¡Hola preciosuras! ¿Como estan? Hoy les traigo algo jugoso :D ATENCION Leer este capitulo es de vital importancia para comprender todo lo que se viene y el porque de varias actitudes de los personajes. Se dividira en dos partes para que la lectura sea mucho mas amena para ustedes. Espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo :D No odien a mi Ahome-chan :'D ¡Recuerden dejar sus mensajes!

.

Muchas gracias a Marce por arreglar mi desastroza ortografia :) y a todos ustedes por leer.

Disclaimer: Diabolik Lovers no me pertenece Dx

.


.

ZERO (Primera Parte)

.


.

Es inútil evitar lo inevitable y negar lo innegable. Si era algún juego de aquello a lo que llamaban "Destino", estaba dispuesto a ir a quejarse con las autoridades correspondientes, debatir algunos puntos irracionales y de ser necesario, utilizar la fuerza bruta. Porque… ¿Cómo podía ser posible aquello? Era totalmente inadmisible. Alguien debía de estar burlándose de el en alguna parte.

.

—Ah… tú de nuevo. —dijo con parsimonia la joven, volviendo a concentrarse en el libro que traía en manos.

.

—¿Y tú qué haces aquí? —remarcó sin ocultar el disgusto de volver a verla.

.

—Es la casa de mis primos —se volteó y lo observó con pesimismo—. ¿Tú qué haces aquí? Me caes terriblemente mal.

.

—No es de tu incumbencia —declaró—. No me agradan las mocosas malcriadas, así que también siento desagrado por ti. —finalizó con hastío y se dirigió a la mesa donde solían estudiar con Ruki.

.

—Me tiene sin cuidado, niño mimado —masculló frunciendo su ceño al clavarle la mirada en la nuca.

.

Antes de que el intercambio de cumplidos siguiera, Ruki llego al living donde aparentemente no había ocurrido nada. Se sentó junto a su compañero, luego le ofreció un poco de té y prosiguieron con sus deberes. Ahome había llegado hace una hora de la escuela y como siempre tenía permitido quedarse con sus familiares hasta un poco antes de la cena donde debía volver con sus tíos adoptivos. Ese era el toque de queda, por esa razón prefería no anotarse en ninguna actividad extracurricular ya que eso significaba perder tiempo valioso con los que realmente consideraba familia.

.

La joven se acomodó un poco más en el sofá, tanto Yuma como Azusa habían ido a acompañar a Kou a una de esas sesiones de fotografía, así que no tenia nada mas interesante que hacer que leer mientras acariciaba a su mascota.

.

Por su parte, Carla, se permitió detallar con la mirada al animalito que en ocasiones tarareaba logrando desconcentrarlo. Era una cría, una cría con un carácter insoportable. Le bastó compartir un rato la habitación con ella para decretar que la quería lejos. Y entonces… ¿Por qué?

.

—¿Qué sin sentido lees? —preguntó sin poder ignorar el libro que posaba en sus piernas.

.

—Leo un recopilado de autores —respondió sin darle importancia a su grosero comentario. Lo observó de reojo y notó que alzó su albina ceja con impaciencia—. Son psicoanalistas presentando distintos casos clínicos —Resumió—. Estoy pensando muy seriamente que estudiar en la universidad. —el muchacho dio una pequeña risa seca demostrando cuanto le interesaba el tema—. Tú eres de los que no le gustan esperar, ¿verdad? —interrogó cortando su risa—. Te gusta que todo se haga como dices y… —apoyó su dedo índice en su mejilla—, lo que no te interesa queda descartado.

.

—¿Eso lo leíste en ese recetario? —increpó algo molesto, pero a su vez queriendo mostrarse apacible—. Sin importar eso, no creo que sea muy lucrativo tu trabajo. —apoyó su rostro sobre su mano derecha que tenía como soporte la mesa. La escrutó de pies a cabeza deteniéndose en esos bellos y determinados ojos violáceos. Algo en él se removió al hacerlo, surgió el interés a la par de la curiosidad. Desafiarla le resultaba atractivo al igual que ella. Aprovechó que su amigo había ido a imprimir a su habitación algunos documentos para poder avanzar en sus estudios para seguir hablando con ella—. Eso, si puedes trabajar de eso.

