Dos pares de pies se arrastran, obedeciendo la misión de llevar el recipiente a la dirección dada. Intentan zarandearlo lo menos posible por las cuestas y el camino serpenteante que tienen que afrontar. El silencio se ha apoderado de la pareja, preocupándose por el interior del objeto que portan.
Finalmente llegan a su objetivo: una puerta trasera. Una de las personas abre el envase y de él sale una cabellera rubia suelta. Respira fuerte ante su libertad y observa el atardecer que le brinda su pueblo; a pesar de ser primavera, los tonos naranjas tiñen los campos y todavía se puede respirar pequeños rescoldos del invierno en el ambiente. Le dedica una mirada a la distancia, preguntándose si ya habría comenzado el festival anual que juraría haber oído, reteniendo esa pregunta al atravesar la puerta.
Sube las escaleras hacia su habitación, deteniéndose frente a ella; no es la primera vez que nota el olor de Ed desde la última vez que se despidieron, hace meses ya. Sonríe levemente para ella misma y se adentra en su cuarto; presta atención a su armario y cama, deseando echarse en ella lo más pronto posible. Abre la ventana ligeramente para refrescar el ambiente. Está apunto de quitarse la camiseta cuando una rafaga de aire envuelve la habitación y esta vez sí, no puede imaginarselo. Se gira buscando la raíz de sus insomnios, sin saber si quiere encontrar la respuesta o no.
Un grito inunda toda la habitación, haciéndose eco por toda la casa. No tardan en venir los soldados de Central y los de Bridges. El acero contra la cara de Ed no tarda en hacerse presente, pero la tranquilidad y calidez de su presencia no abandonan a Winry, materializandose brevemente en sus ojos; suspira y respira fuerte para no llorar, todavía no.
Los gritos y explicaciones no tardan en aperecer, pero las miradas de ambos rubios están lejanos a la conversación que se ha formado, estando pendientes de cada movimiento que el otro realice. Finalmente se cierra la puerta de Winry con Ed en la habitación, la calma no termina de calar en la pareja, preguntándose cuánto tiempo podrían tener juntos. Los ojos de Edward buscan a su compañera, él también había creído haber imaginado captar el olor de Winry, pero al verla entrar por la puerta, tan cerca de él, sin que ella no note siquiera su presencia, se preguntaba si su mente le jugaba una mala pasada; quería reaccionar pero solo podía observarla. Le tranquilizó verla bien, pero notaba las facciones de su cara más duras y afiladas, además de pequeñas cicatrices que decoran sus mejillas y frente; sin embargo son sus ojos los que reflejan el cansancio y la tristeza que ha tenido que vivir estas semanas por su culpa. El recuerdo de ella apunto de quitarse la camiseta delante de él vuela por su cerebro, secándole la boca por un instante y tornando sus mejillas en un color rojo que el atardecer esconde; no es un secreto que por fin ha admitido ciertos sentimientos hacia ella, pero no puede demostrarlo ante tantas personas, sabe que debería hablar con ella pero el día elegido está cerca y se van en unas horas, no puede distraerse con eso, ya llegará su momento.
Ella por su parte no puede parar de preguntarse si Ed ha crecido en este tiempo. No está lo suficientemente cerca de él como para compararse, pero lo nota más alto y la espalda más ancha. El pelo le ha crecido en su largo coleta y las marcas en su cara y brazo izquierdo son reconocibles, alternado entre tonos de cicatrices más oscuras y claras. Ella ha pasado este tiempo escondida, con una preocupación constante, pero él ha tenido que pelear incontables veces; se pregunta cómo de destrozado estará su AutoMail, no sabiendo si enfadarse por los continuos no cuidados que hace o estar contenta por el tiempo extra que podrá pasar con él.
Explicaciones, anécdotas y actualizar la información de cada parte vienen seguidas de una merecida cena caliente en un ambiente de familiaridad. Hacer frente al Día Elegido y a los homúnculos se palpa en el ambiente, teniendo que coger fuerzas para ello.
Mientras Winry cambia determinadas piezas, se da cuenta del cambio físico que sospechaba: el torso de Ed es más ancho, marcándose algunas venas por sus brazos. Se alegra de lo fuerte que se ha hecho su amigo, siendo consciente del camino que han y les queda por atravesar.
Tiene que nivelar su brazo derecho ya que está levemente más corto que el izquierdo y lo mismo con su pierna izquierda. Ninguno se atreve a hablar pero no se les hace incomodo. Ed no puede dejar de pensar en su siguiente acto, pero la presencia de su amiga consigue que su corazón se apacigue en estos momentos. El pulso de Winry no se tambalea en ningún momento, el calor de su amigo le seguridad: él está aquí, aunque sea por poco tiempo, debe disfrutar de este momento.
