¡Hola Otra vez! ¿Como estan? En esta ocasion la actualizacion fue muuuuuuucho mas rapida que las otras veces. Desde el fondo del corazon deseo que la disfruten. Tenemos de todo un poco para cada gusto. Me gustaria saber si quieren que profundice alguno que otro temilla que fueron apareciendo a lo largo de los ultimos capitulos. ¡Muchisimas gracias por los mensajes de la otra vez! Me alientan un monton a seguir escribiendo :D
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Gracias a Marce por corregir mis delirios misticos.
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Los personajes de DL no me pertecen D:
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Disfruten de la lectura :D
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Capitulo 21
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—Realmente este idiota es un pervertido de primera —declaró Tamara guardando su celular en su bolso.
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—Lo dices como si no te gustara —dijo burlescamente Nana, quien recibió un pequeño codazo—. ¡Oye! ¡Sabes que digo la verdad! —reclamó frunciendo el ceño—. ¿Ya cuantas veces salieron?
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—¡Diablos! —refunfuñó la pelirroja. Odiaba admitirlo, pero le encantaba la extrema lujuria que enmarcaba a Laito Sakamaki. No podía decir que no se divertía con él, ni mucho menos que quedara insatisfecha—. Cinco… veces, ¿quizás? —mencionó con duda mientras caminaba al lado del joven.
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—¡Mentirosa!
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—¡No me digas así! —replicó.
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—¿Sabes cual es tu problema? —increpó, ya cansado del tema. Que sus amigas tuvieran a su alcance hombres tan guapos y sexis y no aprovecharan la situación, lo enervara por completo. Primero Ahome con Subaru, si bien había sentimientos involucrados de por medio, lo exasperaba la lentitud con la que avanzaba su amiga. Para devorar comida, entrenar o escaparse era impecable. Por otro lado, la atolondrada pelirroja, estaba vivieron una relación carnal de lo mas satisfactoria pero aun así se quejaba. ¿Qué rayos les pasaba? Se giró y la observó de frente—. A ti te molesta que ese promiscuo semental no sea solo tuyo. Eso te ocurre.
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Tamara se quedo atónita, sintió como la sangre fluyó rápidamente a sus mejillas y como la rabia y la vergüenza iban surcando cada parte de su cuerpo. Bien, trató de respirar pausadamente pero no pudo. Se sintió en completa evidencia e increíblemente molesta. ¿Acaso aquello que dijo Nana era cierto? Volvía admitir que el castaño no le desagradaba en lo absoluto, podían mantener una charla normal e incluso salir; sin embargo, las cosas no tardaban en calentarse y en menos de un pestañeo ya se estaban tirando uno encima del otro. Pero era imposible ignorar que algo rugía en su mente cada vez que se cruzaban con alguna mujer que conociera a Laito. Él era descaradamente encantador y seductor, algo que las demás tampoco desaprovecharan.
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—¡E-eso no es cierto! —gritó deteniendo su caminar—. Nuestro acuerdo es así —simplificó, tratado de volver a recuperar su dignidad—. Ninguno de los dos tiene derecho sobre el otro —murmuró en voz baja—. Laito no me puede reprochar nada ni yo a él.
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—¡Dios! Tú siempre haces acuerdos que no te convienen —una tercera voz se unió a ellos desde atrás—. ¿Para que te metes en eso si te molesta? Sí que eres idiota.
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—¡K-Kou! —la pelirroja sintió como su lengua trastabilló al darse cuenta de su presencia. El rubio traía su ropa deportiva puesta y se notaba algo agitado. Omitió hacerle la pregunta: "¿Qué haces aquí?" Ya que era obvio, estaban yendo para la casa Mukami como de costumbre y el ojiazules se entrenaba diariamente, existía la oportunidad de cruzárselo—. ¡Tú no te metas, Rubia Estúpida!
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—¿Ah? ¡No me digas estúpida, estúpida! —refutó Kou—. Si no hicieras estupideces no te diría así, tarada —bufó mostrando su lengua. Tamara simplemente no pudo contenerse, arremetió contra el rubio a empujones—. ¡Oye! ¡Detente!