.

—En primer lugar —respiró hondamente dejando su libro sobre sus piernas, no apartando la vista del engendro albino que tenía en frente—, tu forma de menospreciar a todas estas personas que pasaron años investigando y trabajando arduamente lo tomo de donde viene, de ti —levantó su dedo índice indicando que cerrara la boca ya que estaba por interrumpirla nuevamente—; en segundo lugar, estoy interesada en estudia psicomotricidad y por ultimo —remarcó con algo que él no pudo descifrar exactamente como rencor sino más bien como determinación—, no todos tenemos la facilidad de entrar en el sistema como tú, sin embargo eso no nos deja exentos.

.

—Muy bien… veamos que sucede —dio por estancada la conversación dejando en el aire una promesa y un desafío. Se giró sin darle oportunidad de ver el brillo de interés que le provocó—. Tú seguirás con tus juegos y yo me abriré el camino solo sin la ayuda de mi familia, no lo necesito.

.

.


.

.

Mis intereses eran variados por lo que la intensidad de cada uno dependía estrictamente de lo empecinado que me ponía con ellos. Sin embargo, tú no formabas parte de ellos en un principio. Aun hoy en día no entiendo como fue que te ganaste el primer lugar.

.

Solía verte cada vez que iba a estudiar a la casa de los Mukami, trataba de ignorarte al igual que lo hacías conmigo y si llegábamos a cruzar palabras el resultado simplemente era catastrófico. Eso tenía más posibilidades de suceder si tus demás familiares no se encontraban en casa, sino, era olímpicamente pasado por alto y eso era algo que no toleraba; que una mocosa tuviera el tupe de evadirme era grave.

.

Tenía entendido que aun vivías con tus tíos adoptivos, por esa razón llegada las 19hs partías. Hasta que no cumplieras la mayoría de edad no tendrías la libertad de quedarte hasta más tarde después de la escuela, pasear con tus amigos o quedarte a dormir con tus primos. Tu vida se veía monitoreada y no te quedaban mas opciones que acatar lo que se te era impuesto. Por supuesto, eso a mí no me interesaba en lo mas mínimo. No era para nada de mi incumbencia.

.

Sin embargo… el tiempo que pasábamos juntos, por mas corto que fuera, era entretenido. Era como un pacto silencioso entre los dos; el fuego sería a discreción mientras hubiera civiles en el medio, pero cuando se retirarían comenzaría la verdadera matanza.

.

—¿Ves? —te increpé con sorna—. ¿Cómo quieres mantener a flote tu argumento si ni siquiera pareces segura de lo que dices? ¡Es la base de todo discurso! —no tenías dificultades para relacionarte con los demás, pero a menudo cuando discutías no te ponías lo suficientemente firme y eso solía ocasionar que quisieran pasarte por encima y desechar tus ideas por más buenas que sean. Y eso era algo que un estudiante de abogacía, como yo, no permitía por naturaleza.

.

—¡Yo creo en lo que digo! —reprochaste mientras arrojabas en mi dirección las galletas que acompañarían al te. Te observe con cansancio, queriendo tirarte por la ventana para después seguirte por ser tan idiota por meterme donde no me llaman.

.

—Pues no lo parece —aclaré, dándole un sorbo a mi té para después mirarte de reojo y notar que mordías con fiereza tu galleta mientras mascullabas insultos que iban dirigidos a mi persona—. Por ejemplo… —suspiré resignado, luego acomodé mi bufanda y clavé mis orbes dorados en tu violácea vista con seguridad—: El cielo es verde.

.

—¿Qué? —me observaste incrédula—. Qué ESTUPIDES…

.

