Gomen! Realmente a penas me di cuenta que publiqué el capítulo equivocado en vez del octavo capítulo de este fanfic ;w;
Gracias por los comentarios que me hicieron ver mi pequeño error, sino no me hubiese dado cuenta ¡Tengo la cabeza en las nubes!
Dios... Me siento muy avergonzada ;w;
Caminaba a pasos dudosos manteniéndome detrás de Gin.
Finalmente había logrado convencerlo de que me llevase a ver a los capitanes. Era una gran suerte para mi que estuviese a punto de comenzar una reunión. Sin embargo, al mismo tiempo, no me sentía tan afortunada por esto.
Estaba nerviosa ¿Qué se suponía que les diría?
A duras penas los recordaba, y tendría no solo que explicarles como es que seguía viva, sino que también convencerlos de que liberaran a Rukia, y que no le hiciesen nada malo a Ichigo y los demás. Nada me aseguraba que esto saliese bien.
Me detuve abruptamente al notar que Gin había dejado de moverse y miré a las grandes puertas frente a nosotros.
Habíamos llegado, era el momento.
El peliplata volteó brevemente a observarme antes de volverse y abrir las puertas frente a él. Lo seguí inmediatamente.
Lo primero que noté fue el hecho de que ya había personas en la habitación cuyas expresiones se tornaron serias al notar que Gin no venía solo.
Todos los capitanes estaban de pie formando dos hileras enfrentados, y en el medio, un hombre anciano que parecía ser el líder de todos.
"Yamamoto-jiisan…"
Me mordí el labio. Esos pequeños recuerdos llegaban tan de pronto que me desorientaban.
– Gin, ¿puedo preguntar por qué has traído a alguien a esta reunión? –preguntó el anciano.
Debido a la diferencia de altura que tenía con Gin, su cuerpo me ocultaba totalmente haciendo que ninguno de los presentes pudiese observarme realmente.
– Bueno, es algo realmente inesperado… –oí a Gin decir. – Pero parece que nuestra pequeña princesa ha vuelto. –tras pronunciar dichas palabras, Gin se hizo a un lado dejándome expuesta ante la mirada de los capitanes.
Pude notar distintas emociones. Conmoción, sorpresa, dolor, confusión…
Ninguno pronunció palabra alguna, y comencé a sentirme más y más tímida bajo sus miradas. Bajé mi cabeza no queriendo mirar a nadie.
De pronto, sentí que alguien se movía a pasos rápidos para acercarse a mí. Era una chica, que se puso de rodillas frente a mi tomando mi rostro entre sus manos.
– ¡L-Lo siento tanto Sakura-himesama! –exclamó de pronto. Pude notar como sus ojos estaban llenos de lágrimas y su cuerpo temblaba completamente. – Y-Yo no pude protegerla. Era mi trabajo cuidar de usted, y no pude evitar que esas personas la llevaran.
La observé fijamente.
¿Acaso…?
– Sakura-hime, tenga cuidado. Podría lastimarse si sigue jugando con esa zampakuto.
Reí entretenida, blandiendo una vez la espada que era demasiado grande para mi pequeño tamaño. Era la zampakuto de papá.
– ¡Relájate Soi-Fon! –exclamé volteando a verla entretenida.
– P-Pero Sakura-hime… Su madre cuenta conmigo para protegerla.
Ignoré la sensación de ardor que provenía del sello y estiré mi mano para tocar el rostro de Soi-Fon. Ella me observó confundida y yo a cambio le dedique una pequeña sonrisa.
– No es tu culpa… Nadie hubiese podido adivinar lo que pasó ese día. Las personas que me tomaron… Sabían lo que hacían… –murmuré para tranquilizarla.
– S-Sakura-himesama… –murmuró antes de romper en llanto y abrazarme con fuerza.
– ¿E-Eres realmente tú, Sakura-hime? –habló entonces otro capitán. Era realmente alto, y su cabeza estaba cubierta por un extraño casco haciendo que fuese imposible ver su rostro.
– No creo que Komamura-san deba ocultar su rostro… –murmuré jugando con las orejas del hombre que tenía apariencia de lobo.
– Eres demasiado inocente para entenderlo ahora, Sakura-hime… –dijo él dejando escapar un profundo suspiro.
– Entonces explíqueme Komamura-san, quiero saber… Quiero saber por qué esas personas son tan malas y lo hacen ocultar su rostro de esa forma.
– Sakura-hime…
– Si, soy yo, Komamura-san…
De pronto me tomó en sus brazos, apartándome de Soi-Fon y arrastrándome a un fuerte abrazo que me dejó sin aire. Era realmente fuerte.
– Komamura-taichou, vas a asfixiar a Sakura-hime… –una voz dulce de una mujer se hizo presente.