Winry finaliza, a excepción de volver a conectar los nervios, pero no se levanta de la silla donde estaba trabajando, Ed no se da cuenta, siguiendo enfrascado en sus pensamientos. Nota el movimiento de Winry hacía él, agachándose levemente. Nota una presión en su mano derecha, odiando no poder notar el calor y tacto de las manos de su amiga. Se extraña de oír un sutil traqueteo metálico hasta que se da cuenta que ella está temblando, mirando a su mano.
− Mientras caminábamos por los túneles junto con el asesino de mis padres, junto con las dos quimeras… No podía evitar preguntarme si todo esto era una trampa, que en cualquier momento podían atacarnos, matarnos… La única indefensa era yo, hasta el Doctor Marcoh y Mei podían defenderse ante ataques y heridas… Y mientras yo… Realmente no hubiera sobrevivido si llegara a pasar tal cosa.
− Winry…
− Ya sé que no tiene sentido pero
− No − le corta − Claro que tiene sentido pensar en las posibles situaciones que pueden pasar. Es algo que Al y yo hacemos, es una manera para sobrevivir; demuestra cautela, persistencia, valentía… Winry − le coge la mano − No eres débil, eres una de las personas más fuertes que conozco; encuentras la forma de salir de todo, no importa lo que sea. Sé que puedes con cualquier cosa.
En ese momento, Winry dejó de temblar, pensando en todo lo que Ed había dicho de ella. Sonríe al pensar que la considera fuerte y valiente. Nota como la mano libre de Ed se acerca, pero no se esperaba que acabara en su cara, apartándole un mechón. Mantienen las miradas, centrándose en el ritmo de las respiraciones del otro, ella memorizando el tacto de la mano de él y él apreciando la textura de su pelo, el calor de su frente. Se castiga a sí mismo por no haber disfrutado de estas pequeñas cosas en el pasado.
− ¿Te sientes en guerra? − pregunta ella. Él sigue perdido en su pelo, aunque la conexión de su mirada se perdiera. Finalmente acomoda el mechón detrás de su oreja y respira hondo mientras cierra los ojos y se recuesta sobre la almohada.
− En una guerra silenciosa, que lleva bastante tiempo aunque nos diéramos cuenta de ella tarde. Creo que fue el hecho de saber que eras un rehén, que cualquier persona cercana a mí podía serlo, eso me hizo darme cuenta de la gravedad de la situación.
Winry se sorprende ante tal revelación. El silencio se vuelve a apoderar de la habitación. Ella también sabía que estaban en guerra, pero hablarlo en alto con alguien solo lo hacía oficial, sin facilitar su aceptación. Ahora mismo toda Amestris vivía tranquila en su día a día, hasta Rizenbul tenía su propio festejo, lejos de la realidad. Allí, en esa habitación, en ese pequeño pueblo, dos personas sentían la guerra dentro de ellas, vibrando en su interior. ¿Cómo reaccionar ante tal hecho?
Aunque faltaba gente en esa habitación, ambos se sentían completos con la compañía del otro. Ese instante era para ellos.
A Ed le gustaría poder volver a acariciar el pelo de Winry y nota movimiento por parte de Winry, sorprendiendose como al final ella se ha recostado sobre su torso. Ed corta su respiración al momento, tensionando hasta el último músculo de su cuerpo.
− Por favor − susurra Winry, con temor de romper el momento − te vas en unas horas. Finjamos que no estamos en guerra hasta entonces.
Ed expira. Se da cuenta, no solo de la cercanía física, sino del pulso que notaba en los brazos de ella, las cosquillas de su pelo en el pecho, el calor de su cuerpo, su olor… Maldición. Sólo podía pensar en su olor, tan cautivo, tan ligero, tan acogedor.
Winry agradecía que Ed no pudiera verla la cara, pues además de tono rojizo de sus mejillas, no se atrevería a mirarle a los ojos después del gesto que ni siquiera pensó; simplemente sintió el impulso y tuvo que seguirlo. Realmente no sabría si podrían volver a estar en esta situación... La guerra; eso es lo que la ha lanzado. La posibilidad de no volver a ver a Ed, de estar cerca de él; aprovechar este tiempo.
Ninguno sabe qué decir. Winry espera a que Ed la eche o algo parecido, mientras se intenta tranquilizar escuchando los latidos de su corazón, pero los oye muy rápido.