—Eso es debido al efecto reflector del césped, por lo que en Egipto es amarillo.

.

—No quiero entender lo que estás tratando de decirme.

.

—A lo que quiero llegar —remarqué—, es que no importa que porquería estés diciendo si lo dices ASÍ, con seguridad y seriedad, pondrás en duda al otro —me expliqué— eso te pondrá en ventaja y te será más sencillo rematarlo —finalicé, notando como te removías en tu asiento. Tomaste un poco de tu té y te sentaste a mi lado para observarme directamente a los ojos. Respiraste profundo y tu mirar se torno serio.

.

—El cielo es verde —repetiste queriendo imitarme, pero aquello no ocasiono mas que una carcajada de mi parte.

.

—¡No te rías! —exclamaste, halando con fuerza de mi ropa—. ¡Me estoy esforzando! —comenzaste a zarandearme lo que provoco que mi risa se incrementara.

.

—¡Con esa cara lo dudo!

.

Refunfuñaste algo que no llegué a comprender mientras trataba de calmarme. Luego me atrajiste de un tirón hacia ti, dejando nuestros rostros a un palmo de distancia. Me tomaste totalmente desprevenido y puede que eso se haya notado ya que una pequeña sonrisa surcó tus bellos labios. Trataste de ocultar una burla sin éxito, ya que tus ojos te develaban y afirmaste tu agarre sobre mí. En cuanto inspiraste hondamente yo me olvidé de respirar y al exhalar suavemente atrapaste mi atención completamente. Tus orbes violáceos parecían lagunas profundas que se me antojaban exóticas, por más que quisiera negarlo eras realmente hermosa. Varias veces me reprendí por observarte de más, no debía, no porque fuera inmoral por eras familiar de mi amigo o porque apenas tenías diecisiete años y ya se podía apreciar en ti el esbozo de que serias con los años, sino porque… me negaba a interesarme de más en alguien. Mis pulmones me exigieron oxígeno, que no tardé en proporcionar mientras detallaba tu rostro.

.

—El cielo… es verde —susurraste íntimamente y solo atiné a asentir como un idiota—. ¿Qué tal?

.

Rápidamente me deshice de tu amarre, arreglé mi ropa y fruncí fuertemente mi ceño. Si bien el que solía ganar en nuestras disputas era su servidor, en ocasiones —cuando tenías MUCHA SUERTE— lograbas frustrarme.

.

—Principiante… —murmuré y comí una galleta mientras trataba de relajar mis facciones. Mocosa… te resultaba tan sencillo hacerme perder la cordura que me costaba mantener mi temple pacifico.

.

—Odias saber qué puedo hacer también ese tipo de cosas —declaraste cantarinamente irritando cada una de mis neuronas.

.

—Ni siquiera lo hiciste bien —refuté.

.

—Mal perdedor.

.

—Repítelo.

.

—Mal…

.

—¿En serio, otra vez? —Ruki ingresó a la habitación con Azusa siguiéndolo por atrás. Había ido a buscarlo hace media hora ya. ¿Tan rápido paso el tiempo? —. ¿Por qué siempre tienen que discutir?

.

Fuera lo que fuese que estuviera pasando, el acercamiento fue inevitable. Incluso, me descubrí inventando excusas para pasar más tiempo en la casa Mukami, llegando a pasear con ellos por algún que otro parque y viéndome envuelto en dilemas de Nana. En ese tiempo solía salir con mujeres al azar, pasábamos una noche juntos y luego cada uno por su parte. Tenía mis prioridades muy bien organizadas. Hasta que apareciste tú y desestabilizaste todo. Mi curiosidad por ti aumentó como el surgimiento de mis supuestos inexistentes celos hacia tus amigos. Te odiaba mucho por ello.

.