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Nana solo observó como dos de las personas que más quería se empujaban y correteaban infantilmente por la vereda. Aunque debía darle la razón al Mukami, ella sabía perfectamente que había aceptado. Era terrible cuando el corazón comenzaba a implicarse en asuntos personales, era difícil, lo sabía. Él mismo había pasado varias veces por esas experiencias y parecía ser que estaba condenado a seguir en ese horrible ciclo de frustraciones. Suspiró con fuerza cuando un tierno azache se le cruzó por unos borrosos recuerdos de dudosa procedencia. Nunca creyó posible encontrarse de aquella forma justamente por ese Mukami. Lo esperaba de Yuma, su amigo de la secundaria que lo incluyó en su familia sin tapujos ni prejuicios, aquel fortachón que te hacía sentir bien con unos de sus fuertes abrazos o sus confiadas y genuinas sonrisas. También de Ruki, el sexi, cálido y elegante de la familia, era un compañero sin igual, como sus hermanos, sabía cocinar exquisitamente y contenerte en tus peores momentos. Era perfecto, incluso muuuy remotamente podría ser por Kou, su simpatía, genialidad y lindura. Pero Azusa… era simplemente guapo y tierno.
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Se sonrojó un poco al pensar que, aquella sincera y cálida ternura era la que se había colado en su corazón a lo largo de los años. Y mientras veía y escuchaba a Tamara discutir con necedad lo indiscutible, se sintió completamente un idiota. A veces se preguntaba porque sus amigos tenían mas determinación en esos asuntos y el no. Yuma y su familia no dudaban en querer, en dar cariño o ignorar lo que no valiese la pena. En cambio, él que intentaba ocultar sus preocupaciones detrás de sonrisas y glamour era reservado hasta que el alcohol arruinaba sus defensas y dejaba que lo externo lo afectara. Siempre terminaba destruido, odiaba arriesgarse tontamente y ser el único afectado. Y estaba completamente seguro de no querer arruinar su preciosa amistad con Azusa.
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—En vez de estar criticando a la gente, ¿por qué no te vas a quitar la mugre? ¡Apestas! —espetó la joven.
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—¡Yo no apesto! —contradijo el ojiazules.
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—¿Tú no hueles?
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—Yo exudo feromonas atractivas para las mujeres, no para ti, ¡Bruja! —dijo Kou colocando una mano en su cintura y otra sobre su cabeza. Inmediatamente comenzaron a reír, la chica por incredulidad y el rubio por las estupideces que a veces él no se creía, pero decía—. Pero de verdad… estos Sakamaki son una plaga —comentó con asco y la muchacha enarcó una ceja—. ¡Nana! —llamó al otro joven—, a ti ni se te ocurra fijarte en alguno de esos maleantes patéticos, hay alguien espectacular para ti. ¿¡Te quedó claro!? —amenazó apuntándolo con el dedo.
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—¿¡AH!? —se alteró el nombrado—. ¿¡Porque dices cosas extrañas, Kou!? —preguntó exaltado.
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—Vaya, vaya, otro idiota más —declaró Kou con decepción.
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—Bienvenidos —saludó Azusa esperándolos con aperitivos en la sala. Nana trató de actuar lo más normal posible, pero, cuando cruzo miradas con el joven no pudo evitar que su corazón galopara con fuerza. De solo recordar el suave toque de sus labios se estremecía—. Kou… báñate antes de comer… —advirtió a su hermano mayor.
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—¡Ya lo sé! ¡En seguida vuelvo! —anunció el idol.
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Los demás miembros de la familia se encontraban de camino de vuelta de sus respectivas labores, así que solo se encontraban ellos tres en la sala. El menor les sirvió algo de agua mientras esperaban y lanzaba una que otra mirada de vez en cuando a Nana que nunca había sentido tantos nervios en su vida.
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—Ruki… te asesinará por lo de la otra vez… —murmuró Azusa—. Quizás yo también…
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—¡Que no es para tanto, Azusa! —reprochó Tamara.
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—¿Eh? ¿Qué pasó? —dijo confundido el joven.
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—Ahome… se escapó el otro día… —recordó el azabache—, y llegó tarde.
