Luego de que las clases habían terminado, Rukia había desaparecido sin decirle nada a parte de que debía atender un asunto importante y el había quedado a solas con Sakura a quien le había ofrecido acompañarla hasta su casa.

Si alguien le preguntaba, Ichigo no era particularmente un chico que intentase ser caballeroso con las damas. Las respetaba, si, pero nunca había intentado ser particularmente atento con una. Pero por alguna extraña razón, Sakura despertaba en él un extraño deseo de querer protegerla.

Tal vez era el hecho de que lucía tan frágil. Con tan solo verla podía notar que su estado de salud no era el mejor. Por más que ella intentase mostrarse fuerte, podía notar las pequeñas muecas de dolor y cansancio que hacía ocasionalmente. Ella no estaba bien, y aquello le preocupaba bastante a Ichigo.

– Bueno… Aquí estamos… –murmuró Sakura cuando estuvieron en frente de su casa. – Muchas gracias por acompañarme hasta aquí, Kurosaki-san…

– No me agradezcas. –dijo despreocupado Ichigo mientras se rascaba la cabeza. – Y puedes llamarme Ichigo, ya sabes… No es necesario que seas tan formal conmigo.

– De acuerdo Kuro… Ichigo-kun… –rió por lo bajo ante su pequeño error. – Te veré mañana en la escuela entonces…

– Claro. Oye… Si realmente te hace tan mal esa medicina, deberías dejar de tomarla. Aunque tu madre diga lo contrario, creo que sería lo mejor para ti… –comentó el pelinaranja desviando su mirada.

Sakura lo observó sorprendida por unos leves segundos.

– Gracias por preocuparte por mi… Ichigo-kun, eres realmente dulce… –murmuró esbozando una pequeña sonrisa. Tomó un par de pasos para acercarse más a él, se puso de puntitas y planto un tímido beso en la mejilla del pelinaranja antes de darse la vuelta y entrar rápidamente a su casa, dejando atrás a un muy sonrojado Ichigo.

Una vez había cerrado la puerta de su casa, se apoyó contra esta y dejó escapar un pequeño suspiro. No estaba segura de por qué había hecho eso, pero cuando quiso darse cuenta ya estaba besando la mejilla de Ichigo. Se había sentido tan avergonzada que rápidamente había corrido al interior de la casa. A penas lo conocía, lo que acababa de hacer había sido tomarse demasiadas libertades con él.

– Joo~ ¿Quién era ese chico tan apuesto?

La pelirrosa se sobresaltó al escuchar la voz de su madre. Al levantar la mirada, pudo verla delante de ella mirándola con una sonrisa pícara.

– No sé de que me hablas. –respondió cortante Sakura mientras se apartaba de la puerta para comenzar a dirigirse a su cuarto.

– Oh vamos, no seas así jovencita. Solo quiero saber quién es el posible interés amoroso de mi hija. –se quejó su madre colocando sus manos sobre sus caderas.

– Es solo un compañero de clases. Déjame en paz. –se quejó la pelirrosa subiendo un par de escalones para dirigirse a su cuarto.

– Vaya carácter… –murmuró su madre suspirando rendida. – ¿Tomaste tu dosis de hoy?

– Hai…

– No te olvides de volver a tomarla esta noche, ¿sí?

– Lo sé mamá…

Dicho esto, subió a su cuarto y tras cerrar la puerta con seguro, se dejó caer en su cama. Cerró sus ojos y antes de que pudiese darse cuenta, estaba entregada a los brazos de Morfeo.

Estaba parada en medio de un hermoso jardín con un estanque y hermosos cerezos. Junto a ella, la figura de un hombre se imponía elegantemente. No podía ver con certeza su rostro, lo único que podía distinguir era una larga cabellera blanca que se mecía con el viento.

Ukitake-san tiene un cabello muy bonito y muy largo. Me gustaría tener el cabello como Ukitake-san. –escuchó una voz infantil. Esperen… ¿Acaso era su propia voz?

El hombre junto a ella pareció reírse de sus palabras. Colocó una mano sobre su cabeza. Debido a la diferencia de tamaño entre ella y el hombre la mano parecía simplemente gigante.