En mis vanos intentos de alejar todas las emociones que me provocabas, aproveché un momento a solas para acercarme íntimamente a ti. Con las claras intenciones de quitarme las recurrentes ganas de probar tus labios te besé pacientemente como nunca antes lo había hecho. Nunca creí que aquello fuera mi perdición. Luego de aquello, quise más y al notar que no te era para nada indiferente y que tus preciosos ojos me devoraban con curiosidad exploré aún más tu boca mientras acariciaba tu espalda y cabello. Sentir como tus manos rodearon, torpemente mi cuello no se sintió mal; tampoco apreciar el sonrojo en tus mejillas, ni dejar que experimentaras con mis labios tus primeros besos. Había cometido un grave error en mis cálculos: eras impredecible.

.

Si bien no andabas como una joven adolescente NORMAL y enamorada, tus sonrisas cómplices, los agradables roces y mimos o tus ansias por experimentar eran evidentes. Era repugnantemente claro que ocurría algo en mí, algunas de mis actitudes cambiaron, por lo menos eso decía Shin. Creo que pasar tiempo con los Mukami y con sus amistades me volvieron alguien un poco, solo un poco, más atento. En cuanto tenía alguna actitud despectiva reprochable no tardabas en hacérmelo saber y creo que el haberte enseñado a ser mas convincente y a llevar los debates a tu favor me jugó completamente en contra. Aprendiste mas rápido de lo que esperaba y no desaprovechabas la oportunidad de ponerme en vergüenza cuando tenía una de esas actitudes de "Realeza vieja" como solías decir. Fue mi error, pero supongo que eso también era parte de tu encanto; ser descaradamente vivaz.

.

A su vez dejé de frecuentar a otras mujeres, simplemente consumías más espacio en mi mente de que lo que estaba estipulado. Mi hermano estaba consternado, igual que yo, pero aun así te apoyaba firmemente y me incitaba a que aclarara la situación con mi amigo Ruki. Decir que era indiferente a su postura o que no me importara lo que hiciera, era mentir. No éramos absolutamente nada, de vez en cuando nos besábamos, coqueteábamos, pero seguíamos como siempre. Tampoco habíamos tenido una salida a solas. ¿Por qué no eras un poco menos complicada? Con solo un poco, estaba bien para mí.

.

—¿Y esa ropa? —te pregunté al verte salir de la escuela sin tu uniforme, estabas casual con un vestido que aparentaba ser fresco y perfecto para el calor, con unos zapatos bajos y unas cuantas trenzas adornando tu cabello. Te veías muy bien, me gustaban mucho tus piernas sin esas medias escolares, aunque debo admitir varias de mis fantasías contigo incluyen tu uniforme.

.

—Me cambié antes de salir —te explicaste restándole importancia, tiraste de mi brazo y comenzamos a caminar sin rumbo—. ¿Quieres ir a tomar algo? —me propusiste ante mi confusión—. Nana dijo que se quedaría con mis primos, así que… —giraste tu rostro mirándome fijamente—, creí que no estaría mal pasear un poco, ¿verdad?

.

Tardé un segundo más en procesar la información bien. Últimamente, aunque sea tres veces por semanas iba con Nana o con alguno de tus primos a buscarte a la escuela, no me molestaba en lo absoluto. Por eso cuando no vi a nadie en la puerta me pareció raro. Sonreí de lado, por fin tendríamos un tiempo a solas y eso me hizo estúpidamente feliz.

.

—No, no está nada mal —aseguré tomando tu mano para seguir andando. Tu pequeña risa me incentivó aún más, tendríamos más de diez minutos para nosotros y no los desperdiciaría. En el camino hacia la cafetería no me contuve y te observé detalladamente, disfrutándote y fastidiándote como siempre. Aunque tu tampoco te quedabas atrás.

.

Una vez dentro, tuve toda la intención de acapararte completamente para mí. Notaba como algunos idiotas se te quedaban mirando y no me contenía en hacerles notar que no estabas libre. Acomodé un mechón de tu cabello tras tu oreja y me acaramelé cerca de ti. Me sonreías coquetamente resignándote a que observara tus preciosos sonrojos que a veces me contagiabas.

