— ¡Butch! ¡Butch, cabrón, respóndeme!
— ¿¡qué sucede!? – gritaba Boomer en el marco de la puerta de la habitación.
Brick sostenía el cuerpo inmóvil de su hermano en sus brazos mientras le cacheteaba en la cara esperando alguna respuesta de que estaba vivo. Acercó su oído a su corazón, concentrándose en buscar un mínimo latido.
No lo encontró.
— Mierda. ¡Boomer!
— ¿Sí? – su voz temblaba completamente.
— Dale un shock de electricidad, no tiene pulso – el Rowdy azul se quedó inmóvil en su sitio, congelado –. ¡Ya!
Sacudió su rubia cabeza y, mientras de él salían rayos azules, se acercó al cuerpo del pelinegro. Posicionó sus manos en el pecho del pelinegro y envió la electricidad.
Brick verificó y encontró un poco de pulso, luego cargó el cuerpo en sus brazos y sin mediar palabra con su hermano menor, que comprendió al instante lo que sucedía, atravesó el techo de la habitación y partió vuelo hacia él Hospital de Townsville.
— Resiste, Butch, por favor.
Los ojos de Boomer se llenaron de lágrimas que fueron eliminadas por el viento. No podía estar sucediendo, no podía ser verdad. Quiso golpearse por no haberse dado cuenta antes, por no haberle prestado atención a su hermano, por no haber evitado esto; por haber pasado de alto su salud mental aún sabiendo lo vulnerable que era, y había sido.
" — Butch, ¿en qué coño te has metido? O, mejor dicho, ¿qué te has metido?
— Qué puedo decirte, hermanito, jamás he apreciado mucho mi vida
— Estás loco
— Pues con la cantidad de arañas que hay en esta casa de mierda, no te miento, bien podrían haberse metido en mi cabeza y haber hecho un nido".
Los recuerdos le golpearon tan fuerte que no se dió cuenta que ya habían aterrizado en el hospital, con el Rowdy rojo casi rompiendo las puertas y armando un disturbio para que le den atención al mediano.
— ¡Necesitamos que nos ayuden! ¡Está muerto!
Los médicos, temblorosos al ver la explosiva personalidad del líder y la grave situación, se acercaron rápidamente con una camilla en la que dejaron el cuerpo inerte del varón. Rápidamente lo llevaron a una sala.
— ¡Rápido! ¡Ha tenido una sobredosis!
Una sobredosis.
Las palabras resonaron en la cabeza del pelirrojo una y otra vez.
Una puta sobredosis.
" — Hey, ¿cómo está mi rojo favorito?
— ¿Qué quieres ahora Butch?
— Nada, feliz día de los hermanos, idiota. Te daré un regalo cuando dejes de ser tan amargado".
Se derrumbó en el piso, no podía respirar, ni pensar, ni ver con claridad. Escucho como Boomer exclamaba su nombre y se acercaba a él. Sentía que había fallado, él se suponía que era el líder, tenía que tener todo bajo control, tenía que proteger a su familia, ¿en qué momento la había descuidado tanto? Si ellos eran todo lo que tenía, ¿por qué?
Acaso era porque habían crecido, porque se fijaban en otras cosas, porque ya no les gustaba su casa, porque se veían muy pocas veces de lo mucho que pasaban tiempo afuera.
No, definitivamente no, porque él lo sabía. Sabía que Butch era un puto drogadicto. Y por más que haya tratado de meterlo en un centro de rehabilitación a patadas en el culo, nunca se había preocupado lo que debería ya que "iba a estar bien". Era cómplice, el tenía la culpa.
Un médico se acercó a los dos jóvenes de no más de diecisiete años.
— Chicos, necesitamos que vayáis a buscar al Profesor Utonium y a las Powerpuff Girls, nuestros recursos son limitados para un caso como el de él. Por más de que logremos desintoxicarlo, va a necesitar ayuda para recuperarse, y ellos se las pueden dar.
Así como escucharon esa frase, los Rowdy's volaron a toda velocidad a la casa de las superheroínas. Todavía no se dirigían palabra, tampoco las tenían. Cuando llegaron, Blossom los recibió en la entrada y no hizo falta de mucho diálogo para que toda la familia, al ver la gravedad de la situación, se dirigieran al hospital. Buttercup temblaba sin parar y Bubbles trataba de darle algo de contención. Boomer la miró con pena, sabía lo mucho que ella amaba a su hermano, pero aún así no se acercó; estaba demasiado ocupado tratando de tranquilizar al mayor que caminaba de un lado al otro sin parar.
El tiempo pasaba y ya se había vuelto de noche. Todavía estaban desintoxicando su organismo, ya que la cantidad de drogas que había ingerido eran demasiadas. Los médicos le dijeron que se vayan a descansar, que pronto se estabilizaría ya que le habían dado varias dosis de Sustancia X y que su cuerpo había respondido bien. Aunque al principio se negaron, finalmente se dirigieron a sus respectivas casas.
