Eran las tres de la mañana y Sakura no conseguía dormir.
Los acontecimientos del día anterior la perturbaban demasiado, y no podía hacer más que dar vueltas en la cama y dejar que sus pensamientos vagaran.
Había visto espíritus, shinigamis, y esa especie de monstruo aterrador… un Hollow.
Todo sonaba tan alucinante, como sacado de alguna leyenda rara… Y en el fondo la pelirrosa deseaba que solo hubiese sido un sueño, o incluso una alucinación producida por su medicación, pero por más que deseara que no fuese real, sabía que todo lo que había vivido ese día era totalmente real.
Luego de que toda esa locura acabara, Kuchiki Rukia había prometido explicarle todo a su debido tiempo, y había obligado al chico pelinaranja, Kurosaki Ichigo, a acompañarla a su casa.
Durante todo el camino, Ichigo había compartido pequeños detalles con ella.
Él era un shinigami sustito, que solo había obtenido sus poderes gracias a Rukia. Él había afirmado no tener mucha idea acerca de la sociedad de las almas o los Hollows, aún estaba aprendiendo, pero que estaba decidido a acabar con esos monstruos para que no les hiciesen daño a personas inocentes.
Era un buen chico, fue lo que pudo apreciar Sakura.
Pero la poca información que le había dado no había sido suficiente para calmar el inquieto corazón de la pelirrosa.
Cuando llegó a casa, sus padres se mostraron preocupados al ver la seria expresión de su hija que parecía estar perdida en sus pensamientos. Obviamente había algo que la agobiaba, y por más que intentasen animarla o saber qué le sucedía, la pelirrosa parecía ignorarlos completamente.
Así transcurrió lo que restaba del día, hasta encontrarse en la situación actual donde no podía dormir.
– Shinigamis… –murmuró Sakura posando su mirada en el techo del cuarto. – Todo suena tan extraño… Pero… A la vez me resulta tan familiar… ¿Por qué? –suspiró. – Debería intentar dormir… Mañana es el primer día de clases en la nueva escuela… –murmuró.
Y así, cerró sus ojos intentando dormir de una vez por todas.
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– Muy bien todos, hoy tendremos una nueva compañera. Por favor preséntate. –la profesora Misato habló para toda la clase. A su lado, Sakura se paraba tímidamente vistiendo el uniforme escolar y su cabello recogido en una pequeña trenza.
– Ohaio gosaimasu… Mi nombre es Haruno Sakura, espero poder llevarme bien con todos. –se presentó la pelirrosa realizando una pequeña reverencia.
Todos la observaban atentamente con una pequeña mezcla de asombro y admiración. A pesar de los evidentes signos de un mal estado de salud, tales como su piel inusualmente pálida y las ojeras bajo su rostro, Sakura era una joven bastante hermosa: A pesar de su baja estatura, poseía un cuerpo bien proporcionado y dotado con curvas en los lugares exactos, y músculos tonificados pero no demasiado marcados; Su cabello era largo y sedoso, de un exótico color rosado como las flores de cerezo que, contrario a la creencia de muchos, era completamente natural; Y para rematar, en contraste con su hermoso cabello tenía dos hermosos ojos de un precioso color jade.
Sin duda, era una belleza exótica.
– Muy bien, puedes sentarte junto a Kuchiki-san. –dijo la profesora señalando el asiento vacío junto a la pelinegra.
Al levantar la mirada, Sakura se sorprendió al ver a los tres chicos que había conocido el día anterior. Rukia, Ichigo, Chad… Los tres la observaban con interés, como si la estuviesen analizando.
Con un paso dudoso, Sakura se encaminó a su asiento y se sentó tratando de no mirar a la joven a su lado.
Tan pronto como se sentó, la profesora Misato comenzó a dar su clase, pero le era imposible prestar atención, sentía la intensa mirada de Rukia sobre ella, la cual le ponía bastante nerviosa.
De pronto vio un pequeño papel deslizarse en su escritorio. Vio por el rabillo del ojo a Rukia quien le hacía un gesto para que leyera el pequeño papel.
Sakura suspiró y con cuidado desdobló el papel para leer su contenido.
"En el receso te espero en la azotea. Allí te explicaré todo"
Volvió a dirigir su mirada hacia la pelinegra para luego asentir en señal de que estaba de acuerdo.
La mayor parte del periodo escolar transcurrió de forma tranquila hasta que finalmente llegó el receso. Tan pronto como la campana sonó, pudo ver como Kuchiki se ponía de pie y le daba una rápida mirada antes de salir del salón.
Sakura comenzó a acomodar sus cosas y varios estudiantes comenzaron a acercarse a ella.
– ¿Tu cabello es real? –preguntó un chico castaño.