.

—Hoy estas muy meloso —murmuraste, acariciando mi mano para después separarte y beber algo de tu café.

.

—¿Eso no es lo que quieren las adolescentes como tú? —pregunté con intenciones de fastidiarte.

.

—No lamento ser como el montón —afirmaste sonriendo. Me observaste unos segundos más y luego relamiste tus labios—; aunque… es un lindo detalle de tu parte.

.

—Diablos… —susurré y tomé tu mentón—, estás cada vez más insolente. Debes tener tu autoestima bastante alta para jugar así conmigo. —Pienso en voz alta acercando mi rostro al tuyo, sabes que cuando me miras de "ese" modo algo en mi aparta de a golpes mi lado racional.

.

—Tú me enseñaste a ser más convincente —murmuraste cerca de mis labios—, ¿recuerdas?

.

—Al parecer —digo con dificultad completamente perdido en ti—, he contribuido a la creación de un monstruo. —cada vez que hablamos nuestros labios se rosan provocando que en se genere una sensación de sequedad que solo tú podías saciar.

.

Ante mi comentario sonríes y acaricias mi mejilla con un indescriptible cariño. Me siento fuera de lugar y solo atino a besarte suavemente, dejando que el estremecimiento nacido en mi columna se expanda por todo mi cuerpo con deleite. Aquella sensación efervescente me embriaga de a poco y me lleva a pensar en la nada y al mismo tiempo en absolutamente todo. Te quería para mi, ser tu pareja o lo que fuese que me ganase un lugar a tu lado. Y no dudo de esa resolución, haría lo que tuviera que hacer, no me importaba que pensarían los demás, solo lo que llegases a pensar tú. Ya no podría apartarme y tú sabes muy bien que cuando algo capta verdaderamente mi interés no me rindo.

.

Siento tu mano acariciar mi pecho mientras ponías un poco de distancia entre nosotros. Nunca antes se me había hecho tan difícil hacerlo, incluso estoy seguro que te miré con reproche y confusión. Volviste a sonreírme hermosamente sonrojada para después girar tu dedo índice haciéndome notar que estábamos en un lugar público y que no podía volverme mas intenso besándote. Mordí mi labio inferior en un intento de calmar el impuso de saltarte encima y comencé a tratar de volver a mi temple pacifico. Solo que había un detalle que no podía pasar por alto…

.

—Ahome… —murmuré ganándome una preciosa vista de tus ojos ansiosos. Esbocé una pequeña sonrisa y tomé tu mano para luego besarla sin quitarte mis orbes dorados de encima. Pude notar cómo se detenía tu respiración y tus pupilas se dilataban incitándome a proseguir—. Se mi pareja —propuse queriendo que no sonara a una orden.

.

—¿Es una orden o una propuesta? —respondiste coquetamente. Sin embargo, estaba tan atento en ese momento que no supe si yo mismo había fallado con la petición.

.

—Obviamente una propuesta. ¿Qué piensas? —aclaré a pesar de que deseaba que respondieras rápidamente que sí. Si no lo hacías, no me quedaba otra que hacer que te enamoraras perdidamente de mí más rápido de lo planeado. Fuese cual fuese la respuesta… no me apartaría fácilmente.

.

—Creí que te gustaba ser libre y jugar con cualquier ente femenino que cumpliera tus estándares —mencionaste un poco más seria.

.

—Hace un tiempo formaba parte de mis actividades nocturnas —declaré sabiendo que no podría mentirte—. Pero… como también… Tsk, al diablo —rezongué queriendo ser más directo—. No lo hago hace bastante tiempo, no lo haré, me interesas tú, solo eso —ante la rapidez de mis palabras lanzaste una pequeña risa que logró exasperarme e inquietarme—. ¿Qué es tan gracioso?

.

—Tú también me gustas, Carla —afirmaste y me sentí completamente victorioso. Expuesto ante mis sentimientos y aprisionado contra mis deseos—. Aunque no termino de entender porque yo a ti.

