Buenas minna-san! aqui les traigo la segunda parte de "Zero" del "Aroma del encuentro". Se daran cuenta que es importante para la trama estos dos caps ya que explican parte del porque del comportamiento de Ahome. ¡Sin mas que aclarar, comencemos!
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Disfruten la lectura y no olviden comentar ;D
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Gracias a marce por corregir mis horrores ortograficos.
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Disclaimer: LOs personajes de Diabolik lovers no me pertenecen,
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ZERO - SEGUNDA PARTE-
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Sinceramente, si tuviera que marcar un punto de quiebre, sería aquellos días… faltaban dos meses para que terminara la escuela, estaba emocionada y muy pero muy feliz. Aun así… la relación que tenía con Carla cayó en picada de un momento a otro. Eran instantes de tensión que predecían el fin, pero en ocasiones cuando "Él" parecía volver se instauraba una calma efímera que se destruía ante el más mínimo conflicto. No podíamos seguir así. A pesar de ser menos madura que él, sabía perfectamente que solo nos lastimábamos y no había necesidad de mandar al caño todo el tiempo que pasamos juntos si podíamos evitarlo, ¿verdad?
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Estaba decidida a terminar con todo, con suerte en un futuro cercano, cuando las aguas calmasen podríamos volver a ser amigos o solamente conocidos que se llevaban bien. Mis estúpidas esperanzas estaban dotadas de buenas intenciones, sin embargo, no se puede vivir solo de ellas. Intente hablar con él, pero como si predijera mis razones me evitaba, diciéndome que estaba ocupado. De esta forma me rehuyó hasta la fiesta universitaria a la que estábamos todos invitados. Me mandó un texto confirmando que nos veríamos allí y resolveríamos cualquier malentendido luego. Pero yo ya no estaba dispuesta a mediar, ni a recibir malos tratos o que agrediera a mis amigos o primos.
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Y así, en algún lugar de todo el revuelo de la fiesta, me dio una bofetada luego de aclarar que no tenía el poder de terminar algo sin su autorización. Aun así, elevo su voz y se burló de mí, diciéndome que había estado con otras mujeres solo porque yo andaba encaprichada. Lo observé consternada, algunas personas se habían detenido a nuestro alrededor no pudiendo creer lo que sucedía. Inmediatamente Yuma se tiró sobre él, lo golpeó y amenazó. El festejo se detuvo y algunos jóvenes trataron de separarlos. Shin apareció y con gran esfuerzo se llevó a su hermano mientras Nana y otros muchachos más contenían a mis primos de seguirlo.
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Respiré hondamente, toqué mi mejilla maltratada y me escabullí dentro de la multitud para escaparme a los jardines. Estaba todo fuera de control, la música volvió a sonar como si no hubiera ocurrido nada, el alcohol abundó en grandes cantidades al igual que los murmullos. De pronto todo en mi cabeza se silenció y sentí frio. No pude llorar, ni mucho menos quejarme, no sabía ni en qué pensar. Sentí unos brazos rodearme y a mis familiares insultando, no tenía energía para seguir aquello. Kou arregló de apoco mi cabello y suspiré; algo no andaba bien en Carla Tsukinami.
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Decidida a resolver lo que fuera que estaba pasando y sumamente preocupa por su salud acepté hablar con él en privado. Su hermano menor acudió a mi casa para pedir perdón y aclarar que él tampoco sabía lo que le pasaba pero que, por favor, le diera una oportunidad. Por todo el respeto y cariño que seguía sintiendo por el albino fui a verlo en una de las oficinas desocupadas de la nueva empresa de su padre. Obviamente fui acompañada de mis primos y nuestro buen amigo castaño a pesar de todas las negativas que ellos me habían impuesto.
