¡Hola! ¿Como estan? aqui les traigo un nuevo cap del "Aroma del encuentro" ¡Espero que lo disfruten mucho!
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Le agradezco a mi co-wifu por arreglar mis faltas ortograficas como siempre.
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Tambien muchas gracias a todos los que me dejan sus opiniones ¡Me motivan un monton!
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Disclaimer: Los personajes de Diabolik Lovers no me pertenecen DX
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—Así que… sólo se besaron. ¿Nada más? —resopló algo cansada la pelirroja—. ¡Eres una vergüenza, Ahome! —remarcó indignada—. ¡Lo hubieras manoseado un poco más!
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—¡Exacto! Tú no eres para nada vergonzosa. ¿Qué te pasa? —interrogó Nana.
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La joven pelinegra ya no sabia cual hubiera sido la decisión correcta; por un lado, necesitaba hablar con alguien, poner en palabras el nudo de pensamientos que se le había hecho en el cerebro; y que de seguir así se volvería pura papilla. Por otro, su lado más racional, apelaba a guardar silencio y lapidarse así misma como lo estaba haciendo.
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Admitió que ya no podía seguir como estaba y optó por pasar una noche en la casa de su mejor amigo, Nana, e invitar a Tamara para tener una junta de urgencia y observar el panorama desde otra perspectiva. No contó que aquella perspectiva fuera tan destructiva. La estaban acribillando; ya no sabía dónde ocultarse. Hundió su rosto en una de las almohadas que estaban dispersas en el suelo de la habitación de su amigo mientras le "hablaban".
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—Además, no es como si fueras virgen —recriminó la fémina.
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—Ya lo sé —murmuró cansada.
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—Ah… —exhaló pensativo el joven ganándose la mirada de las jóvenes—. Pero, seguramente Subaru sí. ¿Es por eso? —la pelinegra se quedó muda. Obviamente se había dado cuenta, pero aun así… no era exactamente por eso. No obstante, se le hacía un poco perverso saltarle, así como nada, al albino porque tenía ganas de tocarlo. ¡Dios! ¿Qué diablos estaba pensando? Se abofeteó así misma y sus amigos suspiraron—. En algún momento tiene que dejar de serlo, ¿verdad? —Nana le guiñó el ojo y la otra muchacha retuvo una risa.
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—¿Podemos ir a la parte de los sentimientos y después a lo corporal? ¿Por favor? —pidió encarecidamente mientras le daba un trago a su lata de cerveza.
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—Claro que no, amiga —respondió sonriente la pelirroja—. Te quiero ver felizmente satisfecha en todos los sentidos. Por eso mismo, empecemos por lo más fácil y después seguimos con la porquería de los sentimientos, ¿sí? —Ahome, en momentos como éste, recordaba que Tamara odiaba hablar de temas del corazón porque para ella misma representaba un dolor en el culo.
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—Entonces… —canturreó la ojisvioletas—. ¿Por qué no hablamos de tus revolcones con Laito? ¿Eh? —inquirió, ya algo molesta.
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—Perfecto, mucha acción, no como tú —afiló su mirada con la intensión de reorientar la charla original.
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—¡Ok, Ok! ¡Suficiente! —detuvo el tema Nana—. Centrémonos, señoritas —pidió acomodándose contra su cama. Las adoraba a las dos, pero debía admitir que se ponían un poco intensas al discutir así que era mejor intervenir y cortar el tema de cuajo—. Primero analicemos el caso Mukami, luego seguimos contigo, Tsuyu —aclaró, y ambas se irguieron un poco en sus sitios luego de resoplar. ¿Quién lo mandaba a estar en medio de éstas dos locas? ¡Claro! Él las quería, así que por ende debía joderse—. ¿Están saliendo? —preguntó a Ahome.
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—No, pero…
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—¿Pero? —la animó la otra muchacha.
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—Le dije que no me era indiferente y que no me iba alejar, así como si nada… otra vez… —murmuró Ahome.
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—Algo es algo —comentó, luego de respirar hondamente el mayor.