.

—Créeme que yo tampoco lo se —me sinceré—, y no creo poder saberlo algún día —confesé riéndome contigo—. ¿Entonces?

.

—Tú siempre tan paciente —dijiste con ironía para después hablarme con seriedad—. ¿Estás seguro? ¿Por qué habríamos de hacerlo?

.

Si me lo ponía a pensar en concreto, no había algún beneficio de ello mas que tu compañía y eso para mí era más que irracionalmente suficiente.

.

—¿Por qué no? —increpé enarcando la ceja.

.

—¡Eso es trampa! —te quejaste haciendo un puchero con la boca—. No contestes mis preguntas con otras preguntas —hiciste el ademan de apartarte, pero no te deje, demostrándote que no me retractaría—. Carla… —suspiraste lentamente y me sonreíste sabiendo que yo sabría lo que me responderías—. Si hasta el cielo es verde… no veo el por qué no salir contigo.

.

Recuerdo que tus palabras me llenaron de una extraña y potente dicha que camuflé en los besos que repartí por tu rostro. Habías dicho que sí, y eso solo era el comienzo de una serie de eventos estúpidamente atolondrados, serios, felices, tristes, atosigantes, divertidos y angustiosos. ¿Cómo fue que de este momento pasamos al irremediable final?

.

.


.

.

Resultó poco creíble el cambio que experimento Carla Tsukinami, ya que, con tal de caminar, aunque sea unos minutos con quien captaba su atención, era capaz de sacrificar su orgullo y admitir que una mocosa de secundaria lo tenía cautivado, de una extraña manera quiso creer. Él era algo tradicionalista, cuestión que en esos momentos le jugaron en contra ya que se encontró con la estúpida necesidad de informar a los familiares de su reciente novia de su relación. Nunca estuvo tan estúpidamente nervioso en su vida. Por Dios, era Ruki, ¿qué tan malo podría ser? Era amigo desde el comienzo de la carrera del azabache, se llevaban bien y podían trabajar coordinadamente cuando coincidían con la materia. Carla, por primera vez, subestimó su supuesta inexistente estupidez. Está de más agregar el conflicto que se generó, los celos, desacuerdos y sobretodo los disparates. Sin embargo, lo lograron y solo fue por que la joven en cuestión aposto por él. Era definitivo; había ayudado a crear un monstruo. O este ya existía y solo tenía que desplegar su amplio potencial. De todas formas, nunca le quiso averiguarlo, a veces es mejor no saber.

.

Su relación con la ojis violetas era como una montaña rusa que no era capaz de frenar, lo dotaba de emociones y sentimientos que no sabía dominar. Y fue aquello lo que caracterizó su noviazgo; la falta de control. En ciertas ocasiones lo exasperaba y en otras simplemente decidía disfrutarla tanto como pudiera. La Mukami estaba en el proceso de emancipación que le permitiría vivir con quienes consideraba su verdadera familia. Era algo lento, pero por lo menos estaba en vías a cumplirse. Notaba claramente el cansancio en ella y en sus familiares, no podía culparlos. Por primera vez se interesó más en el bienestar del otro que del suyo. Debido a esto decidió ayudar y cobró un favor a un amigo de su padre logrando agilizar los pasos. Asquerosamente, Ahome tenía razón, varias personas están tan podridas que se olvidan que los demás también son seres humanos.

.

A pesar de la situación, lograba colarse en la habitación de la joven o verla a escondidas, se sentía idiotamente vivo. La llevó a su casa y conoció a su padre y a su madrastra, que no tardaba un segundo en demostrar el desagrado que le provocaba la joven mientras esta solo sonreía en respuesta. No le interesaba su opinión, solo la habían conocido por casualidad; a quien quería presentarla era a Shin que quedó encantado con la joven, aunque tuviera episodios de celos por que ya no era la prioridad para su "Nii-san".

