Sakura suspiró por enésima vez en el día mientras ayudaba a bajar las últimas cajas del camión de la mudanza.
Sin duda no era una situación con la que se sintiese cómoda: Mudarse a una nueva ciudad a mitad de año y empezar una nueva escuela con gente desconocida. Realmente no entendía por qué sus padres habían tomado la tan repentina decisión de venir a Karakura.
No parecía ser una ciudad fuera de lo común que incitara a alguien a querer desesperadamente vivir allí, y la vida que tenían en la ciudad de Tokyo era bastante buena como para abandonarla. Tampoco es como si sus padres hubiesen sido transferidos aquí bajo la promesa de un mejor salario o algo parecido. Entonces, no entendía por qué abandonar su vieja vida para venir aquí.
Si intentaba preguntarle a su madre siempre obtenía la misma respuesta.
"Cambiar de aires periódicamente es bueno, cariño. Tómalo como una posibilidad para empezar de cero y reinventarte a ti misma, harás nuevos amigos, tal vez incluso encuentres el amor ¿Y quién sabe? Tal vez incluso tu enfermedad se cure con estos nuevos aires"
Bufó molesta al recordar tales palabras.
Ella no quería nuevos amigos, estaba bastante feliz con sus amigos en Tokyo. La vida no sería lo mismo sin sus tardes de café con Ino, o sus pláticas en el receso escolar con Hinata. No creía poder encontrar nadie que pudiese reemplazarlas a ellas, o a Tententen, o a Temari… O a… El punto era que eran grandes amigas, irremplazables.
Y el tema de su dichosa enfermedad…
Sakura nunca había sabido con certeza en qué consistía esta rara condición. Desde que tenía memoria, su madre la obligaba a tomar unas extrañas píldoras dos veces al día. Píldoras que en vez de hacerla sentir mejor parecían empeorar su estado.
Cada vez que las ingería comenzaba a sentirse cansada, su cuerpo le pesaba y su cabeza le daba vueltas. Su madre había insistido que era un efecto secundario de las píldoras, pero Sakura creía que simplemente no era natural que aquello pasase. Sin embargo, no podía discutir al respecto, aún era menor de edad y debía hacer lo que sus padres le ordenasen.
– Bien, esa fue la última caja. –escuchó a su madre decir desde la entrada de su nueva casa. – Sakura, ¿por qué no sales a explorar la ciudad mientras tu padre y yo acomodamos todo por aquí? Estoy segura que empezarás a sentirte más a gusto en este lugar si te tomas el tiempo de conocerlo.
Sakura suspiró sabiendo que no tenía mucha posibilidad de negarse.
– Supongo que está bien… –murmuró dejando la caja en el suelo. Buscó entre sus cosas su abrigo y tras despedirse de sus padres salió de la casa para comenzar a explorar la ciudad.
Sus pasos eran lentos mientras avanzaba por el vecindario. No tenía ningún interés real en conocer la ciudad, no quería estar allí…
"Quiero mi vida de vuelta"
– Señorita…
Una extraña voz hizo que la joven detuviera su andar. Miró en todas las direcciones buscando a la persona que le había hablado, pero no encontró a nadie, estaba completamente sola en el vecindario ¿Tal vez había escuchado mal?
– Señorita. –de nuevo la voz sonó sobresaltándola. Era una voz bastante aguda y tierna, parecía la voz de un infante.
– ¿Dónde estás? No puedo verte… –dijo Sakura volteando en todas las direcciones posibles.
– Por aquí, señorita, encima del muro. –le indicó la voz.
Sakura levantó su vista hacia el muro que había junto a ella, pero todo lo que pudo encontrar fue una jaula con un pequeño perico dentro.
Su ceño se frunció reflejando la confusión que sentía. No era posible que ese perico le estuviese hablando… ¿Verdad? Los animales no hablaban, era prácticamente imposible, entonces… ¿De dónde venía la voz que estaba escuchando?
– Señorita. –sonó nuevamente la voz a la par que el ave abría su pico para pronunciar aquella palabra.
Ante esta imagen, Sakura no pudo evitar retroceder asustada. Realmente el perico había hablado.
– Lamento asustarla señorita, pero necesito su ayuda. Mi amigo corre peligro… –dijo el pájaro.
– ¿C-Cómo es que estas hablando? L-Los animales no deberían de poder hablar… –murmuró Sakura aún impactada por lo que estaba presenciando.
– No soy un pájaro realmente señorita. Un monstruo atrapó mi alma en este cuerpo, pero en verdad soy un niño humano, como usted. –intentó explicar el ave.
– ¿Alma…? ¿Qué quieres decir conque un monstruo te atrapó en ese cuerpo? –repitió confundida.