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—Eso quiere decir que en cualquier momento pueden comenzar a salir, ¿verdad? —interrogó entusiasmada la pelirroja. Ante el leve asentimiento dudoso de la menor, aplaudió—: ¡AL FIN!
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—¿Y por qué estás tardando tanto? —inquirió Nana—. Casi te lo roban la ultima vez —dejo deslizar lentamente aquel comentario a ver si generaba algo más en su pequeña amiga, pero solo se quedó mirando a la nada.
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—Eso debería molestarte, amiga.
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—Me molesta.
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—¿Entonces?
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—¿Entonces…?
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—¿Qué harás?
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—No tengo la más pálida idea. Me siento toda una pervertida; y para colmo, Subaru está MUY decidido y no me da descanso. —rechistó removiéndose en su lugar como si eso pudiera acomodar sus ideas—. Cada vez que me mira… —confesó con un leve sonrojo—, me sonríe. Solo puedo sentir cariño.
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—¡AH! ¡QUÉ ENVIDIA! —exclamó Nana, sacudiéndola—. ¡Yo quiero uno así! ¿Dónde se compran?
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—Me gustaría uno así… algún día —pensó en voz alta la pelirroja.
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—No te hagas la estúpida ¡Lo quieres ya! —refunfuñó el joven aventándole una almohada, lo que inevitablemente ocasionó una pequeña batalla campal donde los primeros evacuados fueron las cervezas y las botanas para que no hubiera perdidas lamentables.
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—Con ese redondo trasero que tienes no sé cómo no encontraste uno antes —exclamó la pelinegra mientras se cubría detrás del sofá para después girar sobre su eje y enfrentar a Nana.
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—Mis requisitos son algo difíciles de cumplir, princesita —contestó éste cubriéndose—. Yo también busco un buen trasero con el cual pueda deleitarme. —Carcajeó—. El de tu novio me gusta; no está nada mal. —Dicho esto retrocedió lo más que pudo, pero no pudo evitar el ataque en conjunto que lo hizo caer de bruces contra la cama.
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—¡Ah no, consíguete el tuyo, amigo! —exclamó la menor, mientras su amiga no hacía más que destartalarse de la risa.
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La batalla se extendió algunos minutos mas hasta que terminaron rendidos sobre la cama del mayor. De alguna forma, eso los había ayudado a destensarse un poco. Tanto como para sincerarse.
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—Después de tu cumpleaños —habló primero Tamara—, me empecé a frecuentar con el estúpido y sensual Laito —refunfuño—. Pensé que no me iba a hablar luego de lo borracha que me vio el día de la fiesta, pero no fue así, ese sujeto… —mencionó algo sonrojada—, es muy bueno en la cama.
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—Suertuda puerquilla… —dijo entre risas Nanas mientras la empujaba lentamente.
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—¿Te gusta? —preguntó Ahome.
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—Sabe hacer de todo, claro que me gusta —contestó convencida la joven. La pelinegra puso los ojos en blanco.
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—Ya sabes a que me refiero, tarada. —Sus amigos la miraron fijamente, no perdiéndose ningún segundo de su rostro combinándose con el color de su cabello. Se dieron cuenta; a ella le encantaba Laito.
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—Pues claro que me gusta, si no, no tendría sexo con él —intentó sonar convincente—. No se hagan ilusiones, no saldría con él ni de casualidad. Es demasiado promiscuo.
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—Tsuyu Tamara, dime por favor que usa condón. Soy demasiado joven para ser tío de alguna bendición —dijo dramáticamente el joven.
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—¿Con quien piensas que estas hablando, idiota? —exclamó enardecida la joven.
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Después de determinar que la pelirroja utilizaba los métodos anticonceptivos correspondientes, nadie pudo hacerla hablar mas allá de lo superficial. Ella era así, necesitaba su espacio, sentir que tenía el control; aunque a veces por ello terminara perdiendo más de lo que ganaba con mantenerse firme.
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—¿Y tienes a alguien en la mira, Nana? —pregunto la azabache y el joven empezó a enumerar a una lista de jóvenes que tenían la característica en común de tener un contorneado trasero—. Te lo estoy preguntando en serio.
