– Finalmente ha llegado el día… ¿Eh? –murmuré.
Tessai, Jinta y Ururu se encontraban junto a mí, cuidando del lugar mientras esperábamos que papá trajese a los demás.
– Por favor, tenga cuidado cuando esté allí, Sakura-hime… –habló Tessai.
– No tienes de qué preocuparte, Tessai. Después de todo, soy la gran y hermosa "Sakura-hime", ¿no? –bromeé levemente.
– ¿Realmente crees que te recordarán allí? –me preguntó Jinta cruzando sus brazos por detrás de su cabeza.
– Uhm… Realmente no lo sé, pero espero que sí. –dije honesta. – ¿Sabes? No solo espero poder rescatar a Rukia-san, sino que también espero poder recuperar mis memorias… Y la gente allí parece ser una clave para ello. –comenté.
En estos días que habían transcurrido había podido recuperar algunas cosas, nombres que venían a mi repentinamente, pero estaba muy lejos de recuperar mi memoria. Era extraño pensar que había un gran hueco en mi vida antes de que los señores Haruno me adoptaran como su hija.
Quería saber realmente qué me había pasado, quién me había apartado de mi familia y por qué lo había hecho.
Mis manos se dirigieron al collar que rodeaba mi cuello.
– ¿Eh? ¿Por qué me das esto? –miré confundida al collar que me extendía mi padre. Era una hermosa cadena de plata con un dije que tenía la forma de una flor de cerezo hecha con pequeños trozos de cuarzo rosado. Era realmente bonito.
– Es tuyo. –dijo papá. – Antes de irme de la sociedad de las almas, conseguí tomar algunas de tus cosas conmigo… Tenía la esperanza de poder encontrarte… –explicó.
– Pero… ¿Por qué me lo das ahora? –pregunté confundida.
Que se tomase especialmente un momento para darme este collar, debía ser que se trataba de algo realmente valioso.
– Creo que no debería ser demasiado difícil de reconocerte… Pero por las dudas de que no sea suficiente, sé de alguien en particular que te reconocerá si llevas puesto este collar.
– ¿Quién…? –pregunté curiosa mientras extendía mi mano para tomar aquella joya. Una extraña electricidad recorrió mis dedos cuando estos rozaron el fino metal.
– La persona que te dio el collar años atrás. Te lo dio en tu cumpleaños, como una promesa de que se casaría contigo cuando fueses mayor.
– Byakuya… –el nombre salió tan fácilmente de mis labios.
Esperaba que ese collar realmente sirviera.
No lo recordaba realmente al hombre con ese nombre, sin embargo, estaba curiosa por conocerlo.
– Estás bastante pensativa… ¿Hay algo importante en ese collar? –oí la inconfundible voz de Ichigo y rápidamente me volteé en su dirección.
El se encontraba caminando hacia donde estábamos de pie. Junto a él estaban papá, Orihime, Chad, un chico pelinegro del cual desconocía, y un extraño gato negro.
– Ichigo-kun… –dije a modo de saludo esbozando una pequeña sonrisa amistosa.
– ¡Sakura-san! Es un gusto verte. Me preocupó que no fueses a clases todos estos días… –dijo Orihime animadamente. A simple vista parecía una niña bastante inocente e ingenua, me sorprendía bastante que tuviese poderes espirituales. – Tengo todas las tareas anotadas, si quieres te las paso cuando volvamos de este viaje.
– U-Uh… Arigato, Inoue-san… –dije cortésmente un tanto extrañada por la confianza que parecía tener la pelinaranja. Ni siquiera me conocía.
– Sakura-san… –dijo Chad a modo de saludo. Yo asentí con la cabeza respondiendo a su saludo.
Luego mi mirada se dirigió al chico pelinegro.
– Ishida Uryuu, quincy. –dijo a modo de presentación mientras extendía su mano para estrecharla con la mía.
"Con esto aprenderán esos malditos shinigamis… No debieron hacernos eso a nosotros, los quincy"
Un pequeño dolor de cabeza y un pinchazo en el sello.
¿Qué había sido eso?
La voz que acababa de escuchar… me producía tantos nervios y miedo. Hacía que mi cuerpo entero se estremeciese, pero… ¿Por qué? ¿Quién era? ¿Y a qué se refería con lo que había dicho?