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—Oh… eso —suspiró con tranquilidad que rápidamente se esfumó al ver la mirada de reproche del otro joven.
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—¡Son terribles! —se quejó la pelirroja—. Yo los amo a todos ustedes, pero en esto son especialmente… "intensos" —reemplazó por insoportable.
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—"¿Intensos?" —repitió el menor sospesando las palabras de su amiga y se sintió algo inquieto—. Nana… —llamó al tieso joven—. ¿Tú… también crees que… soy intenso? —preguntó con preocupación.
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El castaño palideció ante el planteo; no dudaba de la veracidad de la preocupación del joven, pero por un momento creyó que era totalmente adrede. Que lo estaba provocando para comprobar sus reacciones.
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—¿Nana? —esbozó el Mukami.
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—¡Y-yo me voy a husmear a la habitación de Kou y de paso le preparo la ropa! —dijo rápidamente la joven levantándose en el proceso de su asiento. Desde el principio se dio cuenta del mal tercio que hacía allí, pero había empeorado y no pensaba quedarse ahí por más tiempo. Le guiñó el ojo al castaño y salió a toda prisa evitando las preguntas del ojisgrises.
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—Otra vez… se escapó —dijo Azusa con resignación.
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El silencio llenó la sala de sopetón y en lo único que podía pensar Nana era en las avispas asesinas que lo picaban por dentro de los nervios. ¡Por favor! Estaba en frente de Azusa Mukami una de las personas más buenas e inofensivas que había sobre la paz de la tierra.
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-Nana…
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—¡Si! —gritó más de lo que hablar del susto que se dio.
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—Hmm… —el pelinegro observó algo confundido, pero aun así prosiguió—. Iré a preparar algo de té… ¿Tú… qué quieres? —preguntó levantándose de su asiento y dirigiéndose hacia la cocina.
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—¡Espera! —exclamó siguiéndolo—. ¡Te ayudo!
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Pasó a su lado, desviando su mirada hacia la preciosa vajilla de la familia Mukami. Recordaba que Ruki le había comentado una vez que no tenía pensado realizar gastos en ello pero que le parecía muy importante recibir correctamente a los invitados y aún más a la familia. En las mañanas y tardes cada uno tenía su taza personalizada, incluso él y la pelirroja abandonadora. Sin embargo, de vez en cuando utilizaban aquella vajilla.
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Vio a Azusa colocar el agua con el té, así que él procedió a buscar las tazas para pulirlas un poco más de lo que ya estaban. Tan concentrado estaba que solo reaccionó cuando el azabache posó su mano sobre su frente. Del susto, se alejó rápidamente, por lo que casi tiró una taza.
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—¡A-azusa! ¡Me asustaste! —dijo algo agitado mientras sonreía—. Sí que eres sigiloso —exhaló fuertemente y tocó su pecho no pudiendo ver al joven a los ojos.
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—¿Te desagrado… tanto? —escuchó en un murmullo—. No lo haré más… lo prometo.
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Nana levantó su mirada y pudo observar en el contrario una gran angustia oculta detrás de una sonrisa conciliadora. Últimamente, el azabache se estaba esforzando para no incomodarlo y siempre se mantenía expectante a sus reacciones. Como en aquel momento; se limitaba y seguramente se culpaba injustamente por lo que ocasionaba en él. Sintió que se quedó sin aire y simplemente desesperó.
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—¡N-no! ¡No es eso! —se justificó acercándose un poco—. ¡Es que solo me sorprendiste mucho! —notó como el contrario lo escrudiñaba con sus preciosas orbes grises manchadas de preocupación y pena; lo hizo sentir un desastre.
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—Estabas muy… rojo… pensé que tenías fiebre… —dijo Azusa algo apenado. A él le sorprendía que Nana reaccionase así, porque siempre actuó de esa manera con el joven y nunca recibió una negativa. Se sintió culpable, era posible que el castaño recordara el suceso de la otra noche y se sintiera incomodo ante su presencia. Tragó en seco, las palabras se acumularon en su garganta, pero su lengua se enredó y no fue capaz de esbozar ninguna palabra.