– Eres un idiota sin tacto. –lo regañó una chica de cabello oscuro. – Ignóralo, es un idiota. Mi nombre es Tatsuki Arisawa por cierto… Y ella es Orihime Inoue. –dijo la chica presentándose a si misma y a una chica de cabello naranja que estaba parada a su lado.
– ¡Un gusto conocerte! –exclamó alegremente la pelinaranja. – Espero que podamos ser amigas, Haruno-san…
– U-Uhm… Claro… –murmuró Sakura.
Usualmente no era así de tímida. En su vieja escuela era conocida por hablar hasta por los codos, pero… No estaba en su vieja escuela, y conocer personas nuevas simplemente le estresaba bastante, como ese mismo instante que se sentía agobiada por todos los estudiantes que la rodeaban.
– S-Si me disculpan… Tengo cosas que hacer. –dijo y rápidamente se puso de pie para salir del salón dejando a todos desconcertados.
A pasos rápidos se dirigió a la azotea del colegio. Al llegar pudo divisar a Rukia en una esquina hablando con Ichigo. Sin dudarlo se acercó a ellos.
– Oh, ahí estas. –dijo Rukia al notar su presencia. – Por un segundo creí que no ibas a venir.
– L-Lo siento. –balbuceó la pelirrosa. – De pronto todos estaban rodeando mi banco…
– Es normal, eres la nueva alumna. –comentó Ichigo.
– Supongo que si… –murmuró Sakura. – Dijiste que me explicarías todo… –dijo ahora dirigiéndose a la pelinegra quien asintió.
– Hai… Antes que nada, quiero aclarar algo, Haruno Sakura. En cualquier circunstancia normal te habría cambiado tus recuerdos y tu seguirías sin enterarte de la presencia de los shinigami, sin embargo… Tengo un extraño presentimiento acerca de ti, por lo que voy a pedirte cierta discreción al respecto. No puedes decirle a nadie lo que te voy a contar ahora, ¿está claro?
– Hai… No le diré a nadie. De todas formas… No creo que alguien realmente me crea si se los digo. –murmuré. – Mi primera reacción cuando pasó lo de ayer fue pensar que estaba alucinando.
– Es bastante extraño la primera vez. –estuvo de acuerdo Ichigo. – Pero luego todo va cobrando sentido…
– Como sea… –habló Rukia cortando el pequeño intercambio de palabras entre el pelinaranja y la pelirrosa. – Como mencioné antes, soy una shinigami de la decimo tercera división del gotei 13…
Decimo tercera división… Gotei 13…
Un pequeño flash surgió desde el fondo de su mente causándole dolor. Un hombre alto vistiendo las ropas de shinigami y un haori blanco, con una cabellera blanquecina bastante larga.
– Ukitake… –fue el nombre que se escapó entre sus labios. Ni siquiera conocía el significado de ese nombre, pero al escucharla pronunciar aquel nombre, Rukia abrió sus ojos bastante sorprendida.
– ¿Conoces a Ukitake-taichou? –preguntó asombrada tomando a Sakura por los hombros.
– Y-Yo… –murmuró nerviosa mientras colocaba una mano en su frente, intentando apaciguar un poco el dolor de cabeza que ese extraño flash le había ocasionado. – N-No lo sé… E-Ese nombre solo surgió en mi mente… N-Ni siquiera se quién es… Desde ayer estas extrañas… ¿Memorias? Comenzaron surgir en mi cabeza, están confundiéndome y tengo fuertes dolores de cabeza cuando eso pasa.
– Eso es extraño… –murmuró Ichigo. – ¿Tal vez es algún recuerdo reprimido? Algo que olvidaste y está surgiendo ante un específico disparador…
– ¿Por qué tendría recuerdos acerca de los shinigami?
– No lo sé, solo dije una suposición. –suspiró Ichigo.
– Tal vez tienes algo que ver con la sociedad de las almas, solo que no lo recuerdas. –habló esta vez Rukia cruzándose de brazos.
– Yo… Solo… Olviden esto, por favor continúa explicándome, por favor. –dijo Sakura dejando escapar un pequeño suspiro. El dolor de cabeza poco a poco iba desapareciendo.
– Esta bien… –dijo la pelinegra no muy convencida. – Como dije antes soy una shinigami. Nuestra tarea es básicamente encargarnos de las almas… A grandes rasgos hay dos tipos de almas. Por un lado están los plus o enteros, son almas humanas "buenas" que se quedan en el mundo humano porque tienen asuntos por acabar o están ligados a alguien… Son generalmente reconocibles ya que llevan una cadena en su pecho, la cadena del destino. Nuestro trabajo es purificar estas almas para que puedan descansar en paz en la sociedad de las almas.
– Y por otro lado están los Hollow… ¿Verdad? –preguntó con cierta duda la pelirrosa.