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—Yo también te estoy hablando en serio, mocosilla —respondió aparentemente ofendido—. Aunque… —hizo un pequeño silencio—, hay alguien que me tiene un poco confundido. No sé si es, se hace o práctica. ¡Pero me desespera!
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—¿Quién es? —preguntaron al unísono las jóvenes.
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—Hasta que no confirme sus intenciones prefiero no brindar declaraciones e ilusionarme a mí mismo.
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El sonido de la radio inundó por un segundo la habitación y se respiró la calma. Por más que hablaran exacerbadamente de sus sentimientos, lo cierto es que nadie quería terminar con el corazón partido. E ilusionarse con alguien y enamorarse significaba arriesgarse a que lo destrozaran. Y eso les aterraba a los tres por la simple razón de que no habían tenido buenas experiencias. Se consideraban un grupo de perdedores emocionales profesionales.
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—Deberías arriesgarte con ese chico —declaró la pelirroja—. ¿Qué tanto tienes por perder?
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—En este caso… todo. —Un gusto amargo atravesó su garganta. Respiró hondamente y sonrió—. Por eso debo tantear el terreno. No pienso quedarme sin hacer nada si es que tengo una oportunidad.
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Nana recapacitó mientras observaba como sonreían sus queridas amigas sobre ese muchacho, que últimamente estaba más atento con él. No. Siempre había sido atento, cariñoso y compañero. Solo que nunca lo había notado. No era su tipo para nada, pero no podía evitar la carrera que empezaba su corazón cada vez que le demostraba su cariño en actos. Lo único que lo detenía era que él era sumamente amable con todos y eso lo enloquecía.
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Se giró y observó a su azabache preferida, ella tenia todas las posibilidades para avanzar, pero se bloqueaba así misma para no hacerlo. La miró con ternura y tomó su mano logrando que lo mirara.
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—Arriésgate, tienes todo por ganar.
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—Es bueno saber que te fue bien en los exámenes —dijo contenta la azabache.
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—Todavía no sé como sucedió, pero pasó —declaró Subaru—. Tanto Shuu como tú me ayudaron bastante, no podía tirar sus esfuerzos a la basura.
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—Entonces, ¡hay que celebrar! —exclamó levantando los brazos—. Eso sí: Nada que involucre camionetas y Doñas cóleras borrachas juntas.
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—¡Fue solo una vez! —replicó el albino—. ¡Ya olvídalo!
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—Nunca. Será mejor que te rindas a la idea de que lo haré —canturreó entre risas al observar el ceño fruncido del joven. No podía evitarlo, estaba feliz. Subaru la había ido a buscar al trabajo y la estaba acompañando hasta la parada del autobús.
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Era la tercera vez que lo hacía en la semana, al parecer esos días eran en los que salía unos minutos antes de la universidad. Llegaba a una velocidad impresionante y eso era porque lo hacía en bicicleta. De seguro pedaleaba lo más que podía para estar puntual en su horario de salida. Y por mas que le dijera que no hacía falta, él insistía y eso no podía hacerle mas feliz. La primera vez quiso acompañarla en autobús hasta su casa, pero no se lo permitió; ya la esperaba siempre Yuma y lo último que le faltaba era verlos discutir todos los días. Además, su trabajo quedaba más cerca de la casa del albino, lo contrario de su hogar, así que lo descartó rápidamente. Le daba algo de culpa pensar que el muchacho se moría de frío sobre el vehículo de dos ruedas con tal de verse, pero al mismo tiempo le generaba ternura y no quería tirar los esfuerzos de Subaru a la basura. "Ya falta poco para la primavera, entonces podré llevarte" recordó que se lo dijo con tanta vergüenza que cada vez que lo rememoraba no puede evitar sonrojarse y reír. Definitivamente, el albino era alguien persistente cuando se lo proponía y se esforzaba a su manera.
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—Tsk —chasqueó la lengua y la observó de reojo—. No es mala la idea…
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—¡Por Dios, Subaru! ¡Es malísima, casi se matan! —exclamó drásticamente, logrando que el joven parara de golpe.
