Sakura abrió sus ojos encontrándose en una habitación desconocida para ella.
Parpadeó un par de veces intentando acostumbrarse a la luminosidad de la sala, parecía como si no hubiese abierto sus ojos en mucho tiempo. Se incorporó sentándose sobre el futón donde había estado durmiendo.
Una de las primeras cosas que había logrado notar era que se sentía mucho mejor que antes. Ya no sentía el cansancio típico o las náuseas. Se sentía vigorosa, llena de energía y fuerza. Era algo bueno, pensó. Había pasado gran parte de su vida sintiéndose como una mierda, que estuviese sintiéndose mejor era como quitarse un gran peso de encima.
Observó la habitación en la que se encontraba, tratando de descifrar qué era ese lugar. Tardó varios minutos en recordar que Rukia la había traído a la tienda de ese hombre… Urahara…
Urahara… Su… Su padre…
Sus ojos comenzaron a picar llenándose de lágrimas. Estaba tan confundida, pero al mismo tiempo feliz… Su padre, su verdadero padre. No podía explicarse cómo lo había olvidado, pero se sentía aliviada de estar nuevamente cerca de él.
Con torpeza se puso de pie queriendo ir a buscarlo. Quería lanzarse a sus brazos, ser mimada como una pequeña niña… Habían pasado tantos años...
Sus piernas estaban algo débiles, como si realmente hubiese estado dormida por varios días.
Abrió la puerta, observó con duda los pasillos. No tenía idea de para dónde ir. Cerró sus ojos intentando concentrarse… Sonrió al sentir la energía de su padre.
"Reiryoku" recordó la palabra que había utilizado Rukia.
Comenzó a seguir esa energía a un paso apresurado, realmente, realmente deseaba estar en sus brazos. Casi se había tropezado en su trayecto.
– Sakura-hime, está despierta. –escuchó una voz que la hizo detenerse.
Se volteó hacia el dueño de la voz. Un hombre alto y musculoso de piel morena y lentes.
– ¿Quién…? ¿Quién eres tú? –preguntó desconfiada la pelirrosa.
– Ah, mis disculpas por mis malos modales, Sakura-hime. Soy Tessai Tsukabishi, soy empleado de Urahara-san… –el hombre se presentó realizando una respetuosa reverencia hacia la pelirrosa.
– Urahara… –murmuró Sakura. – T-Tessai-san… ¿Podrías guiarme a donde está Urahara?
– Por supuesto, Sakura-hime, sígame. –dijo el hombre dándose la vuelta y comenzando a caminar. Inmediatamente Sakura lo siguió.
Tessai la guió hasta una de las habitaciones del lugar. Cuando estuvieron frente a la puerta, Tessai se volteó hacia ella y le brindó una pequeña reverencia antes de marcharse, dejando en claro que no entraría junto a ella.
Tomó un par de respiraciones profundas intentando sacudir lejos los nervios que sentía antes de abrir la puerta corrediza.
Él estaba allí, de pie viendo hacia una persona que estaba sentada en un futón. No le prestó gran atención y corrió hacia su padre abrazándolo por la espalda, permitiéndose romper en llanto finalmente.
– ¿Ara…? ¿Sakura-chan? –escuchó a su padre decir. Este la hizo apartarse un momento para darse la vuelta y enfrentarla, antes de rodearla con sus brazos en un cálido abrazo. – ¿Por qué estás llorando mi pequeña?
– T-Tou-san… Y-Yo… Y-Yo no sabía que eras tu… M-Mi memoria está bloqueada… Y y-yo no te recordaba, y a-ahora estás frente a mi… T-Tou-san… M-Me hacías falta… Y yo no lo sabía… –balbuceaba entre sollozos Sakura.
Pudo sentir la gran mano de su padre acariciarle la espalda, pudo sentir como besaba su cabeza mientras le susurraba palabras tranquilizadoras para que dejara de llorar. En verdad le había hecho falta esa calidez, y ni siquiera había sido consciente de ello.
Quería saber qué era lo que le había pasado. Cómo había terminado en la casa de los Haruno sin memoria alguna de su verdadera familia. Por qué sus padres adoptivos la habían obligado a tomar esa extraña medicina. Quería saber quién era ella realmente.
Pasaron varios minutos así con ella llorando en el pecho de Urahara, ignorando a la otra persona presente en la habitación.
– Ah, lo siento Kurosaki-kun… –dijo de pronto Kisuke tomando por sorpresa a Sakura al escuchar dicho apellido. Levantó levemente el rostro del pecho de su padre y dirigió su mirada al futón. Allí estaba Ichigo sentado. No tenía camisa y tenía varias vendas en su torso y mejillas. – No era mi intención cortar tan abruptamente nuestra conversación… Pero creo que entenderás que soy un padre que perdió a su hija y por fin, luego de varios años, la ha recuperado…
– ¿Su hija…? ¿S-Sakura-chan es su hija? –repitió asombrado el pelinaranja alternando su mirada entre la pelirrosa y el hombre de sombrero intentando encontrar alguna similitud entre ambos.