– Así es… –asintió Rukia. – Nacen de almas humanas… Son espíritus corruptos de naturaleza salvaje, que causan estragos a donde van. Normalmente habitan en Hueco Mundo, pero a veces se escapan y vienen a parar aquí… Es entonces que nosotros, los shinigamis debemos tomar cartas en el asunto y eliminarlos.
– Son como guardianes… –murmuró Sakura tomando por sorpresa a la pelinegra.
– Podría decirse que si… Bueno… La verdad… –sus palabras se vieron interrumpidas por el sonido de una alarma de teléfono.
– Ah, lo siento, es la alarma de mi medicina. –se disculpó Sakura apagando la alarma para luego comenzar a rebuscar algo en su bolsillo.
Rukia e Ichigo la observaron curiosos, viendo como sacaba una pequeña cajita. Al abrirla podían ver que estaba casi vacía, pero había unas pequeñas píldoras. Sakura tomó una y la ingirió rápidamente.
La pelinegra frunció el ceño confundida, si ya de por si el reiatsu de Sakura era bastante débil, se había vuelto más débil aún tras ingerir esa extraña píldora.
– ¿Por qué tomas eso? –preguntó Ichigo.
– Ah… Desde que soy pequeña mi madre me ha obligado a tomar esta medicina. Según me ha dicho, padezco una rara condición que solo puede ser tratada con este medicamento… Aunque jamás entendí realmente qué clase de enfermedad tengo, y siempre me siento peor luego de tomarlas. –explicó la pelirrosa.
– ¿Peor?
– Si… Me siento cansada, el cuerpo me pesa y algunas veces incluso empiezo a tener náuseas…
– ¿Y por qué las tomas si te hacen mal? ¿No le has dicho a tu madre? –preguntó Ichigo preocupado colocando una mano sobre el hombro de la joven.
– Lo hice… Pero ella dijo que son solo efectos secundarios de la medicina, que todo acabará cuando la enfermedad termine de ser tratada. Pero… llevo realmente muchos años tomando estas píldoras…
– Disculpa, ¿me dejas ver las píldoras un momento? –preguntó Rukia extendiendo su mano hacia Sakura. La pelirrosa la observó un tanto extrañada antes de asentir y entregarle la caja donde guardaba su dosis diaria.
Ichigo y Sakura continuaban hablando mientras Rukia analizaba las píldoras. Sin que ninguno de los dos lo notara, robó una de las píldoras y se la guardó en el bolsillo.
Esa "medicina" tenía algo bastante extraño, algo que estaba afectando al reiatsu de Sakura, y Rukia se encargaría de averiguar qué era.
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A las afueras de una tienda, dos niños -un niño y una niña- se encontraban de pie con escobas en su mano. La niña se encontraba limpiando mientras que por su parte el niño jugaba simulando que la escoba era un bate de baseball.
– Bateador número 4, Jinta Hanakari, con su sorprendente bateo… ¡Home run asesino! –exclamaba el niño mientras usaba la escoba para golpear una pelota de tenis.
– Jinta-kun… –murmuró la niña con una voz dulce y calmada. – Tessai-san se va a enojar si se entera de que no estás barriendo…
El niño pareció molestarse por su comentario, pues inmediatamente la apuntó con la escoba.
– ¡Cierra la boca Ururu! –exclamó Jinta. – ¡Me importa un rábano si Tessai se enfada o no!
– Si claro… Estás barriendo porque te asusta Tessai… –murmuró Ururu, pero sus palabras solo parecieron molestar aún más a Jinta pues este comenzó a picarla con la escoba.
– ¡No estoy asustado! –gritó el niño de cabellos rojizos. – ¿¡Cómo puedes ser tan molesta, ser inferior!?
– ¿¡Qué dices!? ¡Soy tres años mayor que tú! –exclamó Ururu entre quejidos mientras intentaba protegerse de los golpes de Jinta.
– ¡No hablo de edad, hablo de estatus como personas! –dijo Jinta mientras continuaba molestando a la pobre niña sin notar que una persona se paraba detrás de él hasta que sintió una mano ajena sostener su escoba, deteniéndolo. – ¿¡Q-Quién está ahí!? ¡Tessa…! –exclamó volteándose rápidamente, pero tan pronto como vio a la persona que estaba parada allí se quedó en silencio.
Era nada más y nada menos que Rukia.
– Ustedes dos siempre están igual… –comentó la pelinegra. Jinta la observaba en silencio mientras que Ururu ofrecía un tímido saludo. – ¿Está el encargado?
El niño de cabellos rojizos asintió antes de acercarse a la puerta de la tienda y abrirla. Dentro de esta se podía ver a un hombre musculoso cargando varias cajas. Al notar que las puertas eran abiertas, el hombre frunció el ceño.
– Um, Jinta, aún no es tiempo de abrir las puertas. –dijo el hombre, sin embargo se quedó en silencio al notar que los niños no se encontraban solos. Rápidamente dejó las cajas a un lado y se acercó a la pelinegra ofreciéndole una respetuosa reverencia. – Oh, la señorita Kuchiki, ¿verdad? Por favor espere un momento, ahora mismo iré a despertar al jefe.
– No será necesario. –una voz se escuchó a sus espaldas seguida de un bostezo.
Allí, de pie, se encontraba un hombre adulto de cabello rubio sucio. Usaba un sombrero que cubría su mirada, y ropas holgadas de cuyos colores en su mayoría eran verde. Era el dueño de la tienda, Kisuke Urahara.
– Ya estoy despierto. –dijo el hombre acercándose a ellos mientras se frotaba los ojos aún tratando de despabilarse. – Buenos días Tessai, Jinta, Ururu… Y bienvenida señorita Kuchiki… Ayer recibimos nuevos artículos del otro mundo ¿Qué se le ofrece hoy? –dijo mientras esbozaba una pequeña sonrisa.
– Combustible de repuesto para la kikai shinki. –respondió Rukia cruzándose de brazos.
– ¿De qué tipo?
– El más barato.
–Ah, el "D"
– Y 60 estabilizadores soma. –añadió la pelinegra. En ese instante el hombre levantó la cabeza de lo que estaba haciendo y la miró haciendo una pequeña mueca.
– Ya se que no es asunto mío… –murmuró Urahara. – Pero tomar muchos estabilizadores es malo para su salud. Se sincronizará mucho más con su cuerpo temporal y cuando tenga que dejarlo le dolerá más…
– Ya lo sé. –suspiró Rukia mientras apartaba la mirada. Miró su propia mano frunciendo el ceño. – Pero últimamente noto muchos desajustes… Hay veces que me cuesta mover el cuerpo.
Urahara suspiró.
– ¿Pagará con tarjeta? –preguntó mientras se sentaba en un cojín en el suelo.
– No. –respondió inmediatamente Rukia. – Pagaré con esto. –dijo mientras extendía su mano mostrando su teléfono.
– ¿Recompensas? –preguntó entre confundido y sorprendido mientras revisaba las recompensas de caza que le había enseñado la pelinegra.
– Por cierto… ¿Ha llegado mi pedido? –preguntó Rukia.
– ¡Si, ha llegado! –exclamó con un tono alegre Urahara. – Ururu, ve a traerlo.
La pequeña niña pelinegra asintió alegre antes de marcharse por uno de los pasillos. Pasaron un par de minutos antes de que regresara con un paquete envuelto el cual le entregó a Rukia quien lo examinó frunciendo levemente el ceño.
– Así que solo quedaba este… –murmuró.
– No digas eso. –la regañó Urahara. – Es el segundo más popular, ha sido difícil de conseguir…
– Entiendo… Por cierto, necesito una última cosa. –dijo Rukia.
– ¿Uh?
– ¿Podrías darme alguna información de esto? –preguntó Rukia mientras sacaba de su bolsillo una pequeña píldora y se la extendía a Urahara, quien la tomó con extremo cuidado entre sus dedos para luego examinarla.
– Curioso… ¿Dónde la obtuviste? –preguntó con interés Urahara.
– Se la robé a una chica que conocimos ayer… Según lo que me ha dicho, sus padres la han obligado a tomar esas píldoras. Supuestamente son una "medicina" con la que intenta tratar una enfermedad de la que ella misma no conoce mucho. Tiene un reiatsu muy débil, y pude sentir que se volvía más débil luego de verla tomar esta píldora… –explicó la joven.
– Es que, en efecto, esa es su función. No puedo comprender por qué sus padres le darían esto, pero sin duda, están intentando debilitar su reiatsu hasta eliminarlo por completo. –murmuró Urahara. – ¿Puedo saber quien es la chica? Realmente me es preocupante que un caso como ese ocurra… Esa chica debe sentirse realmente enferma si su reiatsu se debilita tanto.
– Su nombre es Haruno Sakura… Tiene cabello rosado y ojos color jade… Lo más extraño es que parece tener alguna conexión con la sociedad de las almas. Cuando nombre a la decimo tercera división ella murmuró el nombre de Ukitake, pero dijo que no tenía ni idea de quien era y que simplemente el nombre había surgido en su mente.
Ante la descripción de la joven los ojos de Urahara se abrieron con gran sorpresa y sus manos temblaron provocando que la píldora que sostenía se cayese.
"¿Será posible? ¿Luego de tantos años…? Mi pequeña…"
– ¿Kisuke-san? –murmuró Ururu preocupada por el hombre mayor.
– De ser posible… Me gustaría que trajeras aquí. También, asegúrate que no siga tomando esas píldoras, puede ser realmente perjudicial para su salud.
– Hai…