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—¡No me refería a eso, idiota! —elevó la voz y la vio enarcar una ceja—. Me refería a lo de festejar que aprobé los exámenes —masculló bajo y la azabache rio—. Eres tan rara.
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—Tengo el placer de decirte que tú tampoco eres tan normalito que digamos —aclaró parándose en frente de él—. Mira que creer que si metes sardinas enlatadas en el agua se regenerarán y volverán a la vida a los doce años no es nada normal —comentó sacándole la lengua.
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—¡No es mi culpa! —aceptó con vergüenza—. Nadie me quiso decir la verdad —apretó los dientes y le pasó por al lado a la joven tratando de ocultar su vergüenza—. Entonces… ¿Qué vas a querer que haga? —preguntó algo resignado. Ella había averiguado un dato vergonzoso de él y según su estúpido juego, tenía una prenda que cumplir. La joven lo miró pensativa y siguió caminando a su lado mientras tarareaba. A Subaru eso le parecía una especie de marcha fúnebre.
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—Tomaré mi premio mas tarde.
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—¿Eh? ¿Segura? —la miró incrédulo. Ahome nunca reparaba en hacer algo que lo apenara.
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—Por el momento no se me ocurre algo lo suficientemente elaborado para prendarte. Así que me guardaré este punto por el momento.
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El albino apoyó la bicicleta en un costado de la parada para que ésta no molestara y se posicionó junto a la joven mientras esperaban el transporte. No podía negar que había sido una buena idea comenzar a buscarla luego del trabajo, le costó valor y pudor, pero lo logró y no se arrepentía. Había ocasiones en las que ella no podía pasarse por el café y aunque sea unos minutos quería verla, no se sentía muy cómodo hablando por teléfono, además los fines de semana no solía verla.
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—Tu mamá… —mencionó la joven llamándole la atención—, quería hacer un almuerzo para todos, ¿verdad? —él asintió recordando las palabras de su progenitora—. Esa también es una buena oportunidad para festejar, ya que tu estudio fue trabajo en equipo. —Divisó el transporte a lo lejos y se giró a verlo—. Además, tenemos los dos próximos domingos libres antes de que Kou se vaya de gira otra vez.
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—Entonces se lo diré —estaba seguro que iba a ser un día más que cansador, pero tanto su madre como ella ya había confabulado detalles la ocasión pasada. "La vez pasada…" cada vez que recordaba como la había arrinconado en su cuarto sentía su cuerpo calentarse y sus labios hormiguear, era una situación excitante que deseaba volver a probar.
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Ahome asintió y apoyó su mano en hombro del muchacho. Se puso de puntillas de pie y deposito un suave beso en su mejilla. Era una pequeña costumbre que se había formado en aquellas tardes y no le desagradaba para nada. Es más, por él ese beso sería en los labios. Cada vez se sorprendía más de lo pretencioso que se había vuelto, pero no podía evitarlo. En cuanto dejó de sentir el calor que le proporcionaron los labios de la azabache la observó a los ojos y se deleitó con la bella sonrisa que le regaló, no pudiendo evitar devolvérsela con ternura.
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—Nos vemos mañana. —Susurró Ahome girándose.
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—Nos vemos… —respondió quedamente, levantando su mano en señal de saludo.
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En cuanto el autobús desapareció de su vista emprendió su viaje a casa. De una manera u otra, siempre terminaba concluyendo que todo lo que hacía para acercarse a ella valía la pena. Detalles como los de hace un momento, por mas pequeños que fueran, lo llenaban por dentro. Quizás fuera porque siempre le costó relacionarse con la gente por su carácter. Siendo franco era terrible, su umbral de tolerancia era bajo, por eso siempre le costaba guardar las apariencias con los demás y fingir que todo estaba bien, él no era como sus hermanos que eran capaces de odiar a profundamente a alguien y solo para fastidiarlo le sonreían y eran educados. No, Sakamaki Subaru lo ignoraría, pero ante cualquier provocación haría lo que fuera para ubicar a aquella persona. Con los años pudo moderarse un poco, tanto que logró tener una novia. Aunque, yendo al caso… ese no era el mejor ejemplo de superación. Creía que era por su personalidad, lo malhumorado y ermitaño le limitaba su círculo social y solo casos excepcionales lograban ganarse un lugar en su custodiado corazón. Sin embargo…
"Te vi venir
Y, aun sabiendo
Que arrasarías conmigo,
No me aparte.