– ¿Estás bien, Sakura? –escuché a papá. Él se acercó a mi colocando una de sus manos en mi hombro.
– E-Estoy bien… Solo… Un extraño flash… –murmuré.
– ¿Recordaste algo?
– No estoy segura… Fue realmente extraño. Yo… No sabría describirlo. –contesté haciendo una pequeña mueca con los labios.
– Será mejor entonces que continuemos con lo que hemos venido a hacer aquí… –una voz masculina se hizo presente.
Mis ojos se dirigieron con asombro al gato negro que se acercaba con pasos agraciados hacia mi ¿Realmente acababa de hablar?
– Shihouin Yoruichi…
– ¿Eh?
– Es mi nombre. Shihouin Yoruichi. –se presentó el gato sentándose frente a mí.
Parpadeé levemente. El nombre se me hacía demasiado familiar.
Volteé a ver a papá, el me observaba divertido, como si hubiese algo que no estaba notando. Volví a dirigir mi mirada al gato que me miraba fijamente.
Yoruichi Shihouin… Definitivamente conocía ese nombre, pero… ¿De dónde?
Fruncí el entrecejo y cerré mis ojos obligándome a rebuscar en lo profundo de mi mente. Algo me decía que ese nombre era demasiado importante para mí.
Yoruichi Shihouin…
"¡Okaa-san!"
Mis ojos se abrieron ante la realización. Abrí mi boca para hablar, sin embargo, fui rápidamente interrumpida por papá.
– ¡Muy bien chicos! ¡Miren hacia aquí por favor! –exclamó para llamar la atención de todos. – Estamos a punto de irnos.
Todos se voltearon a ver en su dirección, observando sorprendidos como la puerta se formaba detrás de él. Yo mantenía mi mirada fija en Yoruichi quien esbozó una pequeña sonrisa.
– Estoy realmente feliz de volver a verte… –dijo solo para que yo la escuchase. – Me gustaría darte un gran abrazo, pero los demás no saben aún que no soy realmente un gato.
– Okaa-san… –susurré y la levanté en mis brazos. En respuesta ella refregó su cabeza contra mi mejilla.
– Te he extrañado mucho mi niña…
– Escuchadme atentamente. –escuché a papá decir y rápidamente me volteé para prestarle atención, aún con mamá en mis brazos. – Les voy a enseñar la forma de cruzar esta puerta sin perder la vida. Esta puerta suele hacerse añadiendo reishihenkanki sobre senkaimon para después cubrirlo todo con ketsugoufu para que no se despegue. –comenzó a explicar.
– ¿Reishihenkanki…? –repitió Ichigo viendo sorprendido a papá.
– Si. Como saben, la sociedad de las almas es un mundo espiritual… Para llegar allí tienes que ser un espíritu, pero el único de ustedes que puede moverse como un espíritu es Kurosaki que es un shinigami. El resto, aunque sea separado de su cuerpo mortal, seguirá estando atado por la cadena del destino. Por supuesto, sería muy difícil moverse así en la sociedad de las almas.
– Por eso necesitamos el reishihenkanki… –dije antes de que papá pudiese hablar. Aquello solo provocó una sonrisa divertida en el rostro de él.
– Así es. –dijo alegre. – Nos permite transformar el "kishi", que da forma a los seres del mundo real, en "reishi", el componente principal de los espíritus.
– ¿O sea que pasando por esta puerta no tendremos que separarnos de nuestros cuerpos? –preguntó Uryuu.
– Así es. Podrán viajar a la sociedad de las almas con sus formas originales. –afirmó papá.
– Bien, ya nos hemos enterado. –habló entonces Ichigo. – Vamos a entrar de una vez. –dijo para luego intentar acercarse a la puerta, solo para ser golpeado por el bastón de papá.
– Ahora viene la cuestión más importante. –dijo papá ignorando el quejido de dolor de Ichigo. – El problema no es atravesar la puerta. El reishihenkanki no causa dolor alguno. Si no se detienen podrán llegar a la sociedad de las almas. El problema es el tiempo… –explicó con una expresión seria en su rostro. – El tiempo disponible para atravesar la puerta para llegar a la sociedad de las almas es de cuatro minutos…
Ichigo, Chad, Orihime y Uryuu se mostraron bastante sorprendidos y preocupados por la nueva información. Sonaba como una maniobra bastante arriesgada y difícil de lograr.