− Ed, ¿podéis quedaros un poco más de tiempo? − susurra temiendo haber roto el trance que se adueñaba de ellos poco a poco.
− No creo que sea posible Winry.
− Solo unos momentos más… Conmigo.
Y sin más, volvió el silencio a ellos. Ed se atrevió a hundir sus dedos en el pelo de Winry, enredándose en ellos y dejando que su mente se permitiera el lujo de imaginar este momento eterno, todas las noche del resto de sus vidas.
Por un segundo, la imagen de Winry desvistiéndose reaparece por la mente de Ed, alterándolo todavía más. Ella nota su pulso acelerarse y como sus brazos se han endurecido. Levanta la cabeza para preguntarle qué le pasa y encuentra sus ojos atravesándola, con una fuerza que solo puede atisbar cuando lucha. Pero esta vez puede ver el fondo de ellos, una profundidad que no sabe descifrar. Su pregunta se ha quedado en el aire.
Ed piensa que efectivamente están en guerra, la adrenalina comienza a bombear por todo su cuerpo. Winry nota como sus brazos se pegan al cuerpo de ella, terminando en un abrazo en su cintura. Él traga saliva. Realmente no sabe qué hacer.
Ella nota el aliento de él llegando a su rostro, le recuerda a la calma antes de la tormenta. Pero ahora todo recae en ella, no depende de nadie más en este momento. Como bien ha pensado antes, esto es la guerra y, por una vez, quiere entrar en el campo de batalla y ganar.
Su cuerpo se mueve en silencio hasta alcanzar esos labios que se habían abierto levemente ante el abrazo improvisado. Winry cierra las manos sobre el pecho de Ed al momento que roza sus labios, intentando mantener este momento.
Ed no ha procesado mentalmente el movimiento de ella y hasta que no nota el contacto cálido de su piel, su nariz rozando la suya, ambas mejillas arrullarse y los labios de ella acariciando los suyos, no es consciente del extraño beso. Una suavidad que no había notado antes.
Sus labios responden a la caricia solos.
Según pasan los minutos, los latidos de ambos se sincronizan y aumentan. El calor les invade y la adrenalina viaja por su torrente sanguíneo. Las manos de él despiertan y recorren la espalda de ella. Winry por su parte comienza a jugar con el pelo de Ed, enreda mechones de su pelo por sus dedos, continuando el beso.
A medida que pasa el tiempo, se forma una promesa silenciosa en la mente de Edward: la de volver de esta batalla, volver a su pueblo con Alphonse, junto con Winry y poder abrazarla todas las noches.
No son conscientes del lapso de tiempo que está consumiendo. Solo pueden pensar en los labios del otro, los cuales han comenzado a adquirir un tono más rojo e hincharse levemente ante tal contacto.
Se dan cuenta del ritmo acelerado que está llegando a ellos y separan sus labios ligeramente, conectando sus narices y con los ojos cerrados. Sus alientos vuelven a chocar con urgencia e intención de volver a mezclarse.
Ninguno hace nada. Winry termina por ponerse en pie, temiendo haber empezado algo que Ed considere un error. Ella le mira desde la cama, quien se incorpora, apoyándose en la pared, a modo de respaldo de la cama.
Cierra los ojos y comienza a darse la vuelta, pero una mano agarra la suya y la trae de vuelta a sus labios. Un beso más calmado y profundo, el cual se humedece debido a las lágrimas que Winry es incapaz de aguantar, descifrando la despedida que Ed quiere transmitir.
Se separan y los ojos azules buscan con determinación los amarillos. Ambos conectan y ven más allá de ellos, grabándose en su memoria este momento.
No dicen nada más. Winry termina de arreglar el AutoMail conectando los nervios, mientras que Ed se sorprende a sí mismo no odiando tanto el dolor que le causa la reconexión, pues esa una manera de confirmar que lo ocurrido antes fue real.
La conversación sobre el Día Elegido vuelve a hacer presente y Winry le revela la ubicación de su padre, intentando que vaya a verlo; por lo que comienzan a discutir y Ed se va dando un portazo sin contestar.
Ed y su equipo se marcha al cabo de unas horas sin despedirse de Winry, quien se estaba dando un baño. Al salir descubre que se han ido, dejándola con una sensación de no volver a ver a su amigo, maldiciendo que su última conversación fuera una discusión.
Entra en su habitación y descubre debajo su almohada los pendientes que le dió a Ed para que se les cuidara, además incluye una cadena a juego con ellos, la cual tiene escrito "Mecánica de los hermanos Elric".