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Por mi parte ya no quería episodios inconclusos, ni mucho menos más odio con el cual estaba acostumbrada a convivir hace meses atrás. Ingresé a la habitación y él estaba ahí, me senté en un sofá mientras Carla traía unos vasos de agua y tomaba asiento en frente de mí. Con tan solo una mirada pude saber de sus intenciones. La discusión fue inminente, al igual que el forcejeo, intenté hacerlo entrar en razón, pero lo único que conseguí fue un golpe al cual respondí como pude. Logré apartarme y correr hasta la puerta con el miedo asechándome vertiginosamente, ese no era el Carla que yo conocía. Al darme cuenta que estaba cerrada con llave comencé a golpearla y a gritar por ayuda. Escuché el griterío del otro lado y el retumbar de la madera, sin embargo, esta no cedía. Él me atrapó y me estampó fuertemente contra la pared logrando que de inmediato mi cuerpo se retorciera, presionó fuertemente mis brazos haciendo que descendiera hasta el piso mientras grita incoherencias y palabras llenas de odio y hastió. Sus ojos estaban desorbitados y sus facciones se parecían a una persona con una terrible sed de venganza.
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Tras un golpe que le proporcioné, llegaron unos cuantos de parte de él, cubrí mi cabeza mientras le rogaba que se detuviera, pero no atendió a ninguno de mis pedidos. Aprovechó que lo solté para atrapar una de mis piernas, que hacían presión para apartarlo, y las rasguñó para después hacerse paso entre ellas y acortar mucho más la distancia.
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De lo exhausta que estaba y del miedo que recorría todo mi cuerpo solo pude sentir cuando su peso me faltó y me levantaban por los hombros. Divisé a Ruki descontroladamente furioso arremetiendo contra aquel que alguna vez fue uno de sus mejores amigos y a Kou y Yuma golpeándolo y zarandeándolo con todas sus fuerzas. En un parpadeo me encontré sentada en una silla con Azusa a mi lado, en lo que parecía ser un pasillo. Tomo mi barbilla y levanto mi rostro con cuidado, sus ojos estaban bañados en lágrimas, llenos de terror. Comenzó a susurrarme que todo estaría bien mientras me abrazaba suavemente. No pude concentrarme en él, mi mente estaba ida y solo podía escuchar los gritos eufóricos provenientes de la habitación donde había estado. Vi a Nana correr rápidamente con unos policías detrás de él, indicándoles el cuarto para después señalarme. Noté que uno de los uniformados se acercó con él, mi amigo se arrodilló en frente de mí y tomó mis temblorosas manos con las suyas, divisé en sus ojos una tristeza profunda que se me hizo completamente contagiosa. No sé si era por los golpes o los gritos, pero me sentía ausente en aquel momento.
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Me sentía engullir por la misma oscuridad cuando todo comenzó a cuadrar horriblemente a la perfección en mi cabeza. Porque… si ese que estaba ahí no era mi Carla, ¿quién era el de ahí? Mi pareja nunca me hubiera maltratado de esa manera, como mucho me daba un almohadazo para que me callase o me atacaba haciéndome cosquillas para vengarse. Ese no era Carla. ¿Dónde estaba? ¿Alguna vez volvería?
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Escuché varios pasos alejarse a la vez junto a la sirena de una ambulancia. Cerré fuertemente los ojos; no quería ver, no quería escuchar ni mucho menos hablar. Cubrí con insistencia mis oídos y lloré. Mi boca me traicionó y de ella escaparon palabras sueltas llenas de confusión y de dolor. Sentía un gran pesar en mi corazón, la tristeza me invadió sin compasión y la culpa me dio el golpe final. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Estaba frente a mis ojos todo el tiempo. Carla daba pequeños y silenciosos gritos de auxilio y aun así no fui capaz de notarlo. Él era mi pareja, la persona que siempre me acompañaba y apostaba por mí. Con dolor reconocí que no fui capaz de devolver ni el cuarto de lo que me había dado. Él me entregó su corazón porque no podía con él solo y, sin embargo, no supe sostenerlo correctamente.
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Tanto mi cuerpo como corazón estaban destrozados en aquella serie de eventos desafortunados.
