Esto va para Miriam,inspirado en ese cómic que no llegaste a a acabar pero que me encantó, gracias por tu pasión hacia las cosas que te gustan... No dejes que un bache te derrumbe una ship que te gusta tanto y adoro ver por tu parte.
El Cairo,ciudad de mito y movimiento urbano. Extravagante,llena de leyendas y algunos misterios aún por resolver.
Pero no nos pararemos ahí, sus afueras polvorientas, llenas de la arena estirpe del soleado y abrasador desierto. Un pequeño jadeo, gemido de un muchacho joven, de campo,lozano y vigoroso por la labor agrícola que de nacimiento se le fue encomendada. Aún era un niño, pero sabía que tenía que ayudar con lo que pudiera.
Al frente de él la poderosa figura de su padre que marcaba el paso al siguiente lugar al que pasaría el día o noche. Todo esto,bordeando el Nilo, el niño, que con ojos curiosos observaba el agua resplandeciente por el sol de la tarde divisó una pequeña silueta. ¿Otro niño? Estaba en el agua, ¿Era consciente de que habían cocodrilos ahí? En un afán de sobre protección empezó a gritarle desviándose de la senda por la pausa.
Este por lo contrario,no le hacía ni el más mínimo caso. Es más, frunció el ceño gritando al otro barbaridades para que callara. El pequeño agricultor no supo reaccionar con claridad, solo quería sacarlo de un peligro, aunque la figura paterna irrumpió.
—¿¡Chaka, que son esos berridos!? ¡No molestes a la gente! ¡Anda tira, eres más lento que una maldita vaca! — El pequeño agachó la cabeza y en un suave tono de voz espetó un "Si padre". Tras esto siguieron su camino hasta el hostal más cercano.
Era un sitio simple, en lo más mínimo lujoso, o inclusive cómodo. Chaka, pendiente de su entorno jugaba con cualquier objeto que veía en el suelo, ahora que su padre descansaba tenia un pequeño tiempo para divertirse oovidando los gritos del mayor. Abruptamente un sonido fuerte proveniente de la calle llamó su atención.
Era ese niño otra vez, salio, sin hacer ruido ni ser descubierto por cualquier adulto que moraba en aquel recinto.
Con curiosidad cual gato al fijar su mirada en él se acerco.
—Hola. —De golpe, el muchacho soltó lo que tenía en las manos por el susto del granjero.
— Grrr, mira lo que has hecho imbécil, menudo susto. ¡Has tirado mi comida! —Estaba realmente molesto, era más que evidente. Chaka titubeaba un poco soltando disculpas.
—Yo... Lo siento tanto de verdad, mira... Si quieres te puedo dar mi comida, a mi no me importa... – Sacó el poco pan que tenía y la cortada de queso que guardaba. — Ten... Creo que lo necesitas más que yo, se te ve muy delgado.
El muchacho de la calle con sus ojos cerrados y sus cejas de enfado, no puedo evitar decir que no, el hambre le podía y con ansía toma los alimentos, quitándole al otro de las manos aquello de una manera muy vasta.
—O–oye, algo de consid... Consideración...
—Eres una niña muy molesta. —Dijo el niño de pelo revuelto con comida el los carrillos.
—¿N–niña? ¿Que dices? ¿A-acaso no ves que... Que soy un niño?
—¿Eres un crío..? Con esa voz de rata me recordabas a una niñata... Y, no, no puedo ver si eres un tio o una tia... —El enfado en el tono de voz era creciente en niño de la calle.
—¿De verd—? —Entonces vio las cuencas blanquecinas en los ojos contrarios, era ciego... Y seguramente estaba comiendo algo de la basura o algo incluso robado.— Siento, haber sido tan "descortés"... Me llamo Chaka, estoy aquí de paso con mi padre y...
—Calla, no te he preguntado. Oye, ¿Tienes mas comida? —Las tripas rugían, se sentía con el hambre de un león famélico, ahora la voz, era más suave y calmada.
Sorprendido por esa respuesta pero contento por la pregunta, el granjero sonrió tomando la mano del otro y llevándole dentro, en su saca había comida. No le importaba compartir sus provisiones, él las necesitaba más.
Agradecido el ciego por semejante acto de bondad soltó.
—Me has caído bien, ¿Quieres dar un paseo por el Nilo?
—¿¡E–el Nilo!? S–si es de noche y hay, hay cocodrilos...
—Confia en mí, por cierto, me llamo N'doul. Vamos. —Ahora él tomaba la mano de Chaka y con despreocupación lo llevo al río lo más rápido que pudieron sus piernas.
El agua no estaba turbia, ni inquieta, eso tranquilizaba en parte al pequeño agricultor. Aunque por otra parte le creaba dudas, ¿Por qué los cocodrilos no se acercaban? Los podía ver, pero, ni se inmutaban a venir, era de lo más extraño.
—Puedes,¿Puedes decirme que pasa con los cocodrilos..? —Empezaba a tener respeto por aquel niño
—Geb me protege.
—¿Geb? ¿Geb el dios? —Preguntó ingenuo.
—El mismo, nunca me ha desamparado en los años que llevo en la calle y son, muchos... Me gusta mucho. El río digo, es el único lugar que me transmite paz dentro del bullicio de la ciudad.
—¿Pueden los dioses ayudar a alguien directamente?— Atónito se encontraba, era difícil de creer pero, los cocodrilos no se acercaban. —Eres bastante guay...
—¿Tú crees? —Esa frase dejo al chico ciego algo desconcertado, no le habían apreciado hasta ahora. —Si, soy el mejor. —Espetó hinchando el pecho.
El otro solo sonrió.
Las horas pasaban, la noche era más larga de lo que parecía. Con ilusión acabaron jugando a mil cosas, pero el alba llamaba al muchacho de campo al refugio del hostal.
Con pesar ambos, ahora amigos se dirigieron al mismo.
—Oye, me lo he pasado muy bien. —Admitió el del cabello revuelto. —Es la primer vez en años que me lo he pasado bien. Gracias, Chaka.
—Ojala vernos otra vez... N'doul. —Algo triste, y desanimado abrazo a quien consideraba ya un amigo, largo, sincero y cálido abrazo. —Hasta pronto.
—Adios... — Los pasos que se alejaban, otra vez la soledad. Pero, mantendría vivo ese recuerdo siempre.
—Oiga,¿Le conozco de algo? —Una cándida y suave voz que miraba a aquella persona en la calle.
—Lo dudo mucho, suelo reconocer una voz. —Aspera contestación de una voz adulta y madura pero, abierta a oír. —Soy N'doul.
—Soy Chaka, un placer...
Fin.