.

Por su parte, Ahome, quería mucho a Carla y además de eso le gustaba. ¿Qué mas podía pedir? Si bien, su pareja se quejaba de que no era la típica adolescente enamoradiza con la cual esperaba lidiar, para ella estaba bien. Presentía que, aunque no hubieran formalizado la relación, estarían juntos de igual forma. Eran buenos amigos que se querían, besaban y tocaban. Aquel joven le causaba una gran curiosidad y se sentía contenta de que se ofreciera a satisfacerla. Descubrió que aprendían todo el tiempo uno del otro y que incluso eran buenos trabajando en equipo. En algunas ocasiones ayudó a organizar trabajos, escuchó discursos e incluso aprendió artículos de la constitución con tal de poder colaborar. Y de igual forma, Carla la ayudaba a ella, aunque sus primos murieran de la envidia. Consideró aquellos meses como algo agridulce. Agradecía su compañía, como las de sus fieles amigos y familiares cuando todo parecía venirse abajo. Si bien enfrentaba los conflictos con un temple impresionante, cortesía del ojis dorados, era inevitable no sentirse quebrar por dentro. Estaba susceptible, quería que los tramites para la emancipación se apuraran de una maldita vez para largarse de la casa de los doctores Mukami. Les estaría eternamente agradecida por haberla dotado de una familia impresionante de la cual, ellos mismos, se excluían; sin embargo, aquella casa era una cárcel vacía y fría. No tenía sentido permanecer allí.

.

Dentro de los tormentos estaban las cucharadas de miel, que a pesar de que no fueran lo suficiente para abatir de una vez su angustia, hacía más sencillo pasar aquel mal trago. En aquel torbellino de emociones experimentó los celos de pareja, más que nada provenientes del joven, altibajos de autoestima, alegría, satisfacción, excitación, dudas y demás. Descubrió lo que era sentirse deseada y poder corresponder a aquello con mas deseo. Ni hablar cuando hicieron por primera vez el amor y pudo darse cuenta del verdadero cariño que sentía Carla por ella. Incluso, en ocasiones, cuando él creía que no lo veía lo notaba modular un "te amo", ocasionando una gran punzada en el medio de su pecho. ¿Cómo unas palabras tan hermosas generaban eso? Pensó que era cuestión de tiempo para que estuvieran en iguales condiciones, y a su vez se mintió, adjudicándolo a la maraña de sensaciones que la atravesaban. Entonces… ¿Por qué entristecía al no poder responder del mismo modo?

.

Cuando al fin pudo emanciparse, la recibieron con una fiesta de bienvenida todos sus seres queridos, no pudo hacer más que llorar por días, era lo que más anhelaba en el mundo; estar con los amores de su vida. Todo se tornó de nuevos matices y fragancias. Ya no tenía toques de queda rigurosos ni mucho menos prohibiciones absurdas. ¡Había podido organizar una pijamada! No lo podía creer, era demasiado bueno para ser cierto. Podía salir, pasear, quedarse con sus primos cuanto quisiera, cocinar juntos, llorar juntos, abrazarse y decirse cuanto se querían mientras caían dormidos. Amaba que Ruki recostara su cabeza en sus piernas para que lo acariciara mientras se rendía ante el sueño, bailar con Kou todo tipo de ritmos, cantar e incluso saltar sin sentido, hablar hasta altas horas de la noche con Yuma y sentir como sus brazos la protegían de cualquier cosa y que Azusa se acurrucara junto a ella al ver una película y susurrara teorías delirantes.

.