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Con el tiempo aprendí que solo somos personas que se encuentran y desencuentran en distintos caminos y que varios de ellos pueden ser firmes como endebles o largos o de solo una parada.
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Dos meses después de lo sucedido, donde las ordenes judiciales y los abogados estaban al día terminé la escuela secundaria. Con un pintoresco sabor agridulce con los que trague mis penas. Sorprendentemente, en una de las citaciones del juez, Carla se había echo cargo de todos sus actos y pidió que se tomaran las medidas necesarias a pesar de que su padre tenía sobornado a todo el juzgado.
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Y la vida siguió, en cada cumpleaños recibí un exagerado ramo de flores con algún que otro obsequio que terminaban, apenas cruzaban la puerta, en la basura. De ellos solo era capaz de rescatar un pequeño pedazo de papel con una nota. Carla era malditamente listo, colocaba sobre el arreglo una carta falsa que hiciera de señuelo así su nota no sería detectada. Ruki quiso reportarlo como hostigamiento, pero en esta ocasión el juez falló en su contra, así que inevitablemente, una vez al año debía soportar ver llegar con el cartero tan horrorosa situación.
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En mi último cumpleaños, al cual asistió Subaru y sus hermanos, el deja-vu volvió a suceder; tomé como siempre la nota y al otro día la leí.
"He luchado por tanto tiempo contra feroces dragones que no me sorprendió que terminaran siendo molinos de viento. Ni que aquellas sombras oscuras que resultaron ser mis propios demonios aprendieran a nadar en cuanto intente ahogarlas.
Lo único de lo que siempre pude estar seguro era de que el cielo es verde.
Lo siento.
Muy feliz cumpleaños, Ahome.
Tsukinami Carla"
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Apreté la nota contra mi pecho y sollocé en voz baja, eso sonaba al Carla que había conocido hace tiempo atrás, no pudo haber mejor regalo de su parte que eso.
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El miedo y la inseguridad se hicieron presentes en cuanto noté que mi querida Doña Cólera no me era para nada indiferente. Deseaba verlo, poder estar con él más tiempo y a su vez alejarlo porque yo era bastante inestable. No quería herirlo, no a él. Por lo que, a pesar de resistirme y negarme a lo que estaba floreciendo en mí, Subaru insistía y me embelesaba cada día más. Su forma de ser me enloquecía, pero también me encantaba. Fue completamente inesperado para mí, siempre lograba tomarme de sorpresa y hacerme perder la razón. Como la vez en la que nos besamos en el parque, lo anhelé tanto que cuando probé sus labios algo en mi ardió logrando estremecer todo mi cuerpo.
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¿Y cómo olvidar cuando se declaró? Por Dios, estaba tan malditamente feliz como asustada. No quería que me odiase, amaba ver sus hermosos ojos centrarse en nada más que en mí con aquel cariño que lograba hacerme feliz. Sin embargo, reaccioné mal y estuve un buen tiempo como una tarada tramando planes para alejarlo; incluso cuando Rose apareció sentí como rodeaba yo misma mi cuello con una soga. Sentí tantos celos y tanto enojo cuando me enteré que la besó que creí que seria suficiente para convencer a mi atolondrado corazón que era mejor estar solos. Pero simplemente no pude, en el medio del llanto acepté que estaba enamorada de Subaru y que no podría hacer nada para opacar ese sentimiento que crecía cada vez más. ¿Y cómo no hacerlo? Cuando me abrazó con cariño demostrándome amor y paciencia infinita. Su decisión fue la que terminó por orillarme hasta aquí. En este punto donde doy un paso al frente.
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Dicen que el corazón no atiende a razones, pues yo creo que a veces ni la razón ni el corazón saben donde mierda están parados.
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Fin de Zero! espero les haya gustado por mas que sea extremadamente corto, se que no acostumbro a escribir tan poco pero no queria que la lectura se les hiciera pesada :D Muchas gracias por leer :D