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El castaño respiró hondamente, esperando lo que fuera a decir con una increíble ansiedad que no imagino poseer. Y tal vez por ello mismo o por algún motivo que desconocía, el contrario volvió a acercarse y apoyó su mano sobre su cabeza. En ese momento sintió unas enormes ganas de echarse a llorar para que el Mukami lo envolviera en sus gentiles brazos y lo hiciera sentir tan seguro como siempre. Adoraba tanto su forma de ser, lo adoraba tanto de una manera pura y sincera.
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La mano del joven cayó por el contorno de su rostro, dejando suaves caricias que a su paso lo despojaban de toda conciencia y duda, haciéndolo sentir estúpidamente enamorado. Estúpidamente joven, un joven que entrega sin vacilación su corazón pero que aun así teme a las consecuencias de sus actos.
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Azusa actuó de forma tan sutil y directa que, cuando quiso darse cuenta, él ya se encontraba besándolo lentamente. Destrozándolo y reconstruyéndolo quizás sin saberlo. Saboreándolo y explorándolo con genuino interés. Cuando lo rodeó con sus brazos y su espalda tocó la encimera se estremeció completamente, y aquella parte de él que se negaba a creer lo que estaba pasando desapareció por completo. Solo supo que correspondió tomando su rostro con unas terribles ansias de más. Ansias que aumentaron cuando abrió los ojos al sentir que abandono sus labios por un momento, y contempló puro amor y satisfacción en sus orbes grises.
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—Yo… nunca te haría daño, Nana —declaró el azabache masajeando sus brazos con cuidado—. Antes… —murmuró tomando las manos del contrario para enlazarlas con las de él—, me destrozaría a mi mismo… —la forma en la que lo observó en ese momento le pareció tan profunda y surrealista que lo dejo sin aire—. Así, por favor… piensa de forma seria en mí. Porque yo… —Azusa tomó una bocanada de aire y su mirada pareció endulzarse aún más—, porque… lo que siento por ti es muy real.
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El pelinegro cerró la distancia nuevamente y su rostro permaneció a un agonizante centímetro de distancia, expectante como siempre. Él siempre fue la persona que lo cuidó, lo escuchó y fue su pañuelo en reiteradas ocasiones. Azusa nunca exigía algo a cambio, parecía disfrutar de su compañía y olvidar cualquier inconveniente que él le causara.
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Lo observó con detenimiento y le pareció una de las personas más hermosas y sinceras que haya visto. Y afortunadamente era él quién tenía toda su atención. Eso le hizo sentir una creciente felicidad que no supo disimular. En aquella ocasión fue él quien se apoderó de los labios del azabache. Ya no quería perder más tiempo.
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—¡Kou! ¡Kou! —llamó la pelirroja desesperada, golpeteó la puerta del baño lo más despacio que pudo—. ¡Ya salte!
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—¿¡Qué rayos te sucede!? —el idol salió absolutamente empapado y con una toalla mal enrollada a la cintura—. ¡Ya estaba por salir! —se quejó despejando su frente de su cabello alborotado.
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—¡Cállate! —la joven colocó una de sus manos sobre la boca del rubio y con la otra tomo su muñeca y lo arrastró hasta su habitación. Kou trató de zafarse y de no mojar tanto el piso; Ruki lo mataría luego de hacerle fregar hasta la mínima imperfección. Realmente odiaba cuando pasaba eso. En cuanto se detuvieron ella lo observó seriamente y escupió lo que se tenía guardado—. Azusa y Nana están abajo, SOLOS, era demasiada la tensión, no sé si sexual, pero sí que había una tensión —espetó rápidamente—. No me quería quedar a ver, pero… ve a saber que están haciendo ahora.
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—¡OMG! —chillo el idol—. ¡Azusa-kun, yo sabía que tu podías! —festejo el rubio—. Espero que Nana no se emperre. —murmuró preocupado por los sentimientos del menor.
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—¡Sí! No creo que Nana se resista tanto —especulo la chica—. Pero… como que quiero ir a escuchar, pero sé que no debo —dijo con algo de culpa mientras acariciaba su propio cabello con inocencia. Esperaba que su amigo coincidiera con ella, que tratara de distraerla para que no se le ocurriera husmear.