– Haces que suene como algo realmente imposible el hecho de que yo tenga hijos. –se quejó Urahara sin dejar de abrazar a Sakura.
– Ichigo-kun… –murmuró Sakura llamando la atención de ambos hombres. – Estás herido… ¿Q-Qué te pasó?
– Uhm… Bueno… Verás…
Ambos le explicaron todo lo que había pasado.
Al parecer había estado dormida por varios días, semanas incluso. En ese tiempo habían ocurrido un montón de cosas: Había habido muchos ataques de Hollows, se hicieron amigos de un muchacho llamado Uryuu Ishida que era un Quincy -un humano que podía usar reiryoku-, Chad y Orihime habían desarrollado poderes, y… dos shinigamis se habían presentado en el mundo humano para llevarse a Rukia, para castigarla por haberle pasado sus poderes a Ichigo, este había intentado detener a los shinigamis y por eso había terminado tan herido.
– Rukia-san… –murmuró apenada Sakura posando su mirada sobre su regazo. Estaba sentada junto al futón en el que Ichigo estaba descansando. – No es justo… No… No podemos dejar que la ejecuten.
– Es por eso que Ichigo planea ir a la sociedad de las almas, cerezo. –dijo Urahara posando una mano sobre el hombro de su hija.
– ¡Y-Yo iré también! –exclamó Sakura haciendo que el hombre rubio se sobresaltara levemente y frunciera el ceño.
– No creo que sea lo mejor, cerezo. Tu reiryoku a penas está comenzando a regenerarse, y si bien ya has recuperado bastante de este, no es ni la décima parte de lo que solías tener… No tienes habilidades que puedan servir en combate… Si te dejo ir temo que saldrás herida. –dijo Urahara.
– Urahara tiene razón Sakura… –murmuró Ichigo de acuerdo mientras extendía su brazo para tomar la mano de Sakura. – Es mejor que te quedes aquí, yo traeré de regreso a Rukia, te lo prometo…
– ¡No! Yo quiero ir… –dijo firme Sakura. – Se que no puedo hacerle frente a ningún shinigami, y mis memorias siguen bloqueadas… Pero se que soy alguien importante allá… Y-Yo… Yo puedo intentar convencerlos…
– Sakura-chan… –Ichigo se mostró sorprendido ante la determinación de Sakura de querer ir a la sociedad de almas a rescatar a Rukia.
– ¿Por qué deseas tanto ir? –preguntó Urahara. – No conoces a Rukia…
– L-Lo sé. Se que no la conozco, pero aún así… Se que es una buena persona. –dijo la pelirrosa volteando a ver a su padre a los ojos. – Ella tampoco me conoce, pero se ha estado preocupando por mi desde que nos encontramos la primera vez. Fue gracias a ella que pude volver a ti, otou-san… Por favor déjame ir…
Kisuke suspiró sabiendo que no podía retenerla. Ella ya había tomando su decisión.
– Eres tan testaruda como tu madre… –murmuró.
Sakura tuvo que reprimir el impulso de preguntar por su madre. Quería saber más, pero sabía que ahora la prioridad era otra.
– Entonces… ¿Me dejarás ir? –preguntó con cierta duda.
– Supongo que no puedo detenerte…
La joven esbozó una gran sonrisa al oír tal respuesta, y sin dudarlo se zafó del agarre de Ichigo para lanzarse a abrazar a su padre.
– Gracias…
– Ah… Realmente siento que estoy un mal padre. –suspiró Urahara. – ¿Por qué no vas a pedirle a Tessai algo de comida? Has pasado muchos días dormida, de seguro debes tener hambre. Y me gustaría hablar algo en privado con Kurosaki-kun…
La pelirrosa asintió separándose de él. Le dio una leve sonrisa a Ichigo antes de ponerse de pie y salir de la habitación dejando a ambos hombres solos.
Los ojos de Urahara se mantuvieron fijos en la puerta hasta que Sakura terminó de cerrarla, fue entonces que su mirada se dirigió al pelinaranja.
– ¿Es realmente su hija? –preguntó Ichigo.
– Hai… Es una larga historia… –suspiró Urahara. – Necesito pedirte un favor, Kurosaki-kun… Protégela. Se que si la reconocen no le harán daño… Pero, por favor, asegúrate de que nada malo le pase. Ya la perdí una vez, no puedo permitirme perderla de nuevo.
Ichigo asintió.
– No le harán ni un rasguño, lo prometo…
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– ¡Guau! ¿¡Qué es este lugar!? ¡No sabía que había un agujero tan enorme debajo de la tienda!
