Ichigo parpadeó sorprendido ante las palabras de la pequeña niña antes de que esta se lanzase al ataque. Con una velocidad increíblemente rápida, Ururu se encontraba a unos pocos metros del pelinaranja lanzando un fuerte golpe hacia la cara de este.

– ¿Has visto? Te lo advertí. –habló Urahara divertido mientras observaba como Ichigo salía despedido hacia atrás por la fuerza del golpe.

– Woo~ Ururu-chan es realmente impresionante… –murmuró Sakura ganándose una pequeña sonrisa de parte de su padre.

– No se levanta… –señaló Jinta viendo como Ichigo se mantenía tendido en el suelo.

– Me pregunto si estará muerto… –comentó Tessai ganándose una mirada horrorizada por parte de Sakura.

– Buena pregunta… –murmuró Urahara.

– ¡N-No digan eso! –los reprendió la pelirrosa. – Ichigo-kun no puede morir….

– Oh… ¿Te preocupa Kurosaki-kun? –dijo divertido Urahara, soltando una pequeña risa al ver que las mejillas de su hija se tornaban rojas. – En ese caso tendré que tener una seria charla con Kurosaki-kun acerca de como debe tratar a mi pequeña niña.

– ¡D-Deja de bromear tou-san! –exclamó avergonzada Sakura.

De pronto sus miradas se dirigieron nuevamente al combate, pues Ichigo se había puesto de pie y había comenzado a correr en dirección a Ururu.

– ¡Oh, se dirige hacia ella! –comentó con entusiasmo Urahara.

Pero lejos de intentar atacar a Ururu, Ichigo pasó de largo mientras continuaba corriendo.

– Y paso de largo… –comentó la pelirrosa viendo como Ichigo se dirigía hacia las protecciones que Ururu le había dado anteriormente.

– ¡Mierda, mierda, mierda! –maldijo horrorizado el pelinaranja mientras continuaba corriendo tomando una de las protecciones en sus manos. Jamás se hubiese imaginado que una pequeña niña como Ururu tuviese tremenda fuerza. – ¿¡Qué demonios ha sido eso!? ¡Si me toca soy hombre muerto! –exclamaba sin dejar de correr. – Si al menos pudiese ponerme esta cosa en la cabeza… –murmuró refiriéndose a la protección que llevaba en su mano. – Ahora que lo pienso… ¿¡Cómo rayos me pongo esta cosa!?

– ¡Kurosaki-kun! –lo llamó Urahara llamando su atención. – ¡Así, se pone así en la frente! –exclamó mientras hacía los gestos correspondientes para explicarle al pelinaranja cómo ponerse aquella banda. – ¡Y tienes que gritar a todo pulmón: "Toma esto. Las armas de la justicia. Armadura de la justicia. Cinta de la justicia al ataque"!

Sakura se llevó una mano a la boca ahogando una pequeña risa.

– Eres malvado, tou-san… –murmuró en un tono de voz para que el pelinaranja no la escuchase.

– ¡Vale lo capto! –dijo Ichigo mientras comenzaba a colocarse la banda en la frente. – Me lo pongo en la frente así y… ¡No pienso hacer eso ni loco! –exclamó mientras se detenía y arrojaba la banda al suelo, enojado por la forma en la que Urahara estaba jugando con él.

Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para seguir protestando, pues inmediatamente Ururu apareció a su lado. Tuvo que moverse rápido para esquivarla, haciendo que esta golpease el suelo en vez de su cuerpo.

– ¿Lo ves? No es momento de tener vergüenza. –habló Urahara.

Impulsado por el miedo, Ichigo tomó de vuelta la banda colocándosela en la frente.

– Maldita sea… Parece que no tengo elección. –maldijo Ichigo. – Ugh… ¡Toma esto! ¡Las armas de la justicia! ¡Armadura de la justicia! ¡Cinta de la justicia! ¡Al ataque! –gritó. Sus mejillas se encontraban rojas de la vergüenza que sentía.

Urahara estalló en carcajadas al oírlo.

– ¡Moo~ Tou-san, no seas malo! –lo regañó Sakura a pesar de que también se estaba riendo.

– ¡Bastardo! –exclamó el pelinaranja molesto porque el rubio hubiese jugado de esa forma con él. – No puedo creer que tu también te estés riendo, Sakura-chan.

– Gomen… –se disculpó apenada la pelirrosa.

– Bueno, bueno… Ponlo en tu cabeza y aprieta los extremos de los tubos superiores a la vez. –explicó Urahara esta vez enseñándole la verdadera forma de colocarse la cinta protectora.

Ichigo obedeció, inmediatamente la banda se ajustó a su cabeza. Luego se puso los guantes de boxeo y esbozó una sonrisa ladina sintiéndose listo para el combate.