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—Hm.. —Kou la observó con curiosidad.
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—¡Claro que no debemos! —repuso enérgica.
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—¡Lo sé, lo sé! —se reclamó Kou—. ¡AH! ¡No puede ser! —exclamó y se giró para revolver su cama.
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—¿Qué estás buscando? Tu cerebro no esta ahí, lo perdiste hace mucho —dijo Tamara con resignación mientras abría el ropero del Idol para buscarle algo de ropa. Tomó una remera y pantalón simples, aunque cuando tuvo que escoger el bóxer fue difícil; había muchos colores. Terminó eligiendo el morado porque combinaban con sus uñas ese día.
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—¡Yuma-kun y Meme-chan están por llegar! —alarmó—. ¡Hay que mandarles un mensaje!
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Ante tal revelación la joven le lanzó la ropa al joven y comenzó a teclear frenéticamente su celular. Debían darles tiempo, no sabía cuánto, pero más de cinco minutos debían ser. Solo rezaba por que no se les ocurriera hacer cochinadas en la cocina porque ni ella ni el idol podrían ayudarlos.
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—¿Sigues sin querer confesar? ¿¡ah!? —increpó Yuma—. Hoy estuviste más lenta de lo normal y eso seguro fue por que estuviste bebiendo ¡Ni se te ocurra mentirme! —exclamó algo agitado.
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—¡Solo fueron unas cuantas copas! —se defendió la chica—. El que toma como si no tuviera fondo es Ruki.
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Se encontraban los dos trotando de vuelta a casa, había sido un día bastante largo. Primero venía arrastrando el sueño de hace dos días, a pesar de eso decidió seguir con su rutina y si bien pensó que no se desgastaría tanto no contaba con que el castaño se pusiera en modo sádico a la hora de entrenar. Tenía muy buena resistencia, pero dos días de trabajo sin fin y de universidad fueron suficientes para agotarla un poco.
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No se arrepentía para nada de haberse escapado y besuqueado tan fogosamente con su No-novio. Hizo todo sabiendo las consecuencias y las estaba soportando sin quejarse.
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—¿A ti te parece correcto llegar a esa hora un lunes a la madrugada? ¿¡AH!?
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—¡Ya estoy grandecita para saber que es correcto y no! —contestó observándolo de reojo—. ¡Y si lo que hago está mal, solo me aguanto y ya!
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—¡Nos quedamos despiertos por ti! —refuto Yuma—. ¡Ni siquiera avisaste a donde ibas!
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—¡Eso es porque no quería que me fueran a buscar!
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Estaban prácticamente a los gritos mientras recorrían las calles- ¿Cuántas veces habían tenido la misma charla en dos días? No lo sabía, había perdido la cuenta. Solo podía darse cuenta de como la gente se giraba a mirarlos, era imposible no hacerlo.
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—¿Acaso no recuerdas porque Ruki te reacomodo en la planta baja? —interrogó Ahome algo exasperada—. Era porque no nos dejabas dormir cuando te encerrabas en el cuarto con alguna tipa. —remarcó lo último aplaudiendo rápidamente.
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—¡Oh, diablos! ¡Eso no tiene nada que ver! —respondió tratando de desentenderse.
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—¡Claro que sí! ¡Estamos hablando de "consideraciones", ¿verdad?!
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El celular de Yuma sonó en medio de todo el griterío, lo tomó y al ver que era un mensaje de texto estuvo a punto de dejarlo para después. Sin embargo, la situación se había puesto en su contra y decidió detenerse para pensar en alguna acusación mas elaborada. En cuanto leyó el mensaje no lo pudo creer. Se emocionó tanto que estrujó a la pelinegra entre sus brazos para después mostrarle el texto.
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—Si nos tardamos mucho también será sospechoso —sospesó la joven y Yuma coincidió con ella—. Aunque… ¿Ya le habrán avisado a Ruki?
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—Ya llegué —anunció el azabache apenas cruzó la puerta de su casa.
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—B-bienvenido Ruki —Nana, a penas escuchó la puerta abrirse empujó al joven y salió disparado hacia la plata alta, dejando algo atontado al Mukami menor—. ¿Cómo estuvo tu día?