Volteé mi mirada hacia la dueña de dicha voz, encontrándome con una mujer de mirada dulce, cuyo negruzco cabello estaba trenzado en frente de su pecho.
– Unohana-san… ¿Algún día me enseñará a curar personas como lo hace usted?
– Si eso es lo que quieres… Estaré encantada de enseñarte, Sakura-hime
– Unohana-san…
– Al menos algo bueno entre todo este escándalo. Nuestra pequeña Sakura-hime está viva y ha regresado… –habló otro hombre acercándose. A diferencia de los demás capitanes, además del haori blanco, este usaba una bata rosada encima de sus vestimentas comunes de shinigami.
– Sin duda te convertirás en una hermosa mujer cuando crezcas, Sakura-hime. –dijo el hombre posando una mano sobre mi cabeza para desordenar mis cabellos.
– ¡Deja de ser un pervertido Kyoraku! ¡Estás hablando de mi hija! –exclamó mamá dándole un buen golpe en la cabeza, dejándome confundida por sus acciones.
– ¡Ah, Yoruichi-san! Pensé que te habías ido.
– Kyoraku-san…
– Ahora, ahora… Se que todos están emocionados por el regreso de Sakura-hime, pero déjenla respirar. –dijo Yamamoto deteniéndolos a todos.
Los pocos que se habían acercado a mí, retomaron sus posiciones de antes cuando había ingresado a la habitación. El viejo Yamamoto tomó un par de pasos para acercarse a mí. Extendió su mano hacia mí, esperando que la tomase, cosa que hice a los pocos segundos. El me dedicó una pequeña sonrisa antes de comenzar a caminar guiándome hasta su puesto.
– Ahora… Me gustaría que nos dijeses como fue que llegaste aquí. Te hemos buscado por mucho tiempo. –dijo Yamamoto.
Podía sentir la mirada de todos fija en mí.
– Lo sé… Yo… No se realmente lo que pasó aquella vez, parte de mis memorias están bloqueadas. Las personas que me apartaron de aquí, creo que estaban buscando tomar venganza en contra de los shinigamis. –comencé a explicar.
– Joo~ Eso es interesante… –uno de los capitanes hablo.
– Kenpachi. –lo regañó Yamamoto haciendo que el nombrado volviese a guardar silencio. – Continúa querida…
– Evidentemente querían eliminar a Sakura Urahara Shihouin, y convertirme en Sakura Haruno… Una simple humana. Me metieron en un extraño gigai, alteraron mi crecimiento, me hicieron tomar unas píldoras que mataban mi reiryoku, y bloquearon mis memorias y habilidades a través de un sello. –seguí hablando. En ese momento me di la vuelta y levanté mi cabello para mostrarles el sello. Pude escucharlos murmurar. Volví a dejar caer mi cabello y volteé para encararlos nuevamente. – Su plan hubiese salido bien, todo rastro de mi vida aquí se hubiese extinguido y yo hubiese vivido pensando que era una humana…
– ¿Qué fue lo que pasó entonces? –preguntó Soi-Fon, lucía realmente angustiada con lo que estaba contando.
– Me mudé a la ciudad de Karakura… Ese mismo día, hubo un ataque por parte de un Hollow, de alguna forma me vi envuelta en la situación. –respondí. – Kurosaki Ichigo y Kuchiki Rukia me salvaron. –los miré a todos para evaluar sus reacciones. Estaban realmente serios. – Rukia-san empezó a explicarme acerca del mundo espiritual… y también, fue la persona que me advirtió de que dejase de consumir esas extrañas píldoras. Gracias a ella, pude reencontrarme con mi padre.
– ¿Urahara Kisuke estaba en esa ciudad que mencionaste? –nuevamente otro capitán habló.
Era un hombre realmente extraño y espeluznante. Tenía su rostro pintado de blanco y negro, y usaba extraños adornos en su cabeza.
– Hai… –contesté para luego continuar con mi relato. – El sello que tengo en el cuello me infringe dolor cada vez que recuerdo algo… Por lo que, cuando me reencontré con otou-san, me desmayé del dolor. Desperté a las semanas, solo para enterarme que Rukia-san había sido traída aquí, y que iban a ejecutarla por darle sus poderes de shinigami a Ichigo-kun…
– Sakura-hime…
– Vine aquí en compañía de Kurosaki Ichigo y un grupo de humanos. –lo interrumpí. – No solo porque deseaba recordar mi vida aquí, sino que también vengo a rogar por el perdón de la vida de Kuchiki Rukia.
– Sakura…
– Y no planeo obtener un "no" por respuesta. –finalicé observando seriamente a todos.
– Kuchiki Rukia rompió las reglas, debe ser castigada por ello. –dijo Yamamoto haciendo que me voltease a verlo.
– Pero ejecutarla es un castigo demasiado grande. –me quejé.
