrando el trato—. Bien, me pondré a preparar la cena para más tarde.

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—¿Quiere que la ayude en algo?

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—Claro que no, vayan a charlar tranquilos arriba mientras hacen tiempo para ir a tu casa. —Sugirió la ojisrojos—. Yo cocino mientras escucho mi programa de radio favorito.

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"Esa es la mujer que me dio a luz" pensó Subaru. Conocía tanto a su madre que le daba vergüenza saber que hacia sus movimientos con un propósito en especial. Era como si tuviera todo planificado; sus hermanos se habían ido a beber y no volverían hasta la hora de la cena, ella los atrajo a casa e inventó una excusa para lograr retener a la pelinegra. Christa realmente era formidable.

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Obedecieron a la sabia mujer y se adentraron al cuarto del joven. Ahome se dirigió directamente hacia el reproductor de música que estaba rodeado de CD's para apreciar con más detalle el repertorio musical del albino. Comenzaron a hablar de música mientras la escuchaban e incluso la muchacha tomó prestada la guitarra del albino y demostró lo poco que sabía hacer. El Sakamaki se divertía haciendo de profesor de vez en cuando para ayudarla con algunas notas o para hacerle alguna corrección. Tan concentrados estaban que la hora se pasó volando.

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—Oye… —la llamó el joven mientras ella se encontraba quitando su campera del perchero de la pared. La chica se giró y lo observó acercarse a ella—. Hoy… fue divertido —dijo con algo de pena, cosa que la azabache no paso por alto.

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—Yo también me divertí mucho —dijo sincera para después sonreírle con malicia—. Señor hipermegaatractivo —prosiguió entre risas. El contrarío frunció el ceño, pero inmediatamente lo quitó.

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—Cierto, casi lo había olvidado —murmuró y una llamarada de valentía se prendió en él. Avanzó hasta acorralar a la joven contra la pared y volvió a ponerse a su altura. Realmente Ahome no sabía a qué se refería, el cambio de humor del joven la había dejado bastante consternada. Incluso, pudo sentir un escalofrió al verlo sonreír de aquella manera tan seductora—. Gracias por hacérmelo recordar.

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La tomó de la nuca y comenzó a besar sus labios con ímpetu. Ante la sorpresa la chica tardó en reaccionar sin embargo envolvió el cuello del joven con sus brazos y lo acercó aún más, había deseado hacer eso todo el día. Aquel beso ya no tenía nada de inocente, se había vuelto más demandante; Subaru mordió el labio inferior de la azabache y esta le dio paso a su lengua. Se le escapó un gemido de los labios al sentirlo entrelazarse con la de ella y comenzar un sensual baile que no hacía más que incrementar el calor que sentían. Quería más, mucho más.

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Alborotó sus cabellos con sus manos y se pegó aún más a él. El albino acarició su cintura con puro deseo y hambre haciéndole evidente que ella no le era indiferente. Ya se lo había prometido así mismo, la haría pagar. Rompió aquel momento y escuchó un quejido disconforme de parte de su adorada clienta.

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—Esto es por divertirte a mi costa… —gruñó en voz baja y la muchacha observó sus depredadores ojos mientras trataba de recuperar el aire. El albino rio sobre sus labios; por primera vez sentía que tenía las riendas de la situación, quería que lo tomara enserio.

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—Eres un maldito imbécil, Sakamaki —rechistó algo escandalizada y con intenciones de apartarlo; sin embargo, se detuvo cuando este la encerró apoyando sus brazos en la pared.

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—Yo… —dijo después de respirar hondamente—, voy enserio contigo, no lo olvides —en ese momento pareció como si los dos se hubieran olvidado de respirar. La ojisvioleta destenso su cuerpo; sus ojos relucieron y colocó instintivamente sus manos sobre el pecho del joven. Podía sentir el desenfrenado palpitar de su corazón y eso logró hacerla estremecer—. No voy a desaprovechar la oportunidad que me estás dando. —confirmó seguro y apoyó una de sus manos sobre las de la joven como si quisiera reafirmar que de veras su corazón latía de esa forma por ella.