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—Hm… normal. —contestó mientras se despojaba de sus abrigos. En cuanto dirigió la mirada hacia su hermano menor se detuvo más de lo normal—. Azusa… ¿Tú estás bien? —murmuró al verlo sonreír traviesamente.
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—Sí-sí… no ha pasado nada —contestó sintiéndose un poco mal por mentirle al mayor, odiaba hacerlo, pero en ese momento no podía pronunciar palabra. Más tarde hablarían y esperaría a escuchar sus sabias recomendaciones de hermano mayor que siempre lo alentaban. Mientras tanto la mejor idea era terminar de preparar el té.
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—¿¡Qué diablos está pasando aquí!? —Protesto Nana apenas ingresó a la habitación del idol—. Kou! ¿¡Qué rayos haces aun desnudo!? —exclamó totalmente escandalizado para después tirarse dramáticamente a la cama del joven y esconder su rostro totalmente sonrojado. No quería hablar, le parecía todo tan irreal, demasiado bueno como para que le sucediera. Debía de ser un sueño, eso y los bóxeres morados que tenía puesto Kou.
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Sintió como el peso de alguien mas cayó sobre él y supo que era su pelirroja amiga en cuanto lo abrazó y rio. Se sentía totalmente abochornado, quería desaparecer del mundo en ese preciso instante. En su pecho no cabía tanta felicidad, solo desbordaba y se traducía en sus labios y mejillas. Chilló en cuanto la joven comenzó a preguntar sin parar mientras Kou picaba sus costillas exigiendo respuestas decentes. ¡Pero él no era para nada decente!
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Reconocía en su ser la urgente necesidad de treparse al Mukami menor y devorarlo sin miramientos. ¡Era demasiado perverso! ¡Lo sabía!
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—¡Ya llegamos! —exclamó Ahome ingresando lentamente a la vivienda, seguida de Yuma. El mayor aceptó estar a favor de sea lo que sea que hiciera su hermano, pero aún le era difícil atrapar a alguno de sus familiares infraganti. Le era incomodo porque sentía que le robaba bastante de la privacidad que él mismo exigía. Ya iba a atrapar al menor con las manos en la masa, pero aun era pronto, el pobre explotaría de los nervios y se tiraría por el balcón. De eso estaba seguro. Azusa tenía nervios de acero en situaciones tensas, sin embargo, sus sentimientos siempre fueron un caos. No hace muchos años había dejado de cortarse así mismo cuando algo lo sobrepasaba o ni siquiera podía sentirlo.
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Al escuchar respuestas por parte de Ruki, supusieron que él había ignorado completamente su móvil y que se adueño de la cocina apenas ingresó. El implicado estaba con él, por lo que tuvieron que retrasar la ovación triunfal por el momento. De todas formas, no todo era color de rosa, el azabache mayor era el que mas enojado estaba con la muchacha por lo ocurrido, así que con solo una mirada supo que tenia que retirarse y quitarse la mugre inmediatamente.
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Como si de un cuartel se tratara subieron con el castaño prácticamente corriendo hasta la habitación del idol. Siempre que se ingresaba a aquel lugar era bastante raro. Kou era excéntrico en varios sentidos, estaban acostumbrados a todo tipo de vista y la que presenciaron no era menor a las demás. El rubio estaba en bóxer fastidiando al pobre de Nana mientras Tamara solo lo abrazaba y frotaba para darle calor. Además, el cuarto era un desastre de ropa tirada al suelo y la cama estaba completamente revuelta con los tres encima.
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—Lindos bóxer Kou —elogio Ahome—, pero si Ruki te ve así te va a hacer limpiar las canaletas.
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El ojicelestes se alejó rápidamente, levantó la ropa del suelo y comenzó a cambiarse en el mismo lugar. Los recién llegados aprovecharon para acercarse a Nana y apretujarlo un poco mientras hacían unas cuantas insinuaciones que no hacían mas que darle espasmos al pobre diablo.
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Si por algo se caracterizaba la familia Mukami, era por la variedad y el compañerismo de los integrantes. Sobre todo, en realidad, por su capacidad de incluir mas personas a su núcleo. Realmente era difícil no amarlos.