– Pasado ese tiempo, la puerta se cerrará y quedarán atrapados allí para siempre… Dentro de la brecha entre el mundo real y la sociedad de las almas. Además… Para evitar que espíritus como los Hollows entren a la brecha, esta posee una corriente llamada "kouryuu", capaz de privar de movimiento a las almas. Si pones un solo pie en ella… las posibilidades de salir de la brecha son prácticamente nulas.
– Entonces… ¿qué debemos hacer? –preguntó Orihime.
– Caminar hacia adelante. –contestó mamá saltando de mis brazos al suelo. – Ya se los he dicho, el corazón y el alma están conectados… lo importante es lo que dice el corazón. Solo aquellos que saben escucharlo pueden seguirme. –dijo tomando el liderazgo.
– ¿De qué estás hablando? –oí a Ichigo quejarse. – Todos los que estamos aquí hemos tomado una decisión y llegaremos hasta el final.
– Deberías saberlo muy bien chico. Si fracasas, nunca podrás regresar.
– ¡No tengo intención de fracasar! –exclamó determinado Ichigo. Sonreí al escucharlo. Realmente era un buen chico.
– Bien dicho…
En ese instante la puerta comenzó a abrirse.
– ¿Están preparados? –preguntó papá. – En el momento en que se habrá deberán darse prisa y entrar.
Todos asintieron de acuerdo. La puerta comenzó a abrirse y papá dio la señal de que entremos. Chad, Uryuu, Orihime e Ichigo se apresuraron a entrar, estaba a punto de seguirlos cuando papá me detuvo.
– ¿Q-Qué haces? Debo ir. –me quejé.
El no dijo nada, simplemente utilizó su bastón para golpearme en la frente, separando mi espíritu de mi cuerpo.
Muy para mi sorpresa, no tenía ninguna clase de cadena colgando de mi pecho, y mis vestimentas habían cambiado totalmente. Estaba vestida con un hermoso kimono negro con estampado de pétalos en la falda, que me llegaba un par de centímetros por encima de los tobillos; Las mangas eran largas, consiguiendo ocultar por completo mis manos; La faja era de un color rojo oscuro que combinaba bastante bien con el resto del kimono; Mis pies estaban vestidos con unas sandalias negras con un poco de taco al final; Mi cabello estaba mayormente suelto, pero unos cuantos mechones estaban recogidos en un rodete, adornado con accesorios de pétalos de cerezo; Muy para mi sorpresa, en mi cuerpo ya no estaba el collar de Byakuya, pero lo llevaba puesto en mi forma espiritual.
– Mientras estés allí, yo investigaré este extraño gigai en el que te han metido. –explicó papá. – Cuídense, las dos, moriría si me entero que algo malo les ha pasado…
– Estaremos bien, tou-san… –le ofrecí una pequeña y amable sonrisa.
– Ahora ve.
Asentí antes de correr junto con mamá hacia la puerta siguiendo a los demás.
– Así que esto es la brecha… –comentó Ichigo observando las paredes irregulares.
– ¡Vamos! –exclamó mamá empezando a correr. – No se duerman y apresúrense, pronto se cerrará la kouryuu.
Empezamos a correr detrás de ella. Las paredes a nuestro alrededor comenzaban a descomponerse, creando una gran masa que nos perseguía.
– ¡Lo tenemos encima! –exclamó nervioso Uryuu sin dejar de correr.
– ¡En vez de mirar hacia atrás corran más rápido! ¡Si los atrapa la kouryuu todo se acabó! –los regañó mamá
Todo parecía un escándalo. Los oía gritar y tener dificultades mientras seguíamos avanzando. Solo podía concentrarme en la abertura del otro lado. Un último esfuerzo, no pude ver bien lo que había ocurrido, pero ya habíamos salido de la brecha.
– Uf… Nunca pensé que lo haríamos tan mal… –pude escuchar a los demás. Yo solo los ignoré.
Mi vista estaba fija en mi entorno, observando con fascinación hasta el último detalle. Este era mi hogar… lo sentía en mi corazón.