Sigo sin saber si fue
Valentía o estupidez"
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—¡Eso es magnifico, hijo! —exclamó la albina con felicidad. Su retoño iba a traer a la familia de su novia para un almuerzo familiar y estaba encantada con la idea. Además, iba a venir uno de sus nuevos cantantes favoritos, ¡Kou! —¡Entonces debo organizar enseguida todo! —puso sus manos en sus caderas y pensó en voz alta—: no podrá ser este fin de semana ya que estamos muy sobre la fecha y debo organizar a tus hermanos. Tengo que ver la comida con Reiji, organizar el lugar con los trillizos y salvar a Shuu de la oficina. ¡Manos a la obra! —declaró decidida.
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Subaru, en lo posible, cuando su progenitora se decidía por algo trataba de no interferir mucho. Ayudaba, claro estaba, pero había detalles que ella prefería organizar, incluso ya estaba hablando con Reiji por teléfono; era rápida.
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—¿Qué le pasa ahora a Oka-san? —preguntó Kanato, sentándose en la barra.
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—¡Tú también, hijo! —le dijo la albina al peli violeta mientras seguía con el teléfono en la oreja—; debemos decorar el living, elegir los manteles y la vajilla. —Se giró y siguió hablando por el móvil.
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—¿Quiénes van a venir? —interrogó con la ceja alzada. Ya estaba acostumbrado a la extraña forma de organizarse de su madre, así que no le dio importancia, pero ciertamente tener visitas le daban ganas de encerrarse en su cuarto, salir solo para comer para después volver a recluirse en su madriguera.
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—Ahome con sus primos, el ultimo domingo del mes —respondió Subaru.
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—Oh… parece un almuerzo de compromiso —dijo con ánimos de apenar a su hermano, cosa que logró—. Tranquilo campeón, demasiado ajetreo vamos a tener con los primates que tendrás de cuñados. Prometo TRATAR de no fastidiarte tanto —para Kanato, esa era una de las pruebas de afecto mas grandes que le podría ofrecer al menor. Hasta ahí llegaba.
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—Wow… ¡Habrá fiesta! —exclamó Laito entrando al comedor interrumpiendo a Subaru antes que empiece con su amenaza jurada—. Será entretenido, nyu…
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—Mejor cancelo… —murmuró el albino viendo con mas lucidez el panorama.
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—¡Por supuesto que no! ¡Mira a Oka-san! —le hizo notar el castaño señalando a su emocionada madre hablar por teléfono—, está contenta. Además, deberías estar feliz que aceptamos abiertamente a la familia de tu novia por más que a veces se pongan… "intensos".
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Subaru no sabía decir quién era más intenso que quien, las dos familias tenían lo suyo y ya con solo mirar las caras de retrasados que ponían sus hermanos cuando pensaban maldades le daba escalofríos. ¿En qué desastre se había metido?
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—¡Ah! Por cierto, Laito —llamó al castaño que dejó de confabular con el peli violeta para prestarle atención—. Esta semana vi una bicicleta que me terminó gustando, la compraré a más tardar la semana que viene, en cuanto la tenga te devuelvo la tuya, gra—
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—No hace falta —lo interrumpió—. Nunca la usé ni lo haré, no deberías gastar dinero en eso si ya tienes una —aclaró siendo sincero—; ahorra el dinero en otra cosa —le restó importancia y habló moviendo sus manos para hacer hincapié en cada palabra—. No sé, cómprate una motocicleta, ropa o ve a un hotel con Aho-chan. ¡Diviértete! —dijo guiñándole el ojo.