Estoy seguro de que un día lo tendrás incluso más largo y hermoso que el mío, Sakura-hime. –escuchó su voz. Era gentil, paro grave y varonil. Le brindaba confianza y al mismo tiempo la hacía estremecerse con un sentimiento muy extraño

¿Realmente lo cree, Ukitake-san?

El hombre asintió.

Sakura-hime se convertirá en una mujer muy hermosa cuando crezca. Y cuando eso pase Urahara-taichou estará como loco intentando asesinar a todos tus pretendientes.

¿Mis pretendientes…?

Otra risa del hombre.

Lo entenderás cuando seas mayor… Sakura-hime…

Se despertó de golpe respirando agitadamente. Tenía un fuerte dolor de cabeza que parecía que le partiría la cabeza en cualquier momento, y podía sentir algo quemándole en la parte posterior de su cuello. Se sentía fatal.

Torpemente se puso de pie y se tambaleó hacia el baño de la habitación en busca de agua. Aún en la oscuridad prendió el grifo del agua y tomó un trago, desesperada por aliviar la resequedad en su garganta.

Su cabeza continuaba doliendo haciendo que se sintiera mareada. Torpemente tanteó la pared en busca del interruptor de la luz hasta que consiguió encenderla.

Miró su reflejo en el espejo. Estaba completamente hecha un desastre.

Su piel estaba más pálida de lo usual, sus ojeras más marcadas y oscuras, su rostro estaba completamente sudado, su respiración aún era bastante irregular, su entrecejo se contraía en un gesto de dolor.

Parecía una muerta viviente.

Aún podía sentir esa extraña sensación de algo quemándole el cuello. Se dio levemente la vuelta, aun viéndose en el espejo y se levantó el cabello.

– ¿Qué rayos…? –murmuró confundida.

Allí sobre su blanquecina piel, había un extraño kanji que parecía irradiar una extraña luz.

¿Era eso lo que le estaba quemando? ¿Por qué? ¿Qué era? ¿Por qué de pronto había aparecido en ese lugar?

Estaba tan confundida por todo.

De pronto escuchó ruidos en su cuarto logrando asustarla bastante.

Ella había cerrado la puerta del cuarto con llave, era imposible que se tratasen de sus padres. Entonces… ¿Qué había sido eso?

Con cuidado salió del baño y analizó el cuarto que aún permanecía en las penumbras. La ventana se encontraba abierta pero no había rastro de que hubiese algo o alguien allí.

Tomó un par de pasos para acercarse al centro de la habitación.

– Sakura…

Un chillido escapó de sus labios y tropezó cayendo junto a su cama. Volteó rápidamente hacia donde había escuchado la voz encontrándose con una silueta que comenzó a acercarse más y más a ella asustándola. Quiso retroceder, pero pronto se encontró con su espalda presionada contra la cama, no tenía escapatoria.

– N-No me hagas daño. –tartamudeó la pelirrosa levantando sus brazos para defenderse.

– Sakura, soy yo. –la figura se acercó más hasta ser iluminada por la poca luz que entraba por la ventana.

– ¿R-Rukia-san? –murmuró confundida la pelirrosa al ver a la pelinegra de pie en su cuarto. – ¿Qué hace en mi casa? ¿Y cómo entró a mi habitación?

– Entré por la ventana. –respondió con simpleza la pelinegra como si no fuese nada del otro mundo. – Sentí tu reiryoku elevarse de pronto… Y quería ver que sucedía.

– ¿Rei… ryoku? –repitió la pelirrosa frunciendo el entrecejo ante este nuevo término desconocido para ella.

– Ah, olvidé que no te expliqué acerca de eso… –suspiró la pelinegra. – Reiryoku es energía espiritual, nos permite a nosotros los shinigamis movernos, respirar… Usar nuestras habilidades…

– Pero, yo no soy una shinigami… ¿Por qué tengo este… reiryoku? –preguntó Sakura poniéndose de pie.