Sakura rió por lo bajo ante la ocurrencia de su padre de fingir no saber que tenía un gran desierto debajo de su tienda. Habían bajado a ese lugar para empezar con el entrenamiento de Ichigo para que recuperase sus poderes de shinigami.
– Tu eras el que tenía prisa, así que vamos a empezar de una vez tu famoso entrenamiento… –murmuró Ichigo mientras comenzaba a estirarse como forma de calentamiento.
– Vaya, vaya… Un espíritu admirable. –habló Urahara levantando su bastón. – Te concederé la petición… –dijo para luego golpear a Ichigo en la frente con su bastón, separando de su cuerpo el espíritu de Ichigo. – Vamos a empezar… ¿Vale?
Sakura se sentó en una de las rocas cercanas junto a Jinta y Tessai, observando con atención a Ichigo y Urahara.
– ¿¡Pero qué crees que estás haciendo!? –se quejó el pelinaranja ante la repentina acción de Urahara. Iba a continuar protestando, pero se detuvo al notar que le era difícil respirar y mantenerse en pie.
– Es la primera vez, ¿no? –preguntó Urahara viendo a un sorprendido Ichigo. – Nunca antes de habías separado de tu cuerpo sin convertirte en shinigami… ¿Te cuesta respirar? También es difícil moverte cuando eres un espíritu, ¿verdad?
Ichigo lo observaba sin decir una palabra.
– Las cosas están así: El origen de tu poder espiritual, el "alma durmiente", y tu motor, los "enlaces en cadena", han sido destruidos por Byakuya Kuchiki. –explicaba el hombre rubio. – Es decir, eres el fantasma de una persona común y corriente, sin ningún tipo de reiryoku. Si quieres luchar contra un shinigami no tendrás ninguna oportunidad a menos que recuperes tu poder espiritual… –continuó hablando. – Lo primero que debes hacer es aprender a mover tu cuerpo espiritual libremente.
– Moo~ Otou-san es realmente serio… –susurró Sakura llamando la atención de Jinta a su lado.
– Para que lo entiendas. –continuó explicando Urahara. – El reiryoku es aquel que fortalece y alimenta el espíritu. Cuanto más aumente tu reiryoku, más ligeros serán los movimientos de tu cuerpo espiritual… En otras palabras, si consigues moverte más fácilmente con tu cuerpo espiritual que con tu cuerpo mortal, significará que has recuperado completamente tus poderes espirituales.
– Sigo sin entenderlo… –habló finalmente Ichigo luego de tan extensa explicación. Aún se sentía un tanto confundido, aunque había aprendido un par de cosas. – ¿Qué quieres que haga exactamente? ¿Alguna clase de gimnasia o algo?
– Claro que no. –respondió Urahara esbozando una sonrisa divertida. Se volteó en cierta dirección haciendo que Ichigo también dirigiese su mirada hacia el mismo lugar.
Allí, de pie sosteniendo algunos artefactos con la tela de su falda, se encontraba de pie Ururu observando tímidamente a Ichigo.
– E-Encantada de conocerte… –saludó tímidamente la niña.
– Umm… Hola… –correspondió el saludo Ichigo confundido al ver a la niña allí.
– Esta es tu primera lección. –anunció Urahara con un tono de voz alegre. – Intenta luchar contra ella.
Inmediatamente el pelinaranja se volteó hacia Urahara impactado por la orden que le había dado ¿Realmente esperaba que luchara contra una niña?
– ¿¡Qué!?
– Las reglas son sencillas. –habló Kisuke sin inmutarse ante el arrebato de Ichigo. – Cuando uno de los dos no pueda moverse, se acabó. Así que procura dejarla fuera de combate antes de que ella lo haga.
– ¿¡Qué tienes en tu jodida cabeza!? –exclamó Ichigo. – ¿¡Me estás pidiendo que le pegue a esa niña!? –dijo señalando a Ururu quien seguía de pie en su lugar.
– Oh, creo que puede costarte bastante tu estado. –comentó Kisuke dando a entender que las habilidades de Ururu eran bastante buenas.
Sakura observaba con interés la escena sabiendo que su padre no pondría a una niña cualquiera a combatir contra Ichigo. Ururu realmente debía ser fuerte.
De pronto la pelinegra soltó los objetos que había estado sosteniendo con su falda. Estos cayeron emitiendo un pequeño sonido plástico al chocar contra el suelo, llamando la atención de Ichigo.
Al voltearse a ver a Ururu, pudo notar que esta se había colocado un casco y guantes de boxeo con la adorable forma de un hongo.
– Toma… –habló Ururu refiriéndose a los objetos que había dejado caer, se trataban de protecciones para el combate. – No olvides ponerte todo eso… o morirás…