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—¿¡Qué!? —casi gritó, completamente sonrojado.
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—¡Que te DI-VIER-TAS! Alócate, quiero tu felicidad, hermanito.
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—¿Puedes dejar de decirle tantas estupideces? Perjudicas aún más su cerebro —dijo seriamente Kanato.
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—¿Ah? ¿Por qué? —reclamó con un puchero—. Yo quiero que lo pases bien —se detuvo un segundo y miró con gracia al albino—. Obvio todo lo que vayas a hacer siempre con protección, en TODO y me refiero ahí abajo. —Señaló con una nada sutil sonrisa perversa.
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El ojis rojos no pudo más y se retiró de la habitación prácticamente empujando e insultando a sus hermanos. ¿Qué rayos les pasaba? Él no recordaba algún escandalo similar cuando Kanato o Reiji presentaron a sus novias. Claros ellos fueron mas listos. Y también ya las habían presentado siendo pareja. Diablos.
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Se adentró a su alcoba, colocó su mochila en su lugar y comenzó a desvestirse para darse una ducha. Necesitaba cortar el fastidioso día por un momento, así que cerró la puerta de su habitación con seguro para evitar que cualquiera de sus estúpidos hermanos irrumpiera para hablarle desde afuera mientras se duchaba o que revisaran sus cosas. Todo era viable para ellos. Se metió al baño con una muda de ropa limpia y una toalla. Abrió la ducha y luego de comprobar la temperatura se metió.
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Dejó que el agua caliente destensara sus músculos lentamente mientras el lavaba su cabello con tranquilidad. Suspiró y cerró los ojos para pensar en la nada misma. Fallo. Otra vez. Por su mente volvió a cruzarse, como una rápida revelación, aquellas mejillas sonrojadas, el calor del cuerpo femenino pegándose a su cuerpo y unos demandantes y exquisitos labios que le exigían atención. Tragó en seco y exhaló despacio. Sintió como el recuerdo provocó que su parte baja punzara. Rayos.
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A pesar de estar bajo la ducha sus labios se sintieron resecos, por lo que se los relamió. No pudo evitar pensar que le gustaría saborear el cuello de su alocada clienta. Aquel pequeño jadeo que había escuchado, solía reproducirse en su mente con distintas tonalidades e intensidad. A veces imaginaba que lo llamaba con voz suplicante, entre jadeos, como en ese preciso momento. Su mano bajó lentamente por su abdomen para toparse con su ya miembro erecto. Maldita sea. Odiaba terminar así, pero tenía que hacer algo con su situación actual, aunque fuera por un momento.
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Lo tomó con su mano y comenzó a mover su mano de arriba a bajo lentamente. Reprimió un pequeño jadeo y volvió a imaginarse sin pudor alguno a su querida azabache. El recuerdo lo incitaba a entrar en trance y darle rienda suelta a su imaginación, logrando que el movimiento de su mano fuera acompañado de un movimiento de caderas al evocar a la azabache debajo de él, aferrada a su espalda y pidiendo por mas.
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Sus jadeos se perdieron entre el vapor del ambiente y el creciente calor de su cuerpo le permitió delirar a gusto hasta que se estremeció por completo.
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"¡Te dije que no encuentro mis llaves!" —la persona que estaba al otro lado del teléfono suspiró con pesadez.
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"¿Dónde estás? Te iré a buscar de inmediato"
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"Hmm… atrás mío hay dos arboles y…" un hipido seguido de una risilla interrumpió su misión de reconocimiento "Creo que estoy sintidi en una banco"
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"Solo mándame tu ubicación desde el celular" prefirió cortar el discurso del borracho. Sabía que había tomado de mas por la forma en la que hablaba. Ruki recibió la ubicación y se dirigió con Yuma a rescatar al mejor amigo de la familia. Por suerte quedaba cerca así que solo tuvieron que rodear la plaza hasta encontrar al joven encallado en una banca.
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—¡Demonios! ¿De veras, Nana? —exclamó Yuma al tratar de levantarlo.
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—¿Quo se tú? – respondió desorientado.