– No lo sé realmente. Cuando a penas te conocí tu reiryoku era realmente débil, casi parecía que se estaba extinguiendo… Me propuse a averiguar quien eras tu realmente, y cada vez encuentro más cosas que no logro comprender… ¿Sabías que el "medicamento" que tu madre te obliga a tomar no es realmente un medicamento?

– ¿Q-Qué dices?

– Son unas píldoras que buscan suprimir el reiryoku de una persona hasta eliminarlo por completo, es por eso que te has estado sintiendo tan mal todo este tiempo… –explicó la pelinegra.

– Eso es ridículo… ¿Por qué mi madre me daría algo como eso? –exigió Sakura. Cada palabra pronunciada por Rukia le provocaba más y más confusión, aportando negativamente a su dolor de cabeza. Aún sentía el extraño kanji quemarle.

– Esa es la parte que aún no logro comprender. –suspiró Rukia. – Pero necesito que vengas conmigo…

– ¿Ir contigo? ¿A dónde?

– Hay una persona que quiere conocerte.

– P-Pero no puedo irme así como si nada, mis padres…

– Ellos no tienen por qué enterarse. –dijo Rukia acercándose más a Sakura. En un abrir y cerrar de ojos se encontraba cargándola al estilo nupcial.

La pelirrosa la observó con sorpresa. Le asombraba que con el pequeño tamaño que poseía Rukia pudiese cargarla con tanta naturalidad como si no le costase mucho esfuerzo.

– O-Oye, ¿qué haces? –se quejó Sakura intentando zafarse de su agarre al ver que la pelinegra se acercaba cada vez más a la ventana.

Pero a pesar de sus esfuerzos no pudo liberarse, y no le quedó de otra que agarrarse fuertemente de Rukia cuando esta saltó por la ventana hacia el tejado de la casa contigua. Sakura cerraba sus ojos con fuerza y apegaba su rostro al cuello de la pelinegra intentando no mirar al suelo cada vez que sentía que daba saltos altos.

– ¿A dónde me llevas? –murmuró Sakura aún sin despegar su rostro del cuello de la joven.

– Ya te dije… Alguien quiere conocerte.

– Podrías darme más detalles al respecto, ya sabes… –bufó exasperada la pelirrosa. Iba a continuar protestando pero se detuvo al darse cuenta que la pelinegra había dejado de dar saltos.

Despegó su rostro del cuello de la contraria para observar dónde se encontraban. Pudo ver que estaban frente a una tienda, "Urahara Shop", el nombre le resultaba extrañamente familiar por algún motivo. Sakura hizo un ademán de soltarse del agarre de Rukia, suponiendo que, como ya habían llegado a su destino, la pelinegra la dejaría caminar por su cuenta, pero para su sorpresa, ella continuó cargándola hasta entrar a la tienda.

– Ah, Kuchiki-san, no la esperaba tan pronto… Y debo asumir que la joven que lleva en brazos es Haruno-san, ¿verdad?

La pelirrosa volteó su mirada para ver al dueño de la voz. Era un hombre alto, de cabello rubio sucio, su apariencia lucía algo descuidada, pero… lo más extraño era que le resultaba tan familiar.

Tan pronto como sus ojos se posaron sobre él, una extraña calidez invadió su pecho… Un sentimiento de anhelo, unas confusas ganas de romper en llanto y correr a sus brazos. De pronto la quemadura del kanji se hacía cada vez más fuerte. Las manos de Sakura temblaban alertando a Rukia que la miraba con cautela aún sin bajarla de sus brazos.

– Y-Yo… ¿Y-Yo te conozco? –la pregunta salió tan temblorosa que temía que no se entendiese.

El hombre la miró directamente a los ojos. Podía notar la mirada de dolor, nostalgia… El hombre parecía reconocerla aunque no lo dijese.

– Han pasado tantos años… Que pensé que jamás volvería a verte… Mi pequeño cerezo…

"Mi pequeño cerezo"

La quemadura se hizo más intensa que ya no pudo aguantarlo. Lo último que pudo escuchar fue a Rukia llamarla preocupada, antes de que cayese totalmente inconsciente.