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Con Ahome y Yuma ya bañados y perfumados decidieron bajar a la planta baja en manada. El joven enamorado había podido calmarse un poco mas por lo que consideraba, en realidad no, que ya podía interactuar normalmente con los demás.
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—¿Y que tal el entrenamiento? —preguntó Ruki tratando de sonar desinteresado.
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—Una energizante tortura como siempre, Ruki —contestó la azabache algo agotada.
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—Eso fue porque empezaste la semana "revolucionada" ¿Puede ser? —inquirió observándola de reojo.
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—Ruki, ya para —detuvo su oración dándose cuenta de que era un caso completamente perdido—. ¿Cómo te fue en el trabajo?
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Trató de desviar la atención lo más que pudo, pero el azabache estaba con la lengua sumamente afilada cuando le dirigía la palabra a Ahome y a Tamara. Los demás parecieron olvidarse del tema, lo que le pareció sumamente raro. El azabache notó como Azusa estaba más animado de lo normal, lo que lo hizo sentir muy feliz por su hermano, pero algo no cuadraba. Su móvil volvió a sonar y se digno a verlo, sus cejas se alzaron incrédulamente cuando vio la cantidad ridícula de mensajes en su casilla.
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"¡Ruki-kun! Trata de hacer tiempo antes de llegar a casa \(+o+)/ Azusa- kun está confesando su LOVE a Nana AHORA MISMO /(*3*)\" —Kou, la más diva.
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"¡Ruki! ¡Ruki! ¡Ruuuuuuukiiii! Hay tensión en la cocina. Azusa. Nana. ¡Cuidado! Anúnciate antes de llegar" —Tamara, mi amor.
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"¡Ruki! ¡LEEME POR FAVOR! Hay una situación ¡Al fin! Azusa y Nana están solos en la cocina y puede que te los encuentres MUY acaramelados ¡NO LOS ASUSTES! Haz mucho ruido antes de entrar." —Ahome, Virgen Santa.
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"Puede que Azusa se esté cogiendo a Nana en la cocina, cuidado al entrar" —YUMA, la CONDA.
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Ok, se mantuvo impasible y observó con detenimiento a los dos jóvenes, bien. Por otro lado, dedujo que la pelirroja estuvo jugando con su celular, otra vez. Quiso sonreír y hacer el mismo oficial el noviazgo de los muchachos para simplificarles el seguro dramatismo que los aguardaba. Pero se contuvo muy bien.
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"Hoy paso algo genial, Nana y Azusa se besuquearon. ¡Al fin! Nana se fue hace un rato, no aguanto la presión, pero Azusa ya nos estuvo contando un poco. Supongo que dentro de unos minutos más hablare con él. "
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Sus días estuvieron tan atareados que ni siquiera pudo hacerse espacio para pasar por la cafetería, odiaba decir que extrañaba al albino cuando no había pasado tanto tiempo. Luego de aquel momento fogoso que compartieron, estuvieron embobados uno con el otro, él la acompañó hasta su casa en taxi y fue recibida hostilmente por cuatro demonios y una prisionera. Muchas emociones.
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En ese momento se estaban enviando mensajes, le gustaba saber de él. La facilidad con la que se irritaba, o la espontaneidad con la que era amable y vergonzoso a la vez eran fantásticas para ella. Subaru era transparente, pero descubrió que también puede ser oscuro y misterioso cuando se lo proponía. Aún se le erizaba la piel cuando recordaba la manera en la que la observaba o tocaba.
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"Me alegro por Azusa. Pero, sin ofender, ¿Nana no es muy enérgico para él?"
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"Azusa, lo ama desde siempre. Y Nana es espectacular para él. Lo dos lo son para el otro."
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"¿Entonces porque tardaron tanto?"
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"Nana pensaba que su amor ideal seria un hombre con camisa a cuadros estilo Jason Momoa o Pasión de Gavilanes. Además, Kou no es la única Drama Queen de la casa."
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Podía imaginarse la risa de Subaru en ese momento, y sabía que lo estaba disfrutando tanto como ella. Esa sensación le lleno el corazón de alegría y le hizo anhelar con más fervor lo que estaban construyendo ellos.