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—Recién es jueves y ya te estás pegando una borrachera legendaria. ¿Qué tienes en la cabeza? —reprendió el pelinegro. Bien, las cinco neuronas que le quedaban en funcionamiento identificaron a uno de los sujetos que se lo estaban llevando.
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—¡Oh, Ruki! ¿Qué hicis aquí? —preguntó tratando de erguirse y saludar a su amigo, pero no pudo.
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—¡Ya cállate y súbete al maldito auto de una vez! —el castaño lo tiró al asiento trasero como un saco de papas para después colocarle el cinturón de seguridad—. ¡Y ni se te ocurra vomitar hasta que lleguemos a casa!
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El sujeto en cuestión comenzó a cabecear del sueño, sin embargo, la palabra "casa" le otorgó un segundo de lucidez.
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—¡Mis llaves! —gritó—. ¡Se fueron… las perdí! —exclamó asustado.
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El azabache mayor detuvo la marcha un momento para darse vuelta y revisar un segundo a Nana. Le indicó que rebuscara en sus bolsillos, cosa que hizo con pesar, y nada.
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—Fíjate mejor. Seguro que si yo las busco, las encuentro. —replicó para después indicarle al castaño que condujera mientras él se encargaba del desastre que tenía de amigo.
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—¡No están! —dijo aún más asustado el borracho.
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Al fin de cuentas, Ruki, se acercó y al escuchar un tintineo, descubrió que las llaves se encontraban amarradas al cinto que llevaba puesto el joven. El muy desgraciado ya tenía planificado beberse hasta la vida esa noche.
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—Las encontré —murmuró en un tono sepulcral, que alivianó a Nana al mismo tiempo que le hizo temer.
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—¡Maldito desgraciado! —refunfuñó Yuma—. ¿Para qué tomas así, si sabes que no puedes volverte solo?
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—¡Para que me rescaten! —dijo dramáticamente—. Me siento solo, nadie me quiere… —lloriqueó un poco más mientras el mayor revolvió sus cabellos con algo de fatiga.
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En minutos volvieron a estar en su hogar y a susurros amenazantes logran entrar al joven. Yuma se estaba por hacer cargo de él, hasta que apareció Azusa que se preocupó por el estado del pobre infeliz.
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—Dejen… que yo me haga cargo… —dijo pausadamente y en voz baja. Tanto Ahome como Kou se encontraban dormidos—. Ruki, estás muy cansando… —esbozó notando el rostro agobiado de su hermano mayor—; y Yuma… vas a matarlo —declaró y el castaño puso los ojos en blanco pasándole el brazo del joven con rudeza—. Despacio…
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—¿Estás seguro que no quieres que te ayude? —el ojis café tenía ganas de hacer sufrir un poco al borracho. Este solo hizo un ademan de arcada indicándoles que necesitaba un baño urgentemente.
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—Sí… descansen —se despidió el azabache menor y acompañó al joven hasta el baño—. Tranquilo… todo va a estar bien… —le susurró mientras acariciaba su espalda. El muchacho se aferraba al inodoro como si de ello dependiera su vida, quería desmayarse y levantarse bien sobrio y sin resaca. Qué iluso.
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Cuando terminó con lo suyo, lavó sus dientes desesperadamente con un cepillo dental que le ofreció Azusa. Después lo ayudó a lavarse un poco la cara para aliviarse. Y luego de aquel desastre, se encontraba sentado en la cama de la habitación de huéspedes de la casa, no sabía cómo aun podía mantenerse despierto. Sin embargo, el pelinegro le indicó que no se recostara aún, ya que había ido por un poco de té para él. En cuanto llegó, depositó despacio la taza entre sus manos y automáticamente se la llevó a la boca. Era cálido y delicioso, sintió como un simple sorbo pudo reconfortar su alma. Levantó la vista con cansancio y observó al joven que aun sobaba su espalda con cariño y le sonreía de igual forma.