¿Tal vez estaba teniendo alucinaciones? Si, de seguro era otro efecto de la medicina. No era suficiente con deteriorar su estado físico, ahora también le hacía tener estas raras alucinaciones. Un perico diciendo que era un niño que fue atrapado por un monstruo… No había otra explicación posible, debería hablar con su madre al respecto.
– Se que suena difícil de comprender señorita, pero en verdad necesito su ayuda… Mi amigo… –no pudo continuar hablando cuando unos extraños bichos aparecieron, rodeándolos. – E-Esto es obra del monstruo, señorita, por favor ayúdeme.
Sakura no sabía que hacer. Estaba aterrada. Para ser una simple alucinación todo parecía tan real… Esas criaturas lucían aterradoras en verdad y su cuerpo se encontraba prácticamente paralizado.
– ¡Señorita! –exclamó el ave intentando hacerla reaccionar.
– ¡Kyaaaaa~!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Rukia y Chad observaban al Hollow que se encontraba sobre ellos. Ambos con heridas en sus cuerpos y miradas serias.
– ¡Ha sido un descuido pensar que lo único que puedo hacer es volar, shinigamis! –exclamó el Hollow con un aire burlón. En ese mismo instante, tres de sus secuaces aparecieron a su lado. Uno de ellos sosteniendo la jaula del ave, los otros dos sosteniendo a una joven pelirrosa que era desconocida tanto para Rukia como para Chad. – Oh, han vuelto mis colegas. –dijo para luego volver a dirigir su mirada hacia Rukia y Chad. – ¿Qué les parece esto?
– La jaula de Shibata… –murmuró Chad preocupado al ver al periquito allí. – ¿Por qué está aquí?
– Lo siento señor… –se lamentó el ave. – He sido capturado…
– Veo que has intentado arrastrar a otra persona más. Eres un niño malo. –se burló el Hollow volteando a ver a la pelirrosa que luchaba por liberarse de las garras de sus secuaces.
– ¡S-Sueltame maldito monstruo! –gruñó la joven.
– Jooo~ así que puedes verme… Esto es interesante. –comentó el Hollow.
– No te muevas Chad. –habló Rukia intentando ponerse de pie. – Si das un solo paso hará que explote la jaula, y lastimará a esa chica…
– Pero… Nueva estudiante…
– No te preocupes por mí. –dijo la pelinegra esbozando una sonrisa confiada. – He prometido no meter la pata.
Tras esas palabras, comenzó a correr esquivando los ataques de los secuaces del Hollow. De pronto, una de las criaturas apareció a su lado alertándola. Rukia no pudo reaccionar a tiempo antes de que aquel pequeño monstruo escupiera una sustancia extraña con unas especies de babosas rosadas a su brazo.
– Ugh… –se quejó la pelinegra inclinándose.
– Mira, estás cubierta. –habló el Hollow apareciendo detrás de ella. Los ojos de la pelinegra se abrieron reflejando su sorpresa y temor.
La lengua del Hollow se deslizó entre sus grandes dientes emitiendo una vibración inusual, ocasionando que las babosas en el brazo de Rukia explotaran y la hirieran en el proceso.
La sangre goteaba por el brazo herido de Rukia, creando un camino de sangre a medida que ella avanzaba intentando huir del Hollow. El Hollow estalló en risas al ver la escena frente a él.
– Que bonito, ¡escapa en un cuerpo lleno de sangre! De verdad… ¡Me encanta!
Tomó a uno de sus secuaces y lo lanzó en dirección a la chica. Cuando estuvo a unos pocos metros este explotó. Nuevamente repitió la acción atacando de esta forma a Rukia.
– ¡Oye, oye! ¿¡Qué intentas hacer!? –exclamaba el Hollow mientras continuaba atacándola. – ¡No corras solamente! ¡Puedes devolver mis golpes, señorita Shinigami!
"Shinigami…"
La pelirrosa -aún apresada por los secuaces del Hollow- repitió la palabra en su mente. El nombre le resultaba extrañamente familiar, y le provocaba un sentimiento de confusión y pérdida.
¿Por qué se sentía así? ¿Dónde había escuchado esa palabra antes?
"Cuando seas mayor podrás convertirte en una shinigami como nosotros, Sakura-hime"
Un pequeño destello en su mente. Rostros borrosos. Una sensación de familiaridad. Y de pronto un fuerte dolor en su cabeza.
Un quejido escapó de sus labios y cerró sus ojos apretándolos con fuerza. El dolor continuaba prolongándose.
– Señorita, ¿se encuentra bien? –preguntó el ave volteando a ver a la joven, preocupado.
– Si, solo… Ugh… Mi cabeza…
– ¡Ichigo!
La atención de la pelirrosa y el ave volvió a dirigirse al combate que se estaba desarrollando.
Un joven de cabellos naranjas había aparecido en la batalla. Por lo que Sakura podía observar, el chico parecía ser amigo de la pelinegra y el otro chico.