Cuando llegaron a la residencia, Brick no hizo más que dirigirse, bajo la atenta mirada del rubio, a la habitación de Butch. Vio todo el lugar destruido, con millones de hojas escritas violentamente. Eran poemas. Poemas furiosos, tristes, desesperados, ansiosos, llenos de emociones. Eran poemas de Butch.
O, mejor dicho, era la mente de Butch.
— Se ha intentado suicidar, Boomer.
El cuerpo del aludido se tensó y su respiración se detuvo, trato de estabilizar sus piernas sosteniéndose en el margen de la puerta ya que estás habían dejado de funcionar.
— ¿Qué dices?
— Se ha querido matar y nosotros jamás nos dimos cuenta.
¡Joder! Lo había notado, había visto que estos días estaba distinto. Tenso, impaciente, se encerraba en su habitación e incluso había llegado a pelear, después de mucho tiempo, con Butch. Creía que era normal, después de todo Butch siempre había estado loco y muchas veces había tenido esos brotes. Pero es que, ahora que lo pensaba, no estaba bien.
¡Mierda, porque lo había normalizado!
— Él nos había dicho que estaba bien, Boomer – la voz de Brick se quebraba y las lágrimas comenzaron a surgir –. Nos lo dijo, pero yo lo ví, no estaba igual. Butch tenía un brillo y un poder que otros no, una chispa que iluminaba todo, pero la había perdido. Lo sé, lo ví en sus ojos.
— ¿crees que se sintiera solo?
Lo pensó por un segundo.
— Creo que no estaba acostumbrado a no estarlo.
Los días pasaban y la situación mejoraba, excepto en aquel hogar donde solamente reinaba el silencio. Los Rowdy's o estaban en el hospital, o estaban en la casa de las súper heroínas buscando un poco de consuelo o calor en toda esta horrible situación.
Buttercup visitaba el hospital día tras día, sabían el esfuerzo que estaba haciendo por mantenerse fuerte ante aquella desgracia. Aunque muchas veces la habían visto llorar a escondidas. Querían consolarla, pero no les daba el cuerpo; no tenían fuerza para hacerlo, lo único que querían es llegar a su hogar y ver a "El Barón de la Locura" haciendo de las suyas.
El día que Butch despertó, fueron los últimos en pasar a la sala. Estaban abrumados, vulnerables, expuestos a todo. No sabían ya que pensar o qué hacer. No sabían que iban a decirle. Aún así, Brick fue el primero en hablar.
— Butch. Míranos.
No les dirigía la mirada, estaba de costado dándoles la espalda.
— Butch, por favor – lo acompañó Boomer en su pedido.
El aludido suspiró y se dió vuelta con lentitud, para dejar ver una cara cansada, en cuyos ojos solamente caían lágrimas y su nariz se enrojecía. El corazón de los dos se estrujó.
— Lo siento – dijo el verde con una voz afónica y quebrada.
Los ojos de los restantes se llenaron de lágrimas y Boomer fue el primero en actuar, yendo a abrazar a su hermano lo más fuerte que pudo tomando en cuenta su débil organismo.
— Perdón Butch, de verdad. Deberíamos haber estado ahí para ti todo el tiempo. No teníamos idea... yo, de verdad...
— Está bien, Boomer – le interrumpió ya que escuchaba como la voz del azul comenzaba a tener dificultades para salir –, yo tampoco les pedí ayuda. No era fácil saberlo.
— Prometes... ¿Prometes que nos dejaras saber lo que te pasa?
— Yo...
— Butch, ni yo, ni Brick, vamos a descansar hasta que seas feliz y veas la luz. Mejor dicho, que los tres lo hagamos – miró a su hermano que se encontraba silencioso e inmóvil, luego volvió a dirigir su mirada a los ojos verdes –. Te escucharemos todo el día.
— Lo haremos – el pelinaranja habló por primera vez.
Realmente, el color verde, al líder y al menor del grupo, nunca les había gustado tanto como en ese momento. Cuando, efectivamente, ese color les había indicado que su hermano mediano estaba vivo y totalmente despierto, que él estaba con ellos.
El Rowdy Rojo se acercó a la camilla, algo tembloroso pero decidido. Miró a aquellos ojos verdes, que lo miraban sorprendido ante esas lágrimas que jamás pensó que derramarían los tres en una misma habitación. A continuación, el líder dijo:
— Sé que no quieres vivir. Pero, por favor, Butch, no lleves tu vida lejos de nosotros.
Basado en la canción Friend Please de Twenty One Pilots.
Espero que les haya gustado. Quería resaltar esta actitud algo despreocupada de los Rowdy's porque, realmente, tienen diecisiete años. No solamente son jóvenes, sino que son adolescentes que no fueron enseñados, que vivieron en una marginalidad pura, que siempre se la tuvieron que arreglar solos. No sé si me explico, espero que se haya entendido por qué ellos son así.
Eso es todo amigos.
Y por favor... Stay Alive |-/