– La sentencia fue dada por la cámara de los 46, nosotros solo nos apegamos a ella. –dijo en respuesta Yamamoto a lo que fruncí el ceño.
– Entonces quiero hablar con ellos.
– Me temo que no será posible.
– ¿Por qué? –dije desafiante.
– ¡Sakura! –gritó Yamamoto logrando asustarme y que me quedase quieta. – No quiero discutir contigo, acabas de llegar aquí… –dijo para luego suspirar. – Kuchiki-taichou… Por favor, escolte a Sakura-hime a un cuarto apto para ella.
– Hai sotaichou…
Volteé a ver al dueño de la voz, e instintivamente rocé el collar que rodeaba mi cuello con los dedos. Un hombre apuesto, de largos cabellos negros, tan agraciado y elegante, se acercó a mí. No hacía falta intentar recordar para saber quien era él…
Kuchiki Byakuya…
– Por favor, sígame, Sakura-hime… –dijo. Su voz envió escalofríos por mi columna vertebral haciéndome estremecer levemente. Sin decir mucho más, se dio la vuelta y comenzó a caminar fuera de la habitación.
Observé a todos los presentes una última vez antes de hacer una reverencia respetuosa y marcharme siguiendo a Byakuya.
– ¡O-Oye, espera! No camines tan rápido. –me quejé una vez salí de la habitación. Estaba prácticamente corriendo para poder alcanzar al pelinegro.
– No estoy corriendo, tu caminas muy lento… –lo escuché decir sin siquiera voltear a verme.
– ¡No camino lento! –exclamé. – Tengo piernas más cortas que tú, estoy casi corriendo para alcanzarte. –lloriqueé. El no dijo nada al respecto. – ¡Bya-kun!
De pronto paro y tuve que forzarme a hacer lo mismo para no chocar contra él. Se volteó a verme fijamente. Extendió su mano y tomó entre sus finos dedos el dije del collar.
– Aún lo tienes… –murmuró con calma.
– Yo… Otou-san me lo dio antes de venir. –comenté. – Dijo que, antes de irse de la sociedad de las almas, tomó varias de mis cosas, porque tenía la esperanza de encontrarme algún día… Antes de venir aquí, me lo devolvió. Dijo que, si no podían reconocerme por mi aspecto, esperaba que tu me reconocieses por el collar…
Pude verlo hacer un gesto de comprensión.
– ¿Recuerdas por qué te lo di? –preguntó.
Fruncí el entrecejo esbozando una mueca de pena.
– No realmente… Otou-san dijo que me lo diste en mi cumpleaños, como una promesa de que, cuando fuese mayor, nos casaríamos… –respondí.
– ¿Eso dijo?
– ¿No es así? –lo miré confundida.
– Te lo di como una promesa de protegerte y cuidarte por siempre. Sin embargo, la protección en la que yo pensaba, solo podría dártela si nos casábamos algún día… Por eso, se transformó en una especie de promesa de bodas… –explicó él. – Sin embargo, debes saber… Actualmente no tengo intenciones de volver a contraer matrimonio.
Me tensé levemente. Por alguna razón aquellas palabras me habían dolido más de lo que me gustaría admitir.
– E-Está bien… –tartamudeé. – Yo… Realmente no recuerdo mucho de ti, s-sería realmente extraño tener que casarme con un hombre solo por una promesa que hizo cuando yo era una pequeña que ni siquiera conocía qué era el matrimonio…
– Sakura-hime…
– Dijiste que no volverías a contraer matrimonio. –lo interrumpí buscando cambiar de tema. Sentía un extraño nudo formarse en mi garganta. – Eso quiere decir que estuviste casado en algún momento…
El me observó fijamente por varios segundos, como si se estuviese debatiendo si contestar o no a aquella pregunta. Finalmente lo vi asentir.
– Hace varios años atrás… –fue todo lo que dijo antes de reanudar el camino. Rápidamente me apresuré a seguirlo.
– ¿Puedes contarme sobre ello? –pregunté.
– ¿Por qué estás interesada en saber sobre ese tema?
– Bueno… Debió ser una persona realmente importante, que ha marcado mucho tu vida si realmente estas decidido a que nadie puede ocupar su lugar. –murmuré.
– Tal vez algún día te cuente de ella… Pero, no ahora.
– Entiendo… –murmuré. Seguimos caminando en silencio. Ocasionalmente volteaba a verme, dudosa de decir algo más al respecto. Me mordí el labio. Era una situación realmente incómoda. – Uhmm… ¿Byakuya-kun?
– ¿Hmm? –fue todo lo que escuché de su parte como un indicador de que me estaba escuchando.
– ¿Puedo pedirte un favor? –pregunté tímidamente.
– ¿Un favor?
– Hai… Yo… Esto… ¿Podrías…? ¿Podrías llevarme con Mito-san y Tsunade-shishou? Por favor…