– Tadaima… –susurré para mi misma.
– ¿Está es la sociedad de las almas? –preguntó Ichigo parándose de pie junto a mí, observando igual de sorprendido el entorno.
– Así es… –afirmó mamá. – Estamos en las afueras… Esta zona es conocida como "ryuutamashiikai". Aquí vienen las almas que acaban de llegar a la sociedad. La sociedad de las almas está diseñada en forma de círculo, y en el centro se encuentra el tororei, donde viven los shinigami. –explicó.
Ichigo comenzó a avanzar imprudentemente hacia donde se suponía que estaban los shinigami, solo para que una enorme barrera se formara alrededor del tororei, a la par de que Ichigo era regañado por mamá por su imprudencia.
– Cuanto tiempo… –una voz desconocida se hizo presente. – Un tipo intentando atravesar el torureimon sin un pase… –un tipo enorme apareció detrás de Ichigo. – Por fin tengo trabajo… Te trataré muy bien chico.
Yo conocía a ese hombre…
Me acerqué rápidamente hacia donde estaba Ichigo.
– ¡Jidanbo! –exclamé.
Realmente lo recuerdo, el portero del torureimon. Sin embargo… Parecía que el no me reconocía a mí, pues al verme llamarlo por su nombre me miró extrañado.
– ¿Quién eres tú?
– Y-Yo… Mi nombre es Sakura Urahara Shihouin… ¿N-No me recuerdas? –pregunté. Lo miré esperanzada, esperando que al escuchar mi nombre pudiese reconocerme. – Se que la última vez que estuve aquí era tan solo una niña, pero…
– ¿Será posible? ¿S-Sakura-hime…? –lo oí hablar. Una pequeña sonrisa se formó en mis labios.
– Hai… Soy yo…
– ¡Sakura-hime! –exclamó alegre. Me agarró suavemente con una de sus grandes manos y me levanto hasta quedar a la altura de su rostro. – ¡Sakura-hime está realmente viva! ¡Realmente viva! –reí ante su entusiasmo.
– Jidanbo… ¿Podrías dejarnos pasar? Realmente necesito hablar con los capitanes del gotei 13… –le pedí poniendo ojos suplicantes.
– Puedo dejarla pasar a usted Sakura-hime… Pero los demás…
– ¡Ellos vienen conmigo! –exclamé rápidamente interrumpiéndolo. – Ellos me han guiado hasta aquí, son realmente buenas personas… ¿Podrías dejarnos pasar, Jidanbo? Por favor…
El pareció dudarlo por un par de segundos antes de asentir y comenzar a levantar la enorme puerta. Me dejó en el suelo del otro lado y mantuvo la puerta abierta esperando a que los demás pasaran, sin embargo, pude verlo tensarse, con su vista fija en algo en particular.
Seguí su mirada solo para encontrarme con un tipo de cabellera plateada y sonrisa espeluznante. A juzgar por su vestimenta, se trataba de uno de los 13 capitanes.
Fruncí el entrecejo intentando recordarlo.
Sin embargo, no tuve mucho tiempo para pensar, pues el hombre sacó su espada atacando a Jidanbo.
– ¡J-Jidanbo! –exclamé preocupada.
Todo pasó tan rápido: La puerta volvió a cerrarse, Jidanbo y los demás quedaron del otro lado, yo estaba sola, frente a uno de los capitanes. Mi cuerpo tembló asustada.
El tipo peliplata apuntó su espada hacia mí. Su espeluznante sonrisa se mantenía.
– ¿Ara? ¿Quién eres tú? –me preguntó.
– Y-Yo… –tragué grueso y me paré derecha intentando mostrarme valiente. – Sakura Urahara Shihouin…
– Pero eso es imposible… –lo oí murmurar. Bajó su espada. Su sonrisa se desvaneció mientras me miraba con asombro. – Sakura-hime desapareció hace miles de años… Fue dada por muerta…
– Pero soy Sakura…
Lo miré fijamente, aún intentando recordarlo. Pelo plateado, sonrisa espeluznante…
– Gin-san… –el nombre se escapó de mis labios antes de que pudiese procesarlo. El continuaba mirándome con asombro. – Necesito hablar con los 13 capitanes… Por favor…
– Sakura-hime…