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—Diablos… —masculló confundido. Debía estar hecho un completo desastre, ni siquiera quería verse a un espejo por miedo de la imagen que le devolvería este. Y a pesar de todo eso… Ahí estaba él, observándolo con ternura. Dio un sorbo mas a su bebida e intentó apoyarla en la mesa de noche, pero su camino fue interrumpido por las cálidas manos del pelinegro.
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—Permíteme… —pidió y colocó la taza en el mueble—. ¿Qué fue… lo que te pasó… Nana? —preguntó con precaución. Ante el solo recuerdo, el contrario comenzó a sollozar y a frotarse fuertemente los ojos para evitar que sus lagrimas se escaparan.
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—Unos idiotas de porquería… ¡Eso paso! —dijo con ira acumulada—. Creen que por ser homosexual voy a salir corriendo ante cualquier propuesta enfermiza —hipeó y el contrario pasó su brazo encima de su hombro para tratar de consolarlo—. Después el otro tarado que quería que me metiera en un estúpido trio con una mujer para tratar de "Curarme" —siempre era así; la gente solía ser lo peor de lo peor sin ni siquiera proponérselo. ¿Por qué se tomaban el trabajo de seducirlo, besarlo y demás para después dar esas declaraciones de antaño? ¿Qué clase de lógica es esa? —. ¿Qué parte de que no me gustan las mujeres no se entiende? ¿Cuál?
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Estaba muy molesto, generalmente hacía falta ganarse muchos méritos para sacarlo de quicio, pero esta vez se habían excedido. Estaba tomado, demasiado, así que todo le caía con un peso más cargante que el normal.
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—¡Estúpidos hombres! ¡Estúpidas mujeres! ¡Al final me voy a quedar solo! —declaró con impotencia—. Seré un potus —masculló, comenzando a llorar de nuevo.
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Sintió como unos brazos lo rodearon completamente y lloró con más fuerza. Sabía que había tenido una mala noche, que quizás estaba exagerando más de la cuenta, pero aun así… no era justo. Estuvo así por unos minutos más, hasta que logró calmarse. Habiéndolo hecho se dejó acunar por la calidez que lo envolvía. "Podría quedarme aquí para siempre" pensó suspirando con pesadez.
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Aquellos brazos que lo rodeaban lo apartaron con delicadez muy a su pesar. Sintió como unos dedos, limpiaban delicadamente cada una de sus lágrimas y como se detenían en el contorno de sus ojos para acariciarlo con cariño. Dirigió sus orbes a los de su acompañante y se quedó embelesado; Azusa le sonreía con puro amor, no hacia falta decir nada mas.
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—Recuéstate —indicó en un tono de voz armonioso al que Nana no pudo negarse. El joven apartó las sabanas para que el otro se metiera debajo de ellas. Mientras tanto, el embelesado borracho se quitó los pantalones para dormir. Al finalizar, obedeció y se dejó arropar por el Mukami menor. Ya había llegado a una instancia en la que el sueño lo estaba abatiendo y a penas podía mantener los ojos abiertos. Sin embargo, sí podía sentir claramente—. Vales más de lo que crees… —escuchó el murmullo del contrario mientras cerraba sus parpados. A su vez las manos del otro acariciaron sus mejillas—. No olvides nunca… que yo sí te quiero… —dijo inclinándose hacia él, dejando que sus labios se rosaran—. Buenas noches… Nana —exhaló para después juntar sus bocas suavemente. El nombrado entró en trance apenas sintió el calor invadiéndolo cayendo en un placentero sueño. Tanto que no notó que la calidez se fue tan rápido como llegó.
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Con suerte todo sería tomado como un alucinante y feliz sueño. No quedarían evidencias para cuando despertara; sus amigos lo ametrallarían con preguntas e insultos por ser tan irresponsable. Y cuando se girará para observar a Azusa, este le sonreiría cariñosamente y le ofrecería sentarse a su lado.
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¡Fin del capitulo 19! ¿Que les parecio? Recuerden dejarme sus comentarios ;) Voy a tratar de hacer el fic mas realista y agregar mas hormons al asunto x'D Quien sabe que saldra de eso ¿Verdad? ¡Nos vemos!