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Ahome se sintió plenamente bendecida. Volvió a creer que era demasiado bueno para ella, que no se lo merecía; ser amada de una forma tan pura. No pudo evitar abrazarlo y aferrarse a su pecho como si de eso dependiera su vida. Se sentía muy confundida pero feliz. ¿Estaba bien sentirse así? ¿No era todo demasiado bueno para ser cierto? En ese momento, dejó de importarle esa trivialidad, solo quería disfrutar de la calidez del hombre de orbes rubíes.

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Finalmente, consiguió estar sola consigo misma luego de lo ocurrido en la habitación de Doña Cólera. Este la acompañó a su casa en taxi. En el camino no hubo ningún tipo de comentario e incluso cuando se despidió de Christa lo hizo extrañamente emocionada con una promesa de volver. Al parecer, el albino, había jugado todas las cartas del día, realmente no le dio descanso alguno y eso le gustó más de lo que esperaba. Si bien no quería precipitarse, ni dejarlo avanzar tan rápido, la había tomado desprevenida y ante ello no pudo hacer nada, porque muy en el fondo sabía que era eso lo que ella quería; estar con él.

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Tiró la cabeza hacia atrás y dejó que el agua de la ducha la relajara por completo, masajeó su cabello con shampoo y se tomó su tiempo para pensar lo que había sucedido. A penas llegó a la casa, cuatro jinetes del apocalipsis le abrieron la puerta y la indujeron al recinto rápidamente. No llegó a escuchar lo que le murmuró Ruki a Subaru, pero ya se lo imaginaba. Por suerte se le había ocurrido despedirse del joven antes de llegar a la puerta.

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Queriendo retrasar lo inevitable, se metió sin meditarlo mucho a la ducha, por lo menos así tendría algunos minutos de paz antes del interrogatorio. No era tan tarde, había llegado justo para la cena, así que se suponía que no podían decirle absolutamente nada. Cerró el grifo, se envolvió en una toalla y comenzó a secar el baño. En cuanto termino se cruzó con su reflejo en el espejo y se detuvo por un momento para después avanzar despacio hacia él. No se reconoció a sí misma, se veía rara; su cabello se pegaba a su cuerpo al igual que la toalla y sus ojos parecieron resplandecer ante la situación comprometedora en la que había estado con el albino. Se sonrojó y llevó una de sus manos a sus labios, recorrió con el dedo índice el contorno de estos y suspiró pesadamente. Aun sentía calor en ellos, tanto que estos cosquillaron ansiosos por volver a ser besados por el joven de ojos rubíes. "La próxima vez te morderé yo a ti" hizo aquella promesa silenciosa debido a la injusticia por la que había pasado, el muchacho no podía tocarla, así como quisiera luego alejarse sin más.

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Se avergonzó de su propio pensamiento, pero al mismo tiempo sintió como su espíritu competitivo creció. Creyó que había sido más pasiva de lo que solía ser realmente, que tantear el terreno aún seguía siendo correcto por que no podía mentir, aun sentía algo de miedo. Temía que la felicidad trajera la inevitable tristeza detrás de ella. Desgraciadamente necesitaba tiempo para reconciliarse con ella misma, quererse al menos un poco para poder arriesgarse a abrir la puerta de su corazón con todo lo que conllevaba eso.

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—¿¡Te falta mucho!? —escuchó como golpearon su puerta; era Yuma—. No te servirá hacer tiempo —agregó como amenaza y ella rio ante la infantil actitud de su primo. Secó su cuerpo y se vistió con el pijama para después prender la secadora y acallar las quejas del mayor.

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—¡Ya salgo! —gritó. Se sonrió así misma en el espejo y se trató de convencer de que ya era hora de sufrir por lo que valía la pena sufrir—. Rayos… asusta tanto que es emocionante —respiró hondamente y se observó fijamente—. Usted no tiene remedio, Señorita Mukami. ¿Acaso es tarada? —apagó la secadora y la guardó en su lugar. Antes de salir del baño volvió a observarse y con fastidio se respondió—. Mejor no responda.

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¡Fin del cap 18! ¿Que les parecio? ewe espero que lo hayan disfrutado, dejenmen sus comentarios para saber que les parecio :D ¡Nos leemos luego! ¡Gracias por leer!