– ¡Muy bien! ¡Vamos! –exclamó con confianza. – ¡Ven y pégame si puedes! –gritó incitando a Ururu a atacar, aunque a los pocos segundos volvió a espantarse cuando la pelinegra lanzó otro golpe, y rápidamente comenzó a correr para alejarse.

– ¿"Si puedes"? –repitió Urahara burlándose de las palabras de Ichigo.

– ¡Cierra la boca! –le reclamó el pelinaranja. – ¡Es mi instinto de defensa!

Una pequeña risa escapó de los labios del hombre rubio mientras continuaba apreciando el combate.

– No se ha dado cuenta… –murmuró Sakura llamando la atención de su padre. – Ha estado corriendo todo este tiempo cuando antes no podía ni mantenerse en pie…

– Eres bastante observadora. Me alivia saber que ese rasgo tuyo no ha desaparecido con los años… –comentó Urahara viendo enternecido a su hija quien mantenía su mirada fija en el pelinaranja.

Realmente la había echado de menos. El día en el que Sakura había desaparecido… No había nadie que se culpase más que él. Debió haberla vigilado más, por su imprudencia había permitido que se la llevasen. Ni siquiera pudo estar a la altura para encontrarla… Era conocido por sus inventos y gran conocimiento, pero ninguno de estos pudo ayudarle a traer de vuelta a su querido cerezo.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando notó que Ichigo había dejado de huir y había comenzado a atacar. Lanzaba golpe tras otro intentando acertar alguno, Ururu esquivaba sus ataques fácilmente hasta que de pronto uno de los puños de Ichigo rozó su majilla provocándole un pequeño corte en esta.

Ichigo se arrepintió al instante al ver que la había lastimado, y una sensación de terror lo invadió al ver que los ojos de la pelinegra se abrían horrorizada.

Como si estuviese hipnotizada de alguna forma, Ururu comenzó a mover su cuerpo preparando para acertarle una poderosa patada a Ichigo. Ante el impacto, el pelinaranja salió despedido hacia una de las rocas, aunque no llegó a golpearla exactamente pues Tessai lo había atrapado antes de que esto fuese posible, a la par que Kisuke sostenía la pierna con la que Ururu había pateado a Ichigo.

– ¡Salvado!

– Ya veo… He perdido… –murmuró Ichigo frunciendo el ceño, culpándose por no haber estado a la altura para ganar el combate. – ¡Mierda! ¡Una vez más! ¡La próxima vez ganaré yo!

– ¡No! –negó Urahara acercándose a el mientras que Sakura se acercaba a Ururu para tratar el pequeño corte en la mejilla de la niña. – Tengo que felicitarte. La primera lección ha sido completada.

– ¿¡Ehh!? –exclamó confundido Ichigo.

– Nunca dije que tuvieses que ganarle para completar la lección. –dijo Kisuke. – Además, las habilidades de Ururu son lo bastante buenas para encargarse de un shinigami ella sola. No importa cuanto un cuerpo espiritual se esfuerce, jamás hubieses podido vencerla.

Ichigo seguía mirándolo sin comprender.

– Ichigo-kun –lo llamó Sakura. – ¿Sigue costándote respirar?

Los ojos de Ichigo se abrieron con sorpresa ante la realización. Podía mover su cuerpo espiritual con más naturalidad que antes. No le costaba respirar, ni le pesaban las extremidades. Era exactamente como estar en su cuerpo mortal.

– Ahora que lo dices…

– Esta lección consistía en una victoria a un solo golpe. –comenzó a explicar Urahara. – El objetivo era ver si podrías esquivar el primer golpe… Ni más ni menos… Los poderes espirituales se desarrollan mejor cuando el alma está en grave peligro o cerca de su destrucción, por eso la lucha tenía que ser un solo golpe. Si eras capaz de desarrollar tu poder espiritual, ibas a poder esquivar los golpes, ¡todo ha salido según lo planee!

– ¿Y si no hubiera sido capaz?

– Probablemente te hubiese golpeado y hubieses muerto. –dijo Urahara ocultando su rostro detrás de su típico abanico. – ¿Qué te parece celebrar que has superado la lección?

El rostro de Ichigo se iluminó ante la mención de una celebración.

– ¿Vamos a comer o algo? –preguntó animado.

Muy contrario a lo que esperaba, Tessai apareció de la nada cargando una gran hacha y cortó la cadena del destino de Ichigo. Los ojos de Ichigo se abrieron con terror, y Sakura dejó escapar un pequeño grito horrorizada al ver lo que acababa de suceder.

– ¿¡P-Pero qué haces Tessai!? –gritó asustada Sakura aproximándose rápidamente hacia Ichigo para revisar su cadena cortada. No recordaba muchas cosas del mundo espiritual, pero por lo poco que Rukia había logrado explicarle, no era nada bueno que su cadena haya sido cortada.