Era feliz también al ver como su novio se las ingeniaba para atravesar la seguridad del Mukami mayor para colarse en su cuarto y llenarla de besos. Se sentía amada y eso no tenía precio alguno. Tal vez, por eso mismo, no pudo percibir correctamente los cambios en el albino, estos solo se hacían evidentes cuando demostraba cierta agresividad nunca antes vista. Carla era un joven que prefería no recurrir a la violencia o rebajarse en una discusión. Él solo sacaba su lado "Es así por que lo digo YO y PUNTO", con eso generalmente bastaba. Pero que era eso de zarandearla o incluso golpear a Nana por una broma. Él sabía que su amigo tenía otras preferencias amorosas, que la conocía desde hace mucho entonces, ¿por qué? Ahome no dejó pasar un segundo más y empujó con fuerza a su pareja. Le estaba cansando su nueva actitud; la ridícula necesidad de demostrar que eran algo, los celos injustificados y sus criticas. Trato de dialogar con él en varias ocasiones e incluso, a veces, parecía volver a ser el Carla que tanto le gustaba. Él aseguraba de que no sabía de lo que hablaba y que si había hecho algo que la molestara que por favor lo perdonara. Ahome no podía ignorar el nerviosismo y la ansiedad que emanaban de él, pero no sabía cómo ayudarlo si cada vez que se acercaba a la raíz del conflicto la echaba violentamente.

.

En una ocasión, mejor dicho, la ultima vez que tuvieron una cita sin percances y con el albino de hace tiempo se divirtieron bastante. Terminaron como varias veces, en la habitación del Tsukinami mayor, besándose con un fogoso deseo y anhelo por lo que, en aquel ambiente casi mágico, fluyó todo con absoluta naturalidad. La ropa estuvo demás, no como las caricias y los jadeos que se escapaban de sus bocas. Hicieron el amor como en poco tiempo atrás; con pura devoción y ganas del otro.

.

Carla abrazó a la azabache contra su pecho y acarició suavemente su espalda. Ella notó que temblaba por lo que separó un poco de él y acunó con una mano el rostro de su pareja. Con solo verlo pudo darse cuenta, nunca antes había sido tan transparente ante ella.

.

—¿Qué sucede? —preguntó en un suave susurro. Él cerró los ojos para después besar la mano de la chica; le costaba admitirlo.

.

—Tengo miedo —le rehuyó a su mirada y exhaló entrecortadamente. Ahome guardó silencio esperando a que se estabilizara para seguir escuchándolo—. No comprendo lo que está pasando, pero… —clavó sus dorados orbes en los violáceos de ella sintiéndose aún más al descubierto de lo que estaba—, aunque tú no me quieras como yo a ti —hizo una pausa en la que trago con dificultad—, te suplico que nunca olvides que te amo desde lo más profundo de mi ser —sus ojos se cristalizaron y la muchacha trató de abrazarlo, pero este se lo impidió. Tomó sus manos y las besó repetidamente—. Pase lo que pase… no lo olvides, ¿sí? —una pequeña lagrima se escapó de sus cuencas que no decían mas que la pura verdad. La azabache se estremeció y creyó firmemente en sus palabras. Recordó como había quedado embelesada con él, cuanto lo quería y respetaba. Recordó a su Carla. Ahí estaba, después de tanto tiempo.

.

Se le formó un nudo en la garganta, todo aquello le pintaba a una despedida inevitable. No entendía ni un poco lo que estaba pasando, pero cuanto él besó su frente para luego dejarla unida a la de él, volvió en sí misma.

.

—Pase lo que pase… —repitió—, aunque yo mismo lo olvide. No dudes nunca de mis sentimientos hacia ti.

.

Ahome asintió reteniendo el llanto y escondiéndose en los brazos de su novio. Luego de aquello solo llega a recordar que se abrazaron con fuerza mientras que uno que otro beso iba a parar a algún sector de piel del contrario pactando, silenciosamente, una promesa que el destino pisotearía.

.

.


.

.

¡Fin de la primera parte de ZERO! ¿Que tal? ¡Al fin hay algunas respuestas clave de la historia! En lo personal, Carla me es dificil de escribir ya que no estoy acostumbrada a el. Pero pense "Si pude con papamaki puedo con todo" Ja, que ilusa xx'D Ok no los fastidio mas!

¡Gracias por leer!