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"Lo creo, aquí también tenemos algunos"
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"¿Tú también?"
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"¡No! Estaba hablando de Kanato, Ayato y Reiji no de mi. Pero, ¿cómo que también?"
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Eso pasaba cuando ella trataba de molestarlo, se sintió orgullosa de él, Subaru estaba aprendiendo a defenderse mejor.
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"No mientas, al fin y al cabo, todos somos Drama Queens alguna vez en la vida"
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"Sí, claro."
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"Por supuesto."
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El joven dejó en visto su mensaje y no pudo hacer mas que jactarse de su facilidad para fastidiarlo. El albino luchaba fuertemente contra su instinto de enloquecer de un momento a otro. Lo valoraba, pero ella ya lo adoraba con sus estallidos incluidos. "Adorar" le quedaba muy corta la palabra a lo que ella sentía, ya había confesado que le gustaba y mucho. Pero aun le costaba lidiar con la otra parte de ella que siempre era cautelosa y había aprendido a los golpes a no abalanzarse sin un paracaídas. A veces le tentaba la idea de cortar aquellas cuerdas que le daban una falsa "seguridad" y dejarse caer. Sentía que la caída irremediable valía la pena si el causante era Subaru Sakamaki.
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"¿Ya te paspaste?"
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"No, no me paspe."
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"¿Entonces?" preguntó sintiendo un revuelo en su pecho.
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"Pensaba que los dos somos muy raros. ¿No te parece?" no pudo evitar reírse en cuanto leyó ese mensaje.
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"¿Y eso a qué viene?"
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Observó como escribía y borraba en reiteradas ocasiones a lo largo de cinco minutos. Pensó que realmente se estaba friendo el cerebro tratando de hallar las palabras adecuadas. ¿Pero cuáles serían?
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"A que, a pesar de haberte visto el fin de semana, quiero verte otra vez. Quiero que vengas al café, irte a buscar al trabajo, o pasar a saludarte, quiero que pasemos tiempo juntos otra vez. Lo que quiero decir es que todo ha estado muy tranquilo, y que a pesar de que te ENCANTA sacarme de juicio, y haces cosas raras te quiero de todas formas y punto."
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Sintió que el corazón se le derritió en el pecho. ¿Siempre había ocasionado eso en ella? No lo recordaba, pero sabía que últimamente era más frecuente y con mas intensidad. ¿Cómo no iba a querer devorárselo? En todos los malditos sentidos.
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"¿Y punto? ¡Ja! Eres muy revoltoso, Subaru. Yo también te extraño y quiero verte. Mañana tengo unas horas libre a la tarde, si quieres podemos platicar un rato."
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Si bien parecía muy puntual y decidida era todo lo contrario, no sabia como contestarle ni como parecer lo menos afectada posible. Arreglaron algunos detalles mas y le deseo las buenas noches en cuanto escucho la puerta de su habitación ser golpeada. Dejó su móvil y recibió a un tímido Azusa. Le hizo lugar en su cama y lo arropo en cuanto se acostó. El la observo a los ojos y pudo observar en su mirar felicidad, una pequeña sonrisa surco sus labios y no pudo evitar reír con él.
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Uno de sus caballeros había encontrado a alguien con quien compartir aventuras y situaciones inimaginables. Alguien a quien cuidar y amar. Estaba muy feliz por él. Tomó sus maltratadas manos y las apretó con cariño. El azabache se acurrucó mas en la cama y suspiró con anhelo.
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—¿Ya le puedo decir cuñado? —espeto la joven, sabiendo que quizás solo le diría de esa forma al castaño para molestarlo.
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Azusa rio y sus orbes grises fueron inundadas completamente con esperanza, mantuvo su corazón entre las manos y sus sueños a merced de otra persona.
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¡Fin del capitulo 21! ¿Que les parecio? ¡Dejenme sus comentarios! ¿Que tal este Nana? ¿Se rendira ante la tierna zukulenticia de Azusa bebe o preferira optar por un fortachon como Jason Mamoa?
¡Nos leemos luego!