– Ichigo Kurosaki, 15 años. –comenzó a presentarse el pelinaranja. – Shinigami en funciones. Si quieres perseguir shinigamis… Entonces creo que te has equivocado de adversario.
– ¡B-Bastardo!
Desde su lugar, Sakura pudo observar como la pelinegra se colocaba un guante y se acercaba a Ichigo. Con un golpe a su pecho, su cuerpo cayó y su alma se desprendió. A penas pudo apreciar el atuendo de shinigami y la gran espada antes de que el pelinaranja comenzara a moverse atacando al Hollow.
El combate parecía estar a favor de Ichigo. Con rápidos movimientos esquivaba los ataques, y con la misma velocidad atacaba.
En un abrir y cerrar de ojos lo tenía junto a ella. Liberó la jaula del ave y se la lanzó a Chad quien la atrapó exitosamente. Luego la liberó a ella.
Rodeo su pequeña cintura con su brazo y le dedicó una pequeña sonrisa intentando tranquilizarla.
– Lamento que hayas tenido que quedar atrapada en el medio. –fue lo que dijo antes de en un rápido movimiento dejarla junto a Rukia. – Mantenla a salvo. –le dijo a la pelinegra antes de volver al combate.
– ¿Te encuentras bien? ¿Cómo te llamas? –preguntó Rukia ayudando a la pelirrosa a ponerse de pie.
– E-Estoy bien… –murmuró Sakura algo aturdida. – S-Soy Haruno Sakura… Yo… ¿Qué es ese monstruo horrible? ¿Qué es lo que está pasando aquí?
– Te explicaré luego. –respondió Rukia. – Ve con Chad, el te llevara a un lugar seguro.
– P-Pero…
– Solo ve. –dijo firme la pelinegra.
– Vamos, señorita. –habló Chad tomando firmemente su brazo y la jaula de Shibata para comenzar a correr lejos de la zona de combate.
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El combate finalmente había terminado. Ichigo había vencido al Hollow y este había sido enviado al averno por los pecados que había cometido durante su vida.
Rukia se encontraba examinando a Shibata con una expresión triste en su rostro.
– Me temo que no puedo hacer nada por él. La cadena del destino ha sido cortada, no queda ni rastro alguno. Parece que ya ha pasado un buen tiempo, por lo tanto… No es posible devolverlo a su cuerpo. –murmuró Rukia. La expresión del perico se tornó triste al escucharla.
– Shibata… –murmuró Chad.
– ¡Ah, pero no debes preocuparte! –exclamó de pronto Rukia. – En la sociedad de las almas no tienes que tener miedo a nada… Nunca tienes hambre y tu cuerpo es muy ligero… ¡Es por lo menos 10 veces mejor que este mundo!
– De todas formas… –murmuró Ichigo avanzando un par de pasos para quedar junto a Rukia. – Si vas al otro mundo, podrás ver a tu mamá.
Los ojos del perico se iluminaron y alzó su cabeza en reconocimiento a las palabras de Ichigo.
– No es posible que tu madre vuelva a la vida, pero… Si vas a ese lugar… Esta vez tu mamá estará esperándote de verdad.
– Ichigo…
– Bueno… ¿Qué te parece si le damos descanso a tu alma? –preguntó el pelinaranja.
– ¡C-Claro! –exclamó feliz el perico, pero su expresión se apagó un poco al notar la mirada de Chad sobre él. – Señor… ¡Gracias por todo! Gracias a su protección no me ha pasado nada.
El espíritu del niño comenzó a materializarse junto a la jaula del ave.
– Ummm… No ha sido nada…
– Bueno, muchas gracias… Ahora tengo que irme…
– Yuuichi… –comenzó Chad. – Cuando muera y vaya a ese lugar… ¿Te parece bien si te llevo a dar un paseo una vez más?
El niño esbozó una pequeña sonrisa y asintió antes de voltearse hacia donde Rukia e Ichigo estaban.
– Bueno, ya es hora de irse… ¿Estás listo? –preguntó Ichigo.
Shibata cerró los ojos mientras Ichigo se acercaba a él. Golpeo su frente y el cuerpo del espíritu se transformó en una mariposa negra que emprendió vuelo.
– Bueno… Ahora solo nos queda algo por resolver… –comentó Rukia volteando a ver donde Sakura se encontraba de pie observando todo.
– ¿Le borrarás la memoria? –preguntó Ichigo cruzándose de brazos.
– No. –negó Rukia. – No lo había podido sentir antes en el combate… Pero hay un pequeño rastro de reiatsu en ella… Es muy débil, como si algo estuviese tratando de extinguirlo. Además, pudo verte en tu forma de shinigami, y también ver al Hollow… Y algo en ella me resulta simplemente familiar. No es una chica normal, Ichigo, y me gustaría observarla por un tiempo…
– Si tu lo dices…