– Vamos con la segunda lección. –anunció Urahara. Tanto Ichigo como Sakura observaron incrédulos al hombre.

¿Cómo podía ser eso una lección? Era completamente descabellado.

– ¡Voy a morir! –exclamó aterrado Ichigo.

– No seas tan escandaloso… –suspiró Urahara.

– ¿¡Es qué no lo saben!? –gritó alterado Ichigo. – ¡La cadena que acaban de cortar es la "cadena del destino"! ¡Sin ella no puedo regresar a mi cuerpo mortal! –comenzó a retorcerse siendo apresado por Tessai.

– Claro que lo se… –comentó Urahara. – Es cierto, Kurosaki-kun, como tu cadena del destino ha sido cortada, ya no puedes regresar a tu cuerpo. Lo único que te espera ahora es la muerte. La corrosión en el extremo de la cadena ha empezado lentamente… Si llega hasta tu pecho se formará un hueco allí y te convertirás en un Hollow. Será el fin. –explicó sonando aterradoramente alegre.

– ¿¡Qué!? –exclamó aún más alterado Ichigo. – ¿¡E-Es eso lo que pasa!? ¿¡Si esto desaparece me convertiré en un Hollow!?

– ¿Es que no lo sabías? Que sorpresa… Pero no te preocupes. Aunque tu cadena esté rota, hay una manera de que evites transformarte en un Hollow. –habló con calma Kisuke ante la atenta mirada de los dos adolescentes. – Pero solo una, y es… Convertirse en shinigami. Eso es. La segunda lección consiste en recuperar tus poderes de shinigami…

– T-Tou-san… ¿Te has vuelto loco? Estás jugando con algo muy delicado… –murmuró Sakura angustiada por lo que podría llegar a pasarle a Ichigo. Había tantas posibilidades de que se convirtiese en shinigami como de que se convirtiese en Hollow. Era una situación librada irresponsablemente al azar.

– Cuando acabemos, volverás a ser un shinigami… –continuó Urahara ignorando el comentario de su hija. – ¿Empezamos la segunda lección? ¡"El pozo hecho pedazos"!

En ese mismo instante, un enorme pozo apareció debajo de Ichigo y Tessai haciendo que ambos cayesen en él. Sakura hubiese caído también de no ser porque Urahara la tomó por la cintura evitando que esto sucediese.

– Es bastante profundo, ¿verdad? –preguntó el hombre rubio volteándose a ver a Ururu.

– ¡Me he esforzado mucho! –exclamó orgullosa dando a entender que había cavado bastante para que el agujero fuese realmente profundo.

Sakura miraba fijamente el poso, angustiada al escuchar el grito de pánico de Ichigo. Urahara se acercó al borde del poso para mirar hacia abajo, aun sosteniendo a la pelirrosa por su cintura. En el fondo del poso Ichigo se encontraba reclamándole a Tessai por haber puesto restricciones en sus brazos.

– ¡Lo único que tienes que hacer es subir hasta aquí! –gritó Urahara para que Ichigo lo pudiese escuchar desde las profundidades del pozo. – ¡Ese es tu objetivo!

– ¿¡De qué demonios estás hablando!? ¡Eso es imposible! –se escuchó en respuesta el grito del pelinaranja.

– Creo que no es momento de cuestionarse si es posible o no ¡Fíjate! ¡La corrosión a empezado! –señaló Urahara.

Ichigo observó horrorizado la cadena que colgaba de su pecho. En los extremos de esta habían aparecido pequeñas bocas que habían comenzado a comerse la cadena.

– Desde que se corta la cadena, lo normal es que el proceso de corrosión dure meses… Incluso años… –comenzó a explicar Urahara. – Sin embargo, en el fondo de este "agujero de la desesperación", hay un gas que acelera la metamorfosis. Estando en el fondo del "agujero de la desesperación", el tiempo que dispones hasta que acabes consumiéndote es como mucho 72 horas, es decir, 3 días. Así que apresúrate a subir aquí convertido en shinigami, de lo contrario… el Hollow en el que acabes convertido será destruido por nosotros. –fue lo último que dijo antes de alejarse del pozo arrastrando a Sakura con él.

– ¿E-Estás loco? –preguntó la pelirrosa mirando angustiada a su padre. – Si no lo logra…

– Tendrás que tener confianza en él. –habló el rubio deteniendo las protestas de su hija. – Soy consciente de lo que está en riesgo aquí, no lo hubiese hecho si no hubiese sabido lo que pudiese suceder.

– Pero…

– Pero nada. Ahora, tu y yo tenemos mucho de lo que hablar, cerezo.


Quiero aprovechar este pequeño espacio para agradecerle a las personas que se toman su tiempo para leer esta pequeña historia, realmente me incentiva a seguir escribiendo cada vez que veo que hay un nuevo seguidor o que han dejado algún comentario.

Espero que les haya gustado el capítulo~