"Mi pequeño cerezo"

Estaba corriendo por un hermoso jardín. Estaba lleno de flores y grandes árboles, todo parecía estar cuidado con especial dedicación lo cual hacía que fuese simplemente encantador.

De pronto se tropezó. Pudo escucharse a si misma lloriquear.

De pronto sintió unos pasos aproximarse a ella y a alguien cargarla en brazos.

No llores mi pequeño cerezo, todo está bien… otou-san está aquí para protegerte…

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Rukia observaba con preocupación a la joven pelirrosa que yacía inconsciente sobre el futón mientras que Urahara la revisaba.

– ¿Ella se pondrá bien? –preguntó la pelinegra.

Kisuke suspiró apartándose del cuerpo de la pelirrosa.

– Se recuperará… –afirmó el hombre sin dar mucha más información acerca de la condición de la pelirrosa. – Debo agradecerle, Kuchiki-san…

– ¿Uh? ¿Por qué? – preguntó extrañada Rukia.

– Han pasado tantos años… Había perdido toda esperanza de volver a verla con vida. –murmuró Urahara extendiendo su mano para acariciar la mejilla de la joven.

– Usted… ¿La conoce…?

Urahara asintió sin despegar su vista del rostro de la pelirrosa.

– Creo que la has oído como "Sakura-hime"

Los ojos de Rukia se abrieron con sorpresa al reconocer el nombre.

Por supuesto que conocía ese nombre, había escuchado varias veces a su hermano y a su capitán mencionarla, pero jamás se imaginó que esa joven pelirrosa que había conocido fuese de hecho la tan amada princesa del seiretei.

– Pensé que estaba muerta…

– Eso fue lo que pensamos todos. Desapareció tan de pronto, sin dejar rastro… La buscamos por tantos años, pero ni siquiera podíamos sentir su reiryoku… Con el tiempo dejamos de enviar escuadrones en su búsqueda, y simplemente perdimos la esperanza de volver a verla. Una gran parte del gotei 13 la ha olvidado, solo los capitanes deben recordarla…

– Mi hermano y mi capitán solían mencionarla varias veces. –comentó Rukia.

– No me extraña… Todos tenían una debilidad especial por Sakura, y ella amaba pasar tiempo con todos los capitanes. Pasaba mucho tiempo con Byakuya… Recuerdo que lo odiaba, sentía que me estaba quitando a mi bebé. –dijo Urahara dejando escapar una pequeña risa. Su mirada estaba llena de cariño mientras observaba a la pelirrosa.

Rukia por su parte observó sorprendida al hombre frente a ella al oírlo pronunciar tales palabras.

– ¿Su… bebé…?

– Si… –murmuró Urahara, por fin despegando su mirada de la joven inconsciente. – Ella es mi pequeño cerezo… Mi hija…

– Sakura… Es su hija… –repitió sorprendida Rukia.

– Haces que suene como una locura… –se rió el rubio antes de volver a posar su mirada en la pelirrosa. – Quiero pedirle un favor… Kuchiki-san…

– ¿Un favor?

Kisuke asintió.

– No tengo idea de qué clase de personas son las que han estado cuidado de Sakura haciéndose pasar por sus padres… Pero quiero que cambies sus recuerdos. –dijo serio dejando claro que no era ninguna broma.

– Sabes que lo que estás pidiendo es algo bastante serio… ¿Verdad?

– Lo sé. Pero ahora que la tengo de vuelta, no pienso dejar que esas personas me la arrebaten… Según lo que me has estado diciendo… Le han hecho bastante daño… Esas píldoras que la obligaban a tomar pudieron haberla matado si su reiryoku llegaba a un punto realmente crítico…

Rukia se mordió el labio y desvió la mirada mientras consideraba la petición de Kisuke.

Temía meterse en problemas… Sin embargo, los motivos de Urahara para pedirle tal favor eran bastante válidos.

"Tal vez me perdonen… Después de todo, estoy contribuyendo al bienestar de Sakura-hime…" –pensó la pelinegra mientras dejaba escapar un pequeño suspiro.

– De acuerdo… Lo